Siglo XVIII Guerras Revolucionarias Francesas III (1.798-99) Campaña de Napoleón en Egipto-Siria 1799. Batalla de Abukir

Reanudación y levantamiento del asedio de Acre (18 de abril al 21 de mayo de 1.799)

Tras la victoria en la batalla del Monte Tabor, las tropas de Napoleón volvieron al asedio de Acre, adonde llegaron el 18 de abril. Allí, Bonaparte recibió una buena noticia, la flotilla del contraalmirante Perreé había llegado a Jaffa con 3 fragatas, y habían empezado a desembarcar los nuevos cañones de gran calibre.

Pero, en vez de esperar a colocar los cañones en las posiciones ideales, Bonaparte ordenó un nuevo asalto general, que de nuevo resultó ser un fracaso, igual que los siguientes, nueve en total hasta el 9 de mayo. Parecía que Bonaparte quería terminar con el asedio rápidamente, pues tenía prisa en volver a Francia.

Asedio francés de Acre (20 de marzo al 21 de mayo de 1799). Plano del asedio

Al amanecer del 19 de abril, un mercader sirio llamado Boutros Bokty, educado en Francia, había llegado al campamento francés en Acre acompañado de Winand Mourveau, enviado por el Directorio de Seguridad Pública de París. Ambos informaron a Bonaparte de la situación política en Francia,ademas de entregarle una caja de vino de Burdeos y un gran bolsón lleno de prensa parisina.

Impaciente, Bonaparte ordenó a sus ingenieros trabajar sin descanso durante 20 días para construir una enorme mina, que explosionó a las 09,00 horas del 24 de abril, que consiguió derribar una de las torres que defendían la muralla de Acre. Pero el asalto de los granaderos franceses no consiguió superar la tenacidad de los defensores, que utilizaron proyectiles incendiarios, rocas e incluso flechas para rechazar a los atacantes.

Asedio francés de Acre (20 de marzo al 21 de mayo de 1799). Defensa otomana

La enorme mina había acabado con gran parte de las reservas de pólvora del ejercito francés, que además sufría gran cantidad de bajas en cada asalto fallido, bajas que no podía reponer.

Al amanecer del 7 de mayo, una flota de unos 30 buques apareció por el horizonte. Al principio, las tropas francesas pensaron que se trataban de refuerzos enviados desde Francia. Pero su esperanza se evaporó rápidamente cuando divisaron las banderas inglesa y turca en la lejanía. La flota anglo-turca transportaba desde Rodas a 10.000 soldados turcos bajo el mando de Hassan-Bey, para reforzar la guarnición de Acre, junto a gran cantidad de munición y provisiones.

Tras reconocer los barcos, Bonaparte lanzó rápidamente un asalto general, antes de que los refuerzos tuvieran tiempo de desembarcar. La torre se tomó a costa de la carnicería, por la noche suspendió la lucha. Por la mañana, el fuego de artillería hizo una nueva brecha. El general Rambeaud se adelantó con 200 granaderos, logrando a costa de gran número de bajas, penetrar en la ciudad, solo para encontrarse con la trampa que se había preparado para ellos. Las estrechas calles y callejones de la ciudad estaban protegidas por barricadas que impedían el paso de la infantería y caballería francesa, que apenas podía desplegar. Los franceses lograron introducir por la brecha dos cañones y dos morteros para derribar las barricadas, pero desde los tejados y los pisos altos de las casas se hacía fuego constante sobre ellos. La vanguardia francesa se vio obligada a retroceder, y en su retirada se topó con la columna del general Lannes, que había entrado en la ciudad para reforzar el asalto.

El caos que se generado causó la muerte del general Rambeaud y de decenas de granaderos, mientras el propio general Lannes fue gravemente herido en el cuello. No había otra opción que ordenar la retirada general, y así se hizo. Solo unas decenas de granaderos no pudieron escapar, y se refugiaron en una mezquita, quedando rodeados. Escaparon de la furia de los hombres de Djezzar-Pachá solo gracias a la intervención del comodoro Sydney Smith que los hizo prisioneros.

