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Acciones mes de enero
El comandante general de Valencia era el general Salvador y Palacios, y de Aragón, el general Marco. La mayor actividad de 1874 seguía siendo el coronel Santés, quien, habiendo salido de Chelva, el 6 de enero fue a Tuéjar, Sinarcas y Camporrobles, donde pernoctó el día 7, y de allí, el 8, por Villalgordo de Cabríel, se adentró en la provincia de Albacete, donde entró en la capital. Regresó de dicha provincia el día 14, pasando por Villalgordo de Cabriel, Caudete y Utiel, llegando a Chelva el 15 de enero.
Mientras que Santés hacía esta correría, los carlistas mandados por Cucala atacaron Liria, donde ofrecieron gran resistencia los republicanos, el día 12, y la llegada de fuerzas de socorro fue la causa de que no se apoderaran de los sitios donde resistían los republicanos. El socorro lo llevó personalmente Weyler. El 18 de enero, los carlistas mandados por el general Vallés se presentaron delante de Castellón de la Plana, a la que intimaron la rendición, pero el auxilio de la brigada de Francisco La Guardia impidió que se acentuara el ataque.
El brigadier Salamanca, el 22 de enero, sorprendió en Gandesa a las fuerzas mandadas por el coronel Piñol, conocido por Panera, viéndose obligado a abandonar la población. El día 20, Santés salió de Chelva, recorriendo Domeño, Losa del Obispo, para llegar a Villar del Arzobispo; siguió luego a Villamarchante, pasando después por Náquera y Segorbe, y regresó a Calles pasando por Alcublas y Villar del Arzobispo. Vallés entró en Caspe (Zaragoza), sujeta siempre a invasiones con tanta frecuencia que nadie quería formar parte del Ayuntamiento si tenía significación en uno u otro bando.
El general Marco había estado en Cariñena (Zaragoza), y a las tres de la tarde entró en Codos (Zaragoza), desde donde mandó destacamentos hasta Paniza y Aguarón cobrando contribuciones, reclutando voluntarios y recogiendo las armas de los voluntarios de la República. El 23 de enero la caballería aragonesa estaba en Munébrega (Zaragoza), y la columna del coronel Despujol se tiroteó en Paracuellos de Giloca (Zaragoza) con una sección de caballería que estaba cortando el telégrafo, y que se retiró a Munébrega, de donde salió aquel mismo día.
Reunidas las fuerzas del general Marco, salieron los carlistas por Nuévalos y Monterde. Despujol fue advertido de que los carlistas estaban cerca de Ateca, lo que resultó falso, por lo que cesó en sus operaciones contra Marco. Este había ido el 24 a la provincia de Guadalajara.
Los republicanos, mandados por el capitán general de Valencia, López Domínguez, habían previsto una operación contra Chelva, que se realizó el 27 de enero. Los carlistas, al aproximarse los republicanos, se retiraron, entrando López Domínguez sin haber recogido otra cosa que un viejo cañón de madera zunchado, con ánima de hierro, un depósito de trigo, cebada y paja, así como los instrumentos de música de varios pueblos. De allí fue López Domínguez a Liria, y por lo visto debió creer que había hecho una gran operación militar, a juzgar por lo detallado de su parte.
Acciones mes de febrero
El 1 de febrero, el brigadier Salamanca pasó el Ebro, sorprendiendo a los carlistas en Gandesa (Tarragona). El combate fue encarnizado, muriendo en esta acción el coronel carlista Bru, conocido por Basquetas, quedando prisionero el Tcol Bautista Riñol, conocido por Mañero. Indudablemente, fue una operación atrevida y que le resultó beneficiosa, consiguiendo 67 prisioneros.
Las fuerzas mandadas por Segarra y Polo bloqueaban Morella, pero al aproximarse el coronel Despujol el 4 de febrero, se retiraron, marchando Polo a Cinctorres (Castellón); el 8, Despujol sorprendió en Castellote (Teruel) la comandancia de armas carlista, haciendo dos prisioneros. De nuevo el coronel Santés salió de Chelva y de allí pasó a Utiel, y el 6 de febrero, por Caudete, Camporrobles y Fuenterrobles, entró en la provincia de Cuenca. Cucala había estado en Borriol (Castellón), entrando luego en Vilarreal de la Plana, de donde salió al avanzar la columna de La Guardia. La situación entonces en esa parte de la provincia era lamentable para los republicanos. Así, 4 caballos y 11 infantes entraron en Nules sin que se les ofreciera la menor resistencia.

En Burriana llega una partida de 5 carlistas y no solo no le ofrecen resistencia, sino que el vecindario aplaudió el arrojo y valor que habían tenido. En Almazora entraron 30 jinetes carlistas y 50 infantes, y los vecinos se prestaron para ayudarles a destruir el acueducto que surtía de agua a Castellón. Lo mismo ocurría en Onda, Bechí, Borriol, Villavieja y Vall de Uxó. El día 7 de febrero, La Guardia, camino de Bechí, se encontró con las fuerzas de Cucala en el monte Solaig, donde libra un combate defendiendo la entrada de Bedú, en la que entra la columna republicana. En Bechí se supo que fuerzas carlistas (BI-II del Maestrazgo) estaban en Nules, donde hubo un pequeño combate el 8 de febrero. Esta acción de guerra se siguió hasta los montes próximos a Villavieja.
El acontecimiento más importante de este comienzo de año fue la toma de Vinaroz por el brigadier Vallés. A las ocho de la noche del 17 de febrero sonaron los primeros disparos por la Puerta de Oálig, donde los carlistas habían penetrado, de acuerdo con un sargento y algunos soldados que habían facilitado la escalada por dos puntos distintos. El tiroteo se hizo general, pero el comandante militar republicano dispuso hacerse fuertes en la iglesia. Los carlistas la asediaron y la lucha hubiera tenido trágicas consecuencias si el Ayuntamiento, los mayores contribuyentes y los jefes de la milicia no hubiesen formado una comisión pidiendo a Vallés y al jefe republicano que cesase la lucha. El coronel Diego Navarro decidió entonces, para evitar mayores males, rendirse, quedando prisionero de los carlistas un millar de republicanos, así como 3 piezas de artillería y 2 obuses, junto con muchas municiones. Los carlistas destruyeron las fortificaciones y dejaron Vinaroz como villa abierta. El sargento Colán, de voluntarios de Chert, fue el que facilitó la entrada de las fuerzas mandadas por el capitán Fontcuberta. Habían acudido en socorro los vapores de guerra Colón y San Antonio, pero se limitaron a recoger fugitivos de Vinaroz. Los carlistas permanecieron hasta el 24 de febrero y, por orden del general López Domínguez, fue disuelto el batallón de voluntarios movilizados que guarnecía Vinaroz.
La sorpresa y toma de Vinaroz repercutió notablemente en Amposta (Tarragona), donde el 21 abandonaron la población los voluntarios del batallón Guías de Gandesa y fuerzas del BIL-XIII de cazadores de Mérida. El hecho ocurrió porque se anunció que se acercaba la fuerza mandada por Cucala. Tal fue el desorden que hubo en Amposta, que la avanzada carlista que ocupaba el arrabal exterior a las fortificaciones se había retirado hacia Masdenverge, y fue una comisión de Amposta la que pasó a comunicarles que la población había sido abandonada. También quedaron en poder de los carlistas los cañones que guarnecían la plaza.
En cambio, no tuvo éxito la tentativa de Segarra para apoderarse de Benicarló (Castellón). El 19 hubo un combate en Calaceite (Teruel) entre fuerzas destacadas de Marco y la columna del coronel Despujol. Un revés fuerte lo sufrió en Caspe el general Marco, cuando, el día 23 de marzo, fue sorprendido en dicha ciudad por la columna del coronel Despujol, teniendo que abandonar la ciudad y perdiendo 225 prisioneros. Despujol ascendió por este hecho a brigadier y más tarde recibió el título de conde de Caspe.
