Edad Antigua Guerras Civiles Romanas Primera Guerra Civil Romana (88 – 81 AC). Mario contra Sila

Antecedentes

Las disputas internas romanas entre optimates liderados por Lucio Cornelio Sila y populares liderados por Cayo Mario no hicieron sino recrudecerse tras la victoria en la Guerra Social.

Mario contaba con el decidido apoyo de Publio Sulpicio, tribuno de la plebe en el año 88 AC, que se las había apañado para promulgar una ley Comicial, que repartía a los nuevos ciudadanos itálicos entre las 35 tribus romanas ya existentes. De esta forma, asegurándose de que no serían aglutinados en unas pocas nuevas tribus sin apenas importancia, Sulpicio otorgaba de hecho a los nuevos ciudadanos una gran fuerza política. Lo que le permitió conceder a Mario que contaba con 69 años la dirección de la guerra contra Mitrídates.

Los cónsules, Sila y Pompeyo Rufo, contraatacaron promulgando un iustitium, que paralizaba forzosamente toda actividad pública, lo cual impedía efectuar las votaciones para aprobar las leyes de Sulpicio. La situación, lejos de mejorar, se descontroló: violentos enfrentamientos sacudieron las calles de Roma, en los que fue asesinado un hijo de Pompeyo Rufo. Ambos cónsules se vieron obligados a escapar y esconderse, incluso Sila recibió ayuda del propio Mario para escabullirse (lo que vendría a indicar que todavía existía cierto respeto entre los dos, aunque probablemente si Mario hubiera sabido de las verdaderas intenciones de Sila no le habría dejado huir).

Sulpicio consiguió que los asustados cónsules retiraran el iustitium, pudiendo así someter a votación sus dos leyes, que fueron aprobadas. Sila huyó precipitadamente de Roma, y se dirigió al sur para reunirse con el ejército encargado de sofocar los últimos focos de resistencia en Campania, consiguió poner a la mayoría de las tropas de su parte, haciéndoles creer que si Mario se hacía con el mando de la campaña contra Mitrídates les licenciaría forzosamente y reclutaría nuevas tropas, con lo que se quedarían sin opciones de obtener botín alguno en Asia.

Mario y Sila. Izquierda Cayo Mario, derecha Lucio Cornelio Sila, protagonistas de la Primera Guerra Civil

Mario y Sila. Izquierda Cayo Mario, derecha Lucio Cornelio Sila, protagonistas de la Primera Guerra Civil

 

Sila toma Roma (88 – 87)

La Asamblea al enterarse, envió delegados a las fuerzas que se encontraban acampadas en Nola (Sur de Italia y que se habían unido a Sila, éste pidió a las legiones que desafiasen a la Asamblea y le aceptasen como líder legítimo, y éstas le aceptaron y lapidaron a los representantes de la Asamblea. Sila dirigió seis legiones (35.000 hombres) para marchar contra Roma, algo completamente imprevisto y que cogió a Mario por sorpresa, dado que ningún ejército romano había marchado jamás contra Roma, algo prohibido por la ley y por las tradiciones más antiguas. Mario intentó organizar un ejército para resistir. Sin embargo, esta fuerza no era rival para las legiones de Sila, quién se hizo con el control absoluto de la ciudad y dictó oficialmente una lista de hostis publicus (enemigos públicos) para deshacerse de sus rivales políticos. Ser declarado enemigo público significaba que cualquiera podría matarles con total impunidad, Cayo Mario y Sulpicio Rufo huyeron de Roma, perseguidos por los hombres de Sila, siendo este último capturado a treinta kilómetros al sur de Roma y ejecutado. Mario en cambio logró abrirse paso hasta la costa embarcándose a África, terminando por refugiarse en una pequeña isla situada frente a la costa cartaginesa. Esta vez hubo pocas represalias solo se pronunció en contra de Mario, Sulpicio y otros diez hombres.

Sila hizo aprobar a toda prisa una serie de leyes de corte conservador que desmontaban parte de la legislación de Sulpicio y a su vez reforzaban a los sectores políticos optimates. Sin embargo, su posición recibió un duro revés al celebrarse las votaciones de los dos nuevos cónsules para el año 87, saliendo elegidos el plebeyo Lucio Cornelio Cinna y el aristócrata Cneo Octavio, ambos opuestos a Sila. Les hizo jurar que no revocarían su legislación y tras esto Sila se embarcó hacia Grecia.

