Edad Media Los avaros Periodo temprano ávaro (580-670)
Periodo temprano ávaro (580-670)

Formación del Gran Kaganato ávaro

Cerca del 580 el khagan ávaro, Bayan había establecido la supremacía sobre la mayoría eslava, búlgara, y las tribus germánicas.

El khaganato no era más que una confederación de tribus lideradas por caudillos y unidos por lazos de lealtad a la figura unipersonal del gran khagan. Por lo tanto, mientras los eslavos, búlgaros y otras tribus trabajaban la tierra y ocupaban el territorio, sus amos avaros iban y venían a su antojo, reclamando tributos, invernaban en sus hogares y exigían atenciones y alimento, también les reclutaban como infantería a su servicio.

Eran tiempos duros, y no todos pudieron aguantarlo. Ante la presión inicial de los avaros, algunas tribus eslavas huyeron hacia Grecia, y solicitaron ser acogidos en el Imperio Bizantino, incorporándose al ejército como federados o “foederati”. Otras tribus, como la de los serbios, optó por huir a los Cárpatos. Pero, aun así, los avaros mantuvieron a numerosos eslavos bajo su control.

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Guerreros ávaros siglo VI-VII: A Jinete pesado ávaro; B infante mercenario eslavo combatiendo a un finfante pesado bizantino C. Autor Mikhail V. Gorelik

En 582, los ávaros habían capturado Srijem, una fortaleza importante en la antigua provincia romana de Panonia, pidiendo un aumento del estipendio anual.

Al serle denegado, el nuevo kagan Bayán II, hijo y sucesor de Bayan I; inició una nueva invasión bárbara en 583, que representó un duro golpe para los Balcanes bizantinos, sobre todo porque los ávaros empujaban con ellos grandes hordas de eslavos que penetraron hasta el mismo Peloponeso, destruyendo o saqueando numerosas ciudades de Iliria, Tracia, Macedonia, Dardania, Tesalia, Beocia, Ática y el Peloponeso.

En el 584 Bayan II volvió a exigir al emperador Mauricio un incremento del subsidio, a lo que este se negó. Los ávaros inician nuevas incursiones toman Singidinum (Belgrado) e invaden Tracia y Grecia, mandando por delante a sus súbditos eslavos. Tesalónica sufriría el primer asedio ese año.

Reacción Bizantina (588)

En 587, los ávaros y eslavos volvieron a cruzar el Danubio y a devastar Mesia, Scitia y Tracia, poniendo asedio de nuevo a Tesalónica. Pero esta vez su ataque fue frenado en seco por un ejército romano frente a Adrianópolis (588). Allí, Juan Mystacon, magister militum per Armeniam, recién llegado desde su mando en Oriente para detener el avance ávaro hacia la capital, y el duque lombardo de origen suevo Droctulfo, llegado a los Balcanes desde Italia con un nutrido grupo de mercenarios lombardos, derrotaron cumplidamente a los ávaros y les obligaron a retroceder hasta su base de Sirmium, en el Danubio central. Para lograr este éxito, Mauricio había tenido que trasladar hombres desde el frente oriental y desde Italia, y reforzarlos con apresuradas levas llevadas a cabo en Tracia que habían sido reclutadas por Miguel el Sirio.

Prosiguiendo con su ofensiva contra los ávaros, envió, en 588, Danubio arriba, a la flota imperial para que protegiese Singidunum, dificultara a ávaros y eslavos cruzar el Danubio y amenazara Sirmium. Los ávaros, amedrentados por el despliegue romano, aceptaron entablar negociaciones de paz. Durante las mismas, fue pagado el rescate de prisioneros romanos, pero los ávaros exigían un aumento de los subsidios a cambio de una paz en firme y Mauricio, reforzado por la victoria del año anterior y por su despliegue de tropas en los Balcanes, se negó a ello.

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Mapa de los Balcanes en el siglo VI. Los avaros y eslavos invadirían el país siguiendo las vías de comunicación bizantinas, siendo los nudos más importantes Naissus y Tesalónica

La guerra civil persa y su feliz desenlace para el Imperio hicieron posible esa solución militar del problema ávaro-eslavo. En la primavera de 590, apenas recibidas las primeras informaciones sobre la Guerra Civil persa y las peticiones de auxilio de Cosroes II, Mauricio en persona encabezó una expedición por Tracia meridional con el fin de comprobar los daños causados en la región por las recientes incursiones de ávaros y eslavos. Esta expedición le llevó, al frente de un nutrido destacamento militar, hasta Anquialo, en las riberas del mar Negro.

Durante su ruta por Tracia, el Emperador distribuyó mucha plata entre los campesinos y ciudadanos afectados por los ataques bárbaros y, tras comprobar el estado de las defensas y hacerse con algunos prisioneros eslavos, regresó a la capital.

A fines de este año, cuando ya la guerra civil persa había concluido felizmente para los bizantinos y el limes oriental estaba plenamente seguro, comenzaron a movilizarse tropas desde Siria, Mesopotamia y Armenia hacia Tracia.

Mauricio procedió en el invierno de 591/2 a llevar a cabo una leva masiva entre los armenios con el propósito de enviarlos a los Balcanes en compañía de los ejércitos de campaña de Oriente y Armenia que ya se dirigían hacia el nuevo frente de guerra. Los efectivos eran 30.000 hombres que iban a asentarse como soldados de frontera y guarnición. Algunos autores dicen que fue una deportación masiva entre la población más belicosa.

En 592, el kagan ávaro, alarmado sin duda por las noticias que le llegaban sobre las grandes victorias obtenidas por los bizantinos en Persia y sabedor de que, terminada la guerra en Persia; el Imperio bizantino lanzaría todo su poderío contra ellos, volvió a demandar la paz, si bien bajo el presupuesto de que el Emperador aumentara los subsidios. Mauricio, ya tremendamente reforzado por su gran triunfo en Persia y por la paz lograda con esta, se negó. Contaba entonces con muchas tropas de campaña, que se trasladaran a los Balcanes y se dispusieran a entrar en combate.

