Guerras Carlistas Tercera Guerra Carlista en 1875 y final Operaciones en 1876. Batalla de Elgeta

Operaciones del Ejército de la Derecha

Una vez en Navarra el don Alfonso de Borbón resolvió situarse en Estella hasta tanto que pudieran conocerse perfectamente los planes de los ejércitos liberales; pues hubo grandes diferencias sobre los que habían de realizarse a tal fin, según las distintas opiniones de los principales caudillos alfonsinos hasta el extremo de no considerar arriesgado el juicio de que los que llegó a realizar el TC Martínez Campos, jefe del Ejército de la Derecha no tuvieron previa aprobación oficial, si bien luego merecieron el general aplauso de la opinión liberal, cuando el éxito coronó sus esfuerzos, gracias a su buena estrella, así como a la protección que le dispensaron las autoridades francesas, y, sobre todo, a lo deficiente de los elementos con que pudieron hacerle frente los carlistas, atacados estos a la vez en diferentes y distantes puntos por tropas siempre superiores en número, y que distrayendo por todas partes la atención y las fuerzas siempre irritadas por superioridad numérica alfonsina impedían una victoria carlista, dado el sistema acometedor de los alfonsinos, cuyos distintos cuerpos de ejército podían maniobrar (como así fue) simultáneamente tanto en Guipúzcoa, Vizcaya, y Álava, como por el Sur y el Norte de Navarra, gracias a las abrumadoras masas de combatientes que podían lanzar a un mismo tiempo sobre todas las líneas.

Había grandes diferencias entre los planes que se debían de realizar por las tropas alfonsinas: el general Jovellar, Ministro de la Guerra, era partidario de un movimiento central sobre Estella, el TG Quesada pretendía basar el éxito de la campaña en las operaciones de la Izquierda; el TG Martínez Campos jefe del Ejército de la derecha pensó en inaugurar las operaciones apoderándose de Estella, para lo cual había de concurrir el general en jefe del Ejército de la Izquierda con sus tropas, y habiéndose desistido de ello, pensó en atravesar el río Arga por Belascoin (operación que le habría costado mucha sangre, y que suspendió un oportuno telegrama de Madrid), decidiéndose por fin a dirigirse al Baztán para ocupar algún punto de la frontera y llamar desde allí la atención de los carlistas, ya que no se creía autorizado para dirigir un ataque de frente con todas sus fuerzas sobre Estella.

Don Alfonso de Borbón, en la duda de si el objetivo preferente de las fuerzas liberales de la Derecha sería ocupar la frontera o apoderarse de Estella, y mediando entre ambos puntos considerable distancia, optó por situarse en Estella en previsión de los acontecimientos.

Ataques combinados sobre Artazu, Montejura, Santa Bárbara de Mañera y Santa Bárbara de Oteiza

Al conocer el TG Martínez Campos que el TG Quesada, jefe del Ejército de la Izquierda, iniciaba seriamente las operaciones atacando las posiciones de Arlaban y Villarreal el 28 de enero, se trasladó en la tarde de aquel mismo día a Pamplona, dejando al TG Primo de Rivera, jefe del CE-II/D instrucciones para que con su CE-II/D y la brigada de la Ribera avanzase el día 30 sobre las posiciones carlistas que defendían Estella.

En Estella se hallaba dicho día don Alfonso de Borbón, el comandante general de Navarra, Pérula, y los brigadieres Montoya, Calderón, Pérez de Guzmán y Brea; cuando se recibió aviso de que grandes masas liberales se dirigían hacia los fuertes de Oteiza y de Mañera, y que otras numerosas tropas enemigas se preparaban a romper la línea carlista por Irurzun y la Barranca. Don Alfonso estaba tranquilo porque en esa zona se encontraba el general Cavero y el brigadier Boet con los batallones de Castilla y los de Valencia, reuniéndose entre unos y otros suficientes fuerzas para rechazar al enemigo, dispuso que el general Pérula y el brigadier Pérez de Guzmán salieran en el acto para Cirauqui y Mañeru, y el mismo don Alfonso con su JEM, brigadier Brea y la Escolta, marchó a la Solana, hacia donde ya les había precedido el brigadier Calderón (encargado de dicha línea) con orden de destacar desde su cuartel general de Morentín cuatro compañías en refuerzo del fuerte de Santa Bárbara de Oteiza, defendido por el BI-I de Navarra al mando del Tcol Vergara.

A la llegada del brigadier Calderón a Morentín, se encontró con que algunas masas liberales se dirigían sobre su derecha, hacia el pueblo de Arroniz, por lo cual hubo de desprenderse de otras tres compañías para evitar ser envuelto por las fuerzas de la brigada de la Ribera.

Se dirigió una brigada liberal sobre Mañeru, otra sobre Artazu y el resto del CE-II/I de Primo de Rivera y la brigada de la Ribera avanzaron en varias columnas hacia Cirauqui, Montejurra y Santa Bárbara de Oteiza, acumulando sobre el fuerte de este último punto los fuegos de 20 cañones de campaña de a 8 y 10 centímetros, y dirigiendo el ataque el general Tassara. Los disparos de toda su artillería sobre el fuerte encerraron a los defensores en un círculo de fuego y destrozaron sus parapetos desde que se pusieron a la distancia eficaz del reducto.

