¡Ayúdanos a mejorar el blog!
Si ves alguna palabra mal escrita, o frase que no tenga mucho sentido, es muy fácil hacérnoslo saber. Sólo tienes que seleccionar las palabras que te resulten sospechosas y pulsar las teclas CONTROL y ENTER. Se abrirá un formulario con el texto seleccionado, y con pulsar enviar recibiremos tu notificación.
También puedes abrir el formulario pulsando el siguiente botón
Guerra civil en el Gobierno griego (1823-25)
En diciembre de 1822 se volvió a reunir la Asamblea. Theodoros Kolokotronis, que por entonces ostentaba el poder práctico entre los rebeldes, se negó a que lo hiciese en Nauplia, que acababa de conquistarla y había sido designada capital. En respuesta, la Asamblea lo destituyó del mando supremo, que pasó a un comité de tres miembros. Kolokotronis reaccionó llevándose a varios miembros del Gobierno, lo que precipitó la huida del resto a la isla de Hidra, donde se formó un nuevo gabinete presidido por Georgios Kunturiotis, un rico armador. A partir del verano de 1823, las disensiones intestinas de los rebeldes eran cada vez mayores, debido en parte a la incapacidad otomana de invadir el Peloponeso. La diferencia fundamental enfrentaba a los partidarios del Gobierno, dominado por Kolokotronis, con los del Senado, sostenido por diversos de sus adversarios (otros notables peloponesios, Mavrokordatos y los isleños), si bien ambos partidos no estaban libres de rencillas internas.
La rebelión quedó así dividida en dos Gobiernos: el de la isla (BS), presidido por Kunturiotis pero dominado en la sombra por Mavrokordatos, y el de la península (SS), dominado por Kolokotronis.
En septiembre de 1823, al margen de la asociación de Lord Byron, quien había llegado a Cefalonia como enviado del Comité Filhelénico de Londres para mediar en la conclusión de un préstamo con banqueros ingleses, los dos bandos en pugna intensificaron sus esfuerzos para imponerse y hacerse cargo de la gestión del dinero. El SS buscaba consolidar su posición, mientras que BS trabajaba por su abolición y su sustitución por un nuevo SS que controlaría. Como parte de su esfuerzo, la SS trasladó su cuartel general de Salamina a Trípoli, invitando a la BS a hacer lo mismo, con el fin de organizar mejor las acciones necesarias de la administración griega para reclutar hombres que serían enviados a reforzar el asedio de Patras, pero también para la defensa general de Grecia occidental, que se veía amenazada por nuevas tropas turcas. Sin embargo, la Asamblea General se negó persistentemente a trasladarse, alegando la necesidad de organizar operaciones militares (campaña planificada en la isla de Eubea, fortalecimiento de la defensa de Mesolongi, coordinación de movimientos para el envío de un comité a Inglaterra para concluir el préstamo, etc.). De hecho, la Asamblea General votó a favor de trasladar su sede a Argos, pero permaneció en Salamina hasta principios de octubre de 1823.
Estalló la guerra civil entre las dos facciones; en junio de 1824, Kolokotronis hubo de ceder, entregar Nauplia, a cambio de una compensación monetaria y reconocer la autoridad de Kunturiotis. Sus partidarios perdieron el control de cuatro importantes plazas: Argos, Corinto, Trípoli y Nauplia. Este primer conflicto civil duró desde diciembre de 1823 hasta junio de 1824.
No obstante, antes de que concluyese 1824, se desató una nueva guerra interna, esta vez entre peloponesios e isleños, en la que Kunturiotis volvió a imponerse merced a un crédito británico que le permitió atraerse a ciertas bandas armadas. Los isleños contaban con la colaboración de soldados de Rumeli (las regiones de la moderna Grecia al norte del Peloponeso) que llevaron a cabo devastadoras correrías por el territorio de sus rivales. Los notables peloponesios habían aprovechado una revuelta antitributaria en Ciparisia para retomar las armas contra el Gobierno a finales de octubre, temiendo perder toda influencia en la zona, pero fueron vencidos por las fuerzas gubernamentales y se entregaron a estas a lo largo de enero y febrero de 1825.
El 23 de enero de 1825, todo había terminado. Kolokotronis, Theodoros Grivas, Georgios y Chrysanthos Sisinis, Sotiris e Ioannis Notaras, Deligiannaios y algunos otros fueron encarcelados en el monasterio del profeta Elías en la isla de Hidra. Asimakis Fotilas escapó del arresto, mientras que Paleon Patron Germanos fue arrestado por Nikoletos Sofianopoulos y, tras ser llevado a Gastouni, desde donde procedió a pie, un evento inaudito para un clérigo de tal cargo. Al mismo tiempo, Odysseas Androutsos, creyendo que se le concedería la amnistía, se entregó a las autoridades, fue trasladado a Atenas y encarcelado en la Acrópolis. Allí, tras ser torturado inhumanamente, fue estrangulado y arrojado desde la Acrópolis el 5 de junio de 1825 después de la medianoche. Se corrió la voz de que intentó escapar, pero la cuerda que usaba se cortó, por lo que cayó de la Acrópolis y fue aplastado. El responsable de su muerte fue su antiguo secuaz, Gouras.
Así, después de haber prevalecido completamente y de haber encarcelado a todos sus oponentes políticos, el gobierno pro británico de Kountouriotis entonces estaba libre para implementar su política y dirigir la revolución.
La intervención egipcia: la rebelión a punto de perderse
El equilibrio cesó con las intervenciones extranjeras, primero de los egipcios en favor del sultán, que estuvo a punto de dar al traste con el levantamiento griego, y luego de las potencias europeas, que sacaron a los rebeldes del apuro y aseguraron la independencia griega.
Para lograr la intervención egipcia, el sultán hubo de aceptar las exigencias del jedive Mehmet Alí: la cesión del bajalato de Creta y del gobierno del Peloponeso para su hijo Ibrahim bajá. Los egipcios sometieron primero a Creta en abril de 1824, donde los rebeldes también estaban muy divididos. Seguidamente, los egipcios asaltaron Kasos en junio, cuya flota los había hostigado durante las operaciones en la vecina Creta. En julio los turcos saquearon Psará, pero en agosto los barcos de Hidra y Spetses bloquearon a la flota enemiga en Bodrum y le impidieron apoderarse de Samos, que era su siguiente objetivo. A Bodrum llegó la enorme flota egipcia a finales de agosto. Las dos escuadras, otomana y egipcia, libraron una batalla naval el 10 de septiembre con la griega, en la que esta obtuvo una victoria indirecta al obligar al enemigo a que abandonase la campaña hasta el año siguiente. Los barcos otomanos retornaron a Constantinopla y los egipcios, a Creta.
A continuación y gracias a la pasividad de la flota griega, cuyos marineros hacía meses que no recibían las pagas y habían decidido regresar a sus hogares, Ibrahim pudo pasar al Peloponeso. El 24 de febrero de 1825 desembarcó 6.000 infantes y 50 jinetes al sur de la península, en la gran fortaleza veneciana de Modona. Pocos días más tarde, recuperaron la cercana Coron, que los griegos habían evacuado sin defenderla. A continuación, y nuevamente sin encontrar estorbo alguno, trasladó a otros 6.000 soldados de a pie y a 500 jinetes al Peloponeso a mediados de marzo.
Los griegos reaccionaron tarde: el 28 de marzo, Kunturiotis partió hacia el sur a defender Navarino, el siguiente objetivo de los egipcios, pero no llegó a sus alrededores hasta el 17 de abril. Las operaciones quedaron a cargo de un capitán de Hidra sin experiencia en la guerra terrestre; sus 6.000 o 7.000 hombres fueron vencidos por la mitad de los egipcios en Kremmidia, cerca de Navarino, el 19 de abril, lo que eliminó la posibilidad de auxilio para las guarniciones de Navarino (la vieja y la nueva fortaleza) y de la isla de Esfacteria que cierra la bahía homónima.
Entre abril y mayo, Ibrahim arrebató Navarino a los rebeldes y fijó en ella su base, antes de internarse en la península sin que las bandas griegas pudieran impedírselo. El Gobierno griego amnistió entonces a los encarcelados tras las guerras civiles de 1824 y entregó el mando de sus fuerzas a Kolokotronis. Intentó además implantar un sistema de reclutamiento general para formar un ejército nacional, que fracasó ante la oposición de los distritos que debían aportar los efectivos.
Los veteranos egipcios, disciplinados, batieron a las guerrillas griegas, incapaces de frenar su devastador avance. Los egipcios recuperaron Trípoli, que Kolokotronis había tratado de incendiar. En Navarino, los griegos incendiaron mediante brulotes una veintena de naves egipcias, pero esto no bastó para detener la marcha de las unidades de Ibrahim. Fracasó un audaz intento de quemar el resto de la flota enemiga en Alejandría. El 25 de junio, sin embargo, los griegos repelieron el ataque a Nauplia. A lo largo del año, los egipcios tomaron y saquearon las principales poblaciones de la península, a excepción de Nauplia y Monemvasía: Kalamata, Argos, Mistra y Gastouni, pero no pudieron someter firmemente el territorio. La campaña de ese año fue, en conjunto, victoriosa.
En Rumelia Oriental, el principal acontecimiento de 1825 fue la conquista y saqueo otomano de Ámfisa en mayo, que, sin embargo, abandonaron en noviembre. El resto de combates en la región fueron meras escaramuzas.
Tercer asedio de Mesolongi (15 de abril de 1825 al 18 de octubre de 1826)
Mientras Ibrahim Pachá avanzaba desde el suroeste, las fuerzas otomanas lo hicieron nuevamente desde el norte; ambas convergieron en la estratégica Mesolongi, que protegía el acceso al golfo de Corinto.
El sultán había elegido a su general más capaz, Mehmet Resit Pachá conocido como Kiuoutachis, a quien le otorgó plenos poderes, nombrándolo, al mismo tiempo, comandante en jefe (seraskeris) y comandante militar de toda la Sterea (Rumeli Valesis). Reshid Pachá, como también se le conocía por su origen de Kioutachia en Asia Menor, acampó en marzo de 1825 a las afueras de Ioánina, mientras que, con la ayuda del líder del éxodo G. Varnakiotis, instó a los cristianos a someterse, con la promesa de una amnistía escrita, por orden del sultán. Ante la gran amenaza que representaba la presencia de los Reshid Pachá, quienes, tras tres meses y medio de preparación, llegaron a Misolongi el 15 de abril de 1825 al frente de 30.000 turcos (20.000 combatientes, incluidos 3.000 zapadores), el comité griego de Grecia occidental emitió una proclama llamando a los habitantes de las provincias de Etolia y Acarnania a alistarse. Al mismo tiempo, aproximadamente 4.000 hombres (de los cuales 1.000 eran de edad avanzada) y 12.000 mujeres y niños se encontraban dentro de la ciudad.
El cerco de Anatolikon comenzó el 11 de abril, y el de Mesolongi, el 15 de abril. Sin embargo, los artilleros otomanos tardaron en disponer sus baterías. El 17 de mayo, tan solo habían colocado en posición 3 cañones y 2 obuses. Los defensores griegos hostigaban la tarea, ya que los otomanos tenían que trabajar bajo los disparos de los griegos.
Durante el mes de junio, 1.500 voluntarios bajaron de las montañas para reforzar la ciudad. Las defensas se habían reforzado tras el primer cerco de la ciudad, que contaba con 48 viejos cañones de hierro de distintos calibres. El Gobierno central había nombrado un comité de tres notables responsable de la defensa (dos comerciantes y un funcionario). Sin experiencia militar, habían delegado el mando en los diversos capitanes, que se reunían todos los días para acordar los planes defensivos. No obstante, el mando principal de la plaza lo tenía Notis Botsaris, que los coordinaba. El filoheleno suizo Johann Jacob Mayer publicaba en la ciudad una gaceta para mantener la moral de los habitantes. Este periódico se considera el primero de Grecia. A los sitiadores los abastecían desde Naupacto y Patras.
Durante dos meses, el cerco causó pocas víctimas en los dos bandos. Las brechas abiertas por los zapadores otomanos las cerraban la noche siguiente los civiles griegos, a los que se había confiado esta tarea (mujeres, niños y ancianos). En junio, una flota mandada por Giorgos Negkas reabasteció a los asediados. El 20 de junio, pudieron efectuar una salida. Los zapadores de los asediados hicieron estallar una mina en el muro de circunvalación que habían construido los ingenieros austríacos al servicio de los otomanos. El ataque permitió a los griegos matar un centenar de soldados enemigos.
Mientras las comunicaciones marítimas fueron posibles, los asediados recibieron provisiones y municiones del Peloponeso y de las islas jónicas. Pero, el 28 de junio, el almirante otomano Husrev bajá entró en la bahía con aproximadamente 55 bajeles turcos, egipcios y argelinos; la mayor parte transportaba municiones y provisiones, pero también llevaban nuevas piezas de artillería. Mesolongi quedó entonces aislada del resto de Grecia. Esta vez, fueron los otomanos los que recibieron abastecimientos. Rachid Pachá pidió a la ciudad que se rindiese. La respuesta de los asediados fue: «Las llaves de la ciudad cuelgan del extremo de nuestros cañones». El 2 de julio, una mina destruyó el bastión Botsaris y los otomanos intentaron penetrar en la ciudad. Fueron rechazados. Rachid Pachá solicitó de nuevo la rendición de la ciudad. Los defensores se contentaron con enviar alcohol a los otomanos, indicando que era para darles arrestos, porque les sería difícil tomar la ciudad. El 18 de julio, los sitiadores conquistaron el bastión Franklin y colocaron su bandera en el baluarte, lo que afectó a la moral de los sitiados. A pesar de todo, el contraataque griego impidió que los otomanos irrumpiesen en la población; al final del día, los griegos habían recuperado el bastión. Los combates causaron 500 muertos.
El 23 de julio, el almirante griego Andreas Miaoulis consiguió forzar el bloqueo y llevar provisiones a la ciudad. Atacó a la flota otomana con 40 barcos y algunos brulotes. Las naves otomanas se retiraron al puerto de Alejandría y abandonaron el bloqueo; las embarcaciones griegas destruyeron luego una parte de la flotilla de barcas de los sitiadores que ocupaba la laguna. Algunos días más tarde, las tropas mandadas por Georgios Karaiskakis, jefe militar de Grecia occidental, y Kitsos Tzavelas, acometieron a la retaguardia otomana; se organizó un ataque combinado contra el campamento de Rachid Pachá la noche del 25 de julio: la guarnición realizó una salida con un millar de hombres contra las trincheras otomanas, mientras que Karaiskakis atacaba por la retaguardia con 500 hombres. Envió luego tropas a reforzar la guarnición de Mesolongi, para socorrerlos.
El 19 de agosto, los griegos rechazaron un nuevo ataque al sector Franklin y desbarataron parte de las obras de asedio que los otomanos habían tardado tres semanas en realizar. El 28 de septiembre, Karaiskakis se apoderó en Anfiloquía de las vituallas destinadas a los otomanos. El 19 de septiembre, se produjo un nuevo asalto, nuevamente fracasado.
Como el sultán había concedido a Rachid Pachá hasta el Bayram (Aïd para los otomanos) para cumplir su misión, este intentó un último asalto desesperado que fracasó nuevamente. Sus tropas sufrían cada vez más hambre y enfermedades. Los soldados comenzaban a desertar y las salidas de los asediados minaban también la moral de sus tropas. El 18 de octubre de 1825, Rachid Pachá interrumpió el sitio y se retiró a un campo fortificado, situado a un kilómetro de la ciudad.
Cuarto asedio de Mesolongi (enero a abril de 1826)
El sultán había solicitado la ayuda de Mehmet Alí, su vasallo egipcio. Este último había enviado a su hijo Ibrahim Pachá, que había desembarcado en el Peloponeso el 26 de febrero de 1825 y lo había reconquistado. La derrota de Rachid Pachá ante Mesolongi reforzaba todavía más el brillo de sus victorias. Quiso acrecentar aún más su reputación y el prestigio de las tropas egipcias venciendo allí donde las tropas turcas habían fracasado.
A principios de octubre de 1825, escuadrones navales de todos los aliados otomanos zarparon hacia Alejandría, con una fuerza total de 145 barcos, que consistían en transportes y buques de guerra turcos, egipcios, argelinos y tripolitanos, mientras que también había varios bajo diversas banderas europeas. Al mismo tiempo, 8.000 infantes árabes, 1.200 jinetes y unos 800 turcos irregulares se reunieron en esta ciudad, entrenados bajo la supervisión de generales franceses, mientras que grandes cantidades de alimentos y municiones también habían llegado desde puertos franceses. Con todas estas fuerzas, Ibrahim pretendía tanto subyugar todo el Peloponeso como capturar Mesolongi.
Envió una parte de su flota a bloquear Mesolongi en noviembre de 1825; después atravesó el golfo de Corinto desde Patras con sus tropas y puso sitio a la ciudad el 24 de diciembre. Los trabajos de reparación de las fortificaciones dañadas por el último asedio no habían concluido aún. Numerosos habitantes, civiles que había que alimentar, habían vuelto al marcharse los otomanos. Ibrahim Pachá se mofó de Rachid Pachá, indicando que en ocho meses no había sido capaz de conquistar “el claustro”. Se refería de esta manera a las murallas de la ciudad. Afirmó que en quince días él lo lograría.
Hacia mediados de enero, Miaoulis consiguió nuevamente abastecer la ciudad. No obstante, la operación fue más difícil que las veces anteriores. La hacienda griega no contaba con fondos. Hacía falta escoger: pagar a los marineros para que transportasen los víveres desde Hidra o comprar la carga. Los marineros acabaron por renunciar a su paga y los filohelenos enviaron nuevas donaciones. Ante Mesolongi, la flota de Miaoulis se enfrentó a una fuerte oposición de la flota egipcia, pero consiguió a pesar de todo alcanzar la ciudad, aunque perdió algunos barcos en los combates.
El 12 de febrero, los trabajos de asedio habían concluido e Ibrahim bajá comenzó el bombardeo. Entre el 25 y el 27 de febrero, sus 40 cañones y obuses dispararon 8.000 balas y bombas sobre la ciudad. Los daños que causaron fueron considerables. En sus Crónicas helénicas (Ellinika chronika), Mayer, favorable a los asediados, informó que los obuses de los morteros mataron a decenas de personas. No obstante, los hombres de Ibrahim Pachá fueron incapaces de tomar los muros de la ciudad, a pesar de un triple asalto nocturno realizado a finales de febrero. Ibrahim Pachá tuvo que reconocer que no podría conquistar la plaza con sus solas fuerzas y solicitó ayuda a Rachid Pachá; la unión de los dos ejércitos selló la suerte de Mesolongi.
La flota de Ibrahim bajá logró bloquear completamente el puerto e impedir la llegada de todo nuevo abastecimiento a la ciudad, y los islotes que protegían la ciudad por el lado de la bahía cayeron en manos de los sitiadores. Vasilidi, defendido por un centenar de combatientes, cayó en manos de Hussein Bey, cuñado de Ibrahim Pachá, el 25 de febrero, después de que una bomba hiciese saltar por los aires un polvorín. La explosión dejó únicamente tres supervivientes. Dolma cayó el 2 de marzo y sus doscientos defensores perecieron. Anatolikon capituló el 3 de marzo; Ibrahim Pachá perdonó la vida a los defensores, con la esperanza de que Mesolongi siguiera el ejemplo del fuerte. Los dos Pachás intimaron nuevamente a la plaza a rendirse, pero la respuesta fue: «Moriremos, pero no nos rendiremos. Ocho mil armas ensangrentadas no se rinden». En realidad, los asediados exageraban su número para acobardar a los otomanos. El 3 de abril, Miaoulis se aproximó con una treintena de barcos para forzar el bloqueo naval, pero resultó derrotado y el almirante no pudo ya socorrer la ciudad. El bombardeo de los sitiadores prosiguió y la moral de la población empeoró.
El alto comisario de la República de las Islas Jónicas, Frederick Adam, intentó que se firmase un tratado de paz, en vano.
La situación se tornó desesperada para los defensores de la ciudad: morirían de hambre si permanecían en Mesolongi. Por el contrario, arriesgaban la vida si intentaban una salida, pero tenían una oportunidad de sobrevivir. Después de aproximadamente un año de resistir en la ciudad, los jefes griegos, Notis Botsaris, Kitsos Tzavellas y Makris, elaboraron un plan para escaparse. Georgios Karaiskakis tenía que atacar a los otomanos por la retaguardia para desviar así su atención y permitir a los asediados escapar de la ciudad. De los 9.000 habitantes, aproximadamente 7.000 estaban lo bastante fuertes como para tomar parte en el plan. Los que se quedaron, tanto los heridos graves que no podían moverse como algunos defensores dispuestos a sacrificarse, conocían la suerte que les aguardaba.

