¡Ayúdanos a mejorar el blog!
Si ves alguna palabra mal escrita, o frase que no tenga mucho sentido, es muy fácil hacérnoslo saber. Sólo tienes que seleccionar las palabras que te resulten sospechosas y pulsar las teclas CONTROL y ENTER. Se abrirá un formulario con el texto seleccionado, y con pulsar enviar recibiremos tu notificación.
También puedes abrir el formulario pulsando el siguiente botón
Evolución desde la Revolución francesa
En 1789, las hostilidades del ducado de Brabante con el emperador José II dieron lugar a la Revolución de Brabante, bajo el mando de Hendrik van der Noot y Jan Frans Vonck, que desembocó el 11 de enero de 1790 en la declaración de independencia de los Etats Belgiques Unis (Estados Unidos Belgas). Esta república confederada tuvo una vida corta, pero fue una expresión de las pretensiones de independencia que aparecieron como reacción a las reformas centralistas de José II. En este contexto aparecieron diferentes ideas de “nación belga”, que tenían en común el sentimiento de unidad. Este sentimiento no murió con el colapso de la república y, junto a otros factores, desembocó en la revolución de 1830. Paralelamente a la Revolución de Brabante, se produjo la Revolución de Lieja, influida por la Revolución francesa.
Los Países Bajos Austríacos y los del Norte fueron, en el contexto de las Guerras Revolucionarias Francesas, ocupados en 1794 y 1795 respectivamente por las tropas revolucionarias. Después, como consecuencia del Tratado de Campo Formio, formaron parte de Francia durante los siguientes doce años. A largo plazo sería significativo que, a pesar de las protestas iniciales de la burguesía contra la asimilación, se fueran afrancesando cultural y lingüísticamente. Los Países Bajos del Norte pasaron a formar, tras la independencia de Francia, la República Bátava (1795-1806) y después el Reino de Holanda bajo el gobierno del hermano de Napoleón Luis Bonaparte (1806-1810) y finalmente fue integrada en el estado francés. Cuando se impuso en 1810 el Bloqueo Continental contra Inglaterra, se desató una crisis económica de la que los Países Bajos no se recuperaron hasta que en 1813 las tropas francesas se retiraron tras la batalla de Leipzig.

Reino Unido de los Países Bajos (1815-1830)
Congreso de Viena
En noviembre de 1813, los políticos de orientación orangista asumieron el poder público en La Haya y ya en diciembre nombraron príncipe heredero a Guillermo I de los Países Bajos con la condición de tener una Constitución. Ya antes de la batalla de Waterloo en 1815, Gran Bretaña consideró que la forma de mantener su seguridad era mediante un equilibrio de fuerzas entre las potencias continentales. Las otras grandes potencias, Austria, Prusia y Rusia, se asociaron para erigir un Estado intermedio entre ellas y Francia formado por la antigua República de los Siete Países Bajos Unidos, los antiguos Países Bajos Austríacos (incluyendo Luxemburgo) y Lieja, que pasarían a ser el Reino Unido de los Países Bajos. Al mismo tiempo, los británicos compensaron a los Países Bajos con estas ganancias territoriales por su ocupación de la Colonia del Cabo.
Las esperanzas de los conservadores en Bélgica residían en la restauración del gobierno austriaco, pero como Viena aparentemente no mostró ningún interés, aceptaron la unión de norte y sur en unos Países Bajos unidos. Planes diferentes tenía el líder conservador de la Revolución de Brabante exiliado en Londres, Hendrik van der Noot, que discutió con representantes de los orangistas. La unión fue aprobada en el Congreso de Viena. La solución propuesta de formar un Estado independiente bajo el gobierno de un príncipe austriaco no recibió la aprobación, porque el Estado que se formaría en este caso parecía frágil.
Estado conjunto
El nuevo estado no era federal, sino unitario. Esto fue un problema, pues las tensiones entre el norte y el sur afloraron pronto. Los factores principales fueron religiosos y lingüísticos, que se agravaron al aparecer problemas económicos y al no satisfacer las demandas liberales. El desequilibrio se fortaleció porque las regiones del norte eran las dominantes, aunque tenían 2 millones de habitantes frente a los 3,5 del sur. La “holandización” se topó con una doble resistencia: la población flamenca, en particular el clero, rechazaba el calvinismo del norte vehementemente, mientras que la Bélgica francófona no aceptaba la imposición de la lengua neerlandesa. La división entre Bélgica y Holanda era de tal magnitud que la rebelión parecía inevitable. La situación se volvió más tensa con la Revolución de Julio en Francia, que trajo la inquietud de la revolución a toda Europa, y especialmente a sus vecinos francófonos del norte.