Dudando los carlistas sobre el objetivo principal de los alfonsinos, y no pudiendo disponer de batallones bastantes para defender con suficientes fuerzas todos los puntos; pero concediendo don Alfonso la debida importancia al peligro que pudiese correr Estella (en cuya ciudad habrían podido entrar, indudablemente, aquel día los liberales si se hubiesen disminuido las fuerzas carlistas que ocupaban la Solana), sucedió fatalmente lo que no podía menos de suceder, y es que el Ejército liberal había de salir airoso en alguno de los muchos puntos por los que atacaba, y, efectivamente, forzó en breve (gracias al rápido y sostenido fuego de sus piezas de artillería) el reducto de Santa Bárbara de Oteiza, no dando tiempo siquiera a que pudiese reforzar el fuerte don Alfonso que con el brigadier Brea, acudió apresuradamente al lugar del principal combate en cuanto se vio que el objetivo preferente de los liberales era apoderarse de tan importante posición. El brigadier Calderón, que estaba a la vista del fuerte, pudo enviar en su auxilio más que cuatro compañías, y aun estas no pudieron defender el fuerte por haber caído ya este en poder del enemigo a su llegada, volviendo los liberales en contra de los carlistas los dos cañones que artillaban Santa Bárbara de Oteiza, bajo cuyos fuegos se retiraron por los vados del Ega las compañías carlistas sin precipitación alguna, en buen orden y devolviendo todavía el fuego a las tropas liberales.

Acción de Santa Bárbara de Oteiza (30 de febrero de 1876). El rey Alfonso XII presenciando la acción desde la ermita. Autor Ramón Padró Pedret.

Tanto el gobernador del fuerte como el jefe del BI-I de Navarra, Tcol Vergara, pagaron con su vida la defensa, dejando el campo sembrado de cadáveres alfonsinos, muriendo además unos 200 hombres.

Durante la acción llegó don Alfonso, encargándose del mando y dirigiendo la retirada que fue ordenada.

Marcha de Martínez Campos al Baztán

Entretanto que el TG Primo de Rivera operaba, amenazando Estella por Artazu y Montejurra, y acometiendo a los carlistas por la parte de Oteiza y Mañeru, llamando seriamente su atención por todo aquel lado de Navarra para mejor ocultar así los principales planes del General en Jefe del Ejército de la Derecha, Martínez Campos. Salía éste de Pamplona forzando sus marchas, deseoso de cerrar la frontera a los carlistas y de apoderarse de Vera, aunque no eran eestas las instrucciones del Ministro de la Guerra, general Jovellar, quien de acuerdo con el TG Quesada había manifestado al general Martínez Campos que solo se exigía de su Ejército que amagara al carlista, a fin de no dejarle salir de sus posiciones e imposibilitar que fuerzas carlistas de Navarra pudiesen acudir en socorro de las que habían de hacer frente en las Vascongadas al Ejército de la Izquierda, encargándose únicamente al general en jefe de la Derecha que aprovechase cualquier descuido o falta de los carlistas para tomarles fuertes, plazas o atrincheramientos.

El TG Martínez Campos se decidió, sin embargo, a tomar la frontera pasando el puerto de Velate, apoderarse de Vera para coger de revés la línea carlista de Guipúzcoa y, facilitando así las operaciones del CE-I/I del TG Moriones, aumentar lo crítico de la situación de las tropas carlistas, teniendo el enemigo a retaguardia y viendo en peligro hasta su retirada a Francia.

El TG Martínez Campos ordenó al TG Primo de Rivera, jefe del CE-II/D que llamase seriamente la atención de los carlistas sobre la importante plaza de Estella, que era su capital, y que atacase así mismo por Cirauqui y Mañeru, centro de la línea carlista de Navarra, a fin de evitar que las tropas que la cubrían pudiesen acudir a impedir, dificultar la marcha de los liberales al Baztán, so pena de exponerse a perder Estella.

Mientras el TG Primo de Rivera con su CE-II/D y la brigada de la Ribera, amenazaba Estella y atacaba a los carlistas por Cirauqui, Mañeru y Oteiza y amagaba avanzar así mismo por la parte de Artazu y Montejurra; salía de Pamplona el TG Martínez campos, jefe del Ejército de la Derecha con el CE-I/D del TG Blanco, la división de Reserva del General Prendergast, 24 piezas de montaña, el parque móvil y el tren de puentes, y después de sostener ligeros combates con las escasas fuerzas carlistas que pudieron oponérsele por Elcano, Alzuza e Inigui, penetraron el día 30 de enero sus tropas en Zubiri, Iragui, Aquerreta y Osteriz.

Al tener conocimiento de esta marcha el brigadier carlista Larumbe, estaba encargado de observar los movimientos que los liberales pudieran emprender sobre la frontera, acudió, como se le thabía ordenado, a ocupar con sus fuerzas el puerto de Velate, para cortar el paso a las tropas del TG Martínez Campos quien al ver que no había logrado, por tanto, ocultar su movimiento todo lo necesario para apoderarse por sorpresa del expresado puerto, y reflexionando que el tomarlo a viva fuerza le costaría muchas bajas y tendría que abandonarlo o bien detenerse al menos ocho días en fortificarlo y aprovisionarlo. Cambió el itinerario, renunció a su propósito de marchar por el camino más corto a Vera, a romper por allí la línea carlista y unirse con el TG Moriones jefe del CE-I/I, y emprendió el camino de Eugui enviando al brigadier Gamir jefe de la BRI-II/1/I/I a tomar el puente de Aztuzarreta, al pie de los Pirineos, el alto de Osaberri y el puerto de Iragui, lo cual no pudieron impedir los carlistas por serles imposible cubrir al mismo tiempo tantos puntos.

Pareja de cazadores a caballo en descubierta durante la Tercera Guerra Carlista. Autor José Cusachs y Cusachs.