Acciones mes de marzo
Una incursión importante fue la que hizo el brigadier Almenar llevando consigo el BI-II y el BI-IV del Maestrazgo, recorriendo las poblaciones de Cullera, Tabernes de Valldigna y Beniganim, entrando en Sueca, donde se apoderó de un cañón, llegando hasta Silla y Gandía, todos en la provincia de Valencia. En esta incursión los carlistas cortaron las líneas férreas y las telegráficas cerca de Silla, y regresaron a Chelva el día 6. Una partida carlista estuvo en Benifayó (Valencia), y fuerzas del RI-34 de Granada que habían salido para proteger la vía férrea tuvieron que retirarse a Valencia para no enfrentarse con los carlistas.
El 9 de marzo, las fuerzas carlistas de Santés y Cucala se reunieron en Utiel, saliendo a las órdenes del general Palacios a Villalgordo del Cabriel (Valencia), para entrar en la provincia de Cuenca, pero regresó Santés al día siguiente a Villalgordo, y de allí marchó a Utiel, para ir de nuevo el 13 a Chelva, y nuevamente a Utiel el día 15, y luego fue a Cotrentes, pasando de allí a Jalance, siguiendo después a Jarafuel, Zarra y Ayora, invadiendo la provincia de Albacete, de donde regresó, desarmando a los voluntarios de Fuente la Higuera (Valencia), mientras que su caballería hacía lo mismo en Onteniente, el día 18 de marzo. Santés llegó hasta Montesa, de donde retrocedió para Vallada, donde tuvieron las fuerzas de retaguardia un tiroteo con la columna del general Weyler. Santés retornó a Onteniente, donde estaba toda su caballería, y el 20 prosiguió su marcha por Enguera, Chella, Bolbaite y Sumacárcer, hasta llegar a Antella. Al día siguiente los carlistas fueron por Tous a Desaguas, entrando en ambos pueblos, y después, por Turis Macastre, Alborache y Yátova, pasaron a Buñol el 22, llegando a Chera el 23, y el 24 a Chelva.
Los republicanos sorprendieron el 28 a los comandantes de armas carlistas de Bugarra y Gestalgar, ambos en la provincia de Valencia. El 31 de este mes, Marco sostuvo un combate contra las columnas de Infanzón y Despujol en Villarluengo (Teruel).
Acciones mes de abril
Weyler hizo una operación contra Chelva, en la que entró, y donde permaneció hasta el 1 de abril, destruyendo los talleres carlistas y recogiendo los efectos almacenados. De Chelva pasaron los republicanos a Segorbe, donde, el día 3, sorprendieron a los carlistas cuando estos estaban muy confiados, preparándose para escoltar la procesión de aquel día, que era el Viernes Santo. Los carlistas se retiraron con algún desorden, pues no habían esperado esta sorpresa.
Desgraciadamente, se notaron ciertas discrepancias entre el general Salvador y Palacios y el coronel Santés, a quien acusaba de ser indisciplinado. Los republicanos se aprovecharon de este desacuerdo, y las atrevidas incursiones de Santés desaparecieron para siempre cuando fue relevado de la comandancia general de la provincia de Valencia por el coronel Manuel Monet, procedente de la Guardia Civil y que tendría un trágico fin. Pero Santés dejó una obra hecha de gran importancia que fue el 6 de enero, cuando propuso al general Palacio establecer el canje de prisioneros por los de sus fuerzas. El general Portilla le expresó que no tenía más que 37 en el depósito de Mahón, y que para completar el número convendría que se entregaran los de otras partidas. Portilla se dirigió al ministro de la Guerra republicano para que le autorizara el cambio, y habiéndose este aceptado por el general Zavala, se llegó, al fin, a la entrega de los prisioneros, siendo puestos en libertad por los republicanos tres oficiales y 209 individuos de tropa a cambio de un brigadier, un coronel, un capitán, 4 tenientes, 3 alféreces y 76 soldados, que tenía presos Vallés, más los que guardaba Santés y los que tenía Cucala. Así establecido este primer canje oficial, no hay que olvidar que la iniciativa partió de Santés.
El 7 de abril, hubo un combate en Camposines (Tarragona) entre una fuerza de voluntarios de Mora de Ebro y las que mandaba el general Salvador y Palacios. El día 8, se presentó en los alrededores de Orihuela una partida capitaneada por Manuel Almarcha, que fue perseguida, cayendo prisionero el jefe de la misma, el día 15. El comandante de armas de Peñarroya (Teruel) fue hecho prisionero, junto con su asistente, el día 15, por una partida de voluntarios movilizados de Alcañiz. El 18, una pequeña fuerza compuesta de 20 hombres con el comandante de armas de Alloza fue capturada por media brigada republicana mandada por Montero, en Ejulve (Teruel).
Aznar se presentó, el día 20, cerca de Villena (Alicante), pero fue perseguido por varias columnas, librándose un combate en la sierra del Carche el día 28. Morella volvía a estar bloqueada por los carlistas, pudiendo ser socorrida por Montero, así como Tortosa, también bloqueada, lo fue por Salamanca. Cuando Montero salió de Morella para ir a pernoctar a Mas de las Matas (Teruel), todo el camino que recorrió fue un constante tiroteo por las partidas carlistas que le seguían. El brigadier Despujol decidió emprender una operación sobre Cantavieja (Teruel), donde los carlistas trataron de defenderse, pero hubiese salido mal a los defensores, de no haber acudido el general Marco, obligando a que Despujol se retirara. El 27, las fuerzas mandadas por Segarra libraron combate en el arrabal de Jesús de Tortosa. Despujol se atribuyó una victoria en Cantavieja, así como la captura del comandante de armas y 4 hombres a sus órdenes realizada en Segura (Teruel) por la media brigada de Montero.
Acciones mes de mayo
Habiendo tomado el mando de los republicanos de la capitanía general de Valencia el general Weyler, este se dirigió hacia Villar del Arzobispo y Losa del Obispo, desde Liria, librándose un fuerte combate en Domeño, el día 1 de mayo. Weyler no siguió esta vez hasta Chelva. El día 4, Cucala combatió contra la columna de La Guardia, viéndose obligado el jefe republicano a retirarse a Castellón de la Plana. El día 5, hubo una sorpresa de los republicanos en Alcublas (Castellón), resultando prisioneros el comandante de armas de Segorbe y 10 hombres que le acompañaran. También fue sorprendido en Oset (Alicante) el comandante de armas de Alcublas con su partida, operación a la que se tuvo que emplear nada menos que el capitán general Weyler.
A mediados de mes se presentaron en los alrededores de Castellón de la Plana algunas fuerzas carlistas que obligaron a los republicanos a concentrar sus fuerzas. Los carlistas estuvieron de nuevo en Chiva, amenazando la provincia de Valencia, pero la falta de Santés se hacía notar, y Monet no emprende expedición alguna. Lo que no impidió que el 27 intentara interceptar el paso de la columna republicana de Montenegro en Domeño (Castellón), y mal lo hubieran pasado los liberales si no hubiese acudido en su socorro la brigada Calleja.
Acciones mes de junio
Acción de Gandesa (4 de junio de 1874)
El Infante había pasado el Ebro por Flix; la recepción de que había sido objeto y la reunión de sus fuerzas que procedían de Cataluña, es decir, el BI de Zuavos, el EC-5 de Cataluña, la batería de montaña y aquellos dos batallones en ciernes, que eran los de aragoneses y valencianos, y que, de momento, se llamaba batallón expedicionario. El Infante, disgustado por la actitud del brigadier Vallés, lo sustituyó por el coronel Segarra, que reunió los dos batallones (Vallés y Segarra) que tenía a los dos que él mandaba. Los republicanos se dirigieron contra el Infante, y el día 4 de junio hubo un combate en Gandesa (Tarragona), a 6 horas de Flix, sostenido, por un lado, por el Infante y, por el otro, por las columnas Despujol y Delatre.
