Siglo XIX Revoluciones en Europa en 1848 Revolución de 1848 o Primavera de los Pueblos

Antecedentes

La Revolución de 1848, conocida como Primavera de los Pueblos o Año de las Revoluciones, son denominaciones historiográficas de la oleada revolucionaria que acabó con la Europa de la Restauración (el predominio del absolutismo en el continente europeo desde el Congreso de Viena de 1814-15). Se trató de una serie de revoluciones contra monarquías europeas que se extendieron por todo el continente a lo largo de más de un año, entre 1848 y 1849. Sigue siendo la oleada revolucionaria más extendida de la historia europea hasta la fecha. Todas ellas acabaron en fracaso y represión y fueron seguidas por una desilusión generalizada entre los liberales.

Las revoluciones fueron esencialmente democráticas y liberales, con el objetivo de eliminar las antiguas estructuras monárquicas y crear Estados-nación independientes, tal como las concebía el nacionalismo romántico. Las revoluciones se extendieron por toda Europa tras una primera revolución que comenzó en Sicilia en enero de 1848.​ Más de 50 países se vieron afectados, pero sin una coordinación ni cooperación significativa entre sus respectivos revolucionarios. Algunos de los principales factores que contribuyeron fueron la insatisfacción generalizada con el liderazgo político, las demandas de mayor participación en el gobierno y la democracia, demandas a favor de la libertad de prensa, otras demandas hechas por la clase trabajadora por derechos económicos, el auge del nacionalismo,​ y la penuria europea de la patata, que desencadenó hambrunas masivas, migración y disturbios civiles.

Fue la tercera oleada del más amplio ciclo revolucionario de la primera mitad del siglo XIX, que se había iniciado con las denominadas Revolución de 1820 y Revolución de 1830. Además de su condición de revoluciones liberales, las revoluciones de 1848 se caracterizaron por la importancia de las manifestaciones de carácter nacionalista y por el inicio de las primeras muestras organizadas del movimiento obrero.​ Las revueltas fueron lideradas por coaliciones temporales de obreros y reformistas, incluyendo figuras de las clases media y alta (la burguesía).

Iniciadas en Francia, se difundieron en rápida expansión por prácticamente toda Europa central (Alemania, Imperio austríaco, Hungría) y por Italia en el primer semestre de 1848. Fue determinante para ello el nivel de desarrollo que habían adquirido las comunicaciones (telégrafo, ferrocarril) en el contexto de la Revolución Industrial. La revolución en Francia tuvo dos episodios diferentes: el de febrero y el de junio. Contra la gran burguesía se hizo la revolución de febrero, pero cuando el proletariado amenazó el orden social en junio, la pequeña y la gran burguesía se unieron ante la subversión proletaria.

Sin embargo, estas coaliciones no se mantuvieron unidas por mucho tiempo. Muchas de las revoluciones fueron rápidamente reprimidas, con decenas de miles de muertos y aún más obligados al exilio. La ola de revueltas terminó en octubre de 1849. Aunque su éxito inicial fue poco duradero, y todas ellas fueron reprimidas o reconducidas a situaciones políticas de tipo conservador (la espontaneidad de los movimientos y su mala organización lo facilitó), su trascendencia histórica fue decisiva. Quedó clara la imposibilidad de mantener sin cambios el Antiguo Régimen, como hasta entonces habían intentado las fuerzas contrarrevolucionarias de la Restauración.​ Entre las reformas más significativas y duraderas se encuentran la abolición de la servidumbre en Austria y Hungría, el fin de la monarquía absoluta en Dinamarca y la instauración de la democracia representativa en los Países Bajos. Las revoluciones fueron más importantes en Francia, los Países Bajos, Italia, el Imperio austríaco y los estados de la Confederación Germánica que conformarían el Imperio alemán a finales del siglo XIX y principios del XX.