En la noche del 22 al 23 de abril, se formaron tres columnas, mandadas respectivamente por Botsaris, Tzavellas y Makris. Unos 2.000 hombres armados formaban tanto la vanguardia como la retaguardia. Entre ellas, se hallaba el tercer grupo, que reunía a 5.000 ancianos, mujeres y niños, también armados. Algunas mujeres iban vestidas de hombre, se habían armado y se habían unido a los hombres. Los sitiadores, sin embargo, parece ser que fueron advertidos por un desertor búlgaro. Ibrahim Pachá decidió dejar pasar a los griegos: prefería que abandonaran la ciudad y que esta quedase indefensa y enfrentarse a ellos en campo abierto.
Los asediados cargaron fuera ya de las murallas, bajo el fuego de los otomanos, que se hallaban en posición defensiva. Chocaron con las diferentes obras erigidas por los otomanos precisamente para obstaculizar toda salida de los defensores. Cuando cargó la caballería egipcia, la mayoría de los griegos entraron en pánico y se replegaron hacia la ciudad. Los soldados albaneses al servicio de los bajás los persiguieron. Aunque los soldados griegos lograron recobrar el orden, no pudieron evitar la matanza. De las 7.000 personas aproximadamente que habían intentado huir del cerco, solo aproximadamente 1.800 hombres y mujeres consiguieron hacerlo sanos y salvos.
A la mañana del día siguiente, Domingo de Ramos, los turcos y egipcios entraron en la ciudad. Los griegos ancianos y heridos dirigidos por Christos Kapsalis se dirigieron al polvorín y se volaron por los aires con sus reservas de pólvora, para evitar tener que rendirse.

