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Acciones en el mes de julio
El 1 de julio, hubo un combate de la columna Cathalán contra Castells. Este ocupaba Calaf y sus cercanías, siendo arrojado de sus posiciones, refugiándose en los pueblos de Mirambell y Dufort, donde se hizo fuerte. Mirambell fue cañoneado por los alfonsinos y abandonado por los carlistas para evitar ser envueltos, y después de ruda lucha, bajo el fuego de la artillería liberal, los carlistas se retiraron de Dufort, marchando con los heridos a Castellfullit de Riubregós. Por su parte, Cathalán marchó a Cervera para hospitalizar a sus heridos, que confesaba haber sido 2 oficiales y 19 soldados.
La situación de Barcelona se hacía cada día más difícil para los alfonsinos y el general Macías, que, en ausencia de Martínez Campos, estaba en la Ciudad Condal. Participaba el 2 de junio que, a causa del acuerdo entre los carlistas y republicanos, tenía viva inquietud por haberse empezado una huelga cuya finalidad no era otra que auxiliar a los carlistas. El Ministro de la Guerra le pidió explicaciones para que le manifestase las disposiciones que habían sido adoptadas para evitar tal estado de cosas, y qué columnas estaban cerca de la capital para conjurar el conflicto obrero que amenazaba. Macías contestó diciendo que la situación era insoportable, pues le exigían los elementos barceloneses alfonsinos que Arrando permaneciera en las cercanías de Barcelona, y efectivamente estaba en Granollers “ante el temor de que invadieran los carlistas aprovechando una alteración del orden, causada por los republicanos y obreros“. Así queda evidente que la situación de la guerra en Cataluña antes de la traición del Centro era ventajosa para los carlistas.
Por su parte, Savalls supo distraer la atención enemiga y salió de Besalú el día 6 de julio, dirigiéndose a La Junquera, cuyo ataque comenzó por la noche del mismo día. Acudió Arrando con su columna, y proyectaba estrechar a Savalls para que este se viese obligado a pasar la frontera, confiando en que la columna del Ampurdán que estaba encerrada en La Junquera ayudaría a la operación. Savalls intentó rechazar a Arrando mientras seguía el ataque de la localidad, pero los liberales alcanzaron las alturas donde están las ruinas del castillo de Montroig, que fue tenazmente disputado. Savalls decidió retirarse hacia Darnius, siendo muy disputada la posición de Rocacalva, con lo que quedó liberada la columna encerrada en La Junquera. Los carlistas se retiraron hacia San Lorenzo de la Muga y Lladó, comunicando Savalls que había estado obligado por la falta de municiones.
Pero este alejamiento de la columna Arrando trajo como consecuencia otra huelga de los obreros de las fábricas de Barcelona que secundaron los de varias poblaciones del Llano. Acrecentó el temor de Macias el que Miret, después de la acción de La Junquera, había llegado a Esparraguera el 12 de julio, aunque la brigada de Villamil se hallaba en Molins de Rey. Se llamó de nuevo a la columna Arrando y hasta se dispuso que Martínez Campos marchara a Barcelona. La brigada de este fue tiroteada por el coronel Massachs en los Bruchs, después de lo cual los carlistas se retiraron, un batallón a Castelloli y otro a Piera. Miret desde Esparraguera fue a Moyá y de allí el día 15 a Sampedor, volviendo a reunirse con Massachs el 16 en Esparraguera. Savalls amenazó Puigcerdá, y llegó a intimar su rendición el 16 de julio desde Alp.
El Ejército del Centro en Cataluña
No estribaba la dificultad carlista en Cataluña en la falta de hombres, sino en la de armas y municiones. No faltaban hombres dispuestos a empuñar las armas, y con la escasez de armas y municiones se venía realizando una campaña en la que las victorias sobrepasaban de mucho en importancia a sus derrotas que podían sobrevenir. Pero en estas condiciones, hicieron entrar en Cataluña un ejército mal armado y poco municionado. En estas circunstancias, la entrada del Ejército del Centro en Cataluña agudizaba la penuria en que se desenvolvían los catalanes y arrastraba tras de ellos el ejército alfonsino del Centro. No habiendo podido arrojar a los carlistas valencianos y aragoneses al territorio francés, como parece haber sido el primer designio, la mejor maniobra era que entrasen en Cataluña.
Dorregaray anunció a Castells desde Ainza el 11 de julio su propósito de entrar en Cataluña con 20 batallones y 800 caballos. Pero este no supo hasta el día 14 el proyecto de Dorregaray, pues recibió su comunicación al mismo tiempo que otra fechada el 14 desde Pobla de Segur, participándole haber llegado a dicho pueblo las fuerzas aragonesas. Efectivamente, Dorregaray con las fuerzas aragonesas mandadas por Gamundi habían llegado el 13 de julio a dicha población catalana, después de entrar en Cataluña por Pont de Suert. En este mismo día entraba la división valenciana en Pobla de Segur, mientras que Álvarez con la división del Maestrazgo, después de pasar el Segre, llegaba a Orgañá, donde el día 15 se unió Dorregaray con Gamundi después de que Álvarez había pasado a San Lorenzo de Morunys. Dorregaray estuvo hasta el 17 de julio en Orgañá, marchando luego a Oliana, donde llegó cuando Martínez Campos estaba ya sobre Orgañá.
Adelantado por su parte, llegó el 15 a Solsona, donde se le reunió el día 16 la división del Maestrazgo mandada por Álvarez, mientras que en las cercanías de la misma acampaba la división de Gamundi. Todas las fuerzas del Centro a las órdenes de Dorregaray llegaban el 20 de julio al Santuario de Nuestra Señora del Milagro, donde le esperaba Castells. El día 21, se habían separado las fuerzas. Álvarez y Adelantado estaban en Suria, de donde marcharon a Cataluña Oriental, mientras que Dorregaray entraba aquel día en Calaf con los aragoneses, siguiendo el 22 a Biosca, el 23 a Pons, el 24 a Oliana y Gualter, el 25 a Orgañá, el 26 a Talarn, el 27 a Sort, de donde marchó el 29 de julio otra vez a Orgañá, para llegar a Solsona el 31 después de haber pernoctado el 30 en San Lorenzo de Morunys. En esas marchas, el día 26, algunas fuerzas catalanas con el BI-II de Aragón fueron sorprendidas por los alfonsinos en Orgañá.
Por su parte, Castells, separándose el 24 de julio de Dorregaray, fue a reunirse con el brigadier Vilageliu, que había salido de Pons con BI-III de Tarragona y dos escuadrones de caballería. Junto con la caballería del Centro. Castells llevaba consigo el BI-I de Lérida, reuniéndose con Vilageliu en Tiurana, de donde pasaron a la orilla derecha del Segre. Castells llegó el día 25 a Cubells, el 26 a Mollerusa, el 27 a Espluga Calva y se presentó el 28 delante de Borjas Blancas, la que atacó, pero ante la proximidad de las fuerzas del general Jovellar y la columna Picazo, se retiró tomando el 29 el fuerte de San Martín de Maldá, donde los alfonsinos tuvieron 16 muertos y 6 heridos y fueron capturados 34 prisioneros que se rindieron después de viva resistencia. De allí marchó a Verdú y el 31 salió para Guisona, continuando a Torá, después de sostener un tiroteo con la columna Esteban que procedía de Pons. Después de pernoctar en Torá el 1 de agosto, Castells entraba en Sanahuja.
Por su parte, las divisiones del Maestrazgo y Valenciana habían salido de Suria, y marcharon por Balsareny, San Feliu de Saserra, Prats de Llusanes y San Quirico de Besora, donde tuvieron un combate el 27 de julio contra las fuerzas del general Weyler, siguiendo por Vidrá y San Esteban de Bas, llegando el 31 a Arenys de Mar.