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Jinete bizantino contra eslavos mitad siglo VI

Ese año se reanudó en toda su virulencia la guerra contra los ávaros y los eslavos. Mauricio estaba entonces dispuesto por completo a acabar con aquella larga guerra e imponer en los Balcanes su autoridad, tal y como ya había impuesto su hegemonía en el Oriente. Por eso rechazó las peticiones que el Kagan le hacía de que le aumentara el tributo y que a cambio obtuviese la paz. El Kagan, indignado por el violento rechazo de su petición, cruzó el Danubio y puso sitio a Singidunum (Belgrado), pero no logró tomarla y tuvo que levantar el campo cuando supo del avance del general Prisco que marchaba apresuradamente a la cabeza de un ejército de socorro. Los ávaros tuvieron que retirarse a toda prisa hacia Sirmium, pues la flota imperial amenazaba la retaguardia ávara en el Danubio, a la par que Prisco avanzaba por tierra. De esta forma, el primer choque de la gran guerra ávaro-eslava de Mauricio fue favorable a los bizantinos.

Pero los ávaros no se daban por vencidos. En Sirmium reunieron junto a ellos a grandes contingentes de eslavos y a su cabeza marcharon por la orilla derecha del Danubio devastando a su paso la Mesia y alcanzando la costa del mar Negro y la ciudad de Anquíalo.

Prisco, sorprendido por el movimiento, marchó a toda prisa hacia la ciudad de Durostorum (actual Silistria), desde donde detuvo la devastadora progresión del kagan de los ávaros. Frenada por la presencia del ejército de Prisco, la gran horda no podía proseguir hacia el sur ni tomar la ciudad. Como además, llegaban hasta ella noticias sobre el rápido avance de la flota imperial que pronto les impediría cruzar el Danubio y que cerraría por completo el cerco iniciado por Prisco; el kagan Bayán se vio obligado a solicitar una tregua y a aceptar como compensación por su retirada una ridícula cantidad de oro con la que, como años atrás frente a Sirmium, salvar su honor ante los guerreros que lo habían seguido a aquella frustrada incursión.

Así que, por segunda vez en el mismo año, los ejércitos bizantinos ganaban la partida. El triunfo era lo suficientemente grande como para que el Kagan dejara de incordiar por un tiempo y para que Mauricio se pudiese centrar en los eslavos del bajo Danubio que, de forma independiente a los ávaros, habían atacado territorio bizantino en los años precedentes. Así que el ejército bizantino pasó a la ofensiva en toda regla.

A fines de la primavera del 593, Prisco y su ejército pasaban el Danubio a la altura de Durostorum y atacaban en sus bases a los eslavos de los reyes Ardagasto y Musocio, quienes preparaban una incursión contra territorio romano. Los soldados de Prisco arrasaron con los enclaves eslavos, los hicieron huir a los pantanos, dieron muerte a millares de ellos y capturaron al rey Musocio, haciéndose además con un gran botín.

Todavía por segunda vez en ese año de 593, pudo Prisco cruzar el Danubio y devastar territorio eslavo sembrando entre las tribus el terror y haciéndose con grandes botines.

Eran pues grandes victorias las que se habían obtenido en aquellos meses de primavera, verano y otoño del 593, y significaron un cambio de rumbo en las guerras balcánicas: por primera vez desde 530, eran los ejércitos romanos los que devastaban el territorio de sus enemigos y no éstos los que saqueaban el territorio romano.

Sublevación del ejército bizantino

Pero en este punto Mauricio cometió un grave error: se empeñó en que el ejército invernara sobre territorio enemigo, esto es, al norte del Danubio, con la excusa de ahorrar a los sufridos habitantes de las provincias danubianas el coste de alojar y alimentar al ejército. Era una locura, pues por muy precaria que fuera la situación de las provincias danubianas; obligar al ejército a permanecer en territorio enemigo y a invernar allí sobreviviendo sobre el país, no solamente era arriesgarse a que fuese destruido por una sorpresa enemiga, sino que era de todo punto imposible desde el punto de vista logístico.

Entonces, los soldados se negaron a obedecer la orden del Emperador. Por segunda vez en su vida, Mauricio se encontró ante una sublevación en toda regla de su ejército, de los funcionarios civiles y del obispo. Con el acuerdo y supervisión de las autoridades de la ciudad y del magister militum, tribuno, comes o del oficial que fuese el jefe del contingente, extendía unos recibos o certificados que se entregaban a los posesores o contribuyentes que habían entregado los bienes demandados por el ejército.

Estos recibos eran posteriormente usados por los contribuyentes como descargo ante los cobradores habituales de impuestos, los cuales debían de restar de la annona y en su caso de cualquier otra carga fiscal, la cantidad que figuraba en el recibo en cuestión; en caso de que el recibo superara el importe total de los impuestos anuales que pagaba el poseedor del recibo en cuestión, éste recibía una exención fiscal por dos o más años, hasta cubrir la cantidad que figuraba en el recibo.

Continuación de la ofensiva bizantina

Solventada así la potencial sublevación, Pedro se dispuso, en la primavera del 594, a retomar la ofensiva contra eslavos y ávaros, operaciones iniciadas esta vez en suelo bizantino. En Marcianópolis, uno de sus merarcas, Alejandro, quien dirigía la vanguardia del ejército de Pedro, cercó a una banda de 600 saqueadores eslavos que intentaban alcanzar el Danubio para cruzarlo hacia el norte y volver a sus hogares con el crecido botín que acababan de hacer en la Mesia. Los eslavos, al verse cercados, pusieron en círculo las carretas en donde transportaban el botín e intentaron resistir, pero los soldados de Alejandro los aniquilaron por completo y recuperaron el botín y los prisioneros.

A partir de ahí y para evitar nuevas algaradas eslavas, Pedro se puso a patrullar las orillas del Danubio con sus tropas, desde Durostorum hasta Asemus. Sin embargo, sus movimientos fueron observados por una avanzadilla de jinetes búlgaros al servicio del kagan ávaro que informó de inmediato a los eslavos de los movimientos de las tropas de Pedro. De inmediato los eslavos se dispusieron a tender una emboscada al ejército bizantino.

El jefe eslavo se llamaba Peiragastus y contaba con numerosos guerreros, pero Pedro supo envolver a las hordas eslavas, dando muerte a su jefe y a buen número de sus guerreros y poniendo al resto en fuga. Desgraciadamente, durante la persecución que siguió, los bizantinos se extraviaron y fueron a parar a unos parajes carentes de agua, por lo que tuvieron que dejar escapar a los eslavos que huían delante de ellos. Más tarde, en las orillas del río de Helibacia, Pedro tuvo que enfrentarse a una muchedumbre de eslavos y aunque se sostuvo en el campo de batalla, tuvo al cabo que retirarse y ponerse a la defensiva el resto de la campaña.