El rey Guillermo I reaccionó de manera poco diplomática al estallido de la revolución. El rey estaba influido por las ideas conservadoras de la Restauración, que predominaba también en los gobernantes de la Confederación Germánica, en particular en sus parientes prusianos (su madre, Federica Sofía Guillermina, que hasta su muerte en 1820 ejerció una gran influencia sobre él, era hermana del rey prusiano Federico Guillermo).

Conflicto lingüístico
En 1815 vivían en el sur 218 000 analfabetos, pero solo 23.000 en el norte. Guillermo I concentró sus esfuerzos en este campo: durante los quince años de su reinado se construyeron en el sur 1500 escuelas, en las que se enseñaba en la lengua local. En Flandes y Bruselas se enseñaba también en neerlandés, y en Valonia, en francés. El número de estudiantes de primaria en las provincias sureñas pasó de 150.000 a 300.000.
Los funcionarios y burgueses francófonos reaccionaron contra la implantación del neerlandés en el ejército, el gobierno y las escuelas. Valonia no era la única región de habla distinta; en Flandes, la burguesía hablaba francés, mientras que el resto de la población hablaba el dialecto bajo fráncico. En Limburgo se hablaban con frecuencia limburgués, alemán y francés, mientras que el neerlandés solo se empleaba esporádicamente.
Infrarrepresentación
Aunque en el sur habitaba el 62 % de la población, solo le correspondía el 50 % de los escaños del Parlamento y solo uno de cada cinco ministros era sureño. Las principales instituciones del Estado tenían su sede en el norte y, por tanto, la mayor parte del funcionariado residía allí.
El contingente que tenía que aportar el sur al Ejército era desproporcionadamente grande. Sin embargo, solo uno de cada seis oficiales era sureño, y solían estar en los escalafones más bajos de la infantería y la caballería. En artillería e ingeniería militar, para las que se necesitaba una educación especial, la proporción de oficiales belgas era aún menor.
Oposición religiosa
En el Reino Unido de los Países Bajos había 3,8 millones de católicos (de los cuales 800.000 residían en el norte) y 1,2 millones de protestantes. En el sur hispánico, la religión del Estado había sido durante mucho tiempo el catolicismo, mientras que en el norte la Iglesia nacional era calvinista. Para los conservadores de ambas partes, era indeseable tener las dos religiones en igualdad de derechos.
Guillermo I profesaba el luteranismo alemán de la Landeskirche, en la que el gobernante también era el cabeza de la Iglesia. Intentó que la Iglesia católica se aislara de la influencia de la curia romana, nombró sus propios obispos y avivó la polémica con las escuelas, al abolir la instrucción católica libre.
La infrarrepresentación del sur no se limitaba a los obispos católicos, pues a los creyentes se les tenía prohibido trabajar para el Estado bajo amenaza de excomunión, prohibición que fue promulgada en 1815 por el obispo de Gante. En 1817 las tensiones se incrementaron entre de Broglie y la casa de Orange y el obispo fue depuesto y expulsado del país. Su odio personal a los Orange creció tanto, que maldijo al niño que esperaba la princesa de Orange. La oposición abierta de la Iglesia católica la aprovechó el Gobierno para nombrar a oficiales adecuados para la perpetuación del carácter holandés-protestante del aparato del Estado. Por otra parte, el rey Guillermo I quería modificar la Constitución para que fuese posible que reinase un monarca católico.
Cuando Guillermo I privó al clero de la enseñanza en los gimnasios y permitió solo escuelas estatales, los católicos se acercaron a las ideas del sacerdote francés Félicité de Lamennais, que abogaba por la separación de la Iglesia y el Estado, y se asociaron con los liberales en este punto contra Guillermo I. En diciembre de 1825, el político católico Étienne Constantin de Gerlache de Lieja llamó a los liberales a formar una unión con los partidos de la oposición. Asoció la libertad de enseñanza, que la Iglesia pedía, con la libertad personal de la práctica religiosa y de prensa. A partir de 1828, se incrementaron las críticas conjuntas en los diarios, y católicos y liberales presentaron el mismo catálogo de reivindicaciones. Esta coalición se conoció como unionismo.
