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Operaciones en Murcia en 1874
El 8 de enero, Santés, procedente de Chelva, estaba en Madrigueras (Albacete), de donde pasó el 9 a Mahora, para dirigirse rápidamente sobre Albacete. Era gobernador militar de esta capital el brigadier Bernardo Alemany, que al saber la proximidad de los carlistas, tomó disposiciones para la defensa. El ataque de Santés comenzó por el paso a nivel de San Antón, defendido por el retén que había en la casa de Pedro Tejados, donde resistieron hasta que se vieron obligados a replegarse. Así habían tomado los puestos avanzados y pronto la primera y segunda línea estaban en poder de los carlistas. Viendo el brigadier Alemany que la población estaba ya casi dominada, levantó bandera blanca pidiendo la rendición, a lo que el coronel Santés accedió, concediendo que los retenes que se mantenían en estado de defensa salieran con los honores de guerra, desfilando en la plaza pública ante un batallón carlista formado en columna de a dos, que quedaran las fuerzas libres en sus cuarteles y que no fueran desarmados los jefes y oficiales.
Después de haberse rendido Albacete, los carlistas destruyeron los aparatos telegráficos de la población y del gobierno civil, quemaron el registro civil, así como documentos del gobierno civil, gobierno militar y comandancia de la guardia civil, se apoderaron de 36 caballos de la requisa del ejército, cobraron contribuciones y con este botín se retiraron. Mientras Santés atacaba el día 10 Albacete, fuerzas destacadas suyas llegaban a La Gineta, La Roda y Villamalea; todos en la provincia de Albacete. Después de la toma de Albacete, Santés marchó a la provincia de Cuenca, pasando por Villagordo del Júcar (Albacete), cortando la línea férrea entre Minaya y Ronda, como antes había cortado entre Almansa y Albacete.
En el mes de febrero, las fuerzas carlistas de Valiente llegan el 10 a Minaya, Villarrobledo y Villalgordo, de donde pasan a la provincia de Cuenca.
Más movido fue el mes de marzo, por la entrada de los carlistas en Almansa. El 17, la fuerza carlista que mandaba Ramón García Montes, conocido por Roche, y que recorría los pueblos de las jurisdicciones de Chinchilla, Casas de Ibáñez y Hellín, tuvo un combate en Albataña contra la columna del comandante González Rivera.
Santés, que había partido el 19 de Utiel y atravesado el Júcar por Cofrentes y Jalance, siguió por Ayora y entró a las ocho de la noche del 19 de marzo en Almansa, donde inutilizó las líneas férreas y telegráficas. Recogió las armas de los voluntarios que no ofrecieron resistencia, marchando el 20 de marzo a Fuente de Higuera. El día 23, la compañía del Requeté de las fuerzas de Santés estaba en Caudete (Albacete). El 24 de marzo, García Montes estuvo en Chinchilla, donde causó destrozos en la estación, y recogiendo una máquina y seis vagones que hizo conducir a Villar de Chinchilla, donde hizo descarrilar el tren que lo había conducido. El día 25, esta misma fuerza carlista estuvo en Pozo Lorente, pero no fue alcanzado por las fuerzas destacadas del brigadier Calleja.
El 9 de abril una partida mandada por don Manuel Almarcha entró en Abanilla (Murcia); se componía de unos 50 hombres. El día 29, la partida mandada por Aznar cortó la vía férrea entre Pozo Cañada y Totrbarrá (Albacete). El 13 de julio, en la casa de la Espada y el coto del Pinoso, término de Abanilla, la fuerza mandada por Fúster tuvo un combate con la guardia civil. El 3 de agosto, García Montes, al frente de 70 hombres, entró en Casas Ibáñez (Albacete), habiendo cortado el telégrafo entre Villena y Almansa. La entrada de esta fuerza en Casas Ibáñez (Albacete) sembró la alarma en Albacete, que se aprestó a resistir. García Montes tuvo un encuentro el 20 de agosto con la columna del capitán Miguel Roldán en Cerrolobo (Albacete). El día 2 de septiembre, García Montes, al que siempre dieron los republicanos por dispersado, tuvo un combate cerca de Montealegre (Albacete) contra una columna del regimiento de Santiago. El mismo jete carlista fue sorprendido el 4 de septiembre en la sierra de Arabi, por tropas de la provincia de Murcia, retirándose entonces el jete carlista a Chélva.
