Edad Moderna Guerra de los Treinta Años (1618-48) Intervención francesa. Ventaja española (1635-36)

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Antecedentes

Francia, aunque era un país católico, rivalizaba con el Sacro Imperio Romano Germánico y España, y entró en la guerra en el bando protestante. El cardenal Richelieu, primer ministro de Luis XIII, pensó que los Habsburgo todavía eran demasiado poderosos, ya que mantenían en su poder varios territorios en la frontera este de Francia y tenían influencia sobre las Provincias Unidas.

La batalla de Nördlingen tuvo como consecuencia que el poderío sueco se resintiera y que Francia, empeñada en el debilitamiento del Imperio, desconfiando de su derrotado aliado, se animase a la intervención directa. La intervención francesa se puede dividir en 4 fases:

  • Francia declara la guerra a España (1.635).
  • España toma ventaja (1.636).
  • El status quo (1.637 y 1.638).
  • Los franceses toman ventaja (1.638 -43).
  • Final de la guerra (1644-48).

Guerra de los treinta años. Intervención francesa y corredores militares españoles

Francia declara la guerra a España (1.635)

A principios del año 1.635, los españoles atacaron las posesiones de Felipe Cristobal von Sötern, arzobispo de Trier y uno de los príncipes electores. De hecho, este último se había puesto bajo la protección de Francia, lo que preocupaba a los españoles. Los españoles se apoderaron de Filipeburgo, Spire y Landau (enero de 1.635), y esto fue la excusa para declarar la guerra.

Francia declaró primero la guerra a Alemania a primeros de 1.635. Francia ya había ocupado el año anterior las guarniciones en Alsacia que Suecia le había cedido. No obstante, no recibió la declaración de guerra del Emperador hasta marzo de 1.635.

Ambas partes volvieron a firmar el tratado de Compiègne el 28 de abril de 1.635, comprometiéndose a restituir en el Imperio la situación anterior a 1.618 en el que se comprometieron a ayudar a los protestantes alemanes y tanto, Francia como Suecia no deberían concluir una paz separada. Luego, en mayo de 1.635, el rey de Francia finalmente declaró la guerra a España mediante un heraldo en Bruselas, al mismo tiempo que llegaban a un acuerdo con las las Provincias Unidas, siempre en armas en los Países Bajos.

Fue en esta fecha que los franceses formaron cuatro teatros de operaciones. El primero estaría destinado a atacar a los Países Bajos españoles con la ayuda de las Provincias Unidas; el segundo, hacia el este, atacaría Lorena, Alsacia y el Franco Condado, luego los principados imperiales; un tercero estaría en el norte de Italia; y se desplegaría un cuarto en los Pirineos, con el objetivo de detectar un posible ataque español.

 

Batalla de Avins o batalla de Avein (20 de mayo 1.635)

La guerra abierta entre España y Francia comenzó con la invasión francesa de los Países Bajos. Un ejército francés estaba bajo el mando de los mariscales de Francia, Urbain de Maillé, marqués de Brézé y Gaspard III de Coligny, duque de Châtillon, y con unos 35.000 efectivos avanzaron hacia el norte en los Países Bajos.

Un ejército español al mando de Tomás Francisco de Saboya-Carignano, príncipe de Carignano, partió a su encuentro desde Huy y Lieja, con unos 14.000 efectivos marchó hacia el sur a su encuentro.

Las fuerzas de cobertura españolas, detectaron al ejército francés, y desplegaron en un frente de unos 2 km en la actual localidad belga de Les Avins, al sur de Huy, entonces principado de Lieja. El ejército español formó al modo tradicional escuadrones de infantería en el centro y la caballería en las alas.

El ejército francés llegó sobre las 11,00 horas y el mariscal Châtillón duda de entablar batalla, finalmente se decidió, a medio día, se dividieron en dos grupos, cada uno mandado por un mariscal con unos 12.500 infantes y 2.500 jinetes, Châtillón mandaba el izquierdo y Brézé el derecho, la artillería mandada por Meilleraye y una reserva de reserva de 5.000 infantes y 1.000 jinetes. Primero atacaron a los españoles con la caballería por ambos flancos.

