Edad Antigua Suevos, vándalos y alanos Final de los suevos

Reino suevo de Gallaecia

Pero el interés de Teodorico estaba centrado en la política del Imperio. Por ello el problema suevo se fue arrastrando hasta que en 465 y resueltos a finalizarlo de una vez por todas, los visigodos hicieron asesinar a Frumario e impusieron en el trono a Remismundo I, el cual juró fidelidad a Teodorico. Éste envió a uno de sus hombres para que arreglase las diferencias entre suevos e hispanorromanos, a la fuerza actuando de juez. Consiguió los objetivos y logró devolver una cierta paz a la provincia. El éxito de los visigodos fue tal que la familia real sueva volvió al arrianismo.

Pero no por ello volvió la paz plenamente, los suevos seguían reclamando sus antiguas posesiones en Lusitania. Los visigodos se las negaban. Poco después (466) murió Teodorico II y los suevos aprovechando la situación, reanudando la guerra contra los visigodos atacando Orense, Coimbra y Lisboa. En este caso contaron con ayuda notable de los hispanorromanos, que al parecer, preferían a los suevos antes que a los visigodos. Eurico, sucesor de Teodorico, envió más tropas a la Península. Eurico logró derrotar a los suevos haciéndoles retroceder a los límites de Gallaecia e imponiendo de nuevo el juramente de fidelidad de Remismundo a Teodorico (468 ó 469).

El reino suevo se mantuvo más o menos independiente y en paz con los visigodos después de 469. Esto se debió tanto a las rotundas victorias visigodas como al agotamiento de la población de Gallaecia después de una década de practicar el todos contra todos. A los visigodos las complicaciones en Hispania no les interesaban demasiado. Su reino estaba centrado en la Galia y miraban hacia Italia. Dejaron guarniciones en Astorga, Coimbra y Lisboa como freno a los suevos, y eso fue todo lo que hicieron.

Después de la derrota de los godos Vouillé en el 507 frente a los francos, empieza el asentamiento masivo de godos en la Meseta Norte, convirtiendo el Bierzo en una región de frontera entre suevos y godos, pero ahora la relación de fuerzas estaba claramente a favor de los visigodos. Por eso los suevos se mantuvieron tranquilos dentro de sus fronteras en los años en que el reino de Toledo se consolidaba.

La llegada de los bizantinos al norte de África, hizo que llegaran misioneros cristianos al reino de los suevos, que se convirtieron al catolicismo, mientras que los visigodos eran arrianos, lo que provocó que no miraran con buenos ojos esta conversión.

Jefe suevo en el norte de Hispania

Jefe suevo en el norte de Hispania

Por si fuera poco, en 572, el rey suevo Miro atacó a astures y cántabros en tierras que en otros tiempos habían pertenecido a la provincia Cartaginense.

Esta campaña fue usada por Leovigildo como casus belli. Reunió un ejército y en 572-574 atacó los asentamientos suevos en el valle del Duero, expulsándolos al norte del río. Fundó Villa Gothorum (actual Toro) como fortaleza de frontera contra ellos. En 574 atacó a los cántabros, a los que derrotó. Esta campaña cántabra sugiere que los cántabros habían sido derrotados por Miro y obligados a prestarle tributo y obediencia. Con esta maniobra Leovigildo impedía los ataques desde el norte al Bierzo, comarca que cobra especial importancia estratégica porque en ella se encuentran los pasos de Galicia a la Meseta. Teniendo a Toro y a Astorga en su poder, Leovigildo tenía abiertos los caminos de invasión del reino Suevo.

Y en efecto al año siguiente, 575, Leovigildo invade el reino Suevo desde el Bierzo. Se hace con Orense y todo el Sureste del reino suevo. En 576 la campaña se inicia con ataques contra las posiciones suevas en el valle del Duero, especialmente Oporto y Braga. En este momento Miro pacta la paz con Leovigildo a cambio de someterse a él.

Final del reino suevo (576-586)

Las cosas quedaron así hasta la rebelión de Hermenegildo. Éste pidió ayuda a los suevos usando el argumento religioso como pretexto. Miro accedió y avanzó hacia Sevilla con un ejército, pero antes de llegar siquiera al valle del Guadiana supo que Hermenegildo estaba prisionero y su rebelión abortada. No le quedó más remedio que pactar otra vez una paz con Leovigildo. Este hecho indica claramente que la fuerza militar de los suevos era pequeña en comparación la visigoda. Hay que tener en cuenta que los suevos no eran un pueblo especialmente guerrero, y eso auguraba su fin.

Hacia el año 583 Miro murió y le sucedió su hijo Eborico. Éste estuvo poco tiempo en el trono, fue asesinado en 585 y su asesino, Andeca, se casó por la fuerza con su madre y se proclamó rey. Con Eborico se extinguió su dinastía, lo que tendría fatales consecuencias para los suevos.

Leovigildo usó este asesinato como pretexto para intervenir en el reino Suevo. Depuso a Andeca y le envió a un monasterio. Surgió entonces un pretendiente, Malarico, que decía ser de la familia de Miro, pero pronto fue derrotado y capturado. Con este último intento, Leovigildo acabó con toda resistencia sueva en 586. En lo sucesivo Gallaecia sería gobernada por un dux visigodo.

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