Edad Antigua Guerras Mitridáticas Primera Guerra Mitridática (90 – 85 AC). Guerra en Asia
Primera Guerra Mitridática (90 – 85 AC). Guerra en Asia

Ocupación de Paflagonia y Capadocia

Después de incorporar con éxito la mayor parte de la costa alrededor del mar Negro a su reino, dirigió su atención hacia Asia Menor.

A principios del año 108 AC, Mitrídates firmo una alianza con el astuto rey de Bitinia, Nicomedes III. Este había sido aliado de Roma, al igual que su padre, que había ayudado a los romanos a terminar con la revuelta de Aristonico. Como pago por la ayuda prestada, Nicomedes II pidió a los romanos la entrega de media provincia de Frigia, a lo que los romanos se negaron, cediéndosela, en cambio, al padre de Mitrídates.

Cuando el cónsul romano Cayo Mario pidió tropas a Nicomedes para ayudar a Roma en la campaña contra los cimbrios y teutones, el rey de Bitinia le contesto que no tenía absolutamente ningún ejército para enviarle; ya que todos sus soldados habían sido vendidos como esclavos debido a que no podían pagar las deudas a los recaudadores de impuestos romanos.

El senado romano aparentó creerse tal mentira del rey Nicomedes y decretó una ley en la que prohibía la esclavitud a los ciudadanos en edad militar, ya fueran romanos de nacimiento o de los reinos aliados. En ese momento, Roma tenía más necesidad de soldados que de esclavos, ya que se encontraba en guerra contra Yugurta en Numidia y estaba preparando la campaña contra los cimbrios y teutones. Con la nueva ley, el senado romano se aseguraba un flujo constante de soldados ya entrenados.

Nicomedes III se dio cuenta rápidamente que su treta no había dado resultado, y antes de quedarse sin ejército se unió a Mitrídates para invadir Paflagonia, un pequeño reino situado entre Bitinia y el Ponto.

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Situación en el Oriente Próximo sobre el 100 AC. Este archivo tiene la licencia Creative Commons Attribution-Share Alike 4.0 International

La campaña contra Paflagonia fue muy breve, y la lucha terminó cuando el rey Astreodon I huyó, pero cuando las noticias de la invasión llegaron a Roma, el Senado envió varios embajadores para exigir la vuelta al trono de Paflagonia de su legítimo rey.

Mitrídates se negó, alegando que Paflagonia había pertenecido anteriormente al reino del Ponto. Molestos por la arrogante respuesta de Mitrídates, los embajadores romanos se dirigieron con la misma exigencia a Nicomedes.
Nicomedes juró a los embajadores que repondría inmediatamente en el trono al legítimo rey de Paflagonia. A continuación, cambió el nombre de uno de sus hijos por el de Pilamenes, nombre tradicional de los antiguos reyes de Paflagonia, y lo instaló en el trono.

Los embajadores romanos no supieron cómo reaccionar ante el truco de Nicomedes, y se vieron obligados a ratificar al nuevo rey de Paflagonia. Cuando se dieron cuenta de su error,y sin saber que hacer, se marcharon rápidamente a Roma. Nicomedes III, a través de su hijo, se había convertido en el gobernante de Paflagonia.
Mitrídates, impresionado por la astucia y la inteligencia de Nicomedes, optó por ocupar parte de la provincia de Galatia, para utilizarla como colchón defensivo si Nicomedes cambiaba de opinión y volvía a aliarse con los romanos.

Con Paflagonia ya en su órbita, Mitrídates puso su vista sobre Capadocia, donde reinaba su hermana Laodice, casada con el rey Ariarates VI.

Los reyes de Capadocia tenían dos hijos, que siguiendo la costumbre, también ambos se llamaban Ariarates. Según el historiador Apiano, los antiguos reyes de Capadocia y el Ponto provenían de la misma línea sanguínea, tanto que Mitrídates I había reinado sobre Capadocia y el Ponto.

Mitrídates pensó que esa historia le justificaría en caso de tomar control sobre Capadocia. En la corte de Capadocia vivía un buen amigo de Mitrídates, un noble llamado Gordius, que informó a Mitrídates que el rey Ariarates VI estaba comenzando a pensar en una posible alianza con Roma, algo que resultaría catastrófico para los planes de Mitrídates.

Nada más ser informado, Mitrídates ordenó a Gordius envenenar a su cuñado. El rey de Capadocia murió envenenado, lo que dejaba a la reina Laodice, hermana de Mitrídates como regente del reino hasta que el futuro rey Ariates VII, su sobrino, tuviera la edad necesaria para reinar. De esta manera, Mitrídates se aseguraba el control sobre Capadocia.

El plan de Mitrídates funcionaría siempre y cuando su hermana Laodice colaborara. Pero no fue así, tras el asesinato del rey de Capadocia, Nicomedes III de Bitinia vio una oportunidad para ampliar sus dominios. Sin informar a su aliado Mitrídates, las tropas de Bitinia invadieron Capadocia, alrededor del año 106 AC. Completamente tomado por sorpresa, Mitrídates se puso en cabeza de su ejército y se dirigió a Capadocia para tratar de rescatar a su hermana de las garras de Nicomedes.

Pero cuando llegó, su sorpresa fue aún mayor. La «desconsolada» viuda Laodice se había casado con Nicomedes III. Esta inesperada alianza significaba que Nicomedes se había apoderado de Capadocia sin lucha, y la reina Laodice iba a mover los hilos del reino a través de su hijo Ariarates VII.

Mitrídates decidió cambiar de estrategia, y su objetivo paso a ser colocar a su sobrino directamente en el trono. Ante la cercanía del poderoso ejército del Ponto, Nicomedes III y Laodice optaron por retirarse a Bitinia. Ariarates VII paso a convertirse en el rey de Capadocia. Pero era joven e inexperto, y necesitaba alguien que le aconsejase. Mitrídates sugirió que el consejero fuera Gordio, al asesino de su padre el rey.

