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Operaciones en el Norte en octubre de 1875
El final de la guerra en el Centro, los graves sucesos que siguen en Cataluña a la rendición de la Seo de Urgel, que presagiaban la terminación de la guerra en el Principado, la extinción de la lucha en el resto de España, fueron señales del final de la campaña de Carlos VII en el Norte.
El 1 de octubre, hubo un combate en Samaniego (Álava), pero las operaciones más importantes en este período fueron las realizadas por los alfonsinos en la línea de Pamplona, cuya capital era constantemente hostigada, a lo que replicaba la artillería liberal.
En el mismo día 1 de octubre, fue bombardeado Guetaria. El día 2, el bombardeo de San Sebastián fue nocturno, pero obligó a que Trillo renunciara a la marcha que tenía dispuesta para Irún. También se bombardeó los días 2 y 3 sobre Guetaria y Hernani, y aunque cesó momentáneamente el de San Sebastián, se intensificó el que se hacía sobre Hernani y Guetaria. El 6, el general Goyeneche, en un reconocimiento sobre Gorraiz (Navarra), consiguió que los carlistas dejaran este pueblo. Guetaria fue todavía bombardeada los días 6, 7 y 8, por lo que Trillo dispuso que en represalia la artillería alfonsina bombardeara Usúrbi, Lasarte, Urnieta, Ergovia y Astigarraga, pero estos proyectos resultaron sin efectividad porque el día 9 comenzó el bombardeo de San Sebastián por los carlistas mientras que se intensificaba el de Hernani.
El día 3, salió de Sangüesa una columna mandada por el coronel Timoteo Sánchez con objeto de practicar un reconocimiento en dirección de Domeño y Adanza, ocupados por el BI-IX/N de Navarra, y algunas compañías de refuerzo. En Lumbier supo la exacta posición de los carlistas y el 4 de octubre emprendió una operación que dio por resultado, tras porfiada lucha, que los carlistas fueron desalojados de dichos pueblos. Habiendo regresado Sánchez a Lumbier, marchó el día 5 sobre Ripodas, pero al encontrarse con la resistencia carlista, después de un combate de media hora se vio obligado el jefe alfonsino a replegarse a Lumbier, regresando el día siguiente a Sangüesa.
De resultas de estas operaciones quedaron las tropas alfonsinas en la siguiente disposición: El comandante general del CE-I/N, general Keina, con 3 batallones y 3 baterías, en Sangüesa; el brigadier Otal, con otros 3 batallones, en Lumbier; y los brigadieres Golfín y Garrido, con 7 batallones, en Berdún y Salvatierra.

Mientras esto ocurría en Navarra, en el frente de Guipúzcoa los carlistas seguían hostigando la ciudad de San Sebastián, que fue bombardeada el día 1 de octubre, tratando de provocar una salida de los alfonsinos, que estos consideraron impracticable y, por lo tanto, no aceptaron el reto de los carlistas. En el mismo día 1 fue bombardeado Guetaria. El 2, el bombardeo de San Sebastián fue nocturno, pero obligó a que Trillo renunciara a la marcha que tenía dispuesta para Irún. También se bombardeó los días 2 y 3 sobre Guetaria y Hernani, y aunque cesó momentáneamente el de San Sebastián, se intensificó el que se hacía sobre Hernani y Guetaria. El día 6, el general Goyeneche, en un reconocimiento sobre Gorraiz (Navarra), consiguió que los carlistas dejaran este pueblo. Guetaria fue todavía bombardeada los días 6, 7 y 8 de octubre, por lo que Trillo dispuso que en represalia la artillería alfonsina bombardeara Usúrbil, Lasarte, Urnieta, Ergovia y Astigarraga, pero esos proyectos resultaron sin efectividad porque el día 9 comenzó el bombardeo de San Sebastián por los carlistas mientras que se intensificaba el de Hernani.
El 7 de octubre hubo un ataque carlista en Gamarra Mayor (Álava), pero se vieron obligados a retirarse a Durana, donde continuaron hostigando al enemigo hasta la noche. El día 12, siguió el bombardeo de Hernani y de San Sebastián que continuó el día 13. Pero el 14 hubo poco bombardeo, así como cesó el 15 y el 16.
