Edad Antigua Guerras Mitridáticas Tercera Guerra Mitridática (75 – 65 AC)

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Alianza de Mitridates con Sertorio

Tras la muerte de Sila en el 78 AC, Roma no tenia quién pudiera garantizar el cumplimiento de los términos del tratado de Dárdanos, tratado que aún no había sido ratificado por el Senado. Mitridates lo sabía, y convenció a su yerno Tigranes, rey de Armenia, para que encabezara la invasión a Capadocia.

El ejercito que logró reunir Tigranes era el más numeroso que se había visto en Asia menor desde los tiempos del rey Jerjes. 120.000 soldados de infantería,varios centenares de carros y una caballería de más de 12.000 jinetes catafractas a lomos caballos niseos ideales para transportar con éxito a los jinetes ayrudzi del rey Tigranes, que combatían al estilo catafracta de los partos.

El general Mitrobarzanes, al mando de la caballería armenia, que también comprendía un contingente de 12.000 arqueros a caballo, cuyas puntas de sus flechas iban a estar humedecidas en varios de los venenos de Mitridates.

Tigranes se puso a la cabeza de sus tropas y se dirigió a Capadocia, que ocupó sin resistencia. Según los términos del tratado secreto entre Mitridates y Tigranes del año 75 AC, Capadocia pasaría a formar parte del reino del Ponto, mientras Tigranes se quedaría con el botín obtenido y los cautivos.

Mitridates VI rey del Ponto y Tigranes rey de Armenia

Mitridates VI rey del Ponto y Tigranes rey de Armenia

Tigranes apresó a más de 300.000 hombres, mujeres y niños. Pero no los convirtió a la esclavitud. Usó a la mayoría para poblar su nueva capital, Tigranocerta.

La guerra civil romana entre optimates y populares había permitido que los piratas se multiplicaran por todas las costas del mar Mediterráneo. Ningún barco romano estaba seguro, y poco a poco los piratas pasaron a controlar todas las rutas marítimas por las que la República comerciaba y se aprovisionaba.

Sertorio envió emisarios a Mitridates proponiéndole una rebelión simultánea en Hispania y Asia menor. Era la última esperanza de la facción popular, Sertorio era un maestro de la emboscada, el engaño y la guerra de guerrillas. El prestigio militar de Sertorio se había extendido por todo el Mediteraneo. piratas, comerciantes, mensajeros procedentes de Hispania cantaban las victorias de Sertorio contra la odiada Republica Romana. Los consejeros militares de Mitridates comparaban a Sertorio con Aníbal, y finalmente Mitridates se convenció de la necesidad de una alianza.

En el año 75 AC, Sertorio tenía alrededor de 50 años de edad, y Mitridates 60. Ambos líderes nunca se habían visto en persona, pero ambos tenían el mismo objetivo, terminar con el poder romano, y creían saber como lograrlo. El futuro de ambos se iba a poner en juego en ambos extremos de la República Romana, en el oeste, en Hispania, y en el este, en Capadocia. Comenzaron las negociaciones entre ambos. Sertorio garantizó a Mitridates la posesión de Bitinia, Capadocia, Galacia y Paflagonia, aunque se reservó para sí el oeste de Armenia, que debería seguir siendo una provincia de Roma.
El tratado, que se mantuvo en secreto hasta varias decenas de años después, fue firmado por Mitridates y los enviados de Sertorio en el reino del Ponto: los senadores romanos Lucio Magius y Lucio Fanio, y el general Marco Vario.

Mitridates pasó todo el verano, el otoño y el invierno consiguiendo enormes cantidades de madera para construir buques y maquinas de asedio, comprando gran cantidad de caballos procedentes de las estepas del norte del mar Negro, fabricando espadas, lanzas y escudos, y eligiendo a los mejores de sus soldados para ser entrenados por oficiales romanos.

Mitridates convocó en el Ponto a contingentes de todas las partes de sus dominios y aliados; Capadocia, la Colquida, Armenia, Escitia, hordas de nómadas a caballo de mas allá del río Don, cálibes expertos forjadores de hierro, heniochi conductores de carros, taurios de Crimea, leucosirios de Capadocia, sármatas de las estepas, tracios desde el Danubio y bastarnas de los Carpatos, y otras muchas tribus más.

Jinetes mercenarios escitas con jinetes griegos uno lancero y otro jabalinero. El jefe escita marcha en cabez

Jinetes mercenarios escitas con jinetes griegos uno lancero y otro jabalinero. El jefe escita marcha en cabeza.

Apiano afirma que Mitridates logró reunir una fuerza de 140.000 hombres de infantería y 16.000 jinetes, apoyados por decenas de miles de bestias de carga y todos los trabajadores necesarios para servir a un ejército tan enorme; porteadores, carniceros, cocineros, obreros para construir caminos, prostitutas, etc.

Ademas, Mitridates disponía de una flota de 400 buques, pero quizá lo más impresionante era el listado de generales de los que disponía: Marco Vario, Magius y Fanio, los tres generales romanos, además de Dorileo, Gordio, Neptolemo, Diofanto, Taxiles, Hermocrates, Alejandro de Paflagonia, Dionisio el Eunuco, Eumaco y Konarix (sátrapas de Galacia), Metrofanes y Aristonico.

Primeros enfrentamientos 74-73 AC

Mientras, en Bitinia, el rey Nicomedes IV aliado de Roma, murió a finales del año 75 AC, sin dejar descendencia. Para evitar luchas internas, dejó a la Republica Romana heredera su reino, y el senado romano envió a un gobernador para tratar de administrar su nueva provincia, el cónsul Marco Aurelio Cota.

Mitridates protestó airadamente al senado romano. La ocupación unilateral de Bitinia por parte de Roma suponía una clara ruptura del equilibrio establecido en la zona por el tratado de Dardano. Mientras el senado romano discutía sorprendido como podía un rey asiático ofenderse por qué no se habían cumplido los términos de un tratado que nunca se había firmado, el rey Mitridates comenzó a acumular enormes cantidades de provisiones y armamento por toda la costa del mar Negro.

En un año normal, Escitia aportaba un tributo al reino del Ponto de 180.000 medimnos (1 medimno = 40 kg) y 200 talentos (1 talento 0 = 32 kg) de plata.

En el año 74 AC, Mitridates exigió a Escitia la entrega 2 millones de medimnos de grano, capaces de alimentar a 300.000 personas durante un año.

El ejército combinado de Mitridates y Marco Vario, (con tropas pónticas entrenadas al modo romano) comenzaron a operar en el este de Anatolia, ocupando las ciudades en las que los romanos habían dejado guarnición. Las ciudades fueron declaradas libres del yugo romano y se les concedió la exención de impuestos durante 30 años.

A principios de la primavera del 74 AC, Mitrídates se apresuró a marchar contra Paflagonia con sus dos generales, y Taxiles y Hermocrates. La marcha del nuevo ejercito de Mitridates por tierras de Bitinia causó el pánico entre los colonos romanos de la zona. El gobernador romano de Bitinia, Marco Aurelio Cota, huyó a Calcedonia, una ciudad situada justo frente a la actual Estambul, en el otro lado del estrecho del Bósforo. Allí se dirigió Mitridates sin perdida de tiempo.

Tercera Guerra Mitridática. Operaciones en el 74 AC

Tercera Guerra Mitridática. Operaciones en el 74 AC

 

Batalla de Calcedonia 74 AC

Miles de ciudadanos romanos se dirigieron también a refugiarse en Calcedonia, pero el gobernador Cota se negó a abrir las puertas de la ciudad. Los refugiados romanos acamparon en las afueras de la muralla de la ciudad, junto con 3.000 hoplitas que la ciudad de Cízico había enviado para reforzar la guarnición, que tampoco pudieron acceder al interior de la ciudad debido al excesivo celo de los guardias en cumplir las órdenes del gobernador Cota.

Cota colocó a sus tropas terrestres en una llanura al este de la ciudad, bajo el mando de su prefecto Nudus. La flota romana, de 64 buques, permaneció en el interior del puerto de Calcedonia.

Asedio y batalla de Calcedonia 74 AC

Asedio y batalla de Calcedonia 74 AC

Mitridates llegó a la ciudad y se detuvo un par de días para estudiar su próximo movimiento. Decidió atacar simultáneamente a la flota romana que se encontraba en el puerto y a las tropas terrestres del prefecto Nudus. Por la noche, una vanguardia de guerreros bastarnas buceó bajo la enorme cadena de bronce que protegía el puerto de Calcedonia y prendieron fuego a 4 de los mejores buques de la flota romana. En el combate naval que se produjo a continuación, y con la flota romana incapaz de maniobrar en el interior del puerto, mas de 3.000 marineros romanos y calcedonios murieron quemados o ahogados, frente a 20 bastarnas. Los 60 buques romanos cayeron en manos de las tropas de Mitridates.

En tierra, Taxiles y Hermocrates, los generales de Mitridates, dirigieron las tropas del Ponto que atacaron la posición de Nudus, que contaba con una legión y los 3.000 hoplitas de Cízico. Poco a poco, fueron obligados a retroceder hacia las murallas de la ciudad, que seguía con las puertas cerradas.

Solo pudieron salvar sus vidas el prefecto Nudus y algunos de sus oficiales, que fueron izados con cuerdas hasta el interior de la ciudad. Las tropas romanas y los civiles que permanecían acampados en el exterior de la muralla fueron masacrados por las tropas de Mitridates, que causaron mas de 5.000 muertos y capturaron a otros 5.000 prisioneros. Pero las tropas de Mitridates no pudieron superar la muralla de Calcedonia.

 

Asedio de Cízico 74 AC

Mitridates dejó una pequeña guarnición en las cercanías de Calcedonia, y se dirigió con el grueso de su ejército hacia Cízico, en la Propontide. Pensaba utilizar el gran puerto fortificado de la ciudad como base para una futura invasión de Grecia.

Mientras tanto, en Roma, Lucio Licinio Lúculo, el protegido de Sila, habia sido nombrado cónsul del año 74 AC. Celoso de los éxitos que su rival Pompeyo estaba logrando en Hispania combatiendo al rebelde Sertorio, Lúculo maniobró políticamente en el senado romano para ser nombrado encargado de suprimir la rebelión de Mitridates. Tras terminar su periodo como cónsul, fue nombrado procónsul de Cilicia y se le encargó la tarea de dirigir la guerra en Asia Menor.

El senado le concedió 3.000 talentos para reclutar una flota, pero Lúculo afirmó que no necesitaba una flota para derrotar a Mitridates, y empleó los 3.000 talentos para reclutar 3 legiones. Se dirigió hacia Anatolia, y allí tomó el mando de las 2 legiones que anteriormente habían estado bajo el mando del cónsul Fimbria y del cónsul Lucio Valerio Flaco. Ambas legiones habían sobrevivido en Anatolia a base de saquear toda la zona, y habían entrado en un periodo de constantes motines, deserciones en masa e insubordinaciones constantes.

Los oficiales y espías de Lúculo le alentaron a atacar directamente el Ponto, indefenso tras la partida del ejercito de Mitridates hacia Bitinia. Lúculo sabia que su ejercito, en total unos 30.000 infantes y 2.500 jinetes, iba a estar ampliamente superado numéricamente, y además no tenia excesiva confianza en las dos legiones que había encontrado en Anatolia.

Mitridates buscaba una batalla decisiva y envió a una parte de su ejercito a provocar a Lúculo. Envió al general romano Marco Vario al mando de buena parte de la caballería a la llanura de Otryae, en el sur de Bitinia, entre Nicea y Prusa.