Ariarates reconoció la trampa. Si aceptaba el consejo de Mitrídates y adoptaba como consejero a Gordio, se convertiría en una marioneta de su tío el rey del Ponto. Si se negaba a adoptarlo, Mitrídates podría utilizar su negativa como un pretexto para la guerra.

El joven rey decidió golpear primero, y saco a sus tropas al campo de batalla. Mitrídates no tenía otra opción que enfrentarse a él, y llevo su ejército, de 80.000 infantes, 10.000 jinetes y 600 carros a su encuentro.

Pero Mitrídates no quería combatir. Tenía otro plan más siniestro. Ya con ambos ejércitos desplegados en orden de batalla, Mitrídates propuso al joven rey Ariarates una conferencia para discutir una posible tregua.

El encuentro debía realizarse en tierra de nadie, en un pequeño valle entre ambos ejércitos ya desplegados. Mitrídates y Ariarates VII se comprometieron a acudir a la reunión completamente desarmados, al igual que la guardia personal que escoltaría a cada uno de ellos.

Antes de comenzar la reunión, Mitrídates agarró del brazo al joven rey Ariarates y le pidió hablar en privado unos instantes. Ambos se alejaron caminando de la mesa donde se iba a celebrar la reunión. Cuando se vio seguro, Mitrídates saco un estilete que tenía escondido en sus pantalones y degolló de un solo golpe a su sobrino, el rey Ariarates VI.

Sorprendidos por la violenta escena que habían presenciado, y ya sin ningún rey por el que luchar, las tropas del fallecido rey se retiraron a sus guarniciones en silencio.

Mitrídates, ya sin oposición, puso en el trono de Capadocia a su propio hijo, con el nombre de Ariarates IX Eusebio Filopator, un niño de 8 años que nunca había estado en Capadocia, quedando el gobierno efectivo del reino en manos de Gordio, el asesino.

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Asia Menor en el 89 AC durante el reinado de Mitridates VI

Nicomedes apeló al Senado romano, que decretó que Mitrídates saliera de Capadocia y Nicomedes fuera restaurado en Bitinia y el Senado nombró a Ariobarzanes I como rey de Capadocia. Mitrídates incitó a su yerno Tigranes el Grande de Armenia a invadir Capadocia y eliminar a Ariobarzanes.

El Senado envió órdenes especiales a Lucio Cornelio Sila, el propretor que estaba a cargo de reducir a los piratas que infestaban Cilicia (al sur de Capadocia), y le encargó expulsar a los seguidores de Mitrídates y a los armenios.
Pero en la ruta a Cilicia, Cornelio Sila opto por detenerse en Capadocia. Extraoficialmente, el senado romano le había ordenado poner un poco de orden en Capadocia. Los legionarios de Sila eran muy superiores a los soldados de Bitinia y el Ponto, mandadas por el general Arquelao, que protegían al regente Gordio y al joven rey Ariarates IX, que se vieron obligados a marchar al Ponto.

Sila, autorizado por el senado romano, coronó personalmente al nuevo rey de Capadocia, con el nombre de Ariobarzanes I. Inmediatamente después, Sila envió sendas delegaciones a Nicomedes y Mitrídates, advirtiéndoles de que debían retirarse de cualquier territorio que sus tropas ocuparan en Capadocia.

Nicomedes y Laodice, con su reino, Bitinia, en bancarrota, aceptaron la amenaza romana y se retiraron, y, poco más tarde, firmaron un tratado de alianza con Sila. Mitrídates, prácticamente rodeado por las tropas romanas en el norte de Anatolia, tampoco ofreció ninguna resistencia. Retiró a sus tropas de la zona y se puso a esperar su siguiente oportunidad, poniendo su vista en el este, en Armenia, lejos de la influencia romana.

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Situación en Asía Menor en el 89 AC antes de la Primera Guerra Mitridática

Conquista de Capadocia por Armenia

En al año 94 aC, Mitrídates envió a Artaxata, la capital del reino de Armenia, a su mano derecha, Gordio, antiguo regente de Capadocia. Mitrídates quería una alianza con Armenia, lo que le proporcionaría una ruta segura para la ruta de la seda por su vertiente norte, por la costa del mar Negro. Gordio propuso a Tigranes II un trato: el rey armenio atacaría Capadocia y expulsaría del trono al rey Ariobarzanes, un títere de los romanos. A cambio, Mitrídates concedería a Tigranes la mano de su hija, la princesa Cleopatra, de 16 años.

Tigranes accedió al trato. Armenia había combatido a los romanos en tiempos de Antíoco el Grande, y había dado refugio seguro a Anibal. Pero, Tigranes había vivido 30 años en la lejana Partía y sabía poco de la Roma de Mario y Sila. Pensaba que Roma no intervendría si se producía un cambio de régimen en Capadocia.

En el año 94 AC, Mitridates tenía 40 años, y era un poco más joven que su flamante nuevo yerno, Tigranes II. Tras la boda real, que sellaba su alianza, ambos monarcas se convirtieron en grandes amigos y aliados naturales.
Tigranes y Mitrídates comenzaron a hacer planes para la ocupación total de Capadocia. Según los términos del acuerdo entre ambos, Mitridates se quedaría con las ciudades y los terrenos agrícolas. Todos los prisioneros y cautivos serian para Tigranes, que estaba en muy buena relación con los piratas cilicios, a quienes usaría para asegurarse una fuente regular de ingresos con la venta de los prisioneros como esclavos.

En al año 93 AC, las tropas del reino de Armenia, bajo mando de los generales Mitras y Bagoas invadieron Capadocia, provocando que el rey Ariobarzanes, una marioneta de la república romana, este huyó buscando la protección de Roma. Según el pacto, Tigranes colocó en el trono de Capadocia de nuevo a Ariarates IX y a su consejero Gordio.

Al mismo tiempo se produjo la muerte de Nicomedes III de Bitinia, el viejo enemigo de Mitrídates, alcanzando el trono su débil e inepto hijo, Nicomedes IV.