El día 12, la partida mandada por Boleas entró en Lodosa, pero no pudo conseguir apoderarse del fuerte ni del molino donde se habían concentrado los voluntarios que la guarnecían. También el 14 en Burlada y Veloso fueron volados los puentes próximos a Pamplona. Por la parte de Álava, la columna de Pino estuvo en Oyon, Moreda y Lanciego, habiendo en los alrededores de estos dos últimos pueblos pequeños combates. En San Sebastián, el bombardeo se reanudó el día 17 y el general Trillo Figueroa, al saber que los carlistas no habían cesado el bombardeo de Guetaria desde el día 15, ordenó que se hiciera fuego sobre Zarauz.
Acción de la Trinidad de Lumbier (21 de octubre de 1875)
Por orden del general Pérula, la brigada mandada por el conde de Caserta pasó a reunirse con la que mandaba el brigadier Larumbe y, por disposición del brigadier Pérez de Guzmán, se dio la orden a Larumbe de apoderarse de la ermita de la Trinidad de Lumbier. En consecuencia, Larumbe con el BI-IX/N de Navarra emprendió el ataque de la ermita que los alfonsinos defendieron durante 24 horas, pero no pudiendo continuar su resistencia, se retiraron a Lumbier. El brigadier conde de Caserta, mientras tanto, ocupaba las posiciones de Aoiz para entretener al enemigo si este acudía. Férula también acudió, avanzando desde Domeño, no pudiendo los liberales por estas disposiciones operar contra las líneas carlistas.
El 20 de octubre fue reconocida la plaza de Lumbier, pero se consideró que no debía emprenderse una operación contra la misma, ya que los alfonsinos acudían con fuerza superior a 12.000 hombres por las carreteras de Monreal, Aibar y Sangüesa.

Al amanecer del día 21 de octubre, las posiciones carlistas eran las siguientes: el brigadier Larumbe con el BI-IX/N de Navarra, cuatro compañías del BI-X/N y otras tantas del BI-I/N con 8 piezas de artillería de montaña en sus posiciones de la Sierra de Leire, quedando 4 compañías del BI-X/N en Castillo Nuevo y otras del BI-IX/N en Bigüezal. La parte del valle de Salazar y su defensa se encomendó al brigadier conde de Casarta con dos medios batallones del BI-I/ y BI-III/N de Navarra, todo el BI-IV/N y 4 cañones de montaña escalonada desde las alturas que dominan Arbonies y Domeñao hasta la sierra de Napal.
A las once de la mañana se dirigió hacia las posiciones carlistas una fuerte columna liberal compuesta de 16 batallones, 2 RCs y numerosa artillería, dirigiéndose dichas tropas por la carretera de Domeño, mientras otros 2 batallones alfonsinos se encaminaban a Rípoda.

A la una de la tarde rompieron los liberales el fuego de artillería sobre la Trinidad, mientras que 4 compañías subían a la carrera para tomar la sierra, haciéndolas retroceder algunas compañías de los BI-I y BI-IX de Navarra. Larumbe, a pesar de que algunas de las compañías avanzadas se habían visto obligadas a replegarse, hizo tan magnífica y brillante defensa que la brigada alfonsina de Goñi, que era la atacante, se vio obligada a retirarse sin conseguir su objetivo después de varias cargas a la bayoneta, sufriendo más de 600 bajas y perdiendo 300 fusiles en la bajada del monte.
Cuatro horas duró el bombardeo que siguió a este fracaso y fue entonces cuando los alfonsinos emprendieron el ataque sobre el alto de Domeño que defendía el conde de Caserta. Disponía este jefe carlista de 2 compañías del BI-III/N sobre Usun, 2 del BI-IV/N al pie del alto de Domeño, con dos cañones; las restantes del BI-IV/N en sierra Orradre, frente a Arbonies, con otras 2 piezas, y las compañías del BI-I/N sobre Domeiño formando reserva con dos compañías del BI-III/N que en realidad entraron en fuego inmediatamente por haberse movido el enemigo hacia la derecha.

