Edad Antigua Guerras Mitridáticas Primera Guerra Mitridática (90 – 85 AC)

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Antecedentes

Mitrídates VI comenzó su reinado en el Ponto el 112 AC, cuando aún rozaba la veintena, tras asesinar a su madre, la regente durante su minoría de edad, y a su hermano. Era hijo del rey Mitrí­dates V Evergetes. Aconsejado por los mismos asesores de su padre, prosiguió con la política expansionista de su progenitor.

Busto de Mitrídates VI, rey del Ponto

Busto de Mitrídates VI, rey del Ponto

El reino que heredó de su padre estaba ubicado en las costas orientales del Mar Negro de la actual Turquía. Mitrídates ambicionaba expandirse hacia las vecinas Bitinia y Capadocia. Pero como no quería soliviantar a Roma hasta ser lo suficientemente fuerte concentró sus conquistas hacia el noroeste, en las costas de la Cólquida (en la actual Georgia) y más al norte, hacia el Quersoneso (Crimea, Ucrania).

Asia Menor en el 89 AC durante el reinado de Mitridates VI

Asia Menor en el 89 AC durante el reinado de Mitridates VI

Cuando tuvo suficiente poder, atacó y destituyó del trono a su vecino Nicomedes III de Bitinia, protegido de Roma. El senado romano, receloso de la descomedida ambición de Mitrídates mandó restituir al rey bitinio. El joven rey del Ponto, conocedor de su inferioridad frente a las legiones, accedió a someterse al designio de Roma, e incluso colaboró enviando auxiliares. Pero el gobernador de Asía, Manio Aquilio, exigió una indemnización para el rey Nicomedes, petición a la que Mitrídates contestó que él mismo era acreedor de Roma, pues había sobornado a numerosos senadores y no pensaba pagarla.

Enterado Mitrídates de la decisión romana tomada durante la entrevista de Pelópidas con Manio Aquilio y Lucio Casio, gobernador de Asia, envió a su hijo Ariárates, con un gran contingente de tropas, a Capadocia en donde expulsó a Ariobarzanes, instalándole como rey de Capadocia en el 89 AC. Por otro lado, mandó de nuevo a Pelópidas para negociar con los los romanos, que dijeron que Mitrídates debía retirarse inmediatamente de Capadocia, restaurar de nuevo en ella a Ariobarzanes y, bajo ningún concepto, emprender acciones contra Nicómedes, no debiendo volver a presentarse ante ellos a no ser que el rey se atuviera a lo ordenado.

Manio Aquilio y Lucio Casio no iban a esperar la respuesta de Mitrídates. Sin esperar a que el senado o el pueblo decidieran acerca de una guerra de tanta magnitud, reunieron un ejército procedente de Bitinia, Capadocia, Paflagonia y Galacia, e incitaron a Nicomedes rey de Bitinia a invadir el Ponto.

Dividieron dividieron las fuerzas en dos ejércitos cada uno con unos 40.000 infantes y 4.000 jinetes, Nicomedes mandaba otros 50.000 infantes y 6.000 jinetes. También disponían de una flota, al frente de la cual estaban Minucio Rufo y Cayo Popilio, en las proximidades de Bizancio, para custodiar la entrada del Ponto (Mar Negro).

Aquilio avanzaría desde la línea fronteriza de Bitinia y Galacia donde se uniría con Mitridates; Casio se dirigiría desde Capadocia y se uniría a Opio otro general, en las montañas de Capadocia para saquear la zona.

Mitrídates reaccionó formando un ejército de 300.000 hombres, 300 navíos, 250.000 infantes incluyendo hoplitas griegos, 50.000 jinetes escitas y armenios, y 130 carros de guerra. Dividió el ejército en dos cuerpos, el primero enviado al noroeste contra Aquilio y los bitinios; el segundo contra Casio la provincia romana de Asia y Cilicia.

Batalla del rio Amnias (88 AC)

Manio Aquilio ordenó a Nicomedes IV de Bitinia que llevara su ejército en dirección a Sinope, mientras él saqueaba todo el reino al paso de sus tropas. Ignoraba el reclutamiento que Mitridates había realizado entre sus aliados.

Mitridates tenía 45 años de edad, y escasa experiencia de combate. Para la batalla que se avecinaba, el rey del Ponto tomó el mando personalmente de las tropas que se estaban reuniendo en Sinope.

Según Apiano, la riqueza del reino se reflejaba en las armas y armaduras del ejército del Ponto: cascos y petos de bronce forjado, espadas con empuñaduras ricamente adornadas, escudos adornados con valiosa pedrería, etc.

Arqueros, honderos, peltastas, jinetes de la nobleza persa y Capadocia, arqueros a caballo escitas y sármatas, etc, una variada gama de contingentes reforzaba la poderosa infantería pesada del Ponto.