Ambos ejércitos chocaron allí, y mientras estaban enzarzados en combate, un gran objeto de color plateado cayó del cielo sobre el campo de batalla. Según Plutarco, la sorpresa fue tal que ambos ejércitos dejaron de combatir y se retiraron a sus respectivos campamentos.

Según Plutarco, ambos bandos vieron en la caída del meteorito un mal presagio. La aparición de un bólido dejando su estela por los cielos era un buen presagio, pero su caída a la tierra no lo era.

Mientras Lúculo y sus legiones se entretenían con las tropas de Mitridates en Frigia, el rey del Ponto se había dirigido a Cízico con el grueso de su ejercito, y había puesto a la ciudad bajo asedio. Envió a la flota del almirante Metrofanes a bloquear el puerto, mientras su ingeniero jefe Niconides dirigía la construcción de torres y otros ingenios de asedio.

En primer lugar cerró el puerto marítimo con una doble línea marina, y luego trazó una línea de circunvalación alrededor del resto de la ciudad. Levantó las rampas, construyó maquinas, torres de asedio, arietes y tortugas. Luego construyó una maquina de asedio de 50 metros de altura, en la que a su vez se elevaba una torre, en la que situaron algunas catapultas para lanzar piedras y proyectiles de todo tipo. Unieron dos quinquerremes entre sí, en donde montaron una sambuca o puente levadizo móvil que se bajaba para dar acceso a las murallas desde el mar.

Cuando todo estuvo listo, Mitrídates envió inicialmente contra la ciudad, a bordo de algunos barcos, 3.000 habitantes de Cícico que habían hecho prisioneros. Estos levantaron las manos hacia las murallas de la ciudad suplicando por sus vidas, pero Pisístrato, el general de ciziceno, les contestó que debían ser valientes y enfrentarse a su destino.

Sambuca póntica

Cuando este intento fracasó, Mitrídates hizo avanzar la sambuca, que dejó caer el puente levadizo sobre las murallas, y sus soldados en fila empezaron a subir. Los cizicenos se quedaron en un principio, con la boca abierta por el nuevo dispositivo, pero más tarde se animaron y lograron repeler el primer asalto de los soldados, poco después de que lanzaron fuego contra las dos naves, obligando al enemigo a alejarse.

Mientras todas las máquinas de asedio en tierra realizaron un asalto continuo contra las murallas de la ciudad, donde consiguieron romper algunas partes de las murallas con arietes, aunque los residentes trataron de amortiguar los golpes con cestas de lana. También apagaron las flechas incendiarias con vinagre y agua, en otros casos se trató de mitigar la fuerza destructiva de las piedras lanzadas por las máquinas de asedio, situando sacos terreros frente a las casas de la ciudad. Los habitantes también consiguieron reconstruir los lienzos de muralla derribados durante la noche.

Asedio de Cízico 743 AC.

Asedio de Cízico 743 AC. Las fuerzas de Mitridates rodean la ciudad, mientras Lúculo con 5 legiones, se sitúa en una elevación en las inmediaciones para cortarle el suministro

Lúculo llegó en auxilio de la ciudad unos días después. Pero su ejército seguía siendo muy inferior numéricamente al ejército de Mitridates, y optó por tomar una táctica prudente. Colocó a sus 5 legiones en una posición defensiva en las laderas de las montañas de Adrasteia, para desde allí amenazar las líneas de comunicaciones y aprovisionamiento de Mitridates. Su estrategia era que “vencer al enemigo sin luchar.

La táctica de Lúculo funcionó. Aunque Mitridates controlaba la costa, no disponía de un puerto lo suficientemente grande para que su enorme ejercito pudiera ser aprovisionado por mar. Y las tropas de Lúculo impedían que los forrajeadores de Mitridates pudieran salir de la llanura cercana a Cízico para conseguir las provisiones y el forraje suficiente para mantener alimentado a las tropas y los animales.

Los repetidos intentos de asalto de la ciudad por tierra y mar no tuvieron éxito. Los ciudadanos de Cízico lanzaban brea ardiendo sobre los barcos de la flota de Mitridates, incendiando una docena de ellos y dañando seriamente otros tantos. Además, Lúculo pudo infiltrar en la ciudad un buen número de ingenieros de sus legiones, que contribuyeron decisivamente a reforzar las defensas y las murallas contra los repetidos asaltos. Se construyeron enormes cantos rodados en el interior de la ciudad, que se lanzaban desde lo alto de las murallas contra las torres de asedio, y se utilizaron grandes garfios para atrapar y desmantelar los arietes. Se colocaron pieles mojadas con vinagre sobre puertas y portones, para repeler las sustancias combustibles y el fuego de las flechas de los arqueros de Mitridates.

Mitridates construyó calzadas hacia los murallas de la ciudad, y comenzó a construir torres y una serie de túneles para minar las murallas.

 

Batalla del río Rindaco o Rindacus 73 AC

El invierno llegó, y los problemas de aprovisionamiento para Mitridates aumentaron. La poca hierba disponible para los caballos se congeló, y las enfermedades a causa de los miles de cadáveres insepultos comenzaron a afectar gravemente al ejército asediador. A falta de otra cosa, los soldados comenzaron a comer hierbajos, pieles de camello y caballo, y, según Plutarco, incluso los cadáveres de sus camaradas.

Para tratar de salvar su caballería, Mitridates la envió al otro lado de las montañas, junto con multitud de soldados heridos y enfermos. Miles de famélicos caballos, cientos de mulas de carga y camellos de Bactria salieron una noche del campamento de Mitridates y tomaron al ruta que rodeaba el monte Dindimus (la montaña sagrada de la diosa Cibeles ), tratando de evadir la vigilancia romana. Entre la nieve y el hielo en las montañas, la caravana se dirigió en silencio hacia el rio Rindacus. Pero habían sido detectados.

Lúculo dispuso una fuerza de 5.000 soldados, que siguió a distancia segura a la caravana. Cuando esta llegó al río Rindaco o Rindacus y se dispuso a cruzarlo, los soldados romanos cayeron por sorpresa sobre el grupo.

No hubo opción para las tropas de Mitridates. Enfermos y heridos, 15.000 de sus soldados cayeron en manos de los romanos, además de 6.000 caballos y mulas de carga y un par de centenares de camellos. Para la mayoría de los legionarios romanos, era la primera vez que veían a tal animal.
Para desmoralizar al enemigo, Lúculo hizo desfilar a sus 15.000 prisioneros y los animales capturados a la vista de los hambrientos soldados de Mitridates.

 

Batalla de Lemnos 73 AC

A mediados del invierno del año 73-72 AC, después de que los habitantes de Cízico consiguieran quemar las máquinas de asedio, Mitridates decidió abandonar el asedio. Tras repetidos intentos de asalto por tierra y mar, las tropas pónticas habían sido rechazadas por los defensores una y otra vez.

La falta de alimentos, los rigores del invierno y la presión de los legionarios de Lúculo sobre la retaguardia de Mitridates obligaron al rey a tomar la decisión.

Una noche tomó a su escolta y embarcó en uno de los barcos de su flota, dirigiéndose a continuación al Helesponto. La infantería de su ejército intentó huir esa misma noche, tratando de evitar las patrullas romanas en completo silencio. Pero cuando intentaban vadear el río Gránico, el sonido del agua y el entrechocar de las armas alertó a los centinelas romanos, que dieron la alarma. Lúculo envió a su caballería en persecución de los escapados.

Ateridos de frío, hambrientos y agotados, poco pudieron hacer para defenderse. Mas de 20.000 infantes del ejercito de Mitridates murieron, y cerca de 10.000 fueron capturados. El resto apenas pudo llegar a refugiarse en Lampsaco, de donde fueron rescatados por los piratas aliados del rey.

Cuando Lúculo tuvo conocimiento de la huida de Mitridates casi enloqueció de ira, y envió a sus tropas a exterminar a las decenas de miles de civiles que aun permanecían, desarmados e indefensos, en el campamento de Mitridates ante las murallas de Cízico.

Decenas de miles de esclavos, miles de mujeres y niños, las familias de los soldados del ejercito de Mitridates que habían seguido a sus esposos y padres fueron asesinados mientras los frustrados legionarios saqueaban lo poco que quedaba en el campamento.

Lúculo entró en entre las aclamaciones de sus habitantes, que le colocaron la corona de laurel por su victoria. Desde allí Cízico y tras unos días de descanso, puso a todas sus tropas a construir una potente flota, aprovechando las excelentes instalaciones portuarias de Cízico.

Por su parte, Mitridates había navegado hacia Nicomedia, dejando 50 de sus barcos y 10.000 soldados al mando de Marco Vario (el general enviado por Sertorio), Alejandro de Paflagonia y Dionisio el eunuco, para tratar de bloquear el estrecho del Helesponto y evitar la entrada en el mar Negro de la flota romana.

Lúculo había logrado reunir una flota de la provincia de Asia, y se había distribuido entre sus legados. Cayo Valerio Triario navegó a Apamea que poco después de ocuparla, mató gran número de habitantes que se habían refugiado en los templos de la ciudad. Barbato presentó Prusa, que se encuentra en la base de una montaña, y luego también tomó Nicea, que había sido abandonada por la guarnición mitridática. Mientras tanto, en el puerto de los aqueos (cerca de la antigua Troya), Lúculo consiguió capturar 13 de las naves enemigas y a su comandante Isidoro. había enviado su flota en persecución de la flota de Marco Vario, a la que diviso atracada en Lemnos. Incapaz de maniobrar en las poco profundas aguas cercanas a la isla, desembarcó a la infantería en el lado opuesto de la isla. Mientras atacaba con su flota a los barcos de Marco Vario, la infantería romana atacó por la retaguardia, en un movimiento de pinza que atrapó a los hombres de Mitridates, que fueron rodeados y prácticamente exterminados. Solo unos pocos pudieron escapar e internarse en la isla.

Lúculo quería capturar vivos a los generales de Mitridates, para trasladarlos a Roma y así poder celebrar el triunfo que sin duda le sería concedido por el Senado. Se otorgaba el triunfo si un general al mando de las tropas romanas conseguía matar al menos a 5.000 enemigos en un solo combate en tierra extranjera y las tropas le aclamaban imperator.

Los soldados de Lúculo descubrieron a Marco Vario, Dioniso el eunuco y Alejandro de Paflagonia ocultos en una cueva. Mitridates siempre surtía con bolsitas de veneno a sus oficiales de más alta graduación para esa clase de emergencias. Dioniso el eunuco utilizo su veneno y murió instantáneamente, pero los otros dos fueron apresados con vida.

Lúculo ordenó cargar de cadenas a Alejandro y mantenerlo con vida, pero ordenó ejecutar inmediatamente al general Vario, ya que consideraba impropio y demasiado humillante para un senador romano el tener que desfilar como derrotado en un triunfo.

Lúculo envió a Voconius, uno de sus mejores generales, a Nicomedia, con el encargo de buscar y encontrar a Mitridates, y capturarlo con vida. Y al mismo tiempo envió una misiva al senado romano, anunciando su victoria total por anticipado sobre el rey del Ponto. Pero su confianza puesta en Voconius fue traicionada por éste, que en vez de dirigirse a Nicomedia, navegó hasta Samotracia, para iniciarse en el culto y los misterios de los dioses Cabiros.

Mientras tanto, Mitrídates cuando navegaba al Ponto, fue sorprendido por una terrible tormenta en la que perdió alrededor de 10.000 hombres y 60 naves, mientras que el resto de la flota se dispersó por todo el fuerte viento. Plutarco dice que tuvo que abandonar su barco que se hundía y refugiarse ,en un pequeño barco pirata aliado.