El objetivo liberal era romper el centro de esta línea y aislar la Tirinidad, para que sus defensores se vieran obligados a rendirse. La artillería carlista se defendió disparando de frente desde los altos de Domeño y Orradre, y de flanco desde el portillo de Leyre. A las cuatro de la tarde el combate era general en toda la línea y los alfonsinos trataban inútilmente de avanzar hacia Usún y el alto de Domeño, cuyas posiciones defendía el brigadier conde de Caserta.
Estas tropas carlistas defendieron admirablemente sus posiciones, impidiendo que los liberales rompiesen el centro, rechazando al enemigo que, después de una brillante carga del BI-IV/N, no tuvo otro recurso que retirarse abandonando el campo de batalla. Todavía porfiaron los alfonsinos, atacando al anochecer la Trinidad, pero de nuevo fueron rechazados, sin que consiguieran en su avance llegar hasta donde habían llegado antes los de la brigada de Goñi. Así, a las siete y media de la tarde, los alfonsinos habían sido batidos a pesar de contar con 30 batallones y 36 piezas de artillería. El general Reina, que mandaba los alfonsinos, tuvo que renunciar a su intento. Las pérdidas alfonsinas fueron importantes.

Carlos VII agració con la Gran Cruz de San Fernando al general Pérula por esta brillante campaña. También fueron recompensados los brigadieres conde de Caserta y Larumbe, así como por su brillante comportamiento Roberto de Borbón, duque de Parma. Las bajas de los carlistas fueron 4 muertos y 4 heridos en la ermita, y en el resto 27 muertos y 115 heridos, entre ellos el Tcol de artillería Alejandro Reyero y el comandante José Seidel.
La acción de la Trinidad de Lumbier tenía una finalidad de la que se dieron cuenta los liberales posteriormente. Era la de facilitar la entrada en Navarra de las fuerzas valencianas que, mandadas por Dorregaray, habían salido de Cataluña, objetivo que resultó tal como se esperaba.
Otras acciones en el mes de octubre
El bombardeo de Hernani y Guetaria había proseguido el 19, aunque cedió algo el 20, el 21 y el 22. El 23 de octubre, San Sebastián fue objeto del bombardeo carlista que continuó el 24 y el 25. También Hernani fue bombardeada el 23.
En la provincia de Álava, el general Quesada emprendió una operación el 25 sobre Villarreal, que estaba defendido por el BI-II/A de Álava. Quesada esperó la llegada de las fuerzas que trataban de envolver la posición enemiga, pero los carlistas se retiraron por el camino de Aramoya, tiroteándose con los alfonsinos. El día 28, siguió sobre Murguia, la que alcanzó, aunque fue hostigado por el camino. El 27, los alfonsinos llegaron a Unzá sin obstáculo, pero ya en la población hubo algún tiroteo en la Peña Vieja. Así Quesada llegó a Orduña, a la que impuso una contribución, apoderándose también de víveres y 700 fanegas de trigo en Oyardo, que por no poder llevarse las destruyó. También destruyó el telégrafo óptico y la línea telegráfica. Desde Orduña, Quesada se dirigió a las minas de Barambio, donde destrozaron las bocas de las minas. Y en Lezama inutilizó 4.000 fanegas de trigo de un depósito carlista. Los liberales regresaron a Orduña y el 29 quedó toda la fuerza alfonsina en sus cantones de origen. Solo en el desfiladero de Techa, camino de Subijana, hubo un pequeño combate contra las fuerzas del brigadier alfonsino Echevarría.
El 28 de octubre, las baterías carlistas habían roto el fuego contra Pasajes, y también lo hicieron sobre San Sebastián y Hernani. El fuego de los carlistas sobre Pasajes obligó a que el vapor Portugalete levara anclas. Los buques de guerra Fernando el Católico, Marqués del Duero y Gaditano se guarnecieron detrás de los trozos de roca que cubren la gruta de San Juan y no intentaron contestar al bombardeo carlista. En el mismo sitio fue a buscar protección la cañonera francesa Oriflamme, así como un bergantín de la misma nacionalidad.