Tigranes II, aliado de Mitridatres, aporto a su ejército 10.000 jinetes catafractas armenios montados en corceles de origen parto. Los 300 buques de la flota de Mitridates se vieron reforzados por 100 birremes piratas,que mostraban sus proas decoradas con piezas de bronce y oro.

Como comandante supremo de su ejercito, Mitridates iba a decidir qué estrategia se iba a seguir y qué actitud tomar en la batalla, aunque contaba con la colaboración de dos de sus mejores generales que eran hermanos Arquelao, que tenía cierta experiencia en combate con los romanos, y Neptolemo, que había derrotado a los escitas en su propio territorio, puso a su hijo Arcatio, al mando de la potente caballería armenia, al general Dorileo el mando de la falange de los mercenarios griegos y Crátero mandaba los 130 carros de guerra falcados.

Nicomedes al frente del ejército bitinio que contaba con 50.000 infantes y 6.000 jinetes, cruzó la frontera y avanzó hacía el río Amnias (actual Gok, afluente del Halis, Asia Menor).

Mitridates que se encontraba en Sinope reuniendo el ejército, se puso inmediatamente en camino para hacerle frente. Arquelao que iba en vanguardia se dirigió contra Nicomedes, cuando ambas fuerzas estaba a la vista, en una llanura junto al rio Amnias, el ejército de Nicomedes estaba al completo, mientras que el ejército de Aquelao solamente tenía la infantería ligera, la caballería y los carros falcados; el resto del ejército estaba en camino.

Arquelao inmediatamente mandó una pequeña fuerza para hacerse con una pequeña elevación que dominaba el campo de batalla, pero fueron rechazados por las fuerzas de Nicomedes. Realizaron otro ataque pero fueron rechazados, siendo obligados a retirarse.

Nicomedes al parecer había desplegado la infantería en el centro y la caballería en las alas, e intentó envolverlos por las alas, y Aquelao reaccionó de manera similar, mandó a sus jinetes para que cargasen contra el flanco derecho para evitar el envolvimiento, al mismo tiempo mandó a sus carros falcados cargar por el otro flanco.

Las fuerzas de Nicomedes estaban desorganizadas con el avance y los carros falcados hicieron una masacre, segando miembros de los infantes causando una gran impresión entre sus tropas.

Carros falcados o escitas de Mítridates. Llevan el león, símbolo del rey.

Carros falcados o escitas de Mítridates. Llevan el león, símbolo del rey.

Aquelao aprovechó la ocasión y atacó por el centro con su infantería ligera para fijarla hasta que llegase la infantería pesada. La caballería de Nicomedes se retiraró a Paflagonia, donde pudo unirse al ejército romano de Manio Aquilio.

La infantería pesada no tuvo tanta suerte, los jinetes y carros les atacaron por retaguardia, siendo derrotados y prácticamente exterminados, menos un pequeño contingente que se rindió al rey del Ponto al anochecer. La falange de Dorileo apenas entró en combate.

Aquelao se hizo con el campamento enemigo, una gran cantidad de dinero y muchos prisioneros, que las tropas de Nicomedes habían saqueado en sus incursiones en Armenia y el Ponto.

Encantado con su victoria, Mitridates hizo llevar a su presencia a los varios miles de prisioneros que sus tropas habían capturado. En un sorprendente gesto, decidió ponerlos en libertad y permitir que volvieran a sus hogares. Entregó a cada uno de ellos provisiones, ropas y algunas monedas para facilitarles el viaje de regreso. Sorprendidos por el benevolente acto de Mitridates, los prisioneros recién liberados aclamaron a Mitridates como Eupator, “buen padre“, y volvieron a sus hogares preocupándose de gritar a los cuatro vientos el comportamiento clemente del rey.

Varios cientos de los prisioneros liberados eran mercenarios de Galatia y Frigia, y no deseaban volver a Bitinia para seguir a las ordenes de Nicomedes o Manio Aquilio, asi que aceptaron la oferta de Mitridates y se unieron al ejercito del rey del Ponto.

Bitinia y Paflagonia habían caído bajo control de Mitridates. Noticias de la espectacular victoria sobre las tropas de Nicomedes y la consiguiente liberación de prisioneros convencieron a varias ciudades indecisas para unirse a la causa de Mitridatres, recibiéndole como salvador. Las poblaciones de numerosas ciudades de Anatolia se vistieron con túnicas blancas para rogar al rey del Ponto que les liberarse del yugo romano, mientras le aclamaban como a un dios sobre la tierra.

Batalla del Monte Scorabas (88 AC)

Tras haber sido derrotado Nicómedes en las cercanías del río Amnias, se replegó hacia el campamento de Manio Aquilio que se encontraba en el Monte Scorobas, en el límite entre Bitinia y el Ponto.

Mitridates con su ejército al completo, marchó contra el ejército romano de Manio Aquilio y de Nicomedes. Su vanguardia compuesta por 1.000 jinetes sármatas se topó con 800 jinetes de Nicomedes que protegían al ejército, e hizo prisioneros a algunos de ellos, y de nuevo, Mitrídates permitió a éstos retornar con provisiones a sus lugares de origen.