Mientras Sila perdía un tiempo precioso imponiéndose por la fuerza en Roma, Mitrídates realizaba su siguiente movimiento. Envió una avanzadilla a Grecia al mando de Arquelao, uno de sus generales, al frente. Al tiempo que el grueso del ejército póntico se congregaba en Anatolia bajo órdenes de Taxilas (otro general de Mitrídates). Arquelao tomó Delos por asalto y entregó el tesoro de la isla a los atenienses, que no dudaron en darle la bienvenida.

Gobierno de Cinna (87 – 83)

Apenas hubo embarcado, la situación en Roma empeoró rápidamente. Lucio Cornelio Cinna resucitó en el 87 AC la propuesta de suffragium para los nuevos ciudadanos itálicos, resultantes de la Guerra Social en todas las tribus, la restauración de los poderes de la Asamblea de la Plebe y la concesión de la amnistía a sus amigos exiliados. Lo que fue una rotura de su juramento y el inicio de medidas radicales que llevaban a la reiniciación de la guerra civil.

Partidarios de Cinna y Octavio se enfrentaron a cuchilladas en el foro, produciéndose numerosos muertos y heridos, en un solo día fueron asesinados 10.000 populares. Derrotado, Cinna huyó de Roma y buscó refugio en diversas ciudades latinas próximas que veían sus intereses perjudicados por los últimos acontecimientos políticos. Como respuesta, el senado se apresuró a deponerlo del consulado junto con los seis tribunos de la plebe y colocar en su lugar a Lucio Mérula.

Cinna, mientras tanto, consiguió atraerse a su bando a la mayor parte de las tropas que Sila había dejado en Campania reprimiendo los últimos focos de sublevados samnitas. Mario regresó en su ayuda de su exilio en África y rápidamente consiguió reclutar a unos 6.000 soldados entre esclavos libertos y las propias poblaciones samnitas. Tras conseguir algunos apoyos más de última hora (como el de Quinto Sertorio) ambos marcharon contra Roma.

El mismo año 87 AC, Mario desde el Norte y Cinna desde el Sur marcharon sobre Roma al frente de dos ejércitos. La defensa de ciudad, dirigida por el cónsul Octavio y Pompeyo Estrabón, se vio obstaculizada por la ambigua actitud política de Estrabón que decidió no intervenir y una epidemia que azotó la ciudad un par de meses. Todo ello facilitó la caída de la ciudad después de que Mario interceptara el suministro de trigo y saqueara Ostia, el puerto de Roma, matando a buena parte de sus habitantes, cortando a sus enemigos la posibilidad de proveerse por mar. Cinna y Mario entraron en Roma con cuatro ejércitos, dos de los cuales comandaban Quinto Sertorio y Papirio Carbón quienes se declararon cónsules a sí mismos.

La gran edad de Mario que por entonces tenía 70 años, no le impidió entregarse a una orgía de venganza sobre aquellos que lo habían desestimado, mató a todos los enemigos que pudo encontrar, la mayoría miembros del Senado que sufrió una terrible purga, de la que según algunos nunca volvió a recuperarse. En 86 AC, Mario y Cinna forzaron su elección como cónsules ante un reducido e intimidado Senado, por lo que Mario fue cónsul por séptima vez. Pero dieciocho días más tarde murió.

Cinna se encontró solo al frente de la ciudad como dictador. Se inició así lo que las fuentes denominaron Cinnae dominatio o Cinnanum Tempus, un período de tres años (87-84 AC) en el que Cina dirigió el Estado en calidad de cónsul, magistratura que no lo abandonó hasta su muerte en la primavera de 84 AC. Compartió el consulado con Lucio Valerio Flaco, de quien se deshizo nombrándolo al frente de 12.000 efectivos para deponer a Sila y continuar la guerra en Grecia. Mandó otro ejército bajo el mando de Cayo Flavio Fimbria contra Mitridaes para liberar Lidia. Fimbria logró algunos éxitos, pero se condujo con gran crueldad y se ganó el odio de la población local. Cuando Sila salió a su encuentro, sus soldados lo abandonaron y se suicidó.