Consiguió llegar a Heraclea del Ponto. Allí recibió el refuerzo de unos 60 barcos de la flota del pirata Seleuco de Cilicia. Dejó en Heraclea una guarnición de 4.000 hombres al mando del gálata Konnarix. Mitridates con su renovada flota zarparon hacia la capital del reino, Sinope.

Tercera Guerra Mitridátic. Operaciones 73 al 71 AC

Tercera Guerra Mitridática. Operaciones 73 al 71 AC

Asedio de Temiscira 71 AC

Desde Sinope, Mitridates se dedicó a enviar emisarios a todos aquellos reyes y nobles que pudieran ayudarle; a su hijo Mazaares, virrey del reino del Bósforo; a su yerno Tigranes II rey de Armenia, a las tribus de Crimea, por último envió a Diocles con una gran cantidad de oro y otros regalos a los escitas, pero este último se quedó con el oro y huyó después a los romanos. A principios del año 71 AC, marchó hacia Kabeira, para reclutar un nuevo ejercito desde allí.

Ni Mazaares ni Tigranes respondieron a la solicitud de ayuda de Mitridates. Pero si lo hicieron desde Escitia y Armenia, con lo que en pocos días Mitridates ya disponía de 40.000 soldados de infantería y 4.000 jinetes, que puso bajo mando del general Dorileo.

Mitridates envío un contingente para defender Sinope, y colocó otros grupos más pequeños en la ruta hasta Kabeira, para tratar de anticipar y más tarde entorpecer la llegada de las tropas de Lúculo, seguramente a principios de la primavera.

Pero Lúculo tenía otros problemas mas acuciantes. Había declarado antes de tiempo la victoria sobre Mitridates, y cuando llegó a Roma la noticia de la nueva amenaza del rey del Ponto, su prestigio cayó en picado.

La caída en desgracia de Lúculo fue ampliamente aprovechada por su mayor rival, Pompeyo, que no solo había terminado con el insurgente Sertorio en Hispania sino que además se había atribuido todo el merito del fin de la revuelta de esclavos del tracio Espartaco, que había muerto en combate antes de ver a 6.000 de sus seguidores crucificados a lo largo de la vía Apia por Craso.

Lúculo tenía serios problemas de disciplina entre sus legionarios, enojados y desmoralizados por que se les había prohibido ejercer el pillaje sobre las ciudades conquistadas. Además, su línea de aprovisionamiento principal desde los puertos de Cilicia se veía constantemente atacada por los gálatas. Y muchos de sus oficiales le incitaban a abandonar la guerra y volver a Roma.

Ante tanta dificultad, Luculo decidió atacar. Sabía que la única manera de detener a Mitridates era terminar físicamente con él. Y decidió invadir el Ponto. Para resolver el problema de los gálatas atacando su ruta principal de suministro, decidió contratar a 30.000 porteadores gálatas para que cada uno de ellos transportara sobre sus hombros un saco de trigo, desde los puertos de Cilicia a través de Galacia y Bitinia hasta el reino del Ponto. Lúculo entró en el Ponto y saqueó todo a su paso, poniendo sitio a las ciudades de Amisus y Eupatoria.

La primera etapa de la campaña de Lúculo en el Ponto transcurrió de forma favorable para los intereses de Roma. Los legionarios consiguieron tal cantidad de botín y prisioneros que su valor disminuyo drásticamente. EL precio de un esclavo varón adulto, que a principios de la campaña costaba 4 dracmas, pasó a costar un solo dracma, la paga diaria de un legionario romano. Tanta era la cantidad y el valor de los objetos saqueados que a menudo eran abandonados por los legionarios, que no podían transportar tal cantidad y se deshacían de los objetos menos valiosos.

Lúculo dejó varios contingentes asediando Amisus y Eupatoria, y envió una legión completa a tomar la legendaria ciudad de Temiscira, a orillas del río Termodón. En Temiscira, los legionarios intentaron tomar la ciudad por asalto construyendo gran cantidad de grandes túneles debajo de las murallas aguantados por columnas de madera, que después llenaban de paja, yesca y madera embadurnada de brea realizaban unos cuantos respiraderos para aportar oxigeno fresco, y prendían fuego al combustible, para que al quemarse las pilastras de madera, la muralla se desplomase.

Parece ser que los temisciranos respondieron de una forma ingeniosa, introducían enormes cantidades de furiosas abejas en los túneles, y mientras los romanos se encontraban ocupados tratando de evitar las picaduras de los molestos insectos, entonces introducían todo tipo de animales salvajes como lobos, osos, zorros, jabalís, serpientes mortales, etc, causando el caos entre los legionarios y obligándoles a abandonar el túnel a la carrera.

 

Batalla de Cabira 71 AC

Cuando llegó la primavera, Lúculo dejó Murena en la tarea de completar el cerco de Amiso, y marchó a través de las montañas contra Mitrídates. Mientras tanto Mitrídates había encargado a un miembro de la familia imperial, llamado el Fénix, para mandar un contingente de avanzada, que construyese torres de señales que con fuego diesen la alarma al acercarse los romanos.

Mientras, Lúculo y las otras dos legiones continuaban la ruta por las ciudades del norte del reino de Mitridates durante el otoño y el invierno del año 72 AC, entraron en el territorio de las tribus de los cálibes y los tibareni. Allí, en las cercanías de la ciudad de Kherasion, descubrieron los romanos un extraño fruto de color rojo, la cereza, totalmente desconocida hasta entonces en occidente. Lúculo decidió hacer acopio de arboles de cerezo para enviarlos a Roma, al igual que Alejandro Magno había hecho siglos antes, cuando desde Armenia había enviado a Macedonia los primeros arboles de albaricoque que llegaron a Europa. Pero, en opinión de sus legionarios y oficiales, Lúculo estaba perdiendo el tiempo recolectando arboles y pensando en la mejor y más rápida manera de hacerlos llegar a Roma. Pero en realidad Lúculo no quería atacar frontalmente a Mitridates por que temía una posible alianza del Ponto con Armenia y su rey Tigranes.

En la primavera del año 71 AC, las tropas de Lúculo finalmente partieron hacia Cabira. Avisado por su hijo bastardo Fénix, líder de las tropas del Ponto en Cabira, Mitridates se puso a la cabeza de 4.000 jinetes escitas, cruzó el rio Lico y atacó a las 2 legiones de las que disponía Lúculo.

El primer choque fue favorable a la caballería de Mitridates, que hizo retroceder a los legionarios. Lúculo estaba en un serio aprieto. La caballería de Mitridates dominaba el campo de batalla y podía cortar con facilidad las rutas de suministro de las legiones. Ademas, el asalto de Cabira era muy complicado, ya que la ciudad se encontraba en medio de altas montañas y espesos bosques, en los que era sumamente difícil desplegar las legiones con efectividad.

Los espías de Mitridates en el campamento romano le informaron de la marcha a Capadocia de 10 cohortes bajo el mando de un tal Sornacio, para conseguir grano a toda costa. Era una oportunidad que Mitridates no quería desaprovechar.

Mitridates envió al general Menandro al mando de un potente contingente de caballería escita para atacar el convoy romano a su vuelta de Capadocia, cuando se desplazaría lentamente a causa de los carros cargados con grano. Pero Menandro cometió un error, no tuvo paciencia para esperar a que el convoy romano transitara por algún camino montañoso, en donde seria más fácil romper las lineas romanas.

Menandro decidió atacar el convoy en plena llanura. Las cohortes romanas pudieron desplegarse con su eficacia habitual, y las constantes cargas de la caballería de Menandro fallaron una y otra vez en su intento de romper las líneas de legionarios que defendían los carros cargados de provisiones. Derrotados, los jinetes escitas de Menandro volvieron al campamento de Mitridates, y trataron de excusar su derrota inventando la aparición por sorpresa de un inexistente ejército romano en la zona.

La preocupación de Mitridates aumentó considerablemente. Sin la caballería escita, la infantería del Ponto apenas podría oponer resistencia a los experimentados legionarios romanos. Y cuando Lúculo recibiera la noticia de la derrota de la caballería de Menandro, sin duda intentaría el ataque sobre Cabira. Esa misma noche, Mitridates convocó a su consejo real y a sus generales en su tienda. Todos estuvieron de acuerdo en que la retirada era la única opción. El plan que propuso Mitridates fue dirigirse a la fortaleza de Comana para reagruparse allí ,y después dirigirse a Armenia para solicitar ayuda al rey Tigranes. Al mismo tiempo, Mitridates encargo al eunuco real, Baquidas, dirigirse a la fortaleza de Farnacia y acabar con la vida de las integrantes del harem real antes que las tropas romanas llegaran allí.

Antes del amanecer, cada soldado del ejército de Mitridates debía cargar sus posesiones en caballo o mula, y comenzar a salir de Cabira en completo silencio. Pero los miembros de la corte de Mitridates, sus consejeros y oficiales de mas alto rango decidieron salir en plena noche, anticipándose a las órdenes recibidas. Los soldados de Mitridates creyeron que sus oficiales les estaban abandonando, y corrieron a las puertas de la ciudad.

El pánico se extendió como un reguero de pólvora,y en el tumulto consiguiente el general Dorileo y otros importantes miembros de la corte de Mitridates fueron asesinados por los soldados. Mitridates logró salir de Cabira y tomar el camino hacia Comana, pero había perdido su caballo y la mayoría de las riquezas que llevaba consigo.

Cuando Lúculo recibió la noticia de la partida de Mitridates y su ejército, ordenó a su caballería salir en persecución de los fugitivos, con la orden de capturar vivo al rey. El mismo Lúculo se puso a la cabeza de las legiones, y asaltó directamente la ciudad.

Los soldados de Mitridates y los civiles que no habían podido huir intentaron una defensa desesperada, pero tras unos minutos de lucha, la ciudad se rindió. Lúculo prohibió el saqueo y la matanza de los civiles. Pero sus legionarios, hambrientos, cansados por la larga campaña y resentidos con su general desobedecieron las órdenes recibidas y se lanzaron al saqueo de las muchas riquezas de Cabira.

Mientras, el eunuco Baquidas había llegado a Farnacia, y cumplido con su funesto cometido. Muchas mujeres que formaban parte del harem de Mitridates, fueron asesinadas, así como dos de las hermanas del rey, Roxana y Estatira que estaban solteras, y dos de sus esposas, Berenice de Quíos y Monime de Mileto. Cuando los comandantes de Mitrídates en la guarnición vieron esto, se rindieron en masa a Lúculo, excepto unos pocos. Una vez ocupada Cabira y la mayoría de las fortalezas, se encontraron con grandes tesoros, y muchos prisioneros, entre ellos muchos griegos.

Mientras los legionarios de Lúculo se ocupaban de suprimir todo intento de resistencia de los derrotadas tropas de Mitridates que trataban de huir hacia las montañas del centro del Ponto, el rey Mitridates en su ruta hacia Armenia, con su escolta, llegó a Comana, en donde estaban esperando 2.000 jinetes al mando del general Taxiles. Desde allí se dirigieron a la fortaleza de Talaura, en donde previamente se habían ocultado gran numero de joyas y oro. se dirigieron a galope hacia Armenia, donde pensaba solicitar la ayuda del rey Tigranes II.

Con la flota del Ponto en franca inferioridad en el mar Negro y con su ejercito terrestre prácticamente desmantelado, Mitridates confiaba en la capacidad negociadora de su hijo Mazaares y en las buenas relaciones que mantenía con los romanos para tratar de llegar a algún acuerdo que evitara la completa desaparición de su reino. Y su única esperanza para su propia supervivencia personal era el rey Tigranes, su yerno, en quien confiaba para ayudarle a recuperar sus dominios.

