¡Ayúdanos a mejorar el blog!
Si ves alguna palabra mal escrita, o frase que no tenga mucho sentido, es muy fácil hacérnoslo saber. Sólo tienes que seleccionar las palabras que te resulten sospechosas y pulsar las teclas CONTROL y ENTER. Se abrirá un formulario con el texto seleccionado, y con pulsar enviar recibiremos tu notificación.
También puedes abrir el formulario pulsando el siguiente botón
Antecedentes
Desde la derrota de Napoleón fueron frecuentes las revueltas o movimientos revolucionarios de carácter liberal en todos los países europeos, incluso en Gran Bretaña, que no puede calificarse de monarquía absoluta.
El primer congreso de los previstos por el Tratado de la Cuádruple Alianza se celebró en Aquisgrán entre el 1 de octubre y el 15 de noviembre de 1818. Se convocó a petición del jefe del Gobierno francés, el duque de Richelieu, que reclamaba en nombre de su rey Luis XVIII la retirada de los ejércitos aliados de Francia porque ya se habían cumplido los tres años de ocupación previstos en el Segundo Tratado de París. La petición fue atendida y las cuatro potencias se comprometieron a retirar sus ejércitos respectivos antes del 30 de noviembre. Y además se acordó incluir al Reino de Francia en la Cuádruple Alianza que a partir de entonces se convirtió de facto en la Quíntuple Alianza. A partir de ese momento, Francia quedaba asociada a todas las tomas de decisiones internacionales colectivas de las grandes potencias; los aliados estarían obligados a tener en cuenta los intereses franceses y Francia estaría en posición de defender y promover sus intereses.

Alemania fue la primera zona en experimentar movimientos de protesta contra la nueva situación política europea, aunque no se desencadenasen entonces movimientos revolucionarios de envergadura. El nacionalismo cultural alemán, herencia del romanticismo, estaba en auge y se fue transformando en nacionalismo político. Los nacionalistas alemanes pretendían unificar todas las regiones de habla germana, superando el estatus de la Confederación Germánica creada en 1815 bajo la autoridad del Imperio austríaco. En 1817, el Festival de Wartburg conmemoraba el tercer centenario de la publicación de Las 95 tesis por Lutero en la puerta de la catedral de Wittenberg; y durante las celebraciones hubo manifestaciones nacionalistas que presentaban a Lutero como un patriota alemán.
A partir de 1818 hubo agitaciones estudiantiles de carácter liberal y nacionalista protagonizadas por corporaciones de estudiantes llamadas Burschenschaften. En 1819, en Mannheim, Karl Ludwig Sand, un estudiante perteneciente a una de dichas corporaciones, asesinó “por traidor a la patria alemana” al dramaturgo August von Kotzebue. El estudiante fue detenido y ejecutado. Mediante los Decretos de Karlsbad del 20 de septiembre de 1819, el canciller austríaco Metternich prohibió estas corporaciones estudiantiles en los territorios de la Confederación Germánica e impuso vigilantes en las universidades y una férrea censura de prensa. Se desencadenó una fuerte represión de los elementos nacionalistas y liberales alemanes, lo que impidió que la agitación se transformara en una insurrección revolucionaria. La situación se controló hasta 1830.
En el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda, el movimiento radical que pretendía la transformación democrática de la “monarquía limitada” británica tuvo su episodio más violento en la Masacre de Peterloo del 16 de agosto de 1819.
El 16 de agosto de 1819, en la plaza de Saint Peter’s Field, en la ciudad de Mánchester, en el condado de Lancashire en Inglaterra, cuando el cuerpo de caballería de la milicia local (Manchester and Salford Yeomanry), por orden de los magistrados locales, cargó contra una multitud de unas 60.000 personas venidas de las ciudades y pueblos de lo que actualmente es el Gran Mánchester. Era una manifestación pacífica del movimiento radical, de tejedores y comerciantes con sus familias, venidos para escuchar a Henry Hunt, un destacado reformista político, entre otros. El objetivo de la manifestación era analizar la posible reforma de la representación parlamentaria en un sentido democrático, ya que en ese momento solo los terratenientes ricos podían votar. Fallecieron en total 18 personas, y hubo centenares de heridos, incluidos niños.

Ese día se produjo el peor incidente violento jamás ocurrido en una reunión política en Reino Unido. La masacre mostró los profundos temores de las clases privilegiadas a una inminente revolución jacobina en Inglaterra en los años posteriores a las guerras napoleónicas. Para los radicales y los reformistas, Peterloo vino a simbolizar la insensibilidad y la tiranía de los conservadores Tory.
Al cabo de dos días, toda Inglaterra conocía los hechos, y al cabo de una semana, todos los detalles de la masacre se discutían en las cervecerías, templos, talleres y hogares. Entre los reformistas, la reacción fue de indignación, cólera o compasión. Los radicales utilizaron la tragedia de la masacre y la injusticia de lo ocurrido para hacer propaganda de su propia causa.