Manlio Aquilio se estaba retirando hacía la fortaleza de Protofacio, pero fue alcanzado y obligado a presentar batalla. Mitridates atacó por ambas alas con su caballería, (50.000 escitas y armenios) derrotando a los 5.000 jinetes y atacando a la infantería por retaguardia. Aquilio huyó dejando 10.000 muertos y 300 prisioneros, a los que, de manera similar, Mitrídates, cuando los llevaron a su presencia, dejó ir libres, ganándose así el favor popular entre sus enemigos.

Caballería póntica. Lanceros pónticos con kontos o lanza de acometida sujeta con ambas manos

Caballería póntica. Lanceros pónticos con kontos o lanza de acometida sujeta con ambas manos

El campamento romano fue capturado, pero Aquilio consiguió huir hasta el río Sangario, lo atravesó al llegar la noche y se puso a salvo en Pérgamo.
Casio, Nicomedes y los demás generales romanos se trasladaron el campamento a la Cabeza del León, que era una plaza fuerte de Frigia perfectamente protegida. En ese lugar se dedicaron a reclutar e instruir a una muchedumbre de artesanos, campesinos y particulares entre los frigios. Pero, como se mostraban reacios para la milicia, desistieron de conducir al combate a unos hombres ineptos para la guerra y, tras licenciarlos, se retiraron: Casio con su ejército a Apamea, Nicomedes a Pérgamo y Mancino hacia Rodas.

Este último, después de haberse apoderado, de un solo golpe, de todo el reino de Nicomedes, lo recorrió y arregló los asuntos de las ciudades. Luego, invadió Frigia y se hospedó en un albergue de Alejandro, por considerar que era un buen augurio hospedarse donde lo había hecho Alejandro. Recorrió también en triunfo el resto de Frigia, Misia y aquellas partes de Asia que habían sido ganadas recientemente por los romanos y, enviando embajadas a los países vecinos, sometió Licia, Panfilia y los demás territorios hasta Jonia. A los laodicenses, que habitaban junto al río Lico y que aún se resistían —pues el general romano Quinto Opio había penetrado en la ciudad con jinetes y la defendía—, les dijo por boca de un heraldo, ante sus murallas, que el rey Mitrídates les prometía la inmunidad si le entregaban a Opio. Y ellos, después de escuchar su proclama, dejaron marchar indemnes a los mercenarios de Opio, pero condujeron a éste ante Mitrídates, precedido de sus lictores, en son de burla. Mitrídates no le causó daño alguno, sino que lo llevó por todas partes sin ponerle ataduras, mostrando a un general romano como su prisionero”. Texto de Apiano, Sobre Mitrídates.
El general romano Aquilio fue entregado por la ciudad de Pérgamo: ”No mucho tiempo después, cogió prisionero a Manio Aquilio, máximo responsable de la embajada y de esta guerra, y lo llevó atado sobre un asno, proclamando, ante todos los que lo veían, que se trataba de Manio, y finalmente, en Pérgamo vertió oro fundido sobre su boca para censurar a los romanos su venalidad. Tras designar sátrapas para varios pueblos, prosiguió su con alegría por todos. Los efesios incluso destruyeron las estatuas romanas que había entre ellos, por lo que no mucho después sufrieron un castigo. A su regreso de Jonia, se apoderó de Estratonicea, le impuso una multa e introdujo una guarnición en la ciudad. En ella vio a una joven de gran belleza y la añadió a su lista de esposas. Su nombre, si alguien tiene curiosidad por conocerlo, era Mónima, la hija de Filopemen. A aquellos de los magnesios, paflagonios y licios que se oponían todavía, los combatió por medio de sus generales“.

El Ponto pasó a controlar Capadocia, Bitinia y la provincia romana de Asia. La mayoría de las ciudades griegas de Asia Menor, pertenecientes al antiguo Reino de Pérgamo como la propia Pérgamo, Éfeso y Mileto, recibieron a Mitrídates como un libertador de la explotación romana, e incluso los piratas cílicos entraron al servicio de Ponto.

De todas las regiones y aliados griegos, solamente los rodios mantuvieron fieles a Roma. Lo que provocó que los pónticos emprendiesen la guerra contra ellos, tanto por mar como por tierra, pero sin conseguir conquistar la ciudad. Después de fracasar en sus planes de invadir Rodas, escribió a todas las ciudades griegas de Asia instruyéndolas para que asesinaran a cualquier ciudadano romano que hubiese en Asia. Según las fuentes históricas alrededor de 80.000 personas fueron ejecutadas en unas jornadas conocidas como las “Vísperas asiáticas“. Tras la rápida y exitosa expansión del Ponto, buena parte de la Grecia continental que estaba igualmente bajo el yugo de Roma apoyó a Mitrídates.

