Siglo XVIII Guerra de la Cuadruple Alianza (1.717-21) Segundo asedio de Mesina (1.720)
Segundo asedio de Mesina (1.720)

Inicio del asedio

Tras la batalla de Francavilla, que, a pesar del resultado positivo para las fuerzas hispanas, no fue aprovechada. La indecisión del ejército español, acrecentada también por la falta de órdenes desde Madrid, provocó que los austriacos tomasen la iniciativa, a pesar de la derrota, y pusiesen sitio a Mesina. El segundo asedio de Mesina fue el más sangriento de toda la guerra, ya que solamente los sitiadores perdieron entre 6.000 y 9.000 hombres antes de que la ciudadela cayese en octubre de 1.719. El asedio se llevó a cabo sin que el ejército de Lede hiciese nada para ayudar a los defensores, lo cual hizo que recibiese críticas de varios de los tenientes generales críticos con las decisiones del marqués de Lede destacaban el conde de Montemar y Verboom, que proponían una política más agresiva, ya fuese levantando el asedio o por lo menos tomando alguna otra plaza como Trapani.

El teniente general Lucas Spínola que mandaba la guarnición de Mesina 2.000 hombres y otros tantos milicianos que había reclutado, comenzó de las obras de reparación del reciente asedio, tapando las trincheras españolas y reparando los daños en las fortificaciones.

Los alemanes tras la batalla de Villafranca se dirigieron a Mesina, comenzando el asedio de la ciudad.

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Ciudad de Mesina 1719. Plano de la ciudad y puerto

El general Merci ordenó la toma de los castillos de castillos de Matagrifón y Castelazo, que fueron mal defendidos por sus comandantes, que a los pocos días de defensa se rindieron, quedando la guarnición prisionera de guerra.
En la noche del día 19 de julio tiraron los alemanes una paralela desde la cortina que del bastión de Don Blasco iba a la ciudadela, hacia Santa Teresa, en el mimo paraje que los españoles construyeron la batería llamada de Mariani. La ciudad se rindió pocos días después y los defensores se refugiaron en la ciudadela.

Cuando esta noticia llegó al marqués de Lede, celebró un consejo, en el que decidieron socorrer a Mesina, que había quedado reducido a la ciudadela.
El marqués de Lede se resolvió marchar a dicho socorro, dando las providencias para que se pudiese subsistir la caballería, que estaba en mal estado por falta de forrajes, y las tropas españolas estaban padeciendo. La empresa no era fácil, porque los alemanes habían fortificado sus posiciones y proseguía el asedio con vigor.

Por fin, el marqués de Lede acampó en Rometta, reconoció el asedio y descubrió que no se podía atacar los enemigos sin una acción sangrienta y aventurada. Se repitieron los consejos de guerra en el que muchos oficiales, incluido el conde de Montemar estaban a favor de atacar las líneas de Merci antes que llegasen 8.000 hombres que habían últimamente embarcado en Vado, mandados por el general Bonneval.

Los alemanes se encontraban con su flanco derecho apoyado en San Miguel, y el izquierdo en el mar, un pequeño campamento entre Castel Gonzaga y baluarte del Secreto, de los 18.000 hombres, no podían tener en el campo más de 10.000, y teniendo el marqués de Lede 14.000 hombres, quería que las milicias con dos batallones, los menos fuertes, marchasen a las cercanías de la montaña de la Galera con un comandante capaz de ocuparla, si los enemigos la abandonasen, y bajar por ella a Montesanto, para entretener a los que estaban allí, y no abandonando la Galera mantenerse en observación para ocupar los enemigos en guardar aquel puesto, con el grueso de los infantes marchar a San Esteban o Landeria y entrar a atacar al enemigo con la caballería, dragones y milicias escogidas, mientras Lucas Spínola podía hacer una salida con 2.500 hombres al mismo.

Mientras divagaban y decidían el ataque, el día 8 de octubre, estando asaltando los alemanes en revellín de la ciudadela, entró en el faro el convoy de Bonneval, que el 28 de septiembre había partido de Vado. Traía 8.600 infantes, 700 caballos, gran número de mulos para la artillería, 40 piezas de cañón de batir y 30 morteros, 4.000 barriles de pólvora y mucha cantidad de otras municiones. También iba segundo comandante el general Lucini; con este socorro aceleró más los ataques a la ciudadela, el conde de Merci había perdido 3.000 hombres debido a las vigorosas salidas y defensa que hacían los españoles, conducidos con acierto por Lucas Spínola, Luis de Aponte y otros oficiales competentes.

