Edad Media El Imperio Bizantino Dinastía de los Comnnenos (1081-1185)

Durante esta época se produjo la recuperación militar, financiera y territorial del Imperio bizantino. Se inició a partir de la ascensión de Alejo I Comneno en 1.081.

Alejo I Comneno (1081-1118)

La batalla Calabrytae en 1078 marcó el final de la rebelión de los Brienios, aunque Niceforos Basilaces reunió gran parte de ejército derrotado y trató de reclamar el trono para sí mismo. Él también fue derrotado por Alejo Comneno, quien a continuación procedió a expulsar a los pechenegos de Tracia.

Alejo Comneno se apoderó del trono a sí mismo en 1081. Su hijo o nieto. Nicéforo Brienio el más joven, se casó con la hija de Alejo, Ana Comneno. Se convirtió en un destacado general del reinado de Alejo, finalmente elevado al rango de César, y fue un gran historiador.

Alejo se juntó con la emperatriz María Bagrationi, hija del rey Bagrat IV de Georgia, que había sido esposa primero de Miguel VII Ducas y luego de Botaniates, y era célebre por su belleza. Alejo y María no disimulaban su relación, y vivían juntos en el palacio de Mangana. El joven hijo de María con Miguel VII, el príncipe Constantino Ducas, fue adoptado por Alejo y proclamado su heredero. Esto procuró a Alejo cierta legitimidad dinástica, pero pronto la madre del Emperador, Ana Dalasena, consolidaría la conexión con la familia Ducas arreglando la boda de su hijo con Irene Ducas, nieta del césar Juan Ducas, cabeza de la poderosa familia feudal y principal valedor del antiguo emperador Miguel VII.

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Alejo I Comneno emperador del Imperio bizantino (1081-1118)

La relación de Alejo con María continuó, sin embargo. Poco después de su nacimiento, la primera hija de Alejo e Irene, Ana Comnena, fue prometida en matrimonio al heredero Constantino Ducas, y se trasladó a vivir al palacio Mangana, con los dos amantes. No obstante la situación cambió drásticamente cuando Irene tuvo un hijo varón, Juan: se deshizo el compromiso matrimonial entre Ana y Constantino, quien perdió su condición de heredero imperial; la princesa fue llevada al palacio principal para vivir junto a su madre y su abuela y Alejo rompió su relación con María. Poco tiempo después murió el joven Constantino, y María finalmente fue recluida en un convento.

Guerra con los normandos

Antecedentes

Los normandos llegaron por primera vez a la Italia meridional en 1015 desde el norte de Francia para servir a los señores lombardos locales como mercenarios contra el Imperio bizantino. Como se les pagaba con tierras, pronto se sintieron lo suficientemente poderosos como para desafiar la autoridad del papa, al que en 1.054 derrotaron en la batalla de Civitate, tras lo que le obligaron a reconocer su supremacía. En 1059, el Papa hizo a Roberto Guiscardo, de la Casa de Altavilla, duque de Apulia, Calabria y Sicilia. Sin embargo, la mayoría de Apulia y Calabria estaban en manos bizantinas, y Sicilia se encontraba dominada por los sarracenos.

En 1071, Roberto, junto con su hermano Roger I de Sicilia, tomaron el último baluarte bizantino en Italia, Bari y al año siguiente, conquistaron toda Sicilia, acabando con el emirato de Sicilia. En 1073, el emperador bizantino Miguel VII Ducas envió un emisario a Roberto ofreciéndole la mano de su hijo Constantino para la hija del duque normando, Helena. Guiscardo aceptó el ofrecimiento y envió a su hija a Constantinopla. Sin embargo, en 1078, Miguel fue derrocado por Nicéforo Botaniates, evento que destruyó cualquier posibilidad de que Helena accediese a la dignidad de emperatriz. Esto llevó a Roberto a reclamar que su hija había sido objeto de malos tratos y le proporcionó la causus belli para invadir el Imperio. Sin embargo, su intervención se retrasó por una revuelta en Italia.

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Campañas de los normandos en el Mediterráneo (1053-1108)

El duque normando reclutó a todos los hombres en edad militar en su ejército, sin hacer excepciones. Mientras tanto, envió un embajador a la corte bizantina con las órdenes de demanda para un tratamiento adecuado a Helena y para intentar ganarse al doméstico de las escuelas, Alejo Comneno. Los resultados de estos intentos siguen siendo desconocidos, pero parece ser que el embajador normando obtuvo alguna garantía de Alejo y cuando regresaba a Italia, se enteró del éxito del golpe de este contra el entonces gobernante.

Cuando el embajador regresó, instó a Guiscardo a firmar la paz, alegando que Alejo quería la amistad con los normandos; a pesar de ello, el noble normando no tenía intenciones pacíficas, por lo que envió a su hijo Bohemundo con una avanzadilla hacia Grecia. Bohemundo desembarcó en Valona, al igual que lo haría su padre poco después.

Los 150 barcos de la flota normanda, de los que 70 eran transportes de caballos, navegaron hacia los territorios del Imperio bizantino a finales de mayo de 1081. El ejército contaba con 30.000 efectivos, y además, con el respaldo de 1.300 caballeros normandos (jinetes pesados). La flota navegó hasta Valona, donde se les unieron varios barcos de Ragusa, una república balcánica que era enemiga de los bizantinos.

Roberto Guiscardo pronto llegó a Valona y luego arribó a la isla de Corfú, cuya pequeña guarnición capituló ante la superioridad numérica normanda. Después de haber conseguido una cabeza de puente y un camino seguro para la llegada de refuerzos desde Italia; avanzó contra la ciudad de Dirraquio o Durazzo, capital y principal puerto de Iliria, que estaba bien defendida, y situada en una larga y angosta península paralela a la costa, pero separada de tierra firme por zonas pantanosas. Guiscardo llevó a su ejército a la península y montó su campamento cerca de los muros de la ciudad. Sin embargo, la flota de Roberto, mientras navegaba con rumbo a Dirraquio (Durazzo), fue alcanzada por una tormenta y perdió varias embarcaciones.

Cuando Alejo supo que los normandos se estaban preparando para invadir el territorio bizantino, envió un embajador al dux de Venecia, Domenico Selvo, solicitando ayuda y ofreciéndole a cambio derechos de comercio. El dux, alarmado por el control normando del canal de Otranto, tomó el mando de la armada veneciana y levó anclas con ella, sorprendiendo a la flota normanda de Bohemundo y cayendo sobre ella por la noche. Los normandos contraatacaron con tenacidad, pero su inexperiencia en el combate naval los traicionó: la experimentada armada veneciana atacó con una estrecha formación conocida como «puerto de mar» y junto con el uso de las «bombas» de fuego griego, dispersaron la línea normanda, tras lo que la flota veneciana pudo entrar en el puerto de Dirraquio

Asedio de Dirraquio o de Durazzo

Roberto no se desanimó por esta derrota naval y prosiguió con el asedio de Dirraquio. El comandante de la guarnición en la ciudad era el experimentado general Jorge Paleólogo, enviado por Alejo con la orden de resistir a toda costa mientras el Emperador preparaba un ejército con el que liberar él mismo la ciudad.

Mientras tanto, una armada bizantina se unió a la veneciana y ambas atacaron a la flota normanda, que se dispersó de nuevo. La guarnición de Dirraquio consiguió aguantar todo el verano, a pesar de las catapultas, balistas y torres de asedio que desplegó Roberto, y, lejos de amedrentarse, hizo constantes salidas de la ciudad. Entre aquellas incursiones se destaca una en la que el general Paleólogo luchó durante todo un día con una punta de flecha en su cráneo, y otra en la que los asediados lograron destruir las torres de asedio de Roberto.

Durante el desarrollo del sitio, el campamento de Roberto fue asolado por una enfermedad, que según la historiadora y contemporánea de los hechos, Ana Comneno, se cobró la vida de hasta 10.000 hombres, incluidos 500 caballeros. Aun así, la situación de la guarnición de la ciudad se volvió más desesperada debido a los efectos de las armas de asedio normandas. Alejo se enteró de esto mientras se encontraba en Tesalónica con su ejército, por lo que hizo avanzar a la totalidad de sus fuerzas contra los normandos.

Según Ana Comneno, Alejo tenía alrededor de 25.000 hombres. Que consistían fuerzas de los themas de Tracia, Tesalia y Macedonia que ascendían a unos 5.000 hombres; las unidades de élite de excubitores (catafractos) y vestiaritas (arqueros) que ascendían a alrededor de 1.000 hombres, una fuerza de los llamados maniqueos (herejes bogomilos organizados en unidades militares), que agrupaban a 2.800 hombres, infantería armenia (4.000) y otras tropas ligeras. Además de tropas nativas, los bizantinos reclutaron sobre 2.000 jinetes turcos y 1.000 mercenarios francos, alrededor de 1.000 varegos, 7.000 auxiliares turcos enviados por el sultán selyúcida de Rum, y un pequeño contingente de serbios mandados por su rey Constantino Bodín. Alejo también retiró la thagmas de Heraclea Póntica y el resto de las guarniciones bizantinas en Anatolia, dejando la región a merced de las correrías de los turcos.

Batalla de Dirraquio o de Durazzo (1.081)

Alejo avanzó desde Tesalónica y el 15 de octubre acampó cerca del río Charzanes, no muy lejos de Dirraquio. Llevó consigo un consejo de guerra formado por sus oficiales de mayor rango, a los que pidió consulta sobre cómo debía obrar; entre ellos estaba Jorge Paleólogo, que había conseguido salir de la ciudad. La mayoría de sus oficiales, incluido Paleólogo, le pidieron cautela. Sin embargo, Alejo ordenó un asalto inmediato, esperando así sorprender al ejército de Guiscardo por la retaguardia mientras este se hallaba ocupado con el cerco de la plaza. Alejo movilizó su ejército sobre unas colinas cercanas a la ciudad, planeando atacar a los normandos el día siguiente.

Para sorpresa de Alejo, Roberto había sido informado de su llegada por sus exploradores, y la noche del 17 de octubre desplazó sus tropas desde la península al continente. Enterado de aquel movimiento, Alejo tuvo que reconsiderar su plan de combate: dividió su ejército en tres divisiones: la izquierda mandada por Gregorio Pacoriano, la derecha mandada por Nicéforo Meliseno y la central bajo su propio mando.