Los supervivientes fueron asesinados o vendidos como esclavos. Los egipcios colocaron 3.000 cabezas cortadas en las murallas.
Los egipcios cesaron temporalmente las grandes operaciones militares tras la toma de Mesolongi por falta de medios: la flota otomana había regresado a Constantinopla y a Ibrahim apenas le quedaban 8.000 soldados de los 24.000 con los que había comenzado la campaña, de los que 1.500 estaban enfermos. La toma de Mesolongi le había costado 5.000 hombres.
Campaña en la Grecia oriental (Sterea oriental) en 1826 y 1827
Tras la caída de Mesolongi, la revolución en Grecia occidental se derrumbó. Mehmet Reshid Pachá, alias Kioutachis, hizo campaña en el Ática en la Grecia oriental.
Las fuerzas de Reshid Pachá, 2.000 infantes y 1.000 jinetes, se unieron a las de Omer Pachá en Kapandriti y el 1 de julio capturaron Liopesi, que estaba desprotegida mientras los jefes Yannis Davaris y Anagnostis Yannis Davaris estaban sitiando la Acrópolis, y el 3 de julio capturaron el monasterio de Petraki, Patisia, Sepolia y el Hani de Haseki. Desde el 3 de julio de 1826, Reshid Pachá con 10.000 jinetes, infantería y muchos cañones acampó cerca de Atenas. El 5 de julio los griegos capturaron la Colina del Museo, los turcos el Pnyx, la Santísima Trinidad y la Santa Marina. El 6 de julio, Agios Athanasios fue capturado en Thisio.
Los turcos rodearon Atenas y realizaron incursiones. 2.000 jinetes e infantería de Aslanbey se enfrentaron los días 10, 11 y 12 de julio con Kriezotis y Vassos, que marcharon desde Eleusis y obligaron al enemigo a retirarse quemando Magoula y Mandra.
El 11 de julio, los turcos capturaron la Colina del Museo y persiguieron a los griegos. Al día siguiente, Gouras contraatacó y expulsó a los turcos, quienes se retiraron al campamento del Monasterio de Petraki. Al día siguiente (13 de julio), los griegos, liderados por Gouras y Makrygiannis, irrumpieron desde la Acrópolis y pusieron al enemigo en fuga. Continuaron muchas otras escaramuzas.
Batallas en los alrededores de la Acrópolis
Desde el 3 de julio de 1826, Reshid Pachá, con 10.000 hombres de caballería, infantería y numerosas armas de fuego, había acampado cerca de Atenas. Karaiskakis partió de Nauplia el 19 de julio y llegó a Salamina con una fuerza que no superaba los 130 efectivos, debido a la incapacidad del gobierno para abastecerlo mejor. Además de la Acrópolis de Atenas, custodiada por Gouras, las posiciones de Kaza y Dervenochoria estaban custodiadas por dos jefes, Vasos Mavrovouniotis y Nikolaos Kriezotis, que habían rechazado todas las propuestas de rendición. Karaiskakis, tras consultar con ellos, estableció su cuartel general en Eleusis, donde logró en poco tiempo reunir a unos 1.000 peloponesios bajo el mando de George Heliotis, a quien puso bajo las órdenes de Fabiero. Así, con los destacamentos de soldados ya existentes, el ejército aumentó a 3.500 combatientes. Karaiskakis avanzó sin provisiones, con solo pan para tres días, y acampó en Haidari. Repelió un ataque, poniendo a sus enemigos en fuga, pero el 7 de agosto se acercó al campamento de Omer Pachá de Karystos con 5.000 infantes y 1.000 jinetes.
Karaiskakis, incapaz de hacer frente a esta fuerza de ataque, solicitó la ayuda de Faviero, pero incluso con su ayuda fue incapaz de hacer frente a los miles de jinetes e infantería de los turcos. Karaiskakis y Faviero discreparon sobre los métodos de batalla. Faviero con su ejército regular no quería luchar tras las fortificaciones como prefería Karaiskakis, especialmente cuando, como en este caso, no contaba con el apoyo de artillería competente. Faviero, insatisfecho, partió hacia Salamina, seguido por varios otros que estaban descontentos con el liderazgo de Karaiskakis. El campamento de Eleusis corría el peligro de quedar desierto.
Las fuerzas atenienses asediadas sumaban alrededor de 1.400 hombres, determinados a morir hasta el último hombre, inspirados por el ejemplo de Mesolongi. Todo el mes transcurrió con pequeñas salidas sorpresa de los asediados, con las que asestaron golpes a sus oponentes. El 3 de agosto, 5.000 turcos atacaron un punto débil en las murallas defendidas por 800 griegos y los obligaron a retirarse y acercarse a la Acrópolis. Los griegos continuaron sus descensos sorpresa. Dentro de la Acrópolis, a pesar de los éxitos de los asediados, la moral de los hombres del comandante de la guarnición de la Acrópolis, Yannis Gouras, se había erosionado y algunos querían desertar. Por esta razón, Gouras y los ancianos de Atenas querían que otro cuerpo entrara en la Acrópolis. Los jonios intentaron entrar dos veces, pero ambas veces fracasaron. Las dificultades aumentaban y todos esperaban la ayuda de Karaiskakis. Alrededor de la Acrópolis, las tropas al mando de Karaiskakis, Faviero, Mavrovouniotis y Kriezotis luchan con las tropas de Reshid Pachá.
El 30 de septiembre, el comandante de la guardia de la Acrópolis, Yannis Gouras, fue muerto por una bala enemiga. Reshid Pachá, intentando aprovechar esto, lanzó ataques al amanecer del 2 al 3 de octubre contra la posición de Liontari. Un nuevo ataque tuvo lugar al amanecer del 7 de octubre, que se convirtió en una batalla de dos horas, la más larga hasta ese momento, sin resultado. Los enfrentamientos cuerpo a cuerpo continuaron con descansos hasta la tarde. Por la mañana, los griegos volaron sus alcantarillas y, aprovechando el aturdimiento de los sitiadores, causaron varias bajas al enemigo. En el segundo ataque turco, Makrygiannis, entre otros, resultó herido, entre sus defensores. Después de esta batalla, dos mensajeros lograron entrar en la Acrópolis y anunciar que Karaiskakis y los Souliotes se estaban moviendo contra el campamento enemigo y que Kriezotis y Mamouris se estaban preparando para llegar a la Acrópolis mientras Fabieros marchaba hacia Oropos.