El 29, siguió el bombardeo sobre San Sebastián, Hernani y Pasajes, que continuó el 30 sobre las dos últimas poblaciones.
Acción de Algorta (26 de octubre de 1875)
Habiendo cesado en su mando el marqués de Villa-Espina, por haber sido nombrado ayudante de campo de Carlos VII, fue sustituido por el brigadier Elicio Bérriz, que dividió sus batallones en dos brigadas, una al mando del brigadier Ormaeche próximo a Bilbao, y la otra con el brigadier Echévarri en la línea de Valmaseda, amagada y en constante fuego esta última con el infatigable general liberal Villegas, quien al frente casi siempre de ocho batallones con la correspondiente artillería y caballería hacía frecuentes excursiones desde Medina de Pomar por los valles de Losa y Mena, corriéndose hasta la misma capital de las Encartaciones.
Establecido Berriz en su Cuartel General de Galdácano, con su JEM el brigadier José S. Fontecha, con su compañía de guías y algunas otras, acudía indistintamente a reforzar el punto más amenazado, por su derecha o por su izquierda; disponía en esa época de 8 batallones vizcaínos, el asturiano y a veces también de algunos castellanos. Apenas hecho cargo del mando, tuvo un reñido encuentro con las tropas que de Bilbao salieron en dirección de Ortuella. Tocó hacer frente a los liberales al batallón de Bilbao, que logró rechazar al enemigo causándole un muerto y once heridos.
La acción de Algorta, ocurrida el 26 de octubre, fue más seria. Los batallones de Guernica y Orduña, al mando del brigadier Ormaeche, defendían las trincheras que cubrían la línea desde Munguía y Lejona a Zamundio y Larrabezúa. La columna alfonsina se componía de cuatro batallones al mando del brigadier Cassola, y su objetivo principal era destruir los atrincheramientos carlistas por la parte de Algorta, es decir, los construidos principalmente frente al cerro de Axpe, Lejona y montes de Berango.
Salió, pues, el brigadier liberal de Algorta, acompañado de los batallones del RI-6 de Saboya y del RI-19 de Galicia, siguiéndole a poca distancia los demás. En el primer momento, como era muy extensa la línea de los atrincheramientos carlistas, y en su defensa solo había pequeños destacamentos en observación del enemigo, se apoderó Cassola de la mayoría de aquellos, distinguiéndose en el avance el batallón del RI-6 de Saboya que atacó de frente la posición dominante de Sopelana. Al oír el fuego, acudió presuroso el jefe carlista con los batallones de Guernica, Orduña y Bilbao, equilibrándose entonces el combate que había comenzado, como hemos dicho, con la retirada de algunas compañías carlistas. Reforzado a su vez Cassola con el batallón del RI-26 de Albuera y algunas compañías más, volvió a atacar a los carlistas, pero estos lograron rechazarle haciéndole perder 12 muertos, 3 oficiales y 33 soldados heridos y contusos y 15 extraviados.
Operaciones en el Norte en noviembre de 1875
La operación realizada por los alfonsinos en la sierra de Toloño, fue completada por una salida de las fuerzas de guarnición en Laguardia que hizo que en la mañana del 4 de noviembre no quedara a los carlistas en la Rioja Alavesa más que el fuerte de San León, situado en el puerto de Herrera. Con el objeto de amenazarle, avanzó Quesada desde Vitoria hacia Pipaon, que fue ocupado por el general Maldonado, no sin haber hallado resistencia de 4 compañías del BI-III de Álava. Por otra parte, el coronel liberal Camilo García Polavieja salió de Pangua, cayendo sobre el fuerte en construcción de Puyueta, mientras que el coronel Lacalle movía sus fuerzas para que los carlistas que se retiraban no se refugiaran en el fuerte de San León. Este quedó rodeado totalmente el día 5 por la madrugada. La víspera, un oficial alfonsino había entrado en conversaciones con elementos del fuerte, propicios a la traición, por lo que al intimarse la rendición no hubo defensa, capitulando la guarnición compuesta de un jefe, 5 oficiales y 68 individuos de tropa. En ese mismo día hubo un pequeño combate en Alcibar (Guilpúzcoa) contra fuerzas de reconocimiento salidas de San Sebastián.