Tras esto, Arquelao fue enviado a Grecia para tratar de levantarla también contra Roma. En Atenas logró colocar a Aristión como tirano títere y tanto el Peloponeso como Beocia y Macedonia hicieron tratos de amistad con Mitrídates. Tan sólo el el general romano Bruto Sura, frenó a Aquelao en Macedonia, evitando que todo el territorio se pasara al enemigo.

Asedio de Rodas de Mitridates 88 AC

Entretanto, los rodios fortificaron sus murallas y sus puertos y colocaron máquinas de guerra por todas partes, les ayudaban algunos telmiseos y licios. Todos los italianos que habían escapado de Asia se reunieron en Rodas y, con ellos, Lucio Casio, el procónsul de Asia. Cuando Mitrídates navegó contra ellos, destruyeron los arrabales de la ciudad, para que no fueran de utilidad al enemigo y se hicieron a la mar para librar un combate naval con unos barcos dispuestos para atacar de frente y otros, de costado. Pero el rey, que navegaba alrededor de los suyos con una quinquerreme, ordenó a sus barcos que se desplegaran por las alas hacia alta mar y que, forzando la remadura, envolvieran a los enemigos, pues eran inferiores en número. Por último, los rodios, ante el temor de verse rodeados, se replegaron poco a poco, y después, haciendo virar sus barcos, se refugiaron en el puerto, lo cerraron con barreras y combatieron a Mitrídates desde las murallas. Éste trasladó su campamento cerca de la ciudad, intentando continuamente forzar los puertos; pero, como fracasó en dicho propósito, aguardó a que estuviera presente la infantería procedente de Asia. Mientras tanto, tenían lugar cortas y continuas escaramuzas con los que estaban apostados sobre las murallas; al llevar en ellas los rodios la mejor parte, recobraron poco a poco su confianza y prepararon las naves para atacar a los enemigos, si se les presentaba la ocasión.

Cuando una nave de carga de la flota real pasó navegando a vela junto a ellos, avanzó contra ella una nave rodia de dos bancos de remos. Al acudir con presteza en auxilio de éstas otras naves de ambos bandos, tuvo lugar un fuerte combate naval en el que Mitrídates agobiaba al enemigo por su ímpetu y el número de barcos, pero los rodios rodearon y embistieron a sus naves con tal habilidad, que regresaron a puerto llevando a remolque una trirreme con su tripulación y muchos mascarones de proa y despojos del enemigo. En otra ocasión, al ser apresada por los enemigos una quinquerreme, los rodios, desconociendo este hecho, mandaron a buscarla a seis de sus barcos más rápidos bajo el mando de Damágoras. Mitrídates envió contra él a veinticinco naves y Damágoras se mantuvo en retirada hasta la puesta de sol. Pero, cuando, al oscurecer, las naves del rey dieron la vuelta para emprender el regreso, las atacó, hundió a dos, a otras dos las persiguió hasta Licia y regresó a puerto después de pasar la noche en el mar.

Éste fue el resultado del combate naval entre los rodios y Mitrídates, desenlace inesperado para los rodios, a causa de su escaso número de barcos y, para Mitrídates, por el gran número de los suyos. En esta acción, cuando el rey navegaba en torno a sus barcos y apremiaba a los hombres, una nave de Quíos, debido a la confusión, chocó contra el barco de aquél con un fuerte impacto. El rey entonces fingió no darse por enterado, pero después castigó al piloto y al segundo de a bordo y, desde aquel momento, siempre mantuvo su odio hacia los de Quíos.

Por aquellos mismos días, un fuerte viento de Cauno se abatió contra las naves de carga y trirremes que transportaban las tropas de infantería de Mitrídates y las desvió hacia Rodas. Los rodios se hicieron a la mar rápidamente y, atacándolas cuando todavía estaban perturbadas por la tempestad y diseminadas, apresaron a algunas, perforaron otras con los espolones, a otras las quemaron y cogieron 400 prisioneros. Por este motivo, Mitrídates se preparó para otro combate naval y para un asedio al mismo tiempo. Construyó una sambuca, enorme máquina de guerra que transportó sobre dos naves. Algunos desertores le indicaron una colina fácil de escalar, donde estaba situado el templo de Júpiter Atabirio, rodeado de un muro bajo. Embarcó, por consiguiente, a su ejército en las naves durante la noche y dio escalas a otros, ordenándoles que avanzaran cada uno en silencio, hasta que algunos les hicieran una señal con fuego desde el monte Atabirio, y que, entonces, todos a la vez, con el máximo ruido que pudieran, atacaran unos los puertos y otros trataran de forzar las murallas. Así pues, ellos se aproximaron en un silencio profundo, pero los centinelas rodios, dándose cuenta de lo que ocurría, hicieron una señal con fuego y el ejército de Mitrídates, pensando que esa era la señal del monte Atabirio, hicieron un ruido enorme, tanto los que llevaban las escalas como los de las naves. Pero los rodios no se amedrantaron ante ellos, sino que prorrumpieron, a su vez, en otro clamor igual y corrieron en tropel hacia las murallas. Las fuerzas pónticas no llevaron a cabo ningún intento esa noche y, al día siguiente, fueron rechazadas.