Tras Peterloo, algunos culparon a los magistrados, mientras otros citaron la violencia de la multitud. Muchos atacaron el comportamiento de la Yeomanry por reaccionar exageradamente, ya que la reunión era pacífica, pero el gobierno británico estaba dispuesto a encubrir la masacre, encarcelando a los líderes reformistas y a los periodistas presentes en el acto, y reprimiendo a quienes hablaban contra el ejecutivo. La represión fue importante en el corto plazo.
A final de año se aprobaron las Seis Leyes (Six Acts), que restringieron en gran medida las libertades políticas para organizarse, reunirse o escribir a favor de la reforma, y se aumentaron los impuestos a los periódicos para que la clase obrera tuviera más difícil el poder leerlos.
El epicentro fue España con la sublevación o pronunciamiento del Tcol Rafael del Riego, puesto al frente de las tropas acantonadas en Las Cabezas de San Juan (provincia de Sevilla) y apoyado por otros oficiales, proclamó la Constitución de 1812 y detuvo al general en jefe del cuerpo expedicionario que pretendía embarcarse a América para sofocar los movimientos independentistas. A la espera de recibir apoyos del resto del ejército y de las ciudades más importantes, las tropas de Riego fueron avanzando por Andalucía sin decidirse a emprender una marcha clara en dirección a Madrid, pues encontraron poco apoyo y la intentona parecía que iba a terminar con el mismo fracaso que sus predecesoras.
Extensión a otros países de Europa meridional
Como ha destacado la historiadora italiana Silvia Sonetti, la Constitución de Cádiz, se convirtió en un modelo y en una referencia para todo el continente europeo, ya que abrió el camino a un recorrido constitucional y a una construcción nacional que no solo no se realizaba gracias a Napoleón, sino contra él, y desde una perspectiva no reaccionaria sino progresista. Así se convirtió en el punto de referencia más importante para los movimientos liberales del primer tercio del siglo XIX en Europa. Ponía en oposición la soberanía nacional con la legitimidad de la monarquía. A pesar de la derrota que supuso la restauración absolutista de 1814 impuesta por Fernando VII, la revuelta española y la Constitución de Cádiz se convirtieron muy pronto en una de las referencias ideológicas más poderosas del siglo XIX.

Italia
En Italia, la experiencia española de 1808-14 se convirtió en un ejemplo a seguir, ya que no solo se había establecido un régimen liberal, sino que se había puesto fin a la ocupación extranjera, una situación similar a la que después de 1814 vivía Italia bajo la hegemonía del absolutista Imperio austríaco. Por eso, en cuanto se tuvo noticia del triunfo de la Revolución en España, esta se convirtió “en el centro del debate político italiano”, especialmente en los dos principales Estados de la península italiana, el Reino de Nápoles (desde 1816, Reino de las Dos Sicilias) y el Reino de Piamonte, oficialmente Reino de Cerdeña; en Turín, capital del reino, circularon 20.000 ejemplares de la Constitución de Cádiz. Los dos sectores más receptivos fueron el Ejército y las Universidades. Una vez más se ponía de manifiesto la posibilidad de vincular a una revolución dos cuestiones diferentes: el problema de la independencia ante la influencia austríaca y la lucha por las libertades y contra el absolutismo.
Portugal: el triunfo de la Vila-Francada
Luis XVIII cumplió su compromiso y no invadió Portugal, pero la «expedición francesa de España» tuvo un enorme impacto sobre la política portuguesa, hasta el punto de que propició el fin de la revolución. Como ha destacado el historiador José Hermano Saraiva, «la evolución de la política española decidió la suerte de la primera experiencia constitucional portuguesa. La hizo nacer y la hizo morir».
En Portugal, el centro de la conspiración antiliberal estaba en la propia corte, ya que la encabezaba la esposa del rey, Carlota Joaquina de Borbón, hermana del rey español Fernando VII, y contaba como «brazo ejecutor» con el infante don Miguel, segundo hijo varón de los soberanos. Así, el 27 de mayo de 1823, una semana después de que las tropas francesas hubieran entrado en Madrid, don Miguel inició la revuelta absolutista conocida como la Vila-Francada. En la proclama de la misma, don Miguel dijo: «Es hora de romper el férreo yugo en que ignominiosamente vivimos». El yugo era el liberalismo. La suerte de la revolución portuguesa la decidió la guarnición de Lisboa cuando se unió a la sublevación. Al no contar con ninguna fuerza militar que las defendiera, las Cortes se disolvieron y el rey tuvo que aceptar los hechos consumados y abolir la Constitución de 1822. Prometió que promulgaría una nueva ley fundamental, siguiendo el modelo de la Carta Otorgada de la monarquía borbónica francesa, que garantizaría «la seguridad personal, la propiedad y los empleos». El rey nombró entonces un gobierno integrado por absolutistas moderados y liberales conservadores, lo que no agradó a su esposa, líder del absolutismo más radical, ni al infante don Miguel. Así que un año después organizaron una nueva revuelta que sería conocida como la “Abrilada”, cuyo fracaso obligó a don Miguel a abandonar el país, mientras que la corriente absolutista moderada respaldada por el rey se mantenía en el poder.
