Edad Moderna El imperio Español Guerra de Esmalcalda (1.546-47)

Antecedentes

La guerra de Esmalcalda fue un conflicto desarrollado en Alemania que enfrentó al ejército de Carlos V, comandado por Fernando Álvarez de Toledo, duque de Alba, contra el ejército de la liga de Esmalcalda, formada por la mayor parte de los estados luteranos del Sacro Imperio Romano Germánico y dirigida por Juan Federico I de Sajonia y Felipe I de Hesse. Sin olvidar el importante apoyo escandinavo a la causa protestante.

Aunque el enfrentamiento fue una guerra de religión, lo cierto es que hubo destacados protestantes en el bando imperial; mientras que el reino católico de Francia terminó interviniendo decisivamente en apoyo de los príncipes luteranos. Los aspectos políticos, económicos y sociales estuvieron muy presentes en la explicación de los sucesivos alineamientos.

En el contexto de la reforma Protestante, numerosos estados imperiales habían adoptado el luteranismo, lo que proporcionaba a sus príncipes un decisivo poder contra el predominio, más teórico que real, del Emperador, que apoyaba el catolicismo desde sus bases en los estados de los Habsburgo, dentro y fuera de Alemania (archiducado de Austria, reinos de Hungría y de Bohemia, Flandes, restos del estado Borgoñón, la Italia española y los extensos territorios de la monarquía Hispánica, tanto en la península Ibérica como en el Nuevo Mundo).

En la dieta de Worms en 1.521 Carlos V había proscrito a Lutero y prohibido la difusión de sus escritos, lo que suscitó la protesta de los príncipes luteranos en la dieta de Espira en 1.529. La tensión estalló en conflicto abierto con la confesión de Augsburgo en 1.530, sobre la que Melanchton realizó su Apología, rechazada por el emperador. Varios príncipes luteranos, liderados por el elector Federico III de Sajonia y el landgrave Felipe I de Hesse, se reunieron en la ciudad de Esmalcalda o Schmalkalden, en Turingia, donde formaron la liga de Esmalcalda o de Schmalkalden en 1.531, entre los príncipes protestantes alemanes y ciudades para la mutua defensa. Se firmó por seis años y se estipuló que cualquier ataque militar a cualquiera de los confederados por cuestiones de religión o bajo otro pretexto cualquiera debía considerarse perpetrado contra todos ellos y se había de resistir en común.

En una reunión en Esmalcalda en diciembre de 1.535 se renovó la alianza por diez años y se decretó el mantenimiento de la fuerza militar con la condición de que en caso de emergencia fuera doblada. En abril de 1.536 los duques Ulrich de Würtemberg y Barnim y Philip de Pomerania, las ciudades de Frankfort, Augsburgo, Hamburgo y Hanover se unieron a la liga con muchos otros nuevos confederados. En 1.538 se concluyó una alianza con Dinamarca, mientras que los estados alemanes que aceptaban la Reforma se unían también reforzando la organización. Confiados en todo este apoyo, los príncipes protestantes introdujeron la nueva religión en numerosos distritos, suprimieron obispados, confiscaron propiedades eclesiásticas, se resistieron a las ordenanzas imperiales hasta el extremo de rehusar cooperar contra los turcos y despreciaron las decisiones de la corte de justicia imperial.

Los príncipes católicos reaccionaron, se reunieron en Núremberg, y fundaron a su vez la liga Católica o liga de Núremberg en 1.538. Ambos bandos intentaron evitar el enfrentamiento en la dieta de Fráncfort 1.539. En los años siguientes, el Emperador continuó sus esfuerzos por conseguir una solución de compromiso en materia religiosa, pero se ausentó de Alemania, empeñado en las guerras de Italia contra Francia y el imperio Otomano.

Territorios de las ligas de Esmalcada y de Nuremberg

Aprovechando la situación, los protestantes expulsaron de Brunswick-Luneburgo al duque católico Enrique el Joven en 1.542.

