Guerras Carlistas Tercera Guerra Carlista en 1875 y final Operaciones en el Norte en el segundo trimestre de 1875

Operaciones en el Norte en abril de 1875

La contraguerrilla de Rosa Samaniego tuvo un combate contra la partida de Lacalle el día 8 de abril en San Martín de Unx (Navarra) y al día siguiente volvieron a tirotearse en los montes de Olleta. El día 9, fuerzas alfonsinas hicieron una incursión sobre Sesma y, cuando regresaban entre Lodosa y Sesma, fueron alcanzados por la partida que mandaba Portillo. También fuerzas alfonsinas procedentes de Miranda tuvieron un encuentro con la partida que mandaba Marcos Rodríguez en Armiñón (Álava), debiendo replegarse los alfonsinos después de ser batidos. El 11 de abril, hubo un ligero combate en los alrededores de Lumbier.

La operación de mayor importancia fue la toma del castillo de Axpe por el Tcol Eulogio de Isasi al frente de 80 hombres, que en la madrugada del 12, tomaron por asalto dicho fuerte, quedando prisionera la guarnición y en poder de los carlistas dos cañones y sus pertrechos de guerra. Los alfonsinos intentaron recuperarlo sin conseguirlo y ya desistían de volverlo a tener cuando el 16 fue abandonado por los carlistas, que al retirarse se llevaron una pieza de artillería después de inutilizar la otra.

En Viana llegaron a entrar las partidas alfonsinas de La Rioja mandadas por Arenzana, pero quedaron encerradas en la población. Los carlistas mandados por Pérula atacaron Viana, luchándose cuerpo a cuerpo en las calles, pero la llegada de la columna del general Loresecha consiguió rescatar a los alfonsinos, emprendiendo el retorno a Logroño no sin haber sido hostigados a su regreso. Al día siguiente los liberales hicieron una demostración en dirección a Mendigorria, pero en realidad el combate fue de escasa importancia. Una mayor debe darse al combate librado el día 20 en Santa Bárbara de Oteiza. Estas operaciones las realizaron los alfonsinos con el fin de socorrer a los encerrados en Viana, no conociendo que habían sido rescatados. El 26 hubo un ligero combate en Unzué (Navarra).

En Goñi (Navarra) hubo también un combate, y dos compañías alfonsinas fueron copadas en Mañeru (Navarra) por Montoya.

Con el fin de tratar de dar mayor actividad a la guerra, don Carlos fue el 21 de abril a Tolosa y de allí pasó a Lecumberri acompañado del conde de Caserta y del general Díez de Mogrovejo, conferenciando con Mendiry.

Tercera Guerra Carlista zona ocupada por los carlistas y principales batallas y acciones.

Operaciones en el Norte en mayo de 1875

A comienzos de mayo hubo la ridícula tentativa de los cabreristas en el Norte. Apoyándose en la vieja y desacreditada bandera de Muñagorri de “paz y fueros”, el brigadier Aguirre, al frente de una partida que, según averiguó Quesada, constaba de 6 hombres, se situó en la peña de Larraun, cerca de Lastaola, pero al ser atacada por una pequeña partida carlista, huyó a la desbandada para refugiarse en Francia, dejando tres fusiles en manos de los leales. Y aunque después, según Aguirre, llegó a reclutar 192 hombres, lo cierto es que nada más se hizo.

El general Quesada dio instrucciones al general Goñi cuando se supo de que los cabreristas iban a intentar su incursión, Quesada recibió la orden de que fuerzas del ejército alfonsino las apoyaran, y como que no sabían por dónde sería la invasión, si por Valcarlos o por el Baztán, dio la orden al brigadier Gaspar Goñi, que por ser natural y conocedor de Navarra, contaba con muchas relaciones y personales simpatías, saliera de Obanos el 3 de mayo y se dirigiera primeramente hacia Urroz y la Ulzama, y avanzara después hacia el Baztán, pero permaneciendo al amparo de Pamplona sin que intentara subir el puerto de Velate, pues esto a su parecer era buscar un desastre. Nuevas órdenes de Madrid obligaron a Goñi a moverse por el valle de Ilzarbe, pero Quesada seguía receloso, pues poco después el jefe alfonsino leyó una carta de un general carlista quien a un amigo de Estella le decía que deseaba que Goñi entrara en el Baztán para poder batirle. Después el ministro de la Guerra se dio cuenta del acierto con que había obrado el general alfonsino al no adelantar tropas hacia la frontera.