Según una carta del Rey francés al cardenal de Valetta, 28 de mayo de 1635) dice:
Los enemigos que tomaron una posición muy ventajosa para oponerse al paso de mi ejército, se presentaron ante él en la batalla. Fueron cargados con tanto vigor y buen éxito, que el honor y la victoria han permanecido en mis brazos. 45 cornetas de caballería y 120 insignias de infantería, elegidos en sus mejores y más antiguas tropas, mandadas por sus capitanes más renombrados, fueron derrotados, y dejaron en el lugar a más de 6.000 muertos, 1.500 heridos, y de 7 a 800 prisioneros. Entre los que se reconocen el conde de Feira, gobernador de la ciudadela de Amberes, que fue teniente general de su ejército al mando del príncipe Tomás, don Alonso Ladrón, maestre de campo del primer regimiento español, Sfondrate maestre de campo italiano, el conde de Villerval, y varios otros oficiales. 16 piezas de artillería con toda su parafernalia y munición permanecieron allí. Esta victoria es tanto más afortunada para mí, ya que la mía murió de ella solo como capitán de infantería del regimiento de Meilleraye, teniente de la de Champaña y menos de cien soldados“.

Batalla de Avins o de Avein 20 de mayo 1635

La lucha se transformó en una batalla de desgaste, los españoles aguantaron las sucesivas cargas francesas hasta que hubo 12.000 muertos en el campo de batalla, 7.000 españoles y 5.000 franceses, la historia nos dice que los cuerpos podridos de los soldados que murieron durante la batalla no pudieron ser enterrados, el lugar fue conocido como “Ravine des Morts” (barranco de los muertos).

El ejército francés se unió al holandés que llegó desde el norte, pero sus desacuerdos dieron a los españoles el tiempo para reorganizarse. Estos acosaron a los franceses con incursiones de caballería ligera. El ejército francés también sufrió por la falta de suministros y dinero, lo que provocó deserciones generalizadas. El cerco de Lovaina en 1.635 por el ejército franco-holandés fue un completo fracaso.

Guerra de los Treinta años. El ejército holandés cruzando el río Mosa para unirse a los franceses.

Al mismo tiempo, sin embargo, Fernando II acordó firmar la paz de Praga con los príncipes protestantes. El emperador alemán aceptó suspender el edicto de Restitución y concedió la gracia a todos los insurgentes. Con las manos libres, Fernado II pudo enviar sus tropas a los Países Bajos.

En julio de 1.635, Francia, los ducados de Saboya, Módena, Parma y Mantua firmaron el tratado de Rivoli, estableciendo una liga defensiva contra los españoles. Luis XIII, para asegurarse el apoyo de Víctor Amedeo I, le prometió el mando, la posesión de Montferrat, parte de los milanesados y el título de rey.

En Alemania, en octbre, Luis XIII se acercó a Bernardo de Sajonia-Weimar, firmando el tratado de Saint-Germain-en-Layev, por el que se le otorgó una ayuda de 1,6 millones de táleros anuales, para mantener un ejército listo para luchar contra el Sacro Imperio Romano, a quien el avance de los imperiales había hecho retroceder al otro lado del río Rin e instalarse en Alsacia durante 1.635 .

Sin embargo, el año 1.635 terminó en un status quo entre los beligerantes. En el Rin, los franceses no pudieron prevalecer; en el norte de Italia, la invasión del ducado de Milán no pudo ser llevada a cabo por las tropas francesas.

 

Ataque francés al Milanesado

En octubre de 1.635 un ejército francés de 15.000 hombres al mando del barón de Crequi invadió la Lombardía española y puso asedio a la villa de Valenza del Po. El español marqués de los Balbases, que mandaba a los 1.300 soldados españoles e italianos que formaba la guarnición de la plaza, respondió con valentía, que no entregaría la villa ni en 24 años y que viniesen a tomarla “y se verá si las espadas francesas cortan más que las españolas e italianas”. Los franceses asaltaron las fortificaciones exteriores de la ciudad, pero fracasaron totalmente. Murieron 1000 franceses.

A principios de noviembre de 1.635 el famoso general español (y excelente historiador de las Guerras de Flandes), Carlos Coloma, socorrió Valenza del Po con un ejército de 9.000 hombres. Para evitarlo, el ejército francés se lanzó sobre las tropas de Coloma, pero los soldados españoles e italianos resistieron bravamente, haciendo retroceder a los franceses y asaltando luego sus trincheras. Murieron 2.000 franceses y sólo 400 españoles e italianos. Valenza quedó liberada y la invasión francesa fracasada.