Roberto Guiscardo desplegó sus fuerzas frente a Alejo también en tres divisiones: la derecha mandada por el duque Amicetas de Giovinazzo, la izquierda mandada por su hijo Bohemundo de 23 años, y la del centro bajo sus órdenes.

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Batalla de Dirraquio o de Durazzo (1081). Despliegue inicial

Los varegos (formada principalmente por anglosajones que habían abandonado Inglaterra tras la conquista normanda), se encontraban a vanguardia del centro, contaban con arqueros a su vanguardia para disparar varias descargas hasta que el ejército adversario llegase a sus proximidades, entonces se replegarían a retaguardia y seguirían disparando.

Ambos ejércitos quedaron frente a frente, enviaron por delante los jinetes arqueros por delante para hostigar a los adversarios, regresando a sus líneas, sin que ninguno de los dos bandos efectuase ningún movimiento de fuerzas. Guiscardo decidió tomar la iniciativa y mandó un destacamento de caballería del centro a lanzar un ataque contra el centro bizantino, esperando con esto dispersar a los varegos, pero el plan falló cuando la caballería se vio obligada a retroceder por la lluvia de flechas arrojadas contra ellos. Los varegos cometieron el error de perseguirlos, alejándose de sus líneas, siendo vulnerables a un ataque.

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Batalla de Dirraquio o de Durazzo (1081). Primera fase

Bohemundo viendo la oportunidad, cargó con el ala derecha normanda de repente contra el flanco izquierdo de los varegos, que aguantaron su acometida con sus grandes hachas, mientras la izquierda bizantina, incluyendo algunas de las tropas de élite de Alejo, atacaban a los normandos. La formación normanda se desintegró y huyeron hacia la playa, dónde, según Ana Comneno, fueron reconducidos al combate por la esposa de Guiscardo, Sichelgaita, a la que describe como una “Palas Atenea”.

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Batalla de Dirraquio o de Durazzo 18 de octubre de 1081. Segunda fase

Los varegos se sumaron a la persecución de la derecha normanda. Guiscardo envió entonces una fuerza de lanceros y ballesteros contra el flanco y retaguardia de los varegos, que fueron masacrados, los pocos supervivientes huyeron hasta la iglesia del arcángel Miguel, dónde los normandos los encerraron y prendieron fuego a la iglesia, pereciendo todos ellos las llamas.

Batalla de Dirraquio o de Durazzo (1081). Se enfrentaron los normandos del conde Roberto Guiscardo y bizantinos de Alejo Comneno. El centro normando ataca a los varegos (que eran ingleses) por retaguardia. Autor José Daniel Cabrera Peña

Privado de su izquierda (ocupada con la persecución de la derecha normanda), Alejo quedaba expuesto en el centro, por lo que Guiscardo envió sus caballeros contra el centro bizantino. En un primer momento, los hostigadores bizantinos consiguieron dividir a los caballeros en pequeños grupos, pero fueron rechazados por los lanceros armenios con fuertes pérdidas en ambos bandos.

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Batalla de Dirraquio o de Durazzo (1081). Final

En aquellos mismos momentos, Jorge Paleólogo encabezó una salida fuera de Dirraquio atacando el campamento normando para ayudar a Alejo, pero falló al intentar aliviar la situación.

Los caballeros normandos se reagruparon e iniciaron una nueva carga a la que se sumaron el ala derecha normanda que había hecho retroceder a la izquierda bizantina y la había puesto en fuga. La nueva carga normanda destrozó las filas bizantinas y causó la retirada general. El rey serbio Constantino Bodin y sus fuerzas huyeron abandonando el campo de batalla y los turcos que habían sido enviados por el sultán selyúcida Solimán ibn Kutalmish siguieron el ejemplo de Constantino y también desertaron. Alejo y su guardia resistieron durante un largo tiempo, pero acabaron retirándose, la derecha normanda bajo el duque Amicetas, entonces reorganizado, atacó y persiguió el centro bizantino. Una crónica señala que Amicetas atacó a Alejo y lo golpeó directamente con su lanza, fue herido en la frente y perdió mucha sangre, Alejo finalmente pudo escapar a Ohrid, donde reagrupó los restos de su ejército. Los normandos abandonaron la persecución y se dedicaron a saquear el campamento bizantino.

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Caballero normando contra catafracta bizantino. Es posible que se trate de Amicetas de Giovinazzo envistiendo al emperador bizantino Alejo I, que resultó herido en la frente. Autor Ángel García Pinto
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Batalla de Dirraquio o de Durazzo (1081) huida de Alejo. El emperador Alejo Comneno abandonando el campo de batalla. Autor Giuseppe Rava

La derrota constituyó un serio revés para Alejo, algunos historiadores la consideran tan grave como la batalla de Manzikert. Perdió cerca de 5.000 de sus hombres, incluyendo a la mayoría de los varegos. Las bajas de Guiscardo son desconocidas, pero debieron ser importantes.

Jorge Paleólogo no fue capaz de volver a entrar en la ciudad tras la batalla y tuvo que marcharse junto a la fuerza principal. La defensa de la ciudadela fue llevada por los venecianos, aunque la ciudad fue gobernada por un albanés llamado Komiskortes.

En febrero de 1082, Dirraquio cayó después de que los ciudadanos venecianos y amalfitanos abriesen las puertas a los normandos. Las tropas normandas se hicieron con gran parte del norte de Grecia sin hallar mucha resistencia.

Final de los normandos en Grecia

Pero cuando Roberto se hallaba en Kastoria (norte de Grecia), llegaron mensajeros desde Italia que avisaron de que Apulia, Calabria y Campania se habían sublevado y que el emperador germánico, Enrique IV, se encontraba a las puertas de Roma y asediaba al papa Gregorio VII, un aliado de los normandos. Alejo había negociado una alianza con Enrique IV y le había enviado 370.000 piezas de oro como donativo, tras lo que el emperador germánico respondió invadiendo Italia y atacando al Papa. Guiscardo se apresuró a volver a Italia, dejando a Bohemundo al mando de las fuerzas instaladas en Grecia.

Alejo, desesperado por obtener dinero, había ordenado confiscar todo el tesoro de la Iglesia. Con este dinero, Alejo levantó un ejército nuevo cerca de Tesalónica con el que esperaba expulsar a Bohemundo. Sin embargo, Bohemundo le derrotó en dos batallas: una cerca de Arta y otra cerca de Ioánina, lo que dio a los normandos el control de Macedonia y de la cercana Tesalia. Animado por esos éxitos, Bohemundo avanzó con su ejército contra la ciudad de Larisa, donde le esperaba Alejo, que había reclutado otro nuevo ejército, al que se sumaban 7.000 turcos enviados por el sultán selyúcida, y con el que avanzó contra los normandos en Larisa y los derrotó. El desmoralizado ejército normando tuvo que volver a la costa y navegar hacia Italia. Al mismo tiempo, Alejo concedió a los venecianos una colonia comercial en Constantinopla, así como una exención de impuestos sobre el comercio a cambio de que renovasen su ayuda, ofrecimiento al que los venecianos contestaron reconquistando Dirraquio y Corfú para devolverlos después al Imperio bizantino. Estos últimos movimientos hicieron volver el Imperio al statu quo previo a la guerra y marcaron el inicio de la restauración Comneno.

Guerra con los pechenegos

Tras la batalla de Dirraquio (Durazzo), aprovechando la debilidad de los bizantinos, un emir turco propuso una alianza con los pechenegos para destruir por completo al Imperio bizantino.

Batalla de Dorystolon  (1088)

En la primavera de 1087, Alejo recibió la noticia de una gran invasión desde el norte. Los invasores eran los pechenegos del noroeste del mar Negro, junto con oguzs y magiares, le informaron de que las fueras invasoras eran unos 80.000 efectivos.

Los pechenegos y sus aliados invadieron Tracia y acamparon en la zona de Scoteinon, cerca del río Ebrus. Los generales Nicolás Maurokatakalon y Juan Vempetziotes marcharon contra ellos con 25.000 soldados. Consiguieron atacar un campamento pechenego por sorpresa causándoles 9.000 bajas.

A pesar de la derrota eran un ejército formidable y se volvieron a enfrentar ese mismo año un ejército bizantino bajo el mando del akolouthos (jefe de la guardia varega) Nambites, que fue derrotado por los pechenegos en Drastar o Distra. Después de la derrota en la batalla de Drastar o de Drista el término varego no volvió a ser mencionado por Ana Comnena, es posible que fueran tan diezmados en este desastre que necesitaron ser reconstituido completamente durante los años que siguieron.

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Batalla de Drastar o Dristra (1087). Alejo I Comneno fue derrotado por los pechenegos, los varegos quedaron tan diezmados que no volvieron a ser mencionados por Ana Comneno en varios años. (1) el akolouthos Nambites; (2) herrero varego danés; (3), (4) y (5) guardias varegos; (6) catafracto bizantino. Autor Giuseppe Rava

Alejo reunió un ejército de 54.000 efectivos se enfrentaron de nuevo en Dorystolón en julio de 1088, cuando estaban en medio de la batalla aparecieron otros 35.000 pechenegos, siendo derrotado y perdiendo 11.000 hombres y otros 6.000 prisioneros, frente a 9.500 pechenegos.

Para más detalles, ver el capítulo “los pechenegos” – “pechenegos y bizantinos”

Batalla de Levounion (1.091)

Alejo logró la ayuda de los cumanos a cambio de oro, que se apresuraron en unirse a Alejo y su ejército. En la primavera de 1.091, las fuerzas cumanas llegaron a territorio bizantino, y el ejército combinado ya estaba dispuesto a avanzar contra los pechenegos. Las fuerzas combinadas se estiman en 50.000 bizantinos, 40.000 cumanos, 5.000 valacos y 500 mercenarios flamencos, unos 95.000 en total. Las fuerzas pechenegas se estiman en 115.000 efectivos e iban acompañados de sus familias.

El lunes, 28 de abril 1091, Alejo y sus aliados se dirigieron al campamento de los pechenegos en Levounion, cerca del río Maritsa. Ambos ejércitos desplegaron y los bizantinos cayeron sobre los pechenegos con tremenda fuerza e intensidad. Las líneas pechenegas se rompieron en pocos minutos y se refugiaron en el laager para defenderse allí.

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Batalla de Levounion (1091). La Guardia Varega asaltando el laager pechenego.

