Guerras Napoleónicas Guerra de la Independencia (1808) Primeros dos asedios de Gerona 1808

Alzamiento en Cataluña

En febrero de 1808, las tropas dirigidas por el general Guillaume Philibert Duhesme (unos 15.000 efectivos) entraron en Cataluña por La Junquera. Su intención, según decía, era proseguir únicamente en su viaje a Cádiz para dirigirse a Portugal. En su condición de aliados, fueron recibidos en Barcelona, ciudad que acogió a los soldados franceses siguiendo órdenes directas de la Corte, que indicaban explícitamente que “debían ser recibidos y tratados mejor que los españoles«.

El 29 febrero de 1808, el general francés Lechi ideó un plan para ocupar la Ciudadela de Barcelona y el castillo de Montjuich valiéndose del engaño. Para ello montó una revista de tropas en el paseo de la Esplanada (situado entre la Ciudadela y las murallas de Barcelona). Mientras la población estaba mirando la revista, el general francés con la escusa de ir a visitar al gobernador militar español Juan Viard de Jantilly; se presentó en la Ciudadela con una escolta de una compañía de granaderos, que se hizo cargo de la entrada de la Ciudadela, defendida por una guardia de 20 españoles. Las fuerzas revistadas formaron en dos columnas, una entró en la Ciudadela cuya entrada había sido ocupada, ocupándola y desalojando 2 BIs de Guardias españolas y Valonas que eran la guarnición.

Mientras la otra se dirigió hacia el castillo de Montjuich, cuyo comandante interino era Mariano Álvarez Castro, futuro defensor de Gerona. Al verlos llegar, levantó el puente, negándose resueltamente a dar entrada en el fuerte a los franceses, preparándose para la defensa con el RI de Extremadura. Las fuerzas francesas rodearon el castillo y Duhesme amenazó con tomar el fuerte por asalto.

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Ocupación de la Ciudadela de Barcelona y Castillo de Montjuich por los franceses en 29 de febrero de 1808. Autor Luís Fabri. Grabador Antonio Rodríguez.

La población al darse cuenta de la ocupación de la Ciudadela, comenzó a levantarse contra los franceses, pero las autoridades españolas las obligaron a retirarse a sus casas.

El conde de Ezpeleta, capitán general de Cataluña, viendo que los franceses estaban dispuestos a tomar Montjuich a toda costa; dio órdenes terminantes a Álvarez de Castro para que efectuase la entrega del fuerte. Dudó todavía un momento, pero se impuso la disciplina, y los franceses tomaron tranquilamente posesión del castillo.

Una vez ocupado, el siguiente paso consistió en controlar otros lugares estratégicos de la ciudad, como las atarazanas, los polvorines y las baterías de la costa.

No tardaron en apoderarse también de la fortaleza de San Fernando, en Figueras, ocupada el 2 de abril. Esta fortificación poseía un gran valor por su situación estratégica próxima a la frontera.

Durante el alzamiento nacional durante el mes de mayo, Cataluña, con la capital ocupada, se crearon las juntas de Lérida, Tortosa, Tarragona, Igualada, Manresa, Girona y Vilafranca del Penedès. Poco después se creó la Junta Superior de Gobierno del Principado de Cataluña, cuya misión era dirigir la lucha contra el invasor.

A partir de ese momento, y ante el fracaso del ejército regular, la lucha contra los franceses estuvo protagonizada por las guerrillas, reclutadas, formadas y dirigidas desde las juntas de defensa, con el objetivo de evitar el avance de las tropas enemigas.

El 28 de mayo se produjo en Lérida el primer alzamiento popular contra los ocupantes franceses, conocido como “insurrección del Sacramento”. Se constituyó la primera Junta de Defensa para el enrolamiento de los voluntarios, se prestó juramento para armarse para la lucha contra el invasor y se reconoce a Fernando VII como único rey de España.

Tan solo un día después, el 29 de mayo, al tener conocimiento de que las tropas francesas debían pasar por Tortosa de camino hacia Valencia, también allí se produjo una revuelta popular. Como reacción, se creó la Junta de Salvación y Defensa, que enseguida envió a un grupo de voluntarios a ocupar el castillo de San Felipe, situado en el col (collado) de Balaguer, cerca de Tortosa, para impedir el paso de los soldados napoleónicos.

En Manresa, el jueves 2 de junio de 1808, día de mercado semanal, llegó el papel oficial emitido por el Gobierno francés. Se trataba del impuesto que debía aplicarse a la población con el fin de financiar la campaña bélica y el propio Gobierno. En respuesta a este agravio, los manresanos quemaron el papel en medio de la plaza Mayor y esparcieron las cenizas a los gritos de “¡viva la religión!”, “¡viva Fernando!” y “¡viva la patria!”.

En el verano de 1808, un cuerpo francés de 12.710 hombres al mando de Duhesme tenía su base en Barcelona. El GD Joseph Chabran mandaba la DI-I con 6.050 soldados en 8 BIs, mientras que Lechi comandó la DI-2 con 4.600 hombres en 6 BIs. Los 1.700 hombres de caballería en 9 Escóns estaban bajo los generales de brigada Bertrand Bessières y François Xavier de Schwarz. También había 360 artilleros.

Esta fuerza de tamaño modesto se encargaba de sofocar la insurrección en Cataluña, y además tenía que enviar ayuda al mariscal Bon-Adrien Jeannot de Moncey en su intento de capturar Valencia, y mantener el control de Barcelona. En vista de la gravedad de la revuelta, estas órdenes fueron completamente irreales. Duhesme intentó cumplir con sus instrucciones enviando a Chabran y 3.000 soldados a unirse a Moncey y mandando a Schwarz con otra columna para apoderarse de Lérida. Schwarz salió de Barcelona el 4 de junio e inmediatamente tuvo problemas.

Primera batalla del Bruch (6 de junio de 1808)

Antecedentes

El 4 de junio de 1808 el general Schwartz partió de Barcelona por el camino de Manresa al frente de su columna de 3.800 soldados y 2 piezas de artillería. Enseguida la noticia corrió como la pólvora entre los paisanos, quienes mandaron avisos hacia Manresa e Igualada, las poblaciones más amenazadas por este movimiento de los franceses. En ambas villas se tocó a somatén ese mismo día. Por la tarde, la vanguardia de la columna francesa llegó a Martorell. Los coraceros que la formaban, quienes fueron recibidos con el toque de somatén, aún desconocido para los franceses, fueron alojados en un pequeño edificio denominado El Piquet, en el que estaba acuartelada una unidad del RC Borbón, que fue obligada a repartirse por diferentes casas de la población. El resto de la columna no llegó a Martorell hasta el día siguiente, donde quedó detenida por un fuerte y persistente aguacero.

