Siglo XVIII Guerras Revolucionarias Francesas I (1.789-95) Comienzo de la Revolución

Antecedentes

Tras la finalización de la Guerra de la Independencia de los EEUU, por el tratado de París de 1.783, Francia estaba en bancarrota, con el fin de encontrar un medio para pagar los gastos ocasionados por la guerra, Luis XVI nombró al banquero ginebrino Jacques Necker, que con el fin de evitar subir las gabelas (impuestos), recurrió a los préstamos, hasta que los intereses de la deuda, no pudieran ser satisfechos sin subir los impuestos.

En 1.781 Necker fue destituido, siendo nombrado en su lugar Charles Alexandre de Colonne, quien para contener la crisis, logró convencer a Luis XVI para que convocara a los Notables (delegados de la nobleza y el alto clero). La reunión tuvo lugar en 1.787, pero cuando sus representantes observaron que la reforma financiera perjudicaba sus privilegios, se negaron a sancionarla.

En Francia la nobleza formaba el 1,4 % de la población y estaba organizada en 3 grupos:

  • Nobleza de corte que eran unos 4.000 que vivían en Versalles gracias a las pensiones que les concedía el monarca, la mayoría estaba arruinados ya que vivían por encima de sus posibilidades.
  • Nobleza provinciana que vivía de los derechos feudales, muchos estaban arruinados y subían las rentas a sus empobrecidos campesinos, eran despreciados por los de la corte y odiados por los campesinos.
  • Nobleza de toga que eran los encargados de la burocracia, se oponían a todo lo que perjudicaran sus intereses.

En cuanto al clero estaba formado por el alto clero (obispos, abades, cardenales, etc) que eran de origen noble y vivían una vida de lujo a costa los diezmos, y el bajo clero (sacerdotes y órdenes religiosas), de procedencia campesina y que malvivían con la “portion congrue” o ración de subsistencia.

El 8 de agosto de 1.788, y en medio de una gran conmoción, Luis XVI fue persuadido a convocar los Estados Generales, que no se habían reunido desde 1.614.

Pero el 27 de diciembre de 1.788, bajo la presión del Tercer Estado, el Rey acordó doblar el número de sus diputados. En realidad, en los hechos ello pareció que no cambiaría nada, ya que a cada uno de los tres órdenes se le atribuía un solo y único voto en oportunidad de las votaciones conjuntas. Y así, con este sistema, la nobleza y el clero eran quienes decidían, puesto que sus respectivas posturas estaban generalmente muy alejadas de las del Tercer Estado.

Lo que el pueblo deseaba erra una monarquía constitucional, bajo la que los representantes pudieran reunirse periódicamente, garantizando el suministro de víveres. Los Estados Generales se convocaron en Versalles el 5 de mayo de 1.789.

Los representantes del Tercer Estado (formado por la burguesía, las clases populares urbanas y el campesinado), rehusaron a constituir un grupo a parte, e invitaron a la nobleza y al clero alto a que deliberaran con ellos. Pero como solo unos cuantos se mostraron dispuestos a aceptar, los representantes del Tercer Estado se declararon en Asamblea Nacional. Diez días después, en el famoso juego de pelota, prestaron juramento de no separarse hasta haber redactado una nueva constitución.

Con el fin de evitarlo, Luis XVI ordenó a los diputados de las órdenes privilegiadas reunirse con los comunes, pero al mismo tiempo para evitar desórdenes, dio órdenes al marques de Broglie que concentrara tropas suizas y alemanas en Versalles, y destituyó de nuevo a Necker a quién había vuelto a llamar algún tiempo antes.

Juramento del Juego de Pelota (20 de junio de 1789). 577 diputados del Tercer Estado juran no separarse hasta dotar a Francia de una Constitución. Autor Jacques-Louis David

El ejército francés en 1.789

El ejército francés estaba formado por unos 163.000 efectivos en total.

La infantería disponía de 135.000 efectivos encuadrados en 79 RIs franceses, 23 RIs extranjeros (11 suizos, 8 alemanes, 3 irlandeses, 1 belga), y 12 BIC (batallones de infantería de cazadores). La mayoría estaban en las fronteras nordeste, y 19 BIs (10.000) en las colonias. Cada RI estaba compuesto por 2 BIs.

La artillería disponía de 11.000 efectivos en el Cuerpo de Artillería con 7 RAs en la reserva, también incluía el cuerpo de mineros (6 Cías) y el cuerpo de obreros (9 Cías). La artillería fue reorganizada bajo la dirección del inspector Gribeauval en 1.776, organizańdose en artillería regimental con cañones de 4 lbs, y artillería divisionaria (reserva) con cañones de 8 y 12lbs; morteros de 10 lbs. Para guarniciones y asedios cañones de 12 y 16 lbs, obuses de 8 pulgadas y morteros de 10. Hizo que los avantrenes (parte delantera) y los vehículos fueran uniformes con piezas intercambiables. La artillería incrementó el número de caballos, alargando las columnas de marcha, haciendo que fueran necesarios más cazadores a pie y a caballo para protegerlas.