El día 8 de noviembre, un destacamento alfonsino que se dirigía al fuerte de Valle Hermoso, se encontró con otra partida carlista que marchaba hacia el mismo sitio. Comenzó el tiroteo acudiendo en socorro de los alfonsinos el Tcol González Tablas, disponiendo el general Maldonado que salieran fuerzas para dirigirse al fuerte de Recilla, en cuyos alrededores el batallón de Clavijo tuvo un combate con la columna del comandante Sedano. El choque había sido con la fuerza mandada por Cachavas a la que habían acudido para sostenerla 4 compañías de Guías de Castilla, que pudieron efectuar su retirada por el puente de Recilla, no sin combatir.
Acción de Bernedo (12 de noviembre de 1875)
Deseando los liberales imponer contribuciones y recoger cosechas en Labastida, enviaron allí 1.300 efectivos, 2 piezas de artillería y 2 escuadrones cubriendo desde la Nava hasta la altura de San Miguel. Labastida no estaba defendida más que por tres compañías de alaveses y otras dos de asturianos que acudieron al fuego; habiendo sido rechazada la columna liberal, salieron del pueblo y de los atrincheramientos los carlistas, causándoles 14 bajas y persiguiéndola a la bayoneta hasta San Vicente.
El comandante en jefe del CE-II, José Ignacio Echevarría, marqués de Fuente Fiel, dispuso que al amanecer salieran las brigadas de Arnaiz, Pino y Alarcón a las órdenes de los mariscales de campo Quesada y Maldonado; los carlistas ocupaban el puerto de Villar, en la sierra de Toloño, y disponían de tres batallones alaveses (BI-I, BI-III y BI-IV), el BI-II de Navarra y el BI de Aragón, a las órdenes del general Pérula y de los brigadieres Pérez de Guzmán y Fontecha.
El 12 de noviembre, de Baroja partió el brigadier Pino, y con el brigadier Alarcón, con dos batallones que se encontraban en la zona, llegaron hasta Lagran y Villaverde, sin que nada anunciara la presencia carlista. Ordenó al general Pino que no pasara de Obécuri y se estableciera en posición a retaguardia sobre Villafria; al brigadier Alarcón que avanzara hacia Navarrete. A las once y media, los carlistas, posicionados en el puerto del Villar, en la inaccesible cordillera de Toloño, comenzaron a hostigar la derecha liberal; pero sus fuegos poco eficaces permitieron continuar resueltamente, ordenando que el coronel del RI-3 de la Princesa, Polavieja, con 6 compañías de su primer batallón, intentara la penosa subida, sorteando toda clase de obstáculos, sorprendió con su inesperada aparición al enemigo por su flanco izquierdo, poniéndole en retirada sobre la población desde luego. Entretanto, dispuso el TG Echevarría que la brigada Arnaiz se estableciera en orden de combate frente a Bernedo, fuera del alcance de fusil; y sospechando que debía hallarse ocupado, aunque nada lo demostraba, destacó fuerza exploradora y estableció el BI-V de reserva en posición sobre la izquierda, mientras la batería de montaña rompió el fuego, que fue contestado desde el caserío y posiciones que lo dominan por los carlistas.
Flanqueadas las posiciones carlistas por 4 compañías del RI-2 de la Reina con dos secciones de lanceros del Rey, y atacados en las casas y posiciones dominantes por la restante fuerza del batallón y por el BI-III de reserva, se logró tomar el pueblo, sin que por esto declinara la lucha.
A la una de la tarde, los carlistas iniciaron su retirada hacia el desfiladero de Angostina, teniendo que atravesar un bosque, que por lo distante no habían ocupado las tropas, el TG Echevarría ordenó al jefe de húsares de Pavía, que amagase sobre el bosque para ver si estaba ocupado por los carlistas; las 4 secciones de húsares, penetraron con decisión en el monte envolviéndolo, y arrollaron la fuerza enemiga que en él se hallaba, cayendo sobre las últimas compañías del BI-I de Alava, que se empeñó en un combate cuerpo a cuerpo, en el que, los húsares y sus oficiales llevaron la mejor parte, consiguiendo expulsar a los carlistas.