Apenas advirtió el brigadier carlista Larumbe el cambio de camino del enemigo, maniobró activa y acertadamente sobre su flanco, al través de los montes, y si bien no pudo ya evitar que el TG Martínez Campos llegase el día 1 de febrero a Elizondo (capital del Baztán), consiguió hostigarle de gran manera, sosteniendo los carlistas un combate en los altos de Arguinzu y Eucoro, y numerosos tiroteos en distintos puntos, aunque no pudo naturalmente detener la marcha de los liberales, primero, por haber cambiado estos de camino y pasado por el puerto de Ochaverri mientras los carlistas se aprestaban a la defensa en el puerto de Velate, y después, por no poder ocupar posiciones tan excelentes como para hacer frente y rechazar el ataque de tropas tan numerosas como las que llevaba consigo el TG Martínez Campos, quien es muy posible que se hubiera visto en grave apuro a pesar de todo, si los carlistas hubiesen podido colocar en buenas posiciones siquiera una brigada bien completa, nutrida y provista de abundantes municiones.

En Elizondo se encontró el TG Martínez Campos sin raciones ni calzado para sus tropas, pero ordenó que se apoderasen de ellas a toda costa de la Aduana de Dancharinea; lo que consiguieron, aunque teniendo que combatir con la escasa fuerza que guarnecía dicho punto, y se situó el TG Blanco con su CE-I/D en Urdax, perdiendo así los carlistas la fábrica de cartuchos que allí tenían establecida y los grandes recursos que sacaban de la Aduana; el brigadier Bonanza jefe de la BRI-I/1/I/I cubrió la carretera de Pamplona que se dirige por el puerto de Velate, y sostuvo fuego con los carlistas que ocupaban las alturas inmediatas a Arrayoz; también el MC Prendergast jefe de la DI-R/D hubo de combatir en Oncorocaseoa llegando a 40 las bajas de liberales y carlistas; y, en fin, el tren de puentes de circunstancias quedó convenientemente protegido el día 2 en Maya ocupando las tropas liberales los días 3 y 4 de febrero Irurita y Errazun.

El TG Quesada jefe del Ejército de la Derecha había conseguido situarse en la frontera mediante una penosa marcha de cuatro días y tres noches por terrenos difíciles, y aunque es cierto que no pudo completar su operación hasta apoderarse de Vera, también es cierto que con su atrevido movimiento hizo de llamar sobre sí la atención de fuerzas carlistas suficientes para debilitar las que pudieran oponerse al CE-II/D de Primo de Rivera y el CE-I/I de Moriones, facilitando así las operaciones de estos TGs; y si realmente fue crítica al principio la situación en el Baztán, bien pronto brilló la buena estrella de Martínez Campos, protegiéndole decididamente los franceses quienes le facilitaron y escoltaron víveres, calzado y municiones; y hasta el temporal de nieves que se desató el día 5 de febrero vino a perjudicar a los carlistas aún más que a los liberales, que se ocuparon en levantar obras de defensa en Elizondo y demás puntos en que se establecieron, a fin de hacer más difícil todavía el ataque por parte de los carlistas, como si no tuvieran las divisiones del TG Martínez Campos bastantes ventajas con su excesiva superioridad numérica, con sus más poderosos elementos de combate y con la valiosa protección de las autoridades de Francia.

Elizondo en el valle de Baztán durante la Tercera Guerra Carlista. Fuente Narración militar de la Guerra Carlista 1869 a 1872.

Cuando don Alfonso tuvo conocimiento del avance del TG Martínez Campos, dispuso que el general Pérula y el brigadier Pérez de Guzmán se dirigiesen acto seguido al Baztán con seis batallones, la batería de montaña de Llorens y un escuadrón, para intentar cortar el paso al TG Martínez Campos; pero ya era tarde, y la gran nevada que cayó por aquellos días, principalmente en los Pirineos, impedía de todo punto cualquiera clase de operaciones, suspendiéndose también por ello las del TG Martínez Campos que harto logró pudiendo contar con el poderoso auxilio de Francia.

Tratando de remediar en lo posible las contrariedades sufridas, emprendió también la marcha al Baztan don Alfonso con su JEM, brigadier Brea, los ayudantes de campo y la escolta, uniéndoseles el general Argonz, quien puso sus notorios conocimientos del terreno a la disposición del Infante, brindándose a servir como de guía. En Narvarte encontraron al general Pérula y al brigadier Pérez de Guzmán con dos batallones, a los que se agregaron algo más adelante las demás tropas que había llevado el comandante general de Navarra desde Estella, cuyas fuerzas y las de los brigadieres Martínez Junquera y Larumbe sumaban un total de diez batallones, dos escuadrones y catorce piezas de artillería de montaña de las baterías de Llorens, Ortigosa e Illanes, reduciéndose a estas tropas las que los carlistas pudieron llegar a reunir por el Norte de Navarra; pero para atacar al TG Martínez Campos no era posible contar por el momento con las del brigadier Martínez Junquera, por no poderse prescindir del importantísimo servicio que prestaba dicho brillante jefe, encargado, ya de tiempo atrás, de proteger Vera y sostener la línea de Lastaola a Munuandi contra las tropas del CE-I/I de Moriones.