Así pues, la campaña de 594 había terminado sin lograr un solo avance y en cierta medida, si se la comparaba con la de 593, era un auténtico fracaso estratégico que echaba por tierra las ventajas obtenidas por Prisco un año atrás. Por ello, Mauricio decidió retirar el mando a su hermano y sustituirlo, una vez más, por Prisco, quien retomó las riendas de los ejércitos del Danubio en 595. Prisco fue más afortunado que Pedro y pudo rechazar varios ataques ávaro-eslavos contra Dalmacia, causando a los bárbaros cuantiosas bajas y obligándolos a rebasar el Danubio.

Para 597 la situación seguía sin resolverse, pues aunque las fuerzas bizantinas habían logrado restablecer el Danubio como frontera y rechazar los ataques más importantes contra Iliria, Dalmacia, las Mesias, Escitia o Tracia; no podían impedir las constantes incursiones de saqueadores eslavos y ávaros que, en pequeños grupos, cruzaban de continuo el limes y penetraban hasta muy al interior de las provincias danubianas.

También el kagan, el señor de los ávaros y de numerosas bandas eslavas, búlgaras y gépidas, estaba harto de la larga guerra y por eso fue él quien se atrevió a lanzarse primero contra su enemigo en una gran ofensiva contra su territorio. En 598, avanzó al frente de un gigantesco ejército de ávaros, eslavos, gépidos y búlgaros, y cayó sobre la importante plaza danubiana de Tomi, no lejos de la desembocadura del Danubio. Sin embargo, Prisco pudo auxiliar a la ciudad y guarnecerla con su ejército, así que el Kagan fracasó en su empeño de tomarla y tuvo que retirarse tras quedar sin víveres. De nuevo la flota imperial navegaba por el Danubio y cortaba las comunicaciones de los bárbaros con sus bases transdanubianas, mientras Comentiolo, el otro general bizantino que operaba ese año en los territorios danubianos, estaba maniobrando para contribuir al cerco de los ávaros.

Una vez más se mostraba que los ejércitos bizantinos estaban siendo superiores, en conjunto, a los del kagan ávaro. Este último veía cómo su prestigio, tras su nueva derrota ante los muros de Tomi, se hallaba amenazado: u ofrecía a sus seguidores ávaros, eslavos, gépidos y búlgaros una victoria o al menos una expedición de saqueo productivo, o perdería el control sobre ellos. Incluso era posible (no sería la primera vez que ocurriera en la historia de los ávaros) que estos, descontentos ante las derrotas de su Kagan, decidieran sustituirlo por uno de sus hijos o hermanos. Desesperado ante esta perspectiva y con el creciente riesgo de verse cercado por las maniobras de Prisco, Comentiolo y la flota imperial, el Kagan se lanzó en un movimiento inesperado y arriesgado: una marcha forzada hacia Constantinopla.

Ataque ávaro a Constantinopla (598)

La progresión ávara fue muy profunda y rápida, y amenazó con llegar hasta la misma Constantinopla. Comentiolo tuvo que marchar desde la Mesia, donde se hallaba, hacia el sur para intentar no quedarse aislado y auxiliar a la capital. El emperador, por su parte, para prevenir el inminente ataque ávaro contra la capital, se vio impelido a ponerse al mando de un pequeño ejército constituido por varios bandon de los praesentalis y de las scholae palatinae, así como de los excubitores y de las milicias de los demos. Con esta fuerza de combate tan apresuradamente reunida, Mauricio esperó la llegada del Kagan al pie del muro de Anastasio, la llamada “Muralla Larga”.

Los ávaros llegaron, en efecto, pero fueron frenados y poco después comenzaron a caer por millares bajo los efectos de la peste que les fue contagiada desde Constantinopla. Varios hijos del Kagan murieron en esos días de epidemia y en verdad parecía que los ávaros iban a ser consumidos por la peste. Entonces, el Emperador, desconociendo lo que ocurría en el campo ávaro, presionado por la opinión pública de Constantinopla, atemorizada por la peste y por la presencia de los ávaros tan cerca de la ciudad; ofreció al desesperado Kagan una salida honrosa que este aceptó de inmediato: la paz.

Bajo el engañoso manto de aparecer como una victoria ávara, escondía realmente un gran triunfo bizantino: si bien es verdad que el kagan ávaro conseguía aumentar en 20.000 sólidos el montante de los subsidios que iba a percibir, a cambio tenía que reconocer la autoridad imperial sobre todos los territorios situados al sur del Danubio, quedando ese río como frontera entre su Kaganato y el Imperio. Además, y esto era una novedad que muestra la superioridad bizantina; en el momento de firmar este tratado, el kagan se veía forzado a acceder a que los ejércitos romanos pudieran cruzar libremente el Danubio y a transitar por los territorios situados al norte del río. Sin que los ávaros los estorbasen y con el propósito de castigar a cuantos eslavos se atreviesen a incursionar en territorio imperial. Los ávaros estaban obligados, así mismo, a no ayudar a los eslavos atacados por las tropas bizantinas.

Victorias bizantinas de Prisco (599-600)

Mauricio suponía que los ávaros se hallaban al borde del colapso militar. Mauricio tenía razón pero no contaba con sus peores enemigos: su testarudez, su falta de empatía con sus soldados, su cada vez mayor aunque reciente impopularidad y su soberbia. Por eso, al poco de haberse retirado el Kagan y sus ejércitos al otro lado del Danubio, Mauricio rompió el tratado. Así, en 599, confiado en que dos o tres campañas más bastarían para liquidar a los ávaros y frenar a los eslavos, el Emperador ordenó a sus ejércitos que atacaran las posiciones enemigas.

En 599, el emperador Mauricio envió a sus generales Prisco y Comentiolo para que operasen juntos. Los generales reunieron sus fuerzas en Singidunum (Belgrado)y avanzaron juntos por el río hasta alcanzar Viminacium, que estaba en una isla en el río y que los ávaros habían ocupado en 583. Cruzaron el río Danubio en balsas y conquistaron la ciudad, arremetiendo contra numerosos pueblos enemigos cercanos, asistido en todo momento por la flota, y de esta forma impidió que el Kagan y sus ejércitos pudiesen cruzar el Danubio. Mientras los dos comandantes permanecían en la ciudad de Viminacium, Comentiolo cayó enfermo y Prisco asumió el mando de ambos ejércitos.