Una vez instalado a la cabeza del Estado, hizo intentos de reconciliar a las partes enfrentadas, lo primero que hizo fue parar la sangrienta represión contra los optimates, miles fueron asesinados y saqueados por los esclavos liberados, hasta que Cinna con un destacamento de galos, los rodeo y los mató a todos.

Cinna hizo gala de una política moderada tratando incluso de atraerse al Senado o al menos de no enemistarse con él. No rompió con el mos maiorum ni se condujo como un popular radical. No promulgó leyes agrarias, ni cambios en los mecanismos de las asambleas, ni nuevas leges frumentariae, ni prácticamente nada de lo que se suele considerar popular.

Intentó un acercamiento con Sila, pero ante la falta de un acuerdo, se dedicó a preparar las defensa de Italia ante su inminente retorno de Oriente. Compartió el consulado con Cneo Papirio Carbón, se prepararon para atacar a Sila en Grecia antes de que éste invadiera Italia, realizando un reclutamiento forzoso que precipitó el reparto igualitario de los ciudadanos entre las tribus; el ejército, concentrado en Ancona, recibió la orden de trasladarse a la costa liburnina, lo que desató un motín militar. Cinna, que se encontraba en Brindisi para embarcar sus tropas rumbo a Tesalia, se dirigió inmediatamente para intentar reprimirlo, siendo muerto por los soldados. Papirio Carbón quedo como único jefe para la defensa de Roma, volviendo a las políticas populares, salieron a la luz pública los errores, la corrupción y la incompetencia de los populares, que empezaron a perder apoyos en favor de Sila.

Regreso de Sila a Roma 83 AC

Sila al enterarse del envío de tropas por parte Cinna, firmó el Tratado de Dárdanos con Mitridates que constaba en lo siguiente: Mitridates se quedaría con su reino y devolvería a Roma la provincia tomada sin entrar en batalla a cambio de medio ejército.

Cuando las legiones de Flaco llegaron donde estaba Sila, éste las convenció para que se unieran al él, y lo hicieron. Luego desembarcó en Lidia para ir contra Fimbria, tras algunas escaramuzas logró cercarlo en Tiatira (actual Akhisar), las tropas se rindieron sin luchar, Cimbria consiguió huir pero se suicidó en Pergamo.

Finalizada la guerra en oriente, Sila contaba con sus legiones intactas más medio ejército de Mitridates y las legiones romanas enviadas contra él, y decidió ir a Italia.

Batalla de Monte Tifata 83 AC

En la primavera del año 83 AC, Sila desembarcó en Brundisium, con su pequeño pero curtido ejército de 40.000 hombres. Avanzó por Calabria y Apulia hasta llegar a Campania. Sus enemigos dividieron sus tropas poniéndolas bajo el mando de los cónsules Lucio Cornelio Escipión Asiático Asiageno y Cayo Norbano Balbo. Habiendo llegado éste último a Campania, trabó combate con Sila junto al Monte Tifata, siendo derrotado y sufriendo grandes pérdidas, con el resto se refugió en Capua. No hay datos de esta batalla.

Batalla de Sacriporto 82 AC

La campaña del 82 AC empezó con el avance de los ejércitos Sila: Metelo Pío cual se introduce, junto con Pompeyo, en el norte de Italia para hacer frente a las fuerzas democráticas de Papirio Carbon, mientras Sila marchó directamente a Roma avanzando a lo largo de la vía Latina.

El joven Cayo Mario, que había desplegado su ejército entre Segni y Preneste para bloquear la carretera de acceso a la capital.

En primavera del 82 AC, las fuerzas se encontrarían en Sacriporto, en la vía Latina, donde Sila con 40.000 legionarios se enfrentó al joven cónsul Cayo Mario (hijo) con 45.000 legionarios.

Una noche de abril, Sila que estaba acampado en Sacriporto, mandó llamar a Gneo Cornelio Dolabela, que no se encontraba lejos. Sin embargo, la milicia de Dolabela estaban cansados y sobrevino una intensa lluvia, por lo que los tribunos militares le hicieron desistir de la idea de seguir y ordenó acampar allí mismo.