La nieve continuaba cayendo copiosamente; pero deseoso don Alfonso de emprender o preparar, por lo menos, las operaciones, reunió en Echalar un consejo de generales con asistencia de los mariscales de campo Férula y Argónz y de los brigadieres Larumbe, Pérez de Guzmán y Brea. El veterano Larumbe propuso que se colocaran las tropas carlistas flanqueando a las del TG Martínez Campos en el puerto de Otsondo, lo cual quedó acordado en principio; pero como las continuas y fuertes nevadas de aquellos días en aquellas latitudes obligaban forzosamente a cruzarse de brazos a los dos ejércitos combatientes, y los liberales, imposibilitados de emprender ninguna operación hasta que mejorase el tiempo, solamente se ocupaban en atrincherarse en Elizondo, Irurita y demás puntos del Baztán, reconociendo los citados generales carlistas que era inútil todo movimiento mientras durase el temporal, y de resultas de ello dispuso el general Caserta que el brigadier Martínez Junquera continuase sobre Vera con su brigada, que el brigadier Larumbe con la suya se situase en Peña Plata en observación del enemigo, y que el resto de las fuerzas carlistas allí reunidas se acantonasen por Santesteban y Narvarte a donde pasó don Alfonso con el General Pérula y los brigadieres Pérez de Guzmán y Brea, a esperar que mejorase el tiempo a fin de poder entonces operar contra el TG Martínez Campos.

Por aquellos días se recibió en el cuartel general carlista una noticia que pudo empeorar sobremanera la situación de los carlistas, y hasta dar al traste con las esperanzas que aún se abrigaban de poder alcanzar alguna brillante victoria sobre las tropas liberales. Se dijo que se habían reunido veinte y tantos mil soldados en Pamplona para apoderarse de Irurzun y seguir luego sobre Estella, y el historiador Pirala asegura que con tal motivo se expidió por el cuartel real de Carlos VII un telegrama atribuido al general Diez Mogrovejo y dirigido al general Lerga (a quien en unión de los brigadieres Villar y Montoya) había encargado el infante don Alfonso la defensa de Estella, ordenándole que marchase a aquella parte Lerga con todas las fuerzas que pudiese reunir.

Tercera Guerra carlista, el ejército liberal haciendo un alto durante la marcha. Autor Jose Cusachs y Cusachs.

El general Lerga consultó con urgencia a don Alonso sobre si debería enviar numerosas tropas en la expresada dirección de Irurzun, ya que había marchado el general Cavero con tres batallones en auxilio de las divisiones de Vizcaya y Álava. Pero como Irurzun se hallaba cubierto por la brigada del Centro al mando del brigadier Boet, se opuso el JEM carlista a que se disminuyesen las fuerzas carlistas destinadas a defender Estella, amenazada por la Solana, Oteiza, Puente la Reina, Valdizarbe y la parte de Maestu. La noticia del ataque de los liberales por Irurzun resultó ser una falsa alarma; pero es indudable que, si se llega a prestarle crédito y a debilitar la defensa de los otros puntos que protegían Estella, no habrían tenido los liberales más que adelantar algunos batallones para entrar en la capital de los carlistas navarros.

Con tantas contrariedades se exacerbó la enfermedad que padecía el anciano y leal general Lerga lo que unido a que el brigadier Montoya tampoco podía substituirle porque su salud corría parejas con la de su citado antiguo jefe, y encontrándose don Alfonso en el Baztán, enfrente del TG Martínez Campos, se dispuso por Carlos VII que se encargase del mando de Estella y su campo atrincherado el general Antonio Lizárraga, en atención a la excepcional importancia que tenía aquella zona y por el temor que había de que se disolviesen los batallones navarros en el momento de que se perdiera su ciudad.

La nieve no impidió, que el general Caserta, ávido de luchar, llegara el 10 de febrero con su JEM, el brigadier Brea, y dos batallones a la vista de Irurita con objeto de practicar un reconocimiento y ver si allegando algunas otras fuerzas podía dar un impetuoso ataque al enemigo; pero este se apercibió con tiempo, se encerró en sus atrincheramientos y desde ellos sostuvo el combate que, aunque poco importante, no dejó de ocasionar a los liberales un muerto y 12 heridos; en las tropas carlistas solo hubo dos heridos, a pesar de que peleaban a pecho descubierto, los carlistas pernoctaron en Ciga.

Otro combate hubo de provocarse en Arrayoz, en donde el brigadier Larumbe con las tropas de su mando logró sorprender tres compañías liberales, lanzándose sobre ellas a la bayoneta, ocasionando su dispersión y haciéndoles sufrir la baja de 13 muertos y 25 heridos, entre los que se contaron dos jefes y tres oficiales.

Acción de Zornoza (3 de febrero de 1876)

El TG Genaro Quesada jefe Ejército de la Izquierda, actuaba en conjunción en Bilbao con el TG Loma jefe del CE-III/I y el general Villegas y disponiendo que quedaran fuerzas de la DI-2/II/I del MC González Goyeneche encargadas de mantener expeditas las comunicaciones con Vitoria, que el MC Ruíz Dana jefe de la DI-1/II/I con seis batallones se moviera a Ordufia y pueblos comarcanos para limpiar de carlistas toda aquella zona, que algunas fuerzas de Loma operasen por la parte de Valmaseda con igual objeto y que la DI de Álava de Alvarez Maldonado y la BRC-II de Contreras conservasen perfectamente el dominio de la provincia de Álava.

El general carlista Carasa, por su parte, unido ya al brigadier Echévarri y reuniendo entre ambos siete batallones y la batería de montaña de Ortiz de Zárate, había entrado en Durango y Zornoza el día 2 de febrero, moviéndose todas estas fuerzas el día 3 a Elorrio, en vista de que las tropas liberales se dirigían unas a Guernica y otras a Durango.

El brigadier carlista Echévarri se acantonó en Abadiano con tres batallones vizcaínos, a los que se agregaron después los de Cantabria en su brillante retirada de Ortuella, esperando además que se cumplimentara la orden de don Alfonso, previniendo que, forzando marchas, acudiera en auxilio de Vizcaya el general Cavero con tres batallones.