Asedio francés de Acre (20 de marzo al 21 de mayo de 1799). El comodoro británico Sidney Smith

En la mañana del día 8 de mayo, las tropas de refuerzo a la guarnición comenzaron a desembarcar. Ese mismo día llegó al campamento francés el general Kleber, que fue informado de los últimos acontecimientos del asedio. Irritado por lo que había escuchado, reprendió públicamente a Bonaparte, acusándole de atacar siempre la misma zona de la muralla y de no esperar a desplegar adecuadamente la artillería de gran calibre.

Pero Bonaparte no hizo caso de la reconvención del general Kleber, y el 10 de mayo ordenó un nuevo asalto a las 02,00 horas, para el que utilizó las tropas que Kleber había llevado. Los granaderos de las MBRI-75 y MBRI-19 y los carabineros de la MBRIL-2 fueron al asalto para sorprender a los sitiados y tratar de establecerse en la brecha. Los granaderos se sacrificaron, pero la guarnición se mantuvo firme. En un último asalto, intentado la misma noche, el general Bon resultó herido de muerte, al igual que muchos oficiales de su personal.

Este último asalto colmó la paciencia de las tropas de Napoleón, a quién culparon (con bastante razón) de sus miserias. Y la siguiente orden de asalto fue rechazada por los granaderos, que se negaron a asaltar de nuevo la misma brecha “sobre los cadáveres putrefactos e insepultos de sus camaradas”.

Asedio francés de Acre (20 de marzo al 21 de mayo de 1799). Los granaderos franceses se niegan a realizar otro asalto

El descontento se manifestaba no solo entre la tropa, también entre los oficiales, incluso entre algunos de los generales. Parece que el propio Murat se refirió a Bonaparte como “el verdugo de sus propias tropas”.

San Juan de Acre estaba siendo una nueva experiencia para Bonaparte. Nunca había sido derrotado, y seguramente por eso insistió en lanzar asalto tras asalto (14 asaltos generales en total), convencido que el destino terminaría por favorecerle y le concedería la conquista de la ciudad.

Por primera vez en su carrera, Bonaparte estaba sufriendo un serio revés, pero eso no fue obstáculo para intentar engañar a las autoridades egipcias y al propio Directorio de Seguridad pública de París.

Envió una carta al Diwan (consejo de ministros en El Cairo) anunciando que había arrasado por completo el palacio del odiado gobernador Djezzar-Pachá y derribado por completo las murallas de la ciudad.

En otra carta enviada a París, Bonaparte se vanagloriaba de sus victorias en su campaña de Siria (aunque sin mencionar la situación en San Juan de Acre) e insinuaba la retirada hacia El Cairo, primero, y hacia Francia poco más tarde.

Al final, la excusa que se le ocurrió para su retirada de Acre fue que la ciudad estaba infestada con la peste, y que ya había cumplido los objetivos que se había propuesto para la campaña de Siria, eliminar la posibilidad de que los otomanos pudieran invadir Egipto.

Pero Bonaparte sabia que la llegada de la flota británica del Mediterráneo a las costas de Siria beneficiaba de gran manera las posibilidades de los turcos para invadir Egipto, y las tropas francesas debían marchar rápidamente hacia allí para defenderlo.

Antes de anunciar la retirada a sus tropas, el día 12 de mayo, Bonaparte ordenó a sus cañones disparar toda la munición hasta agotarla, no sobre las murallas, sino al interior de la ciudad, buscando provocar el mayor daño posible entre la población civil. El general Lagrange rechazó dos salidas más posiblemente contra la artillería.

El bombardeo duró 5 días, y tras los preparativos para ocultar sus intenciones al enemigo, la noche del día 21 de mayo el ejercito francés se retiraba del asedio de Acre y se dirigía a Egipto.

El general Lannes lideraba el camino, seguido por el parque y las divisiones Bon y Reynier. El general Kléber formaba la retaguardia, mientras que el general Junot cubrió el flanco izquierdo. Los enfermos y heridos, así como el resto de la artillería, se embarcan en Jaffa, pero las tres fragatas no tardaron en caer en manos del comodoro Sidney Smith. Toda la noche del 21 al 22 de mayo, la artillería continúa disparando en la plaza. Tras abandonar a los enfermos en Jaffa, el ejército francés regresó a El Cairo el 14 de junio con solo 7.000 efectivos.