Enterado de ello Mario, decidió atacar el campamento de Sila, pensando que la sorpresa le granjearía la victoria, pero los optimates, dejando de hacer lo que estaban haciendo, cogieron las armas y se aprestaron a luchar.

La batalla estaba en tablas, cuando algunas cohortes populares desertaron y se pasaron a Sila, creando tal confusión entre los de Mario, que se dieron a la fuga. 15.000 de ellos perecieron. Los supervivientes se refugiaron en Preneste y Sila los sometió a un asedio, Sila dejó las tropas al mando de Quinto Lucrecio Ofella.

Sila con el grueso del ejército marchó a Roma que había sida evacuada a toda prisa por las fuerzas marianas de Lucio Junio ​​Bruto Damasipo que, antes de la retirada, habían causado estragos a los oponentes políticos con una cruel persecución.

Asedio de Preneste

Mientras en Joven Mario estaba asediado en Preneste, las operaciones militares continuaron con la alternancia de éxito en el norte y en Etruria: Pompeyo y Metelo Pío rechazaron Papirio Carbón sin embargo, dejó un cuerpo de tropas bajo el mando de Gayo Norbano en la Galia Cisalpina, que se las arregló para descender a Etruria y bloquear a Pompeyo y Metelo Pío que se dirigían a Roma para unirse a Sila.

Los líderes de la facción mariana concentraron sus esfuerzos en un intento de acudir en ayuda del joven Mario en Preneste; Papirio Carbón envió al sur refuerzos dirigidos por Cayo Marcio Censorino que sin embargo fueron prácticamente destruidos por Pompeyo y Craso en Spoleto. Después enviaron a Preneste dos legiones bajo el mando de Lucio Damasipo, Sin embargo la mayor ayuda para la Preneste vino del sur, donde los samnitas, dirigidos por Poncio Telesino y lucanos dirigidos por Marco Lamponio organizaron un gran ejército en Campania, avanzando sobre la ciudad sitiada; Estas fuerzas, que también se unieron los de Capua mandados por Tiberio Gutta, en total las fuerzas ascendían a más de 70.000 efectivos.

Silla, informado de la marcha del ejército samnita a Preneste en auxilio del joven Mario, decidió regresar inmediatamente al sur, llegando a tiempo para bloquear el camino al ejército samnita de Poncio Telesino, deteniendo su avance. También detuvieron las salidas de las fuerzas del joven Mario fueron bloqueadas por las tropas Ofella. La llegada de dos legiones bajo el mando de Lucio Damasipo, y las fuerzas de Papirio Carbón, no cambió la situación; el asedio de Preneste estaba firmemente mantenido por las fuerzas de Sila.

Los ejércitos samnita y lucano, estaban bloqueados en el camino a Preneste por legiones de Sila que habían rechazado todos los intentos para avanzar en rescate de la guarnición sitiada del joven Mario. Mientras tanto, el progreso de la guerra en otros escenarios de los combates eran cada vez más favorable a la facción de Sila; en la Galia, Gayo Norbano después de algunos éxitos se enfrentó a Metelo Pío en Faenza en la batalla su ejército fue destruido, Norbano huyó a Rodas, y la parte restante de las tropas marianas se pasaron al enemigo. En Etruria, Papirio Carbón, desalentado por las malas noticias y el temor de ser rodeado por los ejércitos Sila, decidió abandonar el campamento y huir a África; sus tropas fueron destruidos en parte encerradas por el ejército de Pompeyo; Gayo Albino Carrina fue recogiendo a los supervivientes y valientemente decidió ir hacia el sur para unirse al ejército de Poncio Telesino.

Ejercito romano al final de la República. Autor Andrey Karashchuk (Aндрей Kаращук)

Ejercito romano al final de la República. Autor Andrey Karashchuk (Aндрей Kаращук)

La situación de los ejércitos samnita y lucano concentrados cerca de Preneste se estaba deteriorando a pesar de los refuerzos llevados por Damasipo y después por Carrina; no habían hecho ningún progreso y se esperaba que llegasen desde el norte el ejército de Pompeyo procedente de Etruria tras la derrota de Papirio Carbón. El ejército romano-samnita podría ser rodeado y capturado. En esta situación, los líderes tomaron la decisión estratégica de abandonar el asedio de Preneste y en su lugar dirigirse directamente contra Roma, y de esta manera obligar a Sila a seguirlos. Marcharon contra Roma con determinación y furia para destruir la “cueva de lobos romanos”.