Mientras, Lúculo se dedicaba a tomar todos los puntos fuertes del Ponto. El palacio real de Mitridates en Eupatoria fue capturado sin lucha. En Sinope, Mitridates había dejado al mando de los defensores al eunuco Baquidas y al pirata Seleuco de Cilicia. Los defensores resistieron bravamente los asaltos romanos hasta que la resistencia se hizo imposible. Entonces, Seleuco ordenó quemar su flota, excepto un birreme y ambos, Baquidas y Seleuco, zarparon una noche y navegaron hacia la Colquida.

Lúculo prohibió el saqueo de la ciudad, pero los enfadados legionarios pagaron su frustración con los civiles de Sinope, asesinando a mas de 8.000. Lúculo decidió quedarse para sí con los mejores y mas valiosos tesoros que Mitridates tenía en la ciudad, incluyendo una extensa biblioteca, piezas de arte e instrumentos científicos.

Según Estrabon en su obra ”Geografía”, entre los numerosos tesoros se encontraban dos piezas singulares; una valiosa estatua del fundador de Sinope, Autolico el Argonauta (los ciudadanos habían intentado ocultar la estatua sumergiéndola en el mar, pero los romanos la habían encontrado en el puerto y la sacaron a la superficie) y un extraño objeto, saqueado directamente del palacio real de Mitridates, un objeto que los romanos nunca habían visto hasta entonces; lo que Estrabon llama “la esfera de Bilarus“, un planetario mecánico de forma esférica.

En Amisus,los últimos defensores de la ciudad la prendieron fuego mientras trataban de escapar por el mar. Lúculo rogó a su legionarios que trataran de salvar la ciudad de la destrucción total, pero los soldados romanos solo se apresuraron para saquear lo que de valor quedaba en la ciudad. Las tribus de los cálibes y los tibareni fueron duramente castigadas por su anterior apoyo a Mitridates.

Tras la caída de Sinope, Mazaares el hijo de Mitridates y virrey de Escitia y el Bósforo, envió a Lúculo una lujosa corona que llevaba engarzadas más de 100 piezas de oro. Era un claro mensaje por el que Mazaares se ofrecía como nuevo amigo de Roma.

Según Plutarco, en ese momento Lúculo creyó que había ganado la guerra a Mitridates, ya que incluso su hijo Mazares deseaba convertirse en amigo de Roma, y no le quedaban mas aliados en la zona. Lúculo envió al tribuno Apio Claudio Pulcro a la corte real de Tigranes, para convencer al rey armenio de que entregase a Mitridates a los romanos si lo capturaba.

Mientras esperaba que sus legionarios le llevaran al rey del Ponto encadenado y derrotado, Lúculo se puso a la tarea de reorganizar la nueva provincia romana del Ponto.

Para poner de su lado a los más ricos ciudadanos de la provincia, decidió aliviar la carga impositiva que Sila había impuesto años atrás (20.000 talentos de oro ) y que había llevado a los ciudadanos del Ponto a la rebelión. Inició también la construcción de una nueva flota en el puerto de Sinope y de varias calzadas para comunicar el Ponto con Armenia, para poder desplazar rápidamente sus legiones en caso de necesidad.

A principios del año 69 AC, aún sin recibir buenas nuevas del tribuno Apio sobre el destino de Mitridates, Lúculo decidió celebrar por anticipado su triunfo en la Tercera Guerra Mitridática. Sacrificos a los dioses, juegos atléticos y gimnásticos, festivales de poesía y teatro y los imprescindibles juegos de gladiadores: lo único que faltaba en la celebración era la presencia física del rey Mitridates encadenado.

Tras un año y medio de búsqueda incesante por el Ponto, Anatolia y Armenia, nadie había visto a Mitridates.

Batalla de Tigranocerta 69 AC

Los enviados del rey Tigranes habían prometido al tribuno Apio Clodio guiarle hasta Antioquia, en donde afirmaban se encontraba oculto Mitridates. Pero los guías sirios de la expedición parecían incapaces de encontrar la ruta adecuada, y el grupo de romanos pasó un par de meses deambulando por la zona. Finalmente, un esclavo sirio condujo al grupo de Apio hasta Antioquia. Pero Mitridates no estaba allí, y el rey Tigranes se encontraba en una expedición de castigo contra los rebeldes fenicios.

El tribuno Apio esperó en Antioquia nuevas noticias, ya fuera de Tigranes o de Mitridates, pero no ocurrió nada durante un año. Finalmente, el rey de reyes Tigranes II el Grande se dignó en aparecer y conceder al tribuno la primera audiencia que un rey de Armenia concedía a un alto dignatario romano.

El tribuno Apio no pareció impresionarse por el lujo y la riqueza del salón de audiencias del palacio real de Antioquía, y tampoco se dejo impresionar por los opulentos ropajes del rey y sus cortesanos.

Apio comenzó su discurso afirmando que era el enviado de Lúculo, el imperator del ejército romano y gobernador de la provincia romana de Asia. A continuación, exigió la entrega de Mitridates; en caso contrario, Roma declararía la guerra a Armenia.

Según Plutarco, nadie había hablado de tal manera al rey Tigranes en sus 25 años de reinado, y su rabia se desató, replicando a Apio Clodio que nunca entregaría a Mitridates, y que si Roma declaraba la guerra, el rey de reyes lideraría a toda Armenia contra el invasor.

Apio Clodio volvió a Sinope a darle a Lúculo las noticias de la negativa a colaborar del rey Tigranes. Llevado por la rabia, el orgullo y el deseo de conseguir mas gloria, Lúculo decidió poner de nuevo en pie de guerra a sus legiones y cumplir con su amenaza, invadiendo Armenia.

Pero el Senado Romano no había concedido a Lúculo autoridad para extender la campaña contra Mitridates mas allá del río Eúfrates.Y los senadores populares llevaban muchos meses acusando a Lúculo de extender innecesariamente la campaña contra Mitridates por interés personal. Si Lúculo cruzaba el Éufrates e invadía Armenia se convertiría en agresor, y estaría peligrosamente cerca de ser colocado fuera de la ley por el senado romano. Los cónsules de aquel año, Cneo Pompeyo y Marco Licinio Craso, se asegurarían de ello.

Tercera Guerra Mitridática. Operaciones en el 70 y 69 AC

Tercera Guerra Mitridática. Operaciones en el 70 y 69 AC

A principios del año 69 AC, dejando en el Ponto a sus dos legiones menos fiables, Lúculo marchó a través de Capadocia y cruzo el río Éufrates a la altura de Tomisa, e invadió Armenia con 15.000 legionarios y auxiliares.

Cruzó la cordillera del Antitauro en las cercanías del lago Golcuk y se dirigió hacia el sur. Su objetivo primario era ocupar la costa de Cilicia y el norte de Siria, territorios que el rey Tigranes había arrebatado anteriormente a los partos y a los reyes seleúcidas sirios. Lúculo tenía la esperanza de reclutar allí un gran número de soldados, además de garantizarse una vía marítima de aprovisionamiento totalmente segura.

Desde allí, se dirigió directamente sobre Tigranocerta, en Mesopotamia, la nueva capital de Armenia construida por el rey Tigranes, situada a 50 kilómetros al este de la antigua ciudad de Nisibis, a la que bautizó con su nombre, e invitó a una multitud de pueblos, incluidos los árabes, griegos y judíos, para poblarla. La ciudad pronto se convirtió en la sede del rey de Siria y floreció como un gran centro de la cultura helenística, con teatros, parques y zonas de caza. En aquel tiempo Armenia se había extendido hasta el mar Caspio por el este, hacia Capadocia central por el oeste, y hacia Judea por el sur, llegando a regiones tan lejanas como el lugar en el que en la actualidad se encuentra el Krak de los caballeros.

Lúculo dejó un pequeño contingente haciendo los preparativos iniciales del asedio a la ciudad, mientras el grueso del ejercito acampaba en la llanura cercana.

Tigranes, haciendo caso omiso de los avisos de sus consejeros militares, decidió buscar una batalla decisiva y atacar de frente a las tropas de Lúculo.  En vez de mantenerse a la defensiva y esperar que el paso el tiempo minara las fuerzas romanas, reunió un enorme ejército y se dirigió hacia su capital.

Lo más probable las fuerzas de Lúculo serían tres legiones (15.000 legionarios), 13.500 jinetes (3.500 romanos y 10.00 gálatas y trácios), y 25.000 infantes auxiliares en total unos 40.000 efectivos.

Según Plutarco, las tropas de Tigranes totalizaban más de 250.000 soldados, incluyendo 20.000 arqueros bactrianos y 55.000 jinetes, de los cuales más de 15.000 eran catafractas. Es una exageración, se estiman de 80.000 a 100.000 efectivos en total. Algunos miles de sus infantes estaban entrenados al modo hoplita, aunque la gran mayoría eran infantería ligera procedentes de innumerables tribus y pueblos de los dominios del rey de Armenia: Siria, Media, Mesopotamia, Mardia, Arabia, Partia, Fenicia, Bactria, etc, armados al modo oriental, sin armadura de ningún tipo y protegidos por un pequeño escudo de cuero y madera. Decenas de lenguajes y centenares de dialectos, una autentica pesadilla para la transmisión y la comprensión de las órdenes dadas.

Tigranes había decidió actuar de inmediato por que en Tigranocerta se encontraba el harem real y, sobre todo, Zosimé, la concubina preferida del rey. El rey armenio realizó el primer movimiento, enviando una fuerza de 6.000 jinetes nómadas a la ciudad, que atravesaron fácilmente la débil línea romana que asediaba Tigranocerta, rescataron a las concubinas, a sus hijos y el tesoro real, y volvieron victoriosos al campamento del rey.

Los dos ejércitos convergieron hacia el río Batman-Su ligeramente hacia el suroeste a Tigranocerta. Desde una colina sobre el río Tigris, Tigranes y sus generales observaban el ejército romano al otro lado del río. Hacían bromas sobre la aparente debilidad de las tropas de Lúculo y su escaso número. Allí fue donde Tigranes pronunció la frase que le haría entrar en la historia. ‘‘Si los romanos vienen como embajadores, son demasiados. Si vienen como un ejercito, son muy pocos”.

El ejército de Tigranes se situó en la orilla oriental del río, mientras que Lúculo, que había dejado una retaguardia para continuar el asedio de la ciudad, se situó frente al ejército armenio en la orilla oeste del río. El ejército armenio desplegó a vanguardia su caballería en tres grupos. Dos de reyes vasallos Tigranes se situaron a los flancos izquierdo y derecho, mientras que Tigranes se situó en el centro con sus catafractas en el centro. El resto de su ejército se puso frente de una colina, una posición que Lúculo tardó poco en explotarla.

Lúculo por su parte, desplegó probablemente en simplex acies, con el fin de poder cubrir todo el frente armenio, situando su caballería en retaguardia. Lúculo reservó dos cohortes en manípulos, unidades aun más manejables, para vadear el río y ocupar la colina que dominaba el campo de batalla, para posteriormente cargar sobre el flanco de los catafractas, atacando a los caballos que montaban.

Lúculo atacó rápidamente, antes de que los 20.000 arqueros de Tigranes pudiesen desplegarse adecuadamente. Y envió a su caballería ligera tracia y gálata sobre la retaguardia de los catafractos armenios. Tigranes y sus generales estaban asombrados de que los romanos, numéricamente muy inferiores, hubieran decidido atacar en vez de adoptar una estrategia defensiva.

Con la caballería ligera romana a su retaguardia, y los legionarios atacando su flanco, los catafractos rompieron su formación y retrocedieron desordenadamente sobre sus propias líneas de infantería ligera, desarticulándola por completo.