Pero Carlos V aún no estaba preparado para las hostilidades; por lo tanto, siguió su política de disimulo. No deseaba aumentar el celo del consejo ni acelerar las operaciones de la liga. Su primer objetivo fue engañar a los protestantes, y así podría ganar tiempo para madurar sus planes. Con este fin, ideó una entrevista con el landgrave de Hesse, el más activo de todos los confederados, y el más sospechoso. Le expresó su gran preocupación por la felicidad de Alemania, y su aversión a todas las medidas violentas. Negó haber formado un tratado o haber comenzado preparativos militares que apuntaban a la guerra.

En 1.544 Carlos V volvió a Alemania tras firmar el tratado de Crépy, lo que cerraba uno de los frentes que hasta entonces había mantenido abierto. Simultáneamente, en la ciudad alpina de Trento (territorio imperial), se habían iniciado las reuniones del concilio de Trento impulsado por el Papa y el Emperador, y que los protestantes no aceptaban, el Emperador quedaba como cabeza armada de la cristiandad, y estaba dispuesto a extirpar el protestantismo por la vía de la negociación o por la fuerza de las armas y restaurar la unidad religiosa en el Imperio. Había logrado aliarse no sólo con el papa Paulo III, sino también con algunos príncipes luteranos (el duque Mauricio de Sajonia). A la vista de la fuerza demostrada por Carlos, que comenzaba a adoptar fuertes medidas contra algunos confederados. En la dieta de Ratisbona de 1.546, colocó fuera de la legalidad por motivos políticos a los líderes de la liga de Esmalcalda, cuyos líderes se reunieron el 4 de julio de 1.546 en Ichtershausen y acordaron realizar un ataque preventivo lo antes posible, para evitar que el emperador concentrara un gran ejército.

 

Campaña del Danubio

Las hostilidades se iniciaron en Suabia, cuando los ejércitos de varias ciudades imperiales libres luteranas ocuparon la ciudad católica de Füssen, posesión de los príncipes-obispos de Augsburgo, y el paso de Ehrenberg (9 de julio de 1.546). Los ejércitos imperiales se vieron forzados a retirarse a la fortaleza de Ingolstadt, en el ducado de Baviera, donde pudieron resistir.

En un principio las fuerzas imperiales estuvieron mandadas por el archiduque Fernando I, hermano del Emperador, y posteriormente bajo Fernando Álvarez de Toledo, duque de Alba, posteriormente se haría cargo el Emperador en persona.

Los planes luteranos de invadir el condado de Tirol (posesión de los Habsburgo), lo que hubiera impedido la llegada de refuerzos católicos desde Italia, no recibieron la aprobación de la Liga. La presencia de príncipes católicos y pro-imperiales en los dos grandes territorios meridionales (el duque Guillermo IV en Baviera y el archiduque Fernando I, hermano del emperador, en Austria) permitió a Carlos reunir sin obstáculos un ejército suficiente para contrarrestar la situación, que incluía tropas pontificias al mando de Octavio Farnesio.

Al inicio de la guerra, los efectivos de la liga de Esmalcalda se han estimado en 60.000 soldados y 110 piezas de artillería, frente a un ejército imperial inferior en cantidad, pero compuesto por tropas más veteranas. Carlos V partió con su ejército desde Ratisbona el 21 de agosto, con 20.000 lansquenetes y 9.000 soldados españoles de los tercios de Lombardía mandado por Rodrigo de Arce, tercio de Nápoles mandado por Alonso Vivas y tercio de Hungría mandado por Álvaro de Sande. Contaba además con 11.000 infantes italianos enviados por el papa Paulo III mandados por Octavio Farnesio, así como 4.000 hombres de armas y 1.500 jinetes ligeros, y 32 piezas de artillería. Debía reunirse 9.000 infantes de los Países Bajos, a cargo de Maximiliano de Egmont, conde de Buren, así como 1.000 hombres de armas y 4.300 jinetes ligeros, pero no llegarían a Ingolstadt hasta el 15 de septiembre de 1.546.