Los espías de Mitridates en Bitinia le informaron que un hijo bastardo del recientemente fallecido rey, de nombre Sócrates Cresto (el Bueno), tenía más apoyo popular que el nuevo rey. Rápidamente, envió un asesino llamado Alejandro para terminar con la vida del nuevo rey, pero el complot falló.

Para ganarse la amistad de Sócrates el bueno, Mitridates le ofreció la mano de su hija Orsabaris y le cedió el mando de un ejército de tropas del Ponto, con el que se dirigió a poner sitio a Nicomedia, la capital de Bitinia, en donde se encontraba atrincherado Nicomedes IV.

Para distraer a los romanos, Mitrídates envió embajadores a las tribus del oeste del mar Negro (tracios, cimerios, bastarnos, sármatas, roxolanos, etc.), ofreciéndolas grandes cantidades de monedas a cambio de su promesa de atacar la guarnición romana en Macedonia.

El senado romano, habiendo evitado momentáneamente otra guerra con las tribus italianas ofreciéndoles la ciudadanía romana, volvió su atención sobre la provincia de Asia.

Negociaciones con Roma (90-89 AC)

A fines del verano del 90 AC, se envió una legación senatorial al este, al mando de Manio Aquilio y Manlio Maltino, para restaurar a Nicomedes y Ariobarzanes en sus reinos. El Senado también envió instrucciones a Lucio Casio, el gobernador romano (probablemente un propretor) de la provincia romana de Asia, que tenía un pequeño ejército y al propio Mitrídates Eupator para ayudar en las restauraciones.

El pequeño ejército de Casio era probablemente la fuerza de guarnición estándar en tiempos de paz de entre una legión completa y media (5 a 10 cohortes) y algunas unidades auxiliares locales, ciertamente no más de 5.000 soldados en total. La legación de Aquilio pronto la aumentó con una gran fuerza de regimientos auxiliares gálatas y frigios y con estas tropas procedió a restaurar a ambos monarcas. Mitrídates, enojado con los romanos, no quiso a cooperar, pero tampoco se opuso y ambos reyes fueron restaurados sin lucha en el otoño del 90 AC.

Cumplido su mandato, la legación de Aquilio debería haber regresado a casa en el invierno de 90/89 AC. En cambio, sin duda con la excusa de mantener bajo observación a Mitrídates, comenzó a provocar la guerra al rey póntico. Se consideró que esta era una política muy arriesgada e incluso imprudente con la Guerra Itálica aún en la balanza.

Los reyes, Nicomedes en particular, habían obtenido grandes préstamos en Roma para sobornar a los senadores para que votaran por su restauración por el Senado. El séquito de Aquillio incluía representantes de los prestamistas. Con el apoyo de Aquilio, instaron a los dos reyes a invadir el reino póntico para asegurar los fondos con los que pagar los préstamos que se habían necesitado para los sobornos. Temiendo el poder de Mitrídates (y probablemente conscientes de que el Senado no había dado tales órdenes), ambos reyes objetaron. Pero los acreedores de Nicomedes persistieron en su presión hasta que finalmente accedió.

Probablemente, fue a fines del otoño del 90 AC, cuando Nicomedes recuperó el control del Bósforo tracio y en la nueva temporada de navegación (desde mediados de marzo del 89 AC) impidió la salida del Euxino a los barcos pónticos.

A mediados de la primavera del 89 AC, Nicomedes invadió las antiguas tierras mitridáticas de Mariandinia, saqueando hasta el este de Amastris sin encontrar resistencia. Mitrídates llevaba mucho tiempo preparando para desafiar el poder romano y se sentía fuerte. Como medio final de obtener la mayor simpatía posible en Anatolia, no se opuso a la incursión de Bitinia, prefiriendo aparecer como manifiestamente perjudicado por lo que se consideraba títeres y representantes de Roma. Los bitinios regresaron a casa con una gran cantidad de botín, presumiblemente suficiente para que Nicomedes pagara sus deudas.

Después de la incursión, Mitrídates envió a su representante Pelópidas a los legados y comandantes romanos para presentar una queja, aparentemente contra Pérgamo. Al mismo tiempo, Mitrídates continuaba con sus preparativos de guerra, confiando especialmente en su alianza existente con su suegro Tigranes de Armenia. Su alianza con la más lejana con Partia era inútil, porque su aliado Mitrídates II había sido asesinado por su rival Sanatruk atacando desde el este en el verano del 91 AC. Persistía una grave guerra interna entre Sanatruk y el hijo mayor y heredero de Mitrídates, Gotarzes I. Eventualmente, el conflicto interno de los partos también acabaría captando toda la atención de Tigranes. El rey póntico también estaba explotando redes cuidadosamente preparadas de apoyo y reclutamiento entre los tracios y los escitas, y ahora solicitó ayuda y alianzas de los reyes de Siria y de Ptolomeo Alejandro I y los cretenses.

El enviado póntico Pelópidas ignoró hábilmente el hecho de que Aquilio y su séquito habían inducido la incursión de Bitinia. En cambio, lanzó propaganda sobre la intolerancia romana hacia Mitrídates y concluyó apelando al Tratado entre Mitrídates y Roma, llamando a los romanos, como amigos y aliados, a castigar o contener al agresor bitinio.

Los enviados de Bitinia respondieron primero, citando la agresión póntica contra Bitinia y su actual rey, la ominosa acumulación de armas, territorio y recursos pónticos, y alianzas, desde Armenia hasta Tracia, mientras las negociaciones aún estaban en progreso con el Imperio ptolemaico y el Imperio seléucida. Los bitinios insistieron que esos preparativos no estaban dirigidos a Bitinia sino a la misma Roma. Pelópidas respondió aceptando dejar el pasado en el pasado y aceptar todas las actas romanas en Oriente. Pero insistió en que se debía hacer algo con respecto a los actos de agresión bitinios más recientes: el cierre del Euxino y la invasión y saqueo del territorio póntico. Una vez más llamó a los romanos a honrar la letra del Tratado y ayudar a Mitrídates a castigar a sus atacantes, o al menos a honrar su espíritu y mantenerse al margen mientras el propio Mitrídates se vengaba.