Contexto político, económico y social

Las revoluciones surgieron de causas tan diversas que resulta difícil considerarlas resultado de un movimiento o conjunto de fenómenos sociales coherentes. Numerosos cambios se produjeron en la sociedad europea durante la primera mitad del siglo XIX, y tanto reformistas liberales como políticos radicales estaban reestructurando gobiernos nacionales. El cambio tecnológico estaba revolucionando la vida de las clases trabajadoras, al tiempo que la prensa popular expandía la conciencia política, y comenzaron a surgir nuevos valores e ideas como el liberalismo popular, el nacionalismo o el socialismo. Entre los historiadores y académicos se ha tradicionalmente concedido un papel principal a la difusión de las ideas liberales y democráticas, así como al hecho de que las inflexibles y cada vez más obsoletas instituciones políticas de la época eran inadecuadas para afrontar los problemas sociales de la industrialización temprana, incluyendo los relacionados con la pauperización de gran parte de la población rural, así como la intervención del Estado en asuntos individuales, por ejemplo, mediante el servicio militar obligatorio o la tributación discrecional (a través de la imposición de tasas impositivas, bases impositivas o leyes tributarias).

Tras el Congreso de Viena (1814-15), en aplicación del principio de legitimismo dinástico, las monarquías absolutas fueron restauradas en los territorios donde las Guerras Napoleónicas habían instalado Estados liberales. Este restablecimiento del Antiguo Régimen en un periodo de cambio socioeconómico (las denominadas revolución industrial y revolución burguesa, y el desarrollo del capitalismo en sus aspectos industrial y financiero) no se correspondía, en términos de evolución histórica, con el surgimiento de una opinión pública de tipo contemporáneo, cada vez más identificada con los valores de la sociedad industrial y urbana, en la que las clases medias, los profesionales liberales y los estudiantes universitarios tenían un peso decisivo (si no numérico sí en influencia); y que se mostró favorable a los movimientos liberales y nacionalistas. Las potencias absolutistas (Austria, Prusia y Rusia) consiguieron, mediante la Santa Alianza y la convocatoria periódica de congresos, controlar los periódicos estallidos revolucionarios de 1820 y 1830. Para la época, amplios sectores de la nobleza estaban asimismo descontentos con el absolutismo o cuasiabsolutismo monárquico. En 1846, por ejemplo, se produjo un levantamiento de la nobleza polaca en la Galicia austriaca,​ que solo fue contrarrestado cuando los campesinos, a su vez, se alzaron contra los nobles.

El proceso de proletarización de las clases bajas en las zonas más desarrolladas industrialmente trajo como resultado la aparición de un movimiento obrero organizado, especialmente potente en Gran Bretaña. El 21 de febrero de 1848 aparece publicado en Londres el Manifiesto Comunista de Karl Marx y Friedrich Engels, encargado por la Liga de los Comunistas; pero no hubo un movimiento revolucionario significativo en Inglaterra, cuyo sistema político había demostrado suficiente flexibilidad como para ir asumiendo las reivindicaciones de mayor participación (cartismo, Reform Acts). En Francia, los denominados socialistas utópicos (Proudhon, Saint-Simon, Louis Blanc) tuvieron un gran protagonismo en los acontecimientos de 1848. La plebe urbana siempre había tenido un papel en los movimientos populares, aunque el protagonismo o la utilización de ello correspondiera a otros grupos. La novedad de esta revolución fue que, durante un breve periodo del año 1848, pareció posible la puesta en práctica de un programa político diseñado a partir de la toma de conciencia de los intereses propios de la clase obrera, como la comisión del Luxemburgo y los talleres nacionales. La reconducción conservadora del proceso revolucionario y la fase expansiva en que el capitalismo entró en las dos décadas siguientes hicieron que este tipo de planteamientos no pudieran volver a tener posibilidades reales de ejecutarse hasta la Comuna de París de 1871.

Como fuese, para la época las clases media y trabajadora compartían el deseo de reforma y coincidían en muchos de los objetivos específicos. Sin embargo, su participación en las revoluciones fue diversa. Si bien gran parte del impulso provino de las clases medias, la columna vertebral del movimiento provino de las clases bajas. Las revueltas estallaron primero en las ciudades.