Por una vez, los legionarios de Lúculo obedecieron sus órdenes y dejaron el saqueo del campamento armenio para más tarde, dedicándose en cambio a masacrar a las tropas de Tigranes en su huida .La matanza duró hasta el anochecer, y según las fuentes de la época, las pérdidas del rey Tigranes oscilarían entre 10.000 y 100.000 hombres. Plutarco dice que en el lado romano, “sólo un centenar de heridos, y sólo cinco muertos.”

Conmocionado por la derrota contra una fuerza muy inferior numéricamente, el rey Tigranes partió con su hijo y sus consejeros hacia las montañas. Para no ser reconocido y capturado por los destacamentos de caballería ligera que Lúculo había enviado en su busca, Tigranes entregó su tiara real a un esclavo de su confianza, encomendándole la tarea de ocultarla y protegerla con su vida.

Tigranes se dirigió hacia el norte, y en el camino se encontró con Mitridates y su fuerza de 12.000 jinetes, que llegaba tarde al combate porque no había esperado que los romanos atacaran primero. Ambos unieron sus fuerzas y se dirigieron al norte de Armenia.

Las tropas de Lúculo pasaron los siguientes días dando caza a los fugitivos y asediando Tigranocerta, que no resistió más de una semana. Sus habitante no sufrieron daño, pero fueron enviados a Cilicia, Siria y Grecia. Para comenzar a desmembrar el reino de Tigranes y privar al rey de sus apoyos, Lúculo cedió el gobierno de Antioquia a Antioco, descendiente de los antiguos reyes seleucidas, que rápidamente reclamo (y obtuvo) el control de toda Siria. Varios príncipes de Arabia renegaron de sus alianzas con Tigranes y juraron lealtad a Lúculo, cediéndole varios miles de jinetes para su ejercito. Los lideres locales de la provincia de Sofene rindieron pleitesía al nuevo gobernante, y los ciudadanos de Corduene, en el actual Kurdistan, ejecutaron al gobernador armenio Zarbienos, y enviaron su cadáver a Lúculo en muestra de arrepentimiento por su anterior rebelión contra el gobernador romano de la ciudad.

Batalla de Artaxata 68 AC

Durante el invierno de 69/8 AC, muchos gobernantes orientales vinieron presentar respetos a Lúculo después de la victoria Tigranocerta, solicitando alianza y amistad. Al comienzo del nuevo año Tigranes II y Mitrídates VI cruzaron Armenia y reclutaron un nuevo ejército, y se le dio el mando vez al ex-rey del Ponto.

Enviaron, también, los mensajeros al rey de los partos, para solicitar ayuda, pero Lúculo, que a su vez había tomado medidas para invitarle, notó el doble juego del rey parto Fraates III, que al parece haber prometido su alianza con Tigranes, a cambio de la cesión de la Mesopotamia.

Luculo quiso atacar a los partos, pero el riesgo de un motín general de las tropas romanas, cansadas de la larga guerra, obligó al procónsul romano que renunciar a la campaña parta, volviendo a concentrarse en el enemigo armenio, retirándose del río Eufrates.

Mientras tanto Mitrídates había producido y reunido nuevas armas en todas las ciudades, pero esta vez los soldados fueron reclutados entre las tropas armenias según Apiano de Alejandría. Entre éstos, el rey de Ponto seleccionó los mejores reuniendo 70.000 infantes y 35.000 jinetes, descartando todos los demás. Luego se dividió en unidades similares a las cohortes romanas, y se contrató a oficiales experimentados del Ponto para adiestrarlos.

Caballería póntica. En un primer plano se la agema o guardia real, al fondo un hippeis o javalinero a caballo tracio. Autor José Daniel Cabrera Peña

Caballería póntica. En un primer plano se la agema o guardia real, al fondo un hippeis o javalinero a caballo tracio. Autor José Daniel Cabrera Peña

Plutarco dice que estaban en el medio del verano y el procónsul romano cruzó los montes Tauro, y marchó contra los armenios; comenzando a saquear algunos pueblos, para recolectar el grano para abastecer a sus tropas. Apiano añade que habían acampado en una colina, y Tigranes con la caballería, atacó al ejército romano que había obtenido suministros de granos y alimentos, pero fue derrotado. Los romanos se encontraron capaces de moverse más libremente, hasta el campamento en las proximidades del mismo ejército de Mitrídates. A continuación, Lúculo ofreció batalla, el despliegue del ejército, pero fue en vano, Mitridates no la acepto y se retiró. Él decidió marchar hacia la otra capital de Tigranes, Artaxata, donde estaban las esposas y los hijos del rey armenio.

Tigranes no podía permitirse el lujo de dejar que su segunda capital fuera ocupada por Lúculo sin siquiera tratar de defenderla, y así que desplegó sus fuerzas en la orilla del río Arsania, para proteger la ciudad, no lejos de allí. Lúculo tenía que cruzarlo forzosamente si quería llegar a la capital. Cuando llegó el ejército de Lúculo que eran 2 legiones, 1.600 jinetes y auxiliares. Según la versión de Plutarco, una vez hechas las debidas ofrendas propiciatorias, decidió cruzar el río con la caballería delante y detrás 12 cohortes como vanguardia, mientras que el resto del ejército se mantuvo para proteger sus flancos.

Contra ellos lanzó la mayor parte de su caballería, que se componía sobre todo de arqueros a caballo y lanceros de Mardia y de Iberia (no confundir con España), sin embargo, estos jinetes no brillaron en su acción, y después de un primer encuentro con la caballería romana a distancia, se dio paso al avance de la infantería romana, y los jinetes armenios no pudieron con ellos, retirándose siendo perseguidos por la caballería romana. Al ver la dispersión de sus tropas, Tigranes montó al frente de su caballería catafracta, directamente contra el propio Lúculo, que sorprendido y asustado llamó a la caballería romana al mismo tiempo que él mismo, en primera fila, con los mejores de sus hombres, se enfrentó a los jinetes que se dirigían contra él, consiguiendo rechazarlos. De los tres reyes con que se enfrentó en la batalla, Mitrídates del Ponto huyó vergonzosamente La persecución fue larga, y duró toda la noche los romanos mataron La persecución fue largo y duró toda la noche, hasta el punto de que los romanos, no sólo mataron enemigos, sino que también hicieron un gran número de prisioneros y recogieron un gran botín. Los legionarios estaban cansados del peso del mismo, y entre los prisioneros se encontraban un gran número de dignatarios.

Asedio de Nisibis 68 AC

Lúculo animado por esta victoria, se decidió avanzar aún más en el interior y someter a todo el reino Armenio. Pero, contrariamente a lo que podría esperarse, el clima de ese país en el período del equinoccio de otoño, que ya era muy duro, tanto es así que algunas zonas ya estaban completamente cubiertas de nieve. Esto generó un gran malestar no sólo en tropas por el frío, sino también por los caballos que tenían dificultades para beber y atravesar los ríos congelados. Hay que añadir que la mayoría de esos territorios estaban cubiertos por bosques densos, con estrechas gargantas y humedales, por lo que los legionarios romanos estaban constantemente incómodos por estar casi siempre húmedos o cubiertos de nieve. Como resultado, comenzaron a quejarse de las continuas dificultades que se encontraron a diario, antes de enviar las delegaciones procónsul para que desistiese de esta nueva empresa militar en un período tan frío. Entonces, al no recibir respuestas adecuadas, se reunieron en asambleas tumultuosas, hasta que se rebelaron abiertamente contra las órdenes de su comandante.

Tercera Guerra Mitridática. Operaciones en el 68 AC

Tercera Guerra Mitridática. Operaciones en el 68 AC

Lúculo se vio obligado a regresar, a pesar de que había intentado por todos los medios convencer a sus tropas, incluso diciéndoles que era la Cartago de Armenia, ya que en su tiempo había sido fundada gracias a los consejos del eterno rival de Roma, Aníbal. Y por lo que volvió a cruzar los montes Tauro, y esta vez, descendió en el país llamado Mygdonia, cuyo territorio era fértil y soleado, y que tenía una ciudad grande y populosa llamada Nísibis. El gobernante de esa ciudad se llamaba Gouras, y era el hermano de Tigranes II, mientras que el jefe de su ejército se llamaba Calímaco, un hombre que una vez había dado los grandes problemas de Lúculo, durante el sitio de Amiso . Y así, el procónsul romano decidió establecer su propio campo fuera de la ciudad, para comenzar el asedio por todos los medios a su alcance.

Lúculo llegó a esta ciudad en otoño, la ciudad estaba rodeada por una doble muralla, hecha de ladrillos grandes y en medio de ellas había un profundo foso, las murallas eran difíciles de escalar o de destruir. Intentó varios asaltos en vano.

Cuando llegó el invierno, Lúculo aprovechó una tormenta durante una noche sin luna, los defensores habían dejado desatendidos la muralla exterior y el foso para guarnecerse de la misma, dejando sólo un pequeño grupo custodiándolos. Entonces intentó el asalto en la muralla exterior por varios puntos. Los legionarios romanos escalaron sin problemas la muralla y mataron fácilmente a los bárbaros que montaban guardia, ya que eran muy pocos. Después llenaron el foso y tras cruzarlo, conquistaron otras posiciones en la muralla interior que estaba menos fortificada, por la confianza que tenían en la muralla exterior.

Los romanos entraron en la ciudad y parte de los habitantes con el hermano de Tigranes se refugiaron en la ciudadela. Se llegó a un acuerdo con los habitantes de la ciudad, por el que se respetaría la vida si se entregaban a cambio de una gran suma de dinero.

Gouras, el hermano de Tigranes, fue confiado a Lúculo, y perdonado este último; mientras que Calímaco, el jefe militar, que había prometido revelar los escondites de la tesorería de la gran ciudad, fue castigado y puesto en cadenas, ya que, algunos años antes, se hizo responsable del incendio y la destrucción de la ciudad de Amiso. Los romanos pasaron el resto del invierno en Nísibis.

Mientras tanto, en Roma las quejas habían llegado al Senado Romano, donde se decidió sustituir el procónsul romano, no solo por tener insatisfechos a sus tropas, sino también por haber antagonizado la poderosa facción de prestamistas y cobradores de impuestos de Asia.
Tigranes II se había retirado dentro de su propio reino, comenzando a reconquistar partes de su reino previamente perdidas e incluso puso sitio al legado romano, Lucio Fannius (antiguo aliado de Mitrídates). Por su parte Mitrídates se apresuró a volver a los territorios que que aún le quedaban, consiguiendo recuperar parte del Ponto y Armenia Menor, llevando consigo 4.000 de su ejército y otros recibidos de Tigranes.

Lúculo se vio obligado a abandonar Nisibis por falta de suministros.

La retirada de Lúculo de los territorios allende del río Eúfrates fue la señal que Tigranes y Mitrídates tanto habían esperado para lanzar la contraofensiva. Las legiones romanas, soportando los efectos del frío y de las nevadas del implacable invierno armenio, regresaron a sus bases en Asia Menor, no sin antes sufrir el hostigamiento de los nativos. A poco, la retirada se fue tornando en desbandada, a medida que los armenios y los pónticos mataban y asesinaban a los rezagados o distraídos. Las bajas romanas durante el trayecto desde Capadocia hasta Pérgamo llegaron a ser más numerosas incluso que las que Lúculo había sufrido en el campo de batalla de Tigranocerta. Tamaña debilidad fue el factor decisivo que determinó el regreso de Mitrídates a sus dominios en el litoral del Mar Negro, de dónde aquél le había expulsado antes de la invasión a Armenia. Tigranes, por su parte, recuperó todos los territorios que los romanos habían ocupado entre el Eúfrates y el Tigris, incluida su capital y algunos distritos de Siria, frutos de su campaña del año 86 AC. Era como si los romanos nunca hubieran invadido esas latitudes.