Gracias a la habilidad de Pelópidas para presentar el caso, el intento de Mitrídates de avergonzar e incluso desacreditar a los representantes romanos tuvo éxito. Estos últimos habían hecho como si escucharan con imparcialidad a ambos lados y entonces estaban avergonzados por la evidente injusticia cometida contra un amigo y aliado nominal. Después de una larga demora, finalmente llegaron a un pronunciamiento públicamente aceptable: los romanos no querían que se hiciera daño a su aliado Mitrídates, ni podían permitir que se hiciera la guerra contra Nicomedes porque iba en contra de los intereses de Roma. Pelópidas quiso sacar algo de esa insuficiente respuesta, pero fue expulsado.

Reocupación póntica de Capadocia, verano del 89 AC

Mitrídates sabía lo suficiente sobre el funcionamiento de la política romana para pedir reparación al Senado, si es que estaba realmente interesado. En cambio, quería actuar bajo la escusa de la reciente violación de su territorio. Después del regreso de Pelópidas, envió a su hijo Ariarates a Capadocia con un fuerte ejército. La ocupación se realizó en el verano del 89 AC, fue rápida y una vez más Ariobarzanes I el Filoromaio fue expulsado y se impuso el gobierno del hijo de Mitrídates. Esto violaba tanto la consulta del Senado que autorizaba la misión de Aquilio como el Tratado.

Fue un movimiento estratégico con vistas a un conflicto serio con los romanos: a diferencia de Nicomedes, Ariobarzanes no había hecho nada para ofender. Era pues una declaración de guerra de facto.

Ambos bandos comenzaron a reunir grandes fuerzas para una guerra total, e implica una acción precipitada por parte del rey póntico. En cambio, se envió una delegación póntica a Roma, y la organización de los ejércitos en Anatolia debió ocupar el resto del año. La embajada póntica llegaría a finales del otoño y principios del invierno del 89 AC.

El senado dijo a los embajadores que Mitrídates debía retirarse inmediatamente de Capadocia, restaurar de nuevo en ella a Ariobarzanes y, bajo ningún concepto, emprender acciones contra Nicómedes, no debiendo volver a presentarse ante ellos a no ser que el rey se atuviera a lo ordenado.

Manio Aquilio y Lucio Casio no iban a esperar la respuesta de Mitrídates. Sin esperar a que el Senado o el pueblo decidieran acerca de una guerra de tanta magnitud, reunieron un ejército procedente de Bitinia, Capadocia, Paflagonia y Galacia, e incitaron a Nicomedes rey de Bitinia a invadir el Ponto. Las instrucciones de Mario a Aquilio probablemente eran precipitar la guerra y así presentar al Senado un hecho consumado. Pero la situación actual era aún mejor desde el punto de vista de Mario, ya que la guerra era entonces inevitable, pero aún inminente: lo que le daba tiempo para salir a la provincia de Asia antes de que comenzara, si se apresuraba. Sin embargo, no fue Mario sino Sila, el cónsul recién elegido, quien recibió el mando contra Mitrídates (otoño de 89, probablemente diciembre natural).

La noticia de la segunda expulsión de Ariobarzanes por parte de Mitrídates en julio del 89 AC, debió llegar a Roma en septiembre, uno o dos meses antes de que Sila fuera elegido cónsul con Pompeyo Rufo.

Claramente, la opinión predominante en Roma era que la reocupación de Capadocia era la gota que colmó el vaso y que el rey póntico debía ser atacado y depuesto. Aún más importante, la finalización de la Guerra Itálica, liberaba las tropas necesarias para lograr esto. En cuanto a Sila, se había vuelto a poner en el ojo público gracias a una buena actuación como comandante en la Guerra Itálica. Se había casado recientemente con Metela, viuda del recientemente fallecido princeps senatus M. Emilio Escauro y prima del pretor Metelo Pío y de los jóvenes hermanos Luculo. También era cercano a su colega, Pompeyo Rufo, cuyo hijo ya estaba casado con su hija Cornelia.

El cónsul Aquilio ordenó a su flota al mando de Minucio Rufo y Cayo Popilio, en las proximidades de Bizancio, para custodiar la entrada del Ponto (mar Negro). Según las estimaciones (un tanto exageradas) del historiador romano Apiano, las tropas terrestres para la invasión sumaban más de 175.000 hombres, de los que 12.000 eran legionarios romanos.

A primeros del año 89 AC, las tropas para la invasión se dividieron en 3 contingentes principales:

  • El cónsul Manio Aquilio al mando de 40.000 infantes y 4.000 jinetes se situó en la frontera entre Bitinia y el Ponto, al sur de las montañas Olgassy; se uniría a Nicomedes IV.
  • El gobernador Lucio Casio y otros 40.000 infantes y 4.000 jinetes entre la frontera de Bitinia y Galatia, al sur.
  • Quinto Opio, otro general romano estrecho colaborador del cónsul Aquilio, protegía la ruta hacia Capadocia, al mando de otros 40.000 soldados.
  • La vanguardia de la invasión sería el ejército de Bitinia, 50.000 infantes y 6.000 jinetes bajo el mando directo del rey Nicomedes IV.

Mitrídates reaccionó formando un ejército de 300.000 hombres, 300 navíos, 250.000 infantes incluyendo hoplitas griegos, 50.000 jinetes escitas y armenios, y 130 carros de guerra. Dividió el ejército en dos cuerpos, el primero enviado al noroeste contra Aquilio y los bitinios; el segundo contra Casio la provincia romana de Asia y Cilicia.