La brigada Despujol, que iba de vanguardia con ½ BI-I/10 de Córdoba con una compañía de voluntarios; y roto el fuego por las guerrillas, viendo que se generalizaba, pasó Despujol en persona a reforzar la línea con el restante ½ BI-I/10 de Córdoba, y fue desalojando a la facción Cucala de las alturas escalonadas que en su retirada iba ocupando.
El RCL-6 de Castillejos de ambas brigadas, que con una sección de RCL-1 de Almansa cargó la extrema derecha carlista, mientras el coronel Lasso el batallón completo del RI-20 de Guadalajara, se lanzó con dicho sobre el centro, siendo apoyado por ½ batallón de RI-18 de Almansa.
Rechazadas las fuerzas de Segarra por la derecha carlista, trató de correrse hacia el centro para reforzar a Cucala o copar el BI-II/10 de Córdoba, que había quedado solo en la cumbre de las alturas distantes, a cuyo pie había empezado el fuego; pero ocupadas por el BI-I/18 de Almansa y las 3 compañías restantes del segundo las alturas intermedias, cuya posesión trató en vano de disputarle con empeño el BI-I/18 de Almansa, los carlistas optaron por retirarse en dos direcciones a las seis horas de haberse roto el fuego: las fuerzas de Cucala por los Puertos hacia Horta, y las restantes en dirección, al parecer, de Ruill.

La acción de Gandesa fue realmente encarnizada, pero los republicanos le dieron una importancia mucho mayor de la que realmente tuvo. Sin embargo, tampoco fue victoriosa para las armas carlistas, que tuvieron 5 oficiales y 36 individuos de tropa muertos, y un jefe, 7 oficiales y 84 voluntarios heridos. El jefe muerto era el comandante José Giner, del batallón de Zuavos, que murió el día siguiente en Corbera. Las bajas pérdidas republicanas según el parte fueron de 15 de tropa muertos, 15 oficiales y 96 de tropa heridos, y además varios contusos.
Los carlistas, a las órdenes del infante don Alfonso acompañado de su séquito, entraron en Vinaroz en medio de un entusiasmo indescriptible, siendo escoltado por los batallones de Zuavos y Altar y Trono, así como el EC-5 de Cataluña.
Otras acciones en junio
Otros combates en el mes de junio fueron el día 2; la brigada de Roda sorprendió al batallón de Domingo en Onda (Castellón). El 14, se libró en Alcora (Castellón) un fuerte combate por las fuerzas mandadas por el coronel Cucala contra la columna del general Montenegro. Esta acción fue muy empeñada, pues estando el Infante en Lucena del Cid, acudió cuando, en las alturas de San Cristóbal, dos batallones carlistas se pronunciaban en retirada. Después de haber hecho reforzar los otros dos batallones que se batían por el batallón de Guías del Maestrazgo, don Alfonso dispuso que atacasen por donde se había quebrantado la línea carlista el batallón Expedicionario y cuatro compañías de zuavos para simular, después de un fuego vivo, que se retiraban, a fin de atraer al enemigo, pero este no dudó en retirarse a Alcora, por lo que fracasó la maniobra. En esta acción murió el comandante del batallón de Guías del Maestrazgo Vicente Ferrer, y fue herido el JEM general García de Moya, que murió días después en Puertomingalvo de sus heridas.
El Infante marchó luego a Adzaneta, después a Segorbe y por último a Chelva, donde pasó revista a las fuerzas carlistas. El 15, cayó prisionero cerca de Elche (Alicante) el jefe carlista Joaquín Aznar, y el 19, en la sierra de Catf, término de Elda (Alicante), lo fue don José Maestre, conocido por Manteca, cuando estaba reclutando voluntarios.
El capitán general de Aragón, el mariscal de campo Romualdo Palacio, quien propuso al Gobierno de Madrid que se diera un indulto a los carlistas, y a los que no se acogieran a él, aplicarles todo el rigor de la guerra, “fusilando a cuantos fueran aprehendidos sobre el campo de batalla”. Afortunadamente, más sentido común tenía el ministro de la Guerra interino, que era el general Cotoner, quien le contestó diciendo que: «No creo sea conveniente adoptar un sistema que afecta en sumo grado a la política de la guerra, con tanto más motivo, cuanto que los carlistas tienen en su poder más de 1.300 prisioneros nuestros, en los que, a no dudar, tomarían represalias».
No tiene importancia la pequeña sorpresa por las avanzadas republicanas, de una pequeña partida de 14 hombres, de la que hicieron diez prisioneros, en Torres-Torres (Valencia). Un convoy que se dirigía a Morena, mandado por el general Palacio, fue atacado, en La Pobleta de Morena, por las fuerzas mandadas por el general Marco, que no pudieron impedir que el convoy pasara, el día 21.
Otro combate fue en Domeño el día 24, librado por el republicano Montenegro, quien pudo franquear con ciertas dificultades aquel difícil paso. Al día siguiente, o sea el 25, Montenegro todavía libra combate contra fuerzas del Maestrazgo mandadas por Bou, en La Yesa (Castellón). Cucala hizo una correría por la Plana de Castellón, bloqueando la capital, entrando en Nules y amagó un ataque contra Castellón de la Plana el 26, retirándose los carlistas después de tres horas de fuego, cuando acudieron fuerzas de socorro. La finalidad de esta operación está en el reconocimiento que hicieron los carlistas mandados por el Infante sobre Teruel, el mismo día.
Acciones en julio
Ataque carlista a Teruel (3 de julio de 1874)
El 1 de julio, se presentó el guerrillero Fúster en Venta la Encina (Alicante), donde rompió el aparato de telégrafos y se incautó de los fondos que llevaba el tren correo, pertenecientes a la Compañía. El hecho más importante de este mes de julio fue el repetido ataque a Teruel. Era gobernador civil el brigadier Jacinto Santapáu. El infante don Alfonso se presentó ante Teruel el 3 de julio, decidiendo el ataque por la noche, como se acostumbraba en Cataluña. El dispositivo de ataque era: el BI de Cuenca con la única pieza de artillería al mando del brigadier Villalaín atacarían la puerta del Tozal, el BI-I de Aragón atacaría a la derecha por el camino de Alcañíz y el BI-II de Aragón atacaría por la izquierda (Ollerías), con la finalidad de atraer a los defensores.
A pesar de que los aragoneses no conocían este sistema de guerra, se lanzaron con ímpetu, y lograron pasar por tres sitios la muralla. El coronel Madraza, con la compañía de Guías y dos del BI-I de Aragón, entró en el recinto enemigo, avanzando por la población, apoderándose de varias casas. Por su parte, el brigadier Villalaín, con el BI-I de Cuenca, atacaba el centro de la defensa republicana.

Se supo que acudían fuerzas en socorro de Teruel, y los carlistas se retiraron, pero por desgracia o por equivocación, no se dio la orden a las compañías que estaban dentro de la plaza, y aisladas y cortadas enseguida por el enemigo, se defendieron bravamente hasta la madrugada en que, viendo sin salida posible, tuvieron que rendirse. Así se explica que quedaran en poder de los republicanos 163 prisioneros, de ellos 12 capitanes y oficiales. El infante don Alfonso culpó al general Marco del fracaso, disponiendo que cesara de comandante general de Aragón, encargando al coronel Pallés, hasta que llegara el brigadier Gamundi. Esto causó disgusto entre los aragoneses, ya que Marco era queridísimo por los carlistas. Más tarde, el consejo de guerra absolvió, total y plenamente, al general Manuel Marco.