La campaña del Danubio de 1.546, se caracterizó por ser una guerra de movimientos entre los dos ejércitos en la que cada parte trató de forzar una batalla campal cuando dispuso de superioridad numérica, mientras que la otra intentaba eludirla. La liga Esmascalda no pudo soportar la guerra de desgaste acompañada de incesantes ataques nocturnos (encamisadas) y de acciones de hostigamiento. Finalmente el Emperador logró el control del sur de Alemania.

 

Campaña de Sajonia

Los líderes de la Liga no se decidían a entablar batalla contra las entrenadas tropas imperiales. El 20 de julio de 1.546, el elector Juan Federico I de Sajonia y el landgrave Felipe I de Hesse fueron proscritos por una dieta imperial bajo la acusación de haber depuesto al duque católico Enrique de Brunswick-Luneburgo en 1.542. El duque Mauricio de Sajonia aprovechó la oportunidad y, ayudado por Fernando I de Austria, invadió en octubre las tierras de su primo y rival de la Sajonia ernestina, forzando al elector Juan Federico I a retirarse con sus tropas. Rápidamente llegó desde Suabia y liberó la Sajonia ernestina con su ejército, para invadir posteriormente a su vez la Sajonia albertina y las tierras bohemias adyacentes. La llegada del invierno dejó en suspenso las operaciones militares y el conflicto quedó en un estadio incierto.

Así, entre marzo y abril de ese mismo año, el ejército imperial inició la marcha para dar caza a los protestantes en plena Sajonia. Al parecer, esto no gustó demasiado a Juan Federico, quien decidió reunir su ejército e iniciar la retirada desde Meiben (una pequeña ciudad ubicada a orillas del Elba en la zona sur-este de Alemania) a lo largo del cauce del popular río alemán.

Los líderes de la Liga no se decidían a entablar batalla contra las entrenadas tropas imperiales. El 20 de julio de 1.546, el elector Juan Federico I de Sajonia también el landgrave Felipe I de Hesse fue proscrito por una una dieta (reichsacht) imperial bajo la acusación de haber depuesto al duque católico Enrique de Brunswick-Luneburgo en 1.542. La llegada del invierno dejó en suspenso las operaciones militares también el conflicto quedó en un estadio incierto. Rápidamente llegó desde Suabia también liberó la Sajonia ernestina con su ejército, para atacar posteriormente a su vez la Sajonia albertina también las tierras bohemias adyacentes. El duque Mauricio de Sajonia aprovechó la oportunidad y, auxiliado por Fernando I de Austria, invadió en octubre las tierras de su primo también rival de la Sajonia ernestina, obligando al elector Juan Federico I a retirarse con sus tropas. En Suabia las tropas de Hesse no llevaron a cabo más acciones, aunque muchas ciudades y también príncipes protestantes, como el duque Ulrich de Wurtemberg y el conde Federico II del Palatinado, eligieron rendirse al emperador.

Deshecho el ejército de la liga de Esmalcalda en noviembre de 1.546, formado anteriormente por las tropas pagadas por las villas francas (o libres) comandadas por Sebastián Xertes, Felipe landgrave de Hesse, y Juan Federico elector de Sajonia, sólo quedaba en toda Alemania un foco de resistencia, apoyado desde Bohemia y reforzado ahora por el regreso de Juan Federico a su estado.

En primera instancia, envió el emperador Carlos al marqués Alberto de Brandemburgo, con 4.500 infantes en 18 banderas y 1.800 jinetes alemanes. Fernando contaba con 2.000 Jinetes y Mauricio con 1.500 en sus campos en Dresde y Freiberg, junto con su infantería repartida además en Zuibeck y Leipzig.

Se suponía que así quedaban rodeadas las tropas de Juan Federico, que contaba con 10.000 infantes en 36 banderas y 4.000 jinetes, y que se le impedía campear a gusto.