Asedio de Rodas 88 AC por las fuerzas de Mitridates VI rey del Ponto, se puede apreciar la famosa sambuca utilizada por los pónticos. Autor Adam Hook

Asedio de Rodas 88 AC por las fuerzas de Mitridates VI rey del Ponto, se puede apreciar la famosa sambuca utilizada por los pónticos. Autor Adam Hook

Lo que más temor causaba a los rodios era la sambuca que había sido arrimada junto a las murallas, por donde estaba el templo de Isis, y disparaba, a la vez, muchos proyectiles, arietes y dardos. Además, soldados, en numerosos barcos pequeños, navegaban a su alrededor con escalas para trepar a las murallas por ella. Pero los rodios también resistieron con firmeza este ataque, hasta que la máquina empezó a vencerse a causa del peso y pareció que una aparición de Isis lanzaba una gran cantidad de fuego contra ella. Y Mitrídates, habiendo perdido también la esperanza de este intento, se retiró de Rodas.

 

Campaña de Sila en Grecia (87 – 85 AC)

Sila en la primavera del 87 AC, desembarcó en Dirraquio con cinco legiones y algunos auxiliares de infantería y caballería. Sin perder tiempo marchó con sus tropas atravesando Grecia, mandando por delante a Lúculo, que se entrevistó con Bruto Sura, comandante romano de la zona que se unió a él. Tras esto se entrevistó con embajadores de ciudades de Beocia, que inmediatamente se unieron a la causa. Inició una marcha hacia Atenas, tratando de evitar su inferioridad en caballería.

Primera Guerra Mitridática. Campaña en Grecia (87 – 86 AC)

Primera Guerra Mitridática. Campaña en Grecia (87 – 86 AC)

Asedio de Atenas

Cuando llegó a Atenas puso asedio al Pireo defendido por Arquelao y Atenas gobernadas por el tirano Aristión, una marioneta del rey del Ponto. La política de tierra quemada llevada a cabo por Aristión y la consiguiente carencia de madera para construir máquinas de asedio, llevó a Sila a ordenar talar todos los árboles en cien millas a la redonda, quedando el Ática arrasada, entre los árboles talados se encontraron los centenarios de la famosa Academia.

Atenas y el Pireo. Autor Peter Connolly

Atenas y el Pireo. Autor Peter Connolly

Mientras Sila iba cerrando su cerco sobre Atenas, los populares retomaron el poder en Roma, pero continuó con el cerco que quedó completado, y a pesar de varios intentos de romper el asedio, ambas partes se sentaron a esperar. Pronto el campamento de Sila empezó a llenarse con sus partidarios, huidos de las matanzas de los populares en Roma.

Varios ataques y contraataques se sucedieron los siguientes meses, sufriendo graves pérdidas ambos bandos. En el Pireo Arquelao empezaba a verse en peligro y pidió refuerzos, que le llegaron por mar. Sila pidió a Rodas que lo apoyaran con su flota. Sin embargo los rodios estaban imposibilitados ya que que Mitrídates les estaba atacando. Entonces pidió ayuda a Siria y Egipto para formar una flota.

Mientras en Atenas empezaba a cundir el hambre. La situación en el campamento romano no era mucho mejor, Sila contrajo la sarna por las condiciones antihigiénicas de su campamento, por lo que quedó marcado por las ronchas producidas que le acompañarían el resto de su vida. Sila despojó de sus riquezas a los templos de Delfos, Epidauro y Olimpia con la promesa de devolver su valor en cuanto pudiera.

Asedio de Atenas por Sila

Asedio de Atenas en el 86 AC por Sila. Autor Johnny Shumate

Asedio de Atenas en el 86 AC por Sila. Autor Johnny Shumate

Mientras tanto, Arcathias, hijo de Mitrídates, había desembarcado en Macedonia al mando de otro ejército. Subyugó toda resistencia romana en la zona y avanzó contra Sila, pero en mitad del camino lo sorprendió una grave enfermedad y murió cerca de Tisaeus.

Tras el largo asedio, una mina provocó el derrumbe de un lienzo de muralla al sudeste de la ciudad, entre las puertas Sagrada y Piraeica, y Atenas fue expugnada el 1 de marzo del año 86 AC, siendo saqueada. No hubo misericordia para sus habitantes y muchos fueron asesinados. Aristión se refugió en la Acrópolis, donde resistió bastante tiempo, hasta que la sed se hizo insoportable y se rindió, siendo ejecutado.

Según Plutarco: ”…el mismo Sila entró a la medianoche, causando terror y espanto con el sonido de los clarines y de una infinidad de trompetas y con la gritería y algazara de los soldados, a los que dio entera libertad para el robo y la matanza: así, corriendo por las calles, con las espadas desenvainadas, es indecible cuánto fue el número de los muertos..”.