Fuerzas carlistas atacaron el 27 de julio a la ronda alfonsina de Catllar en Vespella, acudiendo en socorro de esta el comandante militar de Torredembarra, con una pequeña columna que tuvo que refugiarse en la iglesia de Vespella, donde capituló. Los alfonsinos tuvieron 26 muertos, 6 heridos y 28 prisioneros. En este mismo día, después de la acción de San Quirico, Weyler tuvo un combate en Casa Vila de Llayers, retirándose los carlistas. Cerca de Coll de Nargó hubo el 29 un combate contra la columna de Chacón. Una fuerza alfonsina destacada el 30 en Castelló de Farfaña fue atacada por el BI-V de Lérida; pero habiendo desalojado la población, se replegó a la capital de la provincia. El 31 de julio, en Piera, la columna Vallejo tuvo un combate con el BI-V de Barcelona, pero no parece haber tenido gran importancia. Una fuerza carlista mandada por el comandante Virgili hizo una incursión por 1a parte de Tarragona, llegando a Arbós.
Acción de Tortosa
Como la situación de la ciudad de Tortosa exigía pronto auxilio, Salamanca, que hacía tiempo que tenía fija su atención en ella y trataba, venciendo toda clase de dificultades, de organizar y allegar los recursos necesarios para proveerla, dispuso el 27 de julio que saliera de Tarragona por la vía marítima un batallón del RI-25 de Navarra, para conducir a aquella plaza un convoy de 140 cajas de municiones y 460 de tabaco, y relevar su guarnición. Al anochecer del 30 desembarcó esta fuerza en Amposta, y organizado el convoy, compuesto de 62 carros, emprendió la marcha. No lograron detenerla Segarra y Vallés, que pasaron el río Ebro por Amposta. Las tropas llegaron a Tortosa, con pérdida de un muerto y 6 heridos. Las bajas de los carlistas fueron 5 muertos. Además de la fuerza de Navarra, escoltaba dicho convoy parte de la guarnición de Tortosa, que con anterioridad esperaba en Amposta.
Serrano Bedoya ordenó el 30 de julio a Salamanca que uno de los batallones de su brigada marchara a Barcelona por la vía marítima, medida que reclamaba la situación de la brigada Cirlot. Como los batallones de Ceuta y Arapiles se encontraban en La Espluga de Francolí, el de Reus marchó a Barcelona, y fue destinado a relevarle el de reserva de Andújar, que debía dar todos los destacamentos y guarniciones.
Comienzo del sitio de la Seo de Urgel
Martínez Campos se proponía acabar con la dominación carlista en Seo de Urgel. Mientras estos dispusieran de esta fortaleza, se sentirían dueños del terreno y seguirían mereciendo la consideración del extranjero. Pero era muy difícil, ya que para atacarla Seo de Urgel, era menester artillería pesada de difícil conducción por territorio catalán, teniendo los carlistas, como tenían, el dominio de la montaña. Así, aunque se nombró gobernador de Seo de Urgel al general Lizárraga y se hicieron algunas obras de ingeniería para hacer más resistente la plaza, el hecho de que no fueran completadas demuestra que no se temía la posibilidad de un prolongado asedio.
No había tenido dificultad Martínez Campos en situarse en las cercanías de la Seo de Urgel el 20 de julio, por cuanto había entrado en Cataluña el 13 de julio procedente de Benabarre, siguiendo al Ejército del Centro. Su fuerza se componía de las brigadas Nicolau, Sáenz de Tejada y Cathalán, con 10 batallones, 3 escuadrones y 10 piezas de artillería. Con esto no se podía tomar Seo de Urgel. Así lo comprendía también Martínez Campos, que desde Puigcerdá ordenaba que el 19 se le remitiese sin dilación el material preparado en Barcelona para emprender el sitio y cuyo paso por el territorio francés había ya autorizado el gobierno de dicha nación. Los efectos reclamados consistían en 10×12 piezas, 600 proyectiles, 200 disparos, 400.000 cartuchos Remington, 30.000 raciones de cebada, parque de ingenieros, parque sanitario y el material de artillería para maniobras de fuerzas. Todo esto, que constaba de 3.024 bultos, llegó a Cette el 22 de julio, y a Puigcerdá por Bourg-Madame, el 30 de julio. Martínez Campos no solo mandó por Francia los 3.024 bultos, sino que luego fue recibiendo por territorio francés municionamiento y provisiones y, para que no pudiera ser puesto en duda este auxilio constante, durante el asedio votó en el puerto de Barcelona un vapor cargado de municiones que debían ser desembarcadas en Port-Vendrés (Francia) y de allí dirigidas al campamento alfonsino de la Seo.
Martínez Campos ordenó que saliese de Barcelona un convoy con 2×8 cañones Krupp, municiones y material, a las órdenes del coronel Ahumada, escoltado por dos batallones de infantería y tres compañías de artillería de a pie, a cuyas fuerzas se agregaron en Granoners, una compañía de ingenieros y otro batallón de infantería. Estas fuerzas, después de haber pasado el desfiladero del Congost, llegaron a Vich, donde se les agregaron otra compañía de ingenieros y 4 piezas Plasencia. Todo ello quedó a las órdenes del general Arrando, que con su división de 5.000 hombres debía proteger la marcha del convoy. En San Quirico de Besara, Savalls con fuerzas catalanas y del Maestrazgo se disponía a impedir el paso por los desfiladeros del Ter, pero habiendo ocupado los alfonsinos Alpens, se redujo todo a un ligero tiroteo con las fuerzas de Weyler, retirándose los carlistas. Por su parte, Martínez Campos había ocupado el Coll de Tossas, cuyos caminos difíciles reparaban los ingenieros.

También se hizo reparar el camino de Puigcerdá a Seo de Urgel, que tuvo que ensancharse para que pudiera pasar el material de sitio, de lo que se encargó de proteger la brigada Sáenz de Tejada. La Seo de Urgel estaba gobernada por el general Lizárraga, y tenía como guarnición el BI-II de Lérida, que no sumaba más que 300 plazas, y los inválidos y veteranos que se podían disponer; solo algunos estaban armados. Casi todos los artilleros e ingenieros de la Seo estaban con Savalls sitiando a Puigcerdá y también se había mandado a la Cerdaña un convoy de municiones y dos morteros. En cuanto a la artillería disponible para la defensa de las fortificaciones, la situación apenas había variado desde la época de la Regencia de Urgel: 2 cañones Krupp, los únicos de fabricación moderna, tres o cuatro morteros y 54 piezas de diferente calibre, muchas de ellas con un siglo a sus espaldas, emplazadas fundamentalmente en las baterías de la Ciudadela.
La situación difícil de la Seo se supo por el hecho de que el 18 de julio habían salido de la plaza el obispo de la diócesis y el vicepresidente de la diputación de Cataluña, Juan Mestre, para conferenciar en Orgañál con Dorregaray, pero fueron advertidos por unos paisanos, que les participaron que Dorregaray había marchado a Solsona y que los alfonsinos ocupaban Orgañá. Poco después llegó a la Seo el BI-IV de Lérida, por haberse encontrado aislado en un territorio dominado por las fuerzas alfonsinas. Fue un refuerzo para la guarnición.

Más tarde, cuando ya los alfonsinos habían pasado por la cordillera camino de la Cerdaña, llegó el coronel Sagarra, quien participó que los artilleros destacados en Puigcerdá habían pasado por Alás antes que los alfonsinos, y que no habían podido traer los morteros, aunque el teniente Michel los inutilizaría o enterraría antes que entregarlos. Poco después llegó el capitán Chaves, con el personal de la batería rodada y con una gran cantidad de mulos. Así quedaron en la Seo el BI-II y el BI-IV de Lérida, 68 artilleros a las órdenes del coronel Sagarra y una compañía de ingenieros.
Desgraciadamente, no habían terminado los trabajos de fortificación que había dirigido el general Argüelles y así la posición del Cuervo, una loma situada a unos 600 metros al oeste de la Ciudadela, para la que se había estudiado la construcción de un fuerte, no tenía más que algunas trincheras y el fuertecillo de mampostería que en realidad era un cuerpo de guardia aspillerado. Al día siguiente, o sea, el 19, llegó el teniente Michel, quien, no pudiendo hacer otra cosa, arrojó los morteros al Segre. El obispo que salió para Cerdaña el 19; regresó a la Seo el 21, pues al saber que los alfonsinos pretendían sitiarla, prefirió volver a la plaza en vez de entrar en Francia o Andorra.