La expedición de Lozano
El coronel Miguel Lozano y Herrero había nacido en Jumilla (Murcia). Después de haber atravesado el río Cabriel, por el puente del Cañaveral, llegó la fuerza expedicionaria a Casas Ibáñez en la noche del 15 de septiembre. Formaban a las órdenes de Lozano unos 800 infantes, sobre 60 caballos y 20 músicos. Después de haber recibido la contribución, salieron para Alcalá del Júcar, en donde entraron el 16, apoderándose de municiones y destruyendo las fortificaciones levantadas por los republicanos. En ese mismo día continuaron su ruta por Alatoz, donde también cobraron las contribuciones, quemaron el registro civil e hicieron pedazos la lápida de la Constitución.
El 17 de septiembre, entró en Alpera, donde sorprendió a un tren de mercancías, del cual hizo apearse a todos los empleados, disponiendo que la máquina fuese soltada a todo vapor en dirección a Almansa, para interrumpir las comunicaciones. Fue allí donde dio la orden conminando la cesación de la circulación de los trenes y las penas que serían impuestas a los ferroviarios que se aproximaran a las vías. En esta disposición, que era un bando de guerra, debían ser fusilados los empleados que se encontraran a una hora de distancia de la línea férrea.
De Alpera, siguió la fuerza expedicionaria por Bonete, Corralrubio y Petrola hasta llegar a Pozo Cañada, donde sorprendió al tren mixto de Cartagena e hizo levantar un trozo de vía. Esto ocurría el 18, y no se castigó a los ferroviarios de la estación ni a los que iban en el tren. En Pozo Cañada hizo subir en los vagones a la infantería, pero durante su estancia en la localidad quemaron el registro civil y rompieron la lápida de la Constitución.
Puesto el tren en marcha, mientras la caballería de Lozano mandada por Samper iba a Tobarra, el tren salido de Pozo Cañada llegó a Hellín, invadiendo esta población, quemándose el registro civil, como de costumbre. Allí se recogieron armas y caballos, fue destrozada la estación, cortándose la vía férrea, saliendo por la tarde del día 20 la infantería por tren y la caballería por la carretera hacia Agramón, donde desembarcó su gente, soltó las tres máquinas que llevaba para que inutilizaran la vía y quemó los vagones y la estación, sin que ocurriera nada a los ferroviarios.
De Agramón se separó de la vía férrea y pasó por Isso, en donde estuvo el 21 de septiembre, y luego por Socovos y Férez el día 22; después de pasar por Sabinar, los carlistas estuvieron en Nerpio, entrando en Andalucía por la provincia de Granada.
Regresaron las fuerzas de Lozano a la provincia de Murcia, entrando el 27 de septiembre en Lorca, donde fue recibido con el mayor entusiasmo. Se celebraba la feria; y la banda de música que iba en la fuerza expedicionaria dio un concierto por la tarde. Después de cobrar las contribuciones, marchó de nuevo para la provincia de Granada, de la que salió en el mes siguiente.
El 2 de octubre, la expedición Lozano llegaba a Nerpio (Albacete), continuó por Sabinar (Murcia), y de allí fue a Moratalla (Murcia) y de allí a Cobatillas (Albacete), para llegar a Agramón, donde sorprendió el tren de mercancías que procedía de Murcia y el correo que provenía de Madrid. En este tren viajaban 9 guardias civiles custodiando 720.000 reales, que fueron reclamados como suyos por el marqués de Villamejor, que viajaba en el mismo tren. Lozano hizo devolver el dinero al marqués, y además sentó en su mesa a dicho señor, al comandante de infantería republicana Ferrer y al director general de Aduanas, López Gisbert, a los que concedió inmediatamente la libertad. Lo mismo hizo con los guardias civiles, y ninguna tropelía se cometió contra los ferroviarios. De Agramón marchó a Alcantarilla (Albacete) el 5 de octubre, con dirección a Salinas de Socovos, pero, ratificando su marcha, fue a Jumilla (Murcia), donde penetró el 6 de octubre. Hospedándose en la casa de un familiar.