La caballería con 40.000 efectivos estaba compuesto por 25 RCs, 18 RDs, 6 RHs y 12 RCs de cazadores a caballo.

La Maison du Roi (Casa del Rey) contaba 8.000 efectivos encuadrados en los RIs Guardias Franceses (6 BIs), Guardias Suizos (4 BIs), Guardia de Corps (4 Cías), estaban de guarnición en Parías y Versalles.

Las milicias estaban compuestas unos 75.000 efectivos por 13 RGs Reales (regimientos de granaderos reales) con 2 BGs (4 Cías), 5 RIs de EM (Estado Mayor) con 2 BIs cada uno, y 2 RIs guarnición (París y Córcega) y 78 BIs de guarnición.

Cuando estalló el conflicto, Luis XVI llamó a París los regimientos extranjeros, ya que no se fiaba de los nacionales, entre los que se encontraban los RIs suizos de Reinach, Castella, Chateauvieux, y Salis Samade; los RIs alemanes de Bouillon y Nassau, RIs franceses de Metz, Valenciennes, y Provence; los RCs Royal Allemand, Royal Cravate, y Mestre de Camp Général; los RDs de Delfín, y Royal; RHs de Esterhazy, Bercheny y Lauzon; en total había unos 30.000 efectivos en los alrededores de París o en marcha, bajo el mando del mariscal Broglie de 60 años. El general suizo barón de Besenval estaba el mando de 5 regimientos con unos 6.000 efectivos acampados en el Campo de Marte.

Revueltas en París

La ciudad de París, que entonces tenía 700.000 habitantes, se encontraba muy agitada debido a varias circunstancias. La cosecha de 1.788 había sido muy escasa, lo que provocó que el precio del pan estuviera por las nubes en julio de 1.789. A ello hay que sumar una retracción importante del comercio debido a la guerra de la Independencia de los EEUU, lo que conllevó despidos y bajadas de salarios. Los vagabundos se extendieron como una plaga alarmante y con ellos los ladrones. Las ciudades tenían miedo de verse saqueadas por estas bandas de malhechores, las cuales se decía que eran reclutadas por aristócratas (algo totalmente infundado pero que se creyó debido a la situación de inestabilidad general) para intimidar al Tercer Estado.

En estas circunstancias se comprende la revuelta obrera que había estallado en abril, donde unos obreros destruyeron una fábrica de papeles de decoración en París. Los campesinos se negaran a pagar más tributos señoriales o impuestos. También es lógico pensar que los parisinos intentaran armarse para proteger su ciudad, máxime cuando se estaban concentrando tropas en Versalles y ésta había quedado desguarnecida.

Se suele decir que el detonante que agitó a las masas de forma definitiva fue la destitución del ministro de finanzas Jacques Necker, considerado dentro del sector progresista. Este movimiento político fue interpretado como un golpe de mano de los elementos conservadores de la corte. Los liberales, temerosos de que el siguiente paso fuera la disolución de la Asamblea, con las tropas reunidas en torno a Versalles, decidieron agitar a las masas. Entre ellos destacó Camille Desmoulins, quién en una arenga improvisada, el día 12 de julio, se dirigió a la plebe con los siguientes términos: “¡Ciudadanos, no hay tiempo que perder; el cese de Necker es la señal de la Noche de San Bartolomé para los patriotas! ¡Esta noche, batallones de suizos y alemanes tomarán el Campo de Marte para masacrarnos; sólo queda una solución: tomar las armas!”.

Los liberales aprovecharon la situación deplorable de la plebe para conseguir sus fines. Los problemas de hambruna habían degenerado en los típicos asaltos a almacenes y tiendas, pues la plebe pensaba que los altos precios se debían al acaparamiento de pan por los especuladores.

El 10 de julio en París se vivía este ambiente de revuelta, potenciado aún más por los rumores de saqueos en los campos por bandidos organizados. El hecho era que a París habían llegado numerosos vagabundos del campo que aumentaban considerablemente la inseguridad. No es extraño que en ese caldo de cultivo fructificaran las ideas de desobediencia civil. El “Gran Miedo” se había apoderado de la plebe parisina. Los electores de París (el grupo de delegados que habían elegido a quienes representarían a la ciudad de París en los Estados Generales) se reunieron en el ayuntamiento de la capital y decidieron constituirse en el «nuevo» poder municipal, y comenzar a constituir una “Guardia Nacional”, que fuese la fuerza de choque de las nuevas instituciones y que mantuviese el “nuevo orden” en las calles de París. El problema era que esta guardia no tenía armamento.