Los franceses han perdido más de 2.000 hombres en el sitio por de Acre, casi todos por enfermedad, y varios miles más están aún convalecientes.

Bonaparte y su estado mayor a camello retirándose a Egipto. Autor Jean Léon Gérôme en 1863. Museo del Ermitage, San Pétersburgo, Rusia.

Bonaparte comenzó a pensar otra forma de burlar el bloqueo naval británico y volver a Francia, aunque fuera en solitario.

En El Cairo, el ejército encontró el resto y los suministros que necesitaba para recuperarse, pero su permanencia allí no pudo ser larga. Bonaparte había sido informado de que Murad-Bey había evadido la persecución de los generales Desaix, Belliard, Donzelot y Davoust y que descendía del Alto Egipto. Bonaparte marchó para atacarlo en Giza, y también se enteró de que 100 naves otomanas estaban frente a Aboukir, amenazando a Alejandría.

Batalla de Abukir (25 de julio de 1.799)

El 11 de julio de 1.799, una escuadra de la Royal Navy capitaneada por el comodoro William Sidney Smith con 60 buques apareció frente a Alejandría y Aboukir, había partido de Rodas. Marmont en Alejandría dudaba que hacer. Bonaparte moviliza sus fuerzas y las dirigió hacia Ramanieh. El 14 de julio se realizó el desembarco en la bahía de Aboukir de 14.000 otomanos bajo el mando del gobernador de Rumelia de Mustafa-Pashá, un veterano de la última guerra Ruso-Turca. El comandante del batallón Godard solo tiene 300 hombres y 5 cañones para defender el reducto que protege el fuerte. El 15 de julio, luchó hasta las cinco de la tarde, pero terminó sucumbiendo a la superioridad numérica, siendo masacrado junto con todos los sobrevivientes. Solo un pequeño tambor pudo escapar a Alejandría. El capitán Vinache, que estaba aislado en el fuerte con 35 hombres, se rindió el 17 de julio. Se salvarían gracias a la intervención de Tromelin al servicio de los ingleses. La península fue tomada y las banderas turcas ondeaban en los bastiones de la ciudad.

Orgulloso de este éxito, Mustafa-Pachá no tenía prisa por marchar a El Cairo o a Alejandría, Mourad-Bey, que había logrado escapar se unió a él. Se dispusieron a preparar posiciones defensivas, esperando el contraataque francés.

Bonaparte tuvo tiempo de preparar su respuesta, y comenzó a concentrar sus tropas en Rahmaniya a partir del 19 de julio. El 21 de julio Sin esperar a Kléber, marchó Berket Ghitas, a medio camino entre Alejandría y Rosetta, con las divisiones de Lannes, Desaix y la caballería de Murat, es decir, 10.000 infantes y 1.000 jinetes, estando preparado para marchar a toda prisa si los turcos se dirigían hacia Alejandría.

El día 24 de junio, viendo que las tropas turcas no tenía intención de moverse de sus posiciones defensivas en torno a Abukir, Bonaparte decidió aproximarse hacia las posiciones turcas.

Los turcos desplegaron en una primera línea con 1.000 soldados albaneses a la derecha, atrincherados en el montículo del Jeque, apoyados por 1.200 hombres en la aldea detrás. A la izquierda, sus atrincheramientos en el montículo del Pozo estaban equipados con 6 cañones y unos 2.000 defensores. Su segunda línea era mucho más fuerte con el centro en el reducto y los atrincheramientos que impedían el istmo, que tenía solo 500 metros de ancho. Esta línea estaba formada por 7.000 hombres y detrás, alrededor del campamento del Pacha, se agrupaba una reserva de 1.500 guardias.