Karaiskakis propuso que Kriezotis entrara en la Acrópolis con sus hombres. El 12 de octubre, Kriezotis y 450 de sus hombres lograron llegar a la colina de Filopapo sin ser detectados y desde allí, tras poner en fuga a los pocos turcos que custodiaban el punto, ascendieron sanos y salvos a la Acrópolis. Karaiskakis simultáneamente intentó una distracción en Patisia. El 17 de noviembre, los sitiados solicitaron pólvora al gobierno. De hecho, el propio Makrygiannis salió a transmitir la petición. La operación de abastecimiento de los sitiados fue asignada por el gobierno a Favieros, quien se encontraba en ese momento en Megara.
Favieros, respondiendo a la invitación, junto con dos batallones de infantería, los filohelenos y los artilleros, un total de 480 hombres, llegaron desde la zona de Treis Pyrgoi (Tres Torres, puerto de Falero), portando pólvora. Poco antes de la medianoche, los hombres de Favieros, mientras se encontraban en la zona entre la Colina de las Musas y el Odeón, fueron detectados por la guarnición turca y se enzarzaron en un combate cuerpo a cuerpo. Los hombres de Kriezotis, que custodiaban esta parte de la Acrópolis, inicialmente malinterpretaron la situación y comenzaron a disparar. Sin embargo, rápidamente se dieron cuenta de lo que estaba sucediendo y acudieron en ayuda de los griegos. El enfrentamiento causó la muerte de 100 griegos y 25 heridos; sin embargo, la operación fue un gran éxito, ya que el abastecimiento de los sitiados era fundamental.
Mientras tanto, Karaiskakis decidió marchar con algunos cuerpos a las provincias de Sterea (Grecia central), para alentar a los habitantes, expulsar a las guarniciones turcas y obligar a Reshid Pachá a marchar tras él, dejando así pocas fuerzas en Atenas. Mientras Karaiskakis se movía hacia el oeste, el cuerpo traco-macedonio cortaba las comunicaciones de las fuerzas turcas. El 25 de octubre, transfirió a Eleusis una fuerza capaz de mantener esta posición y permitió que Vasos Mavrovouniotis, que había dejado Roumeli con 2.500 guerreros, la liderara. La fuerza era pequeña, pero estaba formada por los mejores hombres que Grecia tenía en ese momento y, sobre todo, veteranos que se habían distinguido durante la salida de Mesolongi. Además, nuevos combatientes particularmente queridos por Karaiskakis emergieron en esta campaña, como Gardikiotis Grivas y Hadjipetros. La ausencia de Karaiskakis de Ática duró cuatro meses.
A mediados de enero de 1827, varios oficiales escribieron cartas solicitando la presencia de Karaiskakis en la Acrópolis. Su presencia en la zona era necesaria debido a la rápida llegada de varias tropas turcas. Los turcos, compuestos por 2.000 infantes y 600 jinetes, intentaron dispersar a las tropas griegas ubicadas en Kamatero y marcharon contra ellas. El 27 de enero, golpearon sus tambores con tres cañones, lo que inmovilizó a los griegos en Faliro y les impidió ayudar a los griegos restantes. Inmediatamente después, capturaron Eleusis y los griegos huyeron. Las pérdidas fueron graves, con 500 muertos.
Tres días después, la derrota griega en Kamatero fue compensada por su victoria en Kastella y el fracaso de Reshid Pachá y sus 4.000 soldados de infantería y caballería contra los griegos, que contaban con el apoyo de artillería desde tierra y barcos desde el mar.
Se libró una batalla en las Tres Torres (puerto de Falero), que había sido capturada y fortificada por los griegos. Reshid Pachá se apresuró a llegar a la posición el 20 de febrero. La batalla duró todo el día, pero al anochecer los griegos abandonaron sus posiciones y se retiraron a Castella. Así, los turcos capturaron Castella. De esta manera, el campamento griego se fue creando gradualmente fuera de la Acrópolis, compuesto por 11.000 hombres, de los cuales 1.500 provenían del sur de Grecia y el resto de Macedonia, Tracia, Épiro y Tesalia.
La Asamblea Nacional de Trecén
El 11 de febrero de 1827 se reunió la Tercera Asamblea Nacional griega en Trecén, que comenzó y terminó en medio de gran discordia, desconfianza e inquietud, según relata Trikoupis. Tasos Vournas señala que los ingleses intentaron contrarrestar el nombramiento de Theodoros Kapodistrias como gobernador de Grecia con el nombramiento de Richard Church como jefe de las fuerzas militares y de Thomas Cochran como jefe de la armada. Nada más llegar a suelo griego, Thomas Cochrane pronunció un lírico discurso en el que anunció que estaba deseando cenar en la Acrópolis de Atenas. Levantó un estandarte que había preparado, con el búho de Atenea sobre fondo azul y blanco. Prometió una recompensa de 1000 dólares a la primera persona que hiciera ondear esta bandera sobre la Acrópolis. También prometió izar la bandera griega sobre Santa Sofía muy pronto y así liberar Constantinopla.
Los dos líderes del ejército y la armada no fueron bien recibidos por todos. Makrygiannis relata en sus memorias la reacción de Georgios Karaiskakis al enterarse del nombramiento de los dos líderes del ejército y la armada: «Levántate y vámonos porque quieren comernos». Sin embargo, todas las expectativas de las autoridades griegas se vieron reflejadas en la acción prevista de los dos oficiales superiores, en particular en cuanto a la liberación de los combatientes prisioneros de la fortaleza de la Acrópolis del asedio de Reshid Pachá.
El regreso de Karaiskakis al Ática tras su campaña en Grecia Central
Karaiskakis regresó a Eleusis el 23 de febrero. Cuando partió para su campaña el 25 de octubre, toda Grecia Central estaba sometida a los turcos; a su regreso, desde Amvrakikos hasta Atenas no se veía ninguna bandera otomana en ninguna parte, excepto en las fortalezas costeras de Vonitsa, Mesolonghi y Nafpaktos. Aunque Karaiskakis ya había logrado liberar Dístomo en febrero de 1827, que consideraba de importancia estratégica para los demás campamentos de Grecia central, priorizó la captura de la Acrópolis en Atenas. Tras su último éxito en Dístomo, Karaiskakis fue llamado a asumir el liderazgo. Por lo tanto, partió triunfalmente desde allí el 23 de febrero y llegó a Keratsini el 2 de marzo.


La llegada de Karaiskakis fue recibida con entusiasmo, porque todas las esperanzas de la salvación de la Acrópolis estaban puestas en él. Tanto el gobierno como Karaiskakis sabían que, si caía la Acrópolis, todo el continente sería sometido. Para ello, Karaiskakis y el gobierno habían reforzado el campamento eleusino con 6.000 hombres, dos fragatas a vapor, la Hellas y la Karteria, y numerosos barcos menores. Este refuerzo fue posible gracias a las ofertas filohelenas tras la caída de Mesolongi y a la ejecución del pedido de barcos y municiones con el dinero del segundo préstamo.
Karaiskakis dejó la mayor parte de su ejército en Mesolongi y regresó con tan solo 1.000 hombres. Consideraba que tanto su primer ejército en el Ática como el de Rumelia eran obra exclusivamente suya, ya que no habían sido suficientemente reforzados por el gobierno.
Los éxitos de las tropas griegas en Keratsini y Kastella contribuyeron en parte al logro de este objetivo. Cabe destacar que la fuerza total en las costas de El Pireo y Falero (Faliraki) rondaba los 10.000 combatientes, la mayor que se había podido reunir durante la lucha griega, con el mayor número de jefes reunidos hasta entonces en un campamento común para lograr el mismo objetivo. Estaba compuesta por cuerpos regulares, unidades insulares y cretenses, guerreros bajo Dimitrios Kallergis, peloponesios bajo las órdenes de Gennaios Kolokotronis, los hermanos Notaras y otros capitanes rumelios y suliotas.
Los ingleses llegaron al golfo de Salamina a principios de abril y formularon su plan: un ataque inmediato y general contra las fuerzas otomanas y, posteriormente, la liberación de la Acrópolis sitiada.
Esta estrategia se oponía a la generalmente seguida por los irregulares griegos, consistente en una guerra de posiciones utilizando trincheras improvisadas (tambouria) para obligar al enemigo a atacar cortando sus comunicaciones y suministros, y evitando enfrentamientos en terreno abierto o cuerpo a cuerpo. Por lo tanto, Karaiskakis se opuso al plan de Cochrane, argumentando que las tropas estarían a merced de la caballería otomana en la llanura entre el mar y la Acrópolis. Cochrane, con su reputación y experiencia, insistió: «Donde yo mando, toda otra autoridad cesa». Siguió pidiendo tropas a Church.
El plan de Karaiskakis era enviar barcos y tropas a Oropos, cortar el transporte de suministros a los turcos (que entonces recibían suministros de Eubea) y ocupar las aldeas del Mediterráneo, para que el ejército enemigo quedara atrapado en el fuego cruzado de los griegos. Preveía el bloqueo de Reshid Pachá, para verse obligado a levantar el asedio de la Acrópolis debido a la falta de víveres y municiones.

El 13 de abril, un ataque combinado de tropas griegas de las ciudades de Keratsini y Muniquia, y un desembarco de spetsiotas (de la isla de Stepsis), lograron apoderarse de los alrededores del monasterio de San Espiridón, en el que se encerró una guarnición albanesa, lo que permitió a los dos bandos griegos unir sus fuerzas y abrir el camino hacia Atenas. Thomas Cochrane relata en sus Memorias que participó en esta acción, cargando contra una salida otomana armado solamente con su catalejo y provocando así un contraataque griego. Esta habría sido su primera acción en Grecia.
Para Cochrane, el siguiente paso era atacar a las tropas otomanas que sitiaban Atenas, pero Karaiskakis se negaba a ir más lejos mientras el monasterio siguiera en manos enemigas. Por ello, Cochrane se mostró partidario de asaltar el monasterio, mientras que los griegos preferían una rendición negociada.
El 13 de abril por la tarde, los griegos, liderados por Karaiskakis y Gennaios Kolokotronis, partieron de Keratsini con fuerzas de esta ciudad y de Muniquia, y un desembarco de spetsiotas atacó las fortificaciones enemigas, que se extendían desde Falero hasta el puerto de El Pireo, el cual capturaron. Una sección del enemigo se refugió en el monasterio de San Spiridon en el puerto de El Pireo. La captura del monasterio fue de importancia estratégica en el contexto del esfuerzo por intensificar el bloqueo de Reshid Pachá. Karaiskakis era partidario de la negociación, mientras que Chrochane era partidario de un asalto.
Los griegos rodearon a los turcos encerrados en el monasterio y luego solicitaron negociaciones. Sin embargo, las dos veces que enviaron negociadores, fueron recibidos con disparos. Finalmente, los turcos se rindieron el 16 de abril, debido al hambre, después de tres días de confinamiento, con la condición de que entregaran sus armas, y subieron a un barco griego. Pero cuando los soldados se enteraron, acusaron a Karaiskakis y a los demás líderes de estar pagados por los turcos. En este estado psicológico, y con motivo de un incidente en el que un turco-albanés, intentando defender sus pertenencias, disparó a un ladrón, atacaron y mataron a 200 de los 300 turcos que se habían rendido. Karaiskakis se sintió indignado por la violación de los acuerdos.
El 21 de abril, mientras Karaiskakis se disponía a construir un fuerte cerca de Dafni, pero debido a la morfología del terreno, se vio obligado a abandonar el lugar. Como se había programado desde el principio, el 23 de abril se libraría el ataque griego. Así pues, los griegos descansaron el 22 de abril y se ordenó a todos que guardaran silencio.
El 22 de abril, al mediodía, una escaramuza en Faliro, en la que se vieron envueltos turcos-albaneses, isleños y cretenses, llevó a Karaiskakis, aunque enfermo, al campo de batalla. Karaiskakis acudió al lugar con el objetivo de calmar los ánimos y poner fin al conflicto. Makrygiannis le pidió que se retirara del combate, y él respondió que solo lo haría si ocupaba su lugar.
En este combate, los turcos-albaneses se encontraban tras un prado. Con ventaja, lograron repeler a los griegos. Sin embargo, algunos de ellos, que se habían fortificado en un arenal, comenzaron a retirarse. Alguien los vio y gritó: «¡Salen los turcos!» Los griegos que luchaban, sin embargo, creyeron que venían refuerzos para los turcos, así que comenzaron a retirarse, temiendo que estos se estuvieran volviendo más numerosos. Al mismo tiempo, algunos turcos (infantería y caballería) llegaron escoltando artillería.
Karaiskakis, aunque inicialmente había acudido para detener el tiroteo, finalmente se vio obligado a participar en la batalla. Sin embargo, como iba a caballo, vestía ropas distintivas y siempre iba acompañado, los turcos lo detectaron y le dispararon; se vio obligado a retirarse, lo que sembró el pánico en el resto del ejército. Entre Kastella y la desembocadura del Kifissos, Karaiskakis fue herido mortalmente en el abdomen por un jinete turco y fue trasladado a un barco, donde recibió primeros auxilios por parte del médico suizo Louis-André Gosse. En sus últimos momentos, amonestó a los líderes presentes y los instó a luchar tenazmente por su patria. Murió el 23 de abril, día de su festividad, a los 45 años, a las 8 de la mañana, tras hacer testamento. Al día siguiente fue enterrado con grandes honores en la iglesia de San Demetrio. La pérdida del líder fue trágica para los griegos al día siguiente de su muerte, pues ningún otro líder tenía tan buenas habilidades estratégicas como él para contener un ejército desordenado. Kitsos Tzavelas fue nombrado líder temporal de los griegos.