Otras acciones en el mes de julio
Después de esta acción fue cuando el Infante marchó a la provincia de Cuenca y tomó aquella capital. El día 9, las brigadas Iriarte y López Pinto tuvieron un tiroteo con los carlistas en Gargallo (Teruel). El 12, en la Casa de la Espada, jurisdicción de Monóvar (Alicante), una columna de guardias civiles mandada por el capitán Arnal tuvo un encuentro con las fuerzas de Fúster, quien se retiró a la sierra de Salinas.
El día 23 de julio, vieron desfilar cerca de Teruel a los batallones aragoneses de Gamundi, cundiendo el miedo en aquella población. «El pánico llegó a su colmo en Teruel el 25, cuando López Pinto, que estaba allí con su brigada desde el 20, de orden del capitán general, salió para Zaragoza, escoltando la guarnición de Cuenca que había sido rescatada en Salvacañete, los prisioneros y efectos de guerra, pues muchos vecinos se fueron detrás de la columna». En realidad, Gamundi tuvo solo un corto tiroteo en Alcañiz.
El Infante, en Chelva, después de la toma de Cuenca, reorganizó el ejército del Centro. Confirió el mando de Aragón a Pascual Gamundi, con una brigada de tres batallones y un escuadrón, pues se estaba organizando el BI-IV de Aragón. Cuenca y Guadalajara se confirió a Ángel Casimiro Villalain con una brigada castellana de tres batallones y dos escuadrones.
Valencia disponía de 6 brigadas:
- La BRI-I se llamaba de Castellón, su jefe era Pascual Cucala, y se componía de tres batallones y un escuadrón.
- La BRI-II se llamaba de San Mateo y estaba mandada por Juan Ponce de León, estando formada por dos batallones y un escuadrón.
- La BRI-III era la de Gandesa, mandada por José Agramunt, conocido por el cura de Flix, componiéndose de tres batallones y un escuadrón.
- La BRI-IV era la de Segorbe, estaba mandada por Joaquín Cabanes, con sus dos batallones y un escuadrón, el BI-III y el BI-IV de Valencia (antiguos BI-III y BI-IV de cazadores que mandó Santés).
- La BRI-V estaba mandada por Manuel Monet, y también la formaban dos batallones y un escuadrón, el BI-I y el BI-II de Valencia (antes Guías y BI-I de cazadores de Santés).
- La BRI-VI de Alicante la mandaba Miguel Lozano, formada solamente por el BI-V de Alicante (antiguo BI-II de cazadores de Santés) y un escuadrón.
Quedaban con el cuartel general el batallón de Zuavos, el batallón Expedicionario o de Santiago, la batería de montaña y el EC-5 de Cataluña. Sorprende un poco que, habiéndose disgustado el Infante con el general Salvador y Palacios, no hubiese reintegrado al brigadier Santés en el mando de Valencia, ya que el disgusto fue por la destitución de este último.
En el bando republicano, Valencia era una capitanía general que resultaba rara por el cambio constante de capitanes generales. En este año de 1874 habían desfilado López Domínguez, Portilla, Weyler, José de Santa Pau, que nombrado el 15 de mayo, tomó posesión el 20 y falleció el 25; Montenegro, y entonces Pavía, el del 2 de enero, que asume el mando de Valencia y Aragón, es decir, del ejército del Centro. Este dio una disposición el 29 de julio en que se ordenaba que fuesen pasados por las armas todas cuantas personas fuesen aprehendidas in fragante o estuviesen convictas y confesas de haber cortado o destruido líneas térreas o telegráficas. Esta disposición, que se considera muy dura, es la misma que da Lozano y después Lizárraga, para aquellos que hicieran circular los trenes de que se servían las tropas republicanas, es decir, pena de muerte al que infringiera el bando.
Tortosa tenía que ser constantemente abastecida, y así, un convoy procedente de Tarragona fue desembarcado en Amposta por el brigadier Salamanca, y aunque los carlistas intentaron al anochecer del día 30 de julio impedir el paso de los republicanos, tuvieron que retirarse Segarra y Vallés después de un ligero tiroteo. Una partida carlista llegó a Báguena (Zaragoza), donde cobró las contribuciones, y de allí marchó a Calamocha, donde detuvo el correo de Teruel, el mismo día 30. El 31 de julio, en Fuente la Higuera (Valencia), entró una fuerza carlista procedente de Chelva, inutilizando las líneas férreas y telegráficas. Mandaba esta fuerza Izquierdo, quien de allí se dirigió a la jurisdicción de Villena (Alicante), de donde pasó a la provincia de Albacete.
Acciones en el mes de agosto
Ataque carlista a Teruel (4 de agosto de 1874)
El 2 de agosto, el Infante, llevando como JEM al general Lizárraga, llegó a Sarrión (Teruel) y al día siguiente se presentó ante Teruel, pero no inició el ataque hasta la madrugada del 4 de agosto. El ataque fue descrito por el informe de Jacinto Santa Pau:
«El día 3 [agosto] al anochecer llegaron a la vista de la población, y aunque la oscuridad impedía verles, el ladrido de los perros del arrabal les denunció; al poco rato se oía distintamente el ruido de horadar paredes, romper puertas y formar barricadas: eran dos batallones de Segarra y uno de Freixa, que habían ocupado las casas. Los bravos defensores, apostados en la muralla desde el día anterior, se limitaron a observar estos preparativos para con la claridad del día poder hostilizar mejor al enemigo.
El fuego rompiose antes de amanecer [agosto 4] por una descarga hecha con sus cuatro cañones: al momento se generalizó en toda la línea con una rapidez tal que parecía furia, continuando así sin amenguar nada las quince horas que duró.
La línea de defensa la formaban 150 soldados de la reserva al mando de sus capitanes D. Rafael Hernández y D. Ambrosio Martínez; 80 guardias civiles con su capitán D. José Zúñiga y cuatro compañías de la Milicia con sus comandantes Ramón Gómez y don Vicente Tarrat, y sus capitanes Manuel Garzarán, Mariano Muñoz Nougués, Nicolás Monterde y Pedro Hureso; la defensa del distrito estaba a cargo del comandante de la caja de quintos de Vicente Gómez y Díaz de Rada.
La artillería, servida por la compañía de milicia al mando de su capitán Benito Bonet, con algunos soldados de la reserva recientemente instruidos, fue hábilmente colocada por el comandante de artillería de la plaza, teniente facultativo Manuel Bonet y Calzá, que, habilitando explanadas para tirar y utilizando postigos, consiguió dirigir las cuatro piezas sobre el enemigo.
Después de adquirir el gobernador militar por los vigías colocados en las torres, por los partes de los guardias y por sus propias observaciones, la certeza de que era éste el único punto de ataque, acudió a él para mejor tener las disposiciones en vista de las circunstancias.
Como el día adelantaba y el enemigo seguía hostilizando con igual tenacidad, decidió apagar sus fuegos del arrabal, concentrando los de toda la línea sobre aquel punto, operación que produjo muy buen resultado, puesto que se consiguió casi por completo, apareciendo luego la bandera de parlamento.
Serían las seis de la tarde [agosto 4], y como había que relevar fuerzas, tomar precauciones y arreglar cuantos detalles se creyeran convenientes, les concedió éste y mandó cesar el fuego. Llegado el parlamentario, le entregó el oficio que hemos transcrito y que fue inmediatamente contestado.
Despachada esta contestación, el Sr. Santa Pau tomó las disposiciones convenientes para rechazar el asalto, pues no ignoraba que habían llevado los pueblos inmediatos de orden de D. Alfonso sobre 300 escalas.
Pasada la noche sin que se notase movimiento por ningún punto, al amanecer del día 5 varias descargas del enemigo, contestadas por los defensores de Teruel, fueron la señal de huida de los carlistas, que traspusieron los montes en dirección a Corbalán.

La llegada de las columnas Iriarte primero, y Lasso después, explicó más tarde el motivo de una retirada tan precipitada.