Juan Federico no obstante, fue quien pasó a la acción, y acudió a la villa donde se alojaban las tropas de Alberto de Bandemburgo. Envalentonado el marqués de Brandemburgo, salió a campaña con sus caballos atacando a Juan Federico, en lugar de plantear la defensa del lugar, con el resultado de ser derrotado y apresado. Mientras tanto, Juan Federico aún tuvo oportunidad de enviar un refuerzo a Bohemia de sus tropas cargo de Tomáss Sier (Thumeshierne), con 3.500 infantes en 12 banderas y 600 jinetes.

Del campo imperial, el ejército comandado por Octavio Farnesio, duque de Parma, nieto del papa Paulo III, se había retirado a los estados pontificios, de los 10.000 con que acudió en julio de 1.546, le quedaban con poco más de 4.000. Las tropas de los Paises Bajos del conde de Buren, habían recibido la orden del emperador de retirarse de vuelta a sus estados, y tomar por el camino Frankfort.

A Carlos V le quedaban los tres tercios españoles con unos 6.000 efectivos, y 3 regimientos de infantería alemana y flamenca. La caballería la componían 300 hombres de armas de Nápoles y 600 jinetes ligeros, incluyendo algunas compañías de arcabuceros a caballo, y 1.000 jinetes tudescos.

Con esta gente se partió, adelantándose el duque de Alba para acomodar al emperador en Nuremberg, pasando después a Eguer donde se reunieron con las tropas de Fernando 800 jinetes alemanes y 900 húngaros, con las tropas de Mauricio 1.000 jinetes y Juan Jorge de Brandemburgo, hijo del elector con 400 jinetes. Estos sólo unieron con su caballería, pues dejaron la infantería guardando las villas de Sajonia que estaban en su poder.

El duque de Sajonia tenía su campo en Maizen y disponía de 8.000 infantes divididos en 18 compañías, 3.000 jinetes divididos en 11 escuadrones y 21 piezas de artillería.

Tras finalizar la Semana Santa, las tropas imperiales marcharon en su persecución, por no darle comodidad para avituallarse, ni para poner villas en contribución. Durante la marcha, y dado que había muchas tropas repartidas fuera de campo parciales al de Sajonia, hubo varios encuentros menores y escaramuzas con tropas alojadas en diversos puntos del recorrido.

Estando el Emperador con sus tropas a 3 leguas (unos 15 km) al oeste de Maizen, envió caballería a reconocer la zona, teniendo noticia que Juan Federico estaba en la otra parte del río Elba habiendo destruido los puentes. Dejando descansar las tropas un día, el de San Jorge, después de 10 de marcha, tuvieron noticia de que los de Juan Federico marchaban hacia Wittenberg siguiendo la orilla derecha del Elba.

Carlos V maniobró con su ejército en paralelo al río para valorar las fuerzas enemigas. En Ingolstadt, los dos ejércitos se observan durante 6 días y se produjo un choque parcial que dio la victoria al emperador; y le aseguró el dominio de toda Alemania Meridional. Mauricio de Sajonia, gran general a las órdenes de Carlos V, entró en Sajonia victorioso y muchos príncipes protestantes, le prometieron obediencia a cambio de libertad religiosa, Carlos V accedió a la petición.

Carlos V advirtió la maniobra de Juan Federico de Sajonia, cuando intentaba cercar a Mauricio frente al Elba en dirección a Mühlberg y ordenó al duque de Alba, que marchaba a sus órdenes como jefe directo del ejército imperial, que tomase posiciones frente al enemigo en la noche del 23 de abril de 1.547.

 

Batalla de Mülberg (24 de abril de 1.547)

Mauricio de Sajonia se incorporó al grueso del ejército imperial y el archiduque Fernando de Austria siguió al duque de Alba y cuando anocheció Carlos V tomó el mando supremo del ejército.  Aunque no de una manera efectiva, ya que un ataque de ictericia y otro de gota, dejaron al Emperador postrado, y es posible que no estuviese personalmente al frente de sus soldados.

Carlos V contaba con 13.500 infantes (3 tercios con unos 6.000 efectivos, 2 regimientos alemanes con 5.000 y uno flamenco 2.500) y unos 4.050 Jinetes (un regimiento de Húsares de 450 hombres, 900 jinetes ligeros, 4 escuadrones de hombres de armas (de 600, 220, 400 y 600 lanzas respectivamente) mandados por Egmont van Buren, y 3 escuadrones de arcabuceros caballos con 900 jinetes).