Mientras tanto, en Manresa e Igualada un pregón general invitó a todos los hombres útiles a tomar las armas. Las autoridades de Igualada comisionaron a Antonio Franch y a José de Olzinellas para que se trasladaran hasta Villafranca del Panadés con objeto de pedir armas al gobernador de aquella zona, Juan de Toda.

El 5 de junio, un grupo de patriotas bastante numeroso partió de Manresa en dirección a las alturas del Bruch provisto de las armas que pudieron encontrar en la villa. Ese mismo día, desde Igualada partió hacia el mismo punto otro numeroso grupo de somatenes armados con hachas y escopetas. Iban acompañados por un grupo del BI-II de Guardias Valonas huido de Barcelona, al mando del sargento-mayor Justo de Bérriz y del capitán Carlos Vicente quienes, se distinguieron bastante durante ambos combates del Bruch. También les acompañaba un destacamento del RI-1 suizo Wimpffen alojado en Igualada, al mando del teniente Francisco Krutter.

En total, el grupo de defensores del Bruch serían varios centenares de somatenes de Manresa e Igualada encuadrados por los cuerpos regulares de Guardias Españolas y los suizos de Wimpffen al mando de sus oficiales.

Descripción de la zona de operaciones

En aquellos años, la carretera o camino real a Lérida, Zaragoza y Madrid iba ganando la divisoria entre el río Llobregat y su afluente Noya, que pasa por Martorell, por una de las ramificaciones del Montserrat, para descender hasta Igualada y continuar hasta Cervera y Lérida. A un km del Bruch de Arriba se encuentra la bifurcación del camino hacia Manresa; que se dirige hacia la divisoria mencionada cruzando por un collado existente entre la cumbre, empinada y abrupta, y unas lomas que inmediatamente se deprimen hacia el sur en ásperas barrancadas que llevan sus aguas torrenciales al Noya por la vasta llanura que se observa al pie. Junto al collado existía un caserío denominado Casa-Masana, situado en un punto elevado de notable pendiente, atalayando la red de comunicaciones que se repartían para Igualada, Manresa, Barcelona y el monasterio de Monserrat, oculto entre los picos de la montaña.

De igual modo que en las faldas de Montserrat, el terreno se hallaba junto al camino real salpicado de arbustos que distraían la monotonía de la capa de rocas que, en general, constituye la montaña. Junto al caserío de Casa-Masana existía un pequeño bosque de pinos que ofrecía suficiente cubierta a quien se propusiera observar el territorio sin temor de ser descubierto. Esta fue la posición elegida por los somatenes de Manresa e Igualada para enfrentarse a la columna del general Schwartz.

Primer ataque

El general Schwartz prosiguió su marcha al amanecer del 6 de junio, sin que su paso por los pueblos de la zona le hiciera sospechar nada extraño. Atravesó Esparraguera, se detuvo unas horas en Collbató por efecto del temporal, y llegó hacia el mediodía a la zona denominada el Bruch de Arriba, lugar de reunión de aldeas y caseríos cercano al punto de separación del camino de Manresa del de Zaragoza y Madrid.

La columna francesa marchaba descuidada, como en territorio amigo, sin más protección que una pequeña vanguardia de coraceros. De pronto, al llegar a la primera vuelta que hace el camino real en su descenso hacia Igualada sobre el borde de un hondo barranco que cae al sur; y donde se separa el camino que conduce a Manresa, su vanguardia recibió un vivo tiroteo procedente del pinar cercano al caserío de Casa-Masana que tumbó a varios coraceros mientras el resto corría a refugiarse en el grueso de la columna.

Pasado el primer efecto sorpresa, el general Schwartz formó una columna de ataque que, precedida y flanqueada por una cubierta de tiradores, dirigió contra los defensores emboscados en el pinar y el terreno circundante. Los españoles no pretendían ofrecer resistencia y abandonaron Casa-Masana, que fue inmediatamente ocupada por los franceses, y se dirigieron de regreso hacia Manresa e Igualada, sus lugares de origen.

Al llegar al collado, el general Schwartz se sorprendió de la vista del terreno que tenía frente a él: era una serie de colinas cubiertas de monte bajo que iba sorteando el camino y que le hizo creer la ilusión que le esperaban muchos y angostos desfiladeros por recorrer en las 4 leguas (20 km) que le separaban de Manresa. Pensando que los atacantes de Casa-Masana debían estar encuadrados en la vanguardia de una unidad regular, pues no podía ni pensar que había sido atacado por paisanos armados, decidió dar un descanso a sus hombres y repartir el rancho antes de proseguir la marcha.

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Primera Batalla del Bruch (6 de junio de 1808). El somatén durante la batalla. Autor Ramón Martí Alsina.

Segundo ataque

Los fugitivos que se dirigían a Manresa se encontraron un grupo de unos 100 somatenes procedentes de Sampedor, seguidos de otros 60 vecinos de Sallent, todos ellos bien armados y hábiles tiradores, que acudían a la convocatoria que se les había hecho. A su frente marchaba un tamborilero de Sampedor llamado Isidro Llusá.

Mientras tanto, el 6 de junio por la mañana los señores Franch y Olzinellas regresaban a Igualada sin haber logrado sus propósitos de obtener armamento del gobernador de Villafranca. En las inmediaciones de Igualada se cruzaron con un grupo de somatenes de esta localidad que iba a unirse a los que habían salido el día anterior, quienes proclamaron a Franch como su jefe y le pidieron que “les guiara en la temeraria acción que iban a emprender”. En su marcha hacia el Bruch engrosaron sus efectivos con somatenes de los pueblos de alrededor, hasta que tropezaron con los fugitivos que regresaban de Casa-Masana tras la carga francesa del primer ataque.

Envalentonados los manresanos e igualadinos del primer ataque por los refuerzos llegados, resolvieron volver de nuevo contra los franceses. Arremetidos de improvisto por un enemigo que creían lejos, las vanguardias francesas que ocupaban Casa-Masana se retiraron en desorden sobre el grueso de la columna, que estaba tomando el rancho tranquilamente en las inmediaciones del Bruch de Arriba.

El general Schwartz formó un gran cuadro, dispuesto a enfrentarse a un enemigo que parecía amenazarle por todas partes. Sin embargo, la amenaza no se materializaba. Las campanas de los pueblos de los alrededores no hacían más que tocar incesantemente, lo que hizo que el general se alarmase ante un más que previsible alzamiento popular general contra el que no creía con fuerzas suficientes para enfrentarse a él con éxito, por lo que decidió retirarse hacia Barcelona.