Asedio de Atenas y el Pireo fase final 86 AC

Asedio de Atenas y el Pireo fase final 86 AC. Sila contra Aquelao y Aristón

Así mismo, El Pireo fue tomada al asalto poco tiempo después, Arquelao escapó por mar, para unirse a las fuerzas pónticas conducidas por Taxiles que había relevado a Arcathias, desembarcó en Beocia y rápidamente se dirigió a Tesalia.

Antes de internarse en Beocia para interceptar a estos ejércitos enemigos que se aproximaban desde el norte, Sila ordenó desmantelar los Muros Largos y destruir las fortificaciones y el grandioso arsenal del Pireo, que fue incendiado para evitar que la flota del Ponto desembarcara un ejército a sus espaldas.

Batalla de Queronea (86 AC)

Sila marchó al encuentro de Taxiles y evitó la batalla hasta que encontró un terreno que no favoreciese el uso de la caballería.

El ejército póntico contaba con unos 100.000 infantes, 10.000 jinetes y 60 carros falcados. Por su parte Sila contaba con 5 legiones (20.000) y 20.000 infantes aliados y un número desconocido de jinetes.

Una vez que ambos ejércitos estuvieron cerca, y Arquelao avanzaba hacia Calcis, estableciendo su campamento en una región rocosa cerca de Queronea.

Sila no perdió el tiempo y ocupó una colina llamada Filoboeto, que nacía en las estribaciones del monte Parnaso. Arquelao era partidario de desgastar lentamente a los romanos, pero Taxiles tenía órdenes de Mitrídates decidió atacar inmediatamente.

La posición de Sila era fuerte pero su línea de comunicaciones siguiendo el valle de Cefiso era vulnerable. En primer lugar la salida de la llanura siguiendo el río en dirección a Queronea se hacía a través de un estrecho paso, controlado por la antigua acrópolis de Parapotamos, situada en una elevación. Arquelao mandó a la unidad de los chalkaspides (hipaspistas) a ocuparla pero los silanos se lanzaron a la carrera llegando primero y los rechazaron.

A continuación Sila tomó la ciudad de Queronea, cerrando el paso a Arquelao, éste acampó al sur. Empleó a sus hombres en la excavación de una serie de trincheras para proteger sus flancos contra posibles maniobras y levantar empalizadas en el frente.

Entonces fingió una retirada, abandonando los vados y se atrincheró en la empalizada y las trincheras. Tras éstas estaba preparada la artillería de campaña que ya había sido empleada en el asedio de Atenas.

El flanco izquierdo romano lo mandaba Murena que disponía de una legión y 2 cohortes. Posiblemente estaba algo adelantado y separado de la línea principal romana por el río ya que Sila lo había dejado al principio en la zona del monte Hedylium al cargo de vigilar los movimientos pónticos. La línea principal romana formó en el valle (al sur de Queronea) situándose el propio Sila en el flanco derecho. Finalmente había una reserva al mando de Hortensio y Galba compuesta por varias cohortes y la caballería reunida, situadas en terreno elevado y que debían estar al tanto de un posible movimiento de flanco póntico.

La batalla comenzó cuando mediante el uso de guías locales de Queronea un destacamento ascendió el monte Turio y se situó en posición de enterrar bajo una avalancha de piedras a los pónticos allí establecidos. Los pónticos salieron huyendo chocando algunos con Murena que ya estaba en posición y el resto estorbó a sus propias fuerzas que estaban en proceso de desplegarse.

Arquelao avanzó a través de los vados y trató de flanquear a las fuerzas silanas con su caballería, por ambos flancos, mientras que los carros falcados de Aquelao cargaron por el centro. Cuando chocaron contra las trincheras romanas se hicieron añicos, otros dieron media vuelta y crearon confusión en la falange póntica.

En el ala izquierda romana, Aquelao atacó con 2.000 jinetes y los chalkaspides (hipaspistas). Estos cargaron, pero fueron frenados por 5 cohortes romanas en reserva.

En el ala derecha romana, los pónticos realizan otra carga de caballería, pero son detenidos con la ayuda de dos cohortes de reserva.

Despliegue de fuerzas en la batalla de Queronea 86 AC

Batalla de Queronea 86 AC. Despliegue de fuerzas

Finalmente en el centro se llegó al choque entre la falange póntica y los legionarios romanos. La primera línea del centro póntico la formaban supuestamente 15.000 esclavos liberados armados como falangitas, formando una densa masa de picas a la que los legionarios arrojaban sus pila para después incluso hacer algún intento de abrirse paso con sus espadas entre el bosque de picas pero la falange combatiendo de frente resultaba prácticamente inexpugnable. Dado que la artillería romana se encontraba en una posición algo elevada también pudo arrojar sus proyectiles sobre la masa de las tropas pónticas. Para los esclavos el combate era cuestión de victoria o crucifixión por lo que se mantenían firmes esforzándose en mantener la cohesión de la falange. Por su parte los romanos estaban enrabietados por tener que enfrentarse a esclavos.