Al día siguiente, 8 de octubre, salió la expedición de Lozano para la provincia de Alicante, y cuando estaba en Orihuela tuvo que retirarse ante la aproximación de columnas liberales, especialmente la columna de Arnáiz, que estaba más próxima. Se dirigió a Fortuna (Murcia), hubo algunos disparos en la retaguardia al amanecer y Lozano tomó posiciones al otro lado de la población para evitar daños. Una parte de la caballería carlista se situó mal y fue atacada por la republicana, que la sableó. Lozano con el resto de su caballería emprendió el repliegue a Blanca (Murcia), cuya estación quemó, llegando a Cieza el 12 de octubre. Cuando entraba en la población, supo que la columna del Tcol Portillo estaba desembarcando en la estación. Lozano empeñó combate, en el que iba llevando la mejor parte, cuando fue advertido de que la columna de Arnáiz venía a su retaguardia. Para evitar quedar entre dos fuegos, se retiró a Jumilla, entrando en la ciudad el mismo día 12, sobre las nueve de la noche; se iluminaron por orden suya las calles principales de Jumilla, y en previsión de que cualquier columna enemiga se hallara en el pueblo, se detuvo en la casa del llamado Tío Pedro Motina, destacando una avanzada para que, una vez reconocido el pueblo y obteniendo la certeza de que en él no había novedad, pusieran una luz en la torre de la iglesia de Santiago, indicadora de que la fuerza podía penetrar. Descansó Lozano aquella noche en Jumilla.
La fuerza de Lozano prosiguió su marcha el 13, entrando en Yecla (Murcia), y el 14, después de pasar por Montealegre, llegó por la noche a Pozo Cañada (Albacete). Al emprender la vanguardia la estación, se llevaron prisioneros al jefe de ella, al asentador, al guardagujas y al mozo. Lozano llegó más tarde a la población, pidió pienso para los caballos y 30 hombres para destruir la vía férrea. El día 15 la fuerza expedicionaria pasó por Nava de Abajo y de allí salieron a las cinco de la tarde con dirección a las Peñas de San Pedro. De allí pasaron a Bogarra, donde llegaron a las cinco de la tarde del 16 de octubre. La fuerza expedicionaria se dispuso a descansar.
Al salir de Peñas de San Pedro, desertó el Tcol González Fernández, quien se dirigió en busca de una columna liberal, encontrando la mandada por Dabán, vendiendo a sus antiguos compañeros de armas e indicándoles el lugar en que debían pernoctar. La traición de González Fernández fue trágica para los carlistas, pues conociendo todo cuanto le interesaba, Dabán sorprendió a los expedicionarios a las doce de la noche. Los carlistas, alertados por el toque de las cornetas, acudieron al toque de llamada a la plaza de la población. El combate duró tres horas, pero Dabán deshizo la fuerza carlista. Quedaron en poder de los republicanos 227 prisioneros, 100 caballos, 8.250 pesetas, 350 armas de fuego y cartuchería.


Comprendiendo que era imposible continuar el combate, Lozano, con los que se pudo salvar, que no pasarían de 150, se dirigió a las Fábricas de San Juan de Riopar (Albacete), y de allí siguió a Villaverde y luego entró en la provincia de Ciudad Real, a Villanueva de la Fuente, después de pasar por Bienservida (Albacete). Desde Villanueva de la Fuente, las fuerzas que quedaban de la expedición de Lozano regresaron a Chelva, pasando por Munera (Albacete), y luego cerca de Minaya (Albacete), continuando por el límite de las provincias de Albacete y Cuenca. Lozano decidió separar lo que quedaba de sus hombres en dos grupos. Uno intentaría llegar al Maestrazgo y el otro con él salir de España por Gibraltar o Portugal.
Lozano tomó el tren en Ventas de Cárdenas para dirigirse a Málaga y Gibraltar, siendo reconocido en la estación de Vadollano (Jaén) el 21 de octubre. Fue arrestado y entregado a las autoridades, siendo escoltado convenientemente, siendo conducido él y sus compañeros para las prisiones de Albacete. Procesados Lozano y sus oficiales que habían sido detenidos, se les consideró culpables de bandolerismo, robo y asesinato a mano armada. Lozano fue condenado a pena de muerte. El 2 de diciembre, el fiscal notificó a los presos las sentencias recaídas, siendo puesto Lozano en capilla en la sala de audiencia, siendo fusilado el 3 de diciembre por un piquete de 4 soldados, a los que previamente regaló los objetos que llevaba consigo. No fue cumplida su última voluntad de que fuese enterrado en Jumilla, pues fue enterrado en el cementerio de Albacete en el nicho número 384.

Apenas 48 horas después, en Sagunto, el general Martínez Campos protagonizó un pronunciamiento militar que acabó con la Primera República e inició la senda a la Restauración monárquica en la persona de Alfonso XII.