El 12 de julio hubo un primer enfrentamiento entre el regimiento de caballería Real-Alemán, bajo el mando del príncipe de Lambesc en la plaza de Luis XV y la multitud enardecida, Lambesc y sus tropas cargaron contra la muchedumbre con un muerto por cada bando.

El regimiento de Gardes Françaises (Guardias Franceses) formaba la guarnición permanente de París que, con muchos vínculos locales, era favorable a la causa popular. Este regimiento había sido confinado a sus cuarteles durante los primeros altercados a comienzos de julio. Con París convertido en un polvorín, Lambesc, que no confiaba en que este regimiento obedeciera sus órdenes, colocó a 60 hombres a caballo para vigilarlo frente a su sede en la calle Chaussée d’Antin. Una vez más, la medida que tenía la intención de refrenar las revueltas solo sirvió para atizarlas. La Guardia Francesa hizo frente a ese grupo de caballería, matando a dos soldados e hiriendo a tres más, a pesar de que los oficiales de la Guardia Francesa hicieron tentativas inútiles de replegar a sus hombres. La revuelta ciudadana tuvo entonces a su servicio a un contingente militar experimentado, que había luchado en América, definitivamente en el lado popular, que acampó en el Campo de Marte, para contrarrestar a los esperados regimientos mercenarios. El futuro “rey ciudadano” Luis Felipe de Orleans, siempre partidario de la Revolución, fue testigo de estos hechos como joven oficial de la Guardia. En su opinión, los soldados habrían obedecido si hubieran podido. Según él, los oficiales abandonaron sus responsabilidades en este momento previo al levantamiento, cediendo el control a los suboficiales. La autoridad incierta del barón de Besenval, supuso una abdicación virtual por parte de los encargados de controlar el centro de París.

El 13 de julio la multitud quiere armarse y se dirigen al Hôtel de Ville (Ayuntamiento) para pedir armas. Jacques de Flesselles, convertido en máxima autoridad municipal, decide organizar la Guardia Nacional, con el objetivo de mantener el orden. Pero el caos es irreconducible y las milicias populares autónomas se extienden por toda la ciudad. Cada miembro de la Guardia Nacional llevaría como marca distintiva una escarapela con los colores de París, rojo y azul, pero no tenía ni armas ni municiones. Para pertrechar esta milicia, los amotinados saquearon el Garde-Meuble, nombre popular del Hôtel de la Marina, donde se almacenaban armas antiguas y una colección de antigüedades. El pillaje se había extendido por la ciudad. Una multitud exacerbada se dirigió a la Maison Saint-Lazare, donde se hallaban reos culpables de delitos de deudas, asaltó la prisión y excarceló a sus internos.

A las 5 de la tarde, una delegación de los electores del Ayuntamiento se dirigió a Los Inválidos para reclamar las armas almacenadas allí. El gobernador se negó, mientras la Corte no lo autorizara.

Revolución Francesa. La libertad guiando al pueblo. Autor Eugène Delacroix

Toma de la Bastilla (14 de junio de 1.789)

La Bastilla fue construida a finales del siglo XIV como defensa contra los ingleses y convertida por Carlos VI de Valois en cárcel, a se hizo célebre como lugar de confinamiento de los enemigos del Estado con el cardenal Richelieu.

La bastilla estaba formada por 8 torres circulares y dos patios interiores, el acceso era por dos puentes levadizos sobre el foso que rodeaba la fortaleza. En la planta baja estaban los calabozos que hacían años que no se empleaban, solo se usaban los calottes, justo debajo del techo, que eran fríos o calurosos dependiendo de la época del año y se empleaban para los presos de bajo estrato social. Los prisioneros más ricos ocupaban las plantas intermedias y tenían lujos adicionales, incluyendo mascotas (perros y gatos). Los juegos de cartas y el billar eran jugados por los prisioneros, y el alcohol y el tabaco estaban permitidos. Los sirvientes a veces podían acompañar a sus maestros en la Bastilla.

Fortaleza de la Bastilla en París en 1789

El marqués de Sade, llegó con un vestuario extenso, tapicería, perfumes, pinturas y una colección de 133 libros, alimentó los fuegos de la revolución, en contra de la Bastilla, cuando se dirigía al público durante sus caminatas por las murallas en la cima de las torres y, una vez que le fue prohibido esto, gritando desde la ventana de su celda. Sade comenzó a afirmar que las autoridades planeaban masacrar a los prisioneros dentro del castillo, lo que causó que el gobernador lo moviera a otra ubicación a principios de julio. El 14 de julio, ya no se encuentra ya no se encontraba en la Bastilla, días antes los carceleros irrumpieron en su celda y, sin permitirle recoger sus pertenencias, lo trasladaron al manicomio de Charenton.