Crisis coyuntural

Hubo tres acontecimientos económicos que avivaron la incertidumbre del momento y que contribuyeron a desencadenar las revueltas:

  • Entre 1845 y 1849, la plaga de la patata echó a perder las cosechas, lo que fue especialmente grave en Irlanda (Gran Hambruna irlandesa), donde propició una fuerte oleada migratoria. Este suceso coincidió con la carestía general en Francia de 1847 que, al igual que en otros países de Europa, originó graves conflictos internos provocados por una situación económica que recordaba la que había tenido lugar en Francia en 1789 y en 1830. El grave déficit de suministros básicos de alimentos sacudió al continente entre 1845 y 1847 y desencadenó hambrunas y disturbios en toda Europa, especialmente en Irlanda, Flandes y Silesia.
  • En el otoño de 1847 estalló una crisis del comercio y la industria en Inglaterra, con la quiebra de los grandes comerciantes de productos coloniales. La crisis afectó también a los bancos agrarios ingleses y en los distritos industriales se produjeron cierres de fábricas. En Francia, a la crisis triguera y textil se añadió una crisis metalúrgica en la que la producción bajó en un tercio entre 1847 y 1848 para rápidamente quedarse en la mitad. El fuerte descenso de la producción industrial provocó una disminución de un 30 % de los salarios y un aumento del paro.
  • En París, la crisis industrial estuvo acompañada además por una consecuencia particular: los fabricantes y comerciantes al por mayor que, en las circunstancias que entonces se estaban dando, no podían exportar sus productos, abrieron grandes establecimientos cuya competencia arruinó a los pequeños comerciantes, por lo que estos se involucraron en la revolución.

Expansión de la revolución

Estados italianos

La primera de las numerosas revoluciones que se produjeron en 1848 en Italia tuvo lugar en Palermo, Sicilia, a partir de enero de 1848. Durante este período, Italia no era un país unificado y estaba dividida en numerosos Estados, que, en el norte de Italia, estaban gobernados directa o indirectamente por el Imperio austríaco. Antes de 1848, ya se habían producido varias revueltas contra el dominio borbónico. Las revoluciones de 1848 fueron lideradas por intelectuales y agitadores que deseaban un gobierno liberal. El deseo de independencia del dominio extranjero y el liderazgo conservador de los austriacos llevaron a los revolucionarios italianos a organizar una revolución para expulsar a los austríacos. La revolución fue liderada por el Estado del reino de Cerdeña. Algunos levantamientos en el reino de Lombardía-Venecia, en particular en Milán, obligaron al general austriaco Radetzky a retirarse a las fortalezas del Quadrilátero. Esta revolución dio lugar a un Estado independiente que duró solo 16 meses antes del regreso de los Borbones. Durante esos meses, la constitución era bastante avanzada para su época en términos democráticos liberales, al igual que la propuesta de una confederación italiana unificada de estados. El fracaso de la revuelta se revirtió 12 años después, cuando el reino borbónico de las Dos Sicilias colapsó entre 1860 y 1861 con la unificación de Italia.

Además de los movimientos revolucionarios en las zonas controladas por los Habsburgo (Reino lombardo-véneto, Módena y Toscana), hubo sublevaciones en zonas de los Estados Pontificios y del reino de las Dos Sicilias (Nápoles y Sicilia), siendo particularmente importantes la revolución siciliana de 1848 (que se inició el 12 de enero, un mes antes de las jornadas revolucionarias de París),​ las Cinco jornadas de Milán y la proclamación de la República de San Marco y de la República Romana.

Francia

En Francia, los conflictos sociales se presentaron como una lucha de clases triangular, con las dos burguesías y la masa popular. La gran burguesía, identificada con el Antiguo Régimen, era predominante en el poder y se negaba a compartirlo con la pequeña burguesía, mientras que la clase obrera comenzaba a ser consciente de su miseria y de su fuerza para reivindicar sus intereses. Sin embargo, no fue solo el conflicto social lo que desencadenó la revolución de 1848, sino que la cultura política francesa también supuso un importante factor de inestabilidad.

