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Acciones del mes de enero
En el día 29 de diciembre, Arsenio Martínez Campos se pronunció al frente de sus tropas poniendo punto final a la República y restaurando la monarquía en la figura de Alfonso XII, hijo de Isabel II.
El general Savalls, que había sido llamado por el Rey, quedó bajo las órdenes del comandante general (Rafael Tristany) por si fuera el caso que recuperara el favor real. Por lo tanto, durante el mes de enero, Savalls había vuelto de Estella, donde estuvo arrestado y fue amonestado por don Carlos y entonces permanecía en Cataluña, sufriendo la penitencia por sus pecados de insubordinación y bajo el control de Rafael Tristany.
A principios del año 1874, Rafael Tristany ocupaba el cargo de comandante general del ejército carlista en Cataluña. En Martín Miret recayó el nombramiento de general jefe de la provincia de Barcelona; en Francisco Auguet, la de Gerona, a la vez que José Bautista Moore lo era de la de Tarragona, y Francisco Tristany (hermano de Rafael) de la de Lérida.
Toma de Vich
Desde el 1 al 3 de enero de 1874, no se señalan otras actividades que ligeros tiroteos entre los defensores de Olot y las fuerzas carlistas mandadas por Sabater que bloqueaban esta población. En dicho día 1, los republicanos hicieron una salida hacia Ridaura, y si bien en el primer momento pudieron avanzar, llegaron refuerzos que obligaron a los republicanos a refugiarse rápidamente en la plaza. Al día siguiente llegaron las fuerzas de Saval, intimando la rendición a los defensores, ofreciendo franca salida y libertad para retirarse con armas a Gerona. Rechazada esa proposición, abrió el fuego la artillería contra Olot e intentó el asalto, pero siendo rechazado, Savalls se retiró a Ridaura, La Piña, Las Presas y Batet, marchando al amanecer del día 3 hacia Almer.
Por su parte, el general Tristany amagó un ataque a Manresa el día 3 para llamar la atención de las columnas de aquella parte. La plaza estaba defendida por 4 compañías del RI-14 de América (223), 14 transeúntes, 3 sargentos de la reserva, la compañía movilizada de la población (41), fuerza de los BIs de la República VII y XIV, y la milicia ciudadana (250). En total, 549 hombres (270 cubrían el castillo y el recinto). El ataque duró hasta el día 5 de enero, cuando se retiró por la llegada de la columna del coronel Mola con la brigada de Llusanés.
Tristany reunió sus voluntarios en Prats de Llusanés, de donde marchó el 8 de enero a Vich con las siguientes fuerzas: BI-I, BI-III y BI-V de Barcelona formando una brigada, a las órdenes del brigadier Miret; BI-I y BI-II de Tarragona, a las del coronel Moore, junto con el BI-I de Lérida. El escuadrón de Barcelona y dos secciones de otro escuadrón acompañaban a Tristany, quien por toda artillería solo contaba con una pieza de montaña.
A las ocho de la noche llegó a las inmediaciones de Vich y dio las órdenes para el asalto. El Tcol José Querol (167) con 4 compañías de infantería formaba la izquierda. El brigadier Miret, con el BI-II de Barcelona y dos compañías del BI-II de Tarragona, el centro; y el coronel Galcerán, con otras 4 compañías del BI-II de Tarragona, la derecha.
A las nueve de la noche se dio el asalto. Tristany, que había quedado en la retaguardia con las demás fuerzas y el batallón de zuavos, intervino personalmente en el ataque. Sorprendida la guarnición, e inútil la defensa, se retiró del primer recinto. Durante 36 horas el combate siguió en las calles del segundo recinto, tomándose casa por casa y barricada por barricada, hasta que al fin, una parte de la guarnición pudo huir y el resto se refugió en la Catedral, donde se rindió, no sin antes haberse defendido.
La importancia de la toma de Vich no era solo por el botín, pues se habían apoderado los carlistas de dos cañones Krupp, con todas las municiones y armamentos que había en el depósito, ni por los 130 caballos que se cogieron, ni por haber hecho prisionero a casi todo un batallón del RI-25 de Navarra, sino porque Vich tenía tal significación de inexpugnable, que se consideraba más difícil ser tomada que otras importantes poblaciones.

La caída de Vich tuvo en aquella parte de Cataluña la misma repercusión que había tenido la de Igualada el año anterior. Estas dos poblaciones quedaron abiertas a ambos ejércitos.
Ataque carlista a Sarriá (12 de enero de 1874)
A las 16:30 horas del 22 de enero, los vigías de la torre de la Catedral de Sarriá avisaron a la autoridad municipal de haber divisado en el “Hostal de la República” a una columna de fuerza armada. Inmediatamente, se puso en conocimiento de la autoridad militar. Se tomaron las disposiciones pertinentes al caso, cerrándose las puertas de las murallas y dejándose establecido un fuerte retén de la milicia nacional en la Casa Consistorial y otros en diversos lugares al saberse a las 15:45 horas que la avanzada de aquella fuerza había llegado a Sarria y ocupaba las primeras casas de la calle principal.
Acudieron a la Casa Capitular el alcalde, concejales, comandantes y oficiales de la milicia nacional, la comisión provincial y gran número de vecinos ofreciéndose a “defender la libertad”. El Gobernador Militar convocó la milicia nacional; apenas las cornetas tocaron llamada, todos, salvo unos pocos, acudieron a sus puestos. Lo mismo efectuaron los cuerpos de voluntarios movilizados que permanecían en Gerona, y la fuerza del ejército, quedando la plaza bien dispuesta para todo cuanto pudiera ocurrir.
A las 22:00 horas los vigías de la torre catedralicia dieron parte de haberse oído fuego hacia Sarriá y que parecía arder el fuerte de dicha población, que estaba defendido por 18 individuos de la compañía de movilizados al mando de Moreno. Al saberse que los carlistas estaban en la calle de Pedret, se repartieron armas a los presentados en la Casa Consistorial, entre ellos al exgobernador civil Juan Matas. Quedó perfectamente organizado el servicio de murallas, patrullas y retenes, con cerca de 2.300 hombres, cuyo servicio más tarde inspeccionó y modificó el general Manuel Buceta.
Llegada a Sarriá de la fuerza carlista a las órdenes de Savalls, cuyo número ascendía a unos 1.400 efectivos, a las 17:00 horas, y viendo que los vecinos cerraban las puertas de sus casas, ordenó que volvieran a abrirse bajo pena de muerte, ante cuya amenaza fue obedecida su disposición en el acto.
La caballería se apoderó de las posadas donde llevaron los caballos para que se les diese pienso, excepto unos 15 que apostaron en el extremo opuesto del puente y en la parte superior de la fábrica de papel contigua al mismo.
Los defensores del fuerte, situado junto al mencionado puente, a la entrada de Sarriá, sorprendidos seguramente al ver invadida la población por tantos carlistas, no hicieron fuego contra ellos, quienes se apoderaron de las casas de la calle principal que el fuerte dominaba en toda su extensión.
Los carlistas se apoderaron de los edificios particulares, por la parte de Celrá llegaba una partida de caballería que tomo posiciones en el camino de Gerona y por la espalda de los edificios fronterizos al fuerte pasaba una pieza de artillería que fue a asentarse junto a la indicada fábrica de papel para batir el tambor de la entrada del fuerte, al propio tiempo que una segunda pieza que Savalls llevaba con su fuerza se situó en el extremo de la calle, la cual debía batir el lienzo del mismo fuerte.
Antes que las piezas estuvieran dispuestas para abrir fuego, los voluntarios abrieron fuego contra los sirvientes. El cañón de la fábrica de papel disparó sobre el tambor y, como la pared de este no era muy consistente para poder resistir los efectos de la artillería, pronto cedió, dejando abierta una brecha por la cual y por otro boquete abierto en la parte lateral contigua a los edificios, los carlistas introdujeron petróleo, botellas incendiarias y fajinas, logrando prender fuego al fuerte, que empezó a arder y cuyas llamas eran las que divisaron los vigías de la catedral.
Los sitiados, que estaban en apurada situación, redoblaron sus descargas mientras, debido al denso humo, casi no podían respirar, hasta que murieron carbonizados. Prefirieron morir que entregarse, excepto dos que, luchando con la muerte, se tiraron de la ventana y al pie de la misma fueron acuchillados y sus cuerpos echados al río desde el puente.
Mientras tanto, una pequeña avanzada que llegó a Pedret se apoderó de Juan Hombravella Ferrer, quien era corneta de la compañía de Moreno, que fue conducido al puente y a pocos pasos lo mataron a sablazos, dejando su cadáver en medio del camino donde permaneció hasta el día 14.
Del ataque a Sarriá resultaron muertos tres carlistas. El Ayuntamiento de Gerona acordó iniciar una suscripción en favor de las familias de los 18 desgraciados voluntarios que sucumbieron en el fuerte de Sarriá al derrumbarse la techumbre incendiada, de cuyas ruinas fueron extraídos los cadáveres de aquellos valientes, hechos pedazos.
Otras acciones del mes de enero
El día 17 de enero, Rafael Tristany, al frente de una fuerza formada por los numerosos efectivos de los batallones de Barcelona, Girona y Tarragona, entre los cuales los capitaneados por Auguet, Muxí, Miret y posiblemente Savalls, quiso apoderarse de Granollers. En realidad, superando la firme resistencia de los asediados, los carlistas consiguieron entrar en la ciudad, pero llegaron tropas gubernamentales de socorro provenientes de Barcelona y tuvieron que abandonarla.
En la provincia de Tarragona, el Tcol Agramunt, más conocido por el Cura de Flix, atacó el pueblo de Lloá, que fue socorrido por los movilizados de la comarca.
El 23, Savalls, con tres batallones de Gerona, atacó Santa Coloma de Farnés, entrando en la población, deteniéndose los voluntarios en las casas fortificadas, sin que pudiera reducirlos, y los carlistas se retiraron, llevándose prisioneros al juez de Primera Instancia y al alguacil del Juzgado, dirigiéndose a San Hilario Sacalm. Marchó de nuevo Savalls a Olot, que bombardeó los días 26 y 27 de enero.
Aparte de los hechos mencionados, que fueron los más destacados del mes de enero, deben citarse otros, que también tuvieron su importancia. En primer lugar, lo ocurrido en Collformich, cuando el asalto de Vich por Tristany, habían quedado de vigilancia en Seva (Barcelona), dos compañías y una sección al mando del Tcol Vila y Colomer, más conocido por Vila de Viladrou. Supo Vila que una fuerza escapada de Vich intentaba llegar a Brun, pero sea que supo que estaba Vila en Seva, dirigieron a Collformich. Vila y Colomer salieron en su persecución y, cuando lo alcanzaron, cargó a la bayoneta; los liberales se desbandaron, dispersándose, y cuando llegó el fin del combate, en el suelo quedaban 97 muertos, 137 fusiles, bayonetas, cananas, cartucheras, municiones y otros efectos de guerra. Los liberales acusaron a Vila de haber fusilado a los prisioneros. Las fuerzas del BI-II de Gerona recogieron y entregaron vivos a 25 heridos y 14 prisioneros.
Savalls, que no había estado descansando, hizo una incursión por el Ampurdán; con él iba el BI-I de Gerona, 4 compañías del BI-II, 3 del BI-III y el BI-III de Barcelona. En Castellón de Ampurias se cogieron prisioneros 10 voluntarios de la República y un capitán del batallón de Orense, quien fue puesto en libertad. Al saber esta noticia, los voluntarios de la República de Rosas se escaparon de la población, abandonándola. Savalls marchó a Sarriá (Gerona), atacando este punto, donde los voluntarios hicieron una resistencia desesperada, refugiándose en último término en una especie de torre, negándose a rendirse, abriendo fuego; los 35 defensores murieron quemados.
Después del ataque a Santa Coloma de Farnés, Savalls el 26 de enero, estando en La Sellera de Anglés, supo que en Santa Cristina de Aro (Gerona) estaba una fuerza de 40 voluntarios republicanos, por lo que dispuso que el comandante Soliva, con 2 compañías del BI-I de Gerona y 50 caballos, la atacara, lo que hizo a las once de la noche del 27 de enero, refugiándose los republicanos en la iglesia. Al fin, pudieron escapar por una ventana, pero dejaron las armas, recogiendo Soliva 41 fusiles, municiones y una carga de granadas de mano. Saliva fue a descansar el 28 en Tossa y el 29 en Lloret de Mar. Mientras comían, supo Soliva que una columna salía de Blanes, por lo que los carlistas salieron a su encuentro, y los republicanos se refugiaron en Blanes.
Otra expedición de Savalls se hizo con el BI-I de Gerona y 2 compañías del BI-II de Barcelona con 60 caballos, recorriendo Cadaqués, Selva del Mar, Llansá y otros puntos. En Garriguella (Gerona) desarmaron a los voluntarios de la República.
Otro hecho fue la atrevida sorpresa que en Sarriá (Barcelona) hizo una ronda que se llamaba “de las afueras de Barcelona”. Desarmaron a los movilizados y les cogieron 40 fusiles Berdan y 26 Minié, así como otros efectos de guerra. Aunque esta ronda era solamente de 25 hombres, hubo un pánico enorme en la ciudad de Barcelona, donde se decía que eran millares los carlistas que habían llegado a las puertas de la ciudad. Cuando el ataque a los voluntarios de Sarriá del Ter (Gerona), ocurrió algo que merece tenerse en cuenta. Carlistas residentes en Gerona habían organizado un complot que tenía por objeto que, al presentarse Savalls en esta población, se abrirían las puertas para que entraran los carlistas. La defensa de los 35 voluntarios que murieron al incendiarse la torre permitió que acudieran fuerzas en socorro de la capital de la provincia.