Los guardianes eran inválidos (soldados heridos en combate no aptos para e servicio), al alcaide en ese momento era Bernard-René de Launay que era invalido, algunas fuentes y en el momento del asalto solo había varios guardias.

A las 10,00 horas del 14 de junio, una multitud se dirige al Hôtel des Invalides para obtener armas, el gobernador, el marqués de Sombreuil, disponía de pocas fuerzas para hacer frente y les dejó entrar y en los sótanos encontraron 28.000 rifles, 12 cañones y un mortero, pero había muy poca munición. Las fuerzas militares acampadas en el Campo de Marte no actuaron, los soldados se negaron a atacar a la población francesa por lo que esta revolución popular pudo continuar sin problemas.

Los revolucionarios se enteraron de que en la Bastilla se almacenan cañones y pólvora, y se dirigieron hacia allí. A las 11,30 horas, una delegación encabezada por el abogado Thuriot se reunió con Launay. Le exigieron la entrega de los cañones y la pólvora, Launay les explicó que no había ni cañones ni pólvora y permitió que varias personas visitasen la fortaleza y comprobasen que no había nada.

Toma de la Bastilla (14 de julio de 1789). Vista del asalto

A las 17,00 horas, se acercaron a la Bastilla otro grupo de revolucionarios, Launay baja a hablar con ellos como lo había hecho anteriormente, pero es inmediatamente asesinado, los asaltantes asesinaron a los tres guardias que había en el interior y liberaron a los prisioneros.

Las cabezas de los asesinados fueron puestas sobre una pica y la turba se dirigió al Hôtel de Ville (Ayuntamiento). En el Ayuntamiento, la muchedumbre acusó a Jacques de Flesselles, preboste mercaderes de París o precursor de alcalde, de traición. Se improvisó un juicio aparente en el Palais Royal y fue también ejecutado.

Además de los presos, la fortaleza albergaba los archivos del Lieutenant général de police (Teniente general de la Policía) de París, que fueron sometidos a un pillaje sistemático. Fue solo al cabo de dos días cuando las autoridades tomaron medidas con el fin de conservar los restos de ese archivo. El mismo Beaumarchais, cuya casa estaba situada justo enfrente de la fortaleza, no vaciló en apoderarse de documentos. Denunciado, tuvo que restituirlos posteriormente.

A las 8 de la mañana del 15 de julio de 1.789, en el Palacio de Versalles, en el momento de su despertar, el duque de Rochefoucauld-Liancourt informó a Luis XVI de la toma de la Bastilla. “Pero ¿es una gran revuelta?” preguntó Luis XVI. “No Sire, se trata de una gran revolución”. respondió el duque.

Toma de la Bastilla (14 de julio de 1789). Arresto del alcaide de la prisión

Traslado del Rey a París

Mientras, la ciudadanía de París, esperando un contraataque del ejército, atrincheró las calles, levantó barricadas construidas con adoquines y se armó, lo mejor que pudo, sobre todo con picas improvisadas.

Las tropas de élite estacionadas alrededor de la capital están cada vez más afectadas por la propaganda revolucionaria y las deserciones aumentan (alrededor de mil declaradas) para pasarse al pueblo. Los coroneles de estos regimientos le informan al rey que no pueden serle útiles ante el levantamiento.

Las tropas reales que se habían concentrado en los alrededores de París fueron de nuevo dispersadas a sus guarniciones fronterizas. El marqués de La Fayette, que había combatido en América, asumió el mando de la Guardia Nacional en París. Jean-Sylvain Bailly, líder del Tercer Estado e instigador del Juramento del Juego de Pelota, fue elegido alcalde de la ciudad por los electores reunidos en el Hôtel de Ville (Ayuntamiento) y fue instaurada una nueva estructura de gobierno municipal.

El 17 de julio, el conde de Artois, el futuro Carlos X de Francia, acompañado de Jules de Polignac y algunos grandes señores de la corte, fue el primer emigrante al extranjero. Se reunieron en Turín, en la corte del rey de Cerdeña, suegro del conde de Provenza, del conde de Artois y de su hermana Clotilde de Francia y después se trasladaron al electorado de Tréveris, donde reinaba su tío materno Clemente de Sajonia. El marqués de Bouillé, Charles Alexandre de Calonne, el príncipe de Bourbon-Condé y la mayoría de los cortesanos no tardaron en seguirlos.

Del 17 al 19 de julio, la tropa pasó al lado de los alborotadores en Rennes con el grito de “Vive le tiers” (Viva el pueblo). El mismo escenario ocurre desde Estrasburgo hasta Burdeos, desde Caen hasta Briançon, desde Lorena (Thionville) hasta el Midi pasando por Borgoña (Auxonne).