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Primera Guerra Mitridática. Movimientos y batallas entre Mitrídates y los romanos

Batalla del río Amnias (88 AC)

Manio Aquilio ordenó a Nicomedes IV de Bitinia que llevara su ejército en dirección a Sinope, mientras él saqueaba todo el reino al paso de sus tropas. Ignoraba el reclutamiento que Mitrídates había realizado entre sus aliados.
Mitrídates tenía 45 años de edad, y escasa experiencia de combate. Para la batalla que se avecinaba, el rey del Ponto tomó el mando personalmente de las tropas que se estaban reuniendo en Sinope.

Según Apiano, la riqueza del reino se reflejaba en las armas y armaduras del ejército del Ponto: cascos y petos de bronce forjado, espadas con empuñaduras ricamente adornadas, escudos adornados con valiosa pedrería, etc.
Arqueros, honderos, peltastas, jinetes de la nobleza persa y Capadocia, arqueros a caballo escitas y sármatas, etc., una variada gama de contingentes reforzaba la poderosa infantería pesada del Ponto.

Tigranes II, aliado de Mitridatres, aportó a su ejército 10.000 jinetes armenios montados en corceles de origen parto. Los 300 buques de la flota de Mitrídates se vieron reforzados por 100 birremes piratas, que mostraban sus proas decoradas con piezas de bronce y oro.

Como comandante supremo de su ejército, Mitrídates iba a decidir qué estrategia se iba a seguir y qué actitud tomar en la batalla, aunque contaba con la colaboración de dos de sus mejores generales que eran hermanos: Arquelao, que tenía cierta experiencia en combate con los romanos, y Neptolemo, que había derrotado a los escitas en su propio territorio. Puso a su hijo Arcatio, al mando de la potente caballería armenia, al general Dorileo el mando de la falange de los mercenarios griegos, y a Crátero al frente de los 130 carros de guerra falcados.

Nicomedes al frente del ejército bitinio que contaba con 50.000 infantes y 6.000 jinetes, cruzó la frontera y avanzó hacia el río Amnias (actual Gok, afluente del Halis, Asia Menor).

Mitrídates que se encontraba en Sinope reuniendo el ejército, se puso inmediatamente en camino para hacerle frente. Arquelao que iba en vanguardia se dirigió contra Nicomedes, cuando ambas fuerzas estaba a la vista, en una llanura junto al río Amnias, el ejército de Nicomedes estaba al completo, mientras que el ejército de Aquelao solamente tenía la infantería ligera, la caballería y los carros falcados; el resto del ejército estaba en camino.

Arquelao inmediatamente mandó una pequeña fuerza para hacerse con una pequeña elevación que dominaba el campo de batalla, pero fueron rechazados por las fuerzas de Nicomedes. Realizaron otro ataque, pero fueron rechazados, siendo obligados a retirarse.

Nicomedes al parecer había desplegado la infantería en el centro y la caballería en las alas, e intentó envolverlos por las alas. Aquelao reaccionó de manera similar, mandó a sus jinetes para que cargasen contra el flanco derecho para evitar el envolvimiento, al mismo tiempo mandó a sus carros falcados cargar por el otro flanco.

Las fuerzas de Nicomedes estaban desorganizadas con el avance y los carros falcados hicieron una masacre, segando miembros de los infantes causando una gran impresión entre sus tropas.

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Carros falcados o escitas de Mitrídates. Llevan el león, símbolo del rey.

Aquelao aprovechó la ocasión y atacó por el centro con su infantería ligera para fijarla hasta que llegase la infantería pesada. La caballería de Nicomedes se retiró a Paflagonia, donde pudo unirse al ejército romano de Manio Aquilio.

La infantería pesada no tuvo tanta suerte, los jinetes y carros les atacaron por retaguardia, siendo derrotados y prácticamente exterminados, menos un pequeño contingente que se rindió al rey del Ponto al anochecer. La falange de Dorileo apenas entró en combate.

Aquelao se hizo con el campamento enemigo, una gran cantidad de dinero y muchos prisioneros, que las tropas de Nicomedes habían saqueado en sus incursiones en Armenia y el Ponto.

Encantado con su victoria, Mitrídates hizo llevar a su presencia a los varios miles de prisioneros que sus tropas habían capturado. En un sorprendente gesto, decidió ponerlos en libertad y permitir que volvieran a sus hogares. Entregó a cada uno de ellos provisiones, ropas y algunas monedas para facilitarles el viaje de regreso.

Sorprendidos por el benevolente acto de Mitrídates, los prisioneros recién liberados aclamaron a Mitrídates como Eupator, «buen padre», y volvieron a sus hogares preocupándose de gritar a los cuatro vientos el comportamiento clemente del rey.

Varios cientos de los prisioneros liberados eran mercenarios de Galatia y Frigia, y no deseaban volver a Bitinia para seguir a las órdenes de Nicomedes o Manio Aquilio, así que aceptaron la oferta de Mitrídates y se unieron al ejército del rey del Ponto.

Bitinia y Paflagonia habían caído bajo control de Mitrídates. Las noticias de la espectacular victoria sobre las tropas de Nicomedes y la consiguiente liberación de prisioneros convencieron a varias ciudades indecisas para unirse a la causa de Mitrídatres, recibiéndole como salvador. Las poblaciones de numerosas ciudades de Anatolia se vistieron con túnicas blancas para rogar al rey del Ponto que les liberase del yugo romano, mientras le aclamaban como a un dios sobre la tierra.

Batalla del Monte Scorabas (88 AC)

Tras haber sido derrotado Nicómedes en las cercanías del río Amnias, se replegó hacia el campamento de Manio Aquilio que se encontraba en el Monte Scorobas, en el límite entre Bitinia y el Ponto.

Mitrídates con su ejército al completo, marchó contra el ejército romano de Manio Aquilio y de Nicomedes. Su vanguardia compuesta por 1.000 jinetes sármatas se topó con 800 jinetes de Nicomedes que protegían al ejército, e hizo prisioneros a algunos de ellos, y de nuevo, Mitrídates permitió a estos retornar con provisiones a sus lugares de origen.