Al cabo aparecieron los ávaros con un ejército y Prisco derrotó cumplidamente a los ávaros y a su Kagan junto al río, los bizantinos perdieron 300 hombres frente a 4.000 ávaros. Este enfrentamiento fue seguido por otras dos batallas en los siguientes diez días, en la primera cayeron 9.000 ávaros y eslavos y en la segunda 15.000, entre ellos los cuatro hijos del Kagan, que perecieron en las aguas de un lago. A continuación se abrió paso por territorio de los ávaros hasta llegar al río Tisza. La campaña terminó con una serie de batallas junto al río Tisza con victoria bizantina y los ejércitos de Prisco pudieron invernar victoriosos en Singidunum (Belgrado).

Más afortunada y gloriosa aún fue la siguiente campaña, la del año 600. Prisco se reunió con Comentiolo en Singidunum y avanzó hacia Viminacium, en donde cruzó el río Danubio. Luego, batiendo a cuantos enemigos se le oponían, Prisco avanzó devastándolo todo a su paso, hasta el río Tisza, (Tissus de los antiguos). Desde las orillas de este río, envió una vanguardia de 4.000 hombres que sorprendió a tres campamentos enemigos en los que, aprovechando la sorpresa de su ataque nocturno y la borrachera de los bárbaros, hicieron 3.000 bajas al enemigo y tomaron varios miles de prisioneros.

La vanguardia de Prisco se retiró entonces al otro lado del Tisza y se reunió con el grueso del ejército. Justo a tiempo, el Kagan, furioso por la incursión bizantina hasta el mismo centro de su territorio, se lanzó sobre los bizantinos con todo su ejército. Pero una vez más, Prisco lo derrotó por completo junto al río Tisza, aniquilando a numerosos enemigos y muriendo miles más aún al intentar huir a través del río y de los pantanos. Era, sin duda, la mayor victoria lograda por un ejército bizantino en la región danubiana desde hacía siglos. Teofilacto, tomando las cifras del diario de campaña, detalla el número y procedencia de los enemigos hechos prisioneros: 3.000 ávaros, 6.200 guerreros de otros pueblos bárbaros y 8.000 eslavos. Prisco, victorioso, se retiró entonces con el propósito de enviar a la ciudad de Tomi los prisioneros para que fuesen vendidos y de invernar con sus tropas al sur del Danubio.

Las grandes victorias de las campañas de los años 599 y 600 demuestran, una vez más, la gran superioridad que tenían las tropas bizantinas de este periodo sobre sus enemigos. Avanzando por un territorio cubierto de bosques y pantanos, un país sin caminos y desconocido desde los días de Trajano, los soldados de Prisco derrotaron, una y otra vez, a las fuerzas del Kagan y de las tribus eslavas, empujándolas hasta más allá del río Tisza. Era un gran triunfo, superior a cualquier otro logrado por tropas bizantinas en la región del Danubio.

Sublevación de Focas

En el año 600, cuando Prisco y sus soldados marchaban por la antigua Dacia empujando a ávaros, gépidos y eslavos hasta más allá del río Tisza. Todo parecía, a punto de consumarse en el año 600. Los ávaros se refugiaban tras las aguas del Tisza y una campaña más como aquella y serían destruidos; con esa destrucción se impondría, definitiva y completamente, y al igual que en el Oriente, la nueva hegemonía bizantina. Pero entonces intervino Mauricio y con ese “buen juicio” en cuestiones militares que le venía caracterizando desde hacía algunos años, decidió que la gloria, tan al alcance de la mano en el otoño de 600, no debía de ser cobrada por Prisco, sino por su hermano Pedro.

Así que, el victorioso Prisco fue increíblemente apartado del mando y Pedro, un hombre prudente y un buen conocedor de los soldados, pero en modo alguno un general de la talla de Prisco; recibió la orden de volver a pasar el Danubio en 601 con el agravamiento de que, en vez de seguir presionando sobre los ávaros, como era el deseo de Prisco, tenía que concentrarse, por orden expresa del Augusto, en aniquilar a las tribus eslavas del bajo Danubio que operaban fuera del control ávaro.

Pedro se condujo bien. Llegado en otoño a Palastolon, en el bajo Danubio, detuvo varios ataques eslavos antes de tener que marchar a defender apresuradamente las llamadas “Puertas de Hierro”, una serie de fortificaciones extendidas sobre las cataratas y rápidos que el Danubio forma antes de encauzarse en su último y más bajo tramo. Los ávaros, aprovechando el respiro que el descuido estratégico de Mauricio les había dado al enviar a su hermano Pedro no contra ellos, hacia Sirmium y el valle del Tisza, sino contra los eslavos del bajo Danubio, pretendían forzar el paso del río y devastar la Dardania y la Macedonia. Pero Pedro supo detenerlos y, tras varios combates afortunados, obligarlos a retirarse y a permanecer al norte del río. Tras esta victoria, no decisiva, Pedro se dio por satisfecho y se retiró a Tracia para invernar.

La campaña del año 602 fue aún más afortunada para Pedro y sus tropas. Conocedor Mauricio de que el Kagan Boyan II (602–617) planeaba otro intento contra los arrabales de Constantinopla, decidió adelantársele y ordenó a su hermano Pedro que cruzase el Danubio y atacara a los ávaros en su propio territorio. Pedro cumplió a la perfección la orden y, cruzando el río, derrotó en una gran batalla a los bárbaros. Pero al rebasar el río hacia territorio bizantino para poder así invernar, se topó con el orgullo de su imperial hermano. Este, crecido por los grandes triunfos logrados por sus ejércitos durante las recientes campañas de 599-602, no se le ocurrió mejor manera de recompensarlos que ordenándoles, una vez más, que cruzaran de nuevo el Danubio y se dispusieran a invernar sobre territorio enemigo.

Como consecuencia, estalló pues la rebelión. Aunque Pedro desaconsejaba esta orden dada por su hermano, Mauricio se negó a rectificar: los soldados debían de pasar el invierno del 602-603 al norte del Danubio, para seguir así castigando sin pausa alguna al enemigo. Los soldados volvieron a negarse a acatar las órdenes de su señor y, tras fracasar en su intento de convencer a Pedro que aceptara ser nombrado emperador en lugar de su hermano; proclamaron exarca o jefe del ejército a un centurión, a un veterano de origen tracio llamado Focas, el cual venía desempeñando tareas de representación de la tropa al menos desde el 598. Focas era un simple centurión casi analfabeto, un hecatontarca de 55 años de edad y a un paso del retiro, pero tenía lo que le faltaba a Mauricio en aquel momento: popularidad entre los soldados.