Palmo a palmo defendían los sitiados, aunque habían perdido más de 1.500 hombres y estaba cansada la guarnición. Con todo, abierta la brecha al cuerpo de la plaza, sostuvieron nueve asaltos antes que hiciesen la llamada a la rendición, que fue a 18 de octubre, después de tres meses de asedio.

Lucas Spínola podía haber aguantado un mes más, si hubiera esperado ser socorrido y hubiera tenido municiones. Pero no teniendo esperanza, decidió aceptar una rendición honorable. El día 19 de octubre, se acordaron las capitulaciones más honoríficas que se acostumbraban en la guerra, extendidas en 40 artículos, y pasó la guarnición al campo español, la mayor parte por mar.

El marqués de Lede se volvió a retirar a su antiguo campo, bajo el Etna, en un fuerte, forrajeando cuanto había entre Mesina y Palermo.

Ya estaban adelantadas las negociaciones de paz entre los contendientes, y en ausencia de órdenes generales de Lede y Merci, intercambiaron negociadores, para la suspensión de hostilidades, pero no se llegó a un acuerdo debido a las exigencias de los alemanes, los españoles se dirigieron hacia Alcamo, los alemanes fueron transportados en barcos hasta las inmediaciones de Trapani y se movieron del campo de Santa Ninfa hacia Alcamo, donde estaban los españoles acampándose solo tres leguas de distancia. El marqués de Lede se mudó a Valguarnera, pero viendo que los enemigos por la derecha podían tomarle la la retaguardia, marchó hasta Monreal.

Merci ocupó el campo de Alcamo, y cuando supo que los españoles entraban en Palermo, tomó su marcha, y el día 23 de abril bajó por la montaña vecina a la ciudad y se acampó en la llanura a tiro de cañón del ejército enemigo, con la izquierda a Monte Peregrino, que ocupó luego; a la derecha, la montaña llamada la Escala, de Carini. Los españoles tenían su derecha el fuerte del muelle de Palermo, y la izquierda, a boca de Falco, bien atrincherado el frente y ocupadas y fortificadas algunas casas. A este tiempo se hallaba con su escuadra el almirante Binghs, dada fondeado en Escaro de Mondelo; tenía hasta cuarenta embarcaciones de transporte cargadas de artillería, municiones y víveres para el ejército alemán.

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Ciudad de Mesina en 1720. Vista de la ciudad y puerto

El día 26 de abril destacó dos navíos de guerra y una balandra y cañones. Dos puestos que al pie de Monte Peregrino tenían con cien hombres ocupados los españoles a la marina, luego los desampararon con alguna pérdida. El día 29 de abril, al amanecer, los alemanes atacaron una casa al pie del monte, que ocupaban quinientos españoles muy avanzada de su línea. La noche antecedente había adelantado Merci seis batallones de dicho monte, y con el favor de las sombras pudieron ocupar las alturas de aquel puesto, desde las cuales, haciendo un gran fuego, se trabó una corta disputa; porque viendo los quinientos españoles que se movía el ejército contrario a sostener a los suyos, se retiraron hasta un reducto que Lede había mandado construir, donde se asentaron y mantuvieron 5 piezas de artillería de campaña.

Merci mandó atacarlos con granaderos, apoyados por infantería, y aquella aunque pequeña acción, fue bien ejecutada por una y otra parte; pero, al fin, fueron los alemanes rechazados con pérdidas, porque no era fácil romper el reducto. Intentaba Merci apoderarse de los puestos que tenían ocupados los españoles enfrente de su línea, para tomar después el muelle, pero ganando el reducto mudó de idea y se volvió a acampar más cerca del enemigo.

Final de la guerra

A pesar de los intentos de Lede de firmar una tregua, no fue posible. Pero finalmente la firma de una tregua entre Felipe V y el Carlos VI impidió que se produjese una batalla campal.

Los generales se juntaron para tratar del modo de la evacuación de los reinos, y se concordó en 28 artículos. Era la suma de ellos una suspensión de armas por mar y tierra, hasta que llegasen tropas de España.