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Primera Batalla del Bruch (6 de junio de 1808). Lucha en las colinas. Autor Salvador Mayol.

En las versiones tradicionales españolas se atribuye una influencia primordial y determinante en la retirada de Schwartz a los toques de un tambor que llevaban los somatenes de Sampedor y que le hicieron temer al general napoleónico que se trataba de tropas de línea.

La moderna investigación histórica ha comprobado la presencia en la primera acción del Bruch de un tamborcillo de Sampedor llamado Isidro Llusá, y de otro de Igualada denominado Benito Malvehí; así como de un vecino de Piera de nombre Miguel Rigol, que había sido trompeta de caballería, los cuales, con sus respectivos instrumentos, animaron a los combatientes en aquella gloriosa acción.

Pero desde que se escucharon tales sones hasta que se retiró Schwartz continuó el fuego durante algunas horas. Además, el propio Llusá declaró que una guerrilla francesa le hizo prisionero y le arrebató el tambor, salvando la vida por milagro.

Fue, pues, el sonido repetido de las campanas de todas las iglesias de la comarca (como afirma Lafaille), y no el de los citados instrumentos, el que decidió a Schwartz a replegarse a Barcelona.

Retirada del general Schwartz

La retirada francesa se hizo en principio en buen orden, debido a la escasez de tropas de los somatenes. Sin embargo, conforme el ruido de las armas y las voces de alarma se propagaban por los alrededores, más paisanos iban agregándose a los somatenes para hostigar a los franceses. Mientras duró la luz de la tarde, los franceses fueron capaces de recorrer en orden las 2 leguas (10 km) que les separaban de Esparraguera. Al llegar al terreno llano, su disciplina de fuego y artillería fue capaz de mantener a los paisanos a distancia.

Al llegar a Esparraguera, los primeros contingentes de la vanguardia que atravesaron la Calle Mayor, de un km de largo aproximadamente; fueron detenidos por barricadas de carros, maderos y obstáculos, y recibidos con todo tipo de proyectiles, piedras, fuego, líquidos hirviendo y muebles desde puertas y ventanas, logrando matar a algunos soldados franceses. Ante el cariz de la resistencia, el general Schwartz formó dos columnas con las que rodeó el pueblo por derecha e izquierda, sin por ello dejar de ser hostigado por los habitantes de Esparraguera, que aprovechaban cualquier oportunidad para abatir soldados franceses.

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Heroica resistencia en Esparraguera (9 de junio 1808). El general Schwartz después de la derrota en el Bruch, retrocedió de Tarragona. Los vecinos de la Esparraguera, emulando la gloria de los defensores de aquella altura disputaron tenazmente el paso a Chabran.

Afortunadamente para la columna, los habitantes de Martorell y Molins del Rey no se resistieron al paso de los franceses. Solo al cruzar la riera de Abrera volvieron a estar en peligro, pues los paisanos habían preparado con fogatas el hundimiento del puente que lo cruzaba. Efectivamente, el puente, debilitado por efecto del fuego, se cayó por el peso producido por el agolpamiento de los franceses en su huida de los somatenes que les hostigaban de cerca, arrastrando en su caída varios soldados y un cañón, que fue capturado por los españoles. A pesar del contratiempo, la columna de Schwartz prosiguió su marcha, aliviada momentáneamente por la detención de los somatenes.

Finalmente los franceses pudieron acogerse a la protección que le brindaron fuerzas enviadas por el general Duhesme en su auxilio. De este modo, la columna del general Schwart entró en Barcelona a lo largo de toda la noche del 7 de junio por partidas sueltas y en el más lastimoso estado, con una larga procesión de heridos y lastimados. Las bajas se estiman en unos 350.

Secuelas de la primera batalla del Bruch

Si bien desde el punto de vista militar la Primera Batalla del Bruch no puede considerarse una verdadera batalla, su importancia radica en que demostró a los catalanes que el invasor francés podía ser derrotado, exaltando con ello el entusiasmo y patriotismo de los catalanes. La victoria alcanzada sobre los franceses provocó el alzamiento general en todo el Principado, logró galvanizar a la población catalana y la leyenda del tamborilero se convirtió en el símbolo por antonomasia de la resistencia catalana.

Segunda batalla del Bruch (14 de junio de 1808)

Ante la evidencia que los franceses pudieran probar otra vez forzar el paso de Casa-Masana, las autoridades locales acordaron fortificarlo.

Por parte francesa se decidió realizar un nuevo intento contra la Cataluña interior y asaltar los almacenes de pólvora manresanos. El general Chabran, que era quien comandaba a los franceses en esa ocasión, inició la marcha el 13 de junio, con el mismo destino que la anterior, una nueva columna, integrada esta vez por cerca de 5.000 hombres de todas las armas.

Habiendo salido de Barcelona a primera hora de la mañana, la tropa francesa logró romper el cordón del Llobregat y llegó a Martorell sobre las 14:00 horas, con la intención de acampar en el llano.

La columna se puso en movimiento de nuevo la madrugada del 14 de junio, después de haber saqueado e incendiado dejaron Martorell y Esparreguera. En esta ocasión los franceses sabían que los somatenes los esperaban en el mismo lugar y, por tanto, el factor sorpresa no existía para ninguno de los dos bandos. De nuevo los somatenes se reunieron en el paso de Casa-Masana, pero esta vez disponían de muchas tropas de refuerzo: a los soldados del regimiento Wimpffen que habían luchado el día 6 se añadieron las Guardias Valonas, los soldados del RI de Extremadura y un nuevo contingente del RI de Wimpffen que, proveniente de Lérida, llevaba con él diversas piezas de artillería, en total los efectivos españoles alcanzaron los 1.500 efectivos.

La tropa francesa se dividió en dos columnas, una subió por la nueva carretera que llevaba al Bruch mientras la otra lo hacía cercana a las rocas por la carretera de Collbató.

A primera hora de la tarde llegó a las puertas del Bruch de Baix la primera columna acompañada de 21 carros cubiertos y diversa artillería. Fue recibida con fuego de artillería y obligada a retroceder hasta Casa-Pascual ante la imposibilidad de avanzar por esta zona.

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Segunda Batalla del Bruch (14 de junio de 1808). El somatén contra los franceses.