El general Pérula desde el Monte de San Cristóbal bombardeó la plaza de Pamplona el día 12 de mayo, entablándose un duelo entre la artillería carlista y la plaza que se reprodujo el día 14. El 15 hubo un combate en Nanclares de Oca (Álava). El 16 se señalan combates en Echarri (Navarra), donde combatió el batallón de Almogávares de Pilar, y en Ororbia (Navarra). Habiendo sustituido los alfonsinos al general Loma, resultaron inútiles sus nuevas líneas, replegándose los alfonsinos hasta San Sebastián, abandonando Usurbil (Guipúzcoa) el 19 de mayo, operación que realizaron los alfonsinos con solo un pequeño combate en el caserío de Arzubíeta.

El 23 de mayo quedaron evacuadas las líneas del río Oria, conforme había pedido el general Blanco que le fuera autorizado por el ministro de la guerra.

Sitio de Guetaria (mayo de 1875)

El enojoso vecino para los carlistas fue siempre la villa de Guetaria, pues, a menos de distraer siempre numerosas fuerzas en el alto de Gárate y sus cercanías, era la llave siempre preparada para facilitar cualquier incursión del enemigo al interior de la provincia, pues por mar, y en pocas horas, podían trasladarse muchos batallones para intentarla.

Establecido ya el enemigo en Oria y Mendibeltz, se facilitaba el avance de los liberales, y por tanto, el comandante general Egaña pensó seriamente en tomar o inutilizar Guetaria. Esa pequeña villa estaba edificada en anfiteatro, y en su cima había un castillo que la defendía, y donde había colocados 2 cañones, uno de a 8 y otro de a 12 centímetros, ambos rayados. Por la parte de tierra tenía una antigua muralla de piedra. Las fuerzas que la guarnecían en aquel tiempo eran 400 hombres, entre infantería, carabineros y guardias civiles, con artilleros e ingenieros.

El punto de ataque elegido por los carlistas era el obligado cerro de Gárate, cuya cima alcanzaba próximamente la altura del castillo; pero desde donde no se podía abrir brecha en la muralla, a causa de tener que emplear tiros muy fijantes. Por esta causa, el plan concebido y acordado en consejo, fue construir dos baterías, una en Gárate mandada por el Tcol Torres, que se artilló con 6 cañones y 2 morteros, y otra batería, baja, lo más rasante posible, a unos 300 metros de la que se encargó el coronel Rodríguez Vera. La dirección en jefe se confió a los coroneles de artillería Luis de Pagés y Alfonso de Borbón, conde de Caserta.

Vista de Guetaria durante la Tercera Guerra Carlista.

Con el fin de ahorrar en lo posible las bajas en el proyectado asalto, hubo de pensarse en facilitar la apertura de la brecha (por la cual habían de lanzarse los batallones) por medio de la dinamita.

El antiguo teniente de navío Fernando Carnevali, que pertenecía al tren de sitio, había efectuado estudios y ensayos sobre el empleo de la dinamita.

Consultado el plan concebido con don Carlos de Borbón, no solamente fue aprobado en todas sus partes, sino que dicho Augusto Señor se puso acto seguido en marcha para tomar parte en la operación, como lo había hecho siempre en todos los principales empeños de sus tropas, llegando a la línea de sitio acompañado del teniente general Rafael Tristany y del infatigable comandante general de artillería Juan María Maestre.