Mientras tenía lugar este episodio, la infantería dentro del pueblo seguía el combate; el TG Echevarría se puso al frente de la reserva y poco después se ocupaban todas las posiciones, y la victoria era completa en toda la línea.
Las pérdidas de los liberales fueron un capitán y 9 soldados muertos y 2 oficiales y 70 soldados heridos. Las bajas de los carlistas consistieron en 3 oficiales y 37 voluntarios entre muertos y heridos, y 3 oficiales y 44 voluntarios prisioneros.
Otras acciones en el mes de noviembre
El 13 de noviembre, los carlistas desde Durana cañonearon Gamarra Mayor (Álava), pero al conocer que dos columnas alfonsinas habían salido para tratar de envolver sus posiciones, se retiraron. Una avanzadilla carlista en Astigarraga (Guipúzcoa) tuvo un combate contra una fuerza de miqueletes salida de San Sebastián en la noche del día 14.
El día 16, el correo que había salido de Pamplona con escolta fue atacado por una partida carlista en las inmediaciones de Naoin (Navarra). En la madrugada de este mismo día, el fuerte de Alfonso XII, en Monte Esquinza, fue atacado por los carlistas sin éxito. El 17, en los alrededores de San Sebastián, la partida carlista mandada por Muguerza tuvo un tiroteo con una descubierta liberal. El 20, al entrar en el puerto de Pasajes, el vapor de guerra Fernando el Católico fue alcanzado por la artillería carlista de San Marcos, causándole averías, así como muertos y heridos. El 21, los carlistas del castillo de La Población (Navarra) cañonearon a fuerzas salidas de Laguardia que no pudieron avanzar hasta la fortaleza carlista y tuvieron que replegarse a su origen.
Durante este mes, el bombardeo sobre Hernani continuó haciéndose más fuerte a partir del 25. Continuaron sufriendo la acción de la artillería carlista Guetaria, Rentería y Pasajes. El día 28 hubo combates, aunque de poca importancia, en Subijana y Basquiñuelas, ambos en la provincia de Álava.
Acciones de Alzuza (22 al 24 de noviembre de 1875)
El general en jefe liberal Quesada había dispuesto sorprender a los carlistas que defendían la importante posición de Alzuza; ordenó al general Reina que realizara el ataque. Este decidió realizarlo con una brigada y la división de la Ribera, sumando en conjunto 10 batallones, 6 baterías montadas, 3 baterías de montaña y numerosa caballería, debiendo dirigir las primeras fuerzas y la vanguardia el general Espina.
La distribución de las fuerzas carlistas el día 22 de noviembre desde Miravalles a Sarasa era: La partida del Carrascal, de unos 100 hombres y algunos caballos, ocupaba el pueblo de Alzuza, el alto pequeño de Huarte y las avenidas de Ardanaz. El alto de Miravalles lo guarnecía una compañía, en observación del camino de Burlada; otra, el alto de Arre, y otra, el alto del polvorín hasta la subida del monte de San Cristóbal. En la meseta de esa altura había dos compañías, y la de ingenieros estaba en el fuerte en construcción. Medio batallón de Valencia (200) cubría desde el monte de Vallariaín hasta Aldaz. Solamente, pues, con dos batallones y medio, o a lo sumo tres contando toda la fuerza, iba el brigadier Junquera a luchar o, por lo menos, a recibir el primero el empuje de las brigadas alfonsinas de Goñi y de Santelices, compuestas de 8 batallones completos y apoyados, además, por mayores fuerzas.
Acciones el 22 de noviembre
El 22 de noviembre, los alfonsinos de la brigada Espina iniciaron una operación llegando hasta Urroz (Navarra), siendo tiroteados por los componentes de la partida de Rosa Samaniego; en Urroz se tirotearon con fuerzas del BI-IV de Navarra de la BRI de Montoya. Desde Urroz se dirigieron las brigadas de Goñi y de Santelices hacia Elcano y Egües, con la intención deliberada de tomar posesión del Alto de Alzuza custodiado por la partida del Carrascal de la brigada de Junquera.