Pedro, el hermano de Mauricio, decidió ponerse a salvo y advertir a su hermano. Acompañado por la mayor parte de los oficiales, marchó a toda prisa a Constantinopla y llevó con él la noticia de la sublevación. Con el campo libre, Focas logró hacerse con el control del ejército y se puso al mando de sus tropas, y, marchando a toda prisa hacia la capital, se dispuso a deponer a Mauricio.

Focas mandó asesinar a Mauricio y su familia y se nombró emperador.

Aprovechando el desconcierto, los ávaros y eslavos en 604, realizaron una incursión llegando a Tesalónica, una fuerza de 5.000 hombres atacó por sorpresa durante la noche, pero no pudo escalar las paredes de la ciudad, y fueron rechazados.

En el 610, los ávaros y los eslavos renovaron su ofensiva; un gran número de ciudades parece que cayeron o fueron abandonadas, muchos refugiados se dirigieron hacia al sur.

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Kaganato ávaro en su máxima extensión sobre el 620

Ataques ávaros durante Heraclio (611-626)

En 611, Heraclio se hallaba sin dinero, con escasas fuerzas y sin un control efectivo sobre las provincias más ricas de Asia. Aprovechando esa mala situación en el año de 611, los ávaros volvieron a cruzar el Danubio empujando a su paso a los eslavos.

En poco tiempo, el ejército de campaña de Iliria desapareció por completo; mientras que el ejército de campaña de Tracia tuvo que retirarse al sur de Adrianópolis. Así que los Balcanes quedaron casi por completo fuera del control del estado. Para esa fecha, ya se habían perdido Armenia, buena parte de Isauria.

Lázica, Siria y apenas si se ejercía control efectivo alguno sobre Capadocia. En suma, el Imperio había perdido el control de todas sus fuentes habituales de reclutas para el ejército.

Entre 611 y 614 cayeron Sirmium, Viminacium, Singidunum y las fortalezas de las llamadas “Puertas de Hierro”, más tarde caería Naisus. Más al oeste, sobre la costa dálmata en 614, o 615, Salona fue saqueada por los eslavos.

En 615, una coalición de tribus eslavas bajo cierto jefe Chatzón, aparentemente independiente de los ávaros, atacó Tesalónica, pero fracasó. Tras el fracaso, los eslavos se dirigieron a los ávaros y enviaron emisarios al Kagan, intentando atraerle con promesas de grandes riquezas que se encontraban en la ciudad y el hecho de que Tesalónica era el último refugio para los bizantinos que huían de las incursiones ávaras y eslavas.

Al otro lado de los Balcanes, en Mesia y las Tracias, fueron cayendo Bononia (Vidin), Nicópolis, Novae, Marcianópolis, Sérdica y Filipópolis. Solamente en el tramo del Danubio próximo a su desembocadura y en la costa del mar Negro pudieron sostenerse los bizantinos. Durostolum, Constanza, Mesemvria, Develtos, Anquialos, Sozópolis y Tomi, pudieron sobrevivir a la avalancha ávaro-eslava.

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Ataque eslavo contra una ciudad bizantina siglo VII. Autor Mikhail V. Gorelik

El ataque ávaro se materializó en 617 (o posiblemente 618), ya que necesitaban tiempo para movilizar a sus diversas tribus sometidas. El ataque fue súbito e inesperado: los ávaros enviaron una fuerte vanguardia de jinetes que capturó a todos los que se encontraban fuera de las murallas de la ciudad. El Kagan con el grueso de sus fuerzas, incluyendo los equipos pesados ​​del asedio, catapultas, arietes y torres del asedio, llegaron algunos días más adelante.

Emperador Heraclio, sorprendido por el ataque ávaro y empeñado contra los persas, no pudo enviar ninguna ayuda, excepto algunos barcos de suministro que llegaron a tiempo, la ciudad se vio obligada a confiar en sus propias fuerzas. A pesar de que la sofisticación técnica de los sitiadores no tenía precedentes, no pudieron sacarlo provecho debido a la inexperiencia: una torre de asedio se derrumbó y mató a sus ocupantes, mientras que los arietes resultaron ineficaces contra las murallas de la ciudad. Sin embargo, el asedio estaba mucho mejor organizado que los intentos anteriores y se prolongó durante 33 días. Al final, el Kagan llegó a un acuerdo negociado con los tesalonicenses: partió a cambio de oro, pero no antes de quemar las iglesias del campo circundante. Los eslavos, por otra parte, vendieron sus cautivos a los tesalonicenses.

Tras el fracaso de Tesalónica, le tocaba el turno a Grecia. Macedonia, el Épiro y Tesalia fueron capturadas y saqueadas, después pusieron la vista en las islas Cicladas y Creta. Desde el Peloponeso usaron sus monoxylos, que eran embarcaciones solamente útiles en la navegación costera o a lo sumo, para incursiones por alta mar que no superaran en mucho las 100 millas marítimas. Eran embarcaciones de bajo calado, hechas sobre un único tronco, con capacidad para veinte o treinta guerreros e impulsadas por remos y a veces, no siempre, por una pequeña y primitiva vela. No podían embarcar grandes cantidades de víveres ni de agua potable y no navegaban por encima de los tres o cuatro nudos de velocidad.

En 619, durante una entrevista en Heraclea de Tracia para negociar, el Kagan intentó apoderarse de la persona del emperador Heraclio, y después lanzaron un ataque por sorpresa a Constantinopla, saqueando los suburbios de la ciudad y tomando 27.000 cautivos. Fueron, sin embargo, incapaces de capturar la ciudad.

Posiblemente en el 620, el kagan Aganos, frustrado en su traidora sorpresa, tuvo que volver a firmar una tregua con el Emperador mediante el pago de un rescate. La marina persa, tras devastar Rodas, Cos y Samos, tuvo que retroceder a sus bases de partida y no lograron echar pie firme en las regiones por ellos atacadas.

Heraclio no contó con más apoyo durante casi siete años que el africano. África no solamente enviaba trigo, aceite, y oro a las arcas imperiales, sino que también envió tropas.

Los ataques de los eslavos continuaron a pesar de la tregua y Heraclio en febrero de 623 regresó a Constantinopla, y logró que el Kagan se aviniera a volver a los términos pactados en 620, sorprendido por la rapidez con la que Heraclio había regresado.

Asedio ávaro de Constantinopla 626

En el 625 se debió producir el acuerdo entre el kagan Aganos y Cosroes II para iniciar el ataque conjunto contra Constantinopla, que se llevaría a cabo el año siguiente.