La otra columna fue penetrando en dirección al col de Casa-Masana y una vez bajo el alcance de los cañones españoles, estos abrieron fuego. La columna francesa no detuvo la marcha hasta llegar a Cal Rovira del Bruch, allí bajo el persistente bombardeo optaron por seguir la dirección de Casa-Masana por los caminos más protegidos de la vista de los artilleros. Aunque fueron bombardeados por todo el trayecto hasta que llegaron al pie del col de Casa-Masana, donde las fuerzas españolas les impedían el paso desde su privilegiada posición.

El general Chabran, intentó de forzar el paso abriendo fuego de contrabatería contra los cañones españoles que les impedía el paso, las bajas se sucedían sin ningún logro, y al final se decidió una nueva retirada.

La leyenda cuenta el episodio del niño pastor Isidre Lluçà i Casanoves, que puso en fuga a las tropas napoleónicas con la colaboración del eco de las montañas de Montserrat, pues al no poder combatir por su edad quiso ayudar a subir la moral y tomando su tambor, empezó a tocarlo. La reverberación del sonido por el eco, hizo que diese la impresión de ser muchos los tamborileros y que el número de soldados españoles era muy superior al que realmente había, por lo que el ejército francés se batió en retirada.

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Primera Batalla del Bruch (6 de junio de 1808. El tambor del Bruch.

En esta ocasión, las tropas en retirada no encontraron dificultades ni en Esparreguera ni en Martorell, hecho que permitió que llegaran a Sant Feliu de Llobregat aquella misma tarde. La entrada en Barcelona se hizo por la tarde del día 15 de junio. Las pérdidas francesas alcanzaron los 500 hombres y algunas piezas de artillería.

No hubo una tercera tentativa de cruzar el paso de Casa-Masana: el ejército francés se dirigiría a la Cataluña central por las tierras del Vallés.

Primer asedio o batalla de Gerona (20-21 de junio de 1808)

El alzamiento popular que se operaba en las comarcas de Gerona y del Ampurdán alarmó al general Duhesme, temiendo que se le interrumpiesen sus comunicaciones con Francia y quedase aislado en Barcelona. Para salvar estos peligros determinó recorrer todo el país sublevado, empezando primero por los puntos de la costa.

El día 16 de junio partió de Barcelona, una DI francesa al mando del general Lechi, compuesta de unos 6.000 efectivos, con 8 piezas de artillería.

El 17 de junio, unos 10.000 migueletes con 3 o 4 cañones, intentaron detener a los franceses en Mataró, los imperiales derrotaron fácilmente a los migueletes. Las tropas imperiales celebraron su triunfo saqueando Mataró durante un día entero. Mientras los franceses continuaban su camino hacia Gerona, los migueletes volvieron a ocupar la campiña y bloquearon todas las comunicaciones entre Duhesme y Barcelona.

En 1808, el río Oñar dividía Gerona en dos partes: este y oeste. La parte más pequeña de la ciudad, llamada Mercadal, estaba entonces en la orilla oeste. Dado que el río no estaba protegido por ninguna defensa natural, los ingenieros militares le habían proporcionado 5 bastiones de tipo Vauban. La ciudad estaba rodeada por un alto muro de 6 metros construido en la Edad Media.

El lado este de la ciudad que era el más extenso, estaba defendido por una hilera de fuertes en una cresta, el más avanzado hacia el sur era el de Capuchinos sobre la actual carretera del cementerio. Tenía la figura de un cuadrilongo, con pequeños baluartes y un hornabeque simple. Siguiendo la cresta de la montaña hacia el norte, estaba el fuerte de la Reina Ana, situado entre Capuchinos y Condestable, consistente en una tenaza simple. El fuerte de Condestable estaba situado más al Norte, tenía la figura de un trapecio con pequeños baluartes y una media contraguardia, destacados del Condestable en dirección al noroeste, había dos reductos llamados del Cabildo y de la Ciudad, colocados sobre dos alturas.

Separados por el barranco de Galligar, se encontraba el fuerte de Montjuich en la montaña del mismo nombre, tenía dos reductos orientados hacia el río Ter (San Juan y San Luis) y detrás otros 2 (San Daniel que cruzaba fuegos con el calvario, y San Narciso) dominaba los caminos de aquellas partes. Estos reductos no tenían foso ni camino cubierto en casi todo su recinto, sus muros estaban descubiertos y eran muy pequeños y endebles, había muy pocos alojamientos a prueba y sus cisternas tenían agua solamente para una corta guarnición en tiempo de paz.

Cuando se tuvo noticia de esta expedición, las juntas de Gerona tomaron medidas para desbaratarla. La junta gubernamental se hizo cargo de dar aviso a los regimientos inmediatos y del llamamiento de los somatenes. La junta económica activó la provisión de víveres como de los demás auxilios, tanto para los defensores de Gerona, como para los que habían de operar en el campo; y la junta militar envió somatenes, para acosar el avance enemigo. Destacó hacia la marina al capitán del RI irlandés Ultonia Daniel O’Sulivan y al teniente Manuel Motes, nombró gobernadores para los fuertes de la plaza de Gerona que no los tenían y señaló los puestos que cada cual había de ocupar en el momento de un ataque.

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Primer y segundo asedio de Gerona in 1808. Mapa de las fortificaciones de la ciudad vista orientación norte.

Animado Duhesme con este éxito salió de Barcelona y poniéndose al frente de las tropas, resolvió llevar a término su proyectada expedición. El día 18 de junio, salió de Mataró, pasando por Arenys de Mar, Calella y Pineda, y pernoctando en Malgrat. A amanecer del 19 tomó el camino de Tordera llegando a la Granota y la Tiona donde descansó. Al amanecer del 20 de junio, se puso en marcha sin parar hasta Fornells a 6 km de Gerona.

La fuerza de Duhesme se componía de:

  • BRI de Milossevich con 2.133 efectivos en 3 BIs: BI-II/2, BI-III/4 y BI-II/5 italianos.
  • BRI de Schwarz con 2.163 efectivos en 3 BIs: BI-I/1, BI-II/1 y BI-I de vélites italianos.
  • BRC con 1.517 efectivos: RCP-3 de coraceros (409), RC-3 de cazadores italianos (504), RC de cazadores napolitanos (388).

A las 09:00 horas, los franceses estaban a la vista de Gerona, situando su vanguardia en las alturas de Palau Sacosta. Las campanas de la ciudad dieron la alarma y los hombres de la ciudad y la comarca acudieron a sus puestos en las murallas (unos 1.500 paisanos), y la guarnición de 350 hombres quedó en reserva en las plazas del Vino y de las Coles. Las mujeres de todas clases, se emplearon voluntariamente en llevar agua, municiones y comestibles a los puntos de combate, atender a los heridos.