El 12 de mayo hubo un cañoneo entre los carlistas desde el cerro Gárate y otros puntos, contestando al fuego de las baterías de costa la corbeta Consuelo. Al día siguiente, los buques alfonsinos África, Gaditano, Segura y Miedes se unieron a la Consuelo y cañonearon las baterías carlistas.

Dispuestas así las cosas, preparados los cartuchos de dinamita (un centenar próximamente) y encerrados en un saco de lona, dispuso Carnevali que dos artilleros le acompañaran para conducirlos. Al preguntar en las baterías si había dos que quisieran prestar voluntariamente tan arriesgado servicio, dieron un paso al frente todos los artilleros, por lo que, para que ninguno pudiera quejarse, se sorteó a los dos valientes que habían de acompañar al bravo Carnevali. Tenían que atravesar más de 200 metros al descubierto; era casi seguro el peligro de muerte que arrostraban si eran vistos desde la muralla.

La noche del 13 de mayo, descendieron los dos animosos artilleros, cargados con el peligroso saco de cartuchos de dinamita y precedidos por el Tcol Carnevali, quien llevaba la mecha y se apoyaba en la horquilla de la cual había de suspenderse el saco y descansarlo en el mismo muro. Transcurrió media hora en el más profundo silencio, y poco antes de amanecer se oyó un formidable estampido, seguido de prolongadas descargas, cuyo ruido hizo prorrumpir en hurras a las tropas sitiadoras. La oscuridad de la noche impedía conocer la entidad del daño causado, y al mismo tiempo se desconocía la suerte que pudiera haber tenido Carnevali y sus acompañantes.

Por fin regresaron los tres, sanos y salvos, a Gárate, refiriendo que su tardanza había consistido en que al llegar casi a tocar la puerta, el centinela colocado sobre ella en la muralla sintió ruido de pasos y dio el quién vive; por cuya razón, y para desorientarle, se guarecieron como pudieron en los salientes del terreno, y así estuvieron más de media hora, al cabo de la cual el mismo Carnevali colocó el saco en la horquilla, prendió fuego a la mecha y volvió sobre sus pasos rápida y silenciosamente.

La primera parte del programa estaba cumplida. La segunda comenzó en el momento preciso de distinguirse al amanecer los objetos; descubierta la brecha abierta por la dinamita, rompió inmediatamente el fuego sobre ella el coronel Rodríguez Vera con los cañones de su batería, mientras lo hacía el Tcol Torres con los suyos sobre el castillo, y con sus morteros sobre la población.

Carlos VII, situado en posición conveniente, seguía con sus anteojos las peripecias del fuego; el castillo se defendía tenazmente con sus piezas, y la infantería con sus fusiles coronaba la muralla y una fuerte barricada que habían construido los ingenieros alfonsinos para cubrir la brecha. Tronaban sin cesar los cañones, a cuyo ruido, que se oía distintamente desde San Sebastián, apareció ante las posiciones carlistas la Escuadra del Cantábrico, que vino a aumentar el fragor del combate con su artillería de grueso calibre. Entonces el Tcol Torres que no podía contestar bien al fuego de los barcos de guerra, porque no daban suficiente campo de tiro las cañoneras de su Batería, para hacer frente a un mismo tiempo a los fuegos del castillo y a los de los buques, mandó sacar dos piezas Withwort de la batería, y mientras las demás continuaban el combate contra la artillería del castillo, el Tcol Torres, al descubierto, cruzó sus fuegos con los de la Escuadra, sosteniendo singular combate que le valdría el ascenso, como a Carnevali por su arrojo esa noche.

Bombardeo carlista de Guetaria en mayo de 1875.