Temiendo Junquera que la resistencia que la partida de Carrascal pudiera hacer al enemigo no fuera bastante para contenerle, envió una compañía en su apoyo, la cual llegó tarde, pues el empuje de los liberales, tan superiores en fuerzas, fue rudo y rápido y no dio tiempo para impedirlo.
Cerró la noche del 22 ocupando el ejército alfonsino los pueblos de Ibiricu, Elcano, Egües y Alzuza, limitándose los carlistas a hostigar al enemigo desde las alturas más próximas. Durante el día, el general Reina avanzó desde Lumbier hasta Monreal y Zulueta con una brigada y la división de la Ribera. Tanto la partida del Carrascal como las compañías del BI-VIII de Navarra se batieron a la desesperada, hasta el punto de agotar sus municiones.

La toma de Alzuza por los liberales hacía muy comprometidas las posiciones defendidas por el brigadier carlista Martínez Junquera, por lo cual solicitó el apoyo del coronel Mendoza que era quien se hallaba más próximo con fuerzas del BI-IV navarro, enviando Junquera al fuerte de Sorauren dos compañías y la sección de artillería de montaña, a las órdenes del coronel Garrido y esperando los acontecimientos en Villaba, situó la partida del Carrascal en Zabaldica, algunas compañías del BI-VIII de Navarra delante de Villaba y en las alturas de San Cristóbal y Arrúe, y el escuadrón de Castilla a la salida de Huarte, dejando á cargo del Batallón valenciano la defensa de la derecha de su línea.
Acciones el 23 de noviembre
Así las cosas, amaneció el día 23, y el general Quesada, que el día anterior había llegado a Pamplona con sus fuerzas y presenciado la mayor parte de la acción librada por los generales Reina y Espina, ordenó a la artillería de la plaza y a las baterías de a 10 cm que apoyasen el movimiento proyectado para el 23, o sea la toma de Huarte y Miravalles, secundada dicha artillería por la del cuerpo de ejército del general Reina desde Alzuza.

Unidas, pues, las fuerzas que había conducido bajo su inmediato mando el general en jefe liberal con el CE del general Reina, se dirigieron hacia Huarte y Miravalles con rapidez y decisión, no sin oponerles resistencia bizarra las tropas carlistas que, además de defender sus líneas con fuego de infantería y artillería, dieron repetidas cargas a la bayoneta. Nada pudo, sin embargo, contrarrestar el pausado, pero imperturbable avance de las fuerzas liberales que, al cerrar la noche, no solo se habían posesionado de Huarte, sino que habían llegado hasta Villaba y el monte de San Cristóbal.
El Ejército carlista había sido, por tanto, despojado de sus más importantes posiciones, sin que bastara para impedirlo el valor de los batallones carlistas. Junquera se situó en los altos de Sorauren en espera del ataque que debía seguir el día siguiente 24, situó la caballería en observación de Villaba, desde el puente de Arrúe y camino de Huarte, esperando el refuerzo del BI-VI de Navarra y 4 piezas de la batería de Llorens.

Acciones el 24 de noviembre
Al amanecer se pusieron en movimiento el general Espina, desde Santa Eufemia, y el general en jefe con el general Reina, desde Villaba; el primero contra el cerro de Ichurre y los otros contra San Cristóbal, echando mano de todas sus fuerzas, pues los carlistas habían extremado sus defensas en los puntos atacados, en términos de tener que ordenar el general Quesada que se suspendiese el avance. El BI-VIII de Navarra, apoyado por el BI-VI por no tener municiones, se lanzó a una carga a la bayoneta en la que cayeron heridos su coronel Garrido, el comandante Oyos y el capitán Gómez, y heridos y muertos los capitanes Alonso y Castro y el teniente Fernández. Sin embargo, los alfonsinos consiguieron sus propósitos coronando el monte San Cristóbal y tomando el pueblo de Oricáin. Donde la lucha fue más empeñada fue en el reducto del Cerro de Ichuru, donde las tropas alfonsinas estuvieron a punto de abandonar el combate, pero Reina, a pesar de la orden de Quesada, consiguió tomarlo.