Reivindicaciones liberales
Los liberales, orientados hacia el anticlericalismo, fueron, junto a los hombres fuertes de la economía, los únicos que al principio apoyaron a Guillermo I. Tras varias decepciones, a finales de la década de 1820 surgió en un grupo de jóvenes liberales el deseo de un nuevo orden con un fuerte componente anticlerical. Esta generación recibía la influencia de los liberales franceses, que además de contra la Iglesia se enfrentaban a Carlos X. Ponían énfasis en la libertad religiosa como elemento de las libertades individual y de pensamiento. Sobre este grupo de jóvenes liberales ejercían una gran influencia Joseph Lebeau, futuro primer ministro de Bélgica; Charles Rogier de Lieja; Louis de Potter, de Brujas; el luxemburgués Jean-Baptiste Nothomb y el filósofo francosuizo Benjamin Constant.
En 1815, la Constitución de Guillermo recibió fuertes críticas en el sur. Mientras en el norte recibió la aprobación de los votantes del referéndum, en el sur se dio una gran abstención. Guillermo realizó un recuento que ha recibido el nombre de aritmética holandesa, según el cual las abstenciones se contaron como votos a favor. Los Estados Generales quedaron divididos en dos cámaras. Los miembros de la primera cámara (Eerste Kamer) eran nombrados por el rey. Los de la segunda cámara (Tweede Kamer) resultaban elegidos por las provincias por sufragio censitario.
Otro inconveniente para los intelectuales era la ausencia de libertad de prensa y de asamblea, que se percibía como un medio adicional de control del norte.
Cuestiones económicas
El sur era una región en proceso de industrialización, mientras que el norte estaba orientado al comercio marítimo tradicional. Si Guillermo tenía al principio apoyos en Bélgica, estos provenían del sector moderadamente liberal orientado al desarrollo económico de la Valonia francobelga y de Amberes, ciudad a la que beneficiaba la reapertura a la navegación del Escalda.
La industria del sur realizó en poco tiempo una metamorfosis: con la secesión de Francia perdieron su mercado principal, pero con la apertura del puerto de Amberes y el acceso al mercado de las Indias Orientales Neerlandesas, la economía belga se fortaleció. Gante era a finales de los años veinte la primera ciudad textil del continente europeo y el tráfico fluvial del puerto de Amberes pasó de 585 barcos y 65.000 toneladas de carga en 1819 a 1028 barcos y 129.000 toneladas en 1829.
Por otra parte, tras el Bloqueo Continental, Gran Bretaña inundó el mercado europeo con productos baratos, contra los que la poco mecanizada industria del sur de los Países Bajos no podía competir. Poco más tarde se desató en las Indias Orientales una rebelión que hizo padecer a la industria. Además, en 1829 hubo una mala cosecha que elevó los precios de los alimentos.
La distribución desigual de la deuda nacional (1.250 millones de florines del norte contra 100 millones del sur) se percibía como injusta. Con el nacimiento del Algemeene Nederlandsche Maatschappij, que más tarde sería el Banco Nacional de Bélgica, Guillermo I buscaba formar una contrapartida al Banco de los Países Bajos. La institución estimuló la economía al actuar de prestamista público.
Crisis política
Desde que se agruparon en 1825 los liberales y los católicos en una unión,la situación del reino se encontró en una crisis permanente. En 1829 los altercados entre el rey y los liberales se agravaron aún más. El rey despojó de todas las responsabilidades ministeriales al Parlamento y decretó una división entre el norte y el sur en gobernación y administración. El régimen de Guillermo I se hizo más abiertamente autoritario, siguiendo el ejemplo prusiano. El rey declaró que su soberanía temporalmente eclipsaría a la Constitución y que restringiría su alcance. En mayo de 1829, en medio de la crisis política, nombró a su hijo, el príncipe de Orange, que más adelante sería el rey Guillermo II, presidente del Ministerrat y vicepresidente del Staatsrat.