Los cumanos y los bizantinos abrieron brechas en el laager y se desplegaron sobre el campamento enemigo, matando a todos a su paso. Al anochecer, una nación entera había sido exterminada. 60.000 pechenegos yacían muertos, en las llanuras de Tracia. Las bajas del ejército bizantino ascendieron a 12.000 hombres, mientras que las de los cumanos fueron unos 6.500. Los hombres, mujeres y niños capturados ascendieron a 50.000. Fueron asesinados esa misma noche, probablemente siguiendo una orden del Emperador. Esta fue la batalla más sangrienta del siglo XI, y una de las más sangrientas de la época medieval.

Levounion marcó el camino hacia la recuperación del Imperio. Los pechenegos fueron totalmente derrotados, y las posesiones del imperio en Europa eran ahora seguras. Posteriormente, regresarían en 1122 apoyados Vladímir II Monómaco (1113-1125), gobernante de Kiev.

Para más detalles, ver el capítulo “los pechenegos” – “pechenegos y bizantinos”

La Primera Cruzada

La crisis más difícil que tuvo que afrontar Alejo fue la causada por la Primera Cruzada, en marzo de 1095, Alejo envió mensajeros al Concilio de Piacenza para solicitar al papa Urbano II ayuda frente a los turcos. La solicitud del Emperador se encontró con una respuesta favorable de Urbano, que esperaba reparar el Cisma de Oriente y Occidente, que había ocurrido cuarenta años antes, y esperaba reunificar a la Iglesia bajo el mando del papado. La invitación a una cruzada masiva contra los turcos arribaría en forma de embajadas francesas e inglesas a las cortes de los reinos medievales más importantes: Francia, Inglaterra, Alemania y Hungría.

Durante los años 1095 y 1096, el papa Urbano urgió a sus obispos y legados para que extendiesen sus palabras por todos los rincones de Francia, así como de Alemania y de Italia.

Alejo había pedido simplemente fuerzas mercenarias para combatir a los infieles, y no las inmensas huestes que empezaron a llegar. El primer contingente de cruzados, conocido como la Cruzada de los Pobres, guiada por Pedro el Ermitaño, con unos 40.000 efectivos la mayoría sin experiencia militar, mujeres y niños, de los cuales perecieron 10.000 antes de llegar a Constantinopla. Fueron hábilmente desviados por Alejo hacia Asia Menor, donde serían masacrados por los turcos en 1096.

El segundo contingente era una fuerza mucho más organizada, llegaron a Constantinopla entre noviembre de 1096 y mayo de 1097, con pocas provisiones, y estaba conducido por Godofredo de Bouillón. Reunieron unos 35.000 efectivos y acamparon fuera de las murallas. Alejo llegó a un acuerdo con los cruzados: por la comida y los suministros, exigía que los cruzados le jurasen lealtad, y que prometiesen devolver al Imperio bizantino todo el terreno que recuperasen de los turcos. Los cruzados, sin agua ni comida, no tuvieron otra opción que aceptar tomar el juramento.

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Alejo I Comneno con Godofredo de Bouillon

Alejo los envió también a Asia durante el primer semestre de 1097, comprometiéndose mediante juramento a auxiliarles en caso de necesidad, También les proporcionó un contingente militar bajo el mando del general Tatikios (de origen turco, curiosamente) para acompañar a los cruzados a lo largo de Asia Menor. Su primer objetivo sería Nicea, una antigua ciudad del Imperio bizantino que entonces era la capital del Sultanato de Rüm, gobernado en ese momento por Kilij Arslan I. Otra fuerza bizantina suministró los barcos necesarios para completar el asedio, dado que estaba situada junto a un lago.

Los cruzados recobraron para el Imperio bizantino varias ciudades e islas, como Nicea, Quíos, Rodas,  Esmirna, Éfeso,  Filadelfia, Sardes, y el tercio occidental de Asia Menor.

Juan II Comneno (1.118-1.143)

También conocido como “Juan el Hermoso” o “Juan el Bueno”, fue el hijo mayor y sucesor de Alejo I Comneno y de Irene Ducas. Fue el segundo emperador de la dinastía Comneno. Juan II fue un monarca pío y dedicado que estaba determinado a deshacer el daño que el Imperio había sufrido desde la batalla de Manzikert, medio siglo antes. Algunos autores le consideran el Marco Aurelio bizantino. Se casó con Irene de Hungría.

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Juan II Comneno e Irene de Hungría. Autor Antoine Helbert

Campaña contra los pechenegos

En 1122, los pechenegos de las estepas rusas invadieron de nuevo el Imperio bizantino, cruzando la frontera del río Danubio y entraron en el territorio bizantino. Según Michael Angold, la invasión se llevó a cabo posiblemente con el apoyo de Vladímir II Monómaco (1113-1125), gobernante de Kiev. De todos modos, la invasión fue una amenaza para el dominio bizantino sobre el norte de los Balcanes. El emperador Juan II, decidido a combatir contra los invasores, trasladó a su ejército desde la frontera de Asia Menor (donde los bizantinos estaban luchando contra los turcos) hasta el norte para combatir a los pechenegos.

Batalla de Beroia o Stara Zagora 1122

El emperador bizantino reunió unos 20.000 efectivos cerca de Constantinopla entre los que se encontraban el khan Boyak y sus cumanos, y se dispusieron a enfrentarse al ejército de los pechenegos tan pronto como le fuese posible. Mientras tanto, los pechenegos que disponían de unos 30.000 efectivos, habían establecido un campamento cerca de Beroia (Stara Zagora), en Tracia (actual Bulgaria). El Emperador en un primer momento ofreció un tratado de paz con condiciones favorables a sus intereses, con el fin de ganar tiempo y engañarles para que estuvieran confiados.

Al amanecer Juan II ordenó desplegar sus fuerzas. Los pechenegos advirtieron la formación, salieron de su laager o campamento fortificado con carromatos entre los que había espacios para dejar salir la caballería, y empezaron a lanzar sucesivas oleadas de jinetes arqueros contra la formación, lanzando gritos de guerra y una lluvia de flechas.

Según Coniates el ejército bizantino se mantuvo firme, habían formado una falange (probablemente se refiere a un muro de escudos) para aguantar la lluvia de flechas.

Los jinetes arqueros, confiaban en el laager para resguardarse para descansar y reabastecerse de flechas.

El ejército bizantino avanzaba poco a poco protegido por su muro de escudos, posiblemente detrás estaba situada su caballería para proteger los flancos y retaguardia. Juan fue herido por una flecha en una pierna, la Guardia Varega lo protegió mientras era atendido y se mantuvo la disciplina y cohesión.

Los bizantinos poco a poco consiguieron hacer retroceder a los pechenegos y obligarlos a resguardarse dentro del laager, hasta que su caballería no pudo salir.

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Batalla de Beroia o Stara Zagora (1122). La Guardia Varega masacrando a los pechenegos que se habían refugiado en su laager. Una mujer trata de evitar que maten a un jinete pechenego caído. Autor Giuseppe Rava

Una vez rodeados y los pechenegos sintiéndose seguros en su campamento fortificado, Juan dio la orden de asaltar el campamento, los pechenegos eran casi todos jinetes y no estaban acostumbrados a la lucha cuerpo a cuerpo en el suelo. Comenzó el asalto general y en un momento dado, el emperador bizantino ordenó a su Guardia Varega que interviniese en la batalla, los varegos con sus hachas danesas de un solo filo, consiguieron abrir brechas en el laager, por el que penetraron las fuerzas, provocando su derrota. La victoria bizantina fue completa, y los supervivientes pechenegos fueron hechos prisioneros o alistados en el ejército bizantino.

Los pechenegos dejaron de ser un pueblo independiente. Muchos de ellos, cautivos en el conflicto, se establecieron como soldados-granjeros dentro de las fronteras bizantinas.

La política con Occidente

Tuvo una visión clara de la situación, se interesó poco por los asuntos europeos. Guerreó pocas veces en Europa, pero en luchas de tipo defensivo. Solo al fin de su reinado los sucesos europeos como los progresos alarmantes de los normandos, unión de Sicilia e Italia del sur y fundación del reino de Sicilia adquirieron gran importancia para el Imperio bizantino.

Relaciones con Venecia

El peligro normando había obligado a Alejo a reaproximarse a Venecia, la cual, a cambio del apoyo de su flota, obtuvo excepcionales privilegios mercantiles. Los venecianos acudieron en tropel al Imperio, y especialmente a Constantinopla; donde hicieron grandes negocios y donde se comportaron con arrogancia e impertinencia que provocaron hondo descontento en todos, tanto pueblo bajo como altos funcionarios y nobles. Mientras Alejo vivió, las relaciones entre bizantinos y venecianos no fueron tensas en exceso. Pero al morir Alejo, cambiaron las circunstancias. Juan, juzgando conjurado el peligro normando, decidió romper el tratado mercantil concluido con Venecia en vida de su padre. Los venecianos, irritados, enviaron su flota para atacar las islas bizantinas del Adriático y el Egeo. Juan, considerando imposible oponer adecuada resistencia a las naves venecianas, entabló nuevas negociaciones con la República y al cabo, el tratado de 1082 fue mantenido íntegramente. Pisa y Génova gozaron también bajo Juan de privilegios mercantiles, si bien no cabría compararlos con los de Venecia.

Relaciones con Serbia y Hungría

En el reinado de Juan hubo una aproximación más estrecha entre Hungría y Serbia. La primera tendía la mano a la segunda, con miras a facilitarle la independencia. Una princesa serbia se casó con un príncipe magiar. De este modo se formaba, al finalizar el reinado de Juan, un nuevo bloque que amenazaba a Bizancio por el Noroeste. Las operaciones militares emprendidas por Juan contra búlgaros y serbios, aunque fueron muy afortunadas, no tuvieron resultados decisivos.