La Revolución francesa dejó como legado la idea de que la política podía transformar la existencia, y que el Estado no debía limitarse a defender y administrar la sociedad, sino que debía configurarla y conducirla, aunque no había acuerdo sobre la forma en que debía adoptar o los objetivos que debía perseguir. No había una unificación de ideologías, y todas las crisis políticas se convertían en crisis constitucionales. En este caso, la denominada revolución de febrero supuso la caída de la monarquía de julio de Luis Felipe I de Francia (el rey de las barricadas que debía su trono a las tres gloriosas jornadas revolucionarias de 1830).

El 25 de febrero se proclamó la Segunda República Francesa, inicialmente muy social. Pero tras las jornadas de junio se impuso un régimen conservador liderado a partir del 10 de diciembre de 1848 por Luis Napoleón Bonaparte como presidente de la República, y luego del golpe de Estado del 2 de diciembre de 1851 como emperador de los franceses, en el Segundo Imperio francés (1852-1870).

Estados alemanes

En la mayor parte de los Estados de la Confederación Germánica (la institución que sustituyó al Sacro Imperio Romano Germánico disuelto durante las Guerras Napoleónicas), el movimiento revolucionario conocido como Märzrevolution (revolución de marzo) llevó a la formación de gobiernos liberales, los denominados Märzregierungen (gobiernos de marzo). El 10 de marzo de 1848, el Bundestag (parlamento federal) de la Confederación Germánica nombró un Siebzehnerausschuss (comité de los diecisiete) para preparar un texto constitucional; el 20 de marzo, el Bundestag urgió a los estados de la confederación a convocar elecciones para una asamblea constituyente. Tras graves altercados callejeros en Prusia, también se convocó una Asamblea Nacional Prusiana para preparar la constitución de ese reino.

El parlamento de Fráncfort, reunido desde el 18 de mayo, redactó la Constitución de Fráncfort de 1849, que preveía una Alemania unificada como una monarquía constitucional. No fue aceptada por los príncipes soberanos de los estados alemanes, ni siquiera por el rey de Prusia, al que se le ofreció elegirle como emperador.

En los territorios de Schleswig-Holstein, anexionados al reino de Dinamarca (donde a su vez hubo un movimiento revolucionario que condujo a la formación de una monarquía constitucional), se produjo un movimiento nacionalista que llevó a la primera guerra de Schleswig-Holstein (1848-49).

Estados del Imperio austriaco

En el Imperio austríaco se intentaron llevar a cabo ciertas reformas, obligados por la presión revolucionaria en todos los territorios del imperio plurinacional y otros territorios controlados por los Habsburgo: Austria, Hungría, Bohemia, Voivodina, Italia, etc. En este caso, la burguesía era prácticamente inexistente, por lo que el papel de Tercer Estado correspondió a la nobleza media y a la plebe noble, gran parte de la cual estaba compuesta por individuos con estudios universitarios, las cuales vislumbraban la necesidad de reforma y exigían la supresión del régimen feudal y de la servidumbre.

Polonia

El levantamiento tuvo lugar en una región bajo el dominio prusiano, específicamente en Gran Polonia (en polaco, Wielkopolska), y fue parte de una serie de movimientos que buscaban restaurar la independencia polaca y obtener derechos nacionales frente a los poderes ocupantes. En Gran Polonia, las protestas comenzaron en Poznań (Posen), donde los polacos, muchos de ellos artesanos, obreros y estudiantes, se levantaron exigiendo reformas, mayor autonomía y la abolición de los derechos feudales. El Comité Nacional Polaco fue formado por un grupo de líderes liberales y nacionalistas, como Ludwik Mierosławski, que ya había tomado parte en la lucha por la independencia en el pasado.

El levantamiento se desató en Poznań y se extendió rápidamente a otras partes de la región. Los insurgentes pidieron la convocatoria de una asamblea nacional polaca, la creación de una constitución y la autonomía dentro de Prusia. El movimiento fue alimentado por un fuerte sentimiento nacionalista, que veía la Primavera de los Pueblos como una oportunidad para conseguir un cambio político y la recuperación de la independencia polaca.