Manlio Aquilio se estaba retirando hacia la fortaleza de Protofacio, pero fue alcanzado y obligado a presentar batalla. Mitrídates atacó por ambas alas con su caballería, (50.000 escitas y armenios) derrotando a los 5.000 jinetes y atacando a la infantería por retaguardia. Aquilio huyó dejando 10.000 muertos y 300 prisioneros, a los que, de manera similar, Mitrídates, cuando los llevaron a su presencia, dejó ir libres, ganándose así el favor popular entre sus enemigos.

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Caballería póntica. Lanceros pónticos con kontos o lanza de acometida sujeta con ambas manos

El campamento romano fue capturado, pero Aquilio consiguió huir hasta el río Sangario, llevó consigo la mayoría del tesoro de que disponía, atravesó el río al llegar la noche y se dirigió a Pérgamo, donde años atrás había ejercido como gobernador de la provincia romana de Asia.

Casio, Nicomedes y los demás generales romanos se trasladaron el campamento a la Cabeza del León, que era una plaza fuerte de Frigia perfectamente protegida. En ese lugar se dedicaron a reclutar e instruir a una muchedumbre de artesanos, campesinos y particulares entre los frigios. Pero, como se mostraban reacios para la milicia, desistieron de conducir al combate a unos hombres ineptos para la guerra y, tras licenciarlos, se retiraron: Casio con su ejército a Apamea, Nicomedes a Pérgamo y Mancino hacia Rodas.

«Este último, después de haberse apoderado, de un solo golpe, de todo el reino de Nicomedes, lo recorrió y arregló los asuntos de las ciudades. Luego, invadió Frigia y se hospedó en un albergue de Alejandro, por considerar que era un buen augurio hospedarse donde lo había hecho Alejandro. Recorrió también en triunfo el resto de Frigia, Misia y aquellas partes de Asia que habían sido ganadas recientemente por los romanos y, enviando embajadas a los países vecinos, sometió Licia, Panfilia y los demás territorios hasta Jonia. A los laodicenses, que habitaban junto al río Lico y que aún se resistían —pues el general romano Quinto Opio había penetrado en la ciudad con jinetes y la defendía—, les dijo por boca de un heraldo, ante sus murallas, que el rey Mitrídates les prometía la inmunidad si le entregaban a Opio. Y ellos, después de escuchar su proclama, dejaron marchar indemnes a los mercenarios de Opio, pero condujeron a éste ante Mitrídates, precedido de sus lictores, en son de burla. Mitrídates no le causó daño alguno, sino que lo llevó por todas partes sin ponerle ataduras, mostrando a un general romano como su prisionero». Texto de Apiano, Sobre Mitrídates.

El general romano Aquilio fue entregado por la ciudad de Pérgamo: »No mucho tiempo después, cogió prisionero a Manio Aquilio, máximo responsable de la embajada y de esta guerra, y lo llevó atado sobre un asno, proclamando, ante todos los que lo veían, que se trataba de Manio, y finalmente, en Pérgamo vertió oro fundido sobre su boca para censurar a los romanos su venalidad. Tras designar sátrapas para varios pueblos, prosiguió su con alegría por todos. Los efesios incluso destruyeron las estatuas romanas que había entre ellos, por lo que no mucho después sufrieron un castigo. A su regreso de Jonia, se apoderó de Estratonicea, le impuso una multa e introdujo una guarnición en la ciudad. En ella vio a una joven de gran belleza y la añadió a su lista de esposas. Su nombre, si alguien tiene curiosidad por conocerlo, era Mónima, la hija de Filopemen. A aquellos de los magnesios, paflagonios y licios que se oponían todavía, los combatió por medio de sus generales«.

El Ponto pasó a controlar Capadocia, Bitinia y la provincia romana de Asia. La mayoría de las ciudades griegas de Asia Menor, pertenecientes al antiguo reino de Pérgamo como la propia Pérgamo, Éfeso y Mileto, recibieron a Mitrídates como un libertador de la explotación romana, e incluso los piratas cilicios entraron al servicio de Ponto.

Mitrídates continuó demoliendo metódicamente el poder romano en Asia menor. Llevó a sus tropas a través de Frigia, Bitinia, Galatia, Capadocia, etc. Confiscó grandes cantidades de oro y plata pertenecientes a los tesoros reales de los reinos que conquistaba, y gran cantidad de material militar, armas de asedio, principalmente.

Mitrídates tomó las armas de asedio y se dirigió a Laodicea. La ciudad era el último obstáculo que se interponía en la conquista total de Frigia. El ejército rodeó la ciudad, y Mitrídates envió un mensaje por el que se comprometía a no causar ningún daño si se les entregaba al general romano y sus soldados.

Los ciudadanos de Laodicea permitieron marchar en paz a los soldados del general Opio; la mayoría se unió al ejército de Mitrídates. Después, expulsaron de la ciudad al general, que paso los siguientes años como sirviente personal de Mitrídates. El rey del Ponto encontraba divertido exhibir al general romano por toda ciudad que pasaba, y le ordenaba afeitarle o vestirle en público, para humillarle.

El «nuevo orden mundial» de Mitrídates estaba cercano a completarse. Aún quedaba algún nido de resistencia de los aliados de Roma en la zona; Patara, Telmesus, Apolonis, Estratonicea, Magnesia, Tabae, etc., y Mitridates envió diversos contingentes para asediarlas y tomarlas.

Las Vísperas Asiáticas (88 AC)

De todas las regiones y aliados griegos, solamente los rodios mantuvieron fieles a Roma. Lo que provocó que los pónticos emprendiesen la guerra contra ellos, tanto por mar como por tierra, pero sin conseguir conquistar la ciudad.

El rey seguía hondamente preocupado por la gran cantidad de romanos que aún residían en Anatolia. Mitrídates iba a continuar la lucha contra Roma, quería dirigirse hacia el oeste, y no quería ningún tipo de resistencia organizada en su retaguardia.