Relaciones con los normandos

En los diez últimos años del reinado de Juan hubo un cambio completo de la situación en Italia del sur, la cual, tras un período de enfrentamientos, conoció otro de poder y gloria. Roger II reunió en sus manos el sur de Italia y la isla de Sicilia y el día de Navidad del año 1130 fue solemnemente coronado rey en Palermo. Aquella reunión de territorios convertía a Roger en uno de los más poderosos soberanos de Europa. Era un golpe terrible para Bizancio. El Emperador reivindicaba aún teóricamente la propiedad de Italia del sur, considerando la ocupación normanda como provisional. El restaurar la dominación bizantina en Italia había sido el sueño favorito de los emperadores del siglo XII. Que Roger asumiera el título regio se tuvo por una ofensa a la dignidad imperial. Reconocer aquel título era abandonar todo derecho sobre las provincias italianas. La súbita elevación de Roger pareció inconveniente también al emperador alemán, quien, como jefe del Imperio romano, tenía importantes intereses en Italia. Ante el peligro común, Juan II y el emperador germánico Lotario, y con él Conrado III de Suabia (Hohenstaufen), llegaron a un acuerdo que, más adelante, se convirtió en verdadera alianza entre ambos imperios. El fin principal de aquel pacto era destruir la potencia normanda en Italia. La alianza rindió sus principales frutos bajo Manuel I.

Política con Oriente

 El interés esencial de la política de Juan se concentró en Oriente, y sobre todo en Asia Menor. En Asia Menor, practicó Juan II casi todos los años expediciones generalmente exitosas y así, en la cuarta década del siglo XII, logró devolver al Imperio territorios perdidos hacía mucho tiempo. Emprendió una nueva campaña en las regiones más alejadas del Sudeste, para operar contra la Armenia Menor) Cilicia Armenia y el principado de Antioquía.

La Armenia Menor (Cilicia Armenia) tras crecer a expensas de Bizancio, entró en tratos de amistad con los principados latinos, situándose así en una posición hostil al Imperio. Juan Comneno se puso entonces en campaña, resuelto a castigar a la rebelde Armenia Menor, y de paso a ocupar el principado de Antioquía. La campaña de Juan tuvo completo éxito. Armenia Menor fue conquistada y el príncipe armenio y sus hijos enviados a Constantinopla. El territorio bizantino, acrecentado con la Armenia Menor, rozaba las fronteras del principado de Antioquía.

En su lucha contra Antioquia obtuvo Juan un triunfo absoluto, la ciudad fue cercada, y tuvo que implorar la paz, en la que Juan consintió a condición de que el príncipe antioqueño reconociera la soberanía del Imperio. El príncipe recibió de manos del Emperador la investidura de las tierras que el último le otorgaba y, como prueba de la sumisión de Antioquía, se desplegó el estandarte imperial en lo alto de la ciudadela. Al año siguiente el Emperador volvió a Antioquía y, en su calidad de soberano, efectuó una entrada triunfal en la población, rodeado de sus hijos, cortesanos, dignatarios y numerosos soldados. Un séquito espléndido desfiló por las calles.

También sometió los estratégicos condados de Edesa y Trípoli. Con la idea de demostrar el ideal bizantino del papel del Emperador como líder de la Cristiandad, Juan se dirigió a la Siria musulmana a la cabeza de las fuerzas combinadas del Imperio y de los Estados Cruzados.

Asedio de Shaizar (Siria) 1138

En marzo, el ejército imperial cruzó de Cilicia a Antioquía con contingentes de Antioquía y Edesa, más una compañía de Templarios. Cruzaron el territorio enemigo y ocuparon Balat, el 3 de abril llegaron Biza’a, que se mantuvo durante cinco días. El 20 de abril, el ejército cristiano lanzó un ataque contra la ciudad pero la encontró demasiado defendida. El Emperador entonces movió al ejército hacia el sur tomando las fortalezas de Athereb, de Maarat al-Numan, y de Kafartab por asalto, con fin último de capturar la ciudad de Shaizar. Es probable que Shaizar fuera elegida porque era un emirato árabe independiente, sostenido por la dinastía de Munqidhite, y, por lo tanto, no podía ser considerada por Zengi como bastante importante para acudir en su ayuda.

Los príncipes cruzados desconfiaban unos de otros y de Juan, y ninguno quería que el otro ganara al participar en la campaña. Unos por otros, el emperador quedó solo con sus propios recursos.

Después de algunas escaramuzas iniciales, Juan II organizó su ejército en divisiones basadas en las nacionalidades de los soldados, cada uno con sus armas y equipo característicos, y desfilaron ante la ciudad para sobresaltar a los defensores. Aunque Juan luchó duramente, sus aliados Raimundo de Antioquía y Joscelin de Edesa se sentaron jugando los dados y festejando en lugar de ayudar a presionar el sitio. Los reproches del emperador solamente podían incitar a los dos príncipes a una acción superficial e inestable. Las murallas de Shaizar fueron golpeadas por los trebuchetes del impresionante tren de asedio bizantino, destruyendo las murallas.

La ciudad fue tomada, pero la ciudadela, que estaba construida en una gran elevación, resistió. Finalmente, Zengi había reunido un ejército de alivio y se dirigió hacia Shaizar. El ejército de rescate era más pequeño que el ejército cristiano, pero Juan era reacio a abandonar el asedio para marchar a su encuentro, y no confiaba en sus aliados. En ese momento, el sultán ibn Munqidh, el emir de Shaizar, hizo las siguientes ofertas: pagar una indemnización, entregando una mesa llena de joyas y una cruz incrustada de rubíes, que se dice que había sido hecha para Constantino el Grande; convertirse en vasallo de Juan, y pagar un tributo anual. Juan, disgustado por el comportamiento de sus aliados, aceptó a regañadientes la oferta. El 21 de mayo levantó el asedio.

Muerte

Juan soñó con restaurar la dominación bizantina en el valle del Éufrates y quiso intervenir en los asuntos del reino de Jerusalén. Pero estos planes no pudieron realizarse. Durante una expedición contra los turcos, en 1143, Juan, cazando en los montes de Cilicia, se hirió la mano con una flecha emponzoñada y murió de aquella herida, lejos de su capital.

En su lecho de muerte designó para sucederle a Manuel, su hijo menor. Juan había consagrado toda su vida a guerrear contra los enemigos de Bizancio y legaba a su hijo un Imperio más fuerte, la población del Imperio aumentó hasta aproximadamente 10 millones de habitantes. Desafortunadamente, el reinado de Juan es menos conocido que el de su padre Alejo I, o su hijo, Manuel I.

Manuel I Comneno (1143-1180)

Llamado también “Megas” (el Grande), sus padres fueron Juan II Comneno y Piroska de Hungría, conocida como Irene y por ser la hija del rey San Ladislao I de Hungría.

Manuel fue un gran militar. También destacó como un hábil político y estadista del Imperio bizantino. Gracias a su pasión por el mundo occidental, se le conoció como el único caballero-emperador según los preceptos de su tiempo. Celebró torneos y justas caballerescas en las que él mismo participaba. Esta costumbre al parecer fue heredada de parte de su madre, quien recibía a nobles y caballeros húngaros en la corte bizantina.

Campaña contra los selyúcidas

Para Manuel I la primera intervención en asuntos extranjeros sería en 1144. Atabeg Zangi absorbió el condado de Edesa y amenazaba al principado de Antioquía. Dada la situación, Raimundo de Antioquía tuvo que solicitar ayuda a Bizancio, ya que una intervención de Occidente no sería inmediata. De esa manera Manuel I se decidió por proteger a dicho principado al mismo tiempo que obtenía un vasallo.

En el año de 1146, Manuel Comneno inició una expedición con objetivo de castigar al Sultanato de Rüm, liderado por Masud, que constantemente atacaba las fronteras del Imperio en Anatolia y Cilicia. Las fuerzas bizantinas llegaron hasta Iconia pero no pudieron traspasar las murallas de la ciudad y se limitaron a destruir el área en torno a la ciudad. Manuel destruyó la ciudad de Filomenio y se llevó a la población cristiana. Evaluando su proceder, se interpreta que sus acciones estaban dirigidas hacia los cruzados occidentales porque quería ser visto como uno más que abrazaba sus ideales.

La Segunda Cruzada

En 1147, dio permiso al paso de la Segunda Cruzada, lideradas por Conrado III y Luis VII de Francia. Ya en el pasado los cruzados habían dejado una mala imagen ante los bizantinos, puesto que cometían actos de vandalismo a su paso. En esta nueva cruzada el ejército de Bizancio escoltó y vigiló a los cruzados durante su paso por el Imperio bizantino, además de reforzarse las murallas y exigir a los líderes cruzados garantías en caso de problemas mayores. No obstante las nuevas condiciones, hubo incidentes entre cruzados y bizantinos que estuvieron cerca de provocar una guerra abierta entre ellos.

Incidente con Reinaldo de Châtillon

La atención de Manuel tuvo que volverse a Antioquía de nuevo en 1156, en esta ocasión a causa de un hecho atroz: Reinaldo de Châtillon, el nuevo príncipe de Antioquía, invadió la provincia bizantina de Chipre, capturó al gobernador de la isla, Juan Comneno, sobrino del emperador. Tras saquear la isla y despojarla de todas sus riquezas, su ejército mutiló a los supervivientes no sin antes obligarles a recomprar sus rebaños a precios exorbitantes con lo poco que les quedaba. Finalmente, Reinaldo de Chatillon, en una muestra de desprecio hacia el Emperador, le envió a la corte algunos chipriotas mutilados.

Manuel respondió a este ataque en su estilo enérgico típico. Reunió un enorme ejército y no perdió el tiempo, en el invierno de 1158/9 marchó hacia Cilicia realizando el trayecto a una velocidad inusitada que sorprendió Teodoro II de Armenia, colaborador en el ataque a Chipre. Todas las ciudades y villas se rindieron fácilmente ante Manuel Comneno y su ejército. Se cuenta que Teodoro II de Armenia huyó hacia las montañas y que un anciano pastor le traía comida para que pudiera sobrevivir.

Las noticias del avance bizantino llegaron a Antioquía. Reinaldo, sabedor de que no podría resistir ni esperar el apoyo del rey de Jerusalén, Balduino III (pues este no había aprobado el ataque a Chipre), decidió que la única salida era la sumisión. Se presentó ante el emperador vestido de saco y rogando el perdón. Manuel aceptó perdonarle si pasaba a ser vasallo imperial.

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Reinaldo de Chatillón postrándose ante Manuel Comneno. El emperador bizantino está sentado en el trono y Reinaldo postrado con una soga al cuello y vestido de saco

Manuel no solo deseaba recuperar Antioquía para el Imperio, sino que también pretendía utilizar a los latinos y a Occidente en general para reforzar la posición del Imperio. Tenía especial interés en conseguir que los cruzados actuasen en Egipto, un territorio sobre el que Bizancio no había intervenido durante siglos.