Imperio otomano

La Revolución de Valaquia de 1848 (o Revolución valaca) fue un movimiento rumano liberal y un levantamiento nacionalista romántico que se desarrolló principalmente en la región de Valaquia, al sur de la actual Rumania, en que este pueblo se quería liberar de las injerencias del gobierno de Moscú. En ese tiempo, Valaquia era parte del Imperio otomano.

Dinamarca

En Dinamarca, la Primavera de los Pueblos de 1848 marcó un punto de inflexión histórico al transformar el país de una monarquía absoluta a una monarquía constitucional. Antes de 1848, Dinamarca estaba gobernada por el rey Federico VII, quien heredó un poder casi ilimitado. Sin embargo, el auge de las ideas liberales y el nacionalismo en Europa, junto con las revoluciones en países vecinos, provocaron un aumento de las demandas de reformas en Dinamarca.

En marzo de 1848, las crecientes protestas liberales y la presión popular obligaron al rey Federico VII a aceptar una constitución que limitara su poder y estableciera un sistema parlamentario. Esta decisión fue motivada no solo por el descontento interno, sino también por el miedo a una revolución violenta, como las que estaban ocurriendo en otros países europeos. En junio de 1849, se promulgó la Constitución de Dinamarca, que convirtió al país en una monarquía constitucional con un parlamento bicameral, compuesto por el Folketing (Cámara Baja) y el Landsting (Cámara Alta). La nueva constitución también garantizó derechos civiles fundamentales, incluyendo la libertad de expresión y la libertad de prensa, lo que marcó un avance significativo hacia un sistema más democrático y liberal.

Sin embargo, la revolución en Dinamarca no solo trajo cambios políticos internos, sino que también desencadenó un conflicto territorial complejo: la Cuestión de Schleswig-Holstein. Las provincias de Schleswig y Holstein tenían una población mixta de daneses y alemanes, y habían estado unidas a Dinamarca bajo una unión personal con el monarca danés. Sin embargo, mientras que Holstein era parte de la Confederación Germánica, Schleswig no lo era, lo que complicó aún más la situación.

Cuando nacionalistas alemanes en Schleswig y Holstein exigieron su independencia y unificación con Alemania, estalló la Primera Guerra de Schleswig (1848-51). Este conflicto no solo fue una guerra civil interna, sino también un enfrentamiento internacional, ya que Prusia intervino en apoyo de los rebeldes alemanes, mientras que Suecia-Nocallega apoyó a Dinamarca. Inicialmente, los prusianos lograron avances militares, pero la intervención diplomática de las grandes potencias europeas, preocupadas por el equilibrio de poder en Europa, condujo a la Convención de Londres de 1852, que reafirmó la soberanía danesa sobre Schleswig y Holstein.

A pesar del conflicto en Schleswig-Holstein, la Primavera de los Pueblos dejó un legado duradero en Dinamarca al establecer una monarquía constitucional que ha perdurado hasta hoy. La Constitución de 1849 fue la base de la democracia danesa, garantizando derechos civiles y una estructura parlamentaria que evolucionó hacia un sistema democrático moderno.

Irlanda

El levantamiento irlandés, conocido como el Revuelo de 1848 o Rebelión de 1848 en Irlanda, fue un intento fallido de los irlandeses de obtener una mayor autonomía y luchar contra el dominio británico, al mismo tiempo que se alineaba con el impulso nacionalista y liberal que caracterizó a las revoluciones europeas de ese periodo.

En 1848, Irlanda estaba bajo el control del Imperio británico, y la situación política y social en el país era extremadamente difícil. Tras la Gran Hambruna Irlandesa de 1845-52, que había devastado la población con la pérdida de cultivos esenciales como la papa, Irlanda estaba sumida en una profunda crisis económica y social, con una gran parte de su población viviendo en la pobreza extrema.