Fue el mismo 21 de julio, cuando a las cuatro de la tarde, un centinela señaló la proximidad del enemigo por el camino de Puigcerdá, dirigiéndose plácidamente a la Seo. Parecía que consideraban la plaza abandonada, pero una pieza, desde la batería de San Armengol, disparó un cañonazo que detuvo a los alfonsinos, que torcieron hacia Alás. La artillería disparó varios cañonazos mientras vadeaban los alfonsinos el río Segre. Para hostigarlos, salió una compañía por los montes de Ansarall, a fin de molestar al enemigo al paso del río. Se tirotearon con una guerrilla alfonsina, durando el fuego hasta la noche. Por la noche, los alfonsinos se aproximaron hasta las inmediaciones de la Seo y realizaron algunos disparos de fusil contra las murallas que miran hacia levante, pero fueron respondidos por los soldados carlistas y hubieron de retirarse.
El 22 de julio, los alfonsinos comenzaron a organizar el asedio, desplegándose por la orilla izquierda del río Segre y ocupando los altos de La Bastida de Ortons y Navinés y, desde allí, en dirección sur y oeste, las inmediaciones de Arfa, el Pla de Sant Tirs, la Parroquia, Aravell, Anserall, Vilamitjana. En este día los carlistas se tirotearon con los alfonsinos cuando iban a ocupar el camino de Andorra y dispararon desde la torre de Solsona algunas balas rasas; pero los alfonsinos replicaron desde un cerro cerca de Alás, bombardeando la ciudad.
El día 23, la situación se va agravando, pero los carlistas estaban preparándose para resistir el asedio, reforzando baterías, levantando espaldones los artilleros, haciendo cureñas los carpinteros, recogiendo vino, trigo y otros artículos la administración militar, talando bosquecillos y alamedas los ingenieros y subiendo la leña los prisioneros. Pero esta actividad también existía en el campo alfonsino que estaba preparándose.
Los carlistas, ante la poca fuerza que tenían para guarnecer la Seo, decidieron abandonar la ciudad después de sacar de ella cuantos víveres se pudieron, y que las fuerzas que la guarnecían pasaran a acampar en la sierra del Cuervo y Castellciutat. Pero los alfonsinos no se decidieron a entrar en la ciudad abandonada. Ni ese día ni los dos siguientes hostigaron los alfonsinos, y se dedicaron a hacer las necesarias reparaciones en los fuertes, sacar más víveres y efectos de la ciudad, talar las arboledas de donde podían molestar y hacer otras obras convenientes para la defensa.

Al amanecer del 26 de julio, habiendo recibido el comandante Escolá la orden de desalojar a los alfonsinos que ocupaban el Cerro de Maslá a fin de que pudiera entrar el recaudador Roca, salió Escolá con una compañía mandada por el capitán Mirats, consiguiendo su objetivo, incendiando los barracones y abriendo paso a Roca. Al regresar, Escolá llevaba, además de 8 prisioneros, 23 fusiles, 3 cajones de cartuchos y multitud de efectos de guerra de los alfonsinos. Roca había salido para dar cuenta a Savalls y Castells de la situación.
El 28 de julio, los alfonsinos ocuparon la ciudad de la Seo abandonada por los carlistas. Lizárraga comunicó al jefe enemigo que si actuaba en ella, estaría obligado a bombardearla, contestando el mando alfonsino que advertía a la población del posible bombardeo. En consecuencia, los carlistas abrieron fuego desde la ciudadela, el castillo y la torre de Solsona, replicando los alfonsinos bombardeando la ciudadela y el pueblo de Castellciutat. Al anochecer del mismo 28 intentaron 103 alfonsinos sorprender el destacamento de la sierra del Cuervo, pero no fueron afortunados, ya que, rechazados, fueron perseguidos a la bayoneta hasta sus propias trincheras.
Había pasado con tranquilidad el 29 cuando el 30 se libró la acción de Montferrer, que había sido ocupado por los alfonsinos la víspera. Los liberales se disponían a hacer una trinchera sin preocuparse de la proximidad de los carlistas, hostigándose ambos contendientes hasta que, habiendo sufrido los alfonsinos el fuego de la artillería carlista, se adelantaron hacia los muros de la ciudad, por lo que salió una compañía de Castellciutat para atacarles. Las guerrillas alfonsinas fueron replegándose, perseguidas por los carlistas, atrayéndoles en una maniobra que debían realizar unas compañías alfonsinas que salieron por derecha e izquierda, pero los carlistas, apoyados por la artillería de la ciudadela, dieron tan duro castigo que los obligaron a refugiarse en Montferrer.
Los alfonsinos, cuya superioridad era evidente, no permanecieron inactivos durante ese tiempo, y desde el día en que comenzó el asedio, las tropas y la artillería fueron ocupando y fortificando posiciones estratégicas, algunas en cotas muy elevadas y próximas, con el fin de responder de forma efectiva al fuego de los carlistas. Las lomas de Anserall y Montferrer, la sierra de Navinés, la puerta de la Princesa, el Pla de les Forques (altura de las Horcas), el Seminario y les Teuleries (carretera de Andorra, frente a la actual Oficina de Turismo), fueron algunos de los lugares elegidos por Martínez Campos para emplazar sus cañones, a una distancia de entre 500 y 1.200 metros de los fuertes, con lo cual los tiros podían tener la precisión deseada, especialmente los de los cañones Krupp y Plasencia.
El último día de julio se distingue por la violenta acción de la artillería alfonsina para destruir las fortificaciones. Especialmente fue objeto de ese bombardeo la Torre de Solsona. En esta, el alférez de artillería Lucas Puerta organizó la respuesta a los enemigos con tal ardor que, aunque la obra destructora fue importante, los alfonsinos tuvieron la debida réplica.
Acciones en el mes de agosto
Las fuerzas valencianas habían llegado hasta Arenys de Mar el 31 de julio, de donde retrocedieron a Canet de Mar, siguieron por Montnegre, y libraron un combate el 1 de agosto en Breda contra la columna mandada por Weyler, acción que dirigió Savalls y que bien puede considerarse ventajosa para los carlistas, que se llevaron prisioneros 10 soldados y el Tcol del BI-II/18 de Almansa. De allí, los carlistas fueron a Arbucias, donde descansaron la noche del 1 al 2 de agosto, prosiguiendo después su marcha a San Hilario Sacalm, donde quedó Savalls, mientras que los valencianos mandados por Álvarez y Adelantado fueron a Viladrau. Estos, después marcharon a San Juan de Viladrover, Malla, Oristá y Perafita, donde se despidió el brigadier Adelantado pretextando estar enfermo, pero no se hospitalizó en Cataluña, y pasó a Francia. Por fin llegaron el día 6 a Prats de Llusanes, donde se encontraron con los aragoneses. Mientras estas marchas eran hechas por las fuerzas del Centro, en Mollet hubo un tiroteo el día 3 entre la columna Acellana y las fuerzas mandadas por Muxí, compuestas del BI-IV y del BI-V de Barcelona, y 40 caballos. Estas se retiraron a San Feliu de Codina y el 6 estaban en Rubí, donde se reunieron con las mandadas por Vila de Prat, quien, tomando el mando, fueron a Olesa de Montserrat. A los batallones de Muxi hay que agregar los de Vila de Prat, que eran el BI-III y el BI-VI de Barcelona.
Dorregaray desde Solsona, marchó el 1 de agosto a Aviá, Caserras y Gironella, mientras que Castells había pasado a Pons. Dorregaray había pedido entrevistarse con Savalls, por lo que se adelantó a Prats de Llusanés, donde recibió una carta de Savalls en la que este le proponía que pasara a Amer con una pequeña escolta. En Prats de Llusanés se separó de las fuerzas el general Álvarez, siendo hospitalizado en Camprodón. Así, por causas diversas, aunque alegaba Adelantado no poder seguir la campaña porque una fístula le impedía montar a caballo y debía ser tratada y que Álvarez sintiera recrudecerse una de sus heridas, las dos divisiones del Maestrazgo y de Valencia quedaron sin sus naturales mandos. En consecuencia, Dorregaray guardó la división del Maestrazgo, Gamundi prosiguió independiente con sus aragoneses y Savalls recibió la división valenciana.