En Madrid se celebró la victoria con un solemne Te Deum al que asistió la familia Real. Algunos meses antes, en junio, un ejército hispano alemán asaltó por sorpresa los cuarteles enemigos en Bormio, reconquistando así el estratégico valle alpino de la Valtellina, entre Italia y Suiza y matando a 1.500 franceses y grisones protestantes (cerca del famoso Mortirolo, puerto mítico del Giro de Italia).

 

España toma ventaja (1.636)

A primeros de año, Bernardo de Sajonia-Weimar campeaba ya por Alemania a sueldo de Francia por 1,6 millones de táleros anuales, desde el otoño pasado.

Luis XIII se dirigió a Suecia para firmar un nuevo tratado, el tratado de Wismar fue firmado el 20 de marzo de 1.636 entre Francia y Suecia en Wismar (Mecklenburgo). El acuerdo fue negociado para Suecia por Axel Oxenstierna, regente de la reina Cristina. Los signatarios acordaron unir fuerzas contra los Habsburgo, con Francia atacando desde la orilla izquierda del río Rin y Suecia luchando en Silesia y Bohemia. Este tratado sería finalmente ratificado en 1.638 por el tratado de Hamburgo.

 

Operaciones en el norte de Francia (1.636)

Se relegó a un segundo plano la pugna con Holanda, para lanzar un ataque decisivo que supusiera la derrota de Francia. A finales de mayo, el Cardenal-infante optó por suspender la ofensiva contra los holandeses, y en su lugar llevar a cabo un ataque sobre la región de Picardía. La razón se encontraba en la decisión del emperador Fernando II (quien después de numerosas dilaciones había declarado la guerra a Francia en el mes de marzo) de invadir la monarquía francesa este. Pese a todo, Gallas y Piccolomini, comandantes de las fuerzas imperiales, hicieron saber al Cardenal-infante que no podrían hacerlo sin la participación del ejército de Flandes. Así pues, la posibilidad de un ataque combinado hispano-imperial contra Francia se esfumó, sobre todo sabiendo que en el mes de mayo Condé se había lanzado sobre Dôle, la capital del Franco Condado.

Guerra de los 30 años 1636. Tropas croatas Norte de Francia. Autor Ángel García Pinto

A finales del mes de junio, el Cardenal-infante Fernando de Austria dio orden al príncipe Tomás de Saboya, gobernador de las armas del ejército de Flandes, para que empezara a reunir las tropas. Mientras, él se dirigió a Cambrai, donde estableció su cuartel general para supervisar las operaciones. Sus fuerzas estaban compuestas por 6.000 infantes (dos tercios de españoles, cuyos maestres de campo eran Alonso Pérez de Vivero, conde de Fuensaldaña, y Francisco de Zapata; otros dos de valones, uno de napolitanos, al mando de Andrea Cantelmo, y un regimiento de alemanes, encabezado por el conde de Hotstratt), y 1.600 jinetes mandados por el conde Juan de Nassau, general de la caballería de dicho ejército. A ellos había que sumar un contingente de caballería imperial al mando de Piccolomini, las fuerzas del duque Carlos de Lorena (quien se había unido a la causa de los Habsburgo con la esperanza de recuperar sus posesiones patrimoniales, de las cuales había sido despojado por Francia durante el verano de 1.633) y tropas de la liga Católica mandadas por el conde Juan de Werth. Estos tres cuerpos sumaban 9.500 infantes, 8.000 jinetes y 500 dragones, que sumados a las fuerzas del ejército de Flandes totalizaban, aproximadamente, 15.500 soldados de infantería y 10.100 jinetes (entre los cuales se incluían 500 dragones).

Los españoles decidieron tomar la plaza francesa de La Capelle, era una población situada a unos 6 kilómetros de la frontera, que tenía unos 2.000 habitantes y era un importante nudo de comunicaciones. Las fuerzas españolas partieron de Flandes, y dieron un gran rodeo para atacar la plaza desde el sur, la guarnición francesa que estaba bajo el mando del señor de Bec, al verlos llegar pensaron que eran fuerzas francesas, cuando se dieron cuenta, era demasiado tarde y las fuerzas españolas se adueñaron de la ciudad, ofreciendo poca resistencia, rindiendo la plaza el día 9 de junio.