El 14 de enero, hubo en Manresa alarma, pues los carlistas habían entrado en los arrabales. Sabadell pudo evitar ser tomada por los carlistas que se hallaban en Sentmenat (Barcelona), mandados por Tristany, por haber llegado una columna de socorro el día 19 de enero. Fuerzas mandadas por Caballé pusieron pánico en Reus cuando esta población se negaba a satisfacer las contribuciones de guerra. En Gélida (Barcelona), un tren fue atacado por los carlistas.
El único revés que hubo en este mes de enero fue el que sufrió el coronel Orteu, en un combate librado contra la columna del comandante Santos Barrios, en Rialp (Lérida).
El capitán general republicano de Cataluña Turón, a invitación de Tristany, convino la entrega de los presos de Vich que tenían los carlistas por otros que tenían los liberales. Así quedó establecido el primer canje de prisioneros que hubo en Cataluña, y cuya iniciativa fue de Tristany, con la natural autorización del infante don Alfonso.
Acciones mes de febrero
El 1 de febrero, el comandante militar de Puigcerdá se dirigió a Pobla de Segur (Lérida), donde se encontraban los prisioneros hechos por los carlistas en Vich. Mandaba la fuerza republicana Andrés Molera, quien anunció pomposamente que había atacado a las fuerzas que custodiaban los prisioneros rescatándolos, con pérdida por parte de los carlistas de 4 muertos y 8 heridos. El número de los rescatados era de 3 jefes, un capitán, 9 oficiales y 246 soldados. El capitán general republicano de Cataluña, general Izquierdo, le contestó diciéndole que, según las noticias fidedignas, los había puesto en libertad el cabecilla Tristany.
El 2 de febrero se presentaban los carlistas, a las doce de la noche, ante Montblanch (Tarragona). Tristany, con las fuerzas de Miret y Moore, había estado el día 30 en Calaf, y el 31 había cambiado su dirección marchando a Suria, mientras que el coronel Baró, por Santa Coloma de Queralt, Sarreal y Espluga de Francolí, se había dirigido a Monblanch, a la que llegó a las doce de la noche del 2 de febrero. Entró en la población, pero no pudo apoderarse del fuerte, donde se habían refugiado 18 soldados del RI fijo de Ceuta y 50 voluntarios de Espluga de Francoli. Una compañía del BI-VIII móvil no pudo alcanzar el fuerte y ocho de sus componentes fueron hechos prisioneros. El general Manuel Salamanca, que estaba en Tarragona, mandó un mensaje a Montblanch diciendo que resistieran, que acudían en su socorro. Los carlistas se retiraron a las tres de la madrugada, llevándose varios paisanos en concepto de rehenes, y dos horas después, a las cinco, llegó la columna de Picazo, quien recibió órdenes de que prendiera a las personas más destacadas entre los carlistas para que respondieran de lo que hiciera Baró con los rehenes. Además, ordenó que se cobraran las contribuciones en Montblanch y que fueran desarmados los voluntarios del BI-VIII móvil, por su conducta cobarde.
Como que Olot estaba constantemente en peligro, el capitán general republicano Izquierdo dispuso que Pieltain saliera de Gerona con un convoy para Olot y tratara de que la población bloqueada tuviera un respiro. Savalls, al saber que Pieltain había llegado a Besalú, tomó posiciones en las alturas de Castellfullit de la Roca. Pieltain, queriendo demostrar su superioridad, avanzó decididamente, y al llegar a la altura de la ermita de Nuestra Señora del Cos, los carlistas abrieron fuego. Pieltain entonces se dio cuenta de que la carretera que seguía estaba dominada por los carlistas por ambos lados, y lanzó el BIL-III de cazadores de Barcelona, para que vadeara el río y tomara las alturas que le dominaban. Parecía que la maniobra tenía éxito, pero faltaba apoderarse del pueblo de Castellfullit, lo que consiguieron después de empeñado combate. Los carlistas, al fin, se retiraron y se situaron en las alturas de Montrós, donde se empeñó el último combate, pero al fin Pieltain pudo llegar a Olot.

Sin embargo, la operación de importancia se realizó en Manresa el 4 de febrero, en que Tristany, con el BI de zuavos, BI-I, BI-II y BI-III de Lérida, y BI-I, BI-III y BI-V de Barcelona y una pieza de artillería, sorprendieron la población a las diez de la noche por un solo punto y se apoderaron de los fuertes. La guarnición se componía del BI-VII y BI-XIV, y 4 compañías del RI-14 de América. Aquella misma noche 200 soldados liberales, asustados de la violencia del ataque, abandonaron uno de los fuertes, huyendo de la población, y en la madrugada del 5 escapaban los que guarnecían el fuerte de Pulgterrat. No quedaban más que 500 hombres refugiados en la catedral, y los carlistas, dueños de la población, se preparaban para reducirlos, cuando se enteraron de que la columna Mola y Martínez marchaba en socorro de la ciudad. El BI-IV de Tarragona fue destacado para que detuviera a la columna enemiga, permitiendo que los carlistas tuvieran tiempo para recoger más de 1.000 fusiles, un cañón, más de 60 prisioneros y se marcharan, ordenando a los habitantes que destruyeran las fortificaciones.
El 7 de febrero, hubo un combate en Sentmenat (Barcelona), entre una pequeña partida mandada por Juan Pujol y la brigada de Cirlot. El mismo día se combatió en Ridaura (Gerona), el 8 en San Juan Les Fonts (Gerona), y en ese mismo día en Pla de Cabra (Tarragona), donde el coronel Baró luchó contra la fuerza del brigadier Salamanca. El 9 hubo un pequeño combate en Sallent (Barcelona), y el 11 la columna Pieltain fue totalmente destrozada en el paso de Riudellots de la Creu (Gerona), viéndose obligada a encerrarse en Sarriá del Ter, para no quedar copada.
Otras acciones dignas de señalar fueron el combate librado el día 23 en la Selva del Campo (Tarragona) por las fuerzas mandadas por el Tcol Moore. Republicanas mandadas por el capitán Trilla, tuvieron combate en Rubí (Barcelona). Otro combate se libró en San Lorenzo Savall (Barcelona) y también se ha de señalar el que hubo en Pobla de Lillet (Barcelona). Una partida carlista llegó a Vallvidrera (Barcelona), y se tiroteó con los republicanos. En Caldetas (Barcelona) los carlistas entraron e incendiaron la estación del ferrocarril. Hubo también un ataque contra Villafranca del Panadés, y todavía se ha de señalar que la columna del Tcol Liences, que lucha en Albiol (Tarragona), fue batida por los carlistas, y los republicanos entraron apresuradamente en Reus.
Martínez Campos llega hasta Vich, pero no se atrevió a ordenar que se fortificase de nuevo ni dejase guarnición alguna. Solo había hecho acto de presencia para tratar de reanimar a los liberales del país. Las fuerzas mandadas por Moore y Baró tuvieron un encuentro con la columna Picazo en Juncosa (Tarragona) el día 20. Miret, que había hostigado Villafranca del Panadés, se retiró a Masquefa (Barcelona) el día 20, marchando a Esparraguera el 21, y, el 22, pasando por Monistrol de Montserrat y Mura, a San Lorenzo Savall, donde se le unieron las fuerzas de Galcerán, Mariano de la Coloma y Massachs, siguiendo juntos el 23 a Castentersol, y el 25 llegaron a Vich para descansar. Fuerzas carlistas estuvieron el 27 ante Cornudella, pero una fuerza liberal llegó a tiempo. También en la provincia de Tarragona amenazaron los carlistas en ese mismo día al pueblo de Poboleda, pero ante las maniobras de las columnas liberales, se retiraron a la sierra de Montsant.
Acciones en el mes de marzo
Vendrell era una de las poblaciones de más tradición liberal de Cataluña. Estaba guarnecida por el BI-VI de Francos, a las órdenes del Tcol Palacín, y 400 voluntarios a las del alcalde, señor Gay. Tristany destacó para esta operación el BI de zuavos, BI de Guías de Cataluña y BI-II y BI-IV de Tarragona. El ataque se hizo a las once y media de la noche del 3 de marzo, tomándose por sorpresa unos, y a viva fuerza otros, los fortines exteriores. Se abrió brecha con dinamita, y una vez dentro de la población, los carlistas se lanzaron a la bayoneta, apoderándose de todas las posiciones y sistemas de defensa que había en la localidad, refugiándose los defensores en la iglesia. Frente a esta había un cañón, que, naturalmente, querían para sí los carlistas. Un zuavo tuvo la idea de arrojar una cuerda al cañón a modo de lazo, y todos se pusieron a tirar desde atrás de un ángulo, y al abrigo de este, el cañón se fue acercando poco a poco hacia los carlistas, mientras que los defensores hacían lo imposible para impedir que la pieza fuera capturada, disparando una lluvia de balas que resonaban en ella como una campana. Finalmente, el cañón fue capturado.
La población estaba totalmente tomada y no quedaba nada más que la iglesia. A las once de la mañana del día 4 de marzo, los defensores del templo pidieron negociar y se les concedió volver a sus hogares con tal de que dejaran las armas. Al conocerse la entrada de los carlistas en Vendrell, muchas poblaciones fortificadas de Tarragona, el Panadés y el Vallés manifestaron su resolución de no defenderse y entregar las armas si se presentaban los carlistas. Los milicianos de Tarragona se negaban a prestar el servicio de la plaza. San Sadurní de Noya (Barcelona), el día 6, entregaba las armas en las Casas Consistoriales, por lo que tuvo que acudir rápidamente una columna liberal para que no llegaran antes los carlistas.
Los vecinos de Villafranca del Panadés más destacados como liberales huyeron de la población en número de unos 3.000. Desgraciadamente, los carlistas no pudieron sacar todo el fruto de este pánico general, ya que la columna Solá pudo recoger las armas y los cañones de Villafranca y San Sadurní de Noya. Si pudieron cogerse algunas en Villanueva y Geltrú fue porque las fuerzas mandadas por José Pascual, conocido por Josepet de Vilanova, consiguieron apoderarse de una parte de ellas al presentarse rápidamente en dicha población, aunque ya habían trasladado a un falucho cuantas pudieron y además los ocho cañones que había en la plaza.
Ataque carlista a Olot (9 al 11 de marzo de 1847)
Savalls no quería faltar al convite de tantas victorias y decidió terminar el bloqueo de Olot apoderándose de esta población. Reunió sus fuerzas y las situó junto a Olot con el fin de sitiarla. Eran el BI-I de Gerona, BI-I, BI-II y BI-V de Barcelona y tres compañías del BI-III de Barcelona a las órdenes del coronel Miret. Destacó al coronel Auguet con el BI-II de Gerona que se situara en Mieras (Gerona) para que vigilara las operaciones de la columna de Ramón Nouvilas. Mientras tanto, se dio la orden de asalto, y la noche del 9, los carlistas penetraron en el recinto. Los republicanos se defendieron enconadamente, pero al fin se hicieron fuertes en el hospital. Así se pasó todo el día 10 y se continuó el día 11. Pero avisaron que Nouvilas avanzaba con una columna de 2.273 infantes (505 del BI-II/17 de Cádiz, 385 del BI-I/25 de Navarra, 652 del BIL-III de Barcelona, 461 del BIL-IX de Arapiles, 170 carabineros y 100 voluntarios), 168 cazadores de caballería (93 del RCL-1 de Almansa y 65 del RCL-2 de Alcántara) y 4 piezas de artillería con 75 artilleros por la parte de Tortellá y Argelaguer, es decir, el camino de Besalú. Los carlistas vieron que Olot se les escapaba por cuarta vez, pero en lugar de desmayar, decidieron atacar la columna que venía a quitarles la presa y ocuparon las posiciones de Castellfullit de la Roca para impedirle el paso.
Acción de Castelfullit (14 de marzo de 1874)
Ocuparon los carlistas las posiciones de Castellfullit de la Roca en la carretera de Olot a Gerona. El 14 de marzo, Nouvilas iba por Montagut y sierra de Toix en dirección a Castellar de la Montaña. Savans dispuso que el BI-I de Barcelona y 3 compañías del BI-III de Gerona se situaran en Batet en prevención de cualquier movimiento que hicieran los sitiados de Olot.

Nouvilas, en vez de tomar la carretera, se dirigió hacia Montagut, por lo que el BI-I de Gerona mandado por el Tcol Aymami empezara a hostigar al enemigo, y al llegar a Montpelat, comenzó a tirotear a los republicanos, dando tiempo para que el BI-II de Gerona a las órdenes del brigadier Auguet y parte del BI-II de Barcelona a las del comandante Planas y tres compañías del BI-III de Barcelona, a paso ligero, subieran la montaña para oponerse al enemigo. A fin de atraer a Nouvilas donde quería, Savalls ordenó que el BI-I de Gerona hiciera un movimiento de retirada, y los republicanos se apoderaron de las alturas de Toix. Entonces comenzó la acción muy reñida, con cargas a la bayoneta, lanzándose sobre la batería republicana, cogiendo las 4 piezas después de la muerte heroica del capitán Eduardo Temprado y Pérez, que sucumbió sobre sus piezas.