Dorregaray había marchado por Gironella a Suria y en San Mateo de Bagés su retaguardia tuvo un tiroteo con la columna del brigadier Weyler. Esta retaguardia la componían dos batallones catalanes mandados por Massachs, que se retiraron a Castelladral mientras que Dorregaray seguía para Pinós, donde le alcanzó la brigada Chacón, cañoneándole en Vallmanya. Dorregaray marchó entonces a Oliana, mientras que la caballería mandada por Almenat iba de Pons a Orgañá. De nuevo Dorregaray marchó a la provincia de Barcelona, pasando el 10 de agosto el puente de Gironella, dirigiéndose a Borredá.
Por su parte, Castells constantemente pedía fuerzas para una acción combinada que libertara la plaza de la Seo de Urgel. A este fin procuraba no moverse de la provincia de Lérida, colocándose en los distritos de Sort y Tremp, donde le había alcanzado Almenar con la caballería, pero esta se vio obligada a replegarse, abandonando Figuerola de Orcau para llegar a Pobla de Segur, mientras que Castells entraba en Gerri de la Sal. La actividad de Castells era incansable, pues con frecuencia sus maniobras le colocaban entre las columnas que le perseguían y las fuerzas sitiadoras de la Seo.
Dorregaray había llegado a Pobla de Lillet y, por Bagá, Saldés y Masanés, marchó a Orgañá, donde estaba el día 12. En ese momento, la posición de los defensores de la Seo quedaba favorecida. Castells había llegado a San Juan del Herm mientras que Dorregaray estaba en Orgañá. Si en aquel momento hubiese habido un ataque combinado, la situación de Martínez Campos hubiera sido precaria, ya que solo la columna de Cassola hubiera podido acudir a tiempo, pero a pesar de la voluntad de Castells, no hubo tal acción, puesto que Dorregaray marchó a Sort y de allí a Tremp.
No desanima esto a Castells, quien al amanecer del 14 de agosto atacó los pueblos de Arabell y Ballestar, sin conseguir romper la línea alfonsina, por lo que no pudo hacer pasar el convoy de provisiones que requisadas por Guíu pretendía introducir en la plaza. Castells se retiró a Castellbó, de donde salió el 15 para la Parroquia de Ortó, y por la noche pasó a la orilla izquierda del Segre por Atlrall y Mas da Arolas, siguiendo al Mas de Plana, sobre los pueblos de Navinés y Bastida de Ortons. Desde su nuevo puesto dispuso que el BI-III de Lérida, reforzado con elementos del BI-I y BI-II de Tarragona, atacasen el campamento de Bastida de Orton al amanecer del 16, mientras que el BI-V de Aragón y parte del BI-III de Tarragona trataban de apoderarse de una trinchera avanzada sobre las baterías de Bastida. Ambos ataques fueron infructuosos, si bien los carlistas hicieron 50 prisioneros a los alfonsinos. Castells se retiró a Fórnols y de allí a San Lorenzo de Morunys. Mientras tanto, Dorregaray se situaba en Cabó.
Savalls permanecía en la provincia de Gerona, pues después de la acción de Breda fue a Santa Coloma de Farnés, de donde salieron dos batallones que fueron a cobrar contribuciones a Llagostera, Calonge y La Bisbal. Gamundi con sus aragoneses se unió a Savalls en Bañolas, llevando además consigo a los valencianos. Si bien catalanes, aragoneses y valencianos recorrían libremente la provincia de Gerona, esto no facilitaba la liberación de la Seo de Urgel. Sin embargo, algo ideó Savalls en favor de los sitiados, y fue el de invadir la Cerdaña para cortar las comunicaciones de Martínez Campos con Puigcerdá, es decir, impedir que los elementos de guerra que recibía por Francia pudieran llegar hasta el campamento alfonsino.
El 18 de agosto, Savalls con los valencianos pasó a San Quirico de Besora, mientras que Gamundi iba a ocupar los pasos que separan el alto Ter del alto Fluviá. Arrando, que se hallaba en Olot, marchó inmediatamente para la Cerdaña y, gracias a la rapidez de su marcha, el difícil paso de Capsacosta pudo ser vencido con un ligero tiroteo contra escasas fuerzas carlistas que no tuvieron tiempo de atrincherarse. Estaba Savalls en las alturas que dominan a Ripoll cuando se pudo dar cuenta de que Arrando pasaba a cubrir Puigcerdá. Las fuerzas avanzadas que habían llegado a Alp fueron obligadas a replegarse por la brigada Nicolau. Desgraciadamente, el enemigo debía saber el plan de Savalls, por lo que se sospecha de Morera, pues no se explica la rapidez con que acudió Arrando. Lo cierto es que desde aquel momento la situación de la Seo era desesperada para los defensores.
En la provincia de Barcelona, Vila de Prat amenazó, el 15 de agosto, San Sadurní de Noya y al día siguiente hizo lo mismo con Villafranca del Panadés. Permaneció en aquella comarca y el día 20 con el BI-III, BI-IV y BI-VI de Barcelona y el escuadrón de la brigada batió en San Quintín de Mediona la columna del coronel Vallejo, que fue perseguida hasta San Pedro de Riudevitlles. Temiendo Vila de Prat que la columna del Fijo de Ceuta que operaba combinada con la de Vallejo acudiera, concentró sus fuerzas en San Quintín de Mediana, pero al conocer que dicha columna no estaba en las proximidades, salió contra la derrotada de Vallejo, que aprovechó el reposo que le dieron para marchar San Sadurní de Noya, y cuando llegaron los carlistas ya estaban entrando en la población, por lo que solo la caballería, junto con los mozos de escuadra pudo alcanzarles, hasta los mismos muros de San Sadurní. La victoria carlista dejó en manos de estos 32 prisioneros, 165 fusiles, 3 cargas de municiones, 10 mulos de brigada y un magnífico botiquín.
El 20 de agosto, estaba Dorregaray en Orgañá, que fue obligado a desalojar el 23, por lo que marchó a La Bansa, donde ocurrió un triste accidente. El Tcol Rodrigo, que había sido depuesto de su mando, intentó rebelarse contra su sustituto, el Tcol Costa, llegando hasta los hechos, por lo que Rodrigo pasó al consejo de guerra y fue fusilado en dicho pueblo. La causa de su actitud fue la creencia que se tenía por muchos de que Dorregaray no había sido leal y que eran víctimas de una traición. El continuo rodar por Cataluña de Dorregaray, no haciendo nada para salvar la Seo de Urgel, acrecentaba el malestar de sus soldados.
En La Bansa se le unió Castells, el día 25, que había tenido un tiroteo en el Coll de Nargó el día 20 contra la columna Esteban. Fuerzas del BI-V de Barcelona con caballería del Centro, que habían estado en Esparraguera, tuvieron un combate el 22 en Caldas de Mombuy, donde las fuerzas mandadas por Acellana les obligaron a retirarse a Moyá. Los carlistas siguieron por Suria a Calaf, de donde la caballería marchó a la provincia de Lérida. Savalls, después de su fracasado intento de socorrer la Seo, retrocedió el 21 a San Quirico de Besora y Torelló, saliendo contra él la brigada Chacón, que le cañoneó en Seba el día 23, pero Savalls prosiguió su marcha hasta Arbucias, desde donde destacó tres batallones a Arenys de Mar.
En las cercanías de Vich hubo el 25 un canje de prisioneros, entregando los carlistas un jefe, 18 oficiales y 416 soldados. A cambio de 25 oficiales y 86 voluntarios. Como se ve, el número de entregados en oficiales es superior en cuanto a oficiales carlistas, pero también es superior el de soldados que entregaban los alfonsinos. Es verdad que 28 oficiales y 66 voluntarios prisioneros en Miravet prefirieron ser indultados a ser canjeados; con todo eso no se hubiera llegado ni a la mitad de lo que entregaban los carlistas.