El bombardeo de la mañana del día 13 de mayo, causó averías a la Consuelo, donde un proyectil carlista atravesó un costado y otro destrozó la canoa y parte del puente. El Gaditano recibió dos proyectiles, uno en el tambor y otro en la chimenea. Por la tarde se reanudó el bombardeo, pero también los buques sufrieron averías, muy particularmente el África. Aunque las bajas de los marinos fueron solo de 10 heridos, no quedaron muy satisfechos los alfonsinos, ya que tuvieron que retirarse con los heridos y con bastantes averías a su fondeadero ordinario de San Sebastián, a eso del anochecer. Por la noche recibió la plaza algunos refuerzos, pero al amanecer del 15 de mayo, creyendo los carlistas practicable la brecha, lanzaron dos batallones a la carrera sobre ella, con el mayor ímpetu. No era menor la determinación de los defensores, hasta que se retiraron los asaltantes, convencidos de que la brecha no estaba en tan buen estado como suponían; tales fueron los trabajos realizados en ella por los sitiados, dirigidos por el cuerpo de ingenieros.

Al día siguiente volvió a repetirse el cañoneo, así como el 17; pero el 18 fue imposible ya continuar, y se desistió de otros asaltos, por imposibilidad material de romper la nueva mampostería con que los ingenieros liberales habían reemplazado la antigua.

Tal fue la embestida contra Guetaria, sin éxito más que por nada por el escaso calibre de los cañones carlistas, no consiguiéndose por ello romper del todo el muro de la villa a pesar de los intentos para abrir camino para la infantería.

Las pérdidas del enemigo fueron de 9 muertos, 19 heridos y 40 contusos; 8 casas quemadas y casi todas inhabitables a causa de cerca de 2.000 proyectiles que se arrojaron sobre Guetaria.

Con el sitio de Guetaria coincidió el levantamiento de la línea del río Oria por el ejército alfonsino y, por consiguiente, ya no volvió a haber enfrentamientos por esa parte de Guipúzcoa, por más que la guarnición de Guetaria viviera, hasta la terminación de la guerra, como prisionera dentro de sus muros, hostigada constantemente por las fuerzas sedentarias del ejército carlista.

El 24 de mayo, fue hostigado por una batería carlista, el buque alfonsino Ferrolano cuando este, después de haber protegido la retirada de la línea del Oría, reanudaba su crucero para impedir que los indefensos pescadores salieran al mar para ejercer su industria. El jefe de la flota de guerra alfonsina en el Cantábrico, contraalmirante Victoriano Sánchez Barcaiztegui, dispuso una operación de castigo sobre Motrico, embarcando en el Colón, seguido del Ferrolano y de la goleta África. Esta fuerza naval recorrió la costa, bombardeándola a partir de Zumaya, pero al llegar frente a Deva y Motrico, la operación no salía tan fácil, ya que las baterías carlistas replicaron a la marina alfonsina. Cerca de la una de la tarde, una granada Wolwich, procedente de la batería carlista de Motrico, dio en el costado derecho a Sánchez Barcaiztegui, sobre el cual reventó, dejándole completamente destrozado, al paso que hería también al mayor general, al secretario y a un comandante de artillería. Mientras esto ocurría en el Colón, el Ferrolano recibía una granada a dos pies bajo la línea de flotación, por lo que pidió permiso para retirarse, lo que hizo a toda máquina a Pasajes. Mientras que el Colón con su fúnebre carga llegaba a San Sebastián, se ordenaba que el África siguiera su crucero.

Muerte del contraalmirante Victoriano Sánchez Barcaiztegui a bordo del vapor Colón delante de Motrico el 26 de mayo de 1875.

La noticia de la muerte de Sánchez Barcáiztegui causó profunda sensación, ordenándose que fuese enterrado en el panteón de marinos ilustres y que un buque que estaba en construcción llevara su nombre, lo que se ha venido manteniendo en la marina de guerra liberal, conservándose el nombre de quien murió defendiendo el liberalismo en España, mientras que tantos y tantos marinos que hicieron glorioso el nombre de la Patria en todos los mares y océanos han quedado desprovistos de este honor. En sustitución de Sánchez Barcáiztegui se encargó del mando de la escuadra el contralmirante Polo de Bernabé, el 30 de mayo, y el 31 fue reforzada la flota por la fragata Vitoria.