La tensión nacionalista en Irlanda había estado en aumento durante décadas, especialmente a partir de los movimientos por la autonomía irlandesa que pedían la autonomía o incluso la independencia del Reino Unido. En 1848, estos movimientos se unieron al creciente impulso por las reformas liberales y democráticas que barrían Europa, inspiradas por la Primavera de los Pueblos.

El levantamiento irlandés fue principalmente promovido por un grupo de jóvenes nacionalistas conocidos como los jóvenes irlandeses. Este grupo incluía a figuras destacadas como John Mitchell, William Smith O’Brien, Thomas Francis Meagher y John Blake Dillon, quienes formaron una organización política llamada la Asociación Republicana Irlandesa. Inspirados por las revoluciones en Francia y Alemania, estos líderes buscaban una Irlanda independiente y creían que la única forma de lograrlo era mediante una revolución armada.

Revolución de 1848 en Irlanda. Los insurgentes comunicándose con hogueras.

El 15 de mayo de 1848, los jóvenes irlandeses decidieron actuar. En lugar de un levantamiento generalizado en todo el país, los rebeldes planearon una revolución en Dublín. Su objetivo era desafiar la autoridad británica, tomar el control de la ciudad e iniciar una insurrección más amplia que pudiera conducir a la independencia de Irlanda.

Sin embargo, el levantamiento se produjo en un momento de gran fragilidad política, ya que muchos de los líderes republicanos eran jóvenes inexpertos y no tenían una estructura organizada para llevar a cabo la rebelión de manera efectiva. En el sur de Irlanda, había habido un clima de descontento debido a la hambruna, pero la insurrección carecía de apoyo generalizado y no estaba lo suficientemente bien coordinada.

El 23 de julio de 1848, los jóvenes irlandeses se alzaron en diferentes partes del país, especialmente en el sur y en Enniscorthy, donde los rebeldes intentaron tomar el control de la ciudad. En Dublín, la rebelión fue breve y rápidamente sofocada por las fuerzas británicas. En Enniscorthy, hubo un pequeño conflicto armado, pero la represión británica también fue rápida y efectiva.

La respuesta del gobierno británico a la rebelión fue severa. El Ejército británico y las fuerzas policiales irlandesas tomaron medidas drásticas para desmantelar los movimientos republicanos. Muchos de los líderes de la rebelión, incluidos William Smith O’Brien y Thomas Francis Meagher, fueron arrestados. O’Brien fue condenado a muerte, aunque la pena fue conmutada a prisión perpetua y más tarde exiliado a Australia. Meagher, por su parte, fue enviado a prisión en Australia, pero eventualmente escapó y continuó su lucha en los Estados Unidos.

La represión británica dejó claro que la insurrección irlandesa no contaba con el apoyo suficiente de las clases populares ni con una organización adecuada para enfrentar al poderoso ejército británico. La comunidad seguiría luchando por la independencia de su país.

El levantamiento irlandés de 1848, aunque fracasado, fue parte del movimiento general de liberación y reformas que barrían Europa en 1848. Este levantamiento reflejaba el clima de nacionalismo, liberalismo y democracia que estaba tomando fuerza en muchas partes del continente. Aunque la revolución irlandesa no tuvo el mismo impacto inmediato que otras en Europa, se mantuvo como un símbolo de la lucha irlandesa por la independencia y contribuyó al proceso histórico que finalmente llevaría a la independencia de Irlanda en 1922.

España

La ola revolucionaria de 1848 tuvo escasa repercusión en España, si bien conviene destacar dos alzamientos frustrados.

El primer intento revolucionario sucedió en Madrid el día 26 de marzo. Muchos civiles, apoyados por militares, levantaron las primeras barricadas de la capital en las calles cercanas al Palacio Real y exigieron la destitución de Narváez. Sin embargo, el gobierno, actuando con rapidez, movilizó al ejército leal y a la policía, logrando sofocar la revuelta al día siguiente de haberse iniciado.