Cuando el cardenal Richelieu se enteró del poco valor que habían mostrado los sitiados, montó en cólera. El rey Luis III lo imitó y a de Bec se le instruyó un consejo de guerra, siendo condenado a ser descuartizado por cuatro caballos, cada uno tirando de una extremidad. Sus bienes fueron confiscados y su familia destituida de sus títulos. De Bec consiguió escapar y abandonar el país.

Al año siguiente 1.637 ocurrió algo muy parecido, pero al revés, esta vez fueron los franceses los que atacaros desde el norte y los españoles fueron los sorprendidos, el Cardenal-infante montó en cólera al saberlo y el gobernador de la plaza fue encerrado en el castillo de Cambrai, pero unos días más tarde fue decapitado.

El 15 de agosto 1.636 los españoles tomaron Châtelet, y posteriormente Vervins, Bohain y Roye, y a principios de agosto se plantaron frente a Corbie, importante fortaleza a orillas del río Somme, situada a unos 100 kiómetros de París, la cual se rindió a las fuerzas de los Habsburgo.

Guerra de los Treinta Años. Posición artillera española asediando a una ciudad francesa. Autora Sandra Delgado

Las tropas españolas lograron llegar a Pontoise a mediados de agosto, lo que causó pánico en París. Mientras tanto, Luis XIII se negó a abandonar la capital amenazada por los españoles.

Parecía que los tercios españoles tenían las manos libres para marchar sobre París, pero los españoles se vieron obligados a retirarse debido a que sus líneas de abastecimiento se habían extendido demasiado, a lo que se sumó el debilitamiento de los rebeldes holandeses, retirándose el ejército español de regreso a Flandes para emprender una última campaña contra los rebeldes y así terminar de una vez por todas con la guerra de Flandes, principal carga económica de España.

En ese momento, Piccolomini instó a Fernando II a que cruzara el río Somme y continuara avanzando, pero el Emperador no se mostró dispuesto a arriesgar sus fuerzas en una operación incierta sin antes asegurar las líneas de abastecimiento.

Pensaba que habiendo llegado a Corbie ahora tocaba retirarse. Así pues regresó a los Países Bajos a principios del mes de septiembre. No obstante dejó una guarnición en Corbie, pero la falta de refuerzos y avituallamientos impidió conservar esta captura, que fue reconquistada por los franceses el 9 de noviembre. Si la monarquía de España hubiera sido capaz de retener esta plaza, podría haber incrementado notablemente sus posibilidades operativas, limitando la capacidad de respuesta francesa y amenazando su capital. Dos circunstancias se encuentran detrás de la cautelosa actitud del Cardenal Infante: el abandono del sitio de Dôle por parte de Condé, quien se replegó para contener el avance de los Habsburgo, y la falta de iniciativa de las tropas imperiales al mando de Gallas, pues aún no había iniciado la invasión de la Borgoña francesa, tal y como se había acordado previamente. De hecho, no lo hicieron hasta mediados del mes de octubre, cuando las fuerzas españolas ya se habían retirado. Y enseguida hubieron de regresar a Alemania, pues a principios de dicho mes los suecos habían derrotado a las tropas imperiales en la batalla de Wittstock, y se debía hacer frente a este nuevo contratiempo.

El otro acontecimiento era que por esas fechas (mediados de octubre de 1636), las tropas españolas habían invadido la provincia de Labort (en el suroeste de Francia) por Guipúzcoa y Navarra en la guerra guerra Franco-española (1.635-59)

 

Batalla de Wittstock (4 de octubre de 1.636)

El ejército aliado sueco comandado conjuntamente por Juan Banér y Alejandro Leslie, derrotaron decisivamente a un ejército imperial-sajón combinado, dirigido por el conde Melchor von Hatzfeld y el elector sajón Juan Jorge I.