Continuación del sitio y capitulación de la Seo de Urgel
El 31 de julio, los alfonsinos se cebaron con su fuerte artillería contra la torre de Solsona. Esta se defendía con tesón. El ruego fue intenso por ambos lados y en la ciudadela murió el oficial de administración militar Francisco Solans. La torre de Solsona había quedado convertida en un montón de ruinas y allí el alférez Ruerta con sus artilleros estuvo haciendo fuego hasta que los escombros les impidieron mover los cañones. En cambio, al día siguiente, hubo poca actividad artillera. Parecía que los alfonsinos pasaban un momento de espera, probablemente para instalar las piezas pesadas que gracias a Francia les habían podido llegar. Pero en aquella noche del 2 se vieron tres hogueras en los montes de San Juan del Herm. Era la señal convenida, según había dicho Roca. Se contestó desde la ciudadela con tres cohetes, se apagaron las hogueras y se esperó el combate. Desgraciadamente, este no tuvo vigor y no hubo socorro. El coronel Guiu con el BI-I de Lérida y el BI-IV de Aragón no se había atrevido a romper la línea enemiga sorprendiendo el puesto del cerro de Masiá. El BI-IV de Aragón, que se esperaba podría reforzar la guarnición, ocupar Castellciutat y la sierra del Cuervo, no pudo llegar a la Seo y fue por ello una gran contrariedad.
El 3 y el 4 de agosto fueron de calma relativa, pues el fuego de artillería perdió intensidad. Lo mismo siguió el 5 y el 6, aunque en ese día ocurrió un hecho de suma importancia desfavorable a los sitiados. Los alfonsinos cortaron la acequia que suministraba agua a Castellciutat y desde entonces dependían del agua que debían recoger en el río Balira, cosa no difícil mientras se conservase el puente y se poseyera Castellciutat.
El día 7, el cañoneo siguió con intermitencias. Lo mismo ocurre el 8, aunque en este día trataron los alfonsinos de apoderarse de la sierra del Cuervo. Atacaron, pero resistieron los carlistas; redoblaron los alfonsinos sus esfuerzos y acude el comandante Freixas con nuevos elementos del BI-II de Lérida y no solo los rechaza, sino que les hizo dos soldados prisioneros. Pertenecían al RI-3 del Príncipe. Estos y los ocho del RI-36 de Burgos que fueron hechos prisioneros el día 26 de julio formaron con los 30 que existían antes del asedio una sección de trabajadores.
De nuevo fuego de artillería el día 9. Pero en la batería de San Odón ha quedado gravemente herido de fuertes quemaduras el alférez Serra al incendiarse tres saquetes de pólvora. Esta batería quedaría entonces a cargo del alférez Michel. El día 10, el cerco puesto por la artillería alfonsina fue completo. El cañoneo incesante. Muy especialmente sobre la Torre de Solsona desprovista de artillería, pero guardada por los infantes carlistas.

El día 11 de agosto, los alfonsinos decidieron atacar las posiciones carlistas. Los batallones alfonsinos se dirigieron a la sierra del Cuervo, donde una compañía del BI-IV de Lérida se defendió con tenacidad. Como refuerzo solo se les pudo mandar 50 hombres del BI-II de Lérida, pero ante la avalancha enemiga y su superioridad inmensa, no pudieron hacer más que replegarse. Pero entonces los alfonsinos quedan al descubierto de los fuegos de la ciudadela. Lizárraga, que estaba enfermo, acudió a la batería de San Pablo, una de las más castigadas por el fuego enemigo. Allí el capitán Chaves disparó contra los alfonsinos que pretendían avanzar sobre Castellciutat. La réplica enemiga fue durísima. Chaves murió y fue sustituido por el alférez Puig, quien siguió mandando el fuego con que se contuvo el avance alfonsino sobre Castellciutat. Esta población fue entonces bombardeada, produciéndose incendios. Al notarlo, los alfonsinos lanzaron balas incendiarias para provocar otros nuevos.
Los habitantes de Castellciutat, aterrorizados por el estrago, buscaron refugio por doquier. Lizárraga ofició a Martínez Campos pidiéndole que, por humanidad, dejase salir del pueblo a los habitantes, a lo que respondió Martínez Campos que permitiría la salida de mujeres y niños no carlistas, por lo que suspendería el fuego de cuatro a siete.
La defensa de la torre de Solsona fue una página gloriosa de la historia carlista. Mandada aquella por Miguel Robí, sin artillería, estuvo conteniendo al enemigo sobre un montón de ruinas. La lucha fue constantemente cuerpo a cuerpo; a bayonetazos arrojaban a los alfonsinos al foso, y cuando nuevos adversarios se presentaban, granadas de mano, piedras y cuantos proyectiles tenían a mano fueron arrojados sobre los asaltantes. Tras tres horas de dura lucha, dos oficiales quedaron muertos en la derruida Torre; de los 147 restantes defensores, solo quedaban 38, finalmente, se retiraron al castillo unos, otros a la ciudadela, y el enemigo vaciló en ocuparla, temeroso de que fuera volada la ruina de la torre tan gloriosamente defendida, y tardaron un cuarto de hora en ocupar los escombros.

Tras la ocupación de la torre de Solsona y el cerro del Cuervo, los alfonsinos no pudieron instalar sus cañones entre las ruinas de aquella, pero sí en la loma del Cuervo recién tomada, con lo que la resistencia carlista fue haciéndose más difícil.
En la del 12, el bombardeo y combate de artillería continuó, y aumentó el 13 de forma inusual. El enemigo intentó tomar por asalto la ciudadela y el castillo. Los carlistas los contuvieron y tuvieron que abandonar sus propósitos. El 14 hubo una esperanza; se oyeron los disparos del ataque de Castells. En la madrugada del 16 de agosto, los carlistas volvieron a oír «vivo fuego de fusilería por la parte de Navinés, encima de la batería que allí tenían situada los alfonsinos», y Lizárraga tuvo noticias de que «el general Castells, con una bravura y decisión admirable, dadas sus escasas fuerzas, había atacado los parapetos enemigos, apoderándose de dos de ellos, haciendo muchos muertos y heridos, y cogiendo prisionera una compañía». Pero, a pesar del arrojo de Castells y sus soldados, «acudieron inmediatamente fuerzas de la Seo, Alás y Arfa a la batería amenazada, y se conoce que la desproporción de número obligó por segunda vez a nuestras fuerzas exteriores a retroceder». A continuación, los alfonsinos hostigaron y persiguieron a los atacantes hasta el Pla de Sant Tirs, causándoles 100 heridos y 50 muertos.
El día 17 fue otro día de prueba; la artillería alfonsina bombardeaba furiosa Castellciutat, pero Escolá no la abandonó a pesar de que entre las ruinas el incendio se incrementaba. Lo mismo el 18 y el 19. En este día, una tentativa de asalto de la Lengua de Sierpe fue rechazada. El 20 siguió el fuego de la artillería; cada día era mayor sobre las defensas carlistas y, lo que era peor, aumentan las deserciones. Había alguien que informaba al enemigo entre las filas carlistas. Se cogieron dos cartas dirigidas, una a un voluntario que había desertado y otra al sargento Manuel Mas del BI-II de Lérida, en las que se les invitaba a pasarse con quienes tuvieran tal intención. Se le formó consejo de guerra al sargento.
Entretanto, el general Martínez Campos, a quien acaba de unirse el general Joaquín Jovellar, jefe del Ejército del Centro, pone en marcha la siguiente fase del ataque, con la cual, si sus cálculos no fallaban, quedaría concluida la campaña. Dicho plan consistía en ocupar el pueblo de Castellciutat, o lo que todavía se mantuviera en pie de él, cortar la comunicación entre la Ciudadela y el Castillo, impedir que los carlistas bajaran al Valira a proveerse de agua, o salieran a buscar los pocos alimentos que aún hubiera en el pueblo y alrededores, y rendirlos mediante el hambre y la sed.
Siguiendo el plan trazado por los generales alfonsinos, el día 21 de agosto a las nueve de la noche, después de un intenso bombardeo, los soldados del batallón de cazadores de Manila cruzaron el río y, moviéndose entre escombros, expulsaron de Castellciutat a los carlistas, los cuales también tuvieron que abandonar el reducto del Valira, que habría quedado expuesto al fuego cruzado procedente de Castellciutat y la torre de Solsona. El buen resultado de la operación, según el general Martínez Campos, se debió en gran parte a la sorpresa, y también a la tenacidad de los soldados, que tuvieron que atravesar el Valira «con el agua al pecho, ayudándose con las manos para subir a la orilla derecha». Además, la ocupación del pueblo se vio favorecida por un simulacro de ataque realizado por los alfonsinos desde el sur, lo que obligó a los carlistas a distraer sus fuerzas y a combatir en dos frentes a la vez.