En vista del fracaso, Arquelao, decidió llevar más tropas al flanco derecho romano, desguarneciendo el izquierdo. Éstas cargaron, pero tampoco pudieron superar las defensas romanas y sufrieron fuertes bajas bajo el fuego de la artillería romana y una cohorte de reserva que acudió en ayuda.

Sila aprovechó la debilidad del flanco izquierdo, atacó con su caballería reunida, desbaratando el flaco y mandando avanzar a todas sus fuerzas. La matanza fue terrible, y según algunas fuentes sólo sobrevivieron 10.000 soldados de Mitrídates, Sila ordenó degollar a los prisioneros, que algunos elevan a 90.000 hombres.

Batalla de Orcómenos (85 AC)

Tras la derrota de Queronea, Arquelao embarcó las fuerzas que se habían reagrupado en Chalcis y se retiró a la isla de Eubea. Posteriormente, sus 10.000 hombres supervivientes se vieron reforzados con la llegada de un nuevo ejército póntico al mando de Dorilao estimado por los cronistas romanos en unos 80.000 hombres.

Arquelao desembarcó de nuevo en Beocia y Sila se dirigió hacia el sur para enfrentarse a él. Ésta vez, Arquelao había instalado su campamento en la gran llanura de Orcómenos, no lejos de Queronea. Era un terreno amplio aunque en un extremo había un lago y cerca unas marismas. Arquelao no estaba dispuesto a dar batalla otra vez en términos desfavorables y Sila quería liquidar la cuestión rápidamente pues tenía que regresar cuanto antes posible a Roma y recuperar el poder, por ello Sila se avino a situar su ejército en el llano a pesar del riesgo que eso suponía.

Sila tendría entre 1.500 y 2.000 jinetes, la mayoría reclutados localmente; mientras que los pónticos tenían una caballería de unos 15.000 jinetes.

Sila para impedir el uso de la caballería póntica, mandó cavar grandes trincheras (con reductos incluidos) para proteger los flancos del ejército romano.

Viendo que las zanjas podían cercar su campamento, Arquelao decidió un ataque rápido. Varios miles de jinetes salieron velozmente del campamento póntico y se lanzaron contra los trabajadores. La sorpresa fue tal, que tanto los soldados que estaban cavando como las tropas que debían protegerlos, fueron presas del pánico huyendo hacia al campamento romano.

La batalla parecía perdida antes de comenzar y el ejército entero estaba en peligro de salir huyendo y ser masacrado por la caballería enemiga. Sila se lanzó entre los fugitivos con dos cohortes frescas recuperar las trincheras, consiguiendo aglutinarlos y recuperar las trincheras.

Tras un breve descanso, Arquelao se decidió a hacer otro asalto. El ejército póntico se dispuso según salía del campamento de la siguiente manera: a vanguardia los 60 carros falcados, a continuación la falange, en tercera línea auxiliares equipados a la ”romana” (entre los que había esclavos fugitivos) y las tropas ligeras. La caballería se situó en las alas pero sus posibilidades de intentar envolver los flancos romanos estaban muy disminuidas por la presencia de las trincheras.

Por su parte el ejército romano se dispuso en tres líneas de legionarios de acuerdo con la típica triplex acies. Las tropas ligeras y la caballería quedaron a retaguardia pero podían avanzar por intervalos de las formaciones para al frente cuando hiciera falta.

Esta vez los carros falcados si tenían suficiente espacio para coger velocidad y se lanzaron a la carga. La primera línea romana abrió pasillos, desvelando una sorpresa y es que los legionarios de la segunda línea habían plantado numerosas estacas en el suelo a modo de obstáculos contracarro.

Los carros fueron frenados en seco y los escaramuceadores romanos aprovecharon para atacarles y forzarles a retirarse en dirección a la falange que venía detrás.

Batalla de Orcómenos. Disposición de fuerzas

Batalla de Orcómenos 85 AC. Despliegue de fuerzas

Sea por los carros fugitivos o sea porque los nuevos falangistas no estaban suficientemente instruidos, el caso es que la falange entró en pánico y el ejército romano se lanzó a aprovechar la oportunidad. Arquelao tuvo que mandar a la caballería a proteger la huida póntica, ésta peleo duramente pero los romanos lanzaron su propia caballería en apoyo de los legionarios y el resultado fue una gran mortandad entre los jinetes pónticos (incluido Diogenes, un hijastro de Arquelao que se distinguió en el combate). Es posible que los pónticos perdieran ese día 15.000 hombres, 10.000 de ellos sus esforzados jinetes que impidieron con su sacrificio que la derrota fuera total.

Al día siguiente los romanos continuaron su labor en las trincheras, extendiéndolas hasta el punto de que amenazaban con bloquear con ellas el campamento póntico. Arquelao hizo un último intento, animando a sus soldados (que aun superaban en número a los romanos) a luchar de nuevo. El ataque fue rechazado y Sila aprovechó la buena oportunidad para intentar el asalto del campamento póntico. Hubo duros combates pero finalmente los romanos se hicieron con una esquina y abrieron un hueco por el que se lanzaron al asalto.