Finalmente, Reinaldo Chatillon fue aceptado como vasallo, pero tenía un fin: aprovechar a Occidente para reforzar el poder de su Imperio, además de colocar a Antioquía bajo su poder. Su ingreso a esta ciudad fue triunfal y propició la celebración con juegos y torneos para la población local. Luego partió hacia Edesa habiendo reunido previamente un ejército pero abandonó la campaña cuando Nur ad-din liberó a seis mil prisioneros cristianos capturados en varias batallas desde la Segunda Cruzada.

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Entrada del emperador Manuel I Comneno en Antioquia (1159) tras el sometimiento de Rainaldo de Chatillón. Autor Georgio Albertini

Campaña contra los normandos

En 1148 el Emperador atacó a Roger II de Sicilia cuya flota había tomado Corfú y saqueado varias ciudades griegas como Tebas y Corinto. Estas acciones motivaron al emperador bizantino a prepararse contra los normandos. En 1.149, Manuel Comneno con el apoyo de Venecia, contando con 500 navíos, 1.000 de transportes de soldados y alrededor de 30.000 hombres, recuperó la isla de Corfú.

El contraataque normando fue a manos de Jorge de Antioquía, que con una flota de 40 naves realizó actos de pillaje en los suburbios de Constantinopla. Por su parte, Manuel Comneno llegó a un acuerdo con Conrado III de Alemania para realizar una invasión al sur de Italia y Sicilia además de su posterior repartición. Con un ejército de mercenarios italianos y gracias al apoyo de barones locales descontentos, invadió Sicilia y Apulia.

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Guerreros normandos en Italia y Sicilia siglo XII: (1) caballero sículo-normando; (2) infante napolitano; (3) infante-arquero siciliano. Autor Angus McBride

Guillermo I de Sicilia, sucesor de Roger de Sicilia, intentó enfrentar a los bizantinos pero resultó severamente derrotado. Este tuvo que hacer frente a numerosas rebeliones contra su gobierno en Sicilia y Apulia. Manuel Comneno las fomentaba a través de algunos nobles locales descontentos. Para ese momento, Conrado III ya había muerto y su sucesor, Federico Barbarroja, lanzó una campaña contra los normandos que fue abortada a medio camino.

Manuel Comneno consiguió asegurarse plazas importantes en el sur italiano, como Bari por ejemplo, y garantizó la paz por un periodo. Durante esos años, Manuel Comneno conversó con el Papa acerca de una posible restauración del antiguo Imperio romano a costa de unir la Iglesia Católica y la Iglesia Ortodoxa. Sin embargo, existían desacuerdos entre el Papa y el Emperador de Bizancio, puesto que no decidían quien era el más adecuado para liderar el nuevo orden europeo que pretendían formar: o el Papa, quien dirige la Fe; o el Emperador, quien tenía el poder político. La situación era complicada, ya que uno de los dos debía ceder. Para el Papa Adriano IV había mucho que ganar, puesto que evitaba tener como vecinos a los belicosos normandos. Sin embargo, era aún más complicado para Manuel Comneno, puesto que debía renunciar a la ortodoxia y el pueblo griego tenía un gran sentimiento antioccidental.

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Normandos en Italia siglos XI-XII: (1) Caballero sículo-normando; (2) Infante sur de Italia; (3) Infante sículo-musulmán (los sículos eran un pueblo de Sicilia). Autor Angus McBride

Sin embargo, cuando todo marchaba bien en Italia, la suerte cambió. Sucedieron ciertas desavenencias entre el comandante Miguel Paleólogo y el Conde Roberto III de Loritello. A pesar de que luego superaran las diferencias, la campaña ya había perdido el empuje inicial. El punto final fue la batalla de Brindisi en el 1156. Los sicilianos lanzaron un gran ataque por mar y tierra simultáneamente. Para beneficio de estos, los mercenarios de Manuel Comneno rehusaron seguir combatiendo y demandaron una mejor paga; entonces, como no la consiguieron, desertaron. Los barones locales, antes leales, empezaron a retirar su apoyo a Manuel Comneno. Tras la batalla perdida, el emperador de Bizancio quiso reunir un nuevo ejército y contraatacar.

Lamentablemente ya era tarde: Guillermo I de Sicilia ya había recuperado todas las conquistas bizantinas en la región de Apulia.

Tras la derrota en el sur italiano, el poder bizantino mermó considerablemente en dicha región. Tan solo quedaba la ciudad de Ancona. Hacia 1158, las tropas bizantinas ya habían dejado Italia. Tras la muerte de Manuel, los normandos de Sicilia volverían a invadir el territorio bizantino en 1185, saqueando Tesalónica.

Campaña contra Hungría

Hungría no escapó a sus planes: lanzó constantemente ataques con el fin de anexar sus territorios. Manuel Comneno se sentía con derechos sobre territorio húngaro por ser hijo de Piroska de Hungría. De esta manera, sin necesidad de derrocar a Geza II de Hungría quiso que este se le sometiera para expandir la zoma de influencia bizantina. En dos importantes campañas, desarrolladas en los años 1151–1153 y 1163-1168, Manuel Comneno penetró en el territorio de Hungría y obtuvo un cuantioso botín. En 1156, Manuel Comneno y Geza II de Hungría firmaron la paz. Un año después, el emperador bizantino sugeriría a Federico I Barbarroja unir esfuerzos para someter a los húngaros. El emperador germánico rechazaría dicho plan.

Géza II murió en 1162. Su hijo Esteban era el heredero del trono húngaro, con el nombre de Esteban III. Manuel Comneno envió embajadores para gestionar su coronación, al mismo tiempo que movilizaba su ejército para entrar en acción contra el Reino de Hungría. Los nobles húngaros se decantaron por Ladislao, hermano de Geza II, quien estaba en una posición más independiente, y fue coronado como Ladislao II en 1162. Sin embargo, en enero de 1163 fue muerto por envenenamiento.

Esteban IV, tío de Esteban III, sería el nuevo monarca húngaro. Rompió los vínculos con el papado y fue proclive a los intereses de Manuel Comneno. Esteban III lideraría una rebelión y derrotaría al rey el 19 de junio de 1163 permitiéndole huir a Bizancio. El emperador bizantino partió de Sofía jurando a Esteban IV que iba a resolver el asunto. Entonces buscó la solución ofreciendo la mano de su hija María a Béla, hermano menor de Esteban III y nombrándolo heredero del trono húngaro. Además, pidió los territorios de Croacia y Dalmacia y la presencia del joven Béla en Bizancio, quien sería educado en la fe ortodoxa y recibiría el nombre de Alejo (Alexios).

En 1164 Esteban III no entregaría los territorios exigidos lo cual motivaría al emperador bizantino, avanzar hasta el corazón de Hungría, hasta Bács, después de que Esteban III continuase negándose a entregar los territorios, protegido por tropas germánicas y checas. Sin embargo, Manuel I utilizaría al rey checo Vladislao II, los monarcas llegaron a un acuerdo por el cual Esteban III nuevamente renunciaría a Dalmacia y a Croacia, e inclusive hasta a Sirmia y Manuel I renunciaría a su apoyo a Esteban IV.

En 1165, los húngaros fieles a Esteban III atacaron a Esteban IV y lo envenenaron en Zimony. En junio del mismo año, Manuel Comneno lanzó un ataque contra los húngaros. Esteban III renunció una vez más a los territorios de Croacia y Dalmacia. El emperador bizantino los ocuparía gracias al apoyo de tropas venecianas. Ya para la primavera de 1165, Esteban III ocupó los territorios de Sirmia. Para expulsarlo, Manuel Comneno envió tres ejércitos: uno liderado por Béla, hacia la frontera del Danubio; los otros dos desde Galicia y Moldavia. Gracias a la intervención del suegro de Esteban III, Enrique Jasomirgott, duque austriaco, se firmó la paz. A finales de 1165 los ejércitos húngaros capturaron a Béla, el regente bizantino, y ocuparon una porción de Dalmacia.

Batalla de Zemum o de Zimonyi (1167)

Durante el comienzo del verano de 1167, el ejército bizantino bajo Andronikos Kontostephanos logró atraer a una gran fuerza húngara en batalla cerca de Sirmium.

El ejército bizantino estaba compuesto por un tercio de extranjeros y dos tercios de unidades nativas. Estaba desplegado en tres divisiones, como era la práctica habitual, a cierta distancia del río Sava, que se encontraba a retaguardia. La línea de batalla principal estaba protegida por una pantalla de jinetes-arqueros turcos y cumanos, así como algunos jinetes mercenarios occidentales, que habían constituido la vanguardia del ejército. El centro, que había constituido la retaguardia de la marcha, estaba mandado por el propio Kontostephanos, y consistía en las unidades de guardias imperiales, incluyendo los varegos y Hetaireiai, unidades de mercenarios italianos de Lombardía (probablemente lanceros) y una unidad de 500 infantes pesados serbios.

Inusualmente, Kontostephanos también tenía a los compañeros del emperador (los oikeoi) bajo su mando. La división de la izquierda, que había sido la segunda división en la marcha, estaba compuesta por unidades regulares bizantinas y aliadas dispuestas en cuatro taxiarchias o «brigadas» bajo Demetrios y George Branas, Tatikios Aspietes y Kogh Vasil. La división de la derecha que había sido la tercera división en marcha estaba compuesta de unidades de élite bizantinas y los mercenarios alemanes, junto con algunas unidades turcas. Esta división estaba mandada por Andronikos Lampardas y, probablemente, Juan Kontostephanos. Cerca de cada división lateral, y siguiendo la práctica bizantina estándar, se colocaron unidades de koursores para cubrir los flancos bizantinos o para flanquear al enemigo y atacar su parte trasera en caso de que surja la oportunidad (prokoursatores en el flanco derecho y defensores en el izquierdo). Tres taxiarchias de la infantería y de arqueros, con un número de turcos pesadamente blindados (probablemente también infantería), fueron colocados detrás del centro como reserva.