Dignas son de elogio ambas columnas por su atrevido movimiento para socorrer a Teruel.
Aisladas, y con muy poca fuerza para combatir con D. Alfonso, cada una de por sí resolvió arriesgarse, llegando la de Iriarte a las nueve de la mañana, y la de Lasso a las cinco de la tarde, si bien éste, además de venir por el camino por donde D. Alfonso se retiró, tuvo que evadir el combate con Gamundi, que tenía instrucciones para detenerle. El gobernador militar Santa Pau ordenó luego un reconocimiento en el campo enemigo, donde se encontraron varios objetos de guerra, entre ellos una cartera con el plano de Aragón y otros papeles, muchas viandas preparadas y escalas que fueron inutilizadas, algunas casas ardiendo, y otras con el mobiliario destrozado.
Las pérdidas de los defensores fueron cuatro muertos, 13 heridos y siete contusos.
Los carlistas, según datos adquiridos por los prisioneros y por un guardia, tuvieron sobre 30 muertos y de 80 a 100 heridos».
La acción duró hasta las seis de la tarde, en que se recibió la intimación para que se rindiera la guarnición, a lo que contestó el brigadier Santa Pau rechazándola. Los carlistas se retiraron, pues acudían las columnas de Iriarte y Lasso, retirándose el Infante por Corbalán a Alcalá de la Selva (Teruel), donde se le unió Gamundi.
Otras acciones en el mes de agosto
El día 3 la partida de Sáez apareció cerca de Orihuela, y poco después, el 4, se anuncia la formación de otra en Parcent (Alicante). El 12, cuando ya estaba de regreso el general Tristany, que había pasado a conferenciar con el Infante, el Tcol Eugenio Loño destruyó las barcas de Flix y Ribarroja, por lo que había pasado el Ebro por un puente de barcas, y a su regreso a la derecha del río, libró combate con el destacamento carlista que protegía dicha barca. En el caserío de Benasau (Alicante), hubo, el 17, un combate entre la fuerza de guardias civiles y la pequeña partida que mandaba don Fructuoso Añón. Más importancia tuvo la tentativa de los carlistas para apoderarse de Alcañiz. El Infante avanzó hasta Calanda (Teruel), pero todos los esfuerzos resultaron vanos y tuvieron que retirarse después de porfiada lucha, que duró hasta el día 15, habiendo comenzado las hostilidades el 13. El infante don Alfonso se retiró hacia Valdealgorta, y de allí marchó a Maza.león. El 21, cerca de Onteniente, la partida mandada por Añón tuvo un encuentro con el comandante de la Guardia Civil Soler, y en esta misma fecha, Alberto Clemente, conocido por el Mañá, estuvo en Venta la Encina (Alicante), destrozó el puente de los Sumidores, sobre la vía férrea, arrojó al fondo del barranco dos trenes de mercancías y rompió los aparatos del telégrafo.
El 27 de agosto, en el Monte de la Morera, tuvo otro encuentro con la Guardia Civil este guerrillero. A finales de agosto se señala un combate en Adzaneta (Castellón).
Acciones en el mes de septiembre
Añón fue alcanzado el 1 de septiembre por fuerzas de la Guardia Civil en la sierra de Navalón, muriendo este jefe carlista. La partida de Rurperto Sáez volvió a dar signos de vida en la provincia de Alicante. El infante don Alfonso, que se había retirado a Calaceite después del ataque de Alcañiz, fue luego a Gandesa, estuvo en Benicarló y Vinaroz, y durante la estancia en la primera de estas poblaciones hubo un pequeño combate entre las fuerzas que bloqueaban Peñíscola (Castellón) y la guarnición.
El día 7 de septiembre, en Mora de Rubielos, lucharon los carlistas, mandados por Gamundi, contra la columna de López Pinto. A una reclamación hecha por Lizárraga sobre las condiciones en que se llevaba la guerra, y tratando de que fuese dulcificada, ya que habían sido fusilados por los republicanos algunos prisioneros carlistas, la contestación del general Pavía fue la que debía esperarse, teniendo los antecedentes de que tales correspondencias presentaban desde la primera guerra civil, es decir, acusando a los carlistas de haberse adelantado en represalia, pero lo que demuestra lo bien fundado de la protesta de Lizárraga y la seguridad que tenía de que el Infante no era partidario de la guerra sin cuartel, es la orden que dio, con fecha del 8 de septiembre, previniendo a los jefes republicanos que «todo herido o enfermo enemigo que encuentren, debe ser sagrado, y que respetaran su mansión y persona».
El 14 de septiembre, emprendió desde Chelva su famosa expedición el coronel Miguel Lazano para Murcia y Alicante. La orden le fue dada por el Infante. Sus fuerzas se componían en realidad del BI-I de Alicante (500) y llevando con ellos una sección de caballería de 33 caballos al mando de Samper. También había un cuadro de oficiales para la formación de nuevas unidades. Mandaba la infantería el Tcol González Fernández, y como segundo jefe, el comandante José María Berenguer. Poco operó en el Reino de Valencia la expedición de Lozano, ya que se desarrolló generalmente en las provincias de Albacete, Murcia y Almería. Pero no puede olvidarse que también estuvo en la de Alicante. Habiendo salido de Chelva, marchó a Utiel, y de allí fue a Caudete (Valencia), siguió por Venta de Moro, entrando en la provincia de Albacete por Casas Ibáñez. El paso del río Cabriel se hizo por el puente de Cañaveral, el 15. Al mismo tiempo que salía la expedición Lozano, se preparaba otra mandada por el coronel Cucala a la provincia de Valencia. Ambos jefes llevaban el mismo objeto de distraer fuerzas enemigas, recorrer territorios no visitados por los carlistas, sacar de ellos voluntarios, armas, recursos y caballos con que aumentar el ejército, y destrozar los ferrocarriles de Valencia, Alicante y Murcia.
La Segunda División de Valencia tuvo que perseguir a Cucala, al que castigó enseguida, y, como era natural, no podía contarse por el momento con esa división para el plan general de batir al Infante, no le importaban las operaciones secundarias ni de que los carlistas destruyeran todas las vías férreas, extraña que permitiera que una división se separara del plan general para perseguir a Cucala, en una correría que no era novedad, ya que la provincia de Valencia, constantemente había sido objeto de tales operaciones.
La expedición de Cucala también tenía otra finalidad, y era proteger la salida de la fuerza expedicionaria de Lozano. Cucala salió el 20 de Villar del Arzobispo, pasando por Pedralba y Cheste, y fue a pernoctar a Monserrat (Valencia). Es decir, que desde aquel momento, la columna Arnáiz se dedicó a perseguirle. Se dividió la columna republicana en dos fuerzas, una mandada por el coronel Rodríguez de Rivera y la otra por el propio Arnáiz. Cucala siguió por Llombay, Catadau, Monroy, Carlet y Alcudia de Carlet, descansando en Alberique. De esta ciudad Cucala partió en la madrugada del 22, quemó la estación de Manuel, cortó el telégrafo y la vía férrea, y a las ocho de la mañana entró en Játiva sin hallar resistencia, pues el coronel Villamazares, que tenía orden de defender la ciudad, no juzgando posible la resistencia en la misma, se encerró en el castillo con un batallón, 200 guardias civiles y 20 caballos del RC-2 de Viliaviciosa, llegados la noche anterior de Almansa. No hubo incidentes, pero Villamazares fue relevado del mando y sumariado.
Cucala marchó a Ollería al aproximarse la columna de Arnáiz a Játiva, no sin haber antes tomado efectos militares en el cuartel y cortado la línea telegráfica. Arnáiz no quiso exponerse a pasar el puerto de Olleria, de noche, por lo que se quedó en Játiva, siguiendo a Onteniente al día siguiente, donde llegó cuando Cucala lo estaba abandonando. Entonces se libró un pequeño combate en la sierra de las Crehuetas, con la retirada de Cucala, que Arnáiz anunció como gran victoria, aunque se quedó en Onteniente y el grueso de la fuerza de Cucala prosiguió su marcha sin ser inquietada.