El Kagan preparó su ejército en el norte que serían unos 100.000 efectivos que incluirían unos 30.000 ávaros, 20.000 utriguros y 50.000 eslavos y gépidos, así como prisioneros para hacer trabajos. El conglomerado de fuerzas que el Kagan tenía que reunir, necesitaba ingentes materiales y enormes cantidades de provisiones necesarias junto con los medios de transporte, miles de carretas y animales de tiro. Se sabe que tenía prisa, pues precipitó su marcha y, como consecuencia, no reunió los víveres suficientes para el asedio. Se había comprometido a estar ante los muros de Constantinopla a primeros días de junio, pero la fecha pasaba y sus preparativos no terminaban. Por lo que se vio obligado a enviar por delante una gran vanguardia para demostrar a los sasánidas que su compromiso seguía en pie.

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Ataque avaro-sasánida contra Constantinopla en 626

Por su parte, Cosroes envió dos ejércitos unos bajo el general Sharbaraz que marcharía por Cilicia con unos 30.000 efectivos y otro bajo el mando del general Shahin, con unos 50.000 efectivos y que marchaba hacia Melitene, reuniéndose frente a Constantinopla. En la primavera de 626, desde Trebisonda Heraclio conoció con inquietud los informes que hablaban de los preparativos de ávaros y persas. Reaccionó inmediatamente dividiendo su ejército en dos partes: una parte unos 12.000 hombres fue enviada por mar, a Constantinopla para reforzar la defensa y tranquilizar a los ciudadanos, mientras que el resto marcharía unido, en un primer momento, hasta Sebastea para interceptar a Shahin.

En los primeros días de junio de 626, un ejército persa de Sharbaraz con unos 30.000 efectivos, llegó ante los muros de Calcedonia, el general persa tenía órdenes muy concretas en esta ocasión: el saqueo y la devastación sistemática de las ricas tierras de la Bitinia occidental. Aldeas, arrabales, pequeñas ciudades, villas, monasterios e iglesias fueron incendiados y el tráfico por tierra con Asia quedó interrumpido. La gran ciudad de Constantinopla contemplaba inquieta los incendios desde la orilla europea del Bósforo. Las fuerzas de cobertura bizantinas se retiraron, a la seguridad de las murallas.

Los persas esperaron la llegada de los avaros, cuya vanguardia llegó poco después. Encendieron fuegos en su sector para que los persas y los habitantes de Constantinopla no tuvieran ninguna duda de sus intenciones. Los persas hicieron también señales de humo, comenzando el asedio de la ciudad.

Por fin llegó el Kagan, un mes después que su vanguardia y con un tren de abastecimiento incompleto. Pero el khagan no podía demorarse más, junio había pasado y julio se completaba y, de cierto, que Sharbaraz no podía esperarlo eternamente. Así que, el 29 de julio, la enorme columna de hombres, caballos y carros llegó ante la gran muralla de Constantinopla. Al día siguiente, el Kagan hizo una demostración de su poder: miles de hombres se agolparon frente a las murallas abarcando todo el perímetro de la urbe (hay que destacar que las murallas marítimas no estaban completadas).

La muralla terrestre de Constantinopla o de Teodosio tenía 6 km de largo, con triple defensa: El primer obstáculo para el enemigo lo componía un foso de unos 18 metros de ancho, y más de 5 m de profundidad parcialmente inundable. El segundo obstáculo era el parapeto o primera muralla, que estaba a 7 m del fondo del foso o a 2 del nivel de agua, cubría parateichión, una zona libre a modo de camino para las tropas de unos 15 metros de ancho. El siguiente obstáculo era la muralla exterior, de 8 m de altura y 5 de grosor con 96 torres cuadrangulares o semicirculares de unos 12 m de altura, estaban situadas a 55 m, intercalándose con las torres de la muralla interior. Entre las murallas había un espacio de 20 m de ancho llamado o períbolos. El siguiente obstáculo era la muralla interior de 12 m de altura y 7 de grosor con 96 torres de 20 m de altura situadas cada 55 m.

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Muralla de Teodosio en Constantinopla, fue construida entre el 413 y 447. Tenía 6 km de largo. Autor Peter Dennis

Había una muralla marítima al sur que iba desde la muralla de Teodosio hasta la Acrópolis que era de constitución sencilla pero en el lado norte no había muralla marítima, sería construida al año siguiente.

Ese día el Kagan se contentó con el espectáculo dado por sus hombres, pero al día siguiente lanzó un ataque general. Una primera línea de infantería ligera eslava obligaba a los defensores a dispersarse por todo el perímetro de defensa, mientras que entre Pemton y Apollondriu, una masa más densa de atacantes y una segunda línea de ataque formada por infantería pesada, ponía a prueba los muros y a sus defensores. Por la tarde, los atacantes empujaron hacia las murallas máquinas de guerra.

El 1 de agosto se desencadenó un ataque formidable. Los guerreros bárbaros asaltaron los muros y colocaron docenas de catapultas, onagros, escorpiones, balistas y manteletes (grandes escudos) frente a la muralla, por todos los lados. Con el fin de obligar a los defensores a dispersar sus máquinas de tiro e impedirles concentrar el fuego sobre el sector de San Romano hasta Apollondriu, donde se iba a realizar el ataque principal.

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Asedio ávaro con sus aliados eslavos de Constantinopla en el 626

Se emplearon 12 grandes torres de asedio móviles, tan altas como la muralla y cuyo propósito era que los guerreros ávaros alcanzasen la muralla, mientras los eslavos lo intentaban con escaleras de asalto.

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Asedio ávaro-eslavo de Constantinopla 626. Autor Christian Jegou. http://www.christianjegou.fr/illustration-histoire/

Bono, el magister militum praesentalis, conjuró el peligro acudiendo a los marineros de las naves de guerra y uno de ellos construyó una ingeniosa máquina con la que logró incendiar las torres atacantes. Desde la muralla, Bono ofreció negociar, pero el Kagan lo rechazó; al fin y al cabo, este había logrado echar sus barcos monoxylos junto al puente de San Calínico, y navegaban hacia el Cuerno de Oro para desembarcar en la zona norte que no tenía muralla. El punto estaba bien elegido, pues el escaso calado del golfo en ese punto, impedía que la temible flota bizantina frustrara la maniobra. Los navíos bizantinos respondieron situándose desde San Nicolás a San Conon, cerrando el paso a los eslavos. Con este inquietante triunfo terminaba la jornada para los atacantes.