El comandante húngaro, Dénes, conde de Bács (llamado Dionysios en fuentes bizantinas), formó su ejército, que incluía aliados alemanes, también en tres divisiones en una sola línea de batalla amplia. Aunque las fuentes bizantinas dicen que él mezcló la infantería y la caballería sin distinción, esto refleja muy probablemente un orden de batalla con la infantería delante y detrás la caballería, sobre el cual los húngaros claramente confiaron para la eficacia de su ataque. Choniates describe al ejército húngaro como compuesto de caballeros, arqueros e infantería ligera. Los ejércitos húngaros contemporáneos a menudo carecían de infantería y las fuentes bizantinas posiblemente se refieren a los sirvientes y otros seguidores del campamento como infantería. Los soldados del primer rango de la caballería húngara se describen como fuertemente blindados, y montados en caballos blindados.

La batalla comenzó con los lintes-arqueros bizantinos avanzando a las líneas enemigas disparando flechas para incitarlos a montar una carga, ante la cual se retirarían. Esto fue exitoso, y toda la línea húngara avanzó. La izquierda bizantina, con la excepción de las brigadas encabezadas por Kogh Vasil y Tatikios, fue empujada de inmediato hacia atrás y se rompió, posiblemente una retirada fingida, hacia el río, donde volvió a formar rápidamente. En el centro y en la derecha bizantina, la carga húngara fue detenida. La derecha bizantina contracargó, y al mismo tiempo las unidades de la izquierda bizantinas reagrupadas también volvieron a participar en la batalla, atacando a los húngaros que estaban atrapados por las dos taxiarquías que no se habían retirado. Andronikos Lampardas dirigió entonces un ataque contra las tropas alrededor del comandante húngaro y los detuvo; se produjo una lucha mortal con los catafractos bizantinos que recurrieron a sus temibles mazas de hierro. La batalla había llegado a un punto decisivo. Kontostephanos, reconociendo la crisis de la batalla, ahora desplegó sus reservas restantes. Contraatacó en el centro y ordenó avanzar a la infantería en todo el frente, haciendo retroceder a las fuerzas húngaras. Las divisiones enemigas comenzaron entonces a romperse en desorden y todo el ejército húngaro se volvió a la fuga.

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Batalla de Zemum o de Zimonyi (1167). El general bizantino Andronikos Kontostephanos al servicio de Manuel I Comneno, venció las fuerzas húngaras de Dénes, conde de Bács.

Los bizantinos capturaron el estándar húngaro principal, que fue montado en un carro tirado por bueyes similar a un carroccio italiano. El caballo de batalla del conde Dénes también fue capturado, aunque el comandante húngaro logró escapar. Muchos de los húngaros que huían fueron muertos o capturados por una flotilla bizantina que operaba en el río que necesitaban cruzar para llegar a la seguridad. Cinco altos comandantes húngaros con el título żupan ​​fueron capturados, junto con otros 800 soldados. Más de 2.000 armaduras fueron tomadas de los muertos e innumerables cascos, escudos y espadas. Al día siguiente, el ejército bizantino saqueó el campamento abandonado.

Los húngaros pidieron la paz en los términos de los bizantinos y reconocieron el control del Imperio sobre Bosnia, Dalmacia, Croacia al sur del río de Krka así como Fruška Gora. También acordaron proporcionar rehenes para asegurar el cumplimiento de los acuerdos; y pagar a Bizancio un tributo y suministrar tropas cuando se le pidiera.

Cuando el propio hijo de Manuel nació, Béla fue privado del título de déspota y de su posición como heredero al trono imperial.

Tras la muerte de Esteban III en 1.172, el emperador Manuel enviaría a Hungría a Béla, quien sería coronado de inmediato como Bela III de Hungría y mantendría una política orientada hacia Bizancio durante todo su reinado.

Campaña en Galicia

El afán intervencionista de Manuel Comneno también alcanzó a los principados rusos, con lo cual se formaron bandos. Iziaslav II de Kiev estaba relacionado con Geza II de Hungría y era hostil a Bizancio; el Príncipe Yuri Dolgoruki de Suzdal era aliado de Manuel Comneno y Vladimirko de Galicia es descrito como un vasallo bizantino. Galicia estaba situada al norte y noroeste de las fronteras húngaras; por ello, tenía una importancia estratégica en el conflicto húngaro-bizantino. Tras la muerte Iziaslav y Vladimirko, la situación cambió. Yuri de Suzdal, aliado de Manuel Comneno, tomó el control de Kiev y Yaroslav, el nuevo príncipe de Galicia, se acercó a los intereses húngaros.

Entre 1164 y 1165 Andronikos, primo de Manuel Comneno, escapó hacia la corte de Yaroslav en Galicia. La situación era peligrosa para Bizancio, ya que podía ser apoyado por un principado ruso y Hungría. Entonces, el Imperio realizó una agresiva tarea diplomática para repatriar a Andronikos, que incluía el perdón de Manuel Comneno. Luego, una misión a Kiev, entonces regida por el príncipe Rostislav, resultó favorable. Yaroslav fue persuadido para renunciar a sus tratos con los húngaros. Esta restauración de las relaciones con Galicia tuvo un efecto inmediato para Manuel Comneno. En 1166 le aportaron dos ejércitos como apoyo en sus guerras contra los húngaros.

Campaña contra Egipto

Junto al Rey de Jerusalén, Amalarico I, Manuel Comneno envió una expedición contra Egipto. Previamente, ambos monarcas habían acordado la repartición del país del Nilo: los bizantinos tendrían la costa; los cruzados el interior del país. Esta acción militar suponía una gran demostración de poder por su parte, puesto que se trataba de un gran ejército y una gran flota; no obstante que representara un gran gasto para los bizantinos.

La campaña suponía algo loco, ya que el teatro de operaciones estaba muy distante del centro militar bizantino. Viéndolo desde otra perspectiva, suponía que los reinos cruzados latinos intervinieran a favor de los intereses de Manuel Comneno, porque evitaría una alianza de los islámicos que hubiera sido fatal para los reinos cruzados, al mismo tiempo que mantener a estos con vida suponía alejar a los enemigos de Bizancio. Por otra parte, las ingentes riquezas de Egipto aseguraban réditos a la inversión realizada en la campaña militar incluso si eran compartidos con los cruzados.

La invasión a Egipto contaba con el apoyo de la población cristiana copta, que vivía más de medio milenio bajo el poder musulmán. Lamentablemente, hubo una falta de cooperación y coordinación entre bizantinos y cruzados en las escasas operaciones militares que realizaron. Aquellos llevaron provisiones para tres meses y cuando los cruzados llegaron estas ya se estaban acabando. Manuel Comneno había invertido muchos recursos en esta campaña sin lograr éxito alguno y que podían haber sido empleados contra los turcos selyúcidas en Anatolia quienes representaban una mayor y más cercana amenaza.

Batalla de Miriocéfalo  o de Myriokephalon (1.176)

La última de sus campañas militares fue contra los turcos selyúcidas. Su pretensión era alcanzar Iconia. Justo en la entrada del paso a Miriocéfalo se encontró con unos embajadores turcos que ofrecían paz en términos generosos. Los generales más experimentados sugerían aceptar la oferta mientras que los más jóvenes querían atacar. Manuel Comneno tomó en cuenta la opinión de estos últimos.

La última de sus campañas militares fue contra los turcos selyúcidas. Su pretensión era alcanzar Iconia. Justo en la entrada del paso a Miriocéfalo se encontró con unos embajadores turcos que ofrecían paz en términos generosos. Los generales más experimentados sugerían aceptar la oferta mientras que los más jóvenes querían atacar. Manuel Comneno tomó en cuenta la opinión de estos últimos.

El ejército de Manuel Comneno cometió una serie de errores garrafales; por ejemplo, no enviar expediciones de reconocimiento. El 17 de setiembre de 1176 fue derrotado por el sultán Kilij Arslan II en la batalla de Miriocéfalo (Myriokephalon). Su ejército cayó en una emboscada mientras marchaba a través de un estrecho paso de las montañas. Los bizantinos fueron dispersados y derrotados; el equipo de asedio, destruido. Manuel Comneno fue obligado a renunciar a la conquista de Iconia. Según las fuentes históricas bizantinas, el Emperador perdió el control de sus nervios durante y después de la batalla.

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Batalla de Miriocéfalo o de Myriokephalon (1176). Las tropas del emperador bizantino Manuel I Comneno son atrapadas en un paso estrecho por las fuerzas turcas del el sultán Kilij Arslan

El sultán Kilij Arslán II permitió a Manuel Comneno y su ejército que se retirasen solo si desmantelaba las fortificaciones de Dorilea y Syllion, pero el Emperador solo cumplió con lo de esta última. Posteriormente, Manuel Comneno consideró a esta batalla como una catástrofe similar a la sufrida, casi un siglo atrás, en Manzikert. En realidad, no significó una gran pérdida para el ejército bizantino, ya que quienes sufrieron más bajas fueron las tropas aliadas y, sobre todo, el equipaje, que fue el principal objetivo de la emboscada turca. Años después, los bizantinos conseguirían una serie de importantes victorias contra los turcos y una que otra derrota de menor importancia.

Para más información ver el capítulo “los turcos” – “La batalla de Miriocéfalo  o de Myriokephalon 1.176”

Muerte de Manuel Comneno

Sin embargo, la constante actividad bélica condujo a que Manuel Comneno perdiera salud progresivamente hasta morir de una simple fiebre el 24 de septiembre de 1180.

El Imperio bizantino era una potencia, con fronteras seguras y ciudades prósperas, aunque al interior existían serios problemas: la corte requería de un líder enérgico que mantuviera el sistema y saneara las finanzas, porque se había derrochado mucho dinero en campañas militares, en la corte y en patronazgo a la Iglesia y artistas. Desafortunadamente, para los bizantinos, no llegaría un gobernante adecuado para dichas tareas.

Andrónico I Comneno (1.183-1.185)

Su heredero, Alejo II Comneno (1.180-1.183), era un muchacho de 13 años. La regencia recayó en su madre María de Antioquía. El poder de los emperadores Comneno dependía de su capacidad para hacerse obedecer, capacidad que faltaba a los regentes de Alejo que eran la emperatriz María de Antioquía conocida como Maria-Xena (extranjera) y su amante el protosebastos Alejo. Se intentaron varios golpes de estado infructuosos hasta que apareció Andrónico Comneno, un aventurero que había sido el único en oponerse públicamente al emperador Manuel.