La Lengua de Sierpe recibió refuerzos y las consignas que verbalmente dio Lizárraga: Esperar al enemigo, que, sigilosamente, avanzó arrastrándose por el suelo para sorprender a los centinelas. Estos hicieron como si se dejaran engañar y, cuando fueron a lanzarse sobre la posición, los carlistas surgieron, lucharon, rechazando a los alfonsinos, abandonando las escalas, los sacos, las herramientas que debían usar. En señal de triunfo, al lado de la bandera se levantaron las escalas que les han cogido aquella noche.
El día 22, los alfonsinos trataron de castigar la Lengua de Sierpe con bombardeos, pero luego cesaron. Sin el río Balira que les surtiera de agua, pronto esta empezó a escasear. Entre los soldados había quien hablaba de capitulación. Lizárraga lo sabía y reunió a los soldados, les arengó y les animó; y les anunció la intención de arrojar al enemigo de Castellciutat. En cuanto anocheció, el general Lizárraga dispuso que se bombardease el pueblo; y a pesar de que, por estar este enclavado entre la ciudadela y el castillo, era fácil que algunos proyectiles cayeran en los fuertes propios, el alférez de artillería Gracián Lizárraga, que dirigía los morteros, disparó con tal acierto que las bombas cayeron en los edificios ocupados por los enemigos y volvieron a incendiarlos. A la luz de las llamas, la artillería carlista hizo fuego a la contraria durante toda la noche, pero los alfonsinos resistieron con tesón y este último recurso de los defensores de la Seo había fracasado.
El 23 de agosto, el desaliento cundía y la traición avanzaba; el capitán Requesens, que guardaba la puerta de la ciudadela, soliviantó a sus hombres y mandó dos o tres a Castellciutat para parlamentar. Lizárraga arrestó al capitán traidor. Los del castillo también habían intentado parlamentar en Castellciutat, pero las negociaciones debieron fracasar porque no tardó en romper el fuego sobre la población.
Los alfonsinos tocaron alto el fuego y levantaron bandera blanca de parlamento. El Tcol Fuentes, ayudante de Martínez Campos, fue quien entró en la ciudadela con los ojos vendados. Allí entregó un pliego del general en jefe, quien, basándose en las comisiones dadas por el capitán Requesens de que estaban dispuestos a entregar los fuertes, se dirigía a Lizárraga por si este estaba de acuerdo con sus subordinados. La contestación de Lizárraga fue que Martínez Campos creía que los traidores estaban todavía en las puertas cuando, descubiertos, habían sido encerrados en las prisiones. Sin embargo, añadió que, ante la gravedad de la situación, quería consultar la opinión de los jefes, para lo cual pedía 24 horas de tiempo, y que se le permitiera comunicar con el castillo. Fuentes concedió el plazo que terminaba el 24 a la una de la tarde y también el permiso.
El 24 de agosto, por medio del capitán Francisco Hernando, hicieron saber a los alfonsinos su respuesta y sus condiciones de capitulación, que eran la entrega inmediata de las fortificaciones y el material de guerra, a condición de que se permitiera la salida de los defensores, con su armamento individual y sus bagajes, y se les dejara libres para reunirse con su ejército. Martínez Campos no aceptó la oferta, pero les concedió otras 24 horas para que examinaran la suya, que era la rendición incondicional de toda la guarnición, la cual disfrutaría de los derechos y honores reconocidos a los prisioneros de guerra.
Los sitiados volvieron a reunirse, y mientras deliberaban, ocurrió un suceso inesperado. El comandante Escolá, emisario carlista, había conseguido cruzar las líneas enemigas, llegando a La Bansa, donde se habían reunido el 25 con Dorregaray y Castells. Escolá expuso la situación en que se encontraban y la necesidad imperiosa de rendirse o capitular si no recibían auxilio inmediato. A su regreso consiguió cruzar las líneas, pero su guerrera quedó en manos de los liberales, los cuales hallaron en el bolsillo una carta en que el general Antonio Dorregaray prometía romper el cerco alfonsino y enviar socorros inmediatamente.
Tras la rendición definitiva de la guarnición carlista, dos emisarios del general Lizárraga, el coronel Francisco Segarra y el capitán Francisco Hernando, se entrevistaron en la Seo con los generales Jovellar y Martínez Campos en la tarde del día 26 de agosto, y entre los cuatro redactaron el acta de capitulación que ponía fin a las hostilidades.
Se acordó también que los del castillo subirían aquel mismo día a la ciudadela, para el día siguiente desfilar ante el enemigo que les rendiría honores. El 27 de agosto, los defensores de la Seo de Urgel formaron a las 7. Los alfonsinos desplegaron sus tropas desde la puerta de la ciudadela hasta la Seo. Los generales Jovellar y Martínez Campos presenciaban el paso de los carlistas desde Castellciutat; de esta forma, batiendo marcha, con las banderas desplegadas, las armas terciadas y las frentes erguidas, desfilaron los hombres que habían resistido 40 días el asedio del enemigo. Al pasar las banderas del BI-II y BI-IV de Lérida, los generales alfonsinos las saludaron. Al llegar a la puerta de la Princesa, los carlistas dejaron las armas en pabellones y quedaron prisioneros. Desfilaron 1.025 prisioneros (148 jefes y oficiales y 877 individuos de tropa) y 108 se encontraban heridos; 130 se habían presentado durante el asedio.

Durante el asedio murieron aproximadamente 36 combatientes carlistas. Las bajas en el ejército alfonsino fueron similares, según indica el informe de Martínez Campos: 28 muertos, 160 heridos, muchos contusos y 48 prisioneros.
Tras las ceremonias de capitulación, los periodistas y curiosos pudieron visitar las posiciones que habían ocupado los carlistas, sobre las cuales, desde que se inició el asedio a finales de julio, habían caído más de 10.500 proyectiles de artillería y 400.000 balas de fusil, mientras que, por parte de los sitiados, se hicieron unos 4.000 disparos de mortero y de cañón.
Los prisioneros salieron al día siguiente para Barcelona, y el obispo Caixal fue conducido al puerto de la ciudad y embarcado en un vapor que lo llevó hasta Alicante, donde quedó preso durante 6 meses.

Otras acciones en el mes de agosto
Castells había estado en La Bansa con Dorregaray. El 28, salió para Oliana, donde estuvo esperando las fuerzas mandadas por Jovellar, que había llegado hasta Orgañá. El 30 salió de Oliana con intención de pernoctar en Pons, pero a las 9 de la noche supo que en Agramunt estaba la columna del coronel Enrile, quien aquel día había tenido un encuentro en Montclar contra fuerzas de caballería a las que había hecho 10 prisioneros. Castells llegó a Pons, de donde salió a las 10 de la noche atacando el 31 al amanecer las fuerzas que mandaba Enrile. La lucha fue encarnizada; quedaron en poder de los carlistas 114 prisioneros, con el coronel graduado jefe del escuadrón de cazadores de Alfonso XII, un comandante graduado y tres oficiales de húsares de la Princesa. Fueron cogidos además 116 caballos con sus monturas y equipos y rescatados los 10 prisioneros carlistas hechos aquel día en Montclar. Fue una réplica audaz de Castells a la pérdida de la Seo de Urgel. Los liberales acusaron 9 soldados muertos, 6 oficiales y 35 de tropa heridos. Los carlistas dieron 6 muertos y unos 50 heridos y contusos. La importancia estuvo en el éxito de la sorpresa.
Acciones en el mes de septiembre
Castells marchó a Calaf; de allí pasó por Pinós a Solsona, a donde llegó para ir a San Lorenzo de Morunys el día 3 de septiembre.