 

Batalla de Comana Póntica 68 AC

En la primavera del año 68 AC, la mayoría de las tropas romanas dejaron el Ponto y se dirigieron a Mesopotamia, quedando sólo dos legiones fimbrias que se negaron a partir, convirtiéndose en una presa fácil para Mitrídates.

Mitrídates para contraatacar a los romanos, en primer lugar, se dirigió contra un legado de Lúculo, llamado Fabio, en un primer enfrentamiento fueron derrotados por los pónticos, donde los romanos perdieron 500 hombres y Mitrídates fue alcanzado por una piedra en la rodilla y un dardo bajo el ojo, lo que obligó al rey a alejarse del campo de batalla y detener la lucha, lo que le permitió a Fabio y a los romanos salvarse.

A continuación, Fabio se retiró y se encerró en ciudad de Cabira. Siendo cercado por las fuerzas de Mitridates. Fueron liberados por la intervención de Cayo Valerio Triario, que estaba casualmente estaba por allí, había movilizado a esclavos para que lucharan junto a los legionarios.

Triario, decidió enfrentarse a Mitrídates, que logró vencer al rey del Ponto en el primer encuentro, al parecer ambos ejércitos estaban separados por un río, el ejercito de Mitridates trató de cruzarlo por un puente que se colapsó con el peso de tantos soldados, momento que aprovecharon los sitiados para salir y atacarlo por retaguardia.

Mitridates se retiró al país que los romanos llamaban Pequeña Armenia situada en las alturas cerca de Talauro, destruyendo todo lo que no era capaz de llevarse, con el fin de evitar ser alcanzado por Lúculo en su marcha. Con la llegada del invierno, los romanos suspendieron todas las operaciones militares.

Lúculo que se había enterado de los movimientos en el Senado, envió un mensaje a Roma de que la guerra había terminado de que la guerra había finalizado y, al año siguiente en el 67 AC, una comisión senatorial de 10 miembros había ido desde Roma para organizar la nueva provincia de Ponto, justo en el momento de su recaptura por Mitrídates.

Según Tito Livio debido a una nueva sedición entre los soldados, Lúculo no pudo continuar luchando contra Mitrídates y Tigranes, ya que había sido abandonado por sus tropas.

Lúculo exigía demasiado a sus soldados, la asignación estricta de tareas, el ser implacable en el castigo. No sabía convencer a la gente por la persuasión ni confraternizar con misericordia, ni atraerlo con honores o dinero, cosas muy necesarias para tener motivados a los soldados.

 

Batalla de Zela 67 AC

En la primavera del 67 AC, Mitrídates volvió a enfrentarse con Triario, situó su campamento en Gaciura frente al legado romano. Mitrídates trató de provocar al legado romano a una batalla campal, haciendo desplegar sus tropas ante los ojos de los romanos, pero fue en vano, estos no se movieron. Tenía la esperanza de vencerlo antes de que llegara Lúculo, recuperando así las partes restantes de sus antiguos dominios.

Tercera Guerra Mitridática. Operaciones en el 67 AC

Tercera Guerra Mitridática. Operaciones en el 67 AC

Puesto que Tirario no dio ninguna señal de movimiento, envió a algunos de sus fuerzas para conquistar Dadasa, una fortaleza donde se almacenaban los bagajes y suministros romanos, con la esperanza de que el legado romano se apresuraría a defender el lugar. Y así sucedió acudió allí y ambos ejércitos volvieron a estar frente a frente cerca de Zela o Zile, los romanos intentaron recuperar la iniciativa de la campaña. La batalla fue precedida por un violento tornado que ambas partes interpretaron como presagio de un encuentro final y decisivo.

Los romanos atacaron el campamento enemigo en Zela por la noche, la batalla creció tuvo un resultado incierto durante mucho tiempo, al menos hasta que el rey del Ponto no ordenó una carga poderosa contra el ejército romano, consiguiendo romper el frente romano, los romanos fueron repelidos y empujados contra sus propias trincheras que terminaron por llenarse de cadáveres de su ejército. Mitrídates fue herido nuevamente de gravedad, pero gracias a la intervención de un shaman llamado Agari se curó con veneno de serpiente y pudo volver a cabalgar poco tiempo después.

El ejército romano resultó por su parte destruido. Las bajas fueron 7.000 legionarios romanos muertos entre los que se encontraban 24 tribunos y 150 centuriones.

Llegada de Pompeyo

El Senado Romano nombró a Pompeyo, un antiguo partidario de Sila. Hasta entonces, la carrera militar de Pompeyo fue contra Sartorio y los celtíberos, en España, de quienes había aprendido las tácticas de la guerra de guerrillas sobre formaciones convencionales como las que habitualmente empleaban los romanos. También había combatido y exterminado una fuerza fugitiva de esclavos gladiadores fieles a Espartaco, lo que le valió la designación de cónsul por el senado romano.

Su mayor éxito fue combatir a los piratas que asolaban las costas y puertos del Mediterráneo, cuando éstos cortaron el suministro de grano a Roma e incluso atacaron el puerto de Hostia, el Senado decidió acabar con la piratería. Para ello, Pompeyo recibió del Senado, después de largos debates, poderes extraordinarios en el 67 AC: el poder proconsular (Imperium Proconsolare) durante tres años en toda la cuenca del Mediterráneo hasta el Mar Negro con el derecho de operar hasta 45 millas (70 km) tierra adentro. Quince delegados puestos bajo su mando con el título de propraetores y 20 legiones (120.000 hombres) y 4.000 jinetes, 270 barcos y un presupuesto de 6.000 talentos. Pompeyo dividió el Mediterráneo en trece regiones separadas, cada una bajo el mando de uno de sus legados. En 40 días expulsó a los piratas del Mediterráneo occidental, y restauró la comunicación entre Hispania, África e Italia. En una campaña rápida y bien organizada derrotó a los piratas. Dos meses bastaron para patrullar el Mar Negro y erradicar a los alborotadores; a continuación, fue el turno de Creta y de Cilicia. Los piratas fueron derrotados en sus propios territorios y se rindieron a Pompeyo con una gran cantidad de armas y barcos, algunos en construcción, otros ya en el mar, junto con el bronce, hierro, tela de vela, cuerda y diversos tipos de madera. A Cilicia se llevó 71 barcos para la captura y rendición de unos 300 barcos. Muchos de estos piratas los asentó en Soli, que fue a partir de entonces llamada Pompeyópolis.

Derrota de los piratas cilicios 66 AC. Pompeyo el Grande realizando una operación anfibia contra los piratas de Cilicia. El principal barco romano es un trirreme. Los barcos cilicios ardiendo son dos myoparones. Los piratas tratando de romper la formación romana en testudo. Autor Giuseppe Rava

Derrota de los piratas cilicios 66 AC. Pompeyo el Grande realizando una operación anfibia contra los piratas de Cilicia. El principal barco romano es un trirreme. Los barcos cilicios ardiendo son dos myoparones. Los piratas tratando de romper la formación romana en testudo. Autor Giuseppe Rava

Aprovechando las fuerzas de Pompeyo y gracias a la lex Manilia, propuesta por el tribuno Gayo Manilio, y con el apoyo político de César y Cicerón, se concedió a Pompeyo el mando supremo sobre los ejércitos de las provincias de Asia, Bitinia y Cilicia, sin limitación alguna de tiempo. Con estos mismos poderes fue que Pompeyo salió de Italia para reemplazar a Licinio Lúculo.

Antes de desencadenar la ofensiva militar, Pompeyo efectuó acciones diplomáticas. El objetivo inmediato era la derrota final y captura de Mitrídates, cuya posición debía estar en alguna parte cerca de la frontera entre la Galacia y el Ponto. Para asegurarse de que no recibiera ayuda de Tigranes y resguardar su propio flanco derecho en la Capadocia, Pompeyo envió representantes al monarca parto Fraates III para establecer relaciones amistosas con Roma y persuadirle de que invadiera la región de Gordyene cuya capital era Nisibis, que Tigranes había recuperado después de la partida de Lúculo. De esta manera contaba con dirigir la atención del rey armenio a su frontera meridional.

La preocupación inmediata de Pompeyo era conocer la actitud de Fraates. Lúculo también había entrado en negociaciones con el monarca parto, había podido alcanzar un eventual acuerdo en el que se había asegurado su neutralidad y, posiblemente se estableció que el río Éufrates fuese la frontera entre las zonas de influencia romana y parta. Ambos tenían interés en mantener el statu quo.

Pompeyo era consciente de que sólo la muerte o captura del viejo rey ocasionaría el final del conflicto de una manera satisfactoria para la República Romana. Pompeyo también envió uno de sus antiguos generales llamado Metrófanes, como embajador ante Mitridates para conocer sus intenciones y ofrecerle una oportunidad de rendición. Las propuestas fueron rechazadas de manera orgullosa por el rey póntico, ya que eran inadmisibles y sólo tenían como objetivo ganar tiempo para poner en marcha sus planes de invasión.

En primer lugar, se estableció un bloqueo naval en toda regla de todo el litoral de Anatolia, desde Fenicia hasta el Bósforo, para que sus comunicaciones no pudieran ser cortadas ni Mitrídates pudiera recibir ayuda alguna de los piratas supervivientes.

En segundo lugar, Pompeyo dio la orden de movilización a todas las tropas bajo su control y convocó a todos los reyes aliados para que se uniesen con sus propias unidades nativas. Luego, con estas fuerzas más las tres legiones de Marcio Rex partió de Cilicia y marchó hacia el norte a través de las Puertas Cilicias en dirección a Galacia, a través de Capadocia, para ponerse en disposición de franquear el río Halys y penetrar en el Ponto cuando se diera la orden.

Pompeyo había acordado un encuentro con Lúculo y su ejército en Galacia, a través de amigos comunes. Las tres legiones que habían estado a las órdenes de Marcio Rex fueron dispuestas para asegurar el reino de Capadocia, hasta que fuesen llamadas cuando la ocasión lo requiriera. La incómoda entrevista entre el comandante saliente y su sucesor se celebró en Danala, una pequeña localidad perteneciente al pueblo de los trocmi, en la Galacia Oriental. Al principio los saludos entre Pompeyo y Lúculo fueron formales y corteses, pero pronto empezaron a aparecer discrepancias dado que ambos querían atribuirse el mérito de la conquista de Asia. Cuando Lúculo partió, Pompeyo se hizo cargo de todas las tropas, a excepción de un contingente de 1.600 hombres que le dejó como guardia de honor para que participaran en su triunfo. En realidad no eran más que hombres heridos y enfermos que eran devueltos a Italia.

Asedio de Dasteira o Nicopolis 66 AC

Pompeyo una vez reunido su ejército se dirigió contra Mitrídates, éste alarmado por los preparativos de Pompeyo y dada su inferioridad numérica, envió delegados para conocer en qué condiciones este concluiría una tregua. Pero Pompeyo no estaba en modo alguno por la negociación, ya que una tregua sólo permitiría a Mitrídates reconstruir sus propias fuerzas y daría tiempo a Tigranes a reafirmarse en Armenia. Además, si la guerra llegaba a su conclusión sin que hubiese lucha, Pompeyo sería objeto de toda clase de burlas y las acusaciones que se habían vertido contra él se encontrarían bien fundadas. Como la estrategia de Pompeyo se basaba en que Mitrídates debía continuar la contienda, le ofreció de nuevo unos términos que éste estaría obligado a rechazar: exigió que se rindiera entregándose él y todos los desertores romanos de su ejército, sin condiciones.

Las noticias de este ultimátum provocaron un motín en el campamento de Mitrídates, de tal forma que el monarca póntico fue obligado a fingir que sus enviados a Pompeyo habían sido en realidad meramente espías.