Los carlistas habían dejado a la vista de Zornoza alguna fuerza que, al asomar la vanguardia liberal, trataría de dificultar su marcha. La DI-R/I del MC Antonio del Pino se dirigió a Zornoza, derrotando las escasas fuerzas carlistas, en donde se estableció, venciendo escasa resistencia; tuvo un muerto de la clase de tropa y un jefe y 20 soldados heridos para acantonarse allí. Lo cual no impidió, por supuesto, el avance de los alfonsinos en dirección de Abadiano.

Acción de Abadiano (5 de febrero de 1876)

La DI-R/I continuó la marcha, enviando una de sus brigadas al pueblo de Abadiano, distante dos kilómetros de Zornoza. La BRI-I/R/I al mando del brigadier Ciria fue la destinada a hacerlo, se vio en la precisión de sostener un combate duro para dominar las alturas que rodean al pueblo, consistiendo las fuerzas carlistas, según los datos reunidos, en seis batallones, seis piezas y 50 caballos al mando de Cabero, pues se habían reunido allí los batallones de Cantabria, Bilbao, Arratia y Munguía al mando del brigadier Echévarri, de los cuales dos batallones defendían el pueblo Zornoza, y los restantes habían tomado posición en las alturas de Santa Cruz y de Gastelamendi, a derecha e izquierda de la carretera, siendo la segunda la que ofrecía mayores dificultades para vencer, tanto por su fortaleza natural como por hallarse a la margen derecha del río Ibaizabal; cuatro compañías del RI-16 de Castilla vadearon el río, y sin detenerse se apoderaron de la primera estribación de la montaña antes que los carlistas consiguiesen ocuparla, lo que intentó hacer moviéndose por la cumbre; mientras que otras cuatro marchaban por las alturas de la derecha para envolver la población, y que el coronel Ciriza con el resto del RI-16 de Castilla seguía resueltamente por la carretera. Las compañías que habían vadeado el río sostenían un vivísimo fuego por la izquierda; por la derecha, las compañías de Castilla, reforzadas con otras dos, se hallaban detenidas por el fuego que recibían de las trincheras enemigas. Al paso, uno o dos batallones ocuparon las casas y cercas del extremo del pueblo, diezmando a la vanguardia, que los desalojó de sus defensas.

Empeñado en tan extensa línea todo el RI-16 de Castilla, fue reforzado con el BIL-IV de cazadores de Barbastro, saliendo 4 compañías a cada flanco para sostener el combate; el coronel Juan Floran se dirigió hacia Santa Cruz y el BI-I/16 hacia Gastelamendi, que tuvo que ceder el enemigo al empuje de los alfonsinos, a pesar del fuego de cañón con que intentaba detenerlos. Recrudecida la lucha y reforzados los carlistas a su vez, fue preciso hacer lo mismo, enviando 6 compañías de cazadores del BIL-VII de Ciudad-Rodrigo, quedando ya tan solo 2 de reserva.
El combate en la izquierda era tan rudo y comprometido, que solo el eficaz refuerzo de los cazadores del BIL-VII, consiguió inclinar la balanza del lado alfonsino, que por esa parte disputaban 20 compañías carlistas con artillería, ocupando trincheras y defendiendo tenazmente sus piezas, hasta las que la llegada de los cazadores alentados por sus jefes, solo entonces se apresuraron a retirar las piezas las los artilleros carlistas; los voluntarios carlistas cargaron a la bayoneta para evitar la pérdida de las piezas, pero fueron obligados a retirarse abandonando los juegos de armas de las piezas, cartuchería y encerados.

Liberales asaltando una posición carlista durante la Tercera Guerra Carlista. Autor José Cusachs y Cusachs.

Las bajas liberales fueron de 30 muertos y 150 heridos y contusos, figurando entre los muertos el coronel Juan Florián, jefe de la media brigada de cazadores, y el Tcol Tomás Peirona, jefe del BIL-XIV de Barbastro. Siendo tanto mayor el mérito contraído por los carlistas, cuanto que estos no se batieron en aquella jornada (ni en las siguientes) al abrigo de atrincheramiento alguno, por carecerse de ellos en toda aquella parte de la provincia de Vizcaya.

Así se consiguió establecer la línea del río Ibaizabal, constituyendo su izquierda el CE-III/I, acantonado en Guernica, un tanto adelantado sobre la margen derecha del Ibaizabal y tocando la izquierda del río Mundaca; el centro en Zornoza, donde se situó una de las brigadas del CE-II/I; en Galdácano se situó el general Cassola con fuerzas de la división de Vizcaya; y el TG Quesada en Durango y Abadiano, derecha de la línea alfonsina. Se pudo poner en comunicación inmediata con el MC Maldonado, jefe de la DI de Álava, cuyas fuerzas continuaban ocupando desde Mañaria a Villarreal y montes de Arlaban. De tal modo eran fáciles las comunicaciones con Vitoria y con Bilbao, llegando para las tropas toda clase de recursos desde uno y otro punto.

Fatalmente, el tiempo, que hasta entonces había favorecido las operaciones, tuvo un cambio desde el 4 de febrero, convirtiéndose en tormentas de aguas y nieves, que imposibilitaban efectuar movimientos de ninguna especie.

Batalla de Elgeta (13 de febrero de 1876)

El temporal de agua y nieve que se desarrolló después paralizó las operaciones, permaneciendo el CE-III/I del TG Loma en la parte norte, pronto a iniciar su marcha para pasar a Guipúzcoa para unirse con el TG Moriones y su CE-I/I, mientras el brigadier Córdova con su BRI-I/2/II/I ocupaba Manarla para completar la red de comunicaciones con Vitoria y Durango.