Cucala siguió por Ibi (Alicante), de donde fue el 25 a Monóvar (Alicante), en la que entró, y ya siguió luego por Elda a Pinoso, para entrar en la provincia de Murcia, donde llegó a Yecla, y de la que salió para entrar a las seis de la mañana del día 27 en Ayora (Valencia), siguiendo a Jalance, atravesando el río Júcar por el puente, donde primeramente se les opusieron los voluntarios de Jarafuel y Cofrentes, pero al hacer Cucala vadear el río, se retiraron los republicanos, pasando, como hemos dicho, el grueso de los carlistas el puente. En la misma tarde, los carlistas cruzaron el río Cabriel por el puente de Cofrentes, donde pernoctaron, y de este pueblo salieron la mañana siguiente, o sea el 28, para Chelva, donde descansaron. La expedición fue muy rápida, pero desde los tiempos de Cabrera, las correrías en la provincia de Valencia siempre fueron de tal rapidez.
Las fuerzas mandadas por Madrazo estuvieron el 16 de agosto por los términos de Villafranca de Campos, Singra y Torrelacárcel, todos en la provincia de Teruel, cortando la línea férrea entre los kilómetros 10 y 20. El día 19, Pavía dirigió la única operación importante que hizo en esta campaña en el Centro, pues llevando un convoy a Morella, tuvo que luchar en La Pobleta (Castellón) para vencer la resistencia de los carlistas, siendo el teatro principal de este combate el desfiladero llamado La Cogulla. Las pérdidas por ambos bandos no fueron exageradas. Según Pavía, tuvo el ejército republicano 30 heridos y 4 muertos.
El 23 de septiembre, Salamanca hizo una incursión sobre Amposta (Tarragona), atravesando el río en tres lanchas, consiguiendo entrar por sorpresa en la población, donde hizo tres prisioneros. Acudieron fuerzas carlistas y se libró un combate, reembarcándose los francos de Tortosa, que eran los que habían realizado la sorpresa.
Acciones en el mes de octubre
El 1 de octubre, el coronel Madrazo entra en Cetina (Zaragoza), donde destrozó la línea férrea, mandando una fuerza destacada a Alhama de Aragón, donde también cortan las líneas férreas y telegráfica. Al día siguiente, entra Madrazo en Sisamón. (Zaragoza), de donde pasa a Algar (Guadalajara), para marchar luego, el día 3, a Aldehuela de Liestos (Zaragoza), pernoctando el mismo día en Torralba de los Frailes (Zaragoza), de donde pasó a Castilla la Nueva.
La fuerza expedicionaria de Lozano, procedente de la provincia de Murcia y Albacete, llegaron el día 7 de octubre a Pinoso (Alicante), y de allí a La Romana; el día 8, siguieron a Novelda, y allí hubo algún tiroteo con los voluntarios de la República. Entró en Aspe, y, como en Novelda, recogió armamento, municiones, caballos y dinero. El 9 de octubre, entró en Elche, pero dispensó de la contribución porque se le agregaron 200 voluntarios. Por Crevillente, Albatera y Callosa de Segura, en la provincia de Alicante, fue a Orihuela, donde entró a las cinco de la tarde del día 10, y como allí también se le agregaron 300 voluntarios, tampoco exigió contribuciones. En aquel momento operaban contra Lozano las columnas de Arnáiz, Trujillo, González Rivera, Fajardo y la llamada de Llerena. Al saber que los enemigos le estaban envolviendo, a la una de la madrugada del 11 de octubre, abandonó Orihuela, marchando a la provincia de Murcia.
El día 8, hubo un pequeño encuentro entre caballería aragonesa y la columna de Montero en Maella (Zaragoza). Gamundi entró en Valderrobres, y de allí pasó a Rafales, contramarchando el 9 por Torrecilla de Alcañiz y Castelserais; el 10 pasó la noche en Alcoriza, y el día 11 estuvo en Andorra, de donde marchó para descansar en Olieta, y en la madrugada del 12, a Castel de Cabras. Allí tuvo lugar un combate el día 13, contra la columna de Montero, retirándose los carlistas hacia Cirujada, La Cañadilla y Villarluengo.
Los republicanos habían conseguido recuperar Amposta, pero estaba esta población bloqueada por los carlistas. Salamanca decidió aliviar la situación de dicha plaza, por lo que trasladó fuerzas del ejército en los vapores Montseny y Rápido. El desembarco en Amposta se verificó en la madrugada del día 12, marchando hacia Amposta, que venía ya sufriendo los ataques de los carlistas, comenzados en la madrugada del día 10, habiéndose hasta entonces rechazado doce asaltos. Así Amposta quedó fortalecida de momento. El 18, fuerzas carlistas salidas de Chelva atacaron el fuerte de Liria, que no pudieron reducir.
El Infante había expuesto contra la decisión del Rey de separar ambos ejércitos, y habiendo prevalecido lo dispuesto por Carlos VII, pidió ser relevado en el mando. En espera del relevo, se encargó de la comandancia general de Valencia el general Martínez de Velasco, a primeros de octubre. Mientras tanto, los Infantes permanecían en Alcora, esperando la orden para poder retirarse del ejército del Centro. La operación hecha contra Amposta tenía dos finalidades. La de ser la única operación de guerra en la línea del Ebro y alertar a las tropas republicanas y facilitar el paso del Ebro por los Infantes, haciendo fijar la atención del enemigo en una población amenazada.
El día 20 de octubre, el Infante, con su esposa, salió de Alcora, y por Adzaneta, San Mateo, La Cenia, Cherta y Gandesa, fue a Flix, donde pasaron el Ebro el día 2 de noviembre. Con ellos iban el batallón de Zuavos, el EC-5 de Cataluña y 3 piezas de la batería de montaña.
La orden de relevo del Infante fue llevada a Alcora por el general Díaz de Rada en misión especial. Se nombró interinamente al general Gerardo Martínez de Velasco hasta que llegara del norte Dorregaray.
Al mismo tiempo que esto ocurría en el campo carlista, el general Pavía era relevado de su mando y sustituido por el general Jovellar, siendo designados capitanes generales de Valencia y Aragón los tenientes generales José López de Letona y Agustín de Burgos, continuando así la labor de dar mandos alfonsinos a las fuerzas republicanas.
La columna de La Guardia sorprendió en San Agustín (Teruel), el día 25 de octubre, a tres individuos de la comandancia de armas carlista, y llegó el mismo día a Cortes de Arenoso (Castellón), donde libró un pequeño combate. Por otra parte, Jovellar dispuso una operación general en que intervinieron las brigadas Morales, Araoz, Lasso, Despujol y La Guardia, habiendo habido un nuevo pequeño combate a la salida de Cortes de Arenoso el día 26. La columna de La Guardia marchó sobre Villahermosa, población que los carlistas ocupaban de largo tiempo. Tenían en ella una maestranza, una fábrica de pólvora, un molino de salitre y un taller de confección de cartuchos y artificios de guerra. La maestranza, establecida en la Casa del Ayuntamiento, constaba de una herrería, dos fundiciones, una para material de telégrafos y otra para proyectiles, tres talleres para el moldeo y preparación de tierras, tres de carpintería y un almacén. El hierro que se empleaba procedía del material del ferrocarril. La fábrica de pólvora era un edificio construido por los carlistas de nueva planta, a unos 300 metros del pueblo, en la orilla del río Villahermosa, y contiguo a un molino harinero, del que se había aprovechado en parte. El molino de salitre estaba establecido en las afueras del pueblo, pero a causa de una voladura fue trasladado a una ermita, próxima al molino de pólvora. La fábrica de cartuchos y artificios de guerra estaba en el antiguo hospital. Los talleres tenían maquinaria muy completa y se encontraron confeccionados salchichas, cohetes y bengalas. La pérdida de Villahermosa para los carlistas tenía gravedad por cuanto les privaba de un centro logístico.