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Asedio ávaro-eslavo de Constantinopla en 626. Mapa de la ciudad

Mientras tanto, en la ciudad y, desde los primeros indicios del asedio, el patriarca Sergio levantaba el ánimo de los defensores y llevaba al éxtasis religioso a la población mediante continuas procesiones, oraciones y ayunos. Deambulando de un lado a otro junto al magister Bono, convertía el asedio en un reflejo terrestre de la lucha de los poderes celestiales contra el mal y el pecado.

El día 2 y tras un ataque matutino, los bizantinos enviaron una embajada al Kagan, para su sorpresa, vieron a los enviados persas, la embajada fue despedida sin lograr nada. Esa misma noche, los embajadores persas fueron interceptados y apresados por los bizantinos, en su camino de vuelta al campamento de Sharbaraz. Al caer la tarde de ese día, los ávaros, transportando los monoxylos en carretas de bueyes, lograron romper el bloqueo de la flota bizantina sobre el Cuerno de Oro y echar sus embarcaciones en Calae, un punto del Bósforo que deja la costa asiática a menos de 3 km de distancia.

Al poco, llegaron noticias a Constantinopla de que los eslavos intentaban cruzar el estrecho para transportar a los persas. Setenta naves bizantinas, con el viento en contra, partieron a impedirlo. Al parecer los persas consiguieron localizar la flota de monoxilos, y cuando intentaban el cruce del Bósforo, la flota bizantina interceptó el regreso de los monoxylos y los aniquiló.

Pese a este fracaso, los aliados no desistieron de sus esfuerzos de coordinación pues los ávaros se esforzaron en restablecer inmediatamente las comunicaciones. Además, con la urgencia de quien dirige un ejército inestable y mal abastecido, el Kagan aceleró el ritmo del ataque. Durante los siguientes días al desastre naval, los ávaros atacaron las murallas y prepararon las máquinas de guerra. El día 6 se lanzó un terrible ataque que, con el objeto de cansar a los defensores, se alargó todo el día y toda la noche. Durante el mismo, un cuerpo de caballería pesada ávara se hizo con el control de Blaquernas y se fortificó allí contra los intentos de contraataque bizantinos. Al día siguiente, el Kagan ordenó el ataque final tratando de conseguir que los bizantinos concentraran su atención en la muralla terrestre, como ocurrió en el ataque del día 1 de agosto, y descuidaran el mar; entonces y a una señal convenida, los eslavos con sus monoxylos repletos de infantes pesados utriguros y gépidos, se lanzarían con sus barcas entrelazadas, para cargar contra los dromones bizantinos. Una vez superado el bloqueo naval romano, los monoxylos se dirigirían a toda velocidad hacia el sector de Blaquernas con el objeto de sorprender a los defensores y escalar la muralla.

Fue un auténtico desastre para los bárbaros, pues miles de hombres de las tribus aliadas fueron cazados por los arqueros bizantinos que, bien situados y resguardados tras las elevadas bordas de los dromones, disparaban sobre los ocupantes de los descubiertos monoxilos. Las fuertes quillas de los navíos bizantinos precedidas por acorazados espolones quebraban, sin dificultad, las débiles embarcaciones eslavas. Miles de náufragos intentaban alcanzar la costa: muchos se ahogaron, mientras que otros, engañados por un fuego encendido por los guardias armenios de la ciudad en el pórtico de San Nicolás, arribaron a aquel punto de la costa frente a Blaquernas siendo inmediatamente matados.

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Asedio ávaro-eslavo de Constatinopla 626. Los dromones bizantinos atacando a los monoxylos eslavos. Autor Marek Szyszko.

La noticia de la matanza de la flota comenzó a correr a lo largo de la línea de ataque terrestre de los bárbaros sembrando el desánimo y la confusión. La visión de centenares de cabezas clavadas en picas sobre los muros de la ciudad, fue la confirmación inapelable del desastre. Por último, entre los guerreros eslavos se comenzó a contar que el Kagan había ordenado dar muerte a sus compañeros supervivientes de la batalla marítima. El pánico se sumó entonces al odio y a la desesperación, y miles de ellos desertaron, aunque la caballería ávara intentó sin éxito retenerlos. El Kagan, en un ataque de nervios, dio definitivamente por perdida la partida y ordenó la retirada.

Durante la noche, los ávaros desmontaron máquinas y campamento, prendiendo fuego a todo. En la orilla asiática, Sharbaraz no sabía muy bien lo que ocurría y, entre la alegría y la frustración, interpretó los incendios como una señal de que los ávaros habían logrado, sin su concurso, tomar la ciudad. La mañana debió de disipar estas conclusiones, pues el resto del ejército ávaro comenzó a retirarse; atrás quedaba una columna encargada de cubrir la retirada y completar la destrucción de los arrabales de Constantinopla. Al atardecer, el jefe de esta fuerza de retaguardia solicitó hablar con Bono y ofreció negociar en nombre de su señor. El magister militum praesentalis, consciente de su triunfo, se negó a ello y apuntando al Bósforo señaló al ejército de Teodoro que, al fin, acudía a la defensa de la capital del imperio. Bono, con la voz preñada de júbilo y amenaza, gritó al jefe bárbaro: “Mira, ahí viene el hermano de mi señor”.

Heraclio tras su victoria sobre Shahin, había ordenado a su hermano Teodoro que, con parte de su ejército, embarcara a toda prisa en Trebisonda hacia Constantinopla.

Tras su derrota ante los muros de Constantinopla, todo el prestigio del Kagan se evaporó. Así, en Moravia, Samo, primer rey de los eslavos, se alzó contra él y entró en contacto con Heraclio. En la región situada al sur del Danubio, serbios y croatas se asentaban, con el permiso del emperador y desafiando al kagan ávaro.

En el 630 murió el kagan ávaro Aganos, Kovrac, el sucesor del kagan utriguro Orjana, se alzó en 630 contra el Kagan y lo derrotó, pero debieron dejar a los búlgaros la zona norte del mar Negro, llamada Antigua Gran Bulgaria (632). Los ávaros sobrevivieron, pero dejaron de constituir una amenaza para Bizancio y nunca volvieron a ser el formidable poder que fueron antes de 626.

La decisiva década del 630, tuvo que desviar no pocas de sus energías hacia los Balcanes para socavar el poderío ávaro y controlar a búlgaros y eslavos que surgían como nuevas potencias locales a tener en cuenta.