Cuando se enteró de la lucha el alcalde de la ciudad, salió de la ciudad con dos centenares de voluntarios para unirse a la lucha, pero en la sierra de los Viveros se encontraron con una gran cantidad de los carlistas y tuvieron que regresar a la ciudad.
Quedó herido en esa carga el comandante carlista Tarridas. Mientras que los liberales trataban de reorganizarse, entró en acción el BI-V de Barcelona, que atacó de frente; a la vez que 3 compañías del BI-III de Gerona y parte del BI-III de Barcelona lo hacían por los flancos. La defensa entonces se hace imposible y toda la columna de Nouvilas se rindió. Algunos soldados republicanos consiguieron huir a Francia o a Olot; hubo unos 200 muertos y unos 1.000 prisioneros. Los carlistas capturaron más de 2.000 fusiles, 5 piezas de artillería, 140 caballos, municiones y material de guerra. Los carlistas contaron entre sus bajas al coronel Miret y al comandante Tarridas, heridos.
Los carlistas consiguieron tomar 1.800 prisioneros en total. Los 33 voluntarios de la Libertad de Tortellà capturados fueron fusilados en el campo de Candell, cerca de Besalú. Los cadáveres de los soldados muertos fueron cargados con carretas, y se trasladaron hasta el cementerio de Montagut y Oix, donde los enterraron en una fosa común.
Se dijo que Savalls requisó 80.000 duros de las cajas de los liberales en su beneficio. Sobre la relación personal entre Savalls y Nouvilas, los cuales no tan solo eran ampurdaneses, sino que estaban lejanamente emparentados, también han surgido algunas leyendas que nos los presentan, después de la batalla, cenando juntos y jugando largas partidas de cartas.

Entrada de los carlistas en Olot
Los defensores de Olot estaban con la esperanza de ser socorridos por Nouvilas, siguiéndose el bloqueo por los carlistas hasta que por la noche empezaron a llegar a la población dispersos de la columna de Nouvilas, que daban cuenta del desastre sufrido. En total, se refugiaron en Olot un comandante y un soldado de caballería desmontados, un capitán, varios oficiales y 250 soldados de los distintos cuerpos. Entonces cundió el pánico y el Ayuntamiento, los voluntarios y casi toda la población huyeron de la misma para acogerse al indulto de los carlistas, debiendo la tropa y los carabineros ocupar los fuertes de San Esteban, San Francesch y Monte Olivete, porque los voluntarios habían pactado su entrega el día 16.
Savalls el 15, desde Caltellfullit, se dirigió al comandante militar de Olot, jefe del BIL-XX de cazadores de Manila, Dámaso Alonso, notificándole la derrota de Nouvilas e intimándole a la rendición en el plazo de dos horas. Alonso contestó a Savalls diciendo que conocía por los refugiados la derrota de la columna, pero que no estaba en situación de rendirse. Desde Las Presas, el mismo día 15, Savalls se dirigió a Alonso ofreciéndole una capitulación honrosa. Contestó el 16 Alonso, diciéndole que se aceptaba en principio la capitulación, pero que pedía que se le hicieran honores de guerra, marchando con armas, municiones y bagajes, pero que entregaría el armamento y el material de guerra de los voluntarios republicanos. Además, solicitaba el canje de nueve oficiales, un capellán y 27 individuos presos en el asalto del día 9, por otros tantos de los prisioneros en Castellfullit. Savalls se negó a los honores de guerra, pero aceptó el canje y anunció que dos capellanes castrenses del ejército liberal habían sido ya puestos en libertad.

Alonso contestó que no está dispuesto a capitular en estas condiciones y que, por lo tanto, suspendía el canje. Savalls, desmintiendo su mala fama, aceptó la rendición con las condiciones pedidas por Alonso, y, así, el mismo día 16, el comandante del BIL-XX de Manila y Alonso firmaron la capitulación por la cual las tropas salieron de Olot el 17 con todos los honores de guerra y tambor batiente, armas, municiones y bagajes, pero no para Gerona, como había pedido Alonso, sino para Barcelona. Los heridos y enfermos que quedaban en el hospital, una vez restablecidos, serían conducidos a puestos fortificados. Quedaban para los carlistas todas las armas y municiones que no fuesen del BIL-XX de Manila. Savalls se comprometía a que las fuerzas del BIL llegaran a Barcelona sin ser hostigadas. El botín en armas de los ocupantes se incrementó en 500 fusiles y 6 cañones.
Entonces ocurrió algo verdaderamente increíble. Las tropas de Olot, con armamento y equipo, bajo la escolta de 4 lanceros carlistas, marchan a Barcelona, llevando en vanguardia a las dos parejas de caballería para que no fueran hostigados por los carlistas durante su tránsito.
Tomado Olot, el pánico que habían causado en la provincia de Barcelona los asaltos de Vich y Vendrell, entonces se extendió a la provincia de Gerona.
Otras acciones de marzo
El 14 de marzo hubo un pequeño combate en Pinós (Lérida), y el 23, fuerzas carlistas atacaban Tordera, dispersando a la columna liberal que allí tenía su base, y capitulando el BI-III móvil que defendía la iglesia. El Tcol del BI-IV móvil, con corto número de soldados, pudo huir, y se embarcó en Malgrat para Mataró. A la una de la madrugada del 24 llegaron a Mataró, perseguidos por la caballería carlista, el Tcol Bonilla, con 23 caballos, escapados del desastre de Tordera. El día 20, una pequeña partida carlista estuvo en Sarriá del Ter (Gerona), donde detuvo a los carros que conducían víveres para Gerona. De esta capital salieron voluntarios para rescatar los carros, pero tuvieron que retirarse los republicanos después de haber tenido pérdidas y no haber conseguido su intento.
Savalls, que había entrado en Olot, el 21 estuvo en Santa Coloma de Famés, destacando al comandante Soliva, que fue a Blanes, donde se apoderó de dos piezas de artillería y las armas de los voluntarios. El mismo Soliva pasó por Llagostera (Gerona), abandonada por los voluntarios al aproximarse los carlistas. De San Feliú de Guixols, donde estaban los voluntarios de Llagostera y demás poblaciones, al enterarse de que Savalls se dirigía sobre la población, salieron comisionados, prometiendo el desarme y el pago de las contribuciones que se le señalaren. Savalls, que también estuvo el 24 en Lloret de Mar, regresó a San Feliú de Pallarols (Gerona).
Por otra parte, Berga fue hostilizada el día 22, y aunque hubo un ataque e intento de asalto al castillo, los carlistas se retiran, marchando a Igualada, donde llegaron el 24, pasaron a Esparraguera el 27 y volvieron a Igualada el 28.
Acciones en el mes de abril
En febrero de 1874, fue nombrado capitán general de Cataluña el TG Francisco Serrano Bedoya, que sustituyó al TG Rafael Izquierdo. Serrano salió de Madrid el 31 de marzo. En el mes de abril redactó un informe sobre la situación del ejército republicano en Cataluña que disponía de 134 jefes, 1.071 oficiales, 19.500 de tropa, 1.350 caballos y 31 piezas de artillería.

De estas fuerzas solamente estaban disponibles para hacer frente a los carlistas:
- La provincia de Barcelona, mandada por el mariscal de campo Mariano Álvarez Bohorques, contaba con 32 jefes, 294 oficiales, 5.622 de tropa, 229 caballos y 8 piezas.
- La provincia de Tarragona, al mando del brigadier Manuel Salamanca, contaba con 8 jefes, 90 oficiales, 1.310 de tropa, 76 caballos y 4 piezas.
- La provincia de Lérida, al mando del mariscal de campo Victoriano de Atmeller, contaba con 7 jefes, 67 oficiales, 1.540 de tropa, 87 caballos y 3 piezas.
La fuerza estaba distribuida en seis columnas, de las cuales una sola cubría toda la provincia de Lérida, 3 de muy cortas de fuerza la de Tarragona y 2 la de Barcelona.
La provincia de Tarragona, al mando del mariscal de campo Manuel Buceta, contaba con 17 jefes, 158 oficiales, 3417 de tropa, 237 caballos y 4 piezas; todos estaban de guarnición.

Tristany, que fue a fines de mes a Santa Coloma de Queralt (Tarragona), pasó a La Llacuna (Barcelona), entró el 3 de abril en Villafranca del Panadés. El 4 hacía lo mismo en Villanueva y Geltrú, de donde pasa a Sitges (Barcelona) recaudando contribuciones, y allí permaneció hasta el 6, siguiendo a Martorell para destruir las fortificaciones que habían levantado los republicanos.
Mientras tanto, Moore permanecía en Sitges. El día 7, Tristany estaba en Esparraguera (Barcelona). Dada la situación, los únicos sitios en que hay combates son en la provincia de Tarragona. El 12 se lucha en Maspujols y el 13 en Albiol. En este mismo día, en Vendrell, una sección de caballería carlista se vio obligada a retirarse ante la presencia de movilizados salidos de Tarragona. Un combate en Monreal y un ataque a Alforja fueron los acontecimientos de este mismo día.
El brigadier Salamanca tuvo un choque con los carlistas en Albiol y La Musara, y el 15 de abril, el mismo jefe liberal tenía que acudir en socorro de los republicanos que se defendían en Torredembarra. Nuevo ataque a Alforja por los carlistas en la noche de este mismo día 15. Otro ataque de Berga el 16. El 18 en Rodañá (Tarragona), Moore se ve obligado a retirarse ante la columna de Picazo, pero el mismo jefe carlista tuvo un pequeño encuentro en Pont de Armentera (Tarragona). El 23, por sorpresa, entraron los carlistas en Alforja, apoderándose de la población, haciendo prisionera a la guarnición; acudió en su socorro el brigadier Salamanca, pero este llegó después de retirarse los carlistas. También hubo un combate en La Riva (Tarragona). La acción más empeñada de este mes en la provincia de Tarragona fue en Borjas del Campo, donde entró la columna de Solá cuando los carlistas la evacuaban; pero al retirarse sobre la ruta de Alforja, empeñaron una acción que estuvo a punto de dar origen a un nuevo desastre republicano si no hubiera habido una llegada oportuna de refuerzos.
Los infantes don Alfonso y doña María de las Nieves llegaron a Perpiñán el 18 de abril, hospedándose en casa de los condes de Lazerme. El día 22, llegó Savalls y se presentó al Infante. El castigo impuesto a Savalls fue de destierro a Francia durante tres semanas. También vio el Infante al general Castells. Para facilitar la entrada del Infante en Cataluña, se ordenó que el batallón de zuavos mandado por José Giner y la caballería de la escolta estuvieran esperándole en Tosás (Gerona). Se fijó la fecha de entrada para el 26 de abril. De Tusas siguieron a Ribas del Fraser (Gerona), desde donde el Infante anunció que había sido creado el Ejército Real del Centro, y que él asumía el mando de Cataluña y el Centro. Estuvieron los infantes hasta el 28 en Ribas del Fraser, y el 29 se les reunieron los generales Freixa, García de Moya, Lafuente y Aillaud de Casaneuve. Siguieron juntos hasta Ripoll, donde fueron objeto de una espléndida acogida.
Los infantes don Alfonso y doña María de las Nieves cruzaron el río Ebro por el vado de Flix camino de Gandesa y entraron en tierra del Maeztrazgo. Los infantes habían llegado a Flix con su batallón de zuavos; además, llevaban una columna de artillería para reforzar el ejército del Centro.