En la primavera de 1182, Andrónico se puso en marcha hacia Constantinopla, sin encontrar apenas resistencia a su paso por Asia Menor. Sus tropas, inicialmente pequeñas, fueron creciendo gracias a la afluencia de descontentos. Al comienzo del mes de mayo había llegado a Calcedonia, donde derrotó a un ejército leal dirigido por otro primo de Manuel, Andrónico Ángelo, que se pasó a su bando, e instaló su campamento. El protosebastos Alejo y María Xena pusieron su confianza en la flota, cuya tripulación estaba constituida en gran parte por occidentales, e intentó cerrar el Bósforo. Sin embargo, Andrónico Kontostephanos, comandante de la flota, se puso del lado del usurpador.

Matanza de latinos

Viendo que la regencia estaba perdida, el 2 de mayo la Guardia Varega arrestó y cegó al protosebastos Alejo, arrojándolo a una mazmorra. Esta fue la señal para el motín popular, que descargó su ira en los almacenes y vidas de los mercaderes italianos, sus clérigos y sus familias. Estos hechos habían tenido un precedente en las medidas adoptadas por Manuel, pero se debió sobre todo a la animadversión que provocaba la riqueza de los italianos. La libertad de comercio sin trabas fiscales, otorgada por Alejo I, arruinaba a la burguesía y el artesanado de la ciudad, tradicionalmente superprotegidos por el gobierno imperial. También al mal recuerdo que dejó el paso de las Cruzadas por las tierras imperiales. Algunos de los italianos escaparon por mar, donde se convirtieron en piratas y saquearon durante varios meses las islas del Egeo.

La matanza fue atroz: las casas y los almacenes de los occidentales fueron saqueadas y sus habitantes muertos. Incluso el hospital de San Juan fue objeto de ataques. Según los cronistas, cerca de 30.000 occidentales, incluidos mujeres, niños y hasta el legado papal, fueron asesinados y otros 4.000 vendidos como esclavos a los turcos.

Andrónico, cuya xenofobia a los occidentales le había ganado las simpatías del populacho, probablemente no hizo nada para alentar los disturbios (puesto que aún se hallaba cruzando el Estrecho), pero tampoco para detenerlos. Cuando amainó el furor popular, entró en la capital envuelto en el júbilo de los ciudadanos y reclamó la regencia en nombre de Alejo II. La emperatriz María-Xena quedó confinada en el palacio imperial, reducida entonces a una mera comparsa, y así, con más de 65 años de edad, Andrónico se convirtió en dueño absoluto del Imperio.

Usurpación del trono

Después de haber fingido proteger al joven emperador, lo primero que hizo fue juzgar por traición a la emperatriz viuda Xena-María; a la que se acusó sin fundamento de mantener correspondencia con el rey de Hungría. Fue un montaje tan evidente que el patriarca Teodoro dimitió en protesta y hasta el hijo mayor de Andrónico pidió misericordia a su padre. Finalmente, aunque tres jueces prefirieron dimitir a condenar a la desgraciada, la decisión de Andrónico fue irrevocable. Joven Alejo II fue obligado a firmar la condena a muerte de su propia madre, la cual fue estrangulada.

El siguiente paso fue hacerse coronar como co-emperador de su protegido, dos meses más tarde, mandó estrangular al pequeño Alejo, cuyo cuerpo fue lanzado al mar y se casó con la reina viuda Inés de Francia, que entonces tenía 12 años.

Política interior

Andrónico, enemigo de la nobleza terrateniente, que debilitaba la autoridad imperial mediante la adquisición de tierras de los campesinos soldados que formaban la base del ejército bizantino. Decidió acabar con sus muchos abusos, y, ante todo, luchar por limitar el creciente feudalismo que minaba el poder absoluto del Emperador, y arrancar de raíz la prepotencia de la aristocracia. Andrónico acometió sus tareas con ardor, iniciando un amplio programa para frenar la expansión nobiliaria y restaurar la administración central como base del poder imperial, tal y como lo fue en la dinastía Macedónica. Puesto que no reconocía otro método de gobierno que la brutal aplicación de la violencia, su gobierno se convirtió en una cadena de actos de terror, conspiraciones y atrocidades. No cabe duda, y hasta sus detractores reconocen este hecho, que sus medidas llevaron en las provincias del Imperio a una rápida y muy sensible mejora de la situación.

Se presentó resuelto a extirpar la corrupción por todos los medios posibles, Andrónico atacó la venalidad de los cargos en Constantinopla y las extorsiones practicadas por los agentes del fisco en las provincias. La corrupción fue combatida sin piedad; los funcionarios debían escoger: o bien dejaban de ser injustos, o bien dejaban de vivir.

Se puso fin a la venta de cargos públicos; nombró como jueces a personas honradas e incorruptibles, y los funcionarios pasaron a ser elegidos por su capacidad y remunerados suficientemente para que así fueran menos inclinados al soborno.

La práctica más frecuente de los corruptos, el cobro abusivo de impuestos fue erradicado. Se sometió a severas penas a los recaudadores rapaces y se adoptaron medidas implacables contra los grandes terratenientes, ejecutando a numerosos aristócratas. Esto se tradujo en una mejora sustancial de la situación del sufrido campesinado en las provincias, que respiró más tranquilo, conociendo por primera vez lo que era la seguridad legal frente a los abusos de la administración.

Fue el administrador más capaz de toda su dinastía. Gracias al aumento de los ingresos del Tesoro, pudo hacer frente a las múltiples dificultades que surgieron durante su breve reinado. Produjo también una gran impresión sobre los contemporáneos la supresión de la costumbre ampliamente difundida de saquear barcos naufragados. A este pésimo hábito, que sus antecesores habían combatido en vano, puso fin Andrónico al dar la orden de que los culpables fueran colgados de los mástiles de los barcos saqueados.

El Comneno no solo estaba en malas relaciones con la nobleza provincial, sino que tampoco soportaba a sus parientes imperiales. Estos odiaban su estilo autocrático y envidiaban su posición. El Emperador solamente podía contar con un círculo de agentes y consejeros, aunque trató de crearse un partido favorable entre el proletariado de la capital difundiendo las ventajas de su honesta administración.

Las revueltas internas y la pérdida del apoyo familiar sumieron a Andrónico en un estado de paranoia aguda, arremetiendo contra todos sus enemigos reales o supuestos. La lucha contra la aristocracia degeneró en una terrible brutalidad. A la violencia respondió con más violencia. Hubo una incesante sucesión de conspiraciones. Irritado por la resistencia, el Emperador, cuya irascibilidad y recelo habían llegado a dimensiones verdaderamente patológicas, recrudeció sus medidas, lo que, sin embargo, solamente logró ganarle nuevos enemigos.

Viendo por todas partes traiciones y conjuras, incapaz de distinguir al culpable del inocente, Andrónico acabó implantando un régimen de terror. Todo aquel de quien se sospechara mínimamente podía temer por su vida o la de su familia, y era rara la semana en la que no hubiera detenciones arbitrarias, condenas injustas o ejecuciones crueles en Constantinopla, lo que se tradujo en odio y descontento. El Imperio se encontraba en un estado de guerra civil latente.

Además, acompañado por su guardia de corps bárbara, el Emperador pasaba cada vez más tiempo en sus palacios estivales fuera de la capital, en compañía de meretrices, músicos y concubinas.

Su prestigio se desvaneció, y el pueblo, que poco antes recibía al Emperador con aclamaciones, empezó a mirarle como hombre incumplidor de sus compromisos y a buscar otro pretendiente al trono.

Política exterior

En el año 1183, los húngaros se aliaron con los serbios, invadieron el Imperio. Belgrado, Branicevo, Nis y Sofía fueron devastadas de tal forma que seis años más tarde los cruzados encontraron estas ciudades deshabitadas y en parte destruidas. En su lucha contra Bizancio, Esteban Nemania logró en esta ocasión asegurar la independencia de Serbia y aumentar el territorio, a costa del Imperio bizantino, su territorio hacia el este y el sur.

El ejército imperial en la zona, al mando de Andrónico Lapardas y Alejo Branas, se dividió entre los partidarios del nuevo emperador, dirigidos por Branas, y los sediciosos de Lapardas, que temía por su vida bajo el nuevo régimen. De modo que tomó camino de Adramyttium para alzarse en armas, pero fue aprehendido por los hombres del Emperador y cegado.

Pronto Andrónico tomó medidas contra el enemigo exterior: tras firmar una paz ventajosa para los selyúcidas, lanzó un rápido contraataque contra los húngaros en 1184, tomando Serdica y Nis y, aliado de los serbios de Esteban Nemania, llegó al Danubio por Belgrado. Béla tuvo que firmar pronto la paz, pues estaba en plena lucha por Zara con Venecia.

Entretanto, genoveses y pisanos se vengaban de la cruel matanza mediante la piratería. Para contrarrestarlos, firmó un tratado con la república de Venecia en la primavera de 1185, por el cual Andrónico consentía en libertar a los venecianos presos en Constantinopla desde la matanza de 1182; y se comprometía pagar cierta suma todos los años, en compensación por los daños sufridos, abonando la primera anualidad en 1185. Esto mantuvo a raya a las otras repúblicas italianas.

También se reanudaron las relaciones con Roma. El papa Lucio III envió, a finales de 1182, un legado a Constantinopla. Para congraciarse con el pontífice, Andrónico permitió que se abriera una nueva iglesia latina en Constantinopla, a pesar de la oposición del Patriarca.

Para contrarrestar las malas relaciones con los turcos, se mandaron emisarios al sultán Saladino, intentando así contrapesar la hostilidad manifiesta de los selyúcidas de Iconio con una alianza con el sultanato de Siria y Egipto, situado a la retaguardia de este. Poco antes de su muerte, Andrónico hizo alianza formal con el sultán de Egipto. El Emperador tomaría posesión de todos los territorios conquistados al sultán de Iconio hasta Antioquía y la Armenia Menor, en caso de que los nuevos aliados pudieran apoderarse de tales comarcas. La muerte impidió a Andrónico realizar ese plan.

Rebelión en Bitinia

En septiembre de 1183 los hijos de Andrónico Ángelo, Teodoro e Isaac, iniciaron una revuelta en Nicea, Prusa y Lopadio. Contaban con muchos partidarios y algunos mercenarios turcos de Iconio. Esto provocó un enfriamiento de las relaciones con el sultanato y un nuevo acercamiento a Saladino, como se ha mencionado anteriormente.