Las pérdidas de los alfonsinos fueron 25 muertos, 150 heridos, 27 contusos y 9 prisioneros; las bajas de los carlistas fueron aproximadamente las mismas.
El día 25, los carlistas volvieron a ocupar el alto de San Eufemia tiroteando a los alfonsinos.
Después de esta operación, los alfonsinos decidieron completarla con la toma de la sierra de Leyre, donde estaban en posición el BI-IX de Navarra, situado en los pueblos de Napades, Orradre y Murillo, y el BI-X, que ocupaba la referida sierra. De la operación se encargó la columna de Delatre procedente de Aragón. El ataque comenzó al rayar el día 26, apoderándose del fuerte de Salvatierra, emprendiendo Delatre con las columnas del Tcol Salto y otras el avance sobre las posiciones carlistas. Estas se defendieron, pero los alfonsinos consiguieron apoderarse de la ermita de la Trinidad, luego del pueblo y, finalmente, de toda la sierra de Leyre. Las partidas carlistas no estaban en proporción a la importancia que tenía su presencia sobre Lumbier. Al mismo tiempo que estas operaciones, hubo otras con el propósito de atraer la atención de los carlistas, abandonando estos el día 24 la ermita Violarra sobre Marquiner, así como las posiciones que estaban en Izarza y las que tenían al sur de Azaceta.
Operaciones en el Norte en diciembre de 1875
El 6 de diciembre hubo un pequeño combate en Subijana (Álava). El día 11, una partida carlista batió a la escolta de caballería que custodiaba 50.000 pesetas con destino a la división de Delatre. El combate fue en Eslava (Navarra) y los alfonsinos tuvieron que retirarse a Tafalla. Los carlistas habían seguido bombardeando Hernani diariamente, pero el 15 lo hicieron sobre San Sebastián, durando este bombardeo hasta el 23.
En Larrea (Guipúzcoa) el 15 de diciembre hubo un pequeño combate. El día 16, hubo una nueva tentativa de los carlistas para apoderarse del reducto de Alfonso XII en Monte Esquinza; fracasó totalmente. También un combate por los altos de Baigorri (Navarra) el día 19, pero fue de escasa importancia. De un poco más de consideración fue el que sostuvo la partida de don Vicente Gil en Moreda (Álava), el día 23, fecha en que se combatió contra la partida alfonsina de Martínez Arenzana en los alrededores de Viana. Fue en ese mismo día 23 cuando se produjo el mayor combate del mes de diciembre en la línea de San Sebastián. Los carlistas intentaron tomar el fuerte de Ilbaeta y los dos torreones de Zubelzu, sin conseguirlo y nada consiguieron tampoco los que trataron de infiltrarse por la parte de Oyarzun.
El 11 de diciembre Carlos VII dispuso que se encargara del mando del Ejército Real del Norte Alfonso de Borbón y de Austria, el conde de Caserta. El general Pérula pasaba a ocupar la comandancia general de Navarra. Como JEM del conde de Caserta fue nombrado Antonio Brea, procedente, como el conde, del arma de Artillería.
A la inactividad carlista se había unido la inactividad del ejército alfonsino. Desde noviembre, los alfonsinos no han emprendido operación alguna de importancia. La verdad era que el invierno fue duro, pero en otros años se había operado en invierno, y en 1876 lo volverían a hacer. Se trataba de aplastar a los carlistas por el número, por su masa de artillería, pero no era el único recurso de que iban a disponer. La complicidad de Francia y la desmoralización de los ejércitos carlistas, unido a la actuación del marqués de Molins, que empleaba los medios de corrupción para que los militares carlistas se acogiesen a la amnistía.
Martínez Campos no quería someterse a las órdenes de Quesada ni este a las del primero. El Gobierno de Madrid halló la fórmula: habría dos ejércitos, el de la Derecha y el de la Izquierda. Pero cuando estuvieran operando en zonas limítrofes, se pondrían de acuerdo Martínez Campos y Quesada de lo que debería hacerse.