Por lo tanto, Luis XVI fue a la sede de la Comuna de París, validó sus decisiones (en particular, la formación de la Guardia Nacional) y dio órdenes a los regimientos regulares de regresar a sus acuartelamientos lejos de la capital.

El 26 de agosto, la Asamblea Constituyente publicó la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, basado en la Declaración de la Independencia Américana e inspirado en los principios de la Ilustración.

El 5 de octubre, miles de mujeres, animadas por el grito de hambre, marcharon hacia la Corte y su Rey en el famoso Palacio de Versalles; 800 hombres las siguieron. Esta abigarrada multitud armada con espadas y rifles es arrestada por los guardaespaldas del rey, los guardias suizos y el regimiento de Flandes. En la noche, el ejército dispara; y los insurgentes se defienden, la milicia de Versalles (soldados de reserva) interviene junto al pueblo. Las tropas reales prefieren retirarse a sus cuarteles. La confusa misa de la mañana se convierte en un comando heroico que enciende fuegos, comieron un caballo del ejército muerto en la confrontación anterior.

El eco del combate llega a París; miles de hombres armados se reúnen alrededor del Ayuntamiento, donde los funcionarios electos dudan. De repente, sale el objetivo lógico, sin un orden dado: ¡a Versalles!.

En el camino, numerosos refuerzos (a menudo, obviamente, entre los revolucionarios más decididos) completan la columna. Cuando llegó a Versalles, el Rey se mostró firme y se negó a recibir al general Lafayette, que mandaba la Guardia Nacional.

El 6 de octubre, sobre las 06,00 horas, los manifestantes, después de una noche muy regada, entraron al patio del castillo. Una confrontación tiene lugar con los guardias, dos guardias fueron muertos, y se apresuran a los apartamentos reales.

A las 11,00 horas, la Asamblea se reunió, presidida por Mounier, y decidieron seguir a Luis XVI a París. A las 13,00 horas, el Rey salió de Versalles hacia París acompañado de toda la familia real. A la cabeza de la inmensa procesión de más de 30.000 hombres de la Guardia Nacional, cada uno con un pan de pique al final de la bayoneta, luego las mujeres escoltando carros de trigo y cañones, detrás los guardias de Corps desarmados y los guardias suizos, luego marchaba el carruaje de la familia real escoltado por La Fayette, seguido de otros carruajes que llevaban a algunos diputados y luego a la mayor parte de los guardias nacionales y al resto de los manifestantes.

La familia real fue escoltada hasta el palacio de las Tullerias, donde fijaron su residencia. En adelante, el rey y la Asamblea Nacional se sientan en París, vigilados por la Guardia Nacional y amenazados por los disturbios.

El poder real estaba, por lo tanto, extremadamente debilitado. Francia seguía siendo una monarquía, pero el poder legislativo pasó a manos de la Asamblea Constituyente. Los comités especializados de la Asamblea tenían la ventaja sobre toda la administración, que se preocupa cada vez menos por el poder del Rey. Los ministros ya no son más que ejecutores técnicos supervisados por la Asamblea. Sin embargo, el Rey conserva el poder ejecutivo. Las leyes y decretos votados por la Asamblea solo son válidos si el Rey los promulga. Además, los intendentes y otros agentes de la administración del Antiguo Régimen permanecen en su cargo hasta la formación de una nueva administración. Hasta el verano de 1.790, los intendentes que no habían renunciado continuaron ejerciendo sus funciones, aunque su alcance se había reducido considerablemente.

Intento de huida de Luis XVI

El problema más importante era el económico. Francia estaba en bancarrota, el 2 de noviembre de 1.789, a propuesta de Talleyrand, obispo de Autun, que era amante de la hija de Necker, madame de Stäel, la propiedad del clero fue “puesta a disposición” de la nación para la extinción de la deuda pública, y además los los obispos y representantes del clero debían ser elegidos por representantes del pueblo. Se convierten en bienes nacionales que se venderán en assignats (lotes) para compensar el déficit estatal. Necker le tomó la delantera, consiguiendo enormes extensiones de las propiedades eclesiásticas, como garantía a sus promesas de pagar en oro y plata, pero como no había ni lo uno ni lo otro, los billetes fueron rechazados, siguiendo una gran confusión. Necker huyó del País. Dada la urgencia de la situación financiera, la Asamblea Constituyente hace de la propiedad nacional la garantía de un documento que los titulares pueden canjear por tierra. Utilizados por primera vez como letras del tesoro, recibieron una tasa forzada en abril de 1.790 para convertirse en una moneda real. Por lo tanto, se emitieron 400 millones de assignats (lotes) en títulos de 1.000 libras: este es el comienzo de un fuerte período de inflación.