La prensa, en particular Le Courrier des Pays-Bas, alzó su voz contra Guillermo I e incrementó aún más sus reivindicaciones, razón por la que el Gobierno finalmente reaccionó de forma enérgica. El 11 de diciembre de 1829, apareció junto a un proyecto de ley de prensa reaccionario y una disposición real por la que todos los funcionarios debían firmar en un plazo de veinticuatro horas su lealtad al rey y su apoyo a la Constitución, bajo amenaza de ser depuestos de sus cargos. Al mismo tiempo, se tomaron medidas draconianas contra la prensa y, tras un proceso muy polémico, los principales líderes de la oposición fueron expulsados del país, entre los que se encontraba Louis de Potter (que ya había sido condenado en 1828 a pasar dieciocho meses en prisión), François Tielemans y Adolf Bartels.

Disturbios de agosto de 1830
La Revolución de julio de 1830 tuvo mucho eco en Bélgica y enrareció más el ambiente. Muchos esperaban que, en caso de emergencia, pudieran contar con la ayuda militar de Francia para acometer una reforma interna en los Países Bajos Unidos.
En 1830, Bruselas contaba con 98.279 habitantes y era, por tanto, la segunda ciudad más poblada del Reino Unido de los Países Bajos, después de Ámsterdam. El Palacio Real de Bruselas era la segunda residencia del rey, después de la capital, La Haya. Era la capital de la provincia de Brabante Meridional, cuyo gobernador era Hyacinthe van der Fosse y cuyo comandante militar era el teniente general Guillaume Frédéric de Bylandt.
La ciudad, cuyo alcalde era Louis de Wellens, alberga una importante guarnición de las fuerzas armadas del Reino Unido de los Países Bajos, bajo el mando del mayor general G. J. de Wauthier. Está compuesta por 1.800 hombres, 240 caballos y 6 cañones, distribuidos en las siguientes unidades:
- Un destacamento del Garderegiment Grenadiers en Jagers (Regimiento de Granaderos y Cazadores de la Guardia), que defendía expresamente el palacio real de Bruselas, compuesto por el BG-III y el BIL-II, comandados por los tenientes coroneles Antingh y Everts.
- Un batallón del 3.er Afdeeling (RI-3 de infantería) y el depósito del RI-1.
- Un escuadrón de dragones de caballería.
- Un escuadrón de la Royal Marechaussee (el precursor de la gendarmería belga), mandado por el mayor general Aberson.
- Los bomberos de Bruselas (en aquel momento armados para poder participar en el mantenimiento del orden público).
- Un destacamento de la schutterij (guardia municipal voluntaria).
- La policía de Bruselas, bajo las órdenes de Pierre De Knyff de Gontrœuil.
Disturbios la noche del 25 al 26 de agosto
El 24 de agosto de 1830 era el 58 cumpleaños del rey Guillermo I, soberano del Reino Unido de los Países Bajos. Se habían planeado numerosas festividades para la ocasión, incluyendo un espectáculo de fuegos artificiales oficialmente cancelado debido a la lluvia. Sin embargo, se decidió mantener la representación de La Muette de Portici en el Teatro Real de La Monnaie. La ópera romántica de Daniel-François-Esprit Auber y su simbolismo atrajeron a una gran multitud. De hecho, la historia relata la revuelta popular de la República de Nápoles contra la gran potencia española que ocupó la región en el siglo XVII e instaló allí a un virrey. La identificación con la situación de los Países Bajos Meridionales, anexionados por la fuerza a los holandeses desde 1815, fue fácil y resonó con los habitantes de Bruselas. Además, la policía de Bruselas había querido prohibir la representación de esta “obra revolucionaria tan rica en alusiones fácilmente captables, con el riesgo de hacer estallar un polvorín”, pero el gobernador de la provincia de Brabante del Sur, Hyacinthe van der Fosse, protestó contra las “obstinadas precauciones de la policía” y autorizó la representación con el apoyo del rey.