El reino de Samo

Tras esta derrota, el poder político y militar de los ávaros declinó. Fuentes bizantinas y francas documentaron una guerra entre los ávaros y sus clientes eslavos occidentales, los wendos. La Crónica de Fredegar lo relata:
Cada año, los hunos [ávaros] venían a los eslavos para pasar el invierno con ellos; luego tomaron a las esposas e hijas de los eslavos y se acostaron con ellas, y entre los otros malos tratos los eslavos también fueron obligados a pagar impuestos a los hunos. Pero los hijos de los hunos, que [entonces] se criaron con las esposas e hijas de estos wendos, finalmente no pudieron soportar más esta opresión y se negaron a obedecer a los hunos y comenzaron, como ya se mencionó, una rebelión. Cuando el ejército wendo fue contra los hunos, el comerciante Samo acompañó al mismo. Y así, la valentía de los samo se demostró de manera maravillosa y una gran masa de hunos cayó ante la espada de los wendos”.
En el 630, un grupo de comerciantes merovingios llegó a la frontera noroeste del kaganato, donde se habían levantado los eslavos, justo cuando la rebelión comenzó, y mientras aguardaban ya levantados en armas el retorno de los antiguos amos avaros. Los comerciantes estaban dirigidos por un tal Samo, que dándose cuenta de lo que se estaba gestando, ofreció sus servicios como soldado a los líderes tribales. En las primeras batallas, Samo se hizo valer de tal manera que las tribus lo eligieron como caudillo. Así nació el primer reino eslavo, que sería conocido como “El reino de Samo”, al sur del río Elba, en lo que actualmente es parte de la República Checa, Austria y Eslovaquia.

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Choque de guerreros ávaros y eslavos. Autor Michał Sztuka
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Choque de guerreros ávaros y eslavos. Detalle izquierdo. Autor Michał Sztuka
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Choque de guerreros ávaros y eslavos. Detalle derecho. Autor Michał Sztuka

El kaganato avaro dejó de presionar sobre Bizancio, y se concentró en derrotar a los rebeldes de Samo, y en mantener las fronteras con los francos merovingios. Al norte de su territorio, el reino de Samo trataba de consolidarse a toda prisa, estableciendo su capital en Wogatisburgo. Mientras, Dagoberto, el rey merovingio de los francos, al recibir las noticias de los éxitos militares de Samo, trató de exigirle su lealtad para obtener así control de dichas tierras. Pero Samo y sus eslavos, que habían rechazado ya a los ávaros, rechazaron la propuesta del merovingio. Así, en el año 631, Dagoberto reunió un ejército e invadió el reino de Samo. Pero los valerosos eslavos vencieron en una desesperada batalla que duró tres días, y expulsaron para siempre a los francos de su territorio. Tras esta victoria, Samo consiguió que más tribus eslavas se uniesen bajo su mando, y se convirtió en una fuerza política y militar importantísima en la región.

Los ávaros siguieron con sus hostilidades en las fronteras con los bizantinos y con los eslavos, tanto de su territorio como los de Samo. Pero se debilitaban rápidamente, y cada vez debían sofocar más revueltas internas. Su sistema de gobierno opresor no podía sostenerse ante su debilidad. Además, desde el este comenzaron a llegar nuevos pueblos esteparios túrquicos (como los pechegenos), y los búlgaros, con los que se habían aliado hacía tiempo, también les fueron ganando terreno, en parte tras negociaciones con Bizancio.

En el 631 y 632, en el Este, los búlgaros onoguros se rebelaron uniéndose a otras tribus búlgaras (que también se habían librado de los göktürks), y probablemente también los heftalitas Uar; dando lugar a la  “Primitiva Gran Bulgaria” o “Patria Onoguria” bajo el kagan Kubrat del clan Dulio, que contaba también con el apoyo de los bizantinos siempre y cuando atacasen a los ávaros.

El Gran khagan Kubrat murió en 665, varios grupos compitieron por el control otra vez.

Guerra con los sasánidas

En el Este, el Kaganato limitaba con el poderoso Imperio sasánida. El shahanshah Kosroes II cumplió el sueño de los persas de devolver sus antiguas posesiones aqueménidas. De hecho, casi restauró el Imperio Aqueménida, excepto Egipto, que estaba en manos del Imperio bizantino. Estos éxitos hicieron al sha claramente megalómano y casi lo vuelven loco. Se sumergió en su arriesgada aventura india que comenzó gloriosamente, pero luego se estancó en una serie de fructíferos asedios. Al mismo tiempo, hubo levantamientos griegos en Asia Menor y una vez más apareció un emperador bizantino que reunió un ejército considerable a su alrededor. Bayan tuvo que actuar rápido y una fuerza expedicionaria de la flota de monoxylos de los eslavos partió hacia Asia en 635.

Los ávaros estaban entonces en territorio persa sin su consentimiento, lo que podría interpretarse como una invasión. Como las fuerzas del kagan no tenían prisa por partir hacia Europa y estaban sofocando algunas rebeliones griegas, el sha se volvió cada vez más sospechoso. Khusro recordó que el gobernante legítimo Eugenio invitó a los ávaros a Italia para reprimir el motín, pero se quedaron allí para siempre. El sha y sus tropas de élite aparecieron inesperadamente en el oeste cuando los ávaros se entregaban al saqueo desordenado. Rápido como un rayo, dirigió personalmente su caballería en la carga y tomó muchos prisioneros y valiosos rehenes, incluidos algunos de los principales dignatarios que ostentaban el título de tarkanes e incluso un tudun.

Esa fue una caída dolorosa para Bayan. Sufrió la indignidad cuando negoció los términos para rescatar sus tarkanes. El gran kahan presentó sus disculpas oficiales por intervenir en los asuntos internos persas. Algunos lo vieron como un signo de debilidad de Bayan, vejez e incluso cobardía. Pero parecía que el sabio gobernante ávaro vio que los árabes comenzaban a devorar dos grandes imperios de la época: el bizantino y el sasánida.

El Kagan prefirió dejar que los árabes se ocuparan de los sasánidas. Después de algunas derrotas humillantes, el sha Kosroes II fue asesinado por sus propios cortesanos. Así fue como comenzó la alianza y la amistad de los ávaros y los árabes: ambos odiaban a los persas y se unieron para acabar con este Imperio. Los árabes fueron definitivamente los socios principales y a los ávaros se les permitió principalmente saquear para distraer al enemigo. Pero los califas incluso le dieron al kaganato algunos territorios en el oeste de Asia Menor como reconocimiento de su papel en la guerra contra los persas.

Entrada creada originalmente por Arre caballo! el 2015-02-07. Última modificacion 2022-03-28.
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