El 13 de febrero de 1.790, los votos de religión fueron abolidos y las órdenes religiosas suprimidas, excepto, provisionalmente, hospitales y maestros. Los municipios llevaron a cabo los inventarios en los meses siguientes y, a menudo, reclamaron las bibliotecas que se utilizarán para constituir los primeros fondos de las bibliotecas municipales. La venta de bienes nacionales comenzó en octubre, en gran medida en beneficio de la burguesía, que tenía importantes fondos para comprar rápidamente.

La legislación antirreligiosa hirió a Luis XVI en lo mas vivo. Exclamo “prefiero ser rey de Metz que gobernar Francia bajo semejantes condiciones”. El resultado fue que poco después comenzó a pensar en la huida, no a la Normandía o Bretaña leales como había sugerido Mirabeau, sino a Metz donde se hallaban los emigrados. En ello fue apoyado ardientemente por su esposa María Antonieta, hija del emperador austriaco Leopoldo II.

El 19 de abril de 1.791, cuando los reyes decidieron salir de París para pasar el Domingo de Ramos en su residencia campestre de Saint-Cloud y se vieron envueltos por una multitud que les impidió partir e incluso los cubrió de insultos. Tras el incidente, el Rey no se recató en declarar públicamente que era un prisionero; en privado, instado por su esposa, decidió escapar.

María Antonieta buscó la ayuda del conde Axel von Fersen, un aristócrata sueco que se había ganado su confianza. Tras el fiasco de Saint-Cloud, el proyecto se puso en marcha.

El plan consistía en escapar de noche y viajar de incógnito hasta la ciudad fronteriza más próxima, Montmédy, unos 287 kilómetros al este de París, en la actual frontera con Bélgica (entonces posesión austriaca); 20 horas de viaje sin pausa podían ser suficientes. Allí, el Rey lanzaría una proclama para denunciar los abusos de la Revolución.

A las diez de la noche del 20 de junio de 1.791, la Reina llevó a sus hijos a Fersen en secreto. Luego volvió al salón, como si nada hubiera sucedido. Poco después se retiró a su dormitorio, dio las instrucciones a sus doncellas para el día siguiente y se acostó. Pero nada más quedarse sola se vistió con un traje sencillo de color gris, se tapó la cara con un velo y salió por unas puertas ocultas del palacio.

El Rey, por su parte, debió quedarse departiendo con los cortesanos hasta las once y media de la noche. Luego se fue a dormir, pero huyó. Luis, María Antonieta, sus dos hijos y Fersen se reunieron por fin a las dos de la madrugada, con dos horas de retraso. Iban en un carro nuevo, enorme y lujoso, en el que cabían cómodamente los cinco fugitivos más el aya de los príncipes, dos camareras, el peluquero de la reina y otros ayudantes, con baúles repletos de ropa, vajilla, botellas de vino y otros lujos. No era una comitiva precisamente discreta, pero aun así salió de París sin levantar sospechas.

La fuga se descubrió a las ocho de la mañana. Al principio, algunos intentaron hacer creer que el Rey había sido raptado por contrarrevolucionarios, pero a mediodía se descubrió que Luis había dejado un documento en el que explicaba las razones de su huida. Las autoridades reaccionaron ordenando el arresto de cualquier persona que intentara abandonar el reino.

Los fugitivos viajaban bajo identidades falsas: la marquesa de Tourzel, aya de los príncipes, se hacía pasar por una aristócrata rusa, la baronesa De Korff, mientras que la reina y la hermana del rey fingirían ser sus doncellas; el rey, por su parte, era el criado Durand. Cambiaron de caballos en Bondy, a media hora de París. Allí, por voluntad del rey, se separaron de Fersen. Continuaron sin novedad hasta Châlons, adonde llegaron a las seis de la tarde. Se pararon a merendar y tuvieron una avería en una rueda, que les llevó media hora reparar, lo que hizo que llegaran a Pont-de-Somme-Vesle con dos horas de retraso, cuando las tropas que los esperaban para escoltarlos se habían marchado ya.

Los reyes avanzaron hasta llegar a Sainte-Menehould a eso de las ocho. La noticia de la huida del rey se había difundido ya y cundía la agitación entre el pueblo. Uno de los más exaltados era el maestro de postas del lugar, Jean-Baptiste Drouet, quien había visto a la reina tiempo atrás, cuando era militar. Cuando echó un vistazo al interior de la carroza reconoció a María Antonieta de inmediato y también se percató de que el supuesto criado Durand tenía los mismos rasgos que el rey, tal como se lo representaba en los billetes que circulaban por entonces.