Ver Revolución Liberal en Oporto
Francia
Mientras que en España el Tcol Rafael del Riego estaba recorriendo Andalucía, intentando que triunfara su pronunciamiento, era asesinado en París el 13 de febrero de 1820 por un artesano bonapartista el duque de Berry, segundo hijo varón del conde de Artois y, por tanto, tercero en la sucesión al trono de Luis XVIII. El magnicidio provocó un endurecimiento de la represión interna. El primer ministro, el moderado duque de Decazes, dimitió y los siguientes gobiernos ultramonárquicos dirigidos por el duque de Richelieu y Jean-Baptiste de Villèle limitaron aún más las libertades civiles.

Frente a estos gobiernos reaccionarios, los liberales franceses se encontraban amordazados y toda acción política se veía abocada a la clandestinidad. Solo la Charbonnerie, sociedad secreta inspirada en los carbonarios italianos, preparó insurrecciones abortadas entre los oficiales liberales del ejército, que tuvieron lugar en Saumur (diciembre de 1821), Belfort (enero de 1822), Thouars (febrero de 1822) y Colmar (julio de 1822). Pero su mala organización y su falta de apoyo popular hicieron que todas ellas fueran descubiertas y reprimidas, sin llegar a producirse el pretendido levantamiento general.
Imperio ruso
El Imperio ruso, uno de los integrantes de la Santa Alianza junto a Prusia y Austria, fue el último Estado en ser alcanzado por la oleada revolucionaria de 1820. El zar Alejandro I, el promotor de la Santa Alianza, falleció el 1 de diciembre de 1825. Tras su muerte, un grupo de oficiales pertenecientes a sociedades secretas liberales y liderados por Muraviov y Pestel, conspiraron para evitar la coronación del heredero, su hermano mayor Nicolás, de conocidas opiniones reaccionarias, en beneficio de otro hermano, Constantino, del que se esperaba un gobierno más liberal. Constantino, en todo caso, no deseaba la sucesión; se había casado en secreto con una plebeya polaca y había pactado su apoyo a su hermano Nicolás, renunciando a sus derechos en 1822. Los rebeldes no aceptaron a Nicolás I y se rebelaron el 14 de diciembre (26 en el calendario gregoriano). La improvisación y mala organización facilitaron que fueran reprimidos brutalmente. Desde el fracaso de los decembristas se intensificó la autocracia zarista.
Grecia
Grecia estaba bajo el dominio del Imperio otomano desde la caída de Constantinopla (1453). En 1821, los griegos se levantaron contra los turcos. Hubo varios factores para explicar el levantamiento: resistencia de bandoleros patriotas llamados kleftes que vivían en las montañas del Peloponeso, llamado entonces Morea; el desarrollo de una burguesía comercial y culta con su propia flota; la presencia de una sociedad secreta nacionalista, la Filiki Eteria; y el papel jugado por el patriarca griego de Constantinopla.
En Europa, el levantamiento griego fue visto con mucha simpatía: nostalgia por la Antigüedad clásica entre la gente culta, apoyo de la religión cristiana frente a los otomanos musulmanes entre los conservadores, por la lucha por la libertad contra la opresión otomana entre los liberales y románticos, y por el auge de la idea del nacionalismo de aspiración de los pueblos con marcados rasgos identitarios a obtener un Estado propio.
Esto se hizo patente, además, en la Declaración de Independencia que proclamaron los griegos revolucionarios entre el 15 y el 27 de enero de 1822.
En 1822 parecía que los griegos iban a triunfar, pero divisiones internas y la intervención del bajá de Egipto, Mehmet (Mehmed) Alí, en apoyo del sultán otomano, dieron un giro a la situación. Los otomanos, con la ayuda de los egipcios, fueron derrotando a los rebeldes griegos poco a poco hasta 1827. Pero ese año las potencias europeas decidieron intervenir. El primer ministro del Reino Unido, Canning, el zar Nicolás I y el rey de Francia Carlos X, mediante el Tratado de Londres de 1827, enviaron escuadras a Navarino, donde estaba la flota egipcia de Mehmet Ali. El 20 de octubre comenzó la batalla y la flota egipcia fue derrotada. Al mismo tiempo, los ejércitos del zar invadieron los principados rumanos de Valaquia y Moldavia, y un ejército francés desembarcó en el Peloponeso. Entonces, los británicos decidieron establecer negociaciones de paz con el Imperio otomano para evitar la caída de Constantinopla en manos de los rusos.