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Antecedentes
Los mamelucos estaban dispuestos a expulsar a los cruzados de Palestina, Latakia fue capturada en abril de 1285, posteriormente cayó la potente fortaleza de los hospitalarios, al-Marquais. Después la ciudad de Trípoli en abril de 1289, siguiéndole los enclaves de Botron y Nephin.
Este mismo año Enrique II de Chipre firmó una tregua con el sultán mameluco Qalawun Malik al-Mansur de una duración de 10 años, de esta forma el Sultán podía enfrentarse a los mongoles del Ilkanato.
San Juan de Acre era una de las pocas fortificaciones que aún quedaban en manos de los cruzados, quedó en una posición peligrosa. Los templarios y hospitalarios que preveían que difícilmente podrían hacer frente a un ataque mameluco, así que solicitaron ayuda a Occidente. El papa Nicolás IV mandó dos respuestas, una en septiembre de 1288 y otra en octubre de 1290, sin prometer ayuda alguna e indicando que se mantuviesen alerta.
En Occidente el espíritu cruzado había decrecido y ya no calaba en las gentes. Los reyes estaban enfrascados en sus propios problemas. Felipe IV de Francia junto con el Papa Nicolás IV estaban en una interminable guerra contra Génova y Aragón por Sicilia; Eduardo I de Inglaterra estaba inmerso en la conquista de Escocia.
De esta forma, cuando volvió a predicarse la cruzada por toda Europa, al llamamiento del Papa solo acudieron gentes humildes y campesinos, y ningún rey europeo decidió participar. Solamente un pequeño ejército de campesinos y pueblerinos desempleados y sin entrenamiento militar, provenientes principalmente de la Toscana y Lombardía, se unieron a la causa. Fueron transportados en 20 galeras venecianas. A la cabeza de este grupo iba Nicolás Tiepolo, el hijo del Dogo, que contó con la asistencia de Jean de Grailly y Roux de Sully. Mientras viajaban hacia el Este, se unió una flota de cinco galeras del rey Jaime II de Aragón, que deseaba ayudar a pesar de sus conflictos con el Papa y la república de Venecia.
La tregua había restablecido en Acre un poco de confianza. Lo que produjo una reanudación del comercio. En el verano de 1290 los mercaderes de Damasco empezaron a enviar de nuevo sus caravanas a las ciudades francas de la costa. Aquel año se recogió una buena cosecha en Galilea y los campesinos musulmanes abarrotaron con sus productos los mercados de Acre.
Cuando llegaron los nuevos cruzados empezaron a causar problemas, puesto muchos de los nuevos cruzados eran borrachos, ladrones y pendencieros. A las autoridades locales les resultaba muy complicado controlarles puesto que prácticamente no seguían ningún tipo de disciplina.
A finales de agosto estalló una revuelta y hordas de estos nuevos cruzados se precipitaron por las calles matando a todos los musulmanes que pudieron encontrar, lo que comenzó como carnicería, terminó en batalla, pues muchos musulmanes se defendieron desde sus azoteas con rudimentarias armas. Los caballeros de las órdenes estaban horrorizados ante la carnicería, pero todo lo que pudieron hacer fue salvaguardar a algunos musulmanes en sus castillos y arrestar a los cabecillas.
La noticia de la matanza llegó pronto a oídos del Sultán que montó en cólera, exigió la entrega inmediata de los cabecillas. Después de ciertas discusiones acerca de la posibilidad de encerrar a las masas asesinas en las cárceles de Arce, idea propuesta por Guillaume de Beaujeu, en el Concilio de Acre; finalmente se rehusó a entregar a nadie a Qalawun y en su lugar argumentaron que la culpa la tuvieron los musulmanes, puesto que, según el Concilio, estos habían intentado sublevarse.
Al no recibir satisfacción, decidió lanzarse sobre los restos del reino franco. Qalawun consideró que la tregua había sido rota tras la masacre de musulmanes. En octubre, ordenó una movilización general. Sin embargo, Qalaun murió a final de año. Su hijo al-Ashraf Khalil le juró, en su lecho de muerte, completar la tarea que él no pudo llevar a término.