El 27 de mayo, había habido un pequeño combate cerca de Oteiza y otro hubo en Alloz el 28, tomando parte en el mismo Simón de Montoya.

La guarnición de Bilbao quedó constituida por el RI-6 de Saboya y el RI-19 de Galicia, batallones de África y Albuera, carabineros y forales; sus fuerzas disponían de cañones de a 12 y 16 centímetros y estaban al mando del general Morales de los Ríos y de los brigadieres Zenarruza y Cassola.

La división carlista de Vizcaya había quedado reducida a 6 batallones (por la salida de la brigada Fontecha para Navarra) bajo las órdenes del general marqués de Valde Espina, que no se daba un punto de reposo para molestar continuamente con sus fuegos las posiciones liberales, ya que no le era dado intentar operaciones más serias por razón de lo mermado de sus fuerzas. Durante su mando, o sea, hasta septiembre, no pudieron llevarse a cabo más ataques que los del 26 de agosto en Arraiz y los de los días 6 y 30 de septiembre, en que la guarnición hizo una salida en la dirección de Arraiz y otra por la parte de Algorta.

Divididas tenía sus fuerzas Valde Espina, pues por su extrema izquierda le amenazaba constantemente una división liberal al mando del general Villegas, llegando por los valles de Mena y Losa hasta el mismo Valmaseda; así es que el general carlista hubo de limitarse a una forzosa defensiva en ambos puntos, y a procurar, consiguiéndolo en efecto, que no adelantaran los liberales en terreno carlista una sola pulgada desde sus nuevas líneas.

Operaciones en el Norte en junio de 1875

Al encargarse el teniente general Genaro de Quesada, marqués del Moncayo, del mando en jefe del Ejército del Norte, quedó este organizado en 3 CEs con 96 batallones, 8 regimientos de caballería, 14 baterías montadas y 6 de montaña, con la correspondiente dotación de compañías de ingenieros y de Guardia Civil, y un total, aproximado, de 80.000 hombres:

  • CE-I/N a las órdenes del TG Joaquín Bassols con la DI-1/I a las órdenes del MC (mariscal de campo) Rodríguez Espina y la DI-2/I a las órdenes del MC Catalán.
  • CE-II/N a las órdenes de TG José Ignacio Echevarría, marqués de Fuente Fiel, con la DI-1/II del MC La Portilla, y la DI-2/II de MC Fajardo.
  • CE-III/N a las órdenes del TG José de Loma con la DI-1/III del MC Villegas y la DI-2/III del MC Blanco.

Además había otra división llamada de la Ribera, a cuyo frente figuraba el brigadier Jaquetot; una brigada en Medina de Pomar, a las órdenes del brigadier Zenarruza; una división en Vizcaya, mandada por el MC Salamanca, a las que hay que sumar las tropas que cubrían guarniciones y otros servicios.

La situación de las tropas liberales hasta el principio de las operaciones en junio era la siguiente, prescindiendo de las empleadas en guarniciones y otros servicios de similar importancia: CE-I se encontraba en Navarra, por la sierra del Perdón, Tafalla, Añorbe y Artajona; el CE-II en Monte-Ezquinza y Oteiza; la DI-1/III de Villegas (8 BIs, una Bía de montaña y 200 caballos) en Medina de Pomar; el resto del CE-III (13 BIs con la correspondiente artillería, caballería e ingenieros) se hallaba en Guipúzcoa, a las inmediatas órdenes del TG Loma, desde la frontera al río Orio; la división de Vizcaya cubría la antigua línea de Bilbao y sus fuertes.

El ejército carlista estaba compuesto, sobre poco más o menos, de la misma fuerza que tenía ya desde el año anterior, operaba generalmente en la siguiente forma: ocho batallones vizcaínos, dos castellanos, el asturiano y algún cántabro, en las líneas de Bilbao y Valmaseda; ocho batallones guipuzcoanos, en la línea del río Oria, San Sebastián y Hernani; dos o tres batallones alaveses por las inmediaciones de Miranda de Ebro y Vitoria, y el resto de los batallones de Álava, de Castilla y de Cantabria, con los 12 navarros, en Navarra.