Cuando los franceses estaban a tiro de cañón, la artillería española de los baluartes de la Merced y San Francisco de Paula y del fuerte de Capuchinos, abrieron un fuego tan vivo y tan certero que tuvo que replegarse y extender su línea que prolongó hasta Salt y Bescanó, cuyos pueblos y casas fueron saqueadas. Al mismo tiempo el grueso de la caballería francesa al mando del coronel Zenardi, intentó vadear el río Ter por la zona de San Pons de Fontajau, para pasar al llano de Domeny. Un toque de rebato alertó a los paisanos de los pueblos de alrededor, que se armaron en somatén, ocuparon a toda prisa las alturas que dominan la orilla izquierda del río. Rechazaron el movimiento de la caballería francesa, y bajaron a ocupar la misma orilla para impedir que el enemigo cruzase el río, rechazando varios intentos y causándole muchas bajas.

Los franceses se retiraron hacia Palau, donde establecieron una batería de 3 obuses que abrió fuego inmediatamente, pero con mala dirección que no logró poner ni un proyectil dentro la ciudad. Al poco rato quedó además desmontada por los certeros disparos de la artillería española.

Sobre las 12:00 horas, los franceses enviaron un parlamentario a la ciudad, para que depusieran las armas. Mientras tanto se dividieron en dos columnas, una bajó por el llano al abrigo de los cercados y de la profundidad de los caminos y barrancos llegando hasta Santa Eugenia, y otra que dividiéndose en varias pequeñas partidas se situó entre el río Oñar y los fuertes de la montaña.

Comprendiendo que este último avance tenía por objeto atacar la puerta del Carmen, los defensores reforzaron este punto con un destacamento del RI Ultonia, confiando el mando al Tcol Pedro O’Daly, tapiándose además dicha puerta interiormente con una pared seca.

Sobre 15:00 horas, los franceses emprendieron el ataque. Para disimularlo y distraer la atención de los sitiados, subió una columna a rodear el fuerte de Capuchinos, rompiendo un vivo fuego de fusilería al que contestó la escasa guarnición del fuerte de la misma manera y con certeros de disparos de metralla. Una partida enemiga atacaba al mismo tiempo el edificio almacén de pólvora, pero fue ahuyentada por los somatenes de las alturas inmediatas.

Durante estos ataques, otra columna entró resueltamente en la calle del Carmen en extramuros. Formaron en línea de batalla al amparo de los gruesos árboles del paseo de dicha calle, abrió fuego contra el baluarte de la Merced y la muralla de la puerta del Carmen para desalojar a los defensores de sus parapetos. Mientras una sección de artillería se adelantaba corriendo con un petardo para abrir la puerta. El certero fuego de fusilería y metralla mataron a todos los artilleros y deshicieron de tal modo la línea de batalla, que los franceses huyeron precipitadamente. Fueron seguidos por la columna que había subido a rodear el fuerte de Capuchinos y volvieron a cruzar río Oñar, siendo perseguidos por los disparos de artillería, guarneciéndose otra vez en las alturas de Palau, después de haber sufrido sensibles pérdidas. Las pérdidas españolas fueron insignificantes, el Tcol Pedro O’Daly tuvo una fuerte contusión en la cara, se negó a abandonar su puesto.

Terminados estos ataques, se presentó otro parlamentario. Esta vez era un oficial de estado-mayor, que propuso que 2 parlamentarios acudiesen para entrevistarse con el general Duhesme. Se nombró a Martín de Burgués, regidor perpetuo y a Juan O’Donovan jefe del RI de Ultonia.

Esa noche, mientras negociaban, los franceses atacaron por sorpresa al baluarte de Santa Clara, para ello realizaron dos ataques de distracción contra el baluarte de San Francisco y contra el barrio de San Pedro.

Sobre las 22:00 horas comenzaron los ataques de distracción mientras la columna destinada al asalto frente al baluarte de Santa Clara, compuesta por los 3 BIs de la BRI italiana de Schwartz, abrió fuego para despejar sus parapetos y en un momento dado acercaron un gran número de escaleras por todas partes del muro, subiendo la tropa con el mayor silencio.

El baluarte estaba guarnecido con un piquete del RI Ultonia, algunos artilleros y 50 paisanos, gente insuficiente para cubrir siquiera su extenso perímetro. Recibieron a bayonetazos a los primeros que subieron. Los franceses reemplazaban continuamente a los que caían y aumentando las escaleras en número mayor al de los defensores del baluarte, no tuvieron otro remedio que retirarse a la gola. Un tambor enemigo logró subir al muro y a los gritos de, “ya es nuestro”, tocaba llamada animando a los suyos. Este fue el momento crítico, pues al mismo tiempo otra partida enemiga atacaba el baluarte de San Francisco de Paula, aunque con menos fortuna.

Julián de Bolívar se hallaba con los oficiales del RI Ultonia en el puesto de San Francisco cuando le llegó la noticia de los que ocurría en el baluarte de Santa Clara. En el acto, dichos jefes se trasladaron a dicho punto (el Tcol O’Daly estaba herido) con un destacamento del RI Ultonia, varios paisanos y religiosos. Al llegar, formaron en línea de batalla, hicieron una descarga cerrada y seguidamente realizaron una carga a la bayoneta, que sorprendió a los franceses que se dieron a la fuga.

Después de la media noche, los franceses intentaron otro ataque contra el baluarte de San Pedro, pero los fuegos del mismo y desde la torre de San Juan le pusieron en fuga.

Cuando el general Duhesme se enteró del resultado de estos ataques, en los que tuvo muchos muertos y unos 400 heridos; ordenó el descanso de su ejército y al amanecer, fingiendo que quería continuar el sitio, manifestó a los diputados Burgués y O’Donovan que regresasen a la ciudad y que esta le mandase una diputación más numerosa, compuesta de individuos del clero, milicia, nobleza y estado llano. Tan pronto como los diputados emprendieron su marcha, Duhesme dio orden al ejército de ponerse en movimiento para retirarse Barcelona, la cual llevó a cabo con tanta rapidez, que aquella noche la vanguardia durmió en Pineda.

A la mañana siguiente, los nuevos parlamentarios salieron de la ciudad y se dirigieron a una casa de campo llamada Can Gova, punto destinado para la conferencia. Al llegar allí, no encontraron a nadie y, cerciorados de que el ejército enemigo había emprendido la retirada, regresaron a Gerona dando la grata noticia a los habitantes y la guarnición.