Fue entonces cuando Mitrídates, decidió anticiparse el procónsul romano, se situó al acecho en una colina, que contaba con excelentes defensas naturales, para esperar al ejército romano, dado que era la única vía de acceso a sus territorios.

Pompeyo llegó a la zona y decidió no atacar a Mitrídates esa colina, prefirió acampar en un lugar también con buenas condiciones de defensa no lejos de Mitridates y esperar. La zona donde se encontraban era en la frontera de su reino y Lúculo había devastado esa región, había pocos recursos para suministrar a un ejército, y la espera debilitaría debilitaría al ejército de Mitrídates.

La primera acción militar registrada entre los dos contendientes fue un encuentro entre las caballerías. Pompeyo preparó una emboscada, ocultando parte de su fuerza de caballería, mientras que un grupo de jinetes hostigó abiertamente a los puestos de avanzada del monarca póntico, con el objeto de provocar al enemigo y después retroceder, como si huyeran, esperando ser perseguidos y conducirlos a la trampa. Así lo hicieron, cuando los jinetes pónticos llegaron a la zona trampa, los jinetes que se encontraban escondidos salieron y rodearon a sus perseguidores pónticos, los derrotaron y los pusieron en fuga.

Mitrídates, por temor a que fuese una trampa, había ordenado avanzar a su infantería, ante la cual los romanos retrocedieron.

Debido a la falta de provisiones, el monarca póntico decidió retirarse al centro de su montañoso reino. Mitrídates se dedicó a realizar la táctica de ”tierra quemada” y hostigar con su caballería a las vanguardias de Pompeyo, para hacerles desistir de su persecución. Pero Pompeyo no se desanimó y continuó con la persecución.

Las primeras escaramuzas y maniobras se habían desarrollado en el alto curso del río Halys, donde Pompeyo se apoderó de una fortaleza montañosa casi inexpugnable que había sido abandonada por Mitrídates debido a la falta de agua. La superior destreza en el reconocimiento por parte romana se demostró cuando las tropas excavaron pozos para localizar fuentes de agua, cuya existencia Pompeyo había deducido de la vegetación existente en las bajas pendientes. Mitrídates efectuó su retirada a través de un paso montañoso al norte del Halys, en el valle del río Lycus, a lo largo de la carretera mayor que discurría en dirección este-oeste por el Ponto. Aquí acampó en la población de Dasteira (cerca de la actual Pürk), con la intención de detener a Pompeyo y cortar la ahora alargada línea de suministros de Pompeyo, y desgastarle gradualmente.

Pompeyo para poder continuar su marcha pasando a través de las fronteras orientales del reino de Mitrídates, había establecido de una serie de nuevas posiciones fortificadas (a unos 25 km entre sí), y llegó a Dasteira donde se encontraba Mitridates y la puso bajo asedio.

Pero para desesperación de Mitrídates, Pompeyo no cayó en la trampa, sino todo lo contrario. Las mandó que acudiesen tres legiones cilicias desde Capadocia, y un cuerpo del ejército romano fue enviado hacia el este con objeto de apoderarse del territorio de Acilisene (la llanura de Erzican, cerca del curso superior del río Éufrates). Este movimiento aseguró a Pompeyo una importante fuente de alimentos e introducía una cuña entre Mitrídates y su presunto último refugio en Armenia. Pero mientras estas acciones se desarrollaban, Pompeyo no permaneció ocioso, pues ordenó a su ejército la construcción de trabajos de circunvalación alrededor de Dasteira o Nicopolis, de unos 22 kilómetros de longitud, con una serie de puestos fortificados y varios campamentos, similares a los trabajos de asedio efectuados por  Julio César en Alesia, con el fin de forzar la rendición por hambre.

De manera incomprensible, Mitrídates no obstaculizó la construcción de los trabajos de asedio. El sitio de Dasteira duraba 45 días. Las tropas de Mitrídates se vieron obligadas a matar y comerse a todos sus animales de tiro, conservando sólo los caballos y, en la desesperación, decidieron preparar la huida. Con destreza, Mitrídates mandó avivar los distintos fuegos, a la vez que ordenó matar a todos sus enfermos y heridos. Pudo escapar así su ejército de noche a través de las líneas romanas, en el más profundo silencio, en dirección hacia Armenia.

Tercera Guerra Mitridática. Operaciones en el 66 AC

Tercera Guerra Mitridática. Operaciones en el 66 AC

Batalla de Belgazi 66 AC

Al día siguiente, cuando Pompeyo se dio cuenta de la huida del monarca y se lanzó rápidamente en su persecución. El convoy real remontó el alto valle del río Lycus, que era muy encajonado. Mitrídates continuó su viaje marchando sólo de noche y acampando de día, evitando así el ataque de Pompeyo, que era reticente a cargar contra una posición defendida o arriesgarse a una batalla nocturna en un territorio poco familiar. Durante los dos o tres primeros días las tropas pónticas estaban lo suficientemente lejos para justificar este tipo de tácticas, pero después de recorrer unos 80 km, Pompeyo, alcanzó la retaguardia póntica.

Consiguió que parte de sus tropas avanzaran más allá del campamento enemigo y, ocultas, prepararon una emboscada en un estrecho paso (la actual garganta de Belgazi). Esta vez Mitrídates fue cogido por sorpresa junto con sus tropas. La siguiente noche, cuando su ejército penetró por el paso, los romanos, desde las alturas, anunciaron su presencia con un toque de trompeta, con el golpeteo de las pilum y espadas sobre sus escudos. Este ruido aterrador fue seguido por una lluvia de jabalinas y piedras, y por un duro ataque sobre las confundidas líneas enemigas. Las tropas pónticas, atrapadas en el desfiladero, ofrecieron poca resistencia, estorbados además por el pánico de las mujeres, la presencia de caballos y camellos en medio de la formación, y por las carretas de transporte. La luna naciente ayudó a los romanos, iluminando a sus víctimas y confundiendo su ánimo. En la masacre cayeron cerca de 10.000 enemigos, una tercera parte de las fuerzas totales del ejército póntico, y fue capturado todo el material de de guerra.

Fuga de Mitridates 66 AC

Sin embargo, Mitrídates no estaba entre las bajas. Pudo forzar el paso de los riscos acompañado tan solo de su guardia personal, junto con una de sus concubinas, Hipsicratea, vestida como un hombre, burlando la vigilancia establecida por Pompeyo para evitar su fuga. En su huida se encontró con unos 3.000 infantes y unos 800 jinetes de su ejército. Con esta fuerza, Mitrídates se dirigió en primer lugar a su fortaleza de Sinoria, situada en el alto Éufrates, cerca de la frontera con la Gran Armenia, donde había guardado una gran suma de dinero. En Sinoria recompensó la lealtad de sus hombres, en el amplio sentido de la palabra, dando a cada soldado la paga de un año y,después de reservarse él mismo la suma de 6.000 talentos, dejó que el resto del tesoro se lo llevaran aquellos que pudieran transportarlo. También envenenó a sus amigos para que no le entregaran a los romanos.

Posiblemente, éstos habrían intentado llegara algún tipo de acuerdo con Pompeyo que incluiría la entrega de Mitrídates. En previsión de los siguientes movimientos, envió mensajes a Tigranes para rogarle que le diera refugio. Sin embargo la respuesta de este no fue ni mucho menos positiva. Al conocer la derrota de Mitrídates, arrestó a sus mensajeros y puso precio a su cabeza, una recompensa de 100 talentos.

Los motivos de Tigranes eran bastante evidentes: se enfrentaba en ese momento a la rebelión de su hijo, el príncipe Tigranes el Joven, quién, a través de su madre Cleopatra, era nieto de Mitrídates, y sospechaba que el monarca póntico era cómplice de la sublevación.

Pero ante todo fue su propio interés lo que pesó en la balanza, al considerar que la causa del viejo rey estaba perdida. Consciente de las intrigas de su hijo con Fraates, su mejor baza para sobrevivir era ofrecer tan poca resistencia como su propio respeto a sí mismo permitiera,con la esperanza de obtener la indulgencia de Pompeyo. Mitrídates se encontró entonces con que la única vía de escape que se le abría era dirigirse hacia el norte, dirección que tomó con las pocas tropas que le quedaban y el tesoro retirado de Sinoria. A pesar de sus recursos financieros, la imposibilidad de poder formar un nuevo ejército revela el total colapso económico y social del Estado póntico, así como la pérdida por completo del control sobre su propio reino. Mitrídates se apresuró hacia las fuentes del río Éufrates (hacia el desfiladero de Erzeroum), con la idea de llegar, desde allí, hasta la región de la Cólquida. Cruzó el Éufrates hacia el cuarto día de su salida de Sinoria y, tres días más tarde, penetró en Armenia por Cotene (Chorzene). En esta región rechazó a los, que trataron de impedirle el paso por la fuerza. Mitrídates logró franquear este obstáculo y llegar hasta el río Apsarus (Tchoroki) para, después de alcanzar la Cólquida y pasar el invierno del año 66/65 AC en la ciudad de Dioscuriae (Soukhoum).

El rey de Ponto quería pasar a lo largo de la costa del Ponto, y llegar al reino del Bósforo. Allí iba a robar el reino a hijo traidor, Macaare que era ahora aliado de los romanos, y a continuación, volver a atacar a los romanos, esta vez desde Europa, a través de Tracia, Macedonia, Panonia, y luego a través de los Alpes hasta llegar a Italia.
Al final de Mitrídates llegó a la zona del mar de Azov, donde vivían muchos príncipes, quien lo recibieron con toda la amistad, escoltando y el intercambio de regalos con el rey de Ponto, ya que conocía los hechos, el reino y el poder. Una vez establecidas las alianzas suficientes con la población local (de hecho dio sus hijas a los más poderosos de estos príncipes).

Cuando su hijo Macare, supo que su padre no estaba lejos de su reino, después de haber atravesado el desierto en un tiempo tan corto, y las mismas ”Puertas Escitas“, nunca antes atravesado por algunos, enviado algunos embajadores que intentaran defenderle por su pacto con los romanos. Al contestarle que no iba a perdonarle, prefirió huir al Quersoneso Ponto, quemando las naves para evitar que su padre pudiera seguirle. Cuando este último fue capaz de adquirir otros nuevos, las envió de nuevo contra su hijo y consiguió matarlo. Mitrídates, entonces mató a todos aquellos que le habían traicionado, pero por el contrario, liberó a todos los amigos de su hijo, porque él se había comportado de esa manera por la relación de amistad que habían tenido con Macare.

Rendición de Artmenia

Pompeyo tan solo había necesitado seis meses para derrotar a Miridates, pero la experiencia le advirtió que el conflicto no podía considerarse finalizado mientras Mitrídates permaneciese con vida. Envió algunas tropas en su persecución, pero éste se puso a salvo cuando cruzó el río Phasis (Rioti). Pompeyo preparó entonces el avance contra su segundo enemigo Tigranes, por lo que se movió con el resto de su ejército aguas arriba del Éufrates, hasta localizar un vado por donde cruzar el río cerca de sus fuentes. Poco después pasó a Armenia y cuando se acercaba a la capital Artaxata, Tigranes salió a su encuentro paara rendirse. Además de traicionar a su suegro y antiguo benefactor, Tigranes debió acceder a abandonar todas sus conquistas en Siria y a renunciar a sus pretensiones expansionistas sobre Capadocia (Pequeña Armenia) y parte del Ponto. También tuvo que comprometerse a pagar un tributo anual a los romanos, inicialmente fijado en 6.000 talentos de oro, sin contar el cargo por reparaciones de guerra. Tigranes el Joven, el desleal príncipe que había ayudado a los romanos contra su padre, se vio favorecido con tierras en la Sofene. El resto de su reinado, Tigranes II el Grande lo haría efectivo sobre un territorio que volvió a ser las fronteras originales del reino.