El día 2 de septiembre, las fuerzas mandadas por Gamundi tuvieron un tiroteo con la columna mandada por Cassola, marchando los aragoneses hacia Solsona, pero regresaron a Pons, donde estuvieron el 4 y el 5, siguiendo el 6 hasta Oliana. El 4 de septiembre llegaron a Barcelona los prisioneros carlistas tomados en la Seo de Urgel, desfilando por las calles conducidos por sus escoltas.

Los valencianos mandados por el general Salvador y Palacios se situaron el 3 en los caseríos de Linya, Busa y Valldora. Castells, por su parte, atravesó el río Llobregat por San Lorenzo de Munt y el 7 estaba en Gombreny llevando consigo los prisioneros hechos en Agramunt. Savalls, que había intentado maniobrar contra Martínez Campos, al regresar este de la Seo, dirigiéndose el día 2, desde San Pedro de Torelló a Amer.
El día 6, fuerzas mandadas por el coronel alfonsino Manuel Sorribes tuvieron un encuentro en Coll de Finestres (Gerona) con una partida carlista. Savalls, que había marchado a Ripoll para entrevistarse con Castells, dejó sus fuerzas diseminadas, una de cuyas porciones fue desalojada de Amer por el general Aradó, pero este, al retirarse el día 10 a Gerona, fue hostigado hasta Bescanó por partidas sueltas. Almenar con la caballería estaba el 7 entre Artesa de Segre y Pons, sosteniendo un combate contra la columna de Cassola en la casa Codina de Madrona, retirándose los carlistas a la derecha del Segre, y pasaron la noche del 8 por Castellnou de Basella. Castells operaba otra vez en la provincia de Barcelona de tal forma que la columna de Campo se vio obligada a refugiarse en Berga, donde lo tuvieron bloqueado Castells y los valencianos de Salvador y Palacios. El día 10, hubo un combate en Bobelra, y el día 11, otro en La Palma de Ebro (Tarragona).
Castells había bloqueado Berga y de allí acudió a Ripoll para entrevistarse con Savalls, marchando el día 10 a Alpens. Había regresado a Ripoll la columna de Monleón, quien en San Hipólito de Voltregá, tuvo un combate con fuerzas mandadas por Savalls, a continuación del cual este se retiró a San Pedro de Torelló. El 13 de septiembre, Baró sufrió un pequeño descalabro en Forés (Tarragona); al día siguiente tampoco resultó ventajoso en la acción que libró en Juncosa de las Garrigas (Lérida). Gamundi, que estaba el 10 en Prats de Llusanés, marchó a Puigreig, y luego a San Lorenzo de Morunys y por último a Tuxent el día 13, de donde fue a Orgañá el 14. Gamundi deseaba pasar a Aragón para marchar a Navarra, por lo que solicitó la venia de Savalls. Con este objeto fue el día 15 a Isona, y luego a Tremp. Fuerzas de caballería destacadas en Benavent tuvieron un tiroteo con la columna de Cassola, advirtiendo a Gamundi de la proximidad del enemigo, pero este le alcanzó en Tremp el 15, librándose un combate que indudablemente fue ventajoso para los alfonsinos y obligó a Gamundi a regresar a Orgañá. Castells había llegado mientras tanto a San Lorenzo de Morunys, después de un combate contra Chacón en el puente de Mirallers sobre el Llobregat. El 16 los carlistas fueron obligados a abandonar el pueblo de San Hilario Sacalm, ante la presencia de la columna de Arrando. Hubo otros combates que tuvieron lugar en Argensola y luego en Veciana. En este fue batido Baró.
La pérdida de la Seo de Urgel y la falta de actividad de Savalls para socorrerla, impresionaron al cuartel real, que dispuso fuese relevado Savalls por el anciano Castells y que pasara al Norte el general destituido para ser sumariado. Castells, que estaba en Oliana, cuando se recibió la soberana disposición, partió para entrevistarse con el general relevado. Cucala con los valencianos estaba entonces en Orgañá, de donde pasó a la sierra de Cadí, recorriendo varios pueblos.
Todavía no se había hecho cargo del mando el general Castells y los carlistas situados en Besalú amenazaban el Alto Ampurdán. Este batallón carlista se retiró ante el avance de los alfonsinos. Sin embargo, en La Sellera, las fuerzas alfonsinas de Camprubi atacaron a los carlistas el 21, viéndose estos obligados a retirarse, pero acudió el brigadier Auget, librándose una empeñada acción en Anglés y, después de tres horas de fuego, los carlistas se retiraron a San Pedro de Osor, pues les anunciaron la llegada de la columna de Arrando en socorro de Camprubi. Auguet marchó a Amer. Monleón, por su parte, tuvo un encuentro con el BI-II de Barcelona en la sierra de Bellmunt. Después de este combate, el BI-II se unió al BI-IV de Barcelona en Vilanova de Sau.
Castells había recibido la orden de hacerse cargo en Oliana el 21 de septiembre y salido de la villa; pernoctó aquella misma noche en San Lorenzo de Morunys y siguió el 22 a Bagá, de donde continuó el 23 a Gombreny. El día 24, llegó a San Jaime de Frontanyá, donde se le unió el coronel Vizcarro con fuerzas del Maestrazgo. Pero no quiso Vizcarro atacar con Castells a las fuerzas alfonsinas que estaban en Borredá, por lo que se separaron. Sin este apoyo no podía atacar Castells, pero decidió esperar al enemigo en el monte de Clusa, fuera a la columna de Borredá, o fuera a la que procedente de Ripoll había llegado a San Jaime de Frontayá, pero no habiendo hecho movimiento ninguna de las dos columnas, siguió para Bagá, pero un fuerte temporal de agua y granizo le obligó a pernoctar en Cerdañola.
Los alfonsinos habían preparado una maniobra de tres columnas para encerrarle en aquellas montañas. Castells, hábil guerrillero, no era hombre para quedar cogido en la trampa, por lo que se colocó en Castellar de Nuch, en cuyas posiciones podía esperar a los enemigos. Estos no le atacaron, por lo que el 26 estaba ya camino de Ripoll, dejando alguna fuerza en Campdevánol con objeto de retrasar la marcha del enemigo. Allí hubo un tiroteo mientras que Castells pasaba a Ripoll y luego a San Juan de las Abadesas, pero al aproximarse los alfonsinos, Castells tomó posiciones en San Pablo de Seguríes, librando una pequeña acción que terminó con la retirada de los alfonsinos derrotados a San Juan de las Abadesas. Siguió entonces su ruta Castells, llegando a San Martín de Vilallonga, desde donde el 28 fue a pernoctar a Collsacabra, donde esperaba encontrar a Savalls, que había estado el día anterior en La Bola. Para este sitio salió Castells el 29, encontrando a Savalls en San Julián de Cabrera, donde recibió el sello y dos cajones de papeles de la capitanía general y le anunció que dos días después marcharía al Norte como se le había ordenado.
Castells había tomado el mando de las fuerzas catalanas en circunstancias muy críticas. La Diputación de Cataluña le había comunicado que era impotente para facilitarle recursos. El problema de las municiones se hacía cada día más difícil de solucionar. Castells marchó a Vidrá y el 30 a San Quirico de Besora, donde se unió la fuerza de Gamundi. Ambas sostuvieron un combate con la columna Nicolau y luego se separaron marchando Gamundi a Borredá y Castells a Alpens, donde llegó el 1 de octubre.
Gamundi, antes de reunirse con Castells, había sostenido un combate el 23 de septiembre en Caserras contra Campo. Luego había retrocedido a Gironella, pero Campo se retiró a Cardona, donde el 24 tuvo un tiroteo en los alrededores con el BI-I de Lérida. Gamundi, libre del enemigo, marchó a Avinyó, repasó el Llobregat por el puente de Sallent, y el 24 estaba en Suria, donde se encontró con fuerzas catalanas de Miret y la caballería de Vilageliu, marchando a Monistrol, mientras que los catalanes fueron al Llusanés. Gamundi marchó por Caslelltersol y Seba al Montseny, de donde, teniendo a sus alcances a Nicolau, llegó el 26 a Taradell y por último el 28 a Estany de Moyá. El día 29 Gamundi combatió en San Pedro de Torelló contra Nicolau y luego en San Quirico de Besora. Muxi seguía en el Vallés, mientras que Massachs y Baro se detenían el 28 en Avinyó, Muxi en Ayguafreda y Pascual en Castelltersol. El 27 Vizcarro tuvo un encuentro con la columna de Campo. Este mismo jefe alfonsino luchó el 30 en las inmediaciones de Suria contra Baró y Massachs.