Después de fracasar en sus planes de invadir Rodas, escribió a todas las ciudades griegas de Asia instruyéndolas para que asesinaran a cualquier ciudadano romano que hubiese en Asia.

Según las fuentes históricas alrededor de 80.000 personas fueron ejecutadas en unas jornadas conocidas como las «Vísperas Asiáticas«. Los terribles acontecimientos de ese día en Éfeso, Pérgamo, Adramition, Caunas, Tralles y otras ciudades como Nisa, Apamea, Cnidus, Mileto, Esmirna, Erythrae y las islas egeas de Cos, Lesbos y Chios.

A Manio Aquilio le reservó un final especial en Pérgamo, fundió oro en un crisol, y cuando estaba derretido abrieron las mandíbulas y se lo introdujeron en la garganta. En el año 53 EC, el rey parto Orodes II, copiaba a Mitrídates y ordenaba verter oro fundido en la garganta de otro poderoso romano, Marco Licinio Craso.

Tras la rápida y exitosa expansión del Ponto, buena parte de la Grecia continental que estaba igualmente bajo el yugo de Roma apoyó a Mitrídates.

Tras esto, Arquelao fue enviado a Grecia para tratar de levantarla también contra Roma. En Atenas logró colocar a Aristión como tirano títere y tanto el Peloponeso como Beocia y Macedonia hicieron tratos de amistad con Mitrídates. Tan solamente el general romano Bruto Sura, frenó a Aquelao en Macedonia, evitando que todo el territorio se pasara al enemigo.

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Vísperas Asiáticas en el 88 AC. Genocidio de cien mil romanos en Asia Menor por orden de Mitrídates

Asedio de Rodas por Mitrídates 88 AC

Entretanto, los rodios fortificaron sus murallas y sus puertos y colocaron máquinas de guerra por todas partes, les ayudaban algunos telmiseos y licios. Todos los italianos que habían escapado de Asia se reunieron en Rodas y, con ellos, Lucio Casio, el procónsul de Asia. Cuando Mitrídates navegó contra ellos, destruyeron los arrabales de la ciudad, para que no fueran de utilidad al enemigo y se hicieron a la mar para librar un combate naval con unos barcos dispuestos para atacar de frente y otros, de costado. Pero el rey, que navegaba alrededor de los suyos con una quinquerreme, ordenó a sus barcos que se desplegaran por las alas hacia alta mar y que, forzando la remadura, envolvieran a los enemigos, pues eran inferiores en número.

La armada de Rodas, comandada por el experto almirante griego Damágoras, salió del puerto para atacar a la poderosa flota del Ponto. Pero los rodios, ante el temor de verse rodeados, se replegaron poco a poco, y después, haciendo virar sus barcos, se refugiaron en el puerto, lo cerraron con barreras y combatieron a Mitrídates desde las murallas.

El rey trasladó su campamento cerca de la ciudad, intentando continuamente forzar los puertos; pero, como fracasó en dicho propósito, aguardó a que estuviera presente la infantería procedente de Asia. Mientras tanto, tenían lugar cortas y continuas escaramuzas con los que estaban apostados sobre las murallas; al llevar en ellas los rodios la mejor parte, recobraron poco a poco su confianza y prepararon las naves para atacar a los enemigos, si se les presentaba la ocasión.

Cuando una nave de carga de la flota real pasó navegando a vela junto a ellos, avanzó contra ella una nave rodia de dos bancos de remos. Acudieron con presteza en auxilio de estas naves, otras de ambos bandos. Tuvo lugar un fuerte combate naval en el que Mitrídates agobiaba al enemigo por su ímpetu y el número de barcos; pero los rodios rodearon y embistieron a sus naves con tal habilidad, que regresaron a puerto llevando a remolque un trirreme con su tripulación y muchos mascarones de proa y despojos del enemigo.

En otra ocasión, al ser apresada por los enemigos un quinquerreme, los rodios, desconociendo este hecho, mandaron a buscarla a seis de sus barcos más rápidos bajo el mando de Damágoras. Mitrídates envió contra él a 25 naves y Damágoras se mantuvo en retirada hasta la puesta de sol. Pero, cuando, al oscurecer, las naves del rey dieron la vuelta para emprender el regreso, las atacó, hundió a dos, a otras dos las persiguió hasta Licia y regresó a puerto después de pasar la noche en el mar.

Este fue el resultado del combate naval entre los rodios y Mitrídates, desenlace inesperado para los rodios, a causa de su escaso número de barcos y, para Mitrídates, por el gran número de los suyos. En esa acción, cuando el rey navegaba en torno a sus barcos y apremiaba a los hombres, una nave de Quíos, debido a la confusión, chocó contra el barco del rey con un fuerte impacto. El rey entonces fingió no darse por enterado, pero después castigó al piloto y al segundo de a bordo y, desde aquel momento, siempre mantuvo su odio hacia los de Quíos.

Por aquellos mismos días, un fuerte viento se abatió contra las naves de carga y trirremes que transportaban las tropas de infantería de Mitrídates y las desvió hacia Rodas. Los rodios se hicieron a la mar rápidamente y, atacándolas cuando todavía estaban perturbadas por la tempestad y diseminadas, apresaron a algunas, perforaron otras con los espolones, a otras las quemaron y cogieron 400 prisioneros. Por este motivo, Mitrídates se preparó para otro combate naval y para un asedio al mismo tiempo.

Construyó una sambuca, enorme máquina de guerra que transportó sobre dos naves. Algunos desertores le indicaron una colina fácil de escalar, donde estaba situado el templo de Júpiter Atabirio, rodeado de un muro bajo. Embarcó a su ejército en las naves durante la noche y dio escalas a otros, ordenándoles que avanzaran cada uno en silencio, hasta que algunos les hicieran una señal con fuego desde el monte Atabirio; y que, entonces, todos a la vez, con el máximo ruido que pudieran, atacaran unos los puertos y otros trataran de forzar las murallas.