Batalla de Falero o de Analatos (24 de abril de 1827)
Ese mismo día de la muerte de Karaiskakis, se celebró una reunión de los jefes bajo el liderazgo de Cochran y Curch. Se señaló que en la batalla del día siguiente, todos debían luchar como si Karaiskakis estuviera con ellos. Sin embargo, Cochran no había comprendido el declive de la moral en el ejército. Además, no todos los jefes habían asistido a la reunión y, de los que ya habían llegado, ninguno estaba listo para la batalla. Entonces Cochran se enojó y dijo que abandonaría Grecia, porque no estaban dispuestos a luchar, como se había decidido, el asalto al campamento turco en Analatos.
Cochrane tuvo que ceder en parte. Parte de las tropas (2.500 a 3.000 hombres, dependiendo de la fuente, toda infantería, incluyendo unos 250 soldados regulares y tropas irregulares, así como filohelenos) serían transportadas desde El Pireo a la bahía de Falero, mientras que el grueso de las tropas permanecería en apoyo en el flanco occidental de la columna que marcharía sobre Atenas, que realizaría un contraataque desde la Acrópolis.
En la noche del 23 al 24 de abril, el grupo embarcado liderado por los Ioannis Makrygiannis y los atenienses y otros jefes como Vasos Mavrovouniotis, Ioannis Notaras, Panayis Notaras, Dimitrios Kallergis, Christodoulos Mexis, Ioannis Mitsas, Kostas Botsaris, Lambros Veikos, Georgios Drakos, G. Tzavelas, Athanasios Botsaris, K. Tzavelas, N. Zervas y regulares bajo el mando de Iglesis, desembarcaron cerca de la zona de Treis Pyrgoi (Tres Torres) para ofrecer resistencia a Reshid Pachá.
Llegaron allí 2 horas antes del amanecer e intentó abrir trincheras improvisadas (tambourias) en posiciones completamente inadecuadas. Los suliotas corrieron a la posición indicada por Makrygiannis y después de rodearla, se dieron cuenta de que no era adecuada. La abandonaron y ocuparon otra, también inadecuada, y cavaron apresuradamente sus trincheras con los pocos picos y palas disponibles. Allí se situaron Veikos, Drakos, Kostas Tzavellas, los filhelenos, Kallergis con los cretenses y algunos otros. Tras ellos, ocuparon tres posiciones, excavadas toscamente y con imperfecciones. Allí se asentaron Ioannis Notaras, Inglesis con los regulares y la artillería, P. Notaras y algunos atenienses, liderados por Nikolaos Zacharitsa. Tras ellos, se situaron Vassos Mavrovouniotis y, en un corral, Kostas Botsaris. Tras el recinto, se fortificó una posición, situada entre viñedos y una colina cerca de la iglesia de Agios Georgios, junto a la playa, donde Christodoulos Mexis se asentó con guerreros de Poros y Kranidi.
El desembarco salió mal, con Church y Cochrane permaneciendo a bordo de los barcos; las tropas carecían de un mando unificado: los distintos capitanes y sus hombres actuaron sin coordinación, las tropas no tenían suficientes picos y palas, y no se había realizado un reconocimiento topográfico previo del terreno a ocupar. Se basaron únicamente en lo que les contaba Makrygiannis.
Al amanecer, Reshid Pachá concentró sus tropas al pie de la colina de Filopapos en Atenas, envió fuerzas a Eleonas y El Pireo para mantener estacionadas a las divisiones griegas desde Keratsini hasta El Pireo. Mando otra fuerza para impedir una salida desde la Acrópolis. Envió 600 jinetes para que, eludiendo la vanguardia, impidieran que llegaran refuerzos. Al mismo tiempo, ordenó a la artillería turca, situada en una colina más allá del templo de Zeus Olímpico, hacia los accesos a Himeto, para que entrara en acción.
Finalmente, muchas otras fuerzas turcas comenzaron a llegar desde Patisia para reforzar las fuerzas mencionadas. Mientras tanto, en la Acrópolis, los griegos asediados no hicieron ningún movimiento, a pesar de lo que habían prometido. Esto se debió a que los asediados no tenían fuerzas suficientes para llevar a cabo el ataque contra los turcos o al miedo que les inspiraba la gran cantidad de enemigos.
Al mediodía, Reshid Pachá, tras comprobar que no había movimiento desde la Acrópolis y, por lo tanto, su retaguardia estaba a salvo, ordenó a la artillería turca bombardear las posiciones griegas en Analatos y ordenó a los turcos y a la infantería asaltar la primera trinchera griega con 2.000 de infantería y 600 jinetes. Esta primera posición estaba ocupada por souliotas y cretenses que dispararon sus fusiles y se defendieron con espadas y cuchillos. G. Drakos y D. Kallergis fueron hechos prisioneros con heridas graves; solo 25 lograron escapar y todos los demás, que eran más de 300, murieron.