Hay que señalar que una fuerza carlista penetró en la provincia de Albacete, entrando en Casas de Ibáñez, Alborea y otros pueblos, al parecer con intención de caer sobre Albacete para rescatar a Lozano y sus compañeros presos, pero una columna llegó el 25 de noviembre y obligó a los carlistas valencianos a retirarse.
Operaciones en Andalucía en 1874
No hay mucho que citar de la actividad carlista en Andalucía durante el año 1874. Al ir menguando la guerra en la Mancha, la decadencia andaluza se acentuó. Existían pequeñas partidas de efímera existencia, y que apenas inquietaban a las autoridades republicanas. En febrero apareció a finales de mes una partida de 20 hombres en los alrededores de Vélez-Málaga (Málaga), a la que dispersó la guardia civil. A mediados del mes de marzo apareció otra en las cercanías de la misma población, que también fue pronto dispersada. Al mismo tiempo, en el término de Viñuela (Málaga), apareció otra de 20 hombres, que se dispersó sin llegar a ser hostigada.
Mayor importancia tuvo el hecho de que, procedente de Extremadura, entrara con sus fuerzas el coronel Amador Villar, que pasó por Belalcázar, Pozoblanco y Conquista, los tres en la provincia de Córdoba, entrando en las mismas y cobrando contribuciones, marchando luego a la Mancha. También hubo una partida en la provincia de Jaén, que estuvo por Sierra Morena y los alrededores de Despeñaperros, llegando a pisar alguna vez la provincia de Ciudad Real.
Hasta el mes de junio no hay nada interesante en Andalucía, pero entonces se fraguó una conspiración en Jaén, que tenía por objeto apoderarse del Parque de Artillería, con que armar a los numerosos comprometidos que debían levantarse en armas. El proyecto carlista fue descubierto y nada ocurrió; aunque tenía ramificaciones en las provincias, no solo de Jaén, sino de Málaga, Córdoba y Granada. De esta agitación fue la presentación en el término de Alcalá la Real (Jaén) de dos pequeñas partidas, que la guardia civil persiguió, disolviéndose pronto.
En el mes de julio, comenzó con el alzamiento de una partida en Cala (Huelva), que se disolvió a los pocos días. Luego la concentración de carlistas en Encinasola (Huelva), que eran unos 200, pero que al fin desistió de emprender campaña, disolviéndose, y por fin, la aparición en El Buitrón (Huelva) de una partida de unos 70 hombres, que recorrió varios pueblos y contra la que salieron columnas de guardias civiles y carabineros. También aparecieron partidas en las cercanías de Tharsis y Alosno, ambos en la provincia de Huelva, pero su vida fue muy corta. La organizada en El Buitrón tuvo que retirarse a Portugal. En este mismo mes de julio hubo agitación en Priego (Córdoba), pero no llegó a producirse el alzamiento.

Lozano en Andalucía
Procedente de la provincia de Albacete, el 24 de septiembre entró en la provincia de Granada la fuerza expedicionaria del coronel Lozano, llegando a Puebla de Don Fabrique, en donde ocurrió un lamentable accidente. El médico Antonio Egea, con el fin de que no le cogieran el caballo, se dio a la fuga. Una sección de exploradores le dio el alto y, al no detenerse, un sargento carlista le disparó, matándole.
Siguió la expedición a María (Almería), y de allí a Vélez Blanco, y después a Vélez Rubio, ambos en la provincia de Almería, marchando luego a Lorca (Murcia), donde llegaron el día 27. Salieron los carlistas de la ciudad el día 28, y de nuevo estuvieron en Vélez Rubio, donde permanecieron el día 29. Lozano había mandado detener a los concejales de ese ayuntamiento que no habían huido a primera entrada, imponiéndoles una multa. Era el día de San Miguel y, cuando se estaba dando un concierto delante de la casa donde se alojaba Lozano, se presentó una comisión de vecinos en la que había varios sacerdotes, presidida por el párroco, solicitando el perdón para los concejales. Lozano accedió inmediatamente y condonándoles la multa y poniéndolos en libertad.
De Vélez Rubio marchó a Vélez Blanco y luego a María, siguiendo a Orce (Granada), y por Galera a Huescar (Granada). Tenía la costumbre Lozano de visitar en todos los pueblos donde entraba a los conventos de religiosos y de religiosas, y en uno de Huescar vio que las monjas se hallaban con tanta penuria que les entregó como limosna 4.000 reales en nombre de Carlos Vll y de sus voluntarios. El 2 de octubre, la fuerza expedicionaria de Lozano llegó a Santiago de la Espada (Jaén), de donde pasó a la provincia de Albacete.