Batalla de Abukir (25 de julio de 1799). Plano de la batalla

Los franceses iniciaron el ataque contra el montículo del Jeque en la izquierda francesa con Destaing liderando un BI de la MBRI-75, otro BIL de la MBRIL-4, y 2 BIs de la MBRI-61, que precedían a la división Lanusse con las MBRI-18 y MBRI-32. La división de Lannes con la MBRIL-22, la MBRI-13 y la MBRI-69 marchó contra la colina del Pozo. En el centro, Murat dirigía la caballería con los guías, RD-3 y RD-14 a la derecha y el RC-22 de cazadores con RH-7 a la izquierda.

La infantería francesa expulsó a los turcos de los dos montículos y la caballería evitó que los fugitivos se retirasen, siendo sableados y empujados hacia el mar. A la izquierda se toma el pueblo con el apoyo de la MBRI-32.

Una vez tomada la primera línea turca, los franceses se dirigieron a la segunda linea. Los buques británicos estaban demasiado lejos de la costa debido a las aguas poco profundas, no pudieron usar su artillería contra los franceses. Bonaparte asentó su artillería en las alturas, y ordenó el ataque a la segunda línea. La lucha fue mucho más difícil y Fugière marchaba a la cabeza de la MBRI-18 fue herido en la cabeza, continuando el ataque, pero fue alcanzado en brazo izquierdo por una bala de mosquete. Leturcq que atacaba con un BI de la MBRI-75 también fracasó y se quedó solo, siendo muerto en el reducto.

Entonces ocurrió un evento que causó un verdadero sock en el ejército francés el Pachá selió del reducto con sus hombres y empezó a cortar las cabezas de los soldados franceses muertos. Una furia se apodera de los franceses, quienes, sin órdenes, corrieron hacia las filas enemigas.

Batalla de Abukir (25 de julio de 1799). Vista de la batalla. Autor Louis Francois Lejeune.

Joachim Murat al frente de la caballería francesa, realiza un movimiento de giro a la derecha penetrando la segunda línea junto al mar y envolvió a los turcos atacándolos por retaguardia, cortando la retirada de Mustafá-Pachá, al que capturó en combate singular, el Pachá le disparó con sus pistolas, una bala que cruza su boca, cortó su glotis, rebota en una de sus vértebras y finalmente se aloja en sus costillas, y el francés le cortó tres dedos y le arrojdel caballo diciendo: “Si vuelves a hacerle esto a mis soldados, te lo juro por Alá, te cortaré otras cosas más importantes”. Murat sería operado y al día siguiente reanudará silenciosamente su mando.

Batalla de Abukir (25 de julio de 1799). Carga de Murat

Los franceses llegan al campamento del Pachá que fue tomado por hombres de las MBRI-32 y MBRI-69. Los turcos, en plena derrota, se arrojaron al mar para alcanzar los barcos. Las numerosas cañoneras que los apoyaban dispararon a los fugitivos. Solo 2.500 turcos pudieron llegar al fuerte y reagruparse allí. Dejaron 2.000 muertos en el campo de batalla, a los que se sumaron 4.000 hombres ahogados.

La victoria es magnífica. Solo queda reducir el fuerte. Lannes quedó a cargo del apoyo de Davout, que estaba a cargo de Alejandría para proteger ese lado de los posibles ataques provenientes de Mourad-Bey.

El 28 de julio, Lannes resultó herido en la pierna y dejó el mando a Menou. De hecho, serían el artillero Faultrier y el ingeniero Bertrand quienes organizan las operaciones. Los turcos habían invadido gradualmente el pueblo que precedía al fuerte y estaban luchando allí con mucha habilidad.
La artillería fue instalada gradualmente: dos piezas de 24. Los turcos hicieron salidas. El general Davout mandó la trinchera el 29 de julio para liderar un ataque decisivo que tomaría toda la aldea a la vez. El enemigo es conducido de regreso al fuerte donde fue bombardeado. Las posiciones fueron perfeccionadas.

En la mañana del 2 de agosto, los turcos, muriendo de sed, salieron y se rindieron. 1.000 habían muerto, y 1.500 se rindieron. Las pérdidas de los franceses fueron 150 muertos y 750 heridos durante la batalla y 70 muertos y 200 heridos durante el asedio del fuerte.