Acciones en el mes de mayo
Acción del Prats de Llusanés
Los infantes fueron recibidos el 3 de mayo en Vich con grandes muestras de regocijo y gran alarde de fuerzas. Para apagar ese entusiasmo y poner término a la situación crítica en que se encontraba la plaza de Berga, el gobierno ordenó a las brigadas de Pedro Esteban y Juan Cirlot que acudiesen a su socorro:
- La BRI de Esteban disponía de 13 jefes, 146 oficiales, 2.557 de tropa, 104 caballos y 4 piezas de montaña: BI-II/14 de América, BI-II/24 de Bailén, BIL-V de Tarifa, BIL-XVII de Cuba, RCL-5 cazadores de Tetuán (60).
- La BRI de Cirlot disponía de 15 jefes, 142 oficiales, 3.007 de tropa, 195 caballos y 4 piezas de montaña: RI-15 de Extremadura, BIL-I de Cataluña, BIL-XX de Manila, RC-4 lanceros de Bailén (50) y RCL-5 cazadores de Tetuán (80).
El día 5, después de pernoctar respectivamente en Gironella y Caserías, concurrieron las fuerzas liberales en Berga, desalojando antes al enemigo y destruyendo sus trincheras.
Los carlistas ocupaban Prats de Llusanés cuando las columnas republicanas de Pedro Esteban y Juan Cirlot regresaban de relevar la guarnición de Berga el 5 de mayo. Las fuerzas vencedoras se dirigían, después de relevar a la guarnición de Berga, hacia Santa Coloma de Queralt e Igualada, en donde se concentraban, cuando supo Esteban, que llevaba un convoy de carros con las mujeres, niños y muebles de los oficiales relevados, que en Prats de Llusanés había un núcleo de unos 1.500 carlistas, y avisando a Cirlot de ello, marchó hacia dicho punto.
La zona de acción está limitada al frente por la posición dominante de la sierra del Grau, de donde arrancan a derecha e izquierda las estribaciones normales a la sierra. Todas las subidas de la sierra, de difícil acceso, estaban dominadas por los carlistas que ocupaban posiciones formidables.
Al llegar al Carrer de Bonaire (Barcelona), se veían ya a los carlistas escalonados en las estribaciones de la sierra de Grau. La columna de Esteban desde Olva fue marchando con precaución, pasando la riera de Marlés por la palanca de Viralta sin ser hostigada, a pesar de estar ya al alcance de los carlistas. Poco después formó a su derecha la brigada Cirlot, procedente de Caserras.
Tomó el mando de las dos columnas el brigadier Esteban como más antiguo, ordenando que Cirlot atacase la izquierda y el centro carlista: el BIL-I de Cataluña y el BIL-XX de Manila debían subir al Grao por la Roca Mentidera y Cal Andred, y moverse, una vez en él, por la ermita de San Sebastián, hasta Prats de Llusanés; el centro, que lo un BI del RI-15 de Extremadura, la caballería y la artillería, y como reserva el otro BI del RI-15 de Extremadura, yendo por el camino principal que conduce a Prats. Mientras que Esteban emprendería el ataque de la derecha carlista por Roca Dreta, el Clot del Infierno y el bosque grande.

Se inició el movimiento al mediodía, yendo en vanguardia el BIL-XVII de Cuba, que se dirigió al bosque; por la derecha avanzó el BIL de Tarifa, y para apoyar al BIL-XVII de Cuba y al BI-II/14 de América, colocándose a la vez cuatro piezas de montaña en batería, para batir dicho bosque. En este momento rompían el fuego la BRI de Cirlot.
Los carlistas, que ya se habían concentrado sobre su derecha con el objeto de envolver la izquierda liberal y apoderarse de su artillería que había tomado posiciones en esa parte del frente, se concentraron aún más ante el peligro de ver envuelta su izquierda por la brigada Cirlot que, después de dos horas de una encarnizada lucha sin cuartel, había logrado coronar las alturas de Prats y la de la ermita de San Sebastián, corriéndose por el llano, al norte de la población, marchando en auxilio de la brigada Esteban que, en un ataque al flanco izquierdo carlista, había encontrado una enorme resistencia.
Comprendiendo Esteban la necesidad de un último y rudo esfuerzo, y viendo que las tropas de Cirlot coronaban el Grao, dispuso que el otro BI del RI-15 de Extremadura, la artillería y la caballería avanzaran por su izquierda, y así lo efectuaron resueltamente. Quebrantado el enemigo por sus muchas bajas, y temiendo ver envuelta su izquierda por los BILs de Manila y Cataluña, que entraban ya en Prats, y conquistada por las tropas la ermita de San Sebastián, se retiró, defendiendo con algunas fuerzas el Pla del General, y dirigiéndose el resto precipitadamente hacia el Coll de Planas. Las tropas tomaron esta segunda posición, después de haberla batido la artillería.
A las tres y media de la tarde, Cirlot había concluido su misión, y viendo que Esteban sostenía todavía un vivísimo fuego hacia el bosque grande y el Clot del Infierno, reunió los BILs de Cataluña, Manila y el RI-15 de Extremadura al mando del coronel Antonio Figueroa, la artillería y la caballería, y se dirigió a aquella parte, con objeto de envolver la izquierda de las últimas posiciones del enemigo. La lucha fue disputada, y en el ataque fue herido el coronel Figueroa, pero quebrantados en extremo y temiendo verse envueltos por Cirlot, después de defender con algunas fuerzas el llano, los carlistas se defendieron con vigor, pero al final tuvieron que retirarse hacia Santa Eulalia de Pulgoriol y Alpens. Terminó la acción a las cuatro de la tarde, y a las cinco y media, escalonados los batallones, se dirigieron a Prats. Se condujeron a este punto los muertos y heridos recogidos en el campo.
Según el parte oficial de Esteban, las bajas del enemigo pasaron de 560, entre ellos 10 prisioneros; 42 muertos carlistas fueron enterrados en Prats y Llusá. Miret y un hermano de Galcerán fueron heridos graves; este último, de dos balazos y un bayonetazo. Las de la columna consistieron en 3 oficiales y 37 individuos de tropa muertos, 21 jefes y oficiales, 123 individuos de tropa heridos y 63 contusos.
Se presentaron después de la acción 115 prisioneros de la columna Nouvilas, casi todos con armas, y dos caballos.
Momentos antes de empezar la retirada llegaron los infantes y el general Tristany, que al ver la derrota, se replegaron también.
Si bien los republicanos entraron en Prats del Llusanés, tuvieron que salir sin poder mantenerse en aquel centro carlista, y sin influir en nada sobre el estado de la guerra.
Los Infantes, que habían estado en Perafita, regresaron por San Boy de Llusanés, Torelló y San Pedro de Torelló. El día 9 de mayo, reemprendieron la marcha por San Boy de Llusanés a Prats de Llusanés, y el día 10, el Infante estaba en Prats, donde dio las disposiciones de la nueva reorganización del ejército de Cataluña:
- Comandante general: Rafael Tristany.
- DI-1 al mando de Savalls, que comprendía las provincias de Barcelona y Gerona:
- BRI-I de Barcelona a las órdenes del brigadier Martín Miret con el BI-I, BI-II, BI-III, BI-IV, BI-V, VI-VI y BI-VII de Barcelona.
- BRI-II de Gerona al mando del brigadier Francisco Auguet con el BI-I, BI-II, BI-III y BI-IV de Gerona.
- DI-2 al mando del brigadier Ramón Tristany (hermano de Rafael), que incluía las provincias de Tarragona y Lérida:
- BRI-III de Lérida al mando del coronel Francisco Tristany (otro hermano de Rafael), con el BI-I, BI-II, BI-III, BI-IV y BI-V.
- BRI-IV de Tarragona al mando del coronel José Bautista Moore.
Cada brigada disponía de un escuadrón de caballería, y había otro para el cuartel general. Segarra mandaba la artillería, formada por dos baterías completas de cañones de montaña. En total, contando los guías a las órdenes directas de Rafael Tristany, los carlistas disponían de 21 batallones y 5 escuadrones.
Don Alfonso luego, por Gironella, fue a Caserras, de donde se marchó por enfermo a Francia el brigadier Lafuente, que era su secretario de campaña, siendo sustituido por el coronel Domingo de Queralt. Marcharon después a Navés y de allí a Solsona. Creó un depósito en Borredá (Barcelona) para los jefes y oficiales que, por sus años, sus achaques o no tener destino, quedaban al servicio de la causa en situación de cuartel. Se nombró jefe del mismo al mariscal de campo Matías de Vall y segundo jefe al brigadier Plandolit. Para jefe de la Escolta se nombró al coronel Juan José Herrera.
Las brigadas Esteban, Cirlot y Sáenz Tejada se encontraban el 16 de mayo, la primera en Igualada, la segunda en San Celony, con dos batallones en Mataró y con orden de marchar a Tarrasa, y la tercera en Martorell.
Otras acciones en el mes de mayo
De otras operaciones del mes de mayo hay que citar la pequeña acción librada por fuerzas del BI-VII de Barcelona a las órdenes del capitán José Pascual, en San Vicente deis Horts (Barcelona), el día 6 de mayo. Moore, que desde Torrellas retrocedió hacia Calaf y Suria, se hallaba el 15 de mayo en Santa Coloma con el objeto de llamar sobre él la atención de las fuerzas de Salamanca, con el fin de facilitar el paso del Ebro del infante.
El 18, se libró la acción de Vilavella (Tarragona), en que Moore se batió contra las fuerzas republicanas. Todavía hubo un combate entre Cirlot y el coronel carlista Moore, en las alturas de Mayans (Barcelona), entre el Forn del Vidré y Castellolt el día 24. El 27, Savalls abandonó el alto Fluviá e invadió el Ampurdán y se presentó ante Figueras con una fuerza de 2.000 infantes, un escuadrón y 4 piezas como si intentara atacar esta población, para permitir que los carlistas entraran en varios pueblos, como Rosas, Castelló de Ampurias y otros pueblos de la comarca, para cobrar las contribuciones. Savalls se retiró el 29 a Bañolas y luego marchó a Amer. En ese mismo día 29, hubo un combate en el Panadés de mucha importancia. Moore se enfrentó con el brigadier Salamanca. Los carlistas ocupaban la cordillera desde Bisbal del Panadés al telégrafo de Baraón, en una extensión de cuatro a cinco kilómetros. En el combate, al reforzar sus guerrillas el ala izquierda, se vio envuelta y rodeada, y para restablecer el combate fue preciso enviar una compañía en su auxilio, y no debió ser remedio tan eficaz, cuando Salamanca decidió retirarse, en el mayor orden, con los heridos y todo el material, al fin y al cabo lo que hizo Miret en Grau de Llusanés.
Los infantes cruzan el Ebro
Los Infantes con el BI de zuavos, un grupo de aragoneses y valencianos, el EC-5 de Cataluña, apoyados por el Tcol Agramunt, más conocido por el Cura de Flix, salieron a las cinco de la tarde del 22 de mayo, como si fuesen al santuario del Miracle. Un pequeño grupo de militares carlistas a caballo podía ser tomado por una ronda; para evitar que detectaran a la Infanta, la disfrazaron como un carlista más. De Solsona se dirigieron a Torá, donde llegaron a las diez de la noche.
Salieron a las tres de la madrugada, y a las seis cruzaron la línea del ferrocarril de Cervera a Calaf. A las once de la mañana, después de ocho horas sin bajar del caballo, y habiendo pasado ya por Vallfogona (Tarragona), llegaron a una casa de campo aislada. Allí durmieron hasta las dos y media de la tarde, en que se les anunció que una columna republicana se les acercaba, pero como no hubo nueva alerta, pudieron reemprender la marcha a las seis de la tarde, como estaba convenido. A las tres de la madrugada del domingo 24 de mayo, llegaron a Fobia de Ciérvoles (Lérida), alojándose en una casa cuyos dueños desconocían su identidad.
A las once y media de la mañana, supieron que el brigadier Vallés, con fuerzas valencianas, estaba en Granadella (Lérida), por lo que salieron para unirse a ellas. En ruta, cerca de Juncosa (Lérida), se encontraron al coronel Segarra con un batallón del Maestrazgo. La entrada en Granadella fue triunfal, saliendo a las cinco y media de la mañana. Sobre el mediodía del 25 de mayo llegaron al Ebro. Grandes barcas estaban preparadas en Flix (Tarragona) para el cruce.
Los Infantes habían llegado a Flix con su batallón de zuavos y la corte de aventureros que les acompañaban. Además, llevaban una columna de artillería para reforzar el ejército del Centro. El hermano de Carlos VII y su esposa estuvieron cinco días en Flix, donde fueron muy agasajados. Luego, marcharon a Gandesa, donde llegaron el día 31 de mayo. José Agramunt y Martí Miret acompañaron a Alfonso en su campaña por tierras aragonesas y castellanas (batallas de Teruel y Cuenca).
Acciones en el mes de junio
Cirlot, a quien suponía el general en jefe en Montblanch, se hallaba en Igualada, y salió el 1 de junio para Casa Masana; recogió allí y escoltó hasta Martorell el cuadro del batallón reserva de Manresa y las armas de la disuelta milicia de esa plaza. En Esparraguera se encontró el día 2 Esteban, que se dirigía a Igualada, donde recibió la orden de permanecer allí como centro conveniente para acudir en caso necesario a cualquiera de las provincias de Barcelona, Tarragona y Lérida.
Es indudable que el paso de los Infantes dejó sorprendidos a los republicanos, que se olvidaron de otras operaciones, con la esperanza de capturar a los Infantes e impedir su paso al Centro. Pero a primeros de junio vuelven a reanudarse las acciones. La columna de Arrando sorprendió a una ronda carlista en Mayals (Tarragona). El 13 hubo un combate en Borjas del Campo (Tarragona), contra las fuerzas de Moore, por el brigadier Salamanca. Savalls se presentó en la madrugada del 14 en las inmediaciones de San Feliú de Guixols (Gerona), pero maniobraron la columna de Alejo Cañás desde Cassá de la Selva, y Esteban desde Llagosiera, por lo que Savalls se retiró a La Bisbal.
El día 15, en las inmediaciones de Rosas (Gerona), se libró combate por fuerzas carlistas contra una pequeña columna salida de Figueras. Los carlistas avanzaron hasta Masnou y Badalona, donde entraron. El coronel Moore tomó por asalto Bellmunt del Priorato (Tarragona), el día 18. Salamanca pretendía que había habido traición, pues al enterarse los retenes de la presencia de los carlistas, estos ya estaban dentro de la población. El día 26, hubo un tiroteo sin resultado en Rodoñá (Tarragona).
A finales de mes llegó a Cataluña, de paso para el Centro, el general Lizárraga. Constató el ambiente general en contra de la unión bajo un solo mando de los ejércitos reales de Cataluña y el Centro. Hernando, que acompañaba como ayudante a Lizárraga, nos ha dado una impresión de este viaje por Cataluña, en la que entraron por Camprodón (Gerona), pasando a conferenciar con el general Tristany, que estaba enfermo en los alrededores de Olot. Lizárraga también estuvo en Olot, donde pudo ver el BI-I y el BI-II de Gerona, así como el escuadrón de dicha provincia.
Acciones en el mes de julio
De Olot salieron los Infantes el 1 de julio, al amanecer, y al despedirles, Savalls le participó el gran triunfo carlista en la batalla de Abárzuza y la muerte de Concha obtenida en el Norte. De Olot, subiendo por los montes de Esquirol, pasando por el coll de Cabra, llegaron a Manlleu (Barcelona), de donde pasaron a Vich.
Desde Vich pasaron a San Feliú Saserra (Barcelona) y luego a Suria, y finalmente a Igualada, donde estaban reunidos los batallones de Barcelona y de Tarragona, pudiendo conocer personalmente al coronel Moore. De Igualada emprendieron la ruta para el Ebro, bajo la protección de las fuerzas de Moore, que les condujo a Ulldemolins (Tarragona), y de allí, separándose de las fuerzas que les acompañaban, pasando por Pobla de Granadela (Lérida) y Palma del Ebro (Tarragona), consiguieron pasar la barca de Flix, única comunicación que existía entre el ejército del Centro y Cataluña. El paso del Ebro se hizo el 7 de julio.
En ese mismo mes de julio, hay que citar la acción librada el 4 en Rodoñá (Tarragona). El día 10, la escolta de Gerona, que había acompañado a Lizárraga al Ebro, tuvo un encuentro con un batallón del RI-15 de Extremadura en San Lorenzo Savall (Barcelona), resultando batida la fuerza republicana, que se vio obligada a retirarse a Castellar del Vallés, donde halló al final la protección de una columna que salía de Tarrasa, sin cuyo auxilio hubiera sido totalmente destrozada. Los republicanos tuvieron 11 muertos, 12 heridos, 11 contusos y 30 prisioneros.
El 12 de julio, Savalls se presentó frente a Puigcerdá, la que hostigó con fuego de artillería. Dos columnas se pusieron en marcha para socorrer a los defensores de la capital de la Cerdaña, la de Cirlot, que se dirigió a Olot, y que tuvo que luchar por el camino, particularmente en las alturas que dominan el camino de San Esteban de Bas a Olot, siendo necesario que se apoderaran de las posiciones carlistas en Hostalet de Bas (Barcelona), luego de la altura de Tarrús y, por último, del alto de Duria. Los carlistas, establecidos en los collados próximos a San Esteban de Bas, siguieron oponiendo dificultades hasta que, al fin, se retiraron a San Feliú de Pallarols, consiguiendo los republicanos entrar en Olot. Este éxito era relativo, porque una vez Cirlot en Olot, se quedó encerrado en la ciudad, sin que tuviese la menor posibilidad de movimientos.
Por su parte, el brigadier Cañás se dirigía también sobre Olot. El día 14, había emprendido la marcha desde Figueras para llegar a Besalú (Gerona), donde fue tiroteado por las fuerzas del batallón que mandaba Orri. Cañás no tuvo recelo, y siguió hasta Castellfollit de la Roca (Gerona), y ante la resistencia carlista, después de porfiado combate que duró ocho horas, sin esperanza de refuerzos, Cañás se pronunció en retirada hasta Figueras. No era, pues, Castellfollit de la Roca un sitio que trajera suerte a los republicanos.
El 17 de julio, fueron fusilados en Llayers (Gerona) los carabineros presos por Savalls en Castellfullit. El fusilamiento duró hora y media delante de la pared del cementerio; fueron situados en parejas, situándose detrás los tiradores con bayoneta calada, para rematar a los heridos. Concluido el ajusticiamiento, había oposición para que se enterraran los cadáveres en el reducido cementerio de Llayers y fueron sepultados en la extremidad de un bancal situado en la base de la cumbre donde se encontraba la iglesia de dicho pueblo, siendo preciso bajar los cadáveres desde la cumbre hasta la fosa, la cual cubrieron después con tierra, llenándola de espinas sujetas con grandes piedras para impedir que fuesen desenterrados por los perros. Fueron fusilados por los carlistas un comandante, 2 capitanes, 4 tenientes, 6 alféreces, un médico, 3 sargentos primeros, 10 sargentos segundos, 4 cabos primeros, 4 cabos segundos, un corneta y soldados hasta el número de 118.