Preparación de Gerona para la defensa

Al ver que el enemigo se alejaba, la junta militar comprendió que no tardaría en volver, y considerando que la plaza no estaba en disposición de sufrir ni 8 días de sitio formal, tomó las más activas providencias para ponerla en estado de defensa. El comandante de ingenieros Guillermo Minali se dedicó a los trabajos necesarios para ensanchar, profundizar y llenar de agua los fosos y cortar los árboles de los alrededores, como también devastar márgenes, cercas, vallados y demás obstáculos que podían proteger al enemigo. El comandante de artillería Pablo Miranda estableció una completa maestranza y parque de artillería; buscando los mejores asentamientos en la muralla teniendo que construir en pocos días más de 50 cureñas. Fue muy reconocida la actividad de ambos jefes, que realizaron dichos trabajos a pesar de no contar con el auxilio de oficiales de sus armas.

Fue una gran suerte para Gerona que el enemigo hubiese dejado intactos dos grandes almacenes existentes en las afueras: uno el de la pólvora detrás del fuerte Condestable, con una gran cantidad de barriles y el otro en el llano, junto a la cruz de camino de Barcelona, lleno de maderas de construcción, valoradas en más de un millón. Así es que apenas se perdió de vista el enemigo, se mandaron introducir en la plaza tales efectos, prestándose para ello con el mayor entusiasmo la mayor parte de los carruajes y acémilas de los habitantes, incluso los coches de las señoras y personas de posición.

El día 22 de junio, Benito Rovira que por comisión de la junta había marchado a Mallorca, volvió trayendo 200.000 cartuchos de fusil; manifestando las dificultades que ponía el capitán-general de aquellas islas en facilitar los demás auxilios que se le pedían de gente y armas y concediendo solo permiso para al Tcol de ingenieros José Torres y Pellicer, para ayudar a la defensa de la plaza. Causó esta última noticia mucha alegría entre los vocales de la junta, de quienes Torres era muy conocido, pasando a formar parte de la junta militar.

Como los enemigos se mantenían en las poblaciones de la costa y realizaban algunas correrías, se temió por la suerte del castillo de Hostalrich, cuya pérdida podía ser de fatales consecuencias. Para evitarlo, se dispuso que el 24 de junio partiesen hacia allí Torres y Pellicer; el capitán de Ultonia Daniel O’Suliván, gobernador interino de aquella plaza nombrado por la junta; los oficiales Manuel Motes y Pedro Sprackman, el subteniente de artillería Narciso Serrats y 10 artilleros de marina de la villa de San Feliu de Guixols. Llegados a Hostalrich pusieron el castillo en estado de defensa y lo proveyeron con gente, municiones y víveres, regresando a Gerona el dicho jefe de ingenieros.

El día 28 de junio, se presentó ante la junta de Gerona el Tcol Francisco Milans del Bosch, fugado de Barcelona, ofreciendo sus servicios. Expuso la conveniencia de formar un cordón cerca de Tordera para observar y detener al enemigo por cualquier carretera que viniese. La junta aceptó la idea y le confió el mando del cordón.

La alegría de los gerundenses por haber rechazado al enemigo en su primera intentona, con tan escasos medios era inmensa. La victoria que se acababa de alcanzar era importantísima porque un ejemplo a imitar por muchos pueblos. Las autoridades de Gerona comprendiéndolo así trataron de dar a conocer el suceso del modo que se merecía. Reunidos a este fin todos los detalles, se redactó una minuciosa y acabada reseña de este primer sitio que se publicó en un impreso titulado el Correo de Gerona correspondiente al mismo 28 de junio.

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Primer y segundo asedio de Gerona en 1808. Mapa de las fortificaciones de la ciudad. Autor Charles Oman.

Segundo asedio de Gerona

Llegada de los franceses

Después de su temprano rechazo en Gerona, Duhesme había pedido ayuda. Napoleón no estaba particularmente interesado en la lucha en Cataluña, pero mandó reunir una fuerza de 7.000 a 8.000 hombres, en Perpiñán bajo el mando del general Reille. Esta fuerza fue reuniéndose lentamente, y a mediados de julio Reille tenía alrededor de 4.000 hombres y 2 cañones. Estas tropas incluían RI-113 (2), 1 BI de la Guardia Nacional de los Pirineos Orientales (560), 2 Cías del RI-2 suizo, 700 gendarmes y reservas departamentales, y varios batallones de marcha y reclutas. Rosas estaba en manos de unos 800 hombres del RI Fijo de Rosas y 400 miqueletes, la milicia catalana, con 5.000 miqueletes más al mando del coronel Juan Clarós en las colinas cercanas. Los defensores recibieron un impulso cuando el buque de guerra británico Montagu (74), bajo el mando del capitán Robert Otway, apareció en el puerto y desembarcó a sus marines para ayudar. Reille lanzó un ataque el 11 de julio de 1808, pero sus tropas fueron expulsadas con 200 bajas. Las pérdidas españolas fueron leves.

Frustrado en Rosas, Reille se movió en dirección a Gerona. Cuando llegó allí, se unió a Duhesme para iniciar el asedio de Gerona.

El 10 de julio, Duhesme salió de Barcelona al frente de una columna de 7.000 hombres, rumbo a Gerona, y al mismo tiempo ordenó a Reille que se reuniera con él allí.

Duhesme salió de Barcelona con 2 BRIs, 1 BRC y 22 cañones (incluidos 10 de asedio). De camino a Gerona se unió a otros 2 BIs y 1 RC al mando del general Chabran. Los somatenes y las partidas de Francisco Milans del Bosch y Joan Clarós acechaban y los acosaban con eficaces golpes de mano. Camino de la plaza de Gerona, los franceses intentaron la rendición del castillo de Hostalrich, cuya respuesta del gobernador fue digna y briosa. La fuerza llegó a Gerona el 23 de julio y el 24 llegó el primero de los hombres de Reille, comenzando el asedio. Duhesme tenía unos 13.000 hombres para llevar a cabo el asedio.

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Los franceses delante de Gerona en 1808. Autor F. Pérez Álvarez.

Comienzo del asedio (25 de julio de 1808)

Hasta el comienzo del asedio, los españoles solo habían tenido 400 soldados en Gerona, del RI irlandés de Ultonia que había estado presente durante el primer asedio. Sin embargo, la situación estuvo a punto de transformarse con la llegada de un gran continente de tropas de las guarniciones de las Islas Baleares. Entre el 19 y el 23 de julio, 4.630 hombres y 37 piezas de artillería, desembarcaron en Tarragona, y la noche del 22 de julio entraron en la ciudad 1.300 del BIL-II voluntarios de Barcelona con 2 cañones, 1 oficial, 1 sargento y 16 artilleros.