Cada ejército observa al enemigo desde la otra orilla. Cuando el elector de Sajonia avanza por su orilla hacia Mühlberg, Carlos V ordenó al duque de Alba que localizase una zona adecuada para cruzar el río y atacar a los protestantes.

Se reconoció un lugar donde los rebeldes tenían un puente de barcas orillado en su parte, que dividido en tres secciones, podían llevar río abajo para aprovecharse de él cuando les fuera conveniente.

Se ordenó que cinco piezas de la artillería imperial avanzasen hasta las manchas boscosas, resguardándose en ellas, haciéndola acompañar de unos 1.000 arcabuceros españoles, conducidos por el propio emperador, mientras que el resto de las tropas quedaban escuadronadas en el cuartel que se le había señalado. Los sajones, protegiendo sus tramos de puente, hicieron ponerse arcabuceros en las barcas de éste, pero saliendo los arcabuceros españoles de la protección de los árboles, y metiéndose hasta el agua a los pechos, tirándole arcabuzazos, auxiliados de las piezas de artillería, los hicieron que, cobrasen tanto miedo, que no osaban asomar las cabezas de debajo de las tablas. Se reforzó con otros 1.000 arcabuceros a cargo de Álvaro de Sande la escaramuza, de manera que se mantuvo un fuego constante sobre las barcas y la otra ribera.

Batalla de Mühlberg 24 de abril de 1547. Cruce del río por el vado y por el puente y desarrollo de la batalla.

Al amanecer y en medio de la niebla el ejército imperial se aproximó a la orilla. 10 arcabuceros españoles, al mando del capitán Cristóbal de Mondragón, tomaron una decisión que, a la postre, decantaría la batalla del lado imperial. “Al constatar que el fuego enemigo menguaba (…) once españoles se desnudaron y con las espadas en las bocas cruzaron a nado el río, apoderándose de los pontones enemigos tras doblegar a los defensores y apagar el fuego. En medio de la aclamación de sus camaradas, aquel puñado de valientes remolcó su presa a la orilla izquierda, poco después, el puente se hallaba armado un kilómetro aguas abajo”. Los españoles tomaron los dos tercios del puente de barcas, y los llevaron a la orilla imperial.

Batalla de Mühlberg 24 de abril de 1547. Cruce del río. Autor Christoph Wetzel

 

También gracias a la información de un campesino local, el cual se ofreció a indicar un vado, deseoso de tomar venganza, pues el día anterior le habían “incautado” los sajones una pareja de caballos. El duque de Alba localizó un vado, que aunque peligroso, era practicable. El duque de Alba ordenó que toda la caballería ligera (húngara, española e italiana) cruzara el vado con un arcabucero a la grupa. “La vanguardia integrada por 400 caballos ligeros italianos, y españoles, 450 húngaros, 100 arcabuceros a caballo españoles, 600 lanzas y 200 arcabuceros a caballo de Mauricio de Sajonia y 220 hombres de armas de Nápoles- avanzaba paralelamente un par de kilómetros al este (de los protestantes). En cuanto al grueso imperial, seguiría la ruta tomada por el enemigo”.

Batalla de Mühlberg 24 de abril de 1547. La caballería imperial cruzando el río Elba, cada jinete lleva un arcabucero. Autor Ángel García Pinto

Otro aldeano confirmó que Juan Federico estaba alojado con su campo en Mühlberg, despejando todas las dudas que se pudieran tener de la empresa.

El duque de Alba se hizo cargo de la vanguardia con 4 escuadrones de caballería. El primero del príncipe de Salmona con Antonio de Toledo, llevando 400 jinetes ligeros y 100 arcabuceros a caballo. El segundo de 500 jinetes ligeros húngaros. El tercero los del duque Mauricio, 700 hombres de armas y 200 herreruelos. Y el cuarto, los 300 hombres de armas de Nápoles a cargo del duque de Castrovillar. A este escuadrón de caballería se le había añadido infantes que habían cruzado el río por cuenta y riesgo.