En la tarde del 25 de agosto de 1830, durante una representación de la ópera nacionalista romántica La muette de Portici en La Monnaie, el auditorio estaba abarrotado, la platea estaba llena a rebosar. Entre el público ya se encontraban futuros patriotas belgas que luego relatarían los acontecimientos, como Charles Pletinckx, el conde Vandermeeren, Jean Palmaert y Godefroid Nique. Quienes no encontraron asiento fueron empujados hacia el centro de la Place de la Monnaie, donde se congregaba una multitud que se preparaba para una manifestación. En el interior, el fervor patriótico estalló cuando el dúo formado por Masaniello y Pietro comenzó a cantar «L’Amour sacré de la Patrie» (El amor sagrado de la patria), cantada en el acto II, escena 2, el público clamó «¡Vive la liberté!» (Viva la libertad). En el tercer acto, escena 4, Masaniello, al son del toque de trompeta, blande un hacha y canta «Luchemos para romper nuestras cadenas». Enardecido y enérgico, el público se puso de pie coreando: «¡A las armas! ¡A las armas!». El quinto acto, que representaba la reconquista del pueblo napolitano por parte del ejército español, nunca se representó.

De hecho, en su excitación, los espectadores, mayoritariamente burgueses, se marcharon y se unieron a la multitud popular reunida frente al edificio. Entre ellos se encontraban gendarmes de la Real Marechaussee, con sus blusones bajo los cuales ocultaban sus sables. La policía los dispersó por las salidas del teatro, pero fueron inmediatamente detectados, amenazados y perseguidos hasta la Rue Fossé-aux-Loups. Los insurgentes, tanto burgueses como comunes, se unieron y desencadenaron violentos disturbios, primero destrozando las ventanas del periódico oficial Le National, y luego marchando hacia la casa de su propietario, el periodista italiano Georges Libri-Bagnano, conocido por su apoyo a Orange, en la Rue de la Madeleine, la cual saquearon y robaron.


Libri-Bagnano logró escapar y probablemente evitó la muerte por poco: una horca improvisada, hecha con un palo de escoba y una cuerda que terminaba en un nudo corredizo, había sido atada a una ventana del segundo piso para él. Dos piquetes de infantería llegaron al lugar, pero su comandante, el Comisionado de Wageneer, fue golpeado en la cabeza por un mueble antes de que pudiera dar la orden de intervenir. Sin instrucciones, los piquetes no se atrevieron a avanzar.
La multitud aumentó y atacó otros edificios: una armería, una juguetería (para conseguir tambores), la Librería Polymathic y las Grandes Messageries. Los alborotadores derribaron los emblemas naranjas y el escudo de armas real a su paso. Estallaron escaramuzas entre los insurgentes, la Schutterij (milicia) y la Policía Real. Más tarde, un grupo se dirigió al edificio del jefe de policía, Pierre De Knyff de Gontrœuil, que también fue saqueado. Allí, los primeros disparos de las fuerzas de seguridad causaron sobre las 01:00 horas, incluyendo dos muertos entre los insurgentes, lo que puso fin a los disturbios.
Otro grupo se dirigió a la casa del Fiscal del Rey, Henry-Joseph Schuermans, pero no logró entrar. Luego se trasladaron a la residencia del Ministro de Justicia, Cornelis Van Maanen, enérgico impulsor de la política lingüística del rey, situada en el distrito de Petit Sablon, donde se les unieron otros. Se oían gritos de «¡Abajo Van Maanen! ¡Viva De Potter!». Un destacamento de granaderos llegó entonces al mando del teniente Scheppers, con el comisario de policía Wagenaer a la cabeza. Justo cuando estaba a punto de dar las advertencias, Wagenaer recibió un golpe en la frente con un trozo de madera, lo que le hizo caer. Charles Pletinckx, que se encontraba entre los insurgentes, inició entonces conversaciones con el teniente de granaderos, sugiriendo que se retirara ante la presión popular, a lo que este accedió. El edificio fue saqueado e incendiado alrededor de las 02:00 horas, y la multitud impidió que los bomberos de Bruselas intervinieran. Dos pelotones de infantería ligera, mandados por el teniente Damman, llegaron por la calle Bodenbroek, pero simplemente permanecieron en posición. La residencia del gobernador de la provincia de Brabante Meridional, Hyacinthe van der Fosse, corrió la misma suerte.