Asedio de Acre
En 1291 el nuevo sultán al-Ashraf se dirigió hacia Acre, capturando las caravanas de ayuda, incluidas algunas fuerzas templarias, cuyos componentes fueron hechos prisioneros. Al-Ashraf Khali, escribió al Gran Maestre del Temple informándole que reconquistaría Acre para el Islam.
El 5 de abril de 1291, el ejército mameluco de al-Ashraf Khali se situó frente a los muros de Acre, cubriendo las llanuras en torno a la ciudad. Bajo sumando se hallaban unos 60.000 soldados de infantería y unos 20.000 de caballería profesionales y unos 100.000 reclutados recientemente, que junto a 100 eficaces catapultas se mostraron enormemente superiores a las defensas de la ciudad que solo disponían de 14.000 infantes y unos 800 caballeros, la población de Acre sería de unos 35.000 habitantes.
La ciudad de San Juan de Acre estaba situada en una pequeña península junto al mar Mediterráneo, dominando la bahía que llevaba su nombre. Tenía una doble fila de murallas y doce torres que habían sido reforzadas recientemente, en el puerto había dos torres, la de las Moscas y la del Oeste, unidas por un dique flotante que cerraba el acceso. Los buques grandes y tres puertas de acceso.
Los cristianos desplegaron sus fuerzas en la muralla: al norte, delante del barrio de Montmusart, estaba defendida por la Orden del Temple (1), mandados por el gran maestre Guillermo de Beaujeu y frente a estos, el ejército de Hama al mando de su señor al-Malik.
Desde el Templo y hasta la Torre de San Antonio, se situó la Orden de los Hospitalarios (2), mandados por Juan de Villiers, enfrentándose al ejército de Damasco mandado por Ruk al-Din Toqsu.
Desde la torre de San Antonio, hasta la Torre del Inglés, se situaron los caballeros teutones (3), mandados por el gran maestre Conrado Feuchtwagen. En la esquina sobre la Torre del rey Hugo y delante de esta, la Torre Maldita se situó Enrique II de Chipre (4), era la parte más vulnerable; la torre Maldita, que estaba mandada por Amalarico, frente a ellos se situó el contingente de Karak bajo el mando de Baburs al-Mansuri.
En el lado este se situaron de norte a sur los franceses de Juan de Gailly (6); a continuación los ingleses de Oto de Grandson (7); las tropas venecianas y cruzados italianos (8); las tropas pisanas amas con cruzados italianos (9); y junto a la costa las milicias de Acre, en frente tenían a las todopoderosas fuerzas egipcias, con el Sultán al mando.
El 7 de abril el asedio comenzó, según narran diversas fuentes, los gritos de guerra de los soldados que participaron en el ataque inicial fueron acompañados por el batir de los tambores y el sonar de las trompetas. Las numerosas catapultas comenzaron a lanzar rocas sobre los muros de la ciudad, destruyendo casas, templos y calles. Simultáneamente, una lluvia de flechas incendiarias, saetas y jabalinas, se alzó desde las posiciones enemigas, provocando estragos en la población y prendiendo con fuego los tejados de paja o madera. También empezaron los trabajos de minado en las torres de San Antonio, del conde de Blois y la Maldita.
Del 5 al 10 de abril, los cruzados realizaron numerosas salidas con el fin de obstaculizar el cerco y destruir las catapultas enemigas.
El 11 de abril, los mamelucos instalan 4 grandes mangoneles, uno llamado Ghadban, es decir Furioso, se situó frente de la sección de los templarios. Otro llamado al-Mansuri, es decir el Victorioso, se situó frente a los pisanos. Otro, muy sin nombre frente a los Hospitalarios, y un cuarto frente a los franceses. También se construyó una torre de asedio frente a la torre Maldita.
El 13 y 14 de abril, la flota cruzada con un barco mercando donde habían instalado un mangonel para lanzar piedras, bombardeó el ejército del sultán de Hama, hombres de otros buques atacaban con flechas y ballestas, mientras que otros desembarcaron, saqueando la zona de retaguardia detrás de las líneas mamelucas. La respuesta mameluca fue disparar flechas a los barcos, ya que sus propios mangoneles estaban posicionados para bombardear las murallas de Acre, siendo dispersados por una tempestad.