La segunda tentativa se produjo dos meses después. El 7 de mayo, el madrileño regimiento de caballería España, liderado por el comandante Buceta, se declaró en rebelión e instigó al pueblo a alzarse. También se produjeron asonadas en las ciudades de Barcelona, Valencia y Sevilla. En Madrid, donde el combate fue más intenso, se vivieron auténticas batallas en la Plaza Mayor y otros lugares cercanos. El general José Fulgosio, encargado de sofocar la rebelión, murió de un disparo desde un balcón. Narváez tuvo que ser informado; debido al cariz de los acontecimientos, adoptó medidas extraordinarias como la disolución de las Cortes y la suspensión de las garantías constitucionales, lo que le permitió arrestar a los líderes progresistas y dictar penas de muerte.

El fracaso de la revolución en España se debió en gran parte a la falta de compromiso de algunos militares progresistas y la gran capacidad de reacción demostrada por el gobierno.

No obstante, hubo repercusiones posteriores: al año siguiente se sustanció la escisión de los progresistas y se fundó el Partido Demócrata, y seis años después se produjo la Revolución de 1854.

Revolución de 1848 o Primavera de los Pueblos. Dibujo satírico.

Cronograma de las revoluciones de 1848

24 de noviembre de 1848: El papa Pío IX huye de Roma. 9 de febrero de 1849: Proclamación de la República romana. Junio de 1849: sofocada por las tropas españolas y francesas.

12 de enero de 1848: Revolución de Palermo. 25 de marzo de 1848: declaración en Palermo de la independencia de Sicilia. 15 de mayo de 1848: sofocada por las tropas neopolitanas.

22 de febrero de 1848: Revolución de París. 25 de febrero de 1848: Abdicación del rey Luis-Felipe. 26 de febrero de 1848: Proclamación de la República. 10 de diciembre de 1848: elección de Luis Napoleón

1 de marzo de 1848: Revolución de Baden. 23 de junio de 1848: sofocada por tropas de la Confederación Germánica.

3 de marzo de 1848: Revolución de Múnich. 20 de marzo de 1848: abdicación del rey Luis de Baviera.

13 de marzo de 1848: Revolución de Viena. 13 de marzo de 1848: renuncia de Metternich. 31 de octubre de 1848: victoria de los contrarrevolucionarios después del levantamiento de octubre.

15 de marzo de 1848: Revolución de Buda y Pest. Octubre de 1848: hasta octubre, guerra de la Independencia. Octubre de 1849: victoria de las tropas rusas y austriacas

18 de marzo de 1848: Revolución de Berlín. Mayo de 1848: victoria de los contrarrevolucionarios.

18 de marzo de 1848: Revolución de Milán. 6 de agosto de 1848: reconquista de Milán por las tropas austriacas.

20 de marzo de 1848: Levantamiento en la Gran Polonia. Mayo de 1848: sofocada por las tropas prusianas.

22 de marzo de 1848: Revolución de Venecia. 23 de marzo de 1848: proclamación de la República. 28 de agosto de 1849: recuperación por las tropas austriacas tras un largo asedio.

28 de marzo de 1848: Revolución de Moldavia. Abril de 1848: rápidamente sofocada por las tropas. Junio de 1849: ocupación por las tropas rusas

2 de mayo de 1848: Revolución del Palatinado. 19 de junio de 1848: sofocada por las tropas prusianas.

3 de mayo de 1848: Revolución de Dresde. 9 de mayo de 1848: sofocada por las tropas sajonas y prusianas.

15 de mayo de 1848: Revolución de Transilvania. Fin tras las victorias rusas y austriacas.

12 de junio de 1848: Revolución de Praga. 17 de junio de 1848: sofocada por las tropas austriacas.

Junio de 1848: Revolución de Valaquia. 13 de junio de 1848: abdicación del hospodar Bibescu. Septiembre de 1848: sofocada por las tropas otomanas.

24 de noviembre de 1848: El papa Pío IX huye de Roma. 9 de febrero de 1849: Proclamación de la República romana. Junio de 1849: sofocada por las tropas españolas y francesas.

Revolución de 1848. Focos del conflicto.
Entrada creada originalmente por Arre caballo! el 2026-02-24. Última modificacion 2026-02-24.
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