Sin embargo, la maniobra de Olot había tenido por efecto la retirada de los carlistas de Puigcerdá, pues Savalls regresó para rodear Olot. Cirlot se puso a la defensiva, sufriendo constantemente los ataques carlistas, que impedían la entrada de víveres y cortaron las cañerías de agua. Las instrucciones que recibía Cirlot eran contradictorias. Unas veces se le decía que saliera para el Esquirol, y otras que se mantuviera firme, que recibiría refuerzos.
El 27 de julio, los carlistas se lanzaron al asalto de Olot, pero fueron rechazados. Por fin, las fuerzas mandadas por el general José Merelo emprendieron operaciones para reunirse con Cirlot y sacarlo de Olot, por lo que se reunieron Merelo y Cañás en Besalú, emprendiendo la marcha por el trágico camino de Castellfollit, y allí, el 23, los carlistas presentaron tal resistencia, que Merelo y Cañás regresaron a sus bases sin haber podido vencer la resistencia de los batallones de Savalls. Según parece, Serrano Bedoya creía que no debía emprenderse el camino de Castellfullit, sino el del valle de Amer, pero dejó la iniciativa y libertad de acción a Merelo. Este quiso preparar otra marcha por los Grau, pero habiendo presentado la dimisión Serrano Bedoya, quedó esta operación por hacer.
No era solamente en la provincia de Gerona donde se batían los carlistas. El 21 de julio, Moore luchó contra la columna de Picazo en Vilaplana (Tarragona). Moore pasó a Pradés (Tarragona), donde fue sorprendido el día 22. Picazo todavía se batió el 22, entre Figuerola y Cabra, retirándose Moore al Priorato. El 27 fue atacado el pueblo de Cornudella (Tarragona).
Acciones en el mes de agosto
Acción de San Cugat del Vallés (5 de agosto de 1874)
La brigada de Barcelona, al mando interino de Josep Vila y Crivillers, alias Villa de Prat, que había asumido de manera provisional por estar Martín Miret curándose de las heridas sufridas el 5 de mayo en la acción de Prats de Llusanes en los Baños de Arles (Vallespir), con unos 2.000 efectivos, entró en San Cugat del Vallés. La infantería estaba al mando de Josep Anton Galcerán y la caballería de Manuel Vilageliu; otros jefes eran Felipe Muixí, Vives, Domenec Massachs, alias Nasratat y Panxeta. Procedía de Cerdañola, donde se apropiaron de mercancías textiles que iban transportadas en vagones de carga dentro de un tren que bajaba en dirección a Barcelona. Los productos eran propiedad de distintos industriales de Terrassa y Sabadell.
«No contentos los carlistas con los perjuicios causados a varios particulares y a la empresa del ferrocarril con el incendio en Sardañola del tren y efectos que no pudieron llevarse consigo, llegaron a San Cugat de Llusanes y allí practicaron una especie de almoneda poniendo a la venta los objetos que formaban el botín de la jornada. Varios particulares habían comprado ya muchos de dichos objetos dando por ellos la cantidad convenida cuando un pregón del cabecilla les obligó a devolverlos, sin reembolsarles el dinero que les había costado […]».
«Igualmente en San Cugat del Vallés, además de quemar el registro civil, lo fue al propio tiempo el alistamiento de la reserva de veintidós a treinta y cinco años».

De San Cugat se dirigieron a Rubí, donde, según el testigo Joan Mallet, «[…] a las cuatro recibió mi hermano el parte de que [els carlins] estaban en Sant Cugat… A las 3 y ½ se hizo pública la voz de que venían por Sant Cugat y se llevaban presos a los hombres jóvenes que trabajaban en los viñedos. Me llamaron para levantarme y a las 4 enterado de lo que pasaba, vi que la alarma de la población era tan grande que me es imposible describírtela, pues por todas partes se veían jóvenes atravesando viñedos y campos, asemejándose a la huida de Egipto. A las 4 y 1/4 entraron a escape unos doscientos caballos quienes al momento se dividieron, cada uno por su lado, y circunvalaron la población recorriendo en media hora, en una periferia de más de tres leguas, todo el término de Rubí, deteniendo a los que huían y obligándoles a volver a la población. Más que hombres parecían diablos, tal era la velocidad de los caballos como la seguridad de los jinetes. Pues parecía mentira que en medio de los viñedos, cuando las cepas son aún tan altas y enredadas, pudieran correr los caballos con tanta ligereza, saltando barrancos y cualquier escollo que a su paso encontraban. Al fin y al cabo, todo había sido, pues, pura alarma empezada por lo dicho por el comandante de Tarrasa y por los que venían de San Cugat, etc. A pesar de que se dispararon muchísimos tiros al perseguirlos, fue milagro que no ocurriese desgracia alguna, a excepción de muchísimas contusiones, caídas, etc. de los que aún algunos cojean y otros aún guardan cama […]».
En la provincia de Gerona, en vista de la escasa fuerza con que contaba Cañás, y dada la importancia de las facciones carlistas de la provincia de Gerona, el capitán general Serrano Bedoya dispuso que se reforzara aquella con el BI-II/14 de América y el BIL-XVII de cazadores de Cuba que formaban parte de la brigada Esteban, 2 piezas Krupp y 50 caballos del RC de Alcántara. Estas fuerzas se incorporaron a Cañás el 2 de julio en Hostalrich.
Cirlot llegó a este punto el mismo día, y salió al siguiente en dirección de Martorell, en persecución de la BRI-IV carlista y parte de la BRI-I, que se encontraban en el Llobregat, amenazando el llano de Barcelona; a su persecución se dedicó también la brigada Sáenz de Tejada.
Esteban quedó en Granollers, en expectativa de refuerzos que reemplazaran a los batallones destinados a la brigada Cañás. Esta llegó el 3 a Gerona. Los carlistas continuaban ese día en el alto Fluviá, excepto algunas fuerzas que acompañaron a Lizárraga, que se encontraba en las inmediaciones de Vich. Cañás, después de conducir un convoy desde San Feliú a Gerona, marchó a Rosas, con objeto de escoltar dos piezas de artillería destinadas a Figueras, y se encontraba el día 7 en esa plaza.
Francisco Tristany se había dirigido con la BRI-III carlista a la parte alta de la provincia de Lérida. Se encontraba el 8 de julio en las inmediaciones de Seo de Urgel, y remontando el Segre, invadió el día 9 la Cerdaña, causando en Puigcerdá la consiguiente alarma, que aumentó al saberse la marcha de Savalls desde Olot a Ripoll.

Toma carlista de la Seo de Urgel
Un carlista conocedor perfectamente del terreno, y además que se había dedicado al estudio de las posibilidades de la sorpresa, se presentó a Francisco Tristany diciéndole que le presentaba el medio de apoderarse de la Seo de Urgel el 16 de agosto a mediodía, con 200 hombres solamente y sin disparar un tiro. Tristany estudió el plan y lo adoptó. Faltaban hombres atrevidos y audaces, y el comandante Andrés García, un extremeño que servía en los batallones de Lérida, aceptó mandar la operación, escogiendo 200. García salió el 13 de Solsona haciendo marchas y contramarchas para desorientar a cualquier enemigo. Por fin, en la noche del 15 de agosto, entró en un fortín llamado La Lengua de Sierpe, que estaba ruinoso y abandonado, pero que separaba la Ciudadela de Castellciutat. Se hizo así, sin que se dieran cuenta los vecinos de Montferré.