Tercera Guerra Mitridática. Operaciones en el 65 AC

Tercera Guerra Mitridática. Operaciones en el 65 AC

Campaña contra Iberia y Albania

Una vez sometida Armenia, Pompeyo se dirigió al norte hacia la Cólquida. Todas las tribus indígenas de la zona se sometieron, pero Oroses, rey de los albanos y Artoce, rey de los ibéricos, que disponían unas fuerzas 70.000 efectivos, decidieron atacar a los tres campamentos romanos de Quinto Cecilio Metelo Celer, del propio Pompeyo y de Lucio Flaco que se encontraban en la orilla del río Lycus al pie del Monte Caúcaso.

Oroses quería golpear a los romanos durante la fiesta de la Saturnalia, dividieron sus fuerzas en tres ejércitos diferentes, decidieron atacar primero Quinto Cecilio Metelo Celer, y mientras los otros dos fijarían las fuerzas en sus campamentos respectivos para que no pudiesen apoyarse mutuamente.
Así Pompeyo, después de derrotar al ejército que había sido enviado contra su campamento, poniendo en fuga al propio Oroses, se dirigió a atacar a los albanos, a medida que cruzaban el el río Cyrus y matando a muchos.

Pompeyo a pesar de los riesgos de invierno, decidió invadir su país, y se preparó para cruzar el río Cyrus. Artoce, aterrado por el repentino avance, no hizo ningún intento de desplegar el ejército de unos 40.000 efectivos, y en su lugar decidió replegarse rápidamente a través del río. Pompeyo sometió la zona al sur del río.

Cuando Artoce vio que Pompeyo se preparaba para pasar el Cyrus, envió de nuevo mensajeros para pedir la paz en vano. El rey de Iberia huyó al río Pelorus (al norte del Cyrus). Pompeyo aprovechó la oportunidad para perseguirle a ella, y vencerlo aprovechando la rapidez de su acción. De nuevo Artoce logró escapar, y poco después ofreció la paz, que Pompeyo aceptó.

Pompeyo dirigió su mirada hacia el oeste, donde fluía el río Fasi, su idea era dirigirse a la Cólquida, descendiendo este río y reunirse con la flota de su legado, Publio Servilio Vatia, y atrapar a Mitridates.

Para evitar a los albanos que le estaban esperando, prefirió tomar un desvío en Armenia, para rodearlos y tomarlos por sorpresa.

Siguió el curso del Cyrus. A partir de ahí continuó su marcha hacia el río Cambises, y aunque no sufrió ningún ataque de los enemigos, era en cambio el calor el creaba las mayores dificultades. Siguió por el río Abante, cuando se enteró de que Orose marchaba contra él. Decidió desplegar su ejército, y cuando Oroses llegó, se lanzó al ataque 60.000 infantes y 12.000 jinetes. Los romanos vencieron en la subsiguiente batalla.

Al parecer, en el choque estuvieron presentes mujeres guerreras del lado de los albanos, a los que los romanos llamaron Amazonas. Después de la batalla, los territorios de los albanos fueron sometidos y les concedió la paz. Hizo tratados de alianza con otros pueblos vecinos del Cáucaso hasta el Mar Caspio.

 

Mediación entre partos y armenios

Mientras que Pompeyo estaba haciendo tratados con las poblaciones caucásicas, llegaron embajadores del rey de los partos, con el fin de renovar el tratado existente, mientras que los diversos lugartenientes del general romano estaban sometiendo el resto de regiones de Armenia y Ponto, y Gabinio había ido más allá del Éufrates al Tigris, generando una gran preocupación en el rey parto Fraates III, Pompeyo parece que había prometido la región a Tigranes el Joven, los partos invadieron la zona y envió a su legado Lucio Afranio para tomar posesión de la misma, rechazando las fuerzas partas hasta Arbelas.

Fraates y Tigranes se enfrentaron de nuevo, y el general romano se ofreció como pacificador entre los ambos contendientes, envió tres árbitros, porque consideró que era una mera cuestión de las fronteras entre los dos reinos. Fraates y Tigranes II aceptaron la propuesta de Pompeyo y se reconciliaron, ya que ambos sabían que una derrota, o la aniquilación de uno de los dos, sólo habría favorecido a los romanos. Eran conscientes de que sólo su supervivencia o una alianza y un futuro comunes podrían detener el avance romano de Oriente. Y así Pompeyo, después de estos acuerdos, que podrían retirarse a Aspide (Aspis o Anaitis) durante el invierno.

Guerra siriaca de Pompeyo 64 AC

Cneo Pompeyo Magno se dirigió a Judea para asegurar esos territorios, encontrándose con el enfrentamiento entre los hermanos Hircano y Aristóbulo. Hijos del sumo sacerdote Alejandro Janneo y de su esposa Salomé Alejandra, iniciaron una disputa por el trono a la muerte de sus padres. Ambos se erigieron reyes en diferentes territorios, bajo los nombres de Hircano II y Aristóbulo II, apoyados respectivamente por los fariseos y los saduceos, ambos grupos judíos con distintas pretensiones.

La primera intervención romana en esta zona fue dos años antes, sencillamente para acudir en ayuda de Aristóbulo cuando éste se encontraba sitiado en Jerusalén. El tribuno militar de Pompeyo, Marco Emilio Escauro, encargado de estudiar la situación de la guerra civil judía, optó por aceptar la suculenta recompensa de 400 talentos de oro de Aristóbulo ofreciéndole su ayuda por medio de amenazas a los sitiadores. Finalmente Hircano, que estaba siendo ayudado por el rey nabateo Aretas III, levantó el sitio. Muchos cambios sufriría el trono judío desde este momento. Pompeyo tuvo que mediar en la trifulca judía cuando a él acudieron Aristóbulo, Hircano y una delegación representante del pueblo judío para exponer sus ideas de gobierno.

Tercera Guerra Mitridátic. Operaciones en el 64 y 63 AC

Tercera Guerra Mitridátic. Operaciones en el 64 y 63 AC

Pompeyo decidió unir sus fuerzas a las del bondadoso Hircano II, y su ejército conjunto de romanos y judíos asediaron Jerusalén durante tres meses, después de los cuales la tomaron de Aristóbulo. Aristóbulo fue encarcelado y posteriormente enviado a Roma para el triunfo, sus partidarios se refugiaron en el templo, que fue tomado en el año 63 AC, muriendo 12.000 judíos. Pompeyo entró en él, incluso hasta el Sancta Sanctorum. Fue al templo para comprobar si los judíos carecían de estatuas o imágenes físicas de su Dios en el lugar más sagrado de veneración. Para Pompeyo, era inconcebible rezar a un Dios sin retratarlo en un tipo de parecido, como una estatua. Lo que Pompeyo vio no se parecía a nada que él hubiera visto en sus viajes a lugares santos. No encontró ninguna estatua, imagen religiosa o descripción pictórica del dios hebreo. En lugar de ello vio rollos de la Torá y quedó confundido.

De los judíos cayeron 12.000, pero de los romanos muy pocos… y no se cometieron daños insignificantes en el templo en sí, que, en épocas anteriores, habían sido inaccesible, y visto por nadie; pues Pompeyo entró, y no pocos de aquellos que estaban con él fueron también, y vieron lo que era ilícito que viera cualquier otro hombre distinto a los sumos sacerdotes. En aquel templo estaban la mesa dorada, el sagrado candelabro, y los recipientes para libaciones, y una gran cantidad de especias; y además de estos había tesoros, dos mil talentos de dinero sagrado: pero Pompeyo no tocó nada de todo esto, debido a su consideración hacia la religión; y en este punto también actuó de una manera que era merecedora de su virtud. Al día siguiente dio la orden a aquellos que estaban a cargo del templo que lo limpiaran y que llevasen las ofrendas que la ley exigía a Dios; y restauró el sumo sacerdocio de Hircano, tanto porque le había resultado útil en otros aspectos, y porque dificultó que los judíos del país dieran ayuda a Aristóbulo en su guerra contra él”. Josefo

Los judíos quedaron sorprendidos de que saliese indemne del Templo, pues según ellos, los que profanasen el Templo, morirían instantáneamente o les ocurriría una gran desgracia. Los cierto es que no volvió a ganar ninguna batalla después de la profanación.

Confirmó a Hircano II en el cargo de sumo sacerdote. Pompeyo se ocupó luego de reestructurar el poder de la dinastía asmonea: Samaría quedaría independiente, y a las ciudades helenísticas de Transjordania las agrupó en una confederación llamada la Decápolis (las diez ciudades: Hipona, Scytópolis, Pella, Samaria, Jamnia, Marisa, Nitrógeno, Aretusa, Gaza, Jope, Dora y Torre de Straton). La cantidad de tributo y botín que Pompeyo llevó a Roma fue casi incalculable: Plutarco habla de 20.000 talentos en oro y plata añadidos al tesoro, y el incremento de los impuestos para el tesoro público alcanzó de 50 a 85 millones de dracmas anualmente. Pompeyo vinculó Judea a la provincia de Siria, aunque dejándole a Hircano una parte de autoridad sobre Judea, Perea y Galilea, el resto de los territorios fueron agregarlos a la nueva provincia de Siria, a la que dio como gobernador Emilio Escauro con dos legiones.

El legado Afranio sometió a los árabes de la zona de Amano, el objetivo estratégico era llegar al mar Rojo, llevó a cabo la guerra contra los árabes de la ciudad nabatea de Petra, cuyo rey se llamaba Areta III, derrotándolo en varias ocasiones.

Final de Mitridates 63 AC

Mientras tanto Farnaces, el hijo favorito de Mitrídates había designado como su sucesor, preocupado por la expedición de su padre a Italia, formó una conspiración contra su padre , pero fue descubierto. Todos los conspiradores fueron ejecutados, pero él en cambio fue perdonado. Pero este, temiendo la ira de su padre, empezó a correr la voz de los infortunios habrían encontrado, si hubieran seguido a su padre en su loca empresa para llegar a suelo italiano. Muchos comenzaron se unieron a Farnaces.

Mitrídates, sitiado por las fuerzas de su hijo Farnaces en Panticapaeum, fuera de sí, también por temor a ser entregado a los romanos, en primer lugar mató a sus esposas e hijos, luego trató de suicidarse con veneno, al que, sin embargo, era inmune, al final la muerte se la se dio, según Apiano y Livio, un general galo llamados Bituitus, que le ayudó a clavarse su propia espada. De acuerdo con Dione en cambio le mataron los soldados de su hijo Farnaces. Este fue el fin del rey del Ponto, tenía 69 años y había luchado contra Roma durante casi 30 años. Su hijo Farnaces II (63-47 AC) se convirtió en rey del Bósforo. Más tarde se enfrentaría a César en la batalla de Zela.

Muerte de Mitridates VI rey del Ponto en el año 63 AC con 69 años

Muerte de Mitridates VI rey del Ponto en el año 63 AC con 69 años

Pompeyo permitió el funeral del gran rey, que sería enterrado en las tumbas reales en el camino de los reyes de Sinope, porque admiraba sus grandes logros y lo consideraba como el rey más grande de su tiempo. Farnaces, fue declarado oficialmente “amigo y aliado de los romanos“, y se le concedió el reino del Bósforo, excluidos Paflagonia, cuyos habitantes eran libres e independientes, ya que ellos fueron los primeros en resistir a Mitrídates y habían contribuido a desencadenar la revuelta en muchas otras ciudades y países, haciendo que su colapso final.