El 5 de abril, los templarios y hospitalarios que se hallaban acuartelados en Montmusard, al norte de Acre, mandados por el Gran Maestre, Guillermo de Beaujeu; realizaron un ataque nocturno por sorpresa contra el ejército mameluco, específicamente contra los campamentos de los ejércitos de Hama y Damasco, con el fin de destruir sus máquinas de guerra y saquear sus campamentos. Una fuerza sustancial de templarios mandada por el gran maestre y caballeros laicos dirigidos por Otón de Grandson, y tal vez la orden militar inglesa de Santo Tomás; atacaron el campamento el ejército de Hama, al que tomaron por sorpresa. El avance dentro del campamento fue obstaculizado por las cuerdas de las tiendas de campaña y las piquetas de sujeción; esto dio tiempo a los musulmanes para recuperarse y reunir a aquellos piquetes y centinelas que ya estaban armados, junto con los que salían de sus tiendas a medio vestir, las fuerzas cristianas finalmente se vieron obligadas a retirarse con grandes pérdidas, capturando algunos equipos.
Los cruzados realizaron un segundo ataque nocturno en la noche del 18 al 19 de abril, Partiendo de la puerta de San Antonio entre los contingentes sirios y los contingentes de Kerak. Lo ejecutaron los hospitalarios con el apoyo de algunos templarios. Los sarracenos descubrieron el ataque, dieron la alarma y contraatacaron. Los cruzados se retiraron con muchos de sus caballos heridos.
El 20 de abril, Oto de Grandson con sus ingleses y algunos los templarios realizó otra salida, desde el sur por el mar para atacar a los mamelucos de flanco. Los mamelucos habían sido advertidos de la salida por un converso al Islam desde dentro de Acre que disparó una flecha con un mensaje atado a ella. Fakhr al-Din Bektash preparó una emboscada, pero los cruzados consiguieron escapar. El sultán reprendió a los emires por no esforzarse lo suficiente.
El 4 de mayo, el rey Enrique II llegó de Chipre con refuerzos de 2.000 infantes y 100 caballeros, pero pronto se vio que eran insuficientes. Ante esta situación, envió dos emisarios al campamento del Sultán que les recibió fuera de su tienda y les preguntó si traían llaves de la ciudad. Ante la negativa de aquellos, se negó a escucharles.
Poco tiempo después, la torre del Rey Hugo, justo delante de la torre del Rey Enrique, hubo de ser abandonada y durante la semana siguiente, los zapadores del Sultán acabaron de minar las torres Inglesa y de la condesa de Blois. Toda la muralla exterior se derrumbaba ante el bombardeo incesante de los mangoneles y catapultas con mandrones (bolas de piedra, habían sido traídos de lejos, ya que la piedra local se deshacía por ser del mismo materia que las murallas).
Caída de Acre y final de las cruzadas
El 15 de mayo, las fuerzas de al-Ashraf atacaron la puerta de San Antonio, siendo, inicialmente, rechazados por defensores templarios y hospitalarios tras un duro enfrentamiento. No obstante, las fuerzas mamelucas continuaron atacando de manera constante la ciudad.
El 17 de mayo, los niños y mujeres que suministraban agua y comida a las fuerzas de la muralla fueron mandados a sus casas.
Acre estaba debilitada, soldados mamelucos habían estado bombardeando las torres de la ciudad con sus eficaces catapultas que arrojaban enormes cantidades de grandes proyectiles de piedra; consiguiendo, finalmente, acceder a la ciudad el 18 de abril de 1291 a través de una enorme grieta en la muralla sur, justo en la torre Maldita, por donde irrumpieron en masa los mamelucos rechazando a los defensores hasta muralla interior. Antes de entrar, al-Ashraf ordenó el asalto acompañado de un importante número de tambores, trompetas y timbales.
Eficaces arqueros preparaban el camino a la primera línea de atacantes compuesta por escuadrones suicidas.