  • Que evacuarían a Palermo las tropas españolas dentro de cinco días, con todos sus fuertes, y que marcharían los españoles a Termini conservando aquella plaza hasta la entera evacuación, y el confín de ella, ocupando los lugares de Bautina, Veintimilla, Giminia, Montemayor, Caltabuturo, Petralia, Vicari, Polici, la Rochela, Rocapelamo y Cacamo, y que a medida que se embarcarían las tropas se irían evacuando estas aldeas.
  • Que los enfermos y heridos, con sus médicos, cirujanos y asistentes, quedarían, hasta curarse, en los hospitales en que se hallaban, con una guardia de veinte hombres españoles, dándoles lo necesario por su dinero.
  • Que podían quedar en Palermo los ministros de la Intendencia, comisarios de Guerra, tesoreros y contadores, hasta ajustar sus cuentas y dar providencia al embarco.
  • Que cualquiera que sirviese en el ejército español pudiese sacar sus familias y bienes muebles de aquel reino.
  • Que sus almacenes de víveres quedasen por los españoles.
  • Que las tropas que estaban divididas por el reino tuviesen libre pasaje y alojamiento en la marcha para embarcarse.
  • Que evacuado Palermo, se retirarían las tropas de Girgenti.
  • Que lo propio harían las de Augusta con sus armas, pertrechos y municiones de guerra, las que bloqueaban a Siracusa y estaban en otras partes del reino.
  • Que las tropas españolas debían ser conducidas a las costas de España con sus armas, caballos y bagajes.
  • Que cualquiera que quisiese seguir el partido del Rey, pudiese salir del reino. Que se le darían transportes bastantes para las tropas, pagándoles el Rey Católico, y escolta de navíos ingleses, según el número a que conviniese el general Binghs.
  • Que se embarcarían las tropas en dos o tres partidas, poniendo el número a proporción del bastimento.
  • Que los españoles se llevarían los cañones, morteros, armas y cuantos pertrechos de guerra habían traído, dejando los que en el reino habían hallado.
  • Que los navíos y galeras que del Rey Católico se hallasen en los puertos de aquel reino pudiesen libremente salir.
  • Que se restituirían de una parte a otra los prisioneros.
  • Que se daría seis meses de término a cualquiera que quisiese vender sus efectos para seguir el partido del Rey Católico.

Estos eran los principales puntos, más extendidos y con cláusulas que quitasen todas las dudas.

Fueron firmados estos capítulos del general Merci, marqués de Lede y el almirante Binghs. Por el reino de Cerdeña se concordó en veinticuatro artículos la evacuación; casi eran del mismo tenor, y en artículo separado ofreció el plenipotenciario del Emperador dejaría a aquel reino, en común y en particular, todos sus privilegios; y aunque la cesión fue hecha al Emperador, se declaraba la condición de haberle de ceder al duque de Saboya. Con efecto pasó a Cerdeña, para recibir el reino el comisario imperial don José de Médicis, príncipe de Otayano, a quien se entregó en virtud de estos capítulos y de la orden que tenía del Rey, don Gonzalo de Chacón; y aquél barón de S. Remi, que tomó posesión por el duque de Saboya y se quedó el virrey y capitán general.

Las tropas españolas que allí estaban pasaron luego a España; lo propio hicieron las de Sicilia, que por todo agosto ya estaban en Barcelona. Salieron de este reino 20.000 hombres de buenas tropas; 4.000 de Cerdeña. Este fin tuvo tan costosa expedición.

El dato más interesante que aporta el marqués de la Mina era la inclusión en cada regimiento del número de mujeres, criados, y niños, aunque no especifica si pertenecían a oficiales o soldados. El número de niños y mujeres estaba repartido más o menos proporcionalmente entre infantería y caballería, aunque en el caso de las mujeres la desproporción era algo mayor. Por el contrario, el número de criados estaba totalmente descompensado, ya que la caballería representaba un 20% de todo el ejército y tendría casi un 40% del total de criados. Esta descompensación se explica porque la caballería estaba compuesta mayoritariamente por miembros de la nobleza, y éstos solían ir siempre acompañados de sus criados, algo que criticó el marqués de la Mina porque retrasaban, desde el punto de vista militar, las marchas.

Entrada creada originalmente por Arre caballo! el 2020-02-21. Última modificacion 2021-08-10.
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