Pero los días de inacción eran más de temer que los de combate para los carlistas, pues cundía, desgraciadamente, la desmoralización con gran rapidez, y en mayor escala cuando se ocupaban los cantones que cuando se cubrían atrincheramientos y líneas de combate. Hasta el 6 o 7 de febrero, el mayor número de desertores lo era de vizcaínos y alaveses, por haber sido más castigadas aquellas provincias por el enemigo y ocuparlas este casi en su totalidad. Algo de esto pudo evitarse con la llegada al Señorío de los batallones que llevó el general Cavero desde Navarra.

Hasta el día 13 de febrero, que amainó el temporal, no salieron unas y otras tropas combatientes de sus acantonamientos, a pesar de lo cual el TG Quesada, jefe del Ejército de la Izquierda, lleno de previsión, había dado instrucciones a los jefes de columnas para que secundasen su propósito, que era dirigirse a Elgeta para batir a los batallones de los generales Carasa y Cavero, quienes ocupaban ya algunas posiciones. A este fin previno al TG Loma, jefe del CE-III/I, que destacara una división hacia su derecha en dirección a Elgeta, y a la DI de Álava del MC Alvarez Maldonado, que ocupaba entonces en Arlaban y Ochandiano, que se dirigiera también al mismo punto, de modo que las posiciones carlistas de Elgeta resultasen atacadas de frente, o por el centro, por el mismo TG Quesada, y de flanco por el TG Loma con una división del CE-III/I y el MC Alvarez Maldonado con la DI de Álava. Una vez verificado en Elgeta el encuentro de todas estas fuerzas combinadas, y suponiendo su rebase por todas, el resto del CE-III/I tenía que avanzar en dirección de Ermúa, Eibar, Elgoibar y Azcoitia, en donde ya debería hallarse el TG Morlones con el CE-I/I, procedente de Oiquina, Cestona y Azpeitia, y el CE-II/I debería continuar a Vergara, contando siempre en estos planes los liberales como segura la derrota de los carlistas.

Entretanto, Carlos VII bajó a Elorrio pensando en atacar a Durango; pero luego concentró sus tropas en Elgeta y Vergara a fin de impedir la invasión de Guipúzcoa, visitó los hospitales y pasó a Tolosa para estar más cerca de las tropas que habían de contener al Ejército de la Derecha, después de revistar el día 10 de febrero los restos de sus divisiones de Álava y Vizcaya, cuyos bravos voluntarios aún se sentían con alientos para continuar la lucha.

Unidas las tropas de los generales carlistas Carasa y Cavero, reunían un total de 12 batallones, 6 piezas de artillería de campaña de la batería de Vélez y 8 cañones de montaña de las baterías de Luís Ibarra y Ortíz de Zárate, con alguna caballería, una compañía de ingenieros, varias de guías y algunas tropas castellanas al mando del coronel Solana. También acudió a Elgeta el brigadier carlista Ugarte, que había sido comandante general de Álava y que se puso incondicionalmente a las órdenes del general Carasa pidiéndole un puesto de peligro en la próxima batalla, deseoso de borrar con su bravura el mal efecto causado por su retirada de Villarreal.

La derecha carlista la formaron los batallones del general Cavero, encargado de oponerse a los intentos del TG Loma con parte de su CE-III/I; el brigadier Ugarte ocupó la izquierda con dos batallones, y el general Carasa el centro de la línea con los brigadieres Echevarri y Gorordo y el coronel JEM González Granda.

El TG Quesada se dedicó a preparar los movimientos posteriores, recibiendo al paso noticias de que carecía sobre las operaciones, tanto del CE-I/I como del Ejército de la Derecha, dispuesto a iniciar las operaciones cuando el tiempo lo permitiese, para dominar la línea del río Deva, tan interesante como difícil de conquistar, a causa fie la topografía que define el terreno que forma la divisoria entre el río y el valle en que estaba establecido, pero terreno que era indispensable cruzar era el foso gigantesco abierto por la naturaleza, siguiendo a próximamente la línea de separación entre los territorios vizcaíno y guipuzccano.

Para llevar a cabo la empresa, tenía que forzar el puerto de Elgeta, defendido, según las noticias, por unos 14 batallones carlistas en toda la línea, con 48 piezas de artillería que se extendían en una línea cuya izquierda cubría la posición de Cempanzan y, siguiendo por las cumbres de la sierra de Elgeta, iba a terminar por la derecha en Mallavia y Berríz, conservándole el Pretendiente en Vergara a retaguardia del centro con dos batallones al mando del general Carasa.

Batalla de Elgeta (13 de febrero de 1876). El ejército alfonsino avanzando hacia las posiciones carlistas. Autor José Luís Pellicer, la Ilustración española y Americana.

Con arreglo a las órdenes del TG Quesada, el TG Loma emprendió el movimiento con su CE-III/I el día 12 desde Guernica, dirigiéndose a Marquida; el día 13 en la madrugada lo hizo el MC Maldonado con su DI de Álava (6 BIs, 6 piezas de montaña y 50 caballos) desde Ochandiano, siguiendo por caminos difíciles las faldas de las peñas denominadas de Arnboto una y de Udala, para caer y rebasar la izquierda carlista en el punto de Campanzar. El TG Loma, con las divisiones de su mando, debía dirigirse sobre la derecha carlista; y, por tanto, el centro, confiado en primera línea al TG Echevarría con su CE-II/I, era forzoso que marchase algo retrasado, pues para romper la línea enemiga por esta parte, era necesario el auxilio de ambas alas.