El duque de Alba, dejó a los arcabuceros e infantería que habían cruzado protegiendo la cabeza de puente al mando de Alonso Vivas, y se adelantó con la caballería que había cruzado en persecución del enemigo, mientras el puente continuaba montándose.

El emperador y su hermano mandaban sobre dos escuadrones: uno de 500 lanzas y 400 herreruelos, y otro de 600 lanzas y 300 herreruelos, cruzaron a continuación el río, acompañado del villano que había indicado el vado, haciéndole dar al cruzar dos caballos y 100 escudos en recompensa por su guía. Posiblemente sería el momento que Tiziano inmortalizó al emperador en su famoso retrato ecuestre.

Batalla de Mühlberg 24 de abril de 1547. Carlos V durante la batalla. Autor Tiziano Vecellio, museo del Prado, Madrid

Juan Federico, fue sorprendido al no ser avisado por los exploradores que fueron muertos, del cruce del enemigo a su orilla del río, mandó iniciar la retirada de inmediato, siendo acosados por el duque de Alba.

Después de  tres leguas (14 km), con el enemigo en los talones, Juan Federico ordenó a su caballería una carga contra la vanguardia imperial, para proteger su retirada, de manera que tuvieran tiempo para atrincherarse un bosque cercano, desde donde podrían retirarse con mayor seguridad o guardar posición fuerte para combatir.

Tras cruzar un arroyo, los escuadrones  de  vanguardia se colocaron en línea, preparándose para aguantar la carga del enemigo. Los húngaros por la derecha, reforzados por los herreruelos del duque Mauricio ejecutaron una primera descarga después de que lo hicieran la arcabuceros a caballo. Los jinetes protestantes se abalanzaron contra los jinetes del duque de Alba lanza en ristre, pero al recibir varias descargas y perecer a cientos de sus camaradas, acabaron volviendo grupas y huyendo.

La huida de los jinetes protestantes, deshizo la unidad de infantería que estaba en segunda línea. Lo que ocurrió, fue una huida vergonzosa de las tropas de la Liga. Cuando quisieron reaccionar llegaron la infantería española y los lansquenetes alemanes.

El duque de Alba y Mauricio de Sajonia persiguieron a los protestantes. Con un destacamento de arcabuceros, Carlos V impidió a las tropas protestantes refugiarse en Ingolstadt provocando la huida hacia Wittenberg. Carlos V , al frente de la caballería, frenó en seco a la vanguardia enemiga  y entonces el grueso del ejército imperial cargó contra  el flanco de la infantería protestante y la puso en fuga.

El ejército de la liga de Esmalcalda quedó destruido y Federico se refugió con 400 hombres en Wittenberg y finamente fue hecho prisionero. Todos los príncipes de la Liga, excepto el elector, murieron en la batalla. Los sajones tuvieron 3.000 muertos, 4.000 heridos y 1.000 prisioneros.

Tras la batalla, Carlos I llamó ante su presencia a aquellos primeros arcabuceros españoles que consiguieron cruzar a nado el río y que dieron la victoria a los imperiales. El rey los recompensó con una vestimenta de terciopelo grana, guarnecida de plata, y cien ducados.

Lutero acababa  de morir, presintiendo la derrota del ejército protestante y Alemania caía completamente bajo el poder imperial de Carlos V. Parecía que los objetivos imperiales se estaban alcanzado, las fuerzas protestantes estaban desapareciendo , el concilio de Trento ya estaba en marcha, habían muerto  Lutero y Francisco I de Francia.

Consecuencia de la victoria de las tropas imperiales fue la disolución de la liga de Esmalcalda, y sus dirigentes protestantes  encarcelados en el castillo de Halle.

Mauricio de Sajonia se le otorgó el cargo de elector, y Carlos V reforzó su poder imperial en Alemania.