La carroza real logró continuar el camino, pero Drouet, tomando otra ruta, llegó antes que ellos a la siguiente etapa, el pequeño municipio de Varennes-en-Argonne, a tan sólo 50 kilómetros de Montmédy. Los fugitivos llegaron allí cuando ya era de noche y se detuvieron a las afueras. Drouet había dado la voz de alerta e hizo que el procurador, Sauce, máxima autoridad del lugar dado que el alcalde estaba ausente, examinara los papeles a los viajeros. Inicialmente, Sauce declaró que los pasaportes estaban en regla y no había motivo para retener a la carroza, pero Drouet dio un puñetazo sobre la mesa y respondió: “Son el rey y su familia, y si los dejáis marchar al extranjero seréis culpable de alta traición“. Sauce se inclinó; a la espera de comprobar la identidad de los viajeros, los alojó en su propia casa. El glotón Luis XVI aceptó gustosamente el pan y el queso que la esposa del anfitrión les ofreció para reponerse.

Arresto del del rey Luis XVI en Varennes el 20 de junio de 1791

Luis XVI no pudo, o no quiso, seguir ocultando su identidad. Declaró a todos que era el monarca y les pidió que lo dejaran continuar a Montmédy.
Justo entonces se presentó en el pueblo un destacamento de húsares alemanes dispuesto a rescatar a sablazos al rey. Pero Luis XVI temía por la seguridad de su familia y quiso esperar a que acudieran más tropas. Entrada la madrugada ya era demasiado tarde: los revolucionarios les bloqueaban el paso. Luego llegaron dos de los muchos comisarios que la Asamblea Nacional había enviado en todas direcciones para detener al rey. Luis XVI no marcharía a Montmédy, sino que regresaría con su familia a París.

Los fugitivos tardaron tres días en desandar lo que habían recorrido en veinte horas de frenética fuga. Seis mil ciudadanos armados y guardias nacionales los acompañaron durante el trayecto. El 25 de junio entraron en París, en medio de un silencio sepulcral. Según los testigos, el abúlico monarca parecía extraordinariamente tranquilo, como si nada especial hubiese pasado.

Regreso del rey Luis XVI a París tras la fuga de Varennes el 25 de junio de 1791. Autor Jean Duplessis-Bertaux

Tras la huida de Varennes, la oposición de los revolucionarios a la monarquía se hizo cada vez más virulenta.

Al enterarse el emperador Leopoldo II de la detención del rey de Francia, declaro que la “detención de un rey, comprometía de manera directa el honor de todos los soberano reinantes y la seguridad de los gobiernos”. Y el 27 de agosto, junto con el rey Federico Guillermo II de Prusia, firmaron la Declaración de Pillnitz, Sajonia (actualmente en Alemania), en la que los monarcas afirmaban estar dispuestos a unirse con otros monarcas europeos para apoyar a Luis.

El propósito de Leopoldo distaba mucho de ser desinteresado, porque había concertado un plan para dividir Francia, Austria se apoderaría de Alsacia y Lorena y Prusia se apoderaría de los ducados de Jülich y Berg, y una porción del futuro reparto de Polonia.

Catalina II de Rusia intentaba implicar a Viena y a Berlín en los asuntos de Francia para tener las manos libres en Polonia.

Esta declaración fue interpretada por la Asamblea Nacional francesa como una declaración de guerra de las potencias europeas. El partido monárquico francés vio en una irrupción austriaca y en la dispersión de las levas, el único medio para salvar a Luis XVI.

El 20 de abril de 1.792, la Asamblea votó casi por unanimidad declarar la guerra al emperador austriaco Francisco II, comenzando la Primera Guerra de Coalición.

Batallas de de Marquain y Quiévrain (29 a 30 de abril de 1.792)

Armand Louis de Gontaut, duque de Lauzun, y duque de Biron, conocido como Biron que mandaba el ejército del Rin con 20.000 efectivos, tenía como misión vigilar los ejércitos austriacos, junto con el ejército del Norte bajo el mariscal Jean-Baptiste Donatien de Vimeur, conde de Rochambeau. Decidieron efectuar un reconocimiento en fuerza en dirección a Mons y en dirección a Tournai. Uno mandado por el propio Biron y por el otro por mariscal Théobald Dillon, conde de Dillon, un irlandés al servicio de Francia, en el ejército del Norte bajo las órdenes de Rochambeau.

Batalla de Marquain (29 de abril)

Dillón partió de Lille con 10 Escons, 3 BIs, 1 Cia de voluntarios, 1 Cia de cazadores y 6 cañones, llegó a Baisieux primer pueblo de Hainaut se encontró con el mayor-general austriaco Louis-François de Civalart, el conde de Haponponrt acampó en las alturas de Marquain con 3.000 hombres.

Los exploradores imperiales atacaron la vanguardia francesa con bastante fuerza, lo que indicaba que el general quería una batalla campal. Sin embargo, a Dillon se le había ordenado evitar cualquier enfrentamiento.