Una vez dentro del fuerte, a 100 pasos de la Ciudadela, no había más que esperar el momento oportuno, pero evitando ser vistos y ser oídos. Así se llega a la tarde del 16 y, por costumbre establecida, la mitad de la guarnición de la Ciudadela, después de la lista de mediodía, bajaba al pueblo de Castellciutat para asistir a los festejos con que se celebraba en la misma la fiesta de la Asunción de la Virgen. La una de la tarde era la hora designada para el asalto de la Ciudadela.
Hubo un momento en que se creyó todo fracasado, y fue cuando unos soldados republicanos pasaron por delante de la puerta de La Lengua de Sierpe con un perro, que se puso a ladrar furiosamente, pero, afortunadamente, los soldados no le hicieron caso. En la plaza de armas de la Ciudadela no había nadie, pues hacía un sol abrasador. Un centinela estaba en la muralla, paseándose descuidadamente. De pronto, el teniente Pedro Colell, natural de La Vansa, y el alférez Juan Espar, natural de Orgañá, salieron a la carrera de su escondite, plantando la escala que llevaban y subiéndola; en un segundo entraron por una tronera, cogiendo al centinela. Otro que estaba en el cuartel del Macho, en vez de dar la alerta o hacer fuego, al ver a los carlistas, se tiró por la muralla. El alférez Espar se dirigió entonces al cuartel del Macho y, apareciendo de repente delante de los asombrados republicanos, les apuntó con un arma, les intima la rendición y se entregaron.
Mientras tanto, el comandante Andrés García y los demás soldados carlistas subían por las escalas y se apoderaban de toda la Ciudadela. La operación no había durado diez minutos y, como se había dicho, no se había realizado un solo disparo. Toda la guarnición estaba prisionera, pero dos soldados republicanos tuvieron tiempo para descolgarse por la muralla y bajar a advertir a los de Castellciutat y el castillo lo que ocurría. En la ciudad estaba el coronel Manuel Blasco, gobernador militar, con parte del BI de Écija, y en el castillo estaba el resto de esta fuerza. Le comunicaron que los carlistas estaban en la ciudadela, pero se negó a creer la noticia, cuando el comandante García se lo hizo saber, por un medio no muy amistoso.
García, después de apoderarse de la Ciudadela y encerrar la guarnición, ordenó a unos cuantos artilleros republicanos que cargaran los cañones que enfilaban al castillo e hicieran fuego. La distancia no era más de unos 400 metros, pero los artilleros se negaban a disparar, hasta que, de pronto, uno de ellos se destacó diciendo: Yo también soy carlista. Su primer disparo fue el anuncio al coronel republicano de que los carlistas estaban en la ciudadela. Al tercer disparo, que destrozó la puerta del castillo, la guarnición de este lo abandonó, retirándose a la ciudad. Allí la confusión era enorme, pues mientras que unos detenían a los canónigos, sacerdotes y personas carlistas, encerrándolos en la catedral con el propósito de pedir la devolución de la Ciudadela, otros preparaban la fuga al verse dominados por los cañones del castillo y de la Ciudadela.
Al fin decidieron abandonar la Seo, retirándose el gobernador militar con las fuerzas del BI de Écija y artilleros por el camino de Puigcerdá, donde se encontró con la BRI-III de Tristany, y al primer disparo de los carlistas, los republicanos se rindieron. Más afortunados los voluntarios de la República, escaparon a Andorra, donde llegaron sin novedad.
Francisco Tristany hizo su entrada triunfal en la Seo de Urgel. El número de cañones cogidos por los carlistas era de 48; las municiones, en cantidad enorme. Como es natural, el efecto de la toma de la Seo de Urgel fue inmenso, porque era la primera plaza fuerte de que se apoderaron los carlistas. Pero estos no se durmieron sobre los laureles, y fue mandado a la Seo el brigadier Argüelles, quien emprendió las obras de reparación de la fortaleza. Aumentó los acuartelamientos y quedó habilitada la torre de Solsona, que estaba abandonada. Prepararon en los glacis trincheras estrechas y profundas para el fuego de fusilería, y dispusieron para la defensa las cañoneras, los parapetos y las explanadas. Más adelante fueron trasladados a la Seo los dos cañones Krupp cogidos en Vich, pero tuvieron que construir las cureñas. Se estudió la construcción de un fuerte en la altura del Cuervo, que domina a la ciudadela, pero no se hizo más que un pequeño fortín de mampostería, más bien cuerpo de guardia aspillerado, y algunas trincheras.

Sitio carlista de Puigcerdá (20 de agosto al 4 de septiembre)
Una repercusión de la toma de la Seo de Urgel fue la presentación de Savalls delante de Puigcerdá el 20 de agosto, entrando en Alp y ocupando AJá. A las cuatro de la tarde habían llegado unos 1.000 hombres y 4 cañones rayados de montaña.
Los defensores eran 150 artilleros a pie, 38 artilleros de montaña, 160 soldados del RI de Extremadura, 96 voluntarios de la ciudad, 101 escapados de la seo, 23 soldados del BI de Écija y algunos carabineros.

El 21 se abrió el fuego contra la población con solo los 4 cañones de montaña, suspendiéndose el fuego a las 10 de la noche. El sábado 22 empezaron a caer en la plaza proyectiles huecos, y es que al parecer, los carlistas habían recibido un obús. Durante todo el día, dos cañones de montaña y el obús hicieron fuego hasta el amanecer.
En la noche del 22 al 23, situaron durante la noche una pieza de artillería a medio kilómetro de la plaza. Los tiradores del campanario hicieron llover sobre los carlistas abundantes balas. Al poco tiempo fueron muertos tres artilleros y un sargento en el momento de apuntar, dando aviso a Miret de la situación en que se encontraban los artilleros. Estos no esperaron su respuesta, quitaron la pieza y las municiones y se marcharon hacia la casilla de carabineros existente entre Puigcerdá y la Torre Carol fuera del alcance del fuego de la plaza, sufriendo algunas pérdidas durante la retirada. A las diez de la mañana el fuego había cesado casi por completo.
Los carlistas mandaron traer el famoso cañón “Deu”, que era liso, pero con cerrojo Krupp, y habían construido los carlistas en Olot, y a las dos de la tarde llegó el cañón tirado por yuntas de bueyes y escoltado por 50 hombres. La noche del 24 al 25 los carlistas estuvieron trabajando para realizar dos baterías: la del cañón Deu y la otra por uno de montaña. Abriendo fuego y consiguiendo abrir brecha.

Viendo que 500 carlistas se aprestaban a asaltar la brecha, los defensores llevaron dos cañones a la zona, que junto con el que había abrieron fuego los 3 contra los dos carlistas hasta que a las seis de la tarde se desató una tempestad, suspendiendo el fuego. El cañón Deu quedó fuera de combate.
El 26 de agosto los carlistas recibieron ayuda de unos 1.000 hombres de Tristany con seis cañones, llegando durante todo el día los refuerzos y los convoyes de municiones. Al mismo tiempo que se envió una oferta de rendición en la que les garantizaba la vida a los defensores y pasar a Francia. Durante todo el día las mujeres trabajaron para reparar los daños en las murallas.

El día 27, a medianoche, los carlistas atacaron de nuevo Puigcerdá, siendo rechazados vigorosamente con innumerables pérdidas. Algunos edificios sufrieron desperfectos por los proyectiles.
El 28, no hubo incidentes que destacar, salvo el fuego artillero que duró hasta la noche. Esa noche los carlistas realizaron un ataque simulado incendiando gavillas y dando grandes gritos y mucho tiroteo, pero sin llegar a las murallas.
El 30 llegaron a 1.200 carlistas a las órdenes de Moore procedentes del campo de Tarragona; traían un mortero y municiones de la Seo. Savalls había mandado traer escaleras de todos los pueblos vecinos para realizar un asalto general.

Los carlistas mandados por Savalls redoblaron sus ataques, así como los que capitaneaba Miret. La resistencia de los puigcerdaneses fue verdaderamente heroica. A las cinco de la tarde Savalls mandó a Puigcerdà a una mujer pidiendo la rendición de la plaza, contestando el jefe de la misma: «Venid, Savalls, vos mismo a tomar las llaves».
El 1 de septiembre, los soldados de Tarragona se negaron a efectuar el asalto y regresaron.
El día 2, los carlistas atacaron por la noche la ciudad, habiéndose retirado a las dos de la madrugada con grandes pérdidas. Quemaron tres casas en las inmediaciones de la población y lanzaron dentro de la villa cohetes incendiarios.
El día tres, los defensores vieron fogonazos en varios puntos de las montañas; se suponía que eran las fuerzas de socorro.
Acción de los altos de Cervera (2 de septiembre de 1874)
Había sido nombrado capitán general de Cataluña por los republicanos José López Domínguez, sobrino del general Serrano. Este decidió emprender una operación para liberar a Puigcerdá. Formó un cuerpo de ejército en el que la brigada Pedro Esteban iba a la vanguardia (BIL de Béjar y BI-I/25 de Navarra), y después seguía la división del general José Merelo (segundo cabo de capitanía), formada por dos brigadas: la brigada de Federico Araoz con 4 batallones, 4 piezas de artillería y 70 caballos, y la brigada de José Arrando, que con 4 batallones, 4 piezas de artillería y 60 caballos; por último, el cuartel general, a las órdenes del brigadier Martín López.
La división Merelo reunida en Caldas de Mombuy, donde pernoctó el día 22 de agosto, salió al siguiente dirigiéndose a Vich, y no tuvo otra novedad que un ligero tiroteo sostenido con la ronda carlista de Castelltersol.
El 28 de agosto partió el capitán general de Barcelona con el batallón de Navarra llegado de Tarragona, el de cazadores de Béjar y 100 caballos, más la brigada Saenz de Tejada, compuesta de dos batallones, dos piezas de artillería y dos escuadrones, que debía acompañarle hasta Caldas de Mombuy.
El 29 por la mañana emprendió la marcha desde Caldas, y desde Castelltersol la brigada de Macías que envió el general Merelo; y reunidos en San Feliú de Codinas, continuaron la marcha a Vich, a donde llegaron al anochecer, recibiendo allí noticias de que el 30 lo verificaría la brigada Estéban, como en efecto sucedió, con lo que la noche misma del 30 reunió y organizó todas las fuerzas, que eran 7.500 efectivos, 12 piezas de montaña y 260 caballos. Saliendo al día siguiente.
Emprendió en la mañana del 31 con dirección a Prats de Llusanés. Iba en cabeza la brigada de vanguardia, que no tuvo más novedad que el encuentro en la cuesta de San Bartolomé del Grau con una ronda carlista, la cual, apartada en el flanco derecho del desfiladero, hizo varias descargas sobre la cabeza de la columna mandada por el coronel del RI-35 de Toledo Cayetano Iborti, y que, según orden del brigadier Estéban, ni siquiera contestó a los disparos enemigos que causaron la herida de un soldado del RI-35 de Toledo.
Seguía a la brigada de vanguardia el cuartel general, y entre las dos brigadas de la división de Merelo el convoy de municiones y acémilas. Con una jornada en extremo calurosa llegaron sin novedad a Prats do Llusanés, donde pernoctaron.
El 1 de septiembre, continuaron la marcha en dirección a Berga; a la salida del pueblo de Olbán (Barcelona), fue tiroteada la retaguardia mandada por el brigadier Esteban por la ronda carlista de Berga situada en la ermita de Queralt. La vanguardia también había recibido disparos de esa misma ronda.
Llegando a Berga, recibieron noticias de que los carlistas reconcentraban todas las fuerzas del Principado en la alta montaña y que se disponían a impedir el paso a Puigcerdá.
El 2 de septiembre, los carlistas, que componían su fuerza del BI-I de Barcelona de Ramonet y tres compañías de Lérida de Tristany, disputaron el paso de las fuerzas de Esteban en el Coll de Orelle y los altos de Cervera, y más tarde en los de Paguera.
Atacaron las posiciones carlistas el BIL-V de Tarifa y el RI-14 de América, apoyados por los fuegos de artillería, siendo pronto dispersados los carlistas, tomándoles 4 cajas de municiones y un botiquín, y causándoles varios muertos vistos en el campo; por la parte republicana tuvieron que lamentar la muerte de un soldado y un teniente del RI-14 de América, y 5 soldados heridos y 6 contusos.
Acción de Puente de Guardiola (3 de septiembre de 1874)
El brigadier Macías, que llevaba la vanguardia, avisó de que el enemigo con fuerzas ocupaba las alturas de Sardañola, dominando el paso y desfiladero del puente de Guardiola, que debían atravesar. Hecho alto para reconcentrar todas las fuerzas y dar un descanso, que necesitaban después de la subida por la cuesta de Capdevila, Lópes Domínguez se adelantó para reconocer las posiciones carlistas: a la derecha, los altos de Rocaroja que dominaban el paso del puente de Guardiola, y por la izquierda la sierra de la Llena, que igualmente domina ese paso. Reunidas todas las fuerzas de la división y descansadas, ordenó al brigadier Macías que descendiera con su brigada hasta el puente de Guardiola, y, una vez en él, atacase por derecha e izquierda las posiciones ocupadas por el enemigo y forzase por el centro el desfiladero o la salida del puente de Guardiola. Al brigadier Estéban, que desde las alturas que ocupaba avanzase un batallón con dos piezas de artillería a otra más próxima, desde donde debía abrir el fuego de artillería sobre el enemigo y guardar el flanco izquierdo del ataque de Macías.
Macías en el puente de Guardiola, comenzó el ataque con gran denuedo y los carlistas abrieron fuego de fusilería desde todas las posiciones. Un batallón del RI-17 de Cádiz, con su coronel, se dirigió por la derecha, llevando en apoyo el BI de reserva de Albacete, y sin detenerse empezó su ascenso por un terreno pedregoso, cerrado de bosque y en extremo empinado, con objeto de envolver la izquierda enemiga por las alturas. El BIL-I de cazadores de Cataluña efectuaba igual operación por la izquierda, apoyado por seis compañías del BIL-II de cazadores de Madrid.
La batería de artillería de montaña situada, del otro lado del puente protegía los movimientos de los flancos con sus disparos. Había algunas fuerzas en la salida del desfiladero; el brigadier Macías, acompañado de su caballería, debía forzar el paso. Cuando anochecía, la brigada Araoz acudió en refuerzo de la de Macías, realizando un ataque vigoroso con dos compañías de cazadores de Madrid y el BIL-3 de Barcelona de la brigada Araoz. Atacaron las alturas más próximas en la sierra de Serdañola. Al anochecer, el enemigo se retiraba de todas las posiciones, que fueron ocupadas por los republicanos, el cuartel general con el BIL-XX de cazadores de Manila que ocupó la ermita de San Lorenzo de Bagá.
En este ataque los republicanos tuvieron 3 soldados muertos; un capitán, un teniente, un alférez, un sargento y 18 soldados heridos y tres contusos. Los carlistas debieron tener siete muertos y unos 30 heridos.
Acción de Castellar de Nuch (4 de agosto de 1874)
En la noche del 2 se dieron órdenes para que al amanecer del 3 todas las fuerzas descendieran de las alturas, excepto las de la brigada Macías, que sin la caballería deberían continuar la marcha por la sierra dominante de Serdañola a ocupar la ermita de Falgás y flanquear la marcha hacia la Pobla de Lillet. Reconcentradas las tropas en San Lorenzo de Bagá en la mañana del 3, se emprendió la marcha, siguiendo la brigada Estéban con el cuartel general y convoy por el camino del río Llobregat a la Pobla de Lillet y la brigada Araoz flanqueando la izquierda, por el camino alto; la brigada de Macías lo hacía por la derecha. Llegaron a Pobla de Lillet, donde se pernoctó.
En la Pobla de Lillet se encontró gran dificultad para racionar las tropas de pan y de pienso al ganado; la marcha se hacía cada vez más embarazosa. Se reanudó la marcha en la madrugada del día 4 de septiembre.
Marchaba en vanguardia la brigada Araoz por el camino o vereda que, pasando por la sierra de Maranjas en un continuo desfiladero, conduce por el Coll de Cabra y alturas de Puignés al pueblo de Castellar de Nuch. Dos batallones de la brigada de Estéban, que acamparon la noche anterior en las alturas de la izquierda de la Pobla, continuaron su marcha flanqueando por las crestas de la cordillera. Seguían a la brigada de Araoz el cuartel general, las demás fuerzas de la brigada de Estéban, las de custodia del convoy de heridos y municiones, cerrando la retaguardia la brigada Macías.
A la hora de iniciado el movimiento la descubierta de la brigada Araoz, compuesta de carabineros, al desembocar por el desfiladero frente a la altura llamada del Puig de Castellar fue recibida con un nutrido fuego del enemigo que ocupaba la posición; esta fue inmediatamente atacada por su izquierda por los mismos carabineros que siguieron flanqueando por ella la marcha de la columna, y el brigadier Araoz hizo adelantar al RI-15 de Extremadura, que situado a media legua de la sierra por donde se abría el camino. El brigadier presentía que los carlistas esperaban con el grueso de las fuerzas en las proximidades de Castellar de Nuch, dado que el terreno se prestaba a la defensa.
El pequeño pueblo de Castellar de Nuch, con su arrabal y algunos caseríos en forma de anfiteatro frente a la desembocadura del barranco.
El RI-15 de Extremadura que iba a la cabeza, a la salida del barranco recibió las primeras descargas de las fuerzas carlistas que ocupaban el pueblo de Castellar de Nuch y la serie de alturas que dominan todo el barranco por donde se abre el estrecho camino que debían seguir.
El brigadier Araoz hizo ocupar la altura de Puig-Nés con el RI-15 de Extremadura extendido en guerrilla con su correspondiente reserva, y los carabineros que flanqueaban por la izquierda que se situaran en el punto más culminante de aquel flanco, contestando al nutrido fuego del enemigo, mientras hacía avanzar su artillería, que también emplazó en la altura de Puig-Nés, rompiendo el fuego sobre la extensa línea carlista, concentrando seguidamente el resto de su brigada. El Brigadier Araoz había hecho descender a los soldados del RI de Extremadura, avanzando en la barrancada, parapetados cuanto era posible, contestando el fuego enemigo, siendo reemplazado en la altura por el BIL-III de cazadores de Barcelona.
El brigadier Esteban envió un batallón de cazadores por su izquierda para coronar toda la altura de Puig-Nés y la sierra inmediata a la izquierda, y envió otro batallón a ocupar por la derecha unas alturas rocosas que cerraban por aquella parte la desembocadura al barranco.
La brigada de Macías, que cerraba la retaguardia, era atacada por su flanco derecho al llegar al Coll de Cabra por una facción carlista. El BI de reserva de Cádiz dio una carga a la bayoneta contra la posición enemiga, apoyado por la izquierda con un amago de carga con su caballería, mientras que la artillería de su brigada protegía con sus disparos la operación. A la hora y media de fuego, el enemigo fue dispersado y la brigada pudo continuar su marcha, aunque con la sensible pérdida de un soldado muerto, un sargento y tres soldados heridos y otro sargento y tres soldados contusos.
Este combate de retaguardia y lo extenso de la columna en su desfile hizo que las tropas de la brigada Macías llegasen al punto de concentración de todo el ejército cerca ya de anochecer y cuando una espesa niebla cubría todo el campo de operaciones, en términos de ser imposible continuar el ataque, habiendo disminuido el fuego de ambas partes por ocultarse el terreno completamente con la niebla.
Ante esta situación, que el brigadier Macías cubriese con sus batallones las alturas de la retaguardia, y que todas las tropas acampasen en las posiciones que ocupaban, quedando en el centro el convoy de heridos, municiones, acémilas, caballería y la fuerza de su custodia, con un batallón más de reserva.
La posición que ocupaban las tropas era por demás fuerte y segura, aunque preocupaba la falta de raciones, pues en la villa apenas se encontró pan para 500, pero sobre todo los 41 heridos que estaban en camillas, faltos del suficiente abrigo y sin el debido alimento. La casualidad de estar el terreno del campamento republicano sembrado en gran parte de patatas proporcionó algún alimento a las tropas. Durante toda la noche se intercambiaron disparos de fusilería entre los dos campos, liberal y carlista.