Tras la batalla de Nördlingen, el Sacro Emperador Romano, con sus aliados sajones y católicos, estaban haciendo campaña por el control del norte de Alemania contra los suecos y una alianza de príncipes protestantes que se oponían a ellos. El ejército principal imperial estaba haciendo cobertura al ejército sueco detrás del Elba, mientras que un ejército más pequeño bajo el mando del general Klitzing estaba invadiendo Brandenburgo. El mariscal de campo Juan Banér al mando del principal ejército sueco se unió el mariscal de campo Leslie al mando del ejército del Weser, que incluía regimientos alemanes, escoceses e ingleses. Juntos cruzaron el Elba con una marcha sorpresa y se encontraron con sus oponentes en el paisaje montañoso boscoso ligeramente al sur de Wittstock (a unos 95 km al noroeste de Berlín).

Mientras que el ejército imperial era más grande en fuerza que el ejército sueco, al menos un tercio de él estaba compuesto por unidades sajonas de una calidad cuestionable. La artillería sueca era considerablemente más fuerte, lo que llevó a los comandantes imperiales a mantener una posición defensiva orientada al sur. Esta posición estaba en el Scharfenberg, con una serie de colinas arenosas, que se fortaleció aún más con secciones de su frente cubiertas por zanjas y una muralla hecha carromatos encadenados como un obstáculo defendido. Sus comandantes esperaron la llegada del ejército sueco durante algún tiempo, pero los suecos no aparecieron en los campos abiertos a su frente como esperaban los imperiales, sino que habían girado hacia el flanco izquierdo imperial, moviéndose detrás de la cobertura de una serie de colinas, para aparecer al este y la retaguardia del ejército imperial. Esto obligó a las tropas imperiales a redesplegar completamente sus líneas y establecer un nuevo frente sin el beneficio de sus preparativos previos.

Batalla de Wittstock 1636. Despliegue inicial y desarrollo

La batalla comenzó con pequeños destacamentos de tropas suecas que se movieron para asegurar las colinas en el camino de su ataque, mientras los imperiales reorganizaban su frente. Los suecos, bajo Banér y Leslie tuvieron problemas para mover refuerzos a través de la tierra pantanosa antes de llegar a las colinas, pero la batalla finalmente se unió a lo largo de un amplio frente.

Banéér y Leslie habían destacado un cuarto del ejército bajo el mando del general James King y el general Torsten Stålhandske para dar un largo rodeo alrededor del flanco derecho imperial. Descubrieron que la travesía era difícil y lenta, lo que llevó a las tropas de Banér a sufrieron numerosas bajas y comenzaron a retirarse. Leslie movió reaccionó moviendo cinco de sus regimientos para aliviarlos sufriendo muchas bajas en el proceso durante el cual, los regimientos escoceses e ingleses fueron especialmente castigados. No obstante, pudieron ayudar a Banér a tiempo para que la caballería del Rey flanqueara por fin a las tropas imperiales, lo que provocó una derrota en el flanco derecho del ejército imperial. Con el general Vitzthum en la reserva negándose a involucrar a los imperialistas. El mayor general Juan Ruthven (yerno de Leslie), que había sido desplegado como reserva sueca, lideró el contraataque para dar el golpe final a las líneas imperiales. Atacados ahora en dos frentes y con las brigadas de reserva atacadas, las fuerzas imperiales, habiendo perdido toda su artillería, bajo la cobertura del crepúsculo se retiraron en plena derrota hacia Wittstock.

Guerra de los 30 años. Lucha entre caballería sueca e imperial

Las bajas fueron muy elevadas, con unos 3.000 muertos y heridos en el lado sueco y los imperiales perdiendo casi la mitad de su ejército, más de 7.000 muertos o capturados.

Según los relatos de la batalla en los archivos nacionales de Suecia, Juan Banér acredita la victoria al mariscal de campo Leslie. Leslie, en su correspondencia personal con el canciller sueco, Axel Oxenstierna, estaba claramente horrorizado por las pérdidas sufridas por su ejército e implica que hubo desacuerdo sobre los conocimientos de las tácticas de Banér antes de la batalla. Un tercer informe, por James King se ajusta a Leslie, pero también contiene información adicional. Sin embargo, Wittstock fue una victoria rotunda para las fuerzas suecas y corrigió cualquier ilusión albergada por los imperialistas de que eran una fuerza agotada después de la anterior batalla de Nördlingen.

En noviembre, los españoles intentaron apoderarse de Borgoña, pero fueron rechazados gracias a la resistencia de la pequeña plaza de Saint Jean de Losne.

Entrada creada originalmente por Arre caballo! el 2018-03-14. Última modificacion 2018-03-14.