Las autoridades reunieron a las tropas disponibles en la Grand-Place de Bruselas alrededor de las 06:30 horas. Desde allí, algunos fueron a defender los palacios del Rey y del Príncipe de Orange, que estaban amenazados por la insurrección. Otros regresaron al Hôtel de Van Maanen, que ya estaba casi destruido. Varias patrullas y puestos de guardia fueron desarmados. En el Grand Sablon, los disparos contra los manifestantes provocaron una veintena de muertos. Un burgués también fue asesinado en la calle de l’Impératrice, por el fuego de un pelotón del Garderegiment Grenadiers en Jägers.
Disturbios el 26 de agosto
A partir del jueves por la mañana del 26 de agosto, los disturbios se reanudaron y el puesto de la Gran Guardia fue atacado por insurgentes liderados por Victor Tiberghien, mientras que el puesto de la Casa de la Moneda fue desarmado por voluntarios liderados por un empleado del Ministerio de Finanzas, Pierre-Jacques Schovaerts. Una delegación de ciudadanos fue al Ayuntamiento de Bruselas y solicitó al Consejo de Regencia permiso para unirse a las fuerzas del orden con el fin de restablecer la calma y proteger sus intereses. La Regencia estuvo de acuerdo y así se creó la Guardia Ciudadana de Bruselas. Se produjo un primer altercado entre la guardia y el pueblo cuando este último atacó el depósito de la guardia municipal en el cuartel de las Annonciades para robar las armas almacenadas allí. La guarnición estacionada en el cuartel abrió fuego, pero no logró evitar que la multitud entrara y se ayudara, lo que resultó en varios heridos. La guardia burguesa intervino y logró restablecer el orden, pero no pudo evitar que la gente se armara.
Durante uno de los primeros enfrentamientos entre las patrullas burguesas y los alborotadores cerca de la catedral de San Miguel y Santa Gúdula de Bruselas, estos últimos, para sorpresa general, vitorearon a los burgueses gritando «¡Viva el pueblo de Bruselas, viva la burguesía!». Decidieron entonces no disparar contra la gente mientras no fueran atacados. Se produjeron más enfrentamientos, sobre todo en la Place Royale, donde el general G. J. de Wauthier, comandante de la guarnición militar de Bruselas, fue desarmado y herido por los insurgentes, pero ordenó a sus tropas que no dispararan. Su esposa e hija fueron atacadas y rescatadas de la furia pública por un tapicero local, Guillaume Hollerer. Sin embargo, cerca del Petit Sablon, se produjo una escaramuza y los soldados abrieron fuego, matando a 20 personas e hiriendo a unas 50. También se produjo otro tiroteo en el Grand Sablon, hiriendo a varios. Por la tarde, la guardia burguesa, compuesta por 400 hombres, se reunió en la Grand Place de Bruselas para proteger el ayuntamiento, que el pueblo pretendía asaltar. La multitud ordenó entonces a los dos líderes de la burguesía, Charles-Joseph Pletinckx y Joseph Fleury-Duray, que entregaran las armas o marcharan con el pueblo hacia el Palacio Real de Bruselas para tomar posesión del mismo y expulsar a la guarnición holandesa, compuesta principalmente por el Garderegiment Grenadiers en Jägers (Regimiento de la Guardia de Granaderos y Cazadores). En cambio, los dos líderes burgueses propusieron negociaciones con la jerarquía militar, solicitando su evacuación sin más enfrentamientos por parte de la multitud.
La bandera francesa azul-blanca-roja se exhibió en el balcón del ayuntamiento, mientras que también se cantó La Marsellesa, simbolizando el aspecto revolucionario de los eventos en Bruselas. Esta bandera había reemplazado la bandera del Reino de Francia (que era blanca) después de la Segunda Revolución Francesa un mes antes. Sospechosa de ser también un símbolo de separatismo entre los muchos franceses presentes en Bruselas que participaron en el estallido de la Revolución belga, la bandera fue reemplazada por la de la Revolución de Brabante de 1787. La idea surgió de los periodistas Édouard Ducpétiaux y Lucien Jottrand, quienes fueron a una mercería en la esquina de la Rue de la Colline y la Rue Marché aux Herbes para comprar la tela necesaria y hacer la primera bandera belga. Esta, cosida por Marie Abts, era entonces horizontal (roja en la parte superior) y se exhibió en el Ayuntamiento de Bruselas por la noche, reemplazando a la bandera francesa. Se hicieron inmediatamente numerosas copias, una de las cuales fue exhibida por las calles de la ciudad por Alexandre Van Hulst, un empleado del Ministerio de Guerra.