Acciones en el mes de octubre
Gamundi, pasando por Ripoll y San Juan de las Abadesas, marchó al Alto Fluviá, pero ante la persecución de que era objeto, fue por el Grau de Santa Ana al puente de Susqueda, donde, alcanzado por Camprubi, sufrió una desgraciada acometida el 3 de octubre. Gamundi marchó al Montseny, de donde fue el día 6 a Ayguafreda. La víspera, en el desfiladero de Congost Vila de Prat con el BI-II y BI-IV de Barcelona, libraba otro combate desgraciado contra la columna de Molins. Gamundi intentó escapar de la dura persecución, diseminando su fuerza, pero no pudo mantenerse en campaña y el 12 de octubre, con el brigadier Montañés, 7 jefes, 5 oficiales, 3 capellanes y 67 voluntarios, entró en Francia por Oseja. Parte de las fuerzas de Gamundi habían pasado al Alto Aragón con González Boet.
El coronel Vizcarro estaba el 4 de octubre en Pont de Suert para pasar a Aragón, pero no pudiendo conseguir su objetivo, retrocedió a Orgañá, donde encontró a Baró procedente de Calaf y juntos fueron a Sort, donde hallaron a Escolá, que había reorganizado el BI-IV de Lérida. Allí tuvieron un combate con la columna Ortíz. Vizcarro, separado de Beró y Escolá, pudo entrar en Aragón. Moore con el BI-III, BI-V y VI-VI de Barcelona marchó desde Prats del Rey a La Llacuna, donde tuvo un encuentro con la columna Picazo. La columna de Bonanza libró combate el día 8 con el BI-II de Barcelona, en San Pedro de Torelló y luego de nuevo en las inmediaciones de Susqueda.
El día 11 de octubre, hubo un combate contra la columna de Fuentes en Coll de Barcons. El 12, fue en Adri donde los carlistas combatieron contra la columna del coronel César Villar. La columna Nicolau destruyó en San Quirico de Besora una fábrica de municiones y la imprenta del periódico El Estandarte Católico-Monárquico. El 13 de octubre, en el Salt de Colom hubo un tiroteo contra la columna de Campo. Las fuerzas mandadas por Puigvert tuvieron un combate en los montes de San Pol de Mar, el día 14. El 16, Castells estaba otra vez en Borredá. En Casa Xuriguera, cerca de Biosca, fue batido el brigadier Vilageliu, cayendo este prisionero de los alfonsinos, además de un comandante, 2 capitanes, 2 subalternos y 22 voluntarios. El 16, de nuevo combatía Puigvert contra los alfonsinos en Arbucias. El 17, en Llorá se libraba otro combate.
En esta fecha, contestando a una reclamación de Castells de violación de la neutralidad de Camprodón, Martínez Campos acusó de haberlo hecho el jefe carlista y ordenó a Chacón ocupar Camprodón, declarando nulos los acuerdos firmados.
Castells, que estaba en San Lorenzo de Morunys, marchó a Vallcebre. Una columna mandada por Manuel Sorribes salió de Berga para oponerse al paso de Castells, colocándose en Espinalvet. Castells desde Castellar del Riu sabía la situación de los alfonsinos a los que atacó tan violentamente que murió el coronel Sorribes, y sus fuerzas, del RI-14 de América, se desbandaron y, de no salir el brigadier Mola de Berga, es muy probable que Castells hubiese entrado en la población. Pero Mola consiguió detener a Castells en el portillo del Estret y pudo recoger a los dispersos alfonsinos. Los liberales tuvieron al coronel y 7 soldados muertos, 28 heridos y 7 prisioneros. Esta sería una de las últimas victorias alcanzadas en Cataluña por los carlistas en esa campaña.
Castells pasó a la izquierda del Llobregat y luchó contra Chacón en el estrecho de la Consolación. Chacón atacó seguidamente a Castells en Borredá, y le obligó con la columna Lasso a marchar a Gironella. Gamir luchaba contra Moore en La Fonollosa el mismo 24 de octubre. Fuerzas de caballería tuvieron un combate en las alturas de Claret. Pero las presentaciones a indulto abundaban: Altimira se había presentado en Igualada, con el jefe del BI-VI de Barcelona. Poco después lo hacía el jefe del BI-III de Lérida, Vicente Cristofol, con 5 oficiales y 124 individuos en Calaf. El 26 en la ermita de Nuestra Señora de Osor fue batido el BI-II de Gerona. El 28, otra fuerza carlista fue derrotada en Alpens. La guerra estaba en su última fase al terminar el mes de octubre.
Terminación de la guerra en Cataluña
Los restos del BI-VI de Barcelona fueron copados en una masía cerca de Igualada el 2 de noviembre; Castells, que se había batido en Albareda, estaba en San Lorenzo de Morunys. Moore, que fue batido en Castelltallat por el coronel Calvo, pasó a reunirse con Castells. Mientras tanto, seguía la disgregación del ejército en Cataluña. En Pasanat (Tarragona), una fuerza fue copada por los alfonsinos. El levantamiento de un somatén general hacía todavía más difícil la actuación de los carlistas. Presentado el coronel Clemens del BI-II de Barcelona, el día 4 sus fuerzas fueron batidas el 7 en Oló por el Tcol Villalonga. El 8 de noviembre, hubo un combate en Coll de Buch, con fuerzas del BI-II de Gerona. El día 9, se presentó a indulto el coronel Muxi. Sin embargo, en ese mismo día en la sierra de Prat todavía se combatía.
En un último esfuerzo, Castells atacó Pobla de Lillet y batió a los alfonsinos haciendo prisionera la guarnición. Pero de poco sirvió este hecho. Castells atravesó el Cardoner y llegó hasta Busa, pero fue rechazado el día 10. Marchó al Alto Llobregat y tuvo un tiroteo en el Puente de Mirallers, pero de nuevo fue batido el día 14 por la columna del coronel Saldaña en Castellar de Nuch. El comandante Aranda con los restos del RC del Cid intentó pasar a Navarra. Eran unos 80 caballos que cruzaron el Segre por Hostalets, pero no pudieron hacer lo mismo en el Noguera Ribagorzana, pues fueron rodeados por cuatro columnas enemigas. Volvieron a Cataluña y, al vadear el Segre, muchos perecieron ahogados. Quedaban 16 en total, de ellos varios oficiales, y hambrientos, ateridos por el frío y sin probabilidades de ser auxiliados, se vieron obligados a rendirse.
Nada importaba la victoria de Espinalvet ni haber copado los 125 hombres de guarnición en Pobla de Lillet. Las presentaciones de jefes como Vila de Prat en San Feliu Saserra indicaban que toda esperanza había muerto. Martínez Campos ocupaba todos los lugares de Cataluña. Tenía con él 62 batallones, 38 escuadrones y 56 piezas de artillería, en total 53.000 hombres. La guerra estaba dando sus últimos estertores: Moore, que se había unido a Castells, se le separa para entrar en Francia, el 14 de noviembre, después de la acción de Castellar de Nuch, con 240 infantes, una sección de artillería y 42 caballos del EC-4 de Cataluña. Al día siguiente era Castells quien por Camprodón entraba en Francia con el comandante del BI-I Barcelona y unos 20 voluntarios.
En el Norte se habían seguido los acontecimientos de Cataluña. Se había nombrado al general Tiristany, a quien se le dio como JEM al general Argüelles. Fue nombrado el comandante Vila y Colomer, más conocido por Vila de Viladrau, comandante general de Barcelona. Tristany dirigió a los catalanes un manifiesto el 16 de noviembre y otro en diciembre.
El 15 de noviembre de 1875, Cataluña está totalmente ocupada por las fuerzas alfonsinas, recorrida por columnas y con el somatén levantado en todas partes. Presentarse o emigrar era el dilema. Los pocos carlistas que se resistieron fueron bárbaramente fusilados.