Entre los muertos, es necesario citar al ayudante general Leturcq, el ayudante de campo de Bonaparte Guibert, el coronel de los ingenieros Crétin, el jefe de regimiento de caballería Duvivier y el jefe de batallón Nugues.

Napoleón abandona Egipto (23 de agosto de 1.799)

La victoria en Abukir dio a los franceses unos meses de respiro. La temporada de invasiones en Egipto era relativamente corta. En invierno, el mar estaba demasiado embravecido para permitir un desembarco, y a partir de agosto, las crecidas del Nilo convertían sus orillas en una zona impracticable.

Como era de esperar, lo primero que hizo Bonaparte tras la batalla de Abukir fue enviar un mensaje urgente al Directorio de Seguridad Pública de París, anunciando su brillante victoria. El mensaje llegó a Marsella el 25 de septiembre, y su derrota ante las murallas de San Juan de Acre se olvidó, y su nombre fue de nuevo jaleado por las calles de París, convirtiendo su nombre en sinónimo de victoria.

Tras la victoria en Abukir,s in esperanza de recibir refuerzos desde Francia, nada le quedaba por hacer a Bonaparte en Egipto. Sídney Smith, comodoro de la flota británica del Mediterráneo, consideraba la defensa de los intereses britanicos en la India mucho más importantes que las guerras revolucionarias que se estaban librado en territorio europeo. Ademas, creía que debía permitirse que Bonaparte dejara Egipto y marchara a Europa. El 2 de agosto, Sídney enviaba a su secretario personal John Keith, para entablar negociaciones con los franceses para el intercambio de prisioneros en Alejandría. Llevaba consigo dos periódicos europeos, el Courrier de Londres y la Gazette de Frankfort, para informar a los franceses de la situación política y militar en Europa. Los periódicos informaban de las derrotas del ejercito revolucionario francés ante el ejercito combinado austro-ruso en Italia y Suiza, y que Inglaterra ha formado una Segunda Coalición antirrevolucionaria con Rusia, Austria y algunos estados alemanes, que poco después declararon la guerra a la República, y lo que era peor, las primeras batallas que habían librado los generales franceses se han saldado con derrotas.

Tras una tensa reunión de cuatro horas de duración, Bonaparte tomó la decisión de volver a Francia de inmediato. Aunque la decisión se mantuvo en secreto para no afectar a la moral de las tropas francesas.

Bonaparte sabía que la flota británica en el Mediterráneo estaba escasa de víveres y agua, y pronto deberían volver a su base en Chipre para aprovisionarse. Así que esperó a que los buques británicos que bloqueaban el puerto de Alejandría abandonaran sus posiciones, y el 18 de agosto dejaba El Cairo con la escusa de hacer un tour de inspección por la costa mediterránea.

Antes de partir, Napoleón dejó los restos del ejército francés de Oriente al mando del experimentado general Kleber, y junto a otros de sus generales, como Murat y Desaix, embarcó en una fragata Muiron y con fragata de escolta Carrere, abandonaban la costa egipcia y zarparon rumbo a Francia burlando las patrullas británicas. El 9 de octubre desembarcará en Frejús, finalizando así su desventurada expedición en Egipto, donde los abandonados soldados franceses continuarán atrapados por la Royal Navy.

Unos pocos días después de su marcha, las tropas francesas que habían quedado en Egipto conocieron la partida de Bonaparte. Muchos hablaron de la deserción de su general, incluso se comentaba que la partida de Bonaparte había sido pactada con los británicos.

Kleber estaba furioso; se había enterado de su nombramiento como comandante en jefe de las tropas francesas en Egipto a través de una carta. Bonaparte le había dejado un país lejos de estar pacificado, con muchas posibilidades de sufrir una nueva invasión turca o británica en la siguiente primavera, y con un ejercito muy reducido en número y al que le faltaba de todo.

Entrada creada originalmente por Arre caballo! el 2020-10-26. Última modificacion 2020-10-26.
Valora esta entrada