El ejército romano-samnita dirigido por Ponzio Telesino junto con el lucano Lamponio y los líderes populares Carrina, Damasipo y Censorino, abandonaron el territorio de Preneste durante la noche y avanzaron rápidamente a lo largo de la vía Latina a Roma que estaba a sólo un día de marcha; las tropas no encontraron oposición y al amanecer el 1 de noviembre estaban a las afueras de Roma. Ponzio Telesino, eufórico por el éxito y con plena confianza, acampó cerca de la Porta Collina; en el antiguo campamento en la Via Nomentana donde se había asentado años antes Pompeyo Estrabón. La situación de Roma, casi sin defensa, era trágica; la capital corría el riesgo de una nueva devastación y saqueo como el Saco de Roma (390 AC) por los galos.

La ciudad de Preneste no caería hasta el 4 de noviembre, al enterarse de la derrota de Porta Colina, Mario se suicidó y tras la toma se desató toda su crueldad contra los prisioneros samnitas que habían formado parte del ejército de Mario, conducta difícil de explicar y que no hizo sino dificultar las cosas, en tanto que provocó una nueva sublevación general de las poblaciones samnitas de Campania, apoyados además por los lucanos.

Batalla de la Porta Colina 82 AC

El peligro que corría la ciudad de Roma era muy grave; en la madrugada del 1 de noviembre de grupos de jinetes reclutados entre los jóvenes de la ciudad salieron valientemente a las ordenes de Apio Claudio para enfrentarse al enemigo, pero las fuerzas de Telesino los dispersan fácilmente y el comandante fue muerto. Dentro de Roma se desató el pánico, hubo episodios de desesperación y confusión entre la población temerosa de un “baño de sangre“.

Sila en cuanto se enteró de la marcha de Telesino a Roma, avanzó a marchas forzadas por vía Latina, enviando por delante a 600 jinetes bajo el mando de Octavio Balbo, que llegaron por la mañana del 1 de noviembre y fortalecieron la moral de los ciudadanos de Roma. Sila llegó con las legiones al mediodía después de una agotadora marcha forzada de Preneste, haciéndoles desplegar cerca del templo de Venus Erice, cerca de la actual Porta Pia, y ordenó las primeras unidades que llegaron tomar un breve refrigerio, y formar para atacar al enemigo. A pesar de los consejos de sus lugartenientes Cneo Cornelio Dolabella y Lucio Manlio, que eran partidarios de dar tiempo a los legionarios para descansar después de la marcha antes de enfrentarse al enemigo, pero Sila decidió inicial el ataque a la décima hora, entre las 15,00 y las 16,00. Las fuerzas de Sila se estiman en ocho legiones.

Al principio de la batalla, el flanco izquierdo del ejército romano se encontró en grandes dificultades bajo el ataque de los samnitas y Silla personalmente acudió al lugar para controlar la situación y fortalecer la resistencia; incluso el general romano llegó a estar en la primera fila y fue casi muerto por las pilum que le lanzaron algunos enemigos que le habían reconocido. De hecho la situación ala izquierda romana no mejoró, las tropas se desbandaron, muchos cayeron en el campo, otros huyeron a las muros de la ciudad; en la confusión de la retirada también murieron muchos ciudadanos que habían acudido a observar la lucha. Se extienden los rumores sobre la derrota romana y la supuesta muerte de Sila; esta noticia también llegó a Preneste cuando Quinto Ofella anunció que la batalla estaba perdida.

Silla, para evitar la huida, mandó cerrar las puertas de las murallas y las tropas, al ver que no tenían salida, lograron reagruparse, reanudando los combates y evitando la derrota; poco a poco los legionarios de Silla tomaron la iniciativa y se lanzaron al ataque de una hora después de la puesta del sol recuperando terreno lentamente contra el ejército samnita, la feroz lucha continuó durante toda la noche.