El TG Quesada emprendió la marcha el día 43 desde Durango, dejando ocupado ese punto, así como Zornoza, por fuerzas de la división de Vizcaya, para asegurar las comunicaciones con Bilbao; habiendo ordenado antes que la BRI-I/2/I/I de Rodríguez Trelles emprendiese desde Abadiano su marcha al amanecer para que por las alturas de Gasteluamendi y cantera de San Agustín efectuara el flanqueo inmediato de las fuerzas que debían seguir por la carretera de Elorrio.

Batalla de Elgueta (13 de febrero 1876. Carga de un cañón alfonsino. Revista The Graphic.

A las 11:30 horas, abrió fuego la DI de Álava del MC Álvarez Maldonado contra la izquierda carlista; esta resistió bizarramente, pero siendo muy inferior al enemigo, tuvo que ceder al fin el campo y replegarse al centro. Este fue atacado por más de triplicadas tropas liberales, y aun así se defendieron los carlistas hasta agotar por completo las municiones; pero resultó inútil el heroísmo de los voluntarios y que sus denodados jefes el general Carasa, los brigadieres Ugarte, Echévarriy y Gorordo, el JEM Granda, y el coronel Solana de los castellanos, que permanecieran en los sitios de mayor peligro dando un alto ejemplo de valor y procurando sostener a todo trance el centro de la línea de combate, estallando a su alrededor innumerables granadas que abrían huecos en los mermados batallones carlistas.

Batalla de Elgeta (13 de febrero de 1876). Mapa de la batalla. Atlas topográfico de la narración de la Guerra Carlista de 1869 a 1876.

El TG Quesada, observando que se hallaba algo retrasado el movimiento de Rodríguez Trelles con la BRI-I/2/I/I, hizo marchar por la izquierda a la BRI-II/2/II/I de Alarcon, bajo el inmediato mando del MC Goyeneche, con orden de que se apoderase de las crestas del monte Mendizolo, que corre en prolongación de la eminencia de Pagaza, dominando inmediatamente el camino de Elgeta; y como más a la izquierda de ambas debía avanzar en ese día el TG Loma con los batallones de su CE-III/I en dirección a Elgoibar, nada más quedaba que hacer por aquella parte para vencer la resistencia carlista, que se manifestaba con número crecido de infantería y algunas piezas de artillería.

Pirala dice de la batalla: «Empezada la acción á las doce trató de salir de la carretera un batallón liberal hacia las posiciones enemigas, y se dispersó a las dos descargas cerradas de dos compañías de Guernica que se hallaban parapetadas sobre la salida de Elorrio; pero por derecha e izquierda del pueblo desplegaron los liberales varios batallones que avanzaban rompiendo el fuego, que se hizo general; se atacó vigorosamente el Campanzar, el centro y derecha carlista, que resistieron valerosamente; se reforzaron los liberales, halló Goyeneche un punto sobre la izquierda que consideró vulnerable, fue oportuno y porfiado en el ataque, y se hizo horroroso el fuego, aumentado con los disparos de las baterías de los liberales, que empezaron a arrojar granadas: a las dos ensordecía el fuego de fusilería y de cañón; sostuvo bravamente el batallón de Arratia el empuje de numerosas fuerzas, rechazándolas; nuevos batallones reforzaron a los liberales; un batallón de Cantabria tuvo que ayudar al de Bilbao, alentado por Carasa, Ugarte y Granda, que permanecían en la carretera sufriendo una lluvia de proyectiles, hasta que muerto el caballo del segundo, se retiraron, quedando solo el Jefe de E. M. con su escolta; cuando más se afanaba el intrépido Granda en atender a todo, revienta una granada debajo de su caballo destrozándole el vientre y dejándole muerto, quedando ileso el jinete, victoreado por las compañías de Guernica inmediatas. No pudo resistir el empuje de los liberales el batallón de Durango y se retiró precipitadamente, protegiéndole desde una altura Solana con los castellanos, que se batían con heroísmo; el número abrumaba y no podían impedir el avance de las tropas de Quesada; comprendió Granda la importancia de aquel punto; envió fuerzas a colocarse detrás de Solana para proteger a este, que se sostuvo valeroso; se rehicieron algunas compañías de Durango y formaron con Munguía; Bilbao se retiró completamente, tuvo que replegarse sobre los cántabros el batallón de Arratia, por no poder ya resistir el empuje de las fuerzas que le atacaban, y por el sitio que abandonó Bilbao avanzaron resueltos los liberales; escasean las municiones a los carlistas, que empiezan a retirarse a las cinco a Elgeta para continuar a Vergara y al tratar de cargarles un escuadrón que avanzaba por la carretera, fue contenido por las compañías de Munguía. Guernica formaba la retaguardia, haciendo fuego en retirada, porque el enemigo avanzaba: hacíanlo resueltamente por la carretera dos escuadrones de tiradores, y al llegar a la vista de Elgeta, las dos compañías de Arratia rompieron el fuego sobre ellos y les hicieron retroceder con algunas bajas. No impidió esto que siguieran después avanzando hasta Elgeta, abandonada completamente por los carlistas, que se retiraron a Vergara, a donde ya había llegado el batallón de Orduña, batido en Mondragón.
Había acudido Cavero contra Loma; y cuando llegó el 13 a la vista de Elgoibar, ya estaban ocupadas por los liberales las principales posiciones, teniendo él que tomarlas a retaguardia y sobre la carretera de Azcoitia, desde las que rompió el fuego a las nueve, sosteniéndole hasta las cinco y medía de la tarde, en que se le concluyeron las municiones, y se retiró a Azpeitia: el avance de Loma y el que preparaba Moriones por su flanco derecho le obligó á retirarse a Beasain con la gente rendida de cansancio y desfallecida por no haberse racíonado desde la salida de Vergara
».