Mientras Villahermosa estaba ocupada por La Guardia, la columna de Araoz entraba en Vistabella. En esa ciudad fueron inutilizados por los republicanos las oficinas, la línea telegráfica que la unía con Villahermosa y la imprenta, en donde venían haciéndose trabajos de esta clase y se publicaba el periódico oficial carlista.
Acción de Villafranca del Cid (29 al 30 de octubre de 1874)
La caída de los pueblos de Villahermosa del Río y Vistabella del Maestrazgo a manos de los liberales hizo que los carlistas tomaran represalias.
El 28 de octubre, el movimiento desde la plaza de Morella de una columna liberal al mando del coronel Montero hacia Villafranca del Cid, debido a informes en los cuales se tenía noticia de fuerzas carlistas en dicho pueblo. Una vez en la zona, dicha columna fue sorprendida por las unidades carlistas de Cucala, que sin problema alguno derrotaron al coronel Montero y sus tropas al estar esperándolos en posiciones ventajosas.
La columna de socorro, que salió desde Culla al mando del brigadier Eulogio Despujol y Dusay, no llegó a tiempo, y viendo la situación de tener numerosas fuerzas enemigas en la zona y estar dichas fuerzas en terreno ventajoso sobre el pueblo, decidió replegarse a Morella para evitar otra derrota.
La brigada se componía de los dos batallones del RI-10 de Córdoba formando la primera media brigada, a las órdenes de su coronel Manuel Rodríguez de Rivera; la segunda media brigada, mandada por el coronel Mariano Montero, la formaban el medio BI-VI de reserva de Orense, 2 compañías del disuelto batallón reserva de Orihuela, el disuelto batallón reserva de Astorga y 4 compañías del de Segorbe; reservándome bajo su inmediato mando, para emplearlas donde lo creyese oportuno, 4 piezas Plasencia, 100 caballos del RCL-6 de Castillejos y 70 del RCL-1 de Almansa. El total de estas fuerzas, incluyendo un oficial con 30 voluntarios de Alcañiz, ascendía a 3.036 hombres, y descontados los asistentes, enfermos, camilleros, músicos y guardias de prevención, quedaba reducida a unos 2.700 hombres de todas armas disponibles en filas para el combate.
Las unidades de Despujol inician movimiento de repliegue a las 7 de la mañana del día 29 hacia Morella, cuando en ese momento los carlistas entraban en el pueblo y rodearon a las tropas liberales, las cuales fueron atacadas por todos los frentes. Los carlistas le atacaron de nuevo, habiendo sido reforzados por los batallones de Corredor y Gamundi. La lucha fue muy empeñada, presentándose en el combate, como refuerzo carlista, dos batallones mandados por el general Martínez de Velasco. El enemigo, envuelto por todas partes y sin poder retroceder al pueblo, estuvo a punto de rendirse.
Despujol, viendo la gravedad de la situación, ordenó atacar el flanco aprovechando el desorden que existía por falta de disciplina en los voluntarios de Cucala. Estos abandonaron una posición, quedando comprometido el BI-I y el BI-II de Valencia, que habían avanzado demasiado. Despujol lanzó su caballería sobre dos compañías valencianas, abriéndose paso hasta Morella por la zona de la cañada que lleva a Ares del Maestre. A raíz de estos combates, el brigadier Despujol fue ascendido a mariscal de campo.
Las bajas carlistas según los republicanos fueron de 140 muertos, 300 heridos y 38 prisioneros. Las bajas republicanas, según su parte, fueron de 1 jefe y 17 de tropa muertos; 1 jefe, 4 oficiales y 93 de tropa heridos; un capellán, un oficial y 106 de tropa contusos; 10 extraviados; 9 caballos muertos y 84 heridos, además de algunas acémilas de bagajes.
Acciones en el mes de noviembre
La Guardia y Lasso entraron el 1 de noviembre en Cantavieja, y al día siguiente llegó Despujol, que destruyó las fortificaciones y quemó la imprenta de campaña. El mismo día la partida mandada por Sales fue sorprendida cerca de Alpera (Alicante). El día 2, la columna del Tcol Juan Navarro salió de Amposta, dirigiéndose a Masdenverge (Tarragona), donde consiguió entrar, pero los carlistas resistieron en la iglesia hasta que la proximidad de fuerzas de socorro obligó a los republicanos a entrar de nuevo en Amposta, llevando consigo, entre heridos y contusos a 64 hombres, pero conservando 36 prisioneros, que pudieron hacer en la sorpresa.
El 3 de noviembre, hubo un combate en Villavieja (Castellón); el día 5, fue en el término de Caudete (Valencia) donde la partida mandada por Alberto Clemente, conocido por el Maño, fue batida por una columna de la guardia civil mandada por el capitán Soler, con guardias civiles e infantería, quedando prisionero el jefe de la partida carlista. El día 12, la columna de Dabán entró en Ayódar (Alicante), donde los carlistas tenían establecido un hospital. Aunque respetó a heridos y enfermos, no hizo lo mismo con 12 individuos del servicio sanitario carlista, que redujo a prisión. Se apoderó además del material sanitario, quemando gran parte de él, y dispuso que cuanto antes desapareciera el hospital. No había hallado ninguna dificultad en llegar ni resistencia en el pueblo; por lo tanto, su victoria le fue fácil. Dabán fue el que proclamó a Alfonso XII en Sagunto.
El día 15, la caballería del republicano Morales sorprendió en Valdeconejos (Teruel) a una partida de recaudadores carlistas. Al día siguiente, voluntarios movilizados y la contraguerrilla de Morella sorprendieron en Cinctorres (Castellón) a la fuerza de Polo, que cayó prisionero junto con el recaudador de contribuciones, su secretario, el comandante de armas y 21 carlistas. Cucala invadió la huerta de Castellón la tarde del 20, avanzando hasta corta distancia de las murallas. Siendo tiroteado por los republicanos. Por la noche se retiró a Burriana, y de allí a Borriol, cuando se enteró de que acudía la columna Dabán. En Borriol, el 21, se libró un combate por Cucala contra la columna Dabán y la del coronel Plasencia, salida de Castellón, durando la lucha cinco horas. También el día 20 fue sorprendido por los republicanos el comandante de armas de Olalla (Teruel), con otro individuo, quedando prisioneros.
El día 21, las fuerzas del brigadier Despujol tuvieron un encuentro con la partida mandada por el conocido por José Roig, alias el Seco, y la ronda de Fabara, cerca de Caspe. El 22, en Catí (Castellón), fueron sorprendidas dos compañías carlistas por una columna salida de Morella. Otra partida recaudadora fue sorprendida en Manzanera (Teruel), por la columna de Lasso, y el comandante militar de Serra (Valencia) lo fue por la columna del brigadier Carbó.
Toda la provincia de Teruel, toda la provincia de Castellón, toda la orilla derecha del Ebro en Cataluña y gran parte de las provincias de Valencia y Alicante tenían establecidos en los pueblos los comandantes de armas, cuya misión era prestar auxilio a los carlistas, hacer el servicio de confidencias, cobrar tributos; es decir, era una red tan tupida y tan perfecta, que indudablemente no se podía dar un paso por aquella región sin encontrarlas. El punto débil era que los comandantes de armas, generalmente, no disponían más que de 5, 10 o a lo sumo 20 hombres, de carácter sedentario, y entre su abundancia y la escasez de sus fuerzas, era factible a los republicanos señalar el copo de uno de estos jefes, muchas veces con él uno o dos individuos, que era toda su fuerza. No se tienen que confundir las comandancias de armas con las rondas, pues estas eran contraguerrillas adscritas a un territorio determinado.