Alrededor de las 20:00 horas, un grupo de aproximadamente 120 alborotadores bruselenses abandonó la ciudad y atacó varias industrias en municipios vecinos. En Anderlecht, las fábricas Rey y Basse fueron saqueadas, y en Cureghem, las fábricas Wilson. En Forest, destruyeron los telares de la industria textil Bosdevex y Bal y atacaron la tintorería Fortin, mientras que en Uccle, otra fábrica de tejidos de algodón de Wilson en la Rue de Stalle fue atacada y luego incendiada. Los alborotadores destruyeron las máquinas mecánicas, a las que culparon del aumento del desempleo. Después, un grupo de trabajadores de fábricas e insurgentes bruselenses fueron a la casa de campo de Thomas Wilson, el propietario, y la saquearon.
El Teatro Real de La Monnaie estaba cerrado y se emitió una proclamación del Consejo de Regencia que prohibía las reuniones y el acceso a la Gran Plaza. Sin embargo, esta proclamación no se respetó y, en la noche del 26 al 27, una multitud se reunió masivamente en la plaza y la guardia burguesa tuvo que vigilar toda la noche para disuadirlos de entrar en el ayuntamiento.
Disturbios el 27 de agosto
El 27 de agosto sobre las 10:00 horas, una multitud armada se dirigió hacia el Parque de Bruselas, derribando las decoraciones de la ceremonia de cumpleaños previamente cancelada del Rey, así como otros símbolos reales, y quemándolos en una hoguera a poca distancia del campamento del ejército. La multitud se trasladó entonces a la Place de Louvain y la Rue de la Montagne, donde fue dispersada por la guardia burguesa de Bruselas. Sin embargo, alrededor de las 17:00 horas, la gente todavía ocupaba la Place des Palais, y algunos manifestantes tomaron un cabaret ubicado debajo del Hôtel Belle-Vue, rompiendo las losas a su alrededor antes de burlarse de los soldados. Un sargento del Garderegiment Grenadiers en Jägers, escoltando a uno de sus camaradas al hospital, fue repentinamente atacado y desarmado por la multitud. La guardia burguesa intervino entonces, formando tres pelotones, y ordenó a los ocupantes de la entrada de la plaza que entregaran las armas y se retiraran. Estos respondieron que preferían morir, y lanzaron adoquines contra los burgueses montados. Uno de los jefes de pelotón avanzó, bayoneta calada, hacia uno de los locos y le arrebató el fusil y la bandera, pero apenas se reincorporó a su pelotón, se oyeron disparos. La guardia respondió al fuego, matando a varios manifestantes.
Ante los disturbios de los últimos días, el alcalde de Bruselas, Louis de Wellens, decidió imponer un toque de queda y prohibir todas las reuniones en la ciudad. Anunció su decisión mediante una proclama a los habitantes de Bruselas. Por lo tanto, el colegio de burgomaestres y regidores de la ciudad “invitó a todos los comerciantes, fabricantes y maestros artesanos a que recuperen a su personal en los talleres, les den trabajo y los animen a unirse a la guardia burguesa bruselense en la medida de lo posible, para mantener el orden”. Esta última distribuiría “vales de pan” en nombre de la Regencia a “todos aquellos que, después del trabajo, se retiren a sus casas”.
Disturbios el 28 de agosto
Alrededor del mediodía, corrieron rumores de que tropas del ejército real llegaban para restablecer el orden en la ciudad. De hecho, se había visto a la DI-15, guarnecida en la ciudadela de Amberes, dirigiéndose hacia Bruselas acompañada de varias baterías de artillería ligera procedentes de Breda. Una gran agitación se apoderó entonces de los bruselenses, que hablaban de levantar barricadas, así como de la guardia burguesa bruselense, que temía represalias y nuevos disturbios. Su nuevo líder, Emmanuel Van der Linden d’Hooghvorst, se dirigió entonces a los generales del ejército en Vilvoorde, acompañado de cuatro ayudantes de campo, para negociar e impedir la entrada del ejército en la ciudad. Tras lograr su objetivo, hizo publicar avisos a los habitantes. Paralelamente, una publicación del comandante militar de la provincia de Brabante del Sur, el general Guillaume Frédéric de Bylandt, confirmaba las declaraciones del jefe de la guardia burguesa.