El 1 de junio, hubo un fuerte duelo de artillería en la línea del Arga. Establecidos los carlistas en Santa Bárbara de Mañeru, los alfonsinos replicaron bombardeando Cirauqui, Muru, Lorca, Lácar, Alloz, Murillo, Andigoyen, Villatuerta y Legardeta. Los carlistas habían ido ocupando en la noche del 1 al 2 de junio la cordillera entre el río Balado y el Frente Norte y el reducto de Alfonso XII, y en la madrugada del 2 emprendieron un ataque contra el citado reducto, lo que se convirtió en fuerte acción a primeras horas de la mañana. La noche del 3 de junio, los alfonsinos abandonaron el fuerte de Aztigarraga (Guipúzcoa) dejando un cañón clavado, dos acémilas y escasas provisiones de boca y guerra.

Reducto de Alfonso XII, construido alrededor de la ermita de San Cristobal, guarnecida por 200 infantes y 20 artilleros. Revista La Ilustración Española y Americana.

Al amanecer del 11 de junio, hubo un combate en las inmediaciones de Oteiza (Navarra), quedando prisioneros de los carlistas un cabo y dos soldados. El día 14 hubo un ataque carlista contra Irúil. En la noche del mismo día, una partida alfonsina entró en Sesma (Navarra) cometiendo abusos y robos. El general Quesada hizo sumariar a los culpables, y el consejo de guerra condenó a privación de empleo al jefe de la partida, pero al terminar la guerra, el Consejo Supremo le repuso en su empleo, con lo que quedó bastante mal el general Quesada.

El 16 de junio, se celebró el canje de prisioneros en el prado de la Alberguería, en Viana, Navarra, siendo este un acto que causó profunda admiración.

Canje de prisioneros gubernamentales y carlistas el 16 de junio de 1875 en Viana (Navarra). Ilustración Española y Americana.

El 17, un convoy que se dirigía a Hernani fue hostigado por los carlistas. El 19 de junio, entró el alfonsino Tello en Vitoria después de haber tenido que combatir en Tuyo y luego en Ariña (Álava), consiguiendo al fin su objetivo, pero una vez en Vitoria se encontró bloqueado, por lo que a su regreso el 22 a Miranda de Ebro tuvo que sufrir el fuego de los carlistas desde Villodas hasta Nanclares.

Los carlistas habían tomado posiciones sobre el río Zadorra, quedando el 25 de junio el BI-I y BI-II de Álava en el valle de Cuartango, el BI-III de Álava en Herena, el BI-IV y el BI-V en Poves, el BI-VI en Alucita y BI-III de Castilla en Subijana. Dos escuadrones estaban en Mimbredo, y en la estación de Poves, 8 piezas de artillería. Desde Peña Cerrada a Treviño estaban BI-III, BI-V, BI-VIII y BI-X de Navarra, el EC-1 del Cid, EC de Clavijo y la Bía-3 de montaña. Los liberales se habían concentrado en Miranda de Ebro.

En la costa cantábrica, Polo de Bernabé enarboló su insignia en la fragata Vitoria y el 25 de junio navegó rumbo a Motrico para bombardear la población en represalias por la muerte de su antecesor. Aunque algunas granadas alcanzaron a la Vitoria, los daños fueron de poca importancia. El 26 la Vitoria bombardeó Bermeo y Mundaca. En la tarde del 27, hubo un intento de ataque carlista contra el reducto de Cáceres (Navarra), que se reanudó por la noche. La nueva línea alfonsina en San Sebastián permitía que el bloqueo fuese más intenso, por lo que fueron hostilizados por la artillería Hernani y Ametzagaña, Rentería y Pasajes.

Campamento de las tropas alfonsinas junto al reducto de Cáceres (Navarra). Autor José Luis Pellicer.

Entrada creada originalmente por Arre caballo! el 2026-01-14. Última modificacion 2026-01-14.
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