Los templarios y hospitalarios tuvieron que acudir a reforzar el sector, pues en el suyo, la presión de los ejércitos de Hama y Damasco era mucho menos fuerte. Sin embargo, toda la zona estaba perdida, pues más al sur, Otón de Grandsdon, había cedido ante el empuje atacante y había perdido la torre de San Nicolás. Los musulmanes ya corrían por las calles arrasándolo todo a su paso.
El maestre templario Guillermo Beaujeu, que había sido mortalmente herido en la contienda por la torre Maldita, falleció esa misma tarde. El maestre hospitalario Jean de Villiers, fue herido de gravedad y, contra su voluntad, embarcado por sus hombres. Oton de Grandsdon, embarcó a todos los hombres que pudo reunir y, el rey Enrique junto a su hermano Amalrico, lo hicieron también.
La ciudad estaba definitivamente perdida y entre la aterrada población cristiana se entabló una carrera desesperada, huyendo presa de pánico hacia los muelles e intentando caóticamente encontrar sitio en los pocos buques disponibles.
En el puerto, el caos era total: en los barcos no había suficiente lugar para todos, algunos fueron literalmente abordados y hundidos por el excesivo peso de las atemorizadas gentes. Mujeres y niños buscaron refugio junto a los templarios, quienes pusieron a disposición cuantas naves pudieron antes de que los mamelucos consiguieran llegar al puerto. Estos, al llegar, dieron muerte a todo aquel que no consiguió embarcar. El número de víctimas aquel día es imposible de calcular.
Al-Ashraf había conseguido reconquistar la mayor parte de Acre, únicamente la fortaleza templaria situada al suroeste de la ciudad de espaldas al mar, donde unos cuantos caballeros se habían refugiado defendiendo a los civiles que habían logrado escapar de la masacre en los muelles, continuaba en manos cristianas.
Tras varios días de bombardeo, el Sultán, viendo la determinación de los defensores, les ofreció la posibilidad de embarcarse sin ser molestados. El 25 de mayo, Pierre de Severy, comandante de los templarios, se avino a la rendición con la única condición de obtener salvoconductos hacia Chipre para los refugiados civiles. Emisarios musulmanes entraron para controlar los preparativos. Sin embargo, los mamelucos comenzaron a incomodar a los civiles y procedieron a izar la bandera del Islam, momento en que mujeres y niños insultaron con fiereza a los mamelucos, incitando a los templarios a evitarlo. La disputa se saldó con la muerte de la pequeña fuerza mameluca, el cierre de las puertas de la fortaleza templaria y la puesta de nuevo en su lugar del Beausant o estandarte templario. Esa misma noche, el comandante Teobaldo Gaudin (quien se convertiría en el siguiente gran maestre) consiguió hacer una salida y poner velas hacia Sidón llevándose, según se cuenta, el tesoro templario, algunas sagradas reliquias y unos pocos civiles.
Al día siguiente el sultán volvió a ofrecer las mismas condiciones a los defensores, pero cuando Pedro de Sevrey salió con un pequeño séquito a tratar de nuevo los términos de la rendición, fue apresado y muerto en el acto como venganza.
Los restantes templarios, que habían permanecido dentro de la fortaleza, exhaustos, heridos y hambrientos, decidieron seguir defendiendo la guarnición, peleando durísimamente y consiguiendo rechazar varios ataques mamelucos. Por su parte, estos procedieron a minar los muros de la fortaleza con el objetivo de conseguir abrir una brecha y lanzar sus tropas por esta. El 28 de mayo, las explosiones derrumbaron parte del amurallamiento permitiendo la entrada de 2.000 mamelucos. Los templarios, muy inferiores en número, sucumbieron rápidamente, pero en ese instante el edificio se vino abajo, probablemente volado por los últimos caballeros, matando a defensores, atacantes y últimos civiles sin distinción. Acre había caído.
Después de tener el control de la ciudad, el Sultán ordenó su destrucción. Lo mismo le ocurrió a Tiro, Sidón, Beirut, Haifa y a los castillos templarios de Tortosa y Athlit que cayeron inmediatamente después.
Todas las ciudades y castillos a lo largo de la costa fueron destruidos y sus murallas abandonadas. El tiempo y la vegetación se encargaron de enterrar los últimos vestigios de los estados latinos de Oriente.