Con el RI de Ultonia se formaron dos cuerpos de reserva, uno al mandado por el coronel Antonio O’kelly con una partida de migueletes, y al otro a las órdenes del Tcol Pedro O’Daly con una Cía de dependientes de la ciudad, las murallas se dividieron en tantos sectores como oficiales superiores disponibles, con soldados y civiles mezclados, donde cada uno debía conocer su posición. Se dieron varias alarmas fingidas para comprobar que cada uno ocupaba su puesto. Hasta a las mujeres se les detallaron los puntos donde debían acudir para llevar municiones, agua, vino y demás auxilios a los defensores.

Los franceses tomaron posiciones en lados opuestos del río, con Duhesme en Santa Eugenia en la orilla izquierda (occidental) y Reille en Puente Mayor, al norte de la ciudad, en la orilla oriental. Las dos posiciones estaban bien conectadas. Durante el breve primer asedio, Duhesme carecía de un tren de asedio, por lo que se vio obligado a realizar una serie de intentos infructuosos de asaltar la ciudad. Esta vez tenía un tren de artillería más fuerte, por lo que decidió establecerse para ejecutar un asedio regular.

El principal objetivo del asalto francés sería la fortaleza de Montjuich, que dominaba la ciudad. El plan deDuhesme era colocar sus cañones pesados en la vertiente norte del cerro de Montjuich dominado por la fortaleza, pero el trabajo fue extremadamente lento, y el bombardeo no comenzó hasta el 12 de agosto, dos semanas después de la llegada de los franceses a Gerona.

A medianoche del 12 de agosto, abrieron fuego, continuado los días 14 y 15. Los franceses asentaron 5 baterías: una de 3 morteros situada en Santa Eugenia disparaba bombas; otra de 2×8 obuses en Palau; otra de 2×6 obuses en el extremo de la trinchera junto al río Ter, que dirigían sus fuegos al baluarte de San Pedro; y las otras dos situadas al tiro de fusil en las dos torres abandonadas más inmediatas a Montjuich, una de 3×24 cañones y un obús, y la otra de 2×16 cañones. Ambas batían el castillo por sus dos frentes de norte y este con un fuego tan continuado como bien dirigido. Los sitiados reparaban con prontitud los estragos que hacía la artillería en la muralla, e impedían de este modo que quedasen abiertas brechas practicables.

Mientras Duhesme se preparaba lentamente para comenzar su bombardeo, el marqués del Palacio fue nombrado capitán-general de Cataluña. Se le consideraba un líder bien intencionado, pero no muy capaz, pero sus movimientos iniciales salvarían a Gerona por el momento. Comenzó un asedio a Barcelona, esperando que esto obligara a Duhesme a abandonar su propio ataque sobre Gerona. Al mismo tiempo, se envió una pequeña columna al mando del conde de Caldegues hacia Gerona, donde debían ayudar a las levas locales a hostigar a los franceses. El retraso también permitió que la noticia de la desastrosa derrota francesa en la batalla de Bailén el 19 de julio de 1808 llegara a los campos francés y español.

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Segundo asedio de Gerona 1808. Alegoría. Autor Enrique Estevan y Vicente.

Contraataque español

Caldegues abandonó las cercanías de Barcelona el 6 de agosto al frente de una fuerza que incluía 4 Cías de tropas regulares, 3 cañones y 2.000 efectivos irregulares. Los guerrilleros Joan Baiget (Joan de la Creu Baiget i Pàmies), Juan Clarós (Joan Pau Clarós i Presas) y Francisco Milans del Bosch que seguía hostigando la retaguardia del enemigo. En el camino a Gerona se le unieron un gran número de levas locales, lo que elevó su fuerza a un total de 7.000 hombres. Fuera de Gerona pudo reunirse con los altos mandos de Gerona, y juntos decidieron lanzar un atrevido asalto a las líneas francesas. Su plan era atacar a los hombres de Reille, en la margen oriental del río Oña, desde donde bombardeaban el Montjuich. La esperanza era que la mitad del ejército francés de Duhesme no pudiera llegar al campo de batalla a tiempo para intervenir eficazmente. Al mismo tiempo que la fuerza de socorro realizaba su ataque, la guarnición haría una salida.

Antes de las 04:00 horas del 16 de agosto, entró en Gerona José Torres y Pellicer, que venía del Castellar, y comunicó las últimas órdenes del conde de Caldagués para realizar el ataque.
Al amanecer se puso en marcha el conde en dirección al valle de San Daniel, pasando por detrás de los fuertes de levante con objeto de subir por la montaña de Montjuich y atacar las baterías enemigas por el flanco. Llevaba escasamente 3.700 hombres, cuya vanguardia confió a Milans del Bosch, dando a O’Donovan la dirección de la retaguardia.

Clarós que con su gente y varios somatenes en total unos 2.500 hombres, estaba en los Angeles, al ver el movimiento de Caldagués, se puso en marcha con objeto de desalojar la altura de San Miguel, destruir el campamento de Campdurá y atacar por retaguardia las baterías contra Montjuich.

Mientras estas columnas iban en marcha, en la ciudad se preparaba todo lo necesario para ejecutar el plan acordado, señalándose en el castillo de Montjuich la guerrilla que había de salir, la cual se apostó en los fosos. A las 07:00 horas se reunieron en la plaza de San Pedro las fuerzas que habían de ejecutar la salida, que eran 126 hombres del RI Ultonia mandados por su sargento-mayor Enrique O’Donell, 500 del BIL-II de Barcelona a las órdenes de su comandante Narciso de la Valette, que había de ser el jefe de la salida, una Cía de migueletes de Tarragona con su capitán Francisco Garrell y otra Cía de Gerona con el capitán. Narciso Bou y Conchs, 2 cañones ligeros bajo la dirección del comandante de artillería Pablo Miranda, con los subtenientes Pedro La Llave, Narciso Serrats y el ayudante José de Urio, con todos los útiles necesarios para clavar los cañones y destruir o quemar las baterías.

El momento señalado para el ataque se daría con la campana mayor de la iglesia Catedral y se comisionó a Fernando Campero, capitán del RI Ultonia, quien desde el campanario observaba los movimientos con sus anteojos.