El 23 de noviembre, el general Jovellar llegó a Begís (Castellón), donde fue apresado el comandante de armas, y luego en Alcublas (Castellón), puso presos al mayor de la plaza de Chelva, a dos oficiales y tres individuos de tropa. Mientras tanto, Martínez de Velasco había llegado a Utiel. Ese mismo día 23, hubo un encuentro entre las fuerzas del general Jovellar y los batallones BI-III, BI-IV y BI-VI de Valencia, a las órdenes del coronel Monet, en las alturas cerca de las formidables posiciones de Domeño. Martínez de Velasco había ido a ocupar las posiciones de La Salada, cerca de Domeño. El día 26, Jovellar llegó a Alcublas (Castellón), donde dio muerte al comandante de armas carlista.
Aunque correspondía al general Lizárraga tomar el mando interinamente del ejército del Centro, cuando fue relevado el Infante, este dejó postergado a su sucesor y entregó el mando al general Martínez de Welasco. Es curioso y demuestra el carácter de estos dos jefes. Martínez de Velasco aceptó la disposición del Infante sin oponer dificultades, y Lizárraga la acató prestando todo su apoyo al nuevo general en jefe. Martínez de Velasco tenía fama de organizador y trató de poner orden en el ejército del Centro, y si no lo consiguió, fue por su escaso tiempo de mando.
Cuando en el Norte se supo la disposición del Infante, se dictó una Real Orden para restablecer las cosas en su estado normal: Lizárraga en el mando del ejército del Centro y Martínez de Velasco en la comandancia general de Valencia, dándose el caso de que la subordinación de Lizárraga al primero, fue igual a la que tuvo Martínez de Velasco a Lizárraga.
Acciones en el mes de diciembre
El 8 de diciembre, fueron sorprendidas dos compañías carlistas en Chiva (Valencia). El día 9, la brigada Dabán llegó a Adzaneta (Castellón), donde se encontraba el general Salvador y Palacios, intendente del ejército del centro, con la diputación carlista. Una fuerza de caballería entró en la población, obligando a los carlistas a abandonarla. El día 10, hubo otra sorpresa en Cálig (Castellón) contra una compañía carlista. La columna republicana mandada por el capitán Gabriel Dorado tuvo un encuentro con los carlistas en Urrea de Gaen (Zaragoza), pero estos retrocedieron hasta Albalate del Arzobispo (Teruel), donde estaba el núcleo mandado por el coronel Pallés, por lo que Dorado se retiró a Hijar (Teruel) hostigado por los carlistas, el día 12. En ese mismo día, Monet sostuvo un combate en el puente del Vado de Moya, entre Sinarcas y Chelva, consiguiendo Arnáiz entrar en Chelva, donde inutilizó un taller de recomposición de armas.
El 13 de diciembre, Jovellar sorprendió en La Cenia (Tarragona), a dos compañías carlistas, que estaban con la diputación, muriendo asesinado el barón de Zafra, presidente de la misma. Con motivo de esta muerte y del fusilamiento del coronel Lozano, desde Adzaneta, Lizárraga dio una orden general diciendo que elevaba al Rey el conocimiento de tales procedimientos, pero que mientras llegara la decisión, los carlistas debían continuar prosiguiendo con la misma nobleza que hasta entonces. Al día siguiente, desde Lucena (Castellón), dio una orden para que cesara la circulación de trenes en todo el territorio de su jurisdicción.
El día 14, hubo un pequeño combate en la sierra del Remedio (Valencia). El 16, en la ermita de San Cristóbal, junto a Alcora (Castellón), hubo un tiroteo por los carlistas, que se retiraron hacia Lucena. Lizárraga destituyó del mando de la comandancia general de Castilla al brigadier Villalain, nombrando en su lugar al brigadier Vallés. Esto ocurrió en los últimos días de diciembre, durante los cuales solo hay que señalar el combate librado en Bechí (Castellón) por la columna mandada por el comandante Pedro Mayor, contra las fuerzas carlistas de Martínez de Velasco, y al aproximarse la columna mandada por el brigadier La Guardia, se retiraron los carlistas, el 20.
El 25 de diciembre, el brigadier Despujol tuvo un pequeño combate en La Cenia (Tarragona). El día 31 hay que señalar otro combate, en que el brigadier Despujol tuvo que luchar en el desfiladero de las Armas del Rey (Tarragona), que pudo dominar en un combate que se inició en el Ayud de Chorta, junto al mismo río Ebro.
La proclamación de Alfonso XII iba a crear un nuevo estado de espíritu en la región valenciano-aragonesa.
Operaciones en el Alto Aragón
Tampoco el Alto Aragón tuvo operaciones importantes en 1874. Las fuerzas del brigadier Gamundi en el Norte fueron reorganizadas por el coronel González Boet, que había llegado procedente de Cuba. Las que debían operar en el Alto Aragón fueron situadas en Sangüesa, el 18 de enero, bajo el mando del brigadier Manuel López Caracuel, quien en dicha fecha emprendió la marcha, pasando por Luesia, Biel y Fuencalderas, en la provincia de Zaragoza; Aguero (Huesca), Murillo del Gállego (Zaragoza) y Ayerbe (Huesca). Los republicanos supieron la presencia de los carlistas cuando estos estaban en Ayerbe. Acudió el brigadier Delatre, librándose un combate en Luna (Zaragoza), el día 20 de enero, siendo batido el brigadier López Caracuel, que se vio obligado a replegarse a Navarra.
Nada importante hay que señalar en el mes de febrero, pero no así en marzo, aunque esta vez la operación se hizo desde Cataluña. Mandaba estas fuerzas el brigadier Francisco Tristany, quien entró en Aragón pasando por Fraga, siguiendo a Candasnos y luego por Peñalva, en la provincia de Huesca, hasta llegar a Bujalaroz, en la de Zaragoza. Regresó hacia Cataluña pasando por Velilla del Cinca (Huesca), y en el monte Cardit, término de Fraga, se libró, el día 5 de marzo, un combate entre las fuerzas del brigadier Delatre y las de Tristany. Delatre se atribuyó una gran victoria, pero lo cierto es que los carlistas, sin ser molestados, siguieron por Ontiñena, Alcolea del Cinca, Albalate del Cinca, Esplús y Albelda, todas de la provincia de Huesca, entrando en Cataluña por el puente de Alfarrás (Lérida).
Tampoco se señala nada importante en abril, y no es de mucha importancia lo ocurrido en mayo, cuando el coronel Cavero hizo una incursión con un batallón aragonés llegando hasta Sós (Zaragoza), pero regresando poco después a Sangüesa. Tampoco tiene importancia la operación realizada por el general Lizárraga con el BI-IX de Navarra, el batallón aragonés y los escuadrones 2 y 4 de Navarra, que, habiendo partido de Puente la Reina (Navarra), pasaron por Berdun y llegaron hasta cerca de Jaca (Huesca), regresando a Navascués (Navarra), en el mes de junio. En julio salieron de Sangüesa fuerzas carlistas que llegaron hasta Sós (Zaragoza) y retrocedieron al norte.
Los meses siguientes no señala nada de importancia hasta diciembre, cuando apareció el día 7, en Tolva (Huesca), una partida que marchaba hacia Viacamp. El capitán José Cagigas, jefe de las compañías Guías del Alto Aragón, se dirigió inmediatamente desde Benabarre para batir a los carlistas, pero unos kilómetros antes de esta población se vio atacado por los realistas y obligado a retroceder a Benabarre, donde se hizo fuerte en la torre de la iglesia. Los carlistas no pudieron vencer su resistencia, aunque ocuparon la población, y después reemprendieron la marcha, teniendo otro combate en Laguarés (Huesca), perdiéndose después la huella de esta partida, que debió regresar a Cataluña por Pont de Montañana.