Al amanecer, las brigadas de Estéban y de Macías concentraron sus batallones en la altura de Puig-Nés; la artillería emplazó 10 piezas de montaña en la misma altura, y dos más se prolongaron por la izquierda para batir mejor el pueblo de Castellar de Nuch, donde los carlistas apoyaban su derecha; el batallón de Navarra se prolongó por la izquierda para amagar un ataque hacia el pueblo por un bosque que había próximo. La brigada Araoz se mantuvo como reserva en la posición que ocupaba, y que el BI de la reserva de Albacete de la brigada Macías, los carabineros de la de Araoz, y la fuerza que custodiaba el convoy mantuvieran en las alturas de retaguardia, y fuesen una segunda reserva hasta que recibieran órdenes de avanzar.
El enemigo, que había reunido casi todas las fuerzas de Cataluña, excepto las de Tristany, que ocupaban la Seo de Urgel y sus inmediaciones, y alguna otra pequeña facción, contaba un total de 6.700 hombres, tres piezas de artillería y de 130 a 140 caballos según fuentes republicanas. Con estas fuerzas se extendía desde el pueblo de Castellar de Nuch a su derecha, apoyando el extremo de la primera línea defensiva en el Coll del Molino, y siguiéndola por las alturas de la sierra de Caranps, Purtell y Padró de las Ratas, la Creu Pratsarull y toda la sierra de Jurroll, formando dos líneas de defensa, y teniendo por último la caballería y acémilas en los altos de los Pirineos llamados Plá de Estany y la artillería en la parte de San Juan de Cornudell.
La posición carlista era fuerte, bien elegida y bien guarnecida la línea. Al amanecer del día 5 fue atacada por los liberales; para ello tenía que descender por terreno descubierto al fuego contrario y ascender desde el fondo del barranco a la serie de crestas y alturas que los carlistas ocupaban. El ataque se inició por la extrema izquierda liberal sobre el pueblo de Castellar de Nuch, y bajo el fuego de toda la artillería, lanzar de frente los siete batallones que tenía el batallón de Navarra que amagó el ataque por la izquierda y que toda la artillería liberal abrió fuego sobre la línea enemiga. Un cuarto de hora después, las brigadas de Esteban y de Macías, se lanzaron los batallones uno después de otro, descendiendo al barranco. La brigada de Esteban se dirigió al frente enemigo por la derecha, y la de Macías por la izquierda, ocupando los caseríos esparcidos por las alturas atacadas, y sin detenerse continuaron el ataque contra la línea enemiga que pronto empezó a disminuir ante el fuego.
El fuego de algunas granadas debió incendiar casas en el pueblo o si los carlistas lo hicieron al abandonarlas para cubrir entre el humo del incendio su retirada. Lo mismo sucedió con los caseríos de arrabal que los batallones fueron tomando. Las alturas defendidas por los carlistas fueron tomadas unas tras otras, estando ya en plena retirada.
El batallón de Navarra, que amagó el ataque por la izquierda, llegó hasta el pueblo, uniéndose a los de la brigada Macías. Los carlistas se retiraron dispersos en las direcciones de Rivas, Combreny y Gabarrós, dejando el campo cubierto de cadáveres. La brigada de Estéban y parte de la brigada de Macías continuaron la marcha ascendente por el Coll de Tossas. Después de dar un descanso en las altas mesetas del Pirineo, se continuó la marcha a Puigcerdá, donde ya anochecido.
Las pérdidas en esta acción fueron sensibles y bastante numerosas: un comandante del batallón de cazadores de Cuba, un capitán, un teniente, un alférez muertos y 8 soldados muertos; 179 heridos de todas clases y contusos. Según el parte oficial, los carlistas enterraron en Castellar de Nuch hasta 411 muertos, entre ellos el hermano del cabecilla Moore.
Acciones en el mes de septiembre
Acción de Puigcerdá
López Domínguez, dispuesto a socorrer Puigcerdá, formó un cuerpo de ejército en el que la brigada Esteban iba a la vanguardia, y después seguía la división del general Merelo, formada por dos brigadas, las de Macías y Araoz, y por último el cuartel general, a las órdenes del brigadier Martín López. La vanguardia comenzó a tirotearse el 31 de agosto en San Bartolomé del Grau (Barcelona), con una ronda carlista, llegando los republicanos a Prats del Llusanés. El 1 de septiembre, a la salida del pueblo de Olbán (Barcelona), fue tiroteada la vanguardia por la ronda carlista de Berga, y cuando entró en esta población la fuerza de Esteban, también fue tiroteada desde la ermita de Queralt.