La Valette dividió en dos fracciones las fuerzas destinadas a la salida, una compuesta de la gente de Ultonia y 274 hombres del BIL-II de Barcelona al mando de O’Donell, y el resto quedó directamente á sus órdenes. Poco después de las 08:00 horas salieron por la parte de San Pedro y ocultándose a la vista del enemigo, se escondieron entre las sinuosidades del camino que conduce al castillo de Montjuich.

Clarós desalojó fácilmente el enemigo de la altura de San Miguel, bajando enseguida a Campdurá cuyo campamento tomó e incendió.

Esta era el momento de dar la señal de ataque, sobre las 09:00 horas, la campana tocando a rebato puso en movimiento el ataque. Milans del Bosch subió la montaña de Montjuich desde el valle de San Daniel, mientras Clarós destacaba una partida para que atacase al enemigo por la retaguardia de la batería; las fuerzas que salían de Gerona subían decididamente hacia la torre de San Daniel donde estaba la batería, y las fuerzas del castillo saliendo del foso atacaba de frente.

Sin realizar un solo disparo, atacaron a la bayoneta los de La Valette y O’Donell entrando por un boquete en la batería de la torre de San Daniel, matando a cuantos intentaron defenderse. Los franceses se retiraron hacia las torres de San Narciso y San Luis, pero pronto hubieron de abandonar la primera y luego la segunda. Pero en este momento recibieron varios refuerzos y adelantándose un BI de suizos, logró recobrar la torre de San Luis y la batería más cercana a ella.

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Segundo asedio de Gerona 1808. Las fuerzas españolas de La Valette y O’donell se arrojan a la bayoneta calada sobre una batería francesa, ahuyentando a los defensores. Autor Joan Serra Pausas.

Este contratiempo hizo que estuviera a punto de fracasar la misión, pero los soldados y migueletes, auxiliados por una partida de granaderos del RI Soria de las fuerzas libertadoras, atacaron otra vez a la bayoneta y recobraron la disputada torre de San Luis con su batería y obligaron al enemigo a retirarse y volver a cruzar el barranco. O’Donell y Aldea fueron heridos junto con el subteniente de Ultonia Manuel Piersón y levemente el capitán del mismo cuerpo Guillermo Nash, quien después de atendido, volvió otra vez a tomar parte en el combate al frente de su compañía.

Las fuerzas salidas de la plaza lograron reunirse con las de Clarós extendiéndose entonces una línea de nutrido fuego desde Montjuich hasta Campdurá, que iba desalojando los puestos enemigos, y obligándoles a huir a Puente Mayor y Sarriá. El capitán del BIL-II de Barcelona Tomás Marco de la Plata con una partida de su cuerpo y algunos migueletes, dirigiéndose por la ladera del monte, hacia Pedret, hizo prisioneros a un oficial y 24 soldados que se habían refugiado en la iglesia de Nuestra Señora del Pilar.

Mientras tanto, una brigada de operarios a las órdenes de los oficiales de artillería, iban destruyendo todas las obras de ataque contra Montjuich y llevando los cañones, municiones y materiales dentro del castillo. Desde entonces la misma artillería francesa sirvió para su defensa.

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Segundo asedio de Gerona 1808. Vista de la batalla. Autor Claudio Castelucho Diana.

Retirada francesa

Mientras tanto, 5.000 soldados regulares españoles de las Islas Baleares mandados por el marqués del Palacio desembarcaron en Tarragona. Nombrado capitán-general de Cataluña, Palacio se unió a sus regulares con una gran masa de irregulares catalanes para iniciar un bloqueo de Barcelona el 1 de agosto de 1808. La guarnición italo-suiza de 3.500 hombres de Lechi defendía la ciudad. Entre una gran población que amenazaba con rebelarse en cualquier momento, Lechi comenzó a enviar informes alarmantes a Duhesme después de verse obligado a abandonar sus puestos de avanzada, como el castillo de Mongat.

A pesar de este revés, los franceses todavía superaban en número a los españoles y la mitad del ejército de Duhesme aún no se había comprometido. Caldegues decidió no arriesgarse a un segundo ataque y, en su lugar, tomó posición en las colinas sobre Puente Mayor, en la orilla sur del Ter, donde esperaba un contraataque francés. Ese ataque nunca llegó. Duhesme ya sabía que Barcelona estaba sitiada. Sus propios cañones de asedio se habían perdido y los españoles habían expulsado a sus fuerzas de las zonas que habían sido dañadas durante los cuatro días del bombardeo. Los españoles estaban en una posición razonablemente fuerte: los franceses habrían tenido que atacarlos al otro lado del río Ter, y Duhesme era consciente de que su propio ejército no era de la mejor calidad.

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Segundo Asedio de Gerona 1808. Autor Augusto Ferrer-Dalmau

Ordenó a Reille de que se dirigiese a Figueras, y después de anochecer, emprendiendo la retirada abandonando la mayor parte del material de sitio.

Reille pudo llegar fácilmente a Figueras, pero Duhesme hubo de pasar muchas calamidades y hubiera sufrido más si Caldagués hubiese tenido caballería. En su defecto destacó aquella misma noche un grueso de somatenes y partidas de migueletes al mando de Milans del Bosch, para que acosaran la retaguardia francesa. Llegado Milans del Bosch a Santa Coloma de Farnés, se le unió el somatén de esta villa mandado por el alcalde de la misma Juan Barrera.

Duhesme atravesaba un terreno difícil y temiendo verse alcanzado abandonó toda la artillería. Milans del Bosch pasando por senderos y atajos logró alcanzarle en Montgat, atacándole decididamente por su derecha desde las alturas cercanas al camino.

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Quema de los trenes de bagajes cerca de Calella el 17 de agosto de 1808. El general Duhesme levantó el sitio de Gerona y huyó a Barcelona. Siendo perseguido por los españoles quemó su tren de bagajes para ir más rápido.

Duhesme para apresurar su marcha mandó incendiar todos los pertrechos y municiones, 25 carros llenos de fusiles y su propio coche. Acosados por los somatenes y por los disparos de dos fragatas inglesas y de la escuadrilla de corsarios de San Feliu de Guixols, pudo al fin entrar en Barcelona con sus tropas agotadas, descalzas y hambrientas.

Las bajas españolas fueron de 7 muertos y 38 heridos de los regulares, y 15 muertos y 70 heridos de los somatenes y migueletes. Capturaron 3×24, 3×16 y 1×4 cañones; 3×10 y 3×6 morteros de bronce; 2×8 y 2×6 obuses de bronce, así como gran cantidad de munición y utensilios.

Las bajas francesas se desconocen, pero debieron ser significativas.

Entrada creada originalmente por Arre caballo! el 2023-06-16. Última modificacion 2023-06-16.
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