Acabada la guerra húngara, el general Alejo Branas y el propio Emperador comandaron dos ejércitos en una campaña conjunta contra los rebeldes. Nicea, defendida por Teodoro Cantacuzeno e Isaac Ángelo, resistió a las máquinas de asedio imperiales. Andrónico ordenó que la madre de Isaac, Eufrosine, fuera traída de Constantinopla, y la situó en lo alto del mayor de sus arietes, para evitar que los asediados lo destruyeran con su artillería. Esto no minó, sin embargo, la determinación de los defensores, que simplemente afinaron su puntería y, de hecho, acabaron por rescatar a la pobre mujer. Con la muerte de Teodoro Cantacuzeno, al tratar de asesinar al Comneno, tomó el mando el irresoluto Isaac, que comenzó las negociaciones para rendirse. Mientras, el arzobispo niceno, Nicolás, ante la inminencia de una hambruna, condujo una delegación de mujeres y niños para pedir clemencia al Emperador. Este accedió a perdonar a los rebeldes, pero tras entrar en la ciudad forzó a muchos a exiliarse y ejecutó a otros tantos.

A continuación Andrónico se trasladó al asedio de Prusa, que bajo el liderazgo del joven Teodoro Ángelo se defendió tan valientemente como Nicea. Sin embargo, las fuerzas imperiales acabaron por abrir una brecha y tomaron la ciudad, que fue sometida a saqueo. Teodoro Ángelo fue cegado, en tanto que los nobles León Sinesio, Manuel Lachanas y otros 40 rebeldes fueron empalados. Tampoco hubo piedad alguna en Lopadio.

Rebelión de Chipre

En 1185, Isaac Comneno, gobernador de Chipre, proclamó la independencia de la isla. Andrónico, carente de una flota capaz de hacer frente a la de Isaac, no pudo dominar la rebelión. La pérdida de Chipre fue un duro golpe para el Imperio, debido a su importancia estratégica y mercantil y a las grandes sumas que ingresaba en el Tesoro. Como consecuencia de esta rebelión, dos destacados cortesanos, Constantino Makrodoukas y Andrónico Ducas, fueron lapidados y empalados por una turba incitada por el siniestro sicario Hagiocristoforites. Su crimen fue haber convencido al Emperador para que pagara el rescate de Isaac, capturado por los turcos, y lo promoviera a gobernador de la isla.

Invasión normanda

Alejo Comneno, sobrino y copero del difunto emperador Manuel, fue exiliado por Andrónico a Cumania, pero huyó con un tal Maleinus, refugiándose en la corte de un antiguo enemigo del Imperio, Guillermo II, gobernante normando de Sicilia. Aprovechando los problemas internos de Bizancio, preparó una gran expedición cuyo fin no era solo vengar la matanza de 1182, sino adueñarse del trono del Imperio. Guillermo reunió 80.000 hombres en junio de 1185, incluyendo un cuerpo de caballería selecta de 5.000 jinetes. Los embarcó en una flota de 200 unidades, y los despachó a los Balcanes al mando de los condes Balduino y Ricardo de Acerra (al mando de las fuerzas terrestres) y de Tancredo de Lecce (al mando de la flota). Pronto pusieron sitio a la gran fortaleza de Dirraquio (Durazzo), que cayó el 24 de junio por la traición de su comandante, que formaba parte de la nobleza desafecta al régimen.

Los normandos pusieron entonces rumbo a Salónica siguiendo la Vía Egnatia. Por el camino encontraron poca resistencia y cercaron la segunda capital del Imperio el 6 de agosto. Mientras, su armada ocupaba las islas de Corfú, Cefalonia y Zante, para alcanzar Salónica el 15 de agosto. La población de esta ciudad era partidaria de resistir, pero su inepto comandante, David Comneno, también era contrario al gobierno del nuevo Emperador; su dirección fue nefasta, y las tropas auxiliares enviadas desde Constantinopla no llegaron a tiempo. Los normandos minaron las murallas sin problemas y Salónica fue tomada al asalto el 24 de agosto de 1185 y saqueada con atrocidad. Lo que tres años los griegos habían infligido a los latinos en Constantinopla fue entonces hecho a los habitantes de Tesalónica, que sufrieron los más crueles insultos, torturas y asesinatos. Hubo más de 7.000 civiles muertos.

A Andrónico sólo le quedó destituir a David, que se escabulló del castigo, por lo que pagó su familia. Dejando en Tesalónica una parte de sus fuerzas, un segundo cuerpo del ejército normando se dirigió a Serres, pero el grueso de sus tropas marchó sobre Constantinopla, acampando en Mosynopolis. Al saber la toma de Tesalónica y la aproximación de los normandos, la población de la capital se inquietó, acusando a Andrónico de indecisión y debilidad.

Andrónico mandó mensajeros a las guarniciones de Asia Menor, Bulgaria y el Peloponeso para iniciar una contraofensiva contra los normandos. Andrónico formó cuatro divisiones, una de las cuales estaba al mando de su hijo Juan. No obstante, no se decidió a nombrar un general en jefe de la operación, por temor a que utilizara el ejército para deponerle, por lo cual las tropas se movieron lentamente. El único que se atrevió a atacar a los normandos fue el general Teodoro Cumno, que se retiró tras unas pocas escaramuzas.

Muerte de Andrónico

La tensión afectó los nervios del basileo: en su paranoia, se afanó en buscar más traidores. Un funesto oráculo le reveló a Andrónico que su poder peligraba por alguien cuyo nombre empezaba por Is-, lo que asoció inmediatamente al usurpador Isaac Comneno de Chipre. Sin embargo, el oráculo dijo que esto ocurriría en un plazo muy breve de tiempo, apenas dos semanas. Evidentemente, Isaac no tenía tiempo material de llegar desde Chipre hasta Constantinopla y arrebatarle el trono. De modo que, apremiado por su desalmado mano derecha, Esteban Hagiocristoforites, en las primeras horas del 11 de septiembre de 1185 Andrónico mandó una patrulla a arrestar a otro personaje cuyo nombre empezaba por Is-: Isaac Ángelo, un noble insignificante emparentado con el clan Comneno que se había rebelado en 1184 en Bitinia, pero tras ser perdonado, vivía tranquilamente en la ciudad. Hagiocristoforites se presentó en la casa de Isaac con un pelotón de hombres armados. Este, sabiendo que le esperaba una muerte inmerecida, saltó de la cama, tomó su espada, montó un caballo y salió medio vestido, tomando al enemigo por sorpresa. Hagiocristoforites no tuvo ni tiempo de sacar su arma porque Isaac, con un sablazo, le partió la cabeza en dos. Luego arremetió contra los sicarios, que huyeron atemorizados.

Isaac, demostrando una gran intuición de cómo se debía tratar con el populacho, se abalanzó en plena noche hacia Santa Sofía, pidiendo el asilo que la tradición concedía a los homicidas e implorando a grito pelado perdón por la fechoría. Se arrancó la poca ropa que llevaba y los pelos de la barba, mostrando su espada todavía ensangrentada y, mientras pedía piedad, proclamó que había actuado para defender su vida, recordándoles a todos los desmanes del muerto. Entretanto, Andrónico llamó a Isaac para que acudiera a su presencia a la mañana siguiente.

En Santa Sofía se fueron reuniendo todos los agraviados por el Emperador, que buscaron consuelo y venganza en Isaac, que descendía por línea femenina de Alejo Comneno y, por tanto, era un candidato perfecto para el trono. Una gran multitud se atrincheró para defenderlo, y se empezó a murmurar que había que acabar con el tirano. Isaac Ángelo se dirigió al pueblo y lo enardeció para combatir contra el despotismo de Andrónico.

A la mañana siguiente estalló un motín e Isaac fue coronado emperador por el Patriarca. Mientras, su «predecesor», recién llegado a la capital cuando empezó la revuelta, solo pudo atrincherarse en el palacio e intentar una desesperada resistencia, pero tuvo que ceder al ímpetu furioso de sus súbditos. Acorralado, intentó salvarse prometiendo primero una amnistía, y luego renunciar al trono en favor de su prometedor hijo mayor, Manuel, pero ninguna de las ofertas fue aceptada.

La situación en la ciudad se hizo caótica; mientras muchas familias celebraron la liberación de sus parientes, injustamente encarcelados por Andrónico, Isaac entró en el Sacro Palacio y el proletariado urbano saqueó el Tesoro imperial, conseguidos gracias a la buena administración del tirano. Andrónico trató de huir en secreto a Crimea a bordo de un barco, junto a su esposa Agnes y su concubina Maraptike. Alcanzaron el puerto de Chele, en la costa bitinia del mar Negro, pero los vientos le fueron desfavorables, por lo que fue capturado. Sus intentos de ganarse a sus captores con conmovedores lamentos fracasaron, y los cortesanos enviados a tomar custodia suya la emprendieron a bofetadas y patadas con el reo, arrojándolo a una mazmorra en la prisión de Anemas.

Encadenado y obligado a postrarse ante Isaac, ni sus súplicas ni las de muchos de sus partidarios consiguieron el indulto para el ya ex-emperador. Entonces empezó su espeluznante suplicio: sus antiguas víctimas le hicieron desfilar por las calles subido a un camello sarnoso entre burlas de la multitud, que le daba bastonazos, le arrojaba piedras y excrementos, e incluso agua hirviendo. A continuación le llevaron al Hipódromo, donde se ensañaron brutalmente con él cortándole las manos, arrancándole el cabello y los dientes y sacándole un ojo. Tras darle un breve descanso, fue colgado por los pies entre dos columnas cercanas a una escultura de la Loba Capitolina, y cuantos quisieron golpearle pudieron hacerlo. Andrónico no profirió un lamento durante su suplicio.

Finalmente, un soldado italiano se decidió a rematar al infortunado hundiéndole su espada en las entrañas, para poner fin a su agonía. El nuevo Emperador ordenó que el cadáver mutilado de Andrónico permaneciera insepulto.

La multitud también atacó a su hijo Manuel, que fue cegado. El resto de su familia consiguió salvarse, a excepción de su hijo el coemperador Juan, que fue asesinado por sus propias tropas al llegar a Tracia la noticia de la muerte de Andrónico.

Entrada creada originalmente por Arre caballo! el 2015-02-06. Última modificacion 2022-03-22.
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