Operaciones en Extremadura en 1874
Tampoco Extremadura se distingue en este año por tener operaciones propias, ya que estaban ligadas a lo que ocurría en La Mancha. El conde de la Cortina de la Mancha estuvo, al frente de sus fuerzas, en Casas de Don Pedro (Badajoz), de donde marchó a Talarrubias (Badajoz), el día 5 de enero. A fines de mes, el brigadier Crisanto Gómez entró en Herrera del Duque (Badajoz). El coronel Amador Villar, al ir a tomar el mando de los carlistas manchegos y extremeños, pasó rápidamente por la provincia de Badajoz, a la que regresó en febrero, pasando por Garbayuela (Badajoz), marchando a Talarrubias y Casas de Don Pedro.
El 5 de febrero, la partida mandada por Luengo, tuvo un encuentro en Cañamero (Cáceres), muriendo el jefe carlista y marchando la partida, a las órdenes del conocido por Riego, a la provincia de Ciudad Real. A mediados del mes se levantó una partida mandada por Felipe Hidalgo en los alrededores de Fregenal de la Sierra (Badajoz), pero tuvo poca vida, pues fue batida y hecho prisionero el jefe. Otra se formó en Navalmoral de la Mata (Cáceres), mandada por Fuentes y Pujalot, que fue batida el 17 en la Sierra de Guadalupe. Tomó el mando de la partida después de estos sucesos Hurtado, que operaba por la provincia de Cáceres, y lo mismo hacía una nueva partida que mandaba Naranjo. El 24 de febrero, en Talarrubias, el coronel Villar, que había pasado por Villarta de los Montes y Herrera del Duque, ambas en Badajoz, libró combate contra las fuerzas del Tcol Melguizo. Los carlistas se retiraron, dividiéndose en tres grupos, por los caminos de Garbayuela, Castilblanco y Valdecaballeros.
El 11 de marzo, las fuerzas mandadas por Hurtado libraron combate en Logrosán (Cáceres), contra la columna del Tcol Laredo, y cerca de esta misma población, en el mismo día, luchó la partida de Naranjo contra fuerzas de caballería del teniente Sierra. Hurtado estuvo con 50 caballos en la orilla derecha del Tajo, pero habiendo tenido un combate entre Coria y Plasencia, contra fuerzas de carabineros, pasó a la izquierda del río. Pujalot, con 32 infantes, permanecía en la Sierra de Guadalupe, tiroteándose constantemente con la guardia civil, y Naranjo, con 25 caballos, recorría el partido de Trujillo, perseguido por una columna de 100 hombres, de guardias civiles y carabineros. Villar volvió a entrar en Villarta de los Montes el día 19, y llegó a Talarrubias el día 20, marchando de allí a la provincia de Córdoba, en la cual entró por Belalcázar. El día 30 de marzo, Pujalot tenía un combate con los carabineros en Alia (Cáceres).

Regresando a Extremadura, el coronel Villar estuvo el día 2 de abril en Siruela (Badajoz), causando gran alarma en la capital de la provincia. Pasó luego, el día 7, por Talavera la Vieja (Cáceres), y de allí siguió a la provincia de Toledo. Al marcharse Villar, quedó en el sur de la provincia de Cáceres el guerrillero Chiscano, que entró en varios pueblos. Después de la derrota de Piedrabuena, el coronel Villar, atravesando las Sierras de Guadalupe, Montánchez y San Pedro, entró en Portugal. La marcha de Villar señala ya el decaimiento de la guerra en esas provincias. Sin embargo, a las partidas de Hurtado y Pujalot se agregó a la mandada por Borrallo, que con 30 jinetes recorría también Extremadura.
El 1 de mayo, Pujalot tuvo un combate, y otra partida luchó en la Sierra de Montánchez. El día 3 Pujalot estaba de nuevo luchando, y más tarde, Padilla, conocido por Telaraña, fue alcanzado por una sección del RC-6 de lanceros de Montesa. Nada importante encontramos en el mes de junio, pero en julio hubo un nuevo intento carlista para levantar fuerzas en Coria (Cáceres), sin resultado alguno. En el partido de Alcántara, se intentó formar una partida que llegó a reunir 30 hombres, pero se vio obligada a buscar refugio en la Sierra de Gata. El 14 de agosto la fuerza mandada por Padilla fue batida por la caballería republicana, mandada por el teniente Valderrábano, en Villarta de los Montes (Badajoz), siendo esta acción la última de importancia que se registra en Extremadura en 1874.