En consideración a las súplicas de Mauricio de Sajonia; Juan Federico y Felipe de Hesse fueron indultados de la pena de muerte y fueron entregado al duque de Alba, quién les llevó al castillo de Halle, bajo la guardia de Juan de Guevara y dos banderas de españoles.

Asedio de Bremen (enero a mayo de 1.547)

Tras la batalla de Mühlberg, que determinó el resultado de la guerra, las dos únicas ciudades protestantes que continuaban la resistencia eran Bremen y Magdeburgo. Ambas rehusaron pagar las cantidades que Carlos V les imponía en concepto de multa y evitar ser ocupadas por tropas imperiales. En Bremen, 12.000 soldados imperiales bajo el mando del duque Eric II de Brunswick-Calenberg mantuvieron infructuosamente un asedio desde enero hasta mayo. Este hecho llevó a la batalla de Drakenburg (23 de mayo de 1.547), en la que un ejército protestante de la liga de Esmalcalda formado por tropas de Magdeburgo, Brunswick, Hamburgo y Bremen, comandado por Christopher von Oldenburg y Albert von Mansfeld, a los que se unieron las tropas que Juan Federico I, elector de Sajonia había dejado en Bohemia, atacaron a los sitiadores. Agotados sus hombres y recursos, el ejército imperial del duque Eric fue rápidamente derrotado. Durante la lucha, Eric se vio obligado a cruzar el río Weser para salvar la vida. Como consecuencia de la batalla de Drakenburg, todo el norte de Alemania quedó libre de presencia de tropas imperiales.

Asedio Linz ( 13 mayo a 26 octubre de 1.547)

El ejército germano-danés, siguió avanzando hacia el territorio austriaco con el objetivo de presionar al emperador Carlos, mientras que los franceses persiguen a las fuerzas imperiales en retirada hacia los Alpes. Los planes salen según lo previsto y la retirada de los soldados de Carlos continuó hacia el ducado de Milán, controlado por el príncipe de España Felipe desde 1.540.

Allí, el ejército francés plantó cara a los españoles en la batalla de Lodi el 3 de junio de 1.547, durante ésta, los franceses a pesar de su desventaja numérica lucharon con fiereza hasta el punto de que los soldados imperiales, desmoralizados y cansados por la ardua huida desde Suiza se retiraron, incluso los milaneses que participaron en favor del enemigo francés decidieron abandonar la batalla y replegarse a la capital del ducado (los españoles por su parte huyeron a Nápoles y los Austriacos hacia Estiria).

En Linz (actual Austria), se realizó un asedio que duró un total de 166 días (desde el 13 de mayo hasta el 26 de octubre de 1.547), durante el mismo no tuvieron percances mayores, sólo algún que otro grupo de soldados mercenarios venidos de algunos países alemanes todavía católicos a favor del Emperador, aún así, nada preocupante.

 

Batalla de Kapfenberg (1.548)

El último conflicto de importancia de la guerra que se dio el 4 de marzo de 1.548. Tras la derrota de Carlos V en Milán, se retiró hacia Graz, en el ducado de Estiria y allí recompuso las tropas imperiales mientras observaba como Linz y Milán caían bajo el poder del bando rival. Sin poder unir a los ejércitos de España y Austria, sólo le quedaba esperar a poder resistir en las fortalezas austriacas y defender su territorio, cosa que no ocurrió cuando Jorgen Kock y Cristóbal II descubrieron al ejército de Austria de camino a Viena, y aprovecharon para tenderles una emboscada en Kapfenberg, atacando los electores protestantes alemanes desde el norte y los sueco-daneses por el sur, haciendo una pinza que fue suficiente para vencer al enemigo a pesar de su superioridad numérica. En la batalla, el emperador Carlos V fue capturado como rehén y se le obligó a rendirse en la capitulación de Linz.

 

Capitulación de Linz (1 de mayo de 1.548)

Tras haber sido capturado por las fuerzas de Esmalcalda en Kapfenberg, los príncipes alemanes, favorables a la reforma protestante negociaron con el emperador Carlos V en la ciudad de Linz (donde estaba preso) para