Batalla de Elgua (13 de febrero de 1876). Una granada explota debajo del caballo del general carlista Granda destrozándole el vientre y dejándole muerto, quedando ileso el jinete. Autor Juan Alamillos.

Inútil fue, en fin, la serenidad y acierto de los bravos jefes de artillería Vélez, Ibarra y Ortíz de Zárate: aquellas entusiastas tropas carlistas tuvieron al fin que retirarse y ceder el campo al enemigo, si bien por la derecha el general Cavero y el brigadier Iturralde consiguieron interponerse entre los TGs Quesada y Loma, evitando así que este último cayese sobre el núcleo de los batallones vizcaínos, lo cual hubiera dado, tal vez, lugar a una general dispersión.

El TG Echevarría jefe del CE-II/I habla destacado cuatro compañías del RI-2 de la Reina para combatir las fuerzas carlistas que, atrincheradas en la fuerte posición de la ermita de San Esteban de Berriz, defendían inmediatamente el acceso por la carretera como punto avanzado, pero muy importante para impedir el paso por el puerto de Elgeta; estas compañías empezaron desde el primer momento del combate a sufrir bajas de consideración, por lo cual se creyó necesario reforzarlas con otras cuatro; pero más necesario era todavía batir al enemigo, que aparecía también con fuerzas de consideración en las cumbres conocidas bajo el nombre de Intzorta y de Nuestra Señora de Gaceta, situadas a la derecha liberal.

Con respecto al puerto referido, y no divisándose las fuerzas de la DI de Álava del MC Maldonado por la parte que se presuponía, el TG Quesada encomendó al general Ruíz Dana que con las suyas se dirigiese contra esa posición carlista. Poco tiempo después de roto el fuego, vivísimo por sostener los carlistas sus posiciones con gran obstinación, comenzó a distinguir los soldados de la DI de Álava, que, venciendo no pequeña resistencia, seguían el camino previsto para contribuir al éxito del combate empeñado.

La BRI-II/2/II/I del brigadier Alarcón, a cuya cabeza marchaba el MC Goyeneche, así como la BRI-I/2/I/I de Rodríguez Trelles, iban venciendo, entretanto, si bien a costa de muchos sacrificios, la tenacidad de los defensores de las crestas más elevadas de la sierra de Elgeta, atravesando las cañadas que separan unos de otros los picos que la forman, en orden perfecto de formación y sin vacilar un solo instante. Los batallones que forman ambas brigadas consiguieron llegar a las cuatro de la tarde y coronar la altura de Pagatza, que les daba la posesión del punto deseado. Por la derecha, y una vez cerca las tropas de la DI de Álava, conseguían igual resultado las de la DI-1/II/I del MC Dana, con lo cual el centro pudo ir adelantando, por verse obligados ya los defensores de la ermita de San Esteban a ceder su posición; ya en este momento puede decirse que las tropas liberales habían conquistado el terreno, punto objetivo de los movimientos en ese día, por lo cual el TG quesada decidió seguir adelante para posesionarse de Elgeta, cuando no había concluido enteramente el fuego; avanzo por el camino y salvando el puerto, abrió nuevamente el fuego los carlistas desde las casas de Elgeta y de las pequeñas alturas que casi tocándole lo dominan a uno y otro lado de la carretera.

Batalla de Elgeta (13 de febrero de 1876). Vista de Elgeta desde el antiguo camino de Vergara. Autor José Luis Pellicer, Revista La Ilustración Española y Americana.

Este fue el último esfuerzo de los carlistas, vencido por los disparos de la artillería de montaña y el avance de algunas compañías de infantería que descendieron de las elevaciones conquistadas, marcharon a envolverle por ambos lados, abandonando los carlistas el pueblo. Era ya de noche cuando, después de llegar a Elgeta y dejando establecidos al TG Echavarría con el CE-II/I y el MC Ruiz Dana con DI-1/II/I, el TG Quesada se trasladó a Elorrio para pernoctar allí con la división de reserva.

La DI de Álava, aunque tarde, llegó a Elgeta, y la BRI-II/2/II/I del brigadier Alarcon recibió la orden de ir a Eibar o Ermúa, según lo permitiese el tiempo, con lo cual quedaba en disposición de comunicar con el CE-III, cuya misión en ese día era llegar a Elgoibar.

El día 14 de febrero, el Ejército de la Izquierda inició la marcha a Vergara, después de haber atendido a los heridos y los muertos del día anterior. Ese mismo día, el CE-III/I marchaba hacia Azcoitia y el MC Maldonado con la DI de Álava a Mondragón, con el fin de no abandonar la línea y mantener la comunicación con Vitoria.

Elgeta quedó guardado por una brigada de la DI-2/II/I con el MC González Goyeneche; el TG Loma, con el resto, mandó hacer incursiones a Placencia y otros puntos en busca de las armas, municiones y efectos de los carlistas.

Batalla de Elgeta (13 de febrero de 1876). Hospital de sangre después de la batalla del 13 de febrero. Autor José Luís Pellicer, la Ilustración española y Americana.

Las bajas de los liberales fueron 33 muertos, entre ellos el joven coronel Sedaño, y 330 heridos, y las de los carlistas, 300 hombres fuera de combate.

Entrada creada originalmente por Arre caballo! el 2026-01-16. Última modificacion 2026-01-16.
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