El 2 de septiembre, los carlistas, que componían su fuerza del BI-I de Barcelona y tres compañías de Lérida, disputaron el paso de las fuerzas de Esteban en el Coll de Orelle y los altos de Cervera, y más tarde en los de Paguera. Pudieron abrirse paso los republicanos, disputándose en combate no solo esta parte de Vallcebre, sino también en el puente de Guardiola, donde ya la acción tomó mayor importancia. El día 4, siguieron las acciones en Puignes, y el 5, después de porfiada lucha, los republicanos consiguieron vencer la resistencia carlista en Castellar de Nuch (Barcelona), acción que decidió la suerte de Puigcerdá, pues los carlistas abandonaron el sitio.
El día 6 descansó el ejército en Puigcerdá, relevando la guarnición de la plaza y aumentando sus efectivos; se instalaron los heridos en los hospitales improvisados al efecto. Se emprendió la marcha al día siguiente hasta la Pobla de Lillet, donde pernoctó el ejército.
Otras acciones en septiembre
El 15 de septiembre, los carlistas estaban en Caldas de Montbuy (Barcelona), donde fueron batidos por la brigada de Esteban, que había acudido al saber que dichas fuerzas habían entrado en San Feliú de Codinas (Barcelona). Después los carlistas se retiraron a Gallifa (Barcelona). Mientras esto ocurría, los carlistas recorrían la costa de Levante, entrando en Masnou, Tiana, Vilasar de Mar, Arenys de Mar, Calella y otros pueblos, cobrando contribuciones. La ermita de Queralt había quedado ocupada por los republicanos después del paso de López, Domínguez por Berga, por lo que el 20, 21 y 22 de este mes de septiembre Miret atacó el fuerte, que fue socorrido por la guarnición de Berga. El 21, en los alrededores de Solsona, el coronel Moore luchó contra Arrando, pero tuvo que retirarse a San Lorenzo de Morunys y Oliana (Lérida). El 24, en Bañolas, fue sorprendida una ronda carlista por el brigadier Esteban. El 27, en el valle de Pallars, la columna del coronel Tomasety pudo apoderarse de un convoy de ganado que se trasladaba a Seo de Urgel.
A fines de septiembre, López Domínguez reorganizó el ejército en Cataluña:
- Primera división al mando interino del brigadier Pedro Esteban con la BRI-I/1 de Gerona, al mando de Esteban, y la BRI-II/1 de Vich, al mando del brigadier Gamir, más la columna del Ampurdán que mandaba el coronel del RI-14 de América Antonio Antón Moya.
- La segunda división estaba a las órdenes del general Weyler, y se componía de la BRI-I/2 de Lérida, mandada por el brigadier Arrando, y la BRI-II/2 de Tarragona, mandada por el brigadier Salamanca.
- La tercera división, a las órdenes del general Montenegro, se componía de la BRI-I/3 del Bajo Llobregat, a las órdenes del brigadier Sáenz de Tejada; la BRI-II/3 de Igualada, a las órdenes del brigadier García de Araoz, e interinamente del brigadier Martin López.
Acciones en el mes de octubre
El 2 de octubre, los carlistas se presentaron delante de Vich, comenzando el ataque a las dos de la madrugada, tratando de sorprender la guardia del barrio de Capuchinos. A las siete, los guardias de la puerta de Manlleu fueron envueltos por los carlistas, pero la llegada de socorros hizo que fuesen libertados. En la puerta de Barcelona también los carlistas fueron rechazados de las casas que habían llegado a ocupar, retirándose entonces. En Blancafort (Tarragona), en ese mismo día, hubo un combate contra la fuerza mandada por el Tcol Isidro Valls, retirándose los carlistas hasta Solivella.
El día 3, hubo un combate entre un batallón carlista y la brigada de Esteban en el collado de Tosas (Gerona). Francisco Tristany, Miret y Moore atacaron el día 4 Igualada, aunque infructuosamente. Los carlistas mandados por Casellas se reunieron el 18 de octubre en Santa Coloma de Farnés, pero fueron sorprendidos por el comandante Camprubi, jefe de las rondas republicanas de Gerona. En Mollerusa. (Lérida), Weyler sostuvo un pequeño combate el 24 de octubre contra una pequeña fuerza de zuavos carlistas.
Acción de Castelló de Ampurias
En la serie de acciones de ese año, uno de los que menos se destaca en el segundo semestre fue el general Savalls. Pero tuvo su desquite, que fue de la misma importancia casi que la victoria que obtuvo contra Nouvilas. Esta vez fue contra la columna del Ampurdán, que mandaba Antón Moya. Se había organizado la columna del Ampurdán bajo el mando del brigadier Antón Martin, que acaba de ser ascendido, en Figueras. Con la idea de batir a esta columna, Savalls mandó el BI-IV de Gerona a la Junquera, con la esperanza de atraer a los republicanos, pero el enemigo no hizo ningún movimiento y los carlistas tuvieron que retirarse.
Entonces hizo entrar en Castelló de Ampurias al BI-III de Gerona con 5 compañías del BI-IV, mandadas por el coronel Puigvert, mientras que Savalls, con el resto de su fuerza, junto con el BI-II de Barcelona, 70 caballos de Gerona y dos piezas de artillería, se ponía a la expectativa. Esta vez el brigadier Antón Moya trató de caer sobre los carlistas, iniciando el ataque contra el puente defendido por 2 compañías del BI-IV de Gerona a las órdenes del comandante Gumersindo Vilabur. Los republicanos atacaron violentamente, y habiendo caído herido el comandante Vilahur, los carlistas tuvieron que retirarse a la iglesia, mientras que el BI-IV de Gerona, a las órdenes del Tcol Orri, sufría los ataques de la caballería republicana.
La acción se fue generalizando, y los liberales consiguieron apoderarse de la iglesia, después de dos ataques infructuosos. Entonces fue cuando intervino Savalls, atacando por tres puntos distintos. El Tcol Plana, con el BI-II de Barcelona, por la parte de Rosas; el coronel Alberto Morera, JEM de Savalls, con media compañía de mozos de escuadra, 4 del BI-II de Gerona y 40 caballos, con una pieza de artillería, por el puente. El ataque carlista fue tan briosamente llevado que todas las posiciones enemigas fueron conquistadas, y después de porfiada lucha de tres horas, los republicanos tocaron alto el fuego, y al salir de parlamentarios el coronel Morera con el capitán Tomás Arnáu, el enemigo hizo una descarga, hiriendo ligeramente al primero y gravemente al segundo.
Comprendiendo que el enemigo intentaría retirarse de los dos edificios que ocupaba todavía, el coronel Puigvert, con el BI-I, BI-III, BI-IV y BI-IX de Gerona, y el BI-II de Barcelona, atacaría la retaguardia de la columna republicana. Una maniobra de Savalls, fingiendo una retirada, incitó a los republicanos a salir por la carretera de Figueras, librándose allí tan encarnizado combate, que la columna del Ampurdán fue destruida, quedando en poder de los carlistas dos piezas de artillería Krupp, material de guerra, 40 caballos, y entre los prisioneros el brigadier Antón Moya, un comandante, la oficialidad y 130 individuos de tropa. Los voluntarios y otros individuos de la columna pudieron abandonarla la víspera por la noche, tomando el camino de Rosas.
El Foc de Castelló
El 27 de octubre, un batallón de guías de Rafael Tristany, que se hallaba en Olot, entró en Lladó exigiendo 50 onzas al Ayuntamiento.
Savalls y Xic del Sallent habían resuelto apoderarse de Castelló de Ampurias. Fue enviado el recaudador de contribuciones Ventura Capdevila con 150 carlistas. Quedóse a poca distancia de la villa. Al ser mal recibido por los castellonenses, las huestes de Xic del Sallent entraron a sangre y a fuego en dicha población.
Cirlot, Gobernador Militar de Figueras, mandó al brigadier Antonio Moya que acudiera en socorro de Castelló, reforzando su columna con dos compañías de carabineros, 150 quintos del BIL de cazadores de Tarifa, 150 del RI de Toledo, 200 voluntarios y 22 caballos.
Conocedor Savalls de ello, destacó 300 hombres al mando de Gumersindo Vilahur en el puente detrás de tres barricadas. Moya rompió el fuego a medianoche. En el puente, una descarga de los apostados allí le obligó a retroceder dejando 20 republicanos muertos. Del encarnizado combate que se trabó resultó herido Vilahur y murieron el Tcol Vega, que mandaba la tropa del RI de América, y el Tcol Francisco Orri, que iba con la caballería.
Al entrar las tropas en Castelló de Ampurias, resultó herido Moya, quien supo que iban fuerzas de Miret y Capdaigua a Castelló, por orden de Savalls, en cuya población entraron.
Las tropas horadaron las casas para comunicarse entre ellas, no siendo cosa extraña que al derrumbarse una pared aparecieran dos partidas contrarias. Según Savalls, el ataque a Castelló fue el más horroroso de cuantos se realizaron durante la guerra carlista.
En el siglo pasado, el conocido compositor Agramunt escribió una sardana titulada El Foc de Castelló, que tocaban todas las coblas y especialmente la de dicha población que gustaba mucho.
Ante la situación de inferioridad numérica en que Moya se batía, no tuvo más remedio que capitular. Algunos soldados aislados en casas alejadas de la plaza donde se encontraba Moya, al oír el toque de parlamento de los suyos, creyéndose perdidos, huyeron a Figueras.
Acciones mes de noviembre
Por no estar conforme el infante don Alfonso en la separación de los ejércitos del Centro y Cataluña, pidió el relevo a su hermano, y este se lo concedió, por lo que en ese mes de noviembre, el Infante, con su esposa, con la escolta del batallón de zuavos, el EC-5 de Cataluña y tres piezas de artillería de montaña, ya que una la dejó a Cucala, pasó la barca de Flix, atravesando el Ebro. De allí marcharon a Juncosa (Lérida), donde se separó el batallón de zuavos y la artillería, y con la escolta del EC-5, siguió hasta la Seo de Urgel, entrando en Francia por la República de Andorra, no sin antes haber examinado la plaza de la Seo de Urgel.
El 3 de noviembre, las fuerzas mandadas por Moore atacaron Vendrell (Tarragona). El día 5, la artillería de Montenegro cañoneó a los carlistas en las inmediaciones de La Llacuna (Barcelona). Entre San Sadurní de Noya y San Quintín de Mediona (Barcelona), el general Weyler tuvo un encuentro con una ronda carlista. El día 8, Weyler obligó por la fuerza a que Moore se retirara de Capellades (Barcelona). El 18, las fuerzas mandadas por el Tcol Agramunt se batieron en la provincia de Tarragona. El 27 de noviembre, Moore combatió contra la columna Picazo en Juncosa (Tarragona).
Acciones mes de diciembre
El 1 de diciembre, la ronda mandada por Miralles fue sorprendida por el Tcol Camprubi, en Arner (Gerona). Los carlistas que había en Amer se componían de las partidas de Casellas, Gelabert y del propio Miralles, o sea, un total de 500 hombres, incluyendo la milicia armada de la población. Dormían estos, como se dice, a pierna suelta, y los que vigilaban fueron sorprendidos, imposibilitándoles avisar a nadie. Indagado por Camprubí, el alojamiento de los carlistas cerró las salidas y entradas del barrio en el que estaba comprendida la plaza, y distribuida con cautela la fuerza, empezó a llamar a las puertas anunciando a los alojados que se vistieran, pues había necesidad de formar inmediatamente por orden superior.
En ese mismo día, fueron vistos desde Vich algunos jinetes carlistas, por lo que salió un alférez con 12 caballos para ahuyentarlos, pero cayó en una emboscada, perdiendo 4 prisioneros. El día 6, a las ocho y media de la noche, atacó Savalls San Celoní (Barcelona), y después de bombardear la población con una batería de cohetes y dos piezas de artillería, se retiró la madrugada del 7 sin haber intentado el asalto.
El 11 de diciembre, hubo un combate en Ginestar (Tarragona). Savalls, que estaba en Bañolas (Gerona), destacó al brigadier Auguet con el BI-II de Gerona a Santa Coloma de Farnés, y el día 20, hubo un combate en Aguaviva y San Llop (Gerona), contra las fuerzas del Tcol Camprubí, quien, batido, tuvo que retirarse a Gerona, a donde llegó por el socorro que recibió de esta guarnición, que protegió su retirada. El día 13, la ronda mandada por Carnicer tuvo un encuentro en Margalef (Tarragona), muriendo el jefe carlista. El 14, en Borjas del Campo (Tarragona), hubo un pequeño combate, que se reprodujo el 17.
Acción del Clot de Matamala
Siempre era precario el abastecimiento y relevo de la guarnición de Berga. Debía hacerse en diciembre, y se reunieron en Moyá las columnas de Weyler y Mola Martínez. Weyler llegó a Sallent para dirigirse a Berga. Los carlistas se concentraron entre Balsareny y Gironella. Sin embargo, Weyler había conseguido entrar en Berga.
Al regresar el jefe republicano a Cardona para seguir a Solsona, al llegar a Gargallá tuvo ya un pequeño tiroteo el 15 de diciembre. Al pasar el puente de Cardona, fue atacado de nuevo. Allí se hizo la confusión, se rompió el fuego, las fuerzas del RI-24 de Bailén y del RI-17 de Cádiz, con sus oficiales, lo mismo que la mayoría de los artilleros, dejaron solos a sus oficiales, se separaron del camino y se dirigieron por su izquierda, por terreno escabroso, hacia Cardona, y solo el batallón de Béjar hizo frente a retaguardia y sostuvo el ataque, pero también se retiró por fuera de camino, al ver que las demás fuerzas de la brigada no la apoyaban y que los carlistas, corriéndose por su derecha, habían bajado el camino.
Así fue que el brigadier Mola, que fue enviado inmediatamente, abrió fuego con un batallón del RI-3 de Ontoria, que era el más inmediato; no encontró ya a las fuerzas, y sí a los carlistas que seguían bajando el camino para posesionarse de unas casas, de las cuales se apoderó y rechazó a los carlistas, dando fin al combate. A los pocos minutos se unió con el resto de la fuerza al brigadier Mola, a pesar de que por el fuego y ya de noche recogieron una pieza, una cureña y unos cajones de municiones abandonados, así como algunos heridos, sin encontrar a aquella brigada; sin embargo, el brigadier Mola dijo que debían estar ya en Cardona, y allí efectivamente les encontraron en completa dispersión. Los carlistas se apoderaron de un cañón “Plasencia”, que fue el primero de este sistema.
Weyler marchó entonces a Sallent, para proteger el paso del convoy que conducía Montenegro y que subió a Berga, sin explicar por qué no fue a Solsona. Montenegro tuvo que luchar en Balsareny (Barcelona) el 18 para poder abrirse paso. Las fuerzas carlistas que atacaron a Weyler en el Clot de Matamala estaban mandadas por Tristany.
Las últimas acciones registradas en Cataluña en 1874 fueron la entrada en Santa Perpetua de la Moguda. (Barcelona), de las fuerzas mandadas por Guiu, desarmando a los milicianos, el 17 de diciembre. Y el tiroteo que el 18 tuvo en San Pedro de Ribas (Barcelona) la fuerza mandada por Pascual contra la guarnición de Sitges. Una marcha de la brigada Gamir y una confidencia oportuna permitieron que los republicanos salidos de Tarragona el día 20 se apoderaran de 2×8 cañones, 2 cureñas completas y municiones que los carlistas tenían escondidos en un pozo cerca de Vendrell. Hay que resaltar la sorpresa de que fue objeto en el Mas de Cortadella (Tarragona) una pequeña partida mandada por el comandante de armas carlista de Pontils, por los voluntarios de Valls.
La proclamación de Alfonso XII en Sagunto produjo la dimisión del general López Domínguez, siendo sustituido el 31 de diciembre por Arsenio Martínez Campos.