Dillon al ver al enemigo avanzar contra él, dio la orden de retirada a Baisieux de acuerdo con las órdenes recibidas para evitar el enfrentamiento.

Algunos signos de insubordinación que habían aparecido entre sus soldados desde su partida de Lille, demostrando que tenía poca confianza ellos. Algunos protestaron porque no habían realizado un solo disparo.

En el primer movimiento retrógrado realizado por los franceses, fueron perseguidos por el coronel austriaco, barón de Vogelsang, que disponía de 3 cañones, que abrieron fuego a gran distancia, los disparos ni siquiera llegaron al último del ejército de Dillon. Sin embargo, la desconfianza de los soldados hacia sus aristócratas generales y el miedo, hizo que los jinetes que marchaban en retaguardia entraran en pánico, produciéndose la desbandada gritando “Salvese quien pueda, estamos traicionados”. Este movimiento y los gritos extendieron la confusión en las tropas se infantería que se sumaron a la huida, abandonado los 4 cañones, los vagones de municiones y equipaje por los carreteros, que se montaron en los caballos y huyeron y todo el ejército se arroja a la carretera, huyendo hacia Baisieux.

El general Theobald Dillon intentó en vano reunir a los fugitivos antes de que el enemigo los alcanzase. Se profirieron gritos e insultos turbulentos contra el general que fue alcanzado por un disparo de pistola de uno de sus soldados.

Fue entonces cuando los imperiales surgieron. En la alarma general, el pánico de las tropas completamente desorganizadas que cruzaron Baisieux y continuaron huyendo precipitadamente hacia Lille. Tan pronto como llegaron a la ciudad, se forma en la Porte de Fives , una considerable reunión de soldados de los diferentes regimientos que componen la guarnición.

El coronel de ingenieros Pierre-François Berthois, señor de La Rousselière, segundo al mando de Dillon, fue detenido por los soldados dominados por una furia ciega, que lo colgaron en una de las almenas del lugar y luego lo hacen descuartizaron, y tambien cortaron la garganta de 3 o 4 prisioneros enemigos. El general Dillon, herido, que regresaba herido en un carro, fue masacrado a bayonetazos. Luego, los soldados arrancan su cuerpo de carro, lo arrastran por las calles hasta la Grand Place o lo arrojan al fuego.

Arthur Dillon, hermano de Théobald Dillon, presentó una queja ante la Asamblea. Los asesinos fueron castigados y la viuda del general obtuvo una pensión para criar a sus hijos.

Ejército revolucionario francés 1791. Izquierda Guardia nacional: 1 marqués de Lafayette, 2 oficial de granaderos, 3 fusilero, 4 portaestandarte: derecha infantería de línea: 1 fusilero del RI70, 2 oficial del RI2, 3 tambor del RI36. Autora Patrice Courselle

Batalla de Quiévrain (28-30 de abril)

Por su parte el marqués de Biron realizó el reconocimiento en fuerza en dirección a Mons con una fuerza de 5 BIs, 3 BIs de voluntarios, 6 ECs, 4 EDs y 30 cañones.

El 28 de abril, Biron se pone en marcha en 3 columnas, el mandaba la central, Serignan la derecha y Crespin la izquierda, llegaron a Quiévrain, justo al otro lado de la frontera franco-belga, allí se enfrentaron a fuerzas austriacas bajo el mando del mariscal de campo austriaco barón de Beaulieu, atacando a las fuerzas austriacas que se encontraban en la ciudad, que fueron rodeadas y huyeron, hicieron 100 prisioneros, 6 cañones y 7 vagones de munición. Los franceses acamparon en la ciudad y Biron enaltecido por el éxito y planeó tomar la ciudad de Mons y eventualmente Bruselas. Al día siguiente, siguió avanzando en 3 columnas, dejando 1 BI de voluntarios en Quiévrain.

El 29 de abril las fuerzas francesas se aproximan a Mons, allí les esperaba el mariscal Beaulieu con unos 3.000 efectivos y 10 cañones atrincherados en las alturas de Bertaimont. Se produjo un intercambio de fuego artillero y ataques de reconocimiento para descubrir las fuerzas austriacas, y Biron juzgó que sus fuerzas no eran lo suficientemente fuertes y decidió retirarse. Siendo perseguido por 500 cazadores a pie y a caballo. El 30 de abril, cuando sus tropas volvían a pasar por Quiévrain, unos 30 hombres fueron abatidos por los cazadores enemigos, una falsa alarma de un ataque austriaco provocó el pánico de los soldados y huyeron a Valenciennes de manera desordenada.

Estas dos acciones fueron los primeros enfrentamientos en la Primera Guerra de Coalición, y pusieron en evidencia la falta de disciplina del ejército francés.

Entrada creada originalmente por Arre caballo! el 2020-10-23. Última modificacion 2020-10-23.
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