Así pues, cuando se aproximaban en un profundo silencio, los centinelas rodios los detectaron, e hicieron una señal con fuego y el ejército de Mitrídates, pensando que esa era la señal del monte Atabirio, hicieron un ruido enorme, tanto los que llevaban las escalas como los de las naves. Pero los rodios no se amedrentaron ante ellos, sino que prorrumpieron, a su vez, en otro clamor igual y corrieron en tropel hacia las murallas, el efecto sorpresa había desaparecido. Las fuerzas pónticas no llevaron a cabo ningún intento esa noche y, al día siguiente, fueron rechazadas.

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Asedio de Rodas 88 AC por las fuerzas de Mitridates VI rey del Ponto, se puede apreciar la famosa sambuca utilizada por los pónticos. Autor Adam Hook

Mitrídates decidió entonces poner en juego la sambuca, que fue arrimada junto a las murallas, por donde estaba el templo de Isis, y disparaba, a la vez, muchos proyectiles, arietes y dardos. Además, soldados, en numerosos barcos pequeños, navegaban a su alrededor con escalas para trepar a las murallas por ella. Pero los rodios también resistieron con firmeza este ataque, hasta que la máquina empezó a vencerse a causa del peso y pareció que una aparición de Isis lanzaba una gran cantidad de fuego contra ella.

El asalto había fracasado, y Mitrídates se dio cuenta de que iba a ser imposible tomar la ciudad. Decidió dejar una pequeña guarnición en las montañas y tomo su flota, para navegar hacia las costas de Licia (suroeste de Turquía), dejando flotando en el agua los churruscados restos de la sambuca.

Asedio de Patara

En Licia, Mitrídates y su general Pelopidas decidieron tomar la ciudad de Patara (la Arsinoe griega), un fiel aliado de Rodas y de la república romana. Cerca de Patara se encontraba otro de los templos dedicados a Apolo, con un oráculo casi tan famoso como el de Delfos.

Pero el oráculo del templo de Patara tenía una curiosa forma de conocer el futuro. Valiéndose de una flauta, el oráculo y los adivinos lograban reunir en una pequeña laguna a un grupo de peces. Cuando los tenían agrupados, lanzaban trozos de carne a las aguas de la laguna. Si los peces se la comían, el futuro iría bien. Si los peces usaban sus colas para alejar los trozos de carne, las cosas no transcurrirían bien en el futuro.

Por supuesto, los peces se comían siempre los trozos de carne, el futuro siempre era esplendoroso para quien consultaba al oráculo, y siempre dejaba buenos regalos y espléndidas limosnas.

Además del oráculo de Apolo, Licia era el centro de culto de las “diosas madres” de la zona de Anatolia; Cibeles, Eni, etc., y también era muy importante el culto a Leto, la diosa griega madre de Apolo y Artemisa, que tenía un impresionante santuario (Letoum) en la ciudad de Jantos (Xanthos), muy cerca de Patara.

El santuario a la diosa Leto estaba situado en medio de un enorme bosque, y Mitrídates cometió el error de ordenar a sus hombres talar los árboles, ya que necesitaba la madera para construir nuevas máquinas de asedio. La diosa Leto se le apareció en sueños, para reprenderle por talar los árboles. Mitridates no se tomó en serio el aviso de la diosa, pero a la mañana siguiente comenzó a preocuparse, ya que fue informado que otras islas habían abandonado su causa y se habían pasado al lado de la república romana.

Mitrídates comenzó a ponerse paranoico; diosas enfadadas, mal tiempo, naufragios, malos presagios, etc., todo iba en contra de su plan. Además, sus magos y videntes le advirtieron de que debía empezar a preocuparse seriamente por las Erinias, las Furias, diosas vengadoras que tenían por costumbre perseguir a los asesinos, especialmente aquellos que habían asesinado a su madre o algunos de sus familiares, como era el caso de Mitrídates.

Las tres Erinias (Alecto, Megera y Tisifone), eran muy conocidas y muy temidas en el mundo grecoromano.

Famosos héroes de la mitología griega se habían acercado peligrosamente a la locura debido a la persecución a laque las tres vengativas diosas los habían sometido, con sus cabellos plagados de serpientes y con lágrimas de sangre.

Mitrídates, perfecto conocedor de la mitología griega y temeroso de todos sus dioses (y del pánico que podían causar en sus tropas), se dirigió junto con sus magos a un bosque cercano a la ciudad asediada. Allí se procedió a los sacrificios rituales, varias tórtolas y una oveja preñada.

Según Tito Livio, los brujos de Mitrídates no quedaron satisfechos, e incitaron a Mitrídates a un sacrificio humano, una muchacha virgen.

Al día siguiente, ya con una muchacha en su poder; se volvieron a dirigir al bosque. Cuando el propio rey se disponía a usar su cuchillo en el cuello de la víctima, la muchacha comenzó a reír histéricamente, lo que fue considerado otro mal presagio para Mitrídates, que no vio necesario completar el sacrificio.

Más allá de que el sacrificio de la muchacha virgen no se llevara a cabo, Mitrídates decidió abandonar el asedio de Patara. Tenía la excusa perfecta para presentarla a sus generales; los dioses se lo habían impedido.

Dejando al general Pelopidas continuando la guerra en Licia, ordenó al general Argelao conseguir aliados “ya fuera por la persuasión o la fuerza” en las islas del Ageo.

El rey volvió a Pérgamo, donde se dedicó a fabricar armas, máquinas de asedio, trirremes y reclutar más tropas y mercenarios para su campaña del siguiente año. Aparte del fracaso ante las murallas de Rodas, el imperio de Mitrídates se extendía por todo el mar Negro y la mayoría del oeste de Asia menor, y su armada dominaba el mar Egeo. Seguía recibiendo enormes cantidades de oro de sus aliados y disfrutaba del apoyo total de su pueblo.

Entrada creada originalmente por Arre caballo! el 2016-09-12. Última modificacion 2022-02-09.
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