Al mismo tiempo, alrededor de las 19:00 horas, unos cincuenta notables de Bruselas se reunieron con todo el personal de la guardia burguesa para considerar qué medidas tomar y decidieron enviar una delegación al Rey para expresar sus quejas a través de una carta.
Disturbios el 29 de agosto
La delegación, compuesta por Joseph d’Hooghvorst, Félix de Mérode, Alexandre Gendebien, Frédéric de Sécus y Monsieur Palmaert, partió alrededor de las 09:00 horas hacia La Haya. Para apaciguar el entusiasmo popular, el precio del pan y la carne se redujo considerablemente. Bruselas volvió a la calma, no se reportaron eventos importantes, pero las autoridades continuaron organizándose. Se trajeron dos cañones del cuartel de Sainte-Élisabeth al patio del ayuntamiento para que los artilleros voluntarios pudieran prepararlos para su uso. La regencia otorgó un crédito de 40.000 florines holandeses para completar el armamento de la guardia burguesa de Bruselas y montar la artillería. Cajas de armas comenzaron a llegar desde Lieja y se distribuyeron a las secciones de la guardia burguesa.
Disturbios el 30 de agosto
Los dos hijos del rey, el príncipe Guillermo y el príncipe Federico, llegaron a Vilvoorde con un ejército de 6.000 hombres y establecieron su cuartel general en el hotel Post Office. Las tropas estaban compuestas por soldados del RI-15 Afdeeling, guarnecido en Amberes, varias baterías de artillería ligera procedentes de Breda y refuerzos procedentes de La Haya en seis barcos de vapor, que incluían dos batallones de granaderos y cazadores, además del batallón de entrenamiento.
Por su parte, la guardia burguesa bruselense fue reforzada con cajas de fusiles de provincias, así como con dos cañones. Se redujo el precio del pan y la carne.
Disturbios el 31 de agosto
Se levantan las primeras barricadas por temor a que el ejército entre en la ciudad.
Por la mañana, Monsieur Cruykenbourg, ayudante de campo del Príncipe de Orange, invitó a una delegación de ciudadanos a reunirse con los príncipes en Laeken. Emmanuel Van der Linden d’Hooghvorst fue allí acompañado por Jacques Van der Smissen, Louis-Joseph Hotton, Charles-Albert van der Burch, Nicolas Rouppe y Sylvain Van de Weyer. Fueron mal recibidos; los príncipes estaban particularmente indignados por las escarapelas de color brabante que los representantes estaban mostrando, y exigieron que se las quitaran. Nicolas Rouppe entonces les respondió sobre este asunto: «Deberían agradecernos; ¡están claramente mal informados! ¡Solo adoptamos estos colores como un símbolo de reunión y para evitar que la bandera tricolor francesa se exhiba en todas partes! Además, estamos cumpliendo con nuestro deber, y sabemos que ustedes son los amos aquí». Los príncipes luego anunciaron su entrada a la ciudad al día siguiente.
Acciones a primeros de septiembre
El 1 de septiembre, el príncipe Guillermo entró en la ciudad por el puente de Laeken, en dirección al Palacio Real de Bruselas, escoltado por parlamentarios y los 8.000 miembros de la Guardia Ciudadana de Bruselas, alineados a lo largo de su ruta y presentando armas. Sin embargo, la gente bloqueó el paso del príncipe al palacio con barricadas, obligándolo a dirigirse al Ayuntamiento de Bruselas. Al llegar a la plaza Ruysbroeck, se sintió amenazado y espoleó a su caballo para saltar las barricadas, escapando por la calle de la Violette y la calle de l’Hôpital. El puesto de guardia del Palacio de Justicia caló brevemente bayonetas, pero no se produjo ningún combate.
El 3 de septiembre, el príncipe Guillermo y la guarnición militar evacuaron la ciudad, dejando el mantenimiento del orden público a la guardia burguesa bruselense. Previamente, una delegación de esta última se había reunido con el príncipe y había planteado por primera vez la posibilidad de una separación administrativa de Bélgica y los Países Bajos.
El 11 de septiembre, se creó una comisión de seguridad pública y, tras desacuerdos internos, se llegó a la creación de la reunión central sobre el 16 de septiembre.