El ejército póntico fue masacrado bien en el campamento o bien en su intento de huida a través del lago y las marismas. Arquelao pudo ocultarse en las marismas y conseguir finalmente un bote en el que escapar, pero su ejército había sido aniquilado.

Tratado de Dárdanos 85 AC

Cuando Mitrídates se enteró de la nueva y aplastante derrota en Orcómeno y hastiado de haber perdido tantos hombres, envió un mensaje a Arquelao para que este negociara una paz en las mejores condiciones posibles.

Mientras el cónsul Lucio Valerio Flaco rival de Sila en Asia, era un hombre avaricioso y cruel que se ganó la hostilidad del ejército y ya en Grecia, habiendo desembarcado en el Epiro, sus tropas se negaron a combatir, por lo que se retiró al Helesponto. Pero decidió viajar a Calcedonia (zona del actual Estambul) para reclutar auxiliares para su ejército.

Cayo Flavio Fimbria que era partidario de Cayo Mario, aprovechó la ausencia del cónsul Flaco para amotinar a las tropas que se habían quedado en Bizancio. Flaco, al ser informado de este hecho, se volvió para castigar a Fímbria pero fue puesto en fuga por los rebeldes y tuvo que marchar hacia Nicomedia, la capital de Bitinia, para escapar, pero fue perseguido por Fimbria y sus hombres, que descubrieron a Flaco escondido en un pozo. Fimbria decapito a Flaco y lanzó la cabeza al mar, dejando el cuerpo descabezado para que fuera devorado por los animales.

El senado romano retiró el apoyo a Fimbria, que se había colocado fuera de la ley romana, pero disponía de dos legiones. Mitridates se encontraba entonces frente a su peor pesadilla, dos ejércitos romanos, uno en Bitinia, otro en Grecia, cada uno deseando terminar con Mitridates para congraciarse con el senado romano.

Con su línea de aprovisionamiento con Roma rota, Fimbria necesitaba urgentemente conseguir un buen botín para sus legionarios. Y pensó en Pergamon, la capital de Mitridates. Desde Nicomedia hasta Pergamon, los legionarios de Fimbria prácticamente arrasaron la zona, llevándose todo lo que podían transportar y destruyendo y quemando lo que no podían llevarse.

En su camino a Pergamon, las tropas de Fimbria alcanzaron Ilium, la antigua Troya. Los ciudadanos de la ciudad recordaron a Fimbria que, según el mito fundacional de Roma, de Troya había partido Eneas, antepasado lejano de Rómulo y Remo. Por lo tanto, Troya había sido la ciudad origen de Roma, y un romano como Fimbria debía respetar la ciudad.

Fimbria agradeció la información a los ciudadanos, y después les ordenó abrir las puertas de la ciudad. Una vez los legionarios estuvieron dentro, exterminaron a toda la población, hombres, mujeres y niños. Algunos intentaron refugiarse en el templo de Atenea, acogiéndose al derecho de asilo. Fimbria ordeno quemar el templo, y después que sus soldados continuaran hasta quemar la ciudad por completo, después de haberla saqueado.

Mitridates envió a su hijo, Mitridates el joven, al mando de un poderoso ejército, a tratar de detener a Fimbria antes que alcanzara los muros de Pérgamo.

Pero Fimbria emboscó una noche al ejército del Ponto y lo derrotó plenamente,causando más de 6.000 muertos. Tras tantos complots contra su vida, Mitridates ya no confiaba en sus ciudadanos, y temiendo que los de Pérgamo abrieran las puertas a los legionarios de Fimbria, marchó por tierra hasta Pitane, en la costa. Fimbria le persiguió, y puso sitio a la ciudad.

Súbitamente, apareció la flota de Lúculo. Fimbria ordenó a Lúculo bloquear el puerto de Pitane, para evitar que Mitridates volviera a escapar. Pero Lúculo que era leal a Sila y odiaba a los partidarios de Mario. Envió un emisario a Mitridates, inquiriendo si el rey tenía intención de firmar el tratado de paz acordado por Sila y Arquelao.

Era la única salida que le quedaba a Mitridates, era firmar las condiciones del tratado que estaban negociando. Lúculo entonces le permitió salir del puerto de Pitane, en dirección a la isla de Lesbos. Allí se reunió con la flota del Ponto, mandada por el almirante Neptolemo, que le trasladó a Dardano para firmar el tratado.

Ambos personajes se reunieron en la ciudad de Dárdano (en la Tróade), firmando el tratado de Dárdanos: Mitridates se quedaría con su reino y devolvería a Roma la provincia tomada sin entrar en batalla a cambio de medio ejército, 3.000 talentos de oro y 80 trirremes. Sila se comprometió a no tomar represalias contra las ciudades levantadas.