En el ínterin, mientras estaban luchando una batalla desesperada en el flanco izquierdo, en el flanco derecho los veteranos de las legiones de Sila, bajo el mando de Marco Licinio Craso, habían alcanzado un éxito completo. Las tropas de Craso derrotaron completamente a las fuerzas marianas de Carrina y Damasipo que se dieron a la fuga, llegando a la ciudad Antemnae, al norte de Roma, en el lugar donde el río Aniene se une al Tíber; Craso detuvo en este punto sus legionarios y envió mensajeros a Silla para informarle de la victoria.

En la madrugada del 2 de noviembre, aunque el flanco izquierdo de Sila, finalmente, después de luchar toda la noche, tenía la ventaja sobre samnita y completó la victoria; Silla alcanzó personalmente Antemnae donde logró obtener la deserción de un cuerpo de tropas enemigas por unos 3.000 hombres que cambiaron de bando en plena batalla y atacaron a sus compañeros aumentando la confusión y acelerando la victoria. El jefe samnita Ponzio Telesino que había luchado hasta final y fue muerto. Hizo prisioneros a los principales líderes marianos Carrina, Censorino y Damasipo.

Sila entrando en Roma el el 82 AC

Sila entrando en Roma el el 82 AC

Después de la victoria de Silla fue implacable contra los vencidos, y en particular contra los samnitas habían puesto en tan grave peligro a Roma; más de 3.000 prisioneros fueron brutalmente asesinados tres días después de la batalla en el campo de Marte con una demostración cruel de la implacable ferocidad que aterrorizó a los senadores romanos se reunieron cerca del lugar de ejecuciones. Otras fuentes informan que los soldados enemigos asesinados fueron más de 8.000, la gran mayoría samnitas, y sus cuerpos arrojados al Tíber, poniendo punto y final a sus acciones militares contra la capital republicana

Unos 12.000 populares, que fueron recluidos en el Campo de Marte, los lideres fueron decapitados, entre ellos Telesino, Carrina, Damasipo y Censorino, cuyas cabezas fueron enviadas a Preneste donde fueron exhibidas delante de las murallas, y posteriormente lanzadas a su interior.

Final de la guerra

Después de la decisiva batalla de la Porta Collina y la caída de Praeneste, Sila había alcanzado la victoria y el dominio político completo en Roma a pesar de los últimos brotes de resistencia mariana que se prolongaron la guerra en Campania y Etruria hasta 80 AC.

Los líderes supervivientes de la facción popular trataron de escapar de Italia para reorganizar las fuerzas que sobrevivieron.

Quinto Sertorio, regresó a Hispania y organizó un vasto estado autónomo que sobrevivió durante algunos años. Cneo Papirio Carbón y Cneo Domicio Ahenobarbo, el hijo de Cornelio Cinna, por otra parte, fueron atacados posteriormente por Pompeyo que con varias legiones desembarcó por primera vez en Sicilia, donde el Carbón fue derrotado y muerto; poco después de la joven Pompeyo se dirigió a África, donde derrotó rápidamente a Domicio Ahenobarbo y le dio muerte. Pompeyo luego regresó a Italia con una reputación de excelente Cárnifex adulescentulus, pero también implacable.

Sila en el poder inició una terrible represión sobre el bando de los populares, iniciando las ”proscripciones” o persecuciones a muerte e incautación de bienes de todos sus enemigos: 80 senadores, 1.600 equites y 4.700 ciudadanos murieron durante el régimen de Sila, a veces no hacía falta que fuesen populares, bastaba con que que alguien desease la fortuna de otro para acusarle y aparecer en la lista, muchos ciudadanos normales fueron condenados solo para hacerse con sus fortunas incautadas, que permitieron enriquecerse a los partidarios de Sila, entre ellos el famoso Craso que llegó a ser el hombre más rico de Roma. Las matanzas cesaron oficialmente el 1 de junio de 81 AC.

Sila hizo nombrar dictador, reformó la Constitución Republicana cediendo más poder al Senado, quitó el Intercesio a los tribunos y a las asambleas populares (Concilia Plebis). Finalmente Sila murió en el 78 AC.

Entrada creada originalmente por Arre caballo! el 2014-06-15. Última modificacion 2017-02-02.