Luego los turcos atacaron la siguiente posición, que era la fuerza regular de Inglesis. Consiguió detener al enemigo, pero no pudo aguantar la carga de caballería y sucumbió. De los 180 regulares, 156 murieron y los 24 restantes consiguieron huir, siendo perseguidos por la caballería hasta el mar, donde no pudo acercarse, ya que los cañones de los barcos griegos la mantenían alejada de la costa, donde los supervivientes llegaban en busca de ayuda. Las demás fuerzas, confinadas a las posiciones restantes, huyeron en desorden hacia la playa.
La batalla duró una hora y la persecución de fugitivos duró tres horas.
Mientras tanto, los 7.000 hombres de Tzavelas y el ala izquierda permanecieron inactivos, observando la destrucción de los demás griegos. Finalmente, los hombres del ala izquierda abandonaron sus posiciones y se dirigieron hacia el istmo.
Church y Cochrane observaban los acontecimientos desde la fragata Hellas. Cochrane propuso abordar rápidamente a todos los griegos en la costa formando una especie de puente flotante con una serie de botes que tocaran la playa hasta los barcos. Sin embargo, se le recalcó que esto era muy peligroso porque los griegos no estaban entrenados para tales acciones y existía el riesgo de que muchos botes volcaran. El traslado finalmente se llevó a cabo con muchos botes y remando a toda velocidad.
Así, con la victoria de Reshid Pachá, finalizó la batalla de Falero o de Analatos. El número de muertos alcanzó los 1.500 hombres, que permanecieron insepultos. Entre los fallecidos más destacados se encontraban Lambros Veikos, Ioannis Notaras, Kitsos Tzavelas, G. Tzavelas, Fotos Fotomaras, Inglesis, Tousias Botsaris, el ateniense Simeón Zacharitsas y los oficiales filohelenos Delourdouis y Lefevre, mientras que Georgios Drakos y Dimitrios Kallergis fueron capturados. Los aproximadamente 150 prisioneros, entre los que se encontraban Tselepis de Egina y muchos filohelenos, fueron decapitados por orden de Kioutachis y 240 cabezas se enviaron como trofeos a Constantinopla.
Las pérdidas otomanas fueron significativas, especialmente en las fortificaciones de suliotas y los regulares de Inglesis, las bajas del bando turco. De hecho, el líder de la caballería turca también murió, mientras que Reshid Pachá, que se había acercado mucho al campo de batalla, resultó herido en la mano.
Una pequeña fuerza mandada por Church logró resistir durante tres semanas en El Pireo antes de verse obligada a retirarse, perdiendo así la cabeza de playa en el Ática. Sugirió que la guarnición de la Acrópolis se rindiera. Tras una larga negativa alegando que disponía de reservas de agua, víveres y municiones, finalmente cedió, argumentando que si no podía ser rescatada por 10.000 hombres comandados por dos héroes británicos, nunca podría serlo. El 5 de junio de 1827, los defensores de la Acrópolis capitularon, obteniendo permiso para unirse al campamento griego. El almirante francés Henri de Rigny fue nombrado garante de la aplicación de la convención de rendición; el general otomano tomó medidas para garantizar la seguridad de la guarnición y de los civiles, llegando incluso a ejecutar a dos de sus soldados que incitaron a sus camaradas a atacarlos.
En general, se culpó a la guarnición por rendirse mientras estaba en posesión de provisiones, a diferencia de la de Mesolongi, que había resistido hasta el final el año anterior: surgió una polémica y los distintos comandantes implicados intentaron trasladar a otros la responsabilidad de la rendición; Charles Nicolas Fabvier estuvo a punto de ser linchado en Poros, tras la publicación de un artículo acusatorio por parte de sus colegas griegos.
Surgió nuevamente el problema de qué estrategia adoptar. Se decidió, como había sugerido Gordon el año anterior, cortar las líneas de comunicación y suministro del ejército otomano. Thomas Cochrane intentó, pero sin éxito, atacar el puerto egipcio de Alejandría para bloquear los refuerzos que pudieran enviarse a Grecia. Luego, Frank Abney Hastings con su Kartería acosó a los barcos otomanos. Esto llevó a Ibrahim Pashá al límite y fue una de las causas de la batalla de Navarino.
Ambos comandantes, Cochrane y Church, fueron culpados por permanecer a bordo de los barcos y por elegir una estrategia de asalto directo. Se criticó la arrogancia de uno y la debilidad de decisión del otro. Habían sido contratados por el gobierno griego para unir las tropas y la marina bajo un solo mando. Tras el desastre de Falero, fueron un nuevo factor de división. La pérdida de prestigio de los comandantes británicos y la desaparición de líderes unificadores como Karaiskakis abrieron un nuevo período de anarquía en el campamento griego: Fabvier, jefe del ejército regular, habiendo regresado a su base en Metana, se negó a reconocer la autoridad de Church; algunos comandantes griegos lucharon por las fortalezas que aún estaban en sus manos.
El levantamiento estaba a punto de ser sofocado cuando la situación cambió repentinamente por la intervención de las grandes potencias.
Tratado de Londres de 1827
Las potencias esperaban que la rebelión fracasase, pero, al persistir, tuvieron que actuar, incitadas por la opinión pública, favorable a los rebeldes griegos por una mezcla de motivos religiosos (defensa de los cristianos frente a los musulmanes) e históricos (algunos veían a los rebeldes como herederos del apogeo clásico griego frente a la barbarie que identificaban con los turcos). Los rumores de que Ibrahim Pachá pretendía exterminar a la población griega peloponesia y asentar en la península campesinos egipcios alarmaron a las potencias, que a mediados de 1825 comenzaron a sopesar intervenir en el conflicto. Para los británicos, el conflicto causaba problemas comerciales y políticos en las islas jónicas, que poseían desde las guerras napoleónicas, y suscitaba el temor de una Grecia autónoma o independiente ligada a Rusia. Británicos y rusos pactaron el Protocolo de San Petersburgo del 4 de abril de 1826, en el que decidieron mediar entre los bandos enfrentados para lograr que el alzamiento concluyese con la autonomía griega en el seno del Imperio otomano.
Al tiempo que los rusos estaban en tratos con los británicos, obtuvieron concesiones del sultán en el Tratado de Akkerman, consecuencia de un nuevo ultimátum a Constantinopla presentado el 17 de marzo de 1826 y en el que habían exigido la evacuación otomana de los principados del Danubio. El sultán, enfrascado en la supresión de los jenízaros, tuvo que ceder a las pretensiones rusas. Rusia devino una potencia protectora de Serbia y los principados del Danubio, lo que luego le permitió intervenir en la política de estos territorios.
Cuando los griegos se avinieron a solicitar la mediación de las potencias en abril, los otomanos y egipcios, que veían la victoria al alcance de la mano, rehusaron hacerlo. Ante la negativa, las tres grandes potencias de la época (Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda, el Reino de Francia y el Imperio ruso) iniciaron negociaciones sobre un tratado para “restablecer la paz entre las partes contendientes mediante un acuerdo”.
El Tratado de Londres, firmado el 6 de julio de ese mismo año, ofrecía la mediación de las tres potencias, exigía un armisticio inmediato y preveía la creación de un Estado griego con “dependencia de Turquía”. También se afirmaba que, si el sultán rechazaba el armisticio, los aliados utilizarían la fuerza adecuada para asegurar su adopción.
En agosto de 1827, las potencias volvieron a ofrecer su mediación y el resultado fue el mismo: los griegos la aceptaron mientras que los otomanos la rechazaron. Una cláusula secreta del acuerdo estipulaba que, si los otomanos no aceptaban el armisticio en el plazo de un mes, cada potencia firmante enviaría un cónsul a Nauplia, capital de la República Helénica, otorgando así un reconocimiento de facto al gobierno rebelde, algo que ninguna potencia había hecho hasta entonces. La misma cláusula autorizaba a los firmantes a instruir, en conjunto, a sus comandantes navales en el Mediterráneo a “adoptar todas las medidas que las circunstancias sugieran” (es decir, incluida la acción militar) para hacer cumplir las demandas aliadas, si los otomanos no cumplían dentro del plazo especificado. Sin embargo, la cláusula añadía que los comandantes aliados no debían tomar partido en el conflicto.
Las potencias ordenaron entonces a sus flotas desplegadas en el Mediterráneo que bloquearan los suministros a las tropas de Ibrahim Pachá.

Batalla naval de Navarino (20 de octubre de 1827)
En de agosto de 1827, el comandante en jefe naval británico en el Mediterráneo, el vicealmirante Edward Codrington, veterano con 44 años de experiencia en el mar y héroe popular por su papel en la batalla de Trafalgar, recibió instrucciones de su gobierno respecto a la aplicación del tratado. Codrington no podría haber sido menos idóneo para una tarea que requería gran tacto. Marinero impetuoso y combativo, carecía por completo de fineza diplomática, cualidad que despreciaba y atribuía con desdén a su homólogo francés, Henri de Rigny. También simpatizaba con la causa griega, habiendo adherido al Comité Filhelénico de Londres.
Las instrucciones del vicealmirante Codrington consistían en imponer y hacer cumplir un armisticio a ambos bandos e impedir el flujo de refuerzos y suministros desde Asia Menor y Egipto a las fuerzas otomanas en Grecia. Debía usar la fuerza solo como último recurso.
La bahía de Navarino es un gran puerto natural en la costa oeste de Mesenia, en el suroeste del Peloponeso. Tiene aproximadamente 5 km de largo (entre los cabos) y 3 km de ancho. La bahía está protegida del mar abierto por un islote largo y estrecho, Sphacteria. Este islote deja dos entradas a la bahía. Debido a un banco de arena, la del norte es muy estrecha y poco profunda, de 100 m de ancho y solo 1 m de profundidad en algunos lugares, intransitable para grandes embarcaciones. La del sur es mucho más ancha, 1.500 m, con un paso efectivo de 1.000 m de ancho debido a las rocas. La entrada sur estaba en ese momento custodiada por la fortaleza de Nueva Navarino (Pilos) en poder de los otomanos. Durante la insurgencia griega, la bahía fue utilizada por la armada otomana como su principal base operativa en el Peloponeso.
Una gran flota otomana-egipcia, a la que los británicos y franceses habían advertido que se mantuviera alejada de Grecia, partió de Alejandría el 5 de agosto de 1827 y se unió a otras unidades otomanas en Navarino el 8 de septiembre. En respuesta, Codrington llegó con su escuadrón a Navarino el 12 de septiembre. En conversaciones el 25 de septiembre con Ibrahim Pachá y el almirante otomano, no obtuvo promesas verbales explícitas de que cesarían la operación ofensiva. Sin embargo, Codrington logró que el pashá se comprometiera a un alto el fuego hasta que se dieran nuevas instrucciones del sultán. [Después de estas conversaciones, Codrington se retiró a la cercana isla jónica de Zante (Zakynthos), controlada por los británicos, dejando una fragata frente a Navarino para vigilar a la flota otomana.
Pero los otomanos pronto violaron estos entendimientos. Ibrahim estaba indignado de que, mientras se esperaba que observara un alto el fuego, Codrington aparentemente permitió que los griegos continuaran las operaciones militares en sus barcos sin obstáculos. Los comandantes británicos de los griegos estaban a la ofensiva en la entrada del estratégicamente vital golfo de Corinto. El ejército de Church puso sitio al puerto de Patras en poder de los otomanos, mientras que Cochrane organizó una revuelta tras las líneas otomanas en Épiro. Por mar, Frank Abney Hastings, un exoficial naval británico que ahora servía con los griegos, utilizó un buque de guerra a vapor, el Karteria, para lanzar una audaz incursión nocturna el 29/30 de septiembre en Itea en la costa norte del golfo, hundiendo nueve cañoneras otomanas. El problema para Codrington era que estos oficiales actuaban por iniciativa propia, ignorando en gran medida las directivas a menudo contradictorias del gobierno provisional griego. Reconociendo que las apelaciones a estos últimos eran ineficaces, Codrington envió asesores directamente a los comandantes británicos para exigir que cesaran las operaciones, pero con poco resultado.
Tras una vana protesta ante Codrington, Ibrahim decidió actuar. El 1 de octubre, envió una escuadra naval para reforzar la guarnición de Patras. Fue interceptada por la escuadra de Codrington a la entrada del golfo y obligada a regresar a Navarino, seguida por Codrington. Ibrahim lo intentó de nuevo la noche del 3 al 4 de octubre, esta vez liderando la escuadra en persona. Aprovechando la oscuridad, logró pasar inadvertido junto al buque de vigilancia británico, pero un fuerte viento en contra le impidió entrar en el golfo. Su escuadra se vio obligada a fondear al abrigo del cabo Pappas y esperar a que amainara la tormenta. Esto le dio tiempo a Codrington para alcanzarlos, y la escuadra británica, tras un día entero luchando contra el viento, llegó a Pappas la noche del 4 de octubre. Codrington disparó una serie de andanadas de advertencia, e Ibrahim decidió, a regañadientes, regresar.

Mientras tanto, la política de tierra arrasada de Ibrahim continuó sin cesar en tierra. Los incendios de pueblos y campos en llamas eran claramente visibles desde los barcos aliados que se encontraban en alta mar. Una partida de desembarco británica informó que la población de Mesenia estaba al borde de la hambruna masiva.
El 13 de octubre, Codrington se unió a Navarino con una escuadra francesa al mando de Rigny y una escuadra rusa al mando de Lodewijk van Heiden. El 18 de octubre, tras intentos inútiles de contactar con Ibrahim Pachá, Codrington, en conferencia con sus colegas aliados, tomó la fatídica decisión de entrar en la bahía de Navarino y anclar sus barcos frente a la flota otomana-egipcia. Se decidió que, con la llegada del invierno, era impracticable mantener un bloqueo efectivo de Navarino y que, en cualquier caso, era necesario proteger a la población del Peloponeso. Aunque se trató de un acto altamente provocador, Codrington afirmó que no tenía intención de entrar en batalla, sino solo de hacer una demostración de fuerza para inducir a los otomanos a respetar el armisticio y a desistir de las atrocidades contra la población civil.
Fuerza naval otomano-egipcia
Flota del Imperio otomano/Egipto/Túnez al mando de Ibrahim Pachá con 3 navíos de línea, 9 fragatas de dos cubiertas, 7 fragatas, 30 corbetas, 5 goletas, 28 bergantines y entre 5 y 6 brulotes con 2.180 cañones:
- Primer Escuadrón de Alejandría de Hassen Bey: 2 fragatas de dos cubiertas: Ihsanya (64) buque insignia y Leona (60), 3 fragatas y 12 corbetas.
- Segundo Escuadrón de Alejandría de Moharram Bey: 2 fragatas de dos cubiertas: Guerrière (60) buque insignia y Surya (56), 2 fragatas, 11 corbetas, 21 bergantines, 5 goletas y 5 o 6 brulotes.
- Escuadrón de Túnez: 2 fragatas, un bergantín
- Escuadrón de Constantinopla Amir Tahir Pachá (almirante al mando): 3 navíos de línea Ghiuh Rewan (84) buque insignia, Fahti Bahri (74), Burj Zafer (70); 5 fragatas de dos cubiertas: Fevz Nusrat (64), Kaid Zafer (64), Keywan Bahri (48), Feyz Mi’raj (48) y Mejra Zafer (48); 7 corbetas y 6 bergantines.
Las tripulaciones otomanas solo tenían experiencia en combate contra las fuerzas navales revolucionarias griegas, que, si bien valientes y efectivas, no se parecían en nada a las armadas de las grandes potencias para el combate en línea. En muchos casos, las tripulaciones otomanas recurrieron al reclutamiento forzoso para completar la dotación de sus barcos. Incluso se encontró, después de la batalla, a algunos tripulantes otomanos encadenados en sus puestos (convictos, prisioneros griegos u otros reclutas involuntarios).
El contingente egipcio, el más numeroso y mejor equipado de la flota otomana en Navarino, había sido entrenado por un equipo de oficiales franceses, bajo la dirección general del capitán J. M. Letellier. Estos oficiales actuaban como “capitanes en la sombra“ de los grandes buques egipcios, asesorando cada uno al capitán egipcio nominal. El día antes de la batalla, Rigny convenció a estos oficiales de retirarse de la flota egipcia para evitar la posibilidad de luchar contra su propia armada (se trasladaron a un bergantín austriaco en la bahía, aparentemente neutral, pero que en realidad proporcionaba apoyo logístico a las operaciones otomanas). El propio Letellier estaba enfermo y tampoco participó. Esto privó a los egipcios de un mando experimentado.
Para los aliados, el arma más peligrosa de los otomanos eran probablemente sus brulotes. Estos habían sido desplegados durante mucho tiempo con efectos devastadores por los revolucionarios griegos contra los otomanos, quienes habían aprendido a usarlos con una dura experiencia. Los brulotes se apostaban en las alas de la formación otomana y, si se desplegaban con eficacia, podían causar estragos en los barcos aliados concentrados en aguas cerradas, especialmente porque los marineros aliados desconocían este tipo de guerra. El peligro quedó claramente demostrado en la fase inicial de la batalla, cuando el navío de línea francés Scipion escapó por poco de ser destruido por un brulote.
Los otomanos poseían una batería costera a cada lado de la entrada principal de la bahía, en el fuerte de Navarino y en el extremo sur de la isla de Esfacteria. Estas podrían haber impedido seriamente la entrada de los aliados a la bahía, pero Codrington confiaba plenamente en que los otomanos no iniciarían una guerra abierta, o esperaba que lo hicieran, para tener una excusa para destruir la flota otomana.
Flota aliada
En aquella época, las armadas aliadas seguían desplegando esencialmente la misma tecnología que durante las Guerras Napoleónicas: veleros, cascos de madera sin blindaje y cañones de avancarga de ánima lisa. Sin embargo, los buques de guerra de la Royal Navy habían experimentado algunas mejoras. Los buques con triple cubierta de cañones, como el famoso Victory de Nelson, habían sido eliminados gradualmente. Se había descubierto que los buques de tres cubiertas eran demasiado inestables y difíciles de maniobrar. La clase Canopus estándar era un navío de línea de dos cubiertas, con de 74 a 84 cañones; eran de 24 o 32 libras, además de un par de enormes carronadas de 68 libras en las superestructuras. Las fragatas eran de dos cubiertas con de 50 a 60 cañones (conocidas como fragatas grandes); las fragatas pequeñas eran de una sola cubierta con de 24 a 44 cañones.
Sin embargo, la mayoría de los barcos aliados seguían siendo veteranos buques de guerra de la era napoleónica (por ejemplo, el Albion). El único buque insignia de Codrington, de la clase Canopus, era su buque insignia, el Asia (84) (botado en 1824), aunque el Génova (76) (francés incautado) también era posnapoleónico (1816). En la escuadra francesa, Rigny estaba tan consternado por el estado de los tres navíos de línea que le habían sido enviados que decidió mantener su bandera en la Sirène, una fragata moderna.
- Escuadrón británico al mando del vicealmirante Edward Codrington estaba compuesto por 3 buques de línea: Asia (84) buque insignia, Genoa (76), Albion (74); 2 fragatas grandes: Glasgow (50) y Cambrian (48); 2 fragatas pequeñas: Dartmouth (42) y Talbot (28); una balandra Rose (18) y 4 bergantines: Brisk (10), Musquito (10), Philomel (10) y Hind (10).
- Escuadrón francés al mando del contralmirante Henri de Rigny estaba compuesto por 3 buques de línea: Breslavia (84), Escipión (80), y Tridente (74); una fragata grande Sirène (60) buque insignia; una fragata pequeña Armida (44); 2 goletas: Alción (10) y Dafne (6)
- Escuadrón ruso al mando del contralmirante Lodewijk van Heiden estaba compuesto por 4 buques: Gangut (84), Azóv (80) buque insignia, Iezekiil (80) y Alexander Nevski (80); 4 fragatas: Provornyi (48), Constantino (44), Elena (38) y Cástor (36).
Los aliados contaban con una superioridad sustancial en buques de combate de primera línea: 10 navíos de línea frente a los 3 otomanos. Esta ventaja solo se veía parcialmente compensada por las 9 fragatas de dos cubiertas otomanas, contra 3 aliadas de este tipo. La gran mayoría de la flota otomano-egipcia estaba compuesta por buques más pequeños (corbetas y bergantines), de poca utilidad contra los pesos pesados aliados: tenían una potencia de fuego mucho menor y, al tener cubiertas más bajas, podían ser fácilmente desarbolados por fuego rastrillado. Además, los otomano-egipcios empleaban principalmente cañones de menor calibre que los aliados (a menudo, los cañones que estos descartaban al mejorar sus propios calibres).
Estrategias para la batalla
Siguiendo un elaborado plan defensivo propuesto por Letellier, la flota otomano-egipcia se ubicó en formación de herradura, en tres líneas, que se extendían desde el fuerte de Navarino hasta el extremo sur de la isla de Esfacteria, donde se encontraba la batería costera otomana. La primera línea estaba formada por los navíos de línea y las grandes fragatas; la segunda línea contenía las fragatas restantes y las corbetas de mayor tamaño; la tercera, por los buques menores restantes. La idea era que los buques menores pudieran disparar a través de las brechas en la primera línea, mientras que los buques mayores los protegían de los ataques aliados. En los extremos de la herradura se situaban corbetas y brulotes. Estos últimos podían ser remolcados por barcos hasta posiciones cubiertas por las corbetas menores y las baterías costeras.
El plan aliado era fondear en aguas libres dentro de la medialuna. La escuadra de Codrington tomaría posición frente al centro de la línea otomana; las escuadras francesa y rusa se enfrentarían a las alas izquierda y derecha otomanas, respectivamente. La posición francesa en la línea se había determinado específicamente para que se enfrentara a la flota egipcia, que había sido entrenada por los franceses y podría ser reacia a luchar contra el aliado europeo más cercano de Egipto. En la doctrina naval convencional, el plan de Codrington se habría considerado un riesgo inaceptable, ya que habría invitado al enemigo a intentar rodear a los aliados. Además, con el viento predominante que soplaba del suroeste, directamente hacia la entrada, Codrington corría el riesgo de quedar atrapado, incapaz de liberar a sus escuadras rápidamente si fuera necesario. La adopción de este plan de alto riesgo demuestra la total confianza de los comandantes aliados en la superioridad táctica de sus buques.

Desarrollo de la batalla
A las 13:30 horas del 20 de octubre de 1827, frente a la entrada de la bahía de Navarino, Codrington dio la señal a la flota aliada: «¡PREPÁRENSE PARA LA ACCIÓN!» y se ordenó a las tripulaciones aliadas que se mantuvieran a la altura de sus cañones. Las troneras se dejaron entreabiertas, pero los capitanes aliados tenían órdenes estrictas de abrir fuego solo en caso de ataque. A las 15:00 horas, los buques de guerra aliados, con Codrington a la cabeza en el Asia (84), comenzaron a entrar en la bahía por la entrada sur, avanzando en dos filas: los británicos, seguidos por los franceses a estribor (SE, el más cercano a Navarino) y los rusos a babor, a la par, pero ligeramente por detrás de los franceses. Las baterías costeras otomanas ni sus corbetas apostadas en la entrada no intentaron impedir su entrada, pero Codrington recibió una lancha con un mensaje de Ibrahim Pachá. Este declaraba que no había dado permiso a los aliados para entrar en la bahía y exigía su retirada. Codrington desestimó la objeción de Ibrahim, respondiendo que había venido a dar órdenes, no a obedecerlas. Advirtió que si los otomanos abrían fuego, su flota sería destruida.
Cuando su buque insignia fondeó en medio de la línea otomana, Codrington ordenó a una banda de música que tocara en cubierta para enfatizar sus intenciones pacíficas. A las 14:15 horas, los tres navíos de línea británicos habían fondeado en sus posiciones asignadas. Mientras tanto, a medida que los buques aliados se posicionaban a lo largo de las líneas otomanas, las trompetas anunciaban las posiciones de combate. Las tripulaciones otomanas se apresuraron a hacer frente a la inesperada intrusión en su base.
En ese punto, a la entrada, estalló la lucha. Codrington afirmó que los otomanos iniciaron las hostilidades. El estallido, según fuentes aliadas, se produjo de la siguiente manera:
En la entrada de la bahía, el capitán Thomas Fellowes en la fragata Dartmouth (42) había sido destacado, con 6 buques más pequeños (2 bergantines y 4 goletas), para vigilar el grupo de corbetas otomanas y brulotes en el flanco izquierdo de la línea otomana. Mientras los barcos aliados continuaban moviéndose hacia la bahía, Fellowes notó que una tripulación otomana estaba preparando un brulote y envió un bote para ordenarles que desistieran. Los otomanos dispararon contra el bote e incendiaron el brulote. Fellowes envió un cúter para remolcar el brulote a una distancia segura, pero los otomanos dispararon contra el cúter, infligiendo bajas. Fellowes abrió fuego de mosquete contra la tripulación del brulote para cubrir a sus hombres. En este punto, el buque insignia francés, la fragata Sirène (60), que justo entonces entraba en la bahía en la cola de la línea británica-francesa, abrió fuego con mosquetes para apoyar a la Dartmouth (42). Una corbeta otomana atacó entonces a la Sirène (60) con sus cañones. Esta reacción en cadena se extendió a lo largo de la línea, de modo que en poco tiempo se produjo un enfrentamiento general.

La batalla comenzó así antes de que los aliados pudieran completar su despliegue. De hecho, esto resultó ser una ventaja táctica, ya que significaba que algunos barcos aliados aún no estaban fondeados y, por lo tanto, podían maniobrar con mayor rapidez. Sin embargo, la mayoría de los barcos luchaban fondeados. Naturalmente, había muy poco margen de maniobra, salvo para cambiar la orientación del barco tirando de los resortes de las cadenas del ancla. Con los barcos bombardeándose a muy corta distancia, el encuentro fue principalmente una cuestión de desgaste, en la que la superioridad de la potencia de fuego y la artillería aliadas fueron cruciales.

La acción de combate puede resumirse de la siguiente manera: El buque francés Scipion (80), detrás de la Sirène (60) de Rigny, fue inmediatamente objeto de un intenso ataque por parte de una combinación de fragatas egipcias a ambos lados, las baterías de tierra y un brulote. Este último fue casi fatal. El brulote se encasquilló bajo el bauprés del Scipion (80), las velas de proa se incendiaron y el fuego se extendió a la cubierta superior de los cañones. Los hombres se lanzaron sobre el fuego para evitar que se extendiera al polvorín de proa, con las inevitables y terribles quemaduras. Sin embargo, los artilleros continuaron disparando contra los atacantes. El Scipion (80) fue salvado de la destrucción por su buque gemelo, el Trident (74), que logró atar un cabo de remolque al brulote y, con la ayuda de la Dartmouth (42) y otros dos barcos británicos, lo liberó.

La Sirène (60) de Rigny libró un largo duelo con la fragata Ihsania (64), que finalmente explotó. La Sirène (60) sufrió importantes bajas y daños. La Sirène (60), con el apoyo del Tridente (74) y el Escipion (80) franceses, bombardeó entonces el fuerte de Navarino y finalmente silenció su batería costera.
El capitán del Breslavia (84) francés, el capitán Botherel de La Bretonnière, al ver que Rigny no necesitaba más apoyo, decidió por iniciativa propia separarse de la formación francesa y avanzar hacia el centro de la bahía, en la confluencia de las líneas británica y rusa, para reforzar al Albion (74) británico y al Azóv (80) ruso. Ambos se encontraban en una situación muy difícil. El Albion (74), que había destrozado una fragata otomana al fondear, estaba siendo atacado simultáneamente por los tres navíos otomanos de línea. Afortunadamente para él, la artillería enemiga era deficiente. Aun así, la intervención del Breslavia (84) fue posteriormente reconocida por el capitán del Albion como la que salvó a su barco de la aniquilación. El Breslavia (84) procedió entonces a desempeñar un papel fundamental en la destrucción del buque insignia del almirante otomano Tahir Pachá, el Ghiuh Rewan (84), y al menos cuatro fragatas.

El Asia (84) de Codrington estaba anclado entre el buque insignia del almirante otomano Capitán Bey, el Fahti Bahri (74), y la fragata Guerrière (60) del egipcio Moharram Bey. Capitán Bey abrió fuego, pero Moharram Bey comunicó a Codrington que no atacaría. Esto permitió al Asia (84) concentrar su fuego sobre el Fahti Bahri (74), que se encontraba en mal estado y con una dotación insuficiente. El fuego letal del Asia (84) la inutilizó poco después. Codrington envió entonces a un intérprete, el griego P. Mikelis, para parlamentar con Moharram Bey; pero Mikelis fue abatido a tiros mientras subía a bordo. La Guerrière (60) egipcia abrió fuego entonces, pero quedó reducido a escombros en llamas en 20 minutos por las andanadas demoledoras del Asia (84) y el Azóv (80). Sin embargo, el Asia sufrió graves bajas y daños debido a la concentración de fuego intenso de barcos otomanos más pequeños en la segunda y tercera línea de la formación otomana: como Letellier había planeado, estos barcos dispararon a través de las brechas en la línea del frente. Codrington también creía que el Asia había recibido graves impactos por error de su barco gemelo Genoa (76).


Los rusos, al mando de Van Heiden, fueron los últimos en tomar posiciones, como estaba previsto. Su posición, en el extremo derecho de la media luna otomana, era la más expuesta. Los combates en este sector fueron aún más intensos que en otros. El Azóv (80) hundió o inutilizó tres grandes fragatas y una corbeta, pero recibió 153 impactos, varios de ellos por debajo de la línea de flotación.

Las fragatas británicas Armide (44) y Talbot (28) tuvieron que enfrentarse inicialmente a las fragatas del ala derecha otomana y a la batería costera de la isla sin apoyo, ya que las otras dos fragatas estaban lejos y llegaron más tarde. Se salvaron de la aniquilación gracias a la llegada de las fragatas rusas.
Los buques británicos y franceses más pequeños (bergantines y goletas Alcyone (10) y Daphné (6), bajo la dirección general de la fragata británica Dartmouth (42), recibieron la vital tarea de prevenir los ataques de los brulotes. Su éxito fue rotundo: salvo el ataque inicial contra el Scipion (80), ningún brulote alcanzó un objetivo durante la batalla. Varios de los buques más pequeños se destacaron notablemente, sufriendo bajas tan numerosas, en proporción, como las de los navíos de línea.
Hacia las 16:00 horas, los tres navíos de línea otomanos y la mayoría de las grandes fragatas de primera línea habían sido despachados. Esto dejó a la masa de buques menores de la segunda y tercera línea a merced de los navíos de línea aliados, todos ellos aún operativos. Durante la masacre subsiguiente, Codrington intentó dos veces ordenar un alto el fuego, pero sus señales fueron invisibles debido al denso humo o ignoradas en el fragor de la batalla. En las dos horas siguientes, prácticamente toda la flota otomana fue destruida, a pesar de la notable valentía de las tripulaciones otomanas, que fue elogiada por el propio Codrington en sus despachos. Tres cuartas partes de la flota se hundieron: muchas de ellas, desarboladas, pero aún a flote y reparables, fueron voladas o incendiadas por sus propias tripulaciones para evitar que cayeran en manos aliadas.

Secuelas de la batalla
Codrington calculó las bajas aliadas en 181 muertos y 480 heridos (incluido su hijo menor, el guardiamarina H. Codrington, que servía en el Asia (84) a las órdenes de su padre, quien resultó gravemente herido, pero se recuperó por completo). Varios buques aliados sufrieron graves daños: los buques rusos Azóv (80), Gangut (84) e Iezekiil (80) quedaron inutilizados. Los tres navíos de línea británicos tuvieron que ser devueltos al Reino Unido para su reparación. Según una fuente, a pesar del duro manejo que sufrieron todos los navíos de línea y del peligro de explosión de los buques otomanos, ningún buque aliado se hundió.
Aproximadamente 3.000 marineros otomanos murieron y 1.100 resultaron heridos. La Guerrière de Moharram Bey fue finalmente reparada, al igual que otras cuatro o cinco fragatas y varias corbetas y bergantines.
Al anochecer, mientras los cañones silenciaban en la bahía de Navarino, la noticia del resultado se extendió por el Peloponeso y el resto de Grecia. En un pueblo tras otro, las campanas de las iglesias comenzaron a repicar sin parar en la noche. La gente se apresuró a las plazas, para ser recibida con la noticia de que el sultán otomano y su odiado vasallo Ibrahim Pachá ya no poseían una flota mediterránea. En un país marítimo como Grecia, la implicación era evidente: el incipiente estado griego se había salvado. Estalló una celebración desenfrenada que duró toda la noche y días después. Se encendieron enormes hogueras en las cimas del Peloponeso y el monte Parnaso, en Grecia central. Las celebraciones se extendieron incluso a las regiones ocupadas, algo que las desmoralizadas guarniciones otomanas hicieron poco por evitar.
A pesar de las celebraciones, el Sultán aún disponía de un total de unos 40.000 soldados en el centro y sur de Grecia, atrincherados en poderosas fortalezas. La liberación definitiva de Grecia aún estaba lejos, a menos que se pudiera convencer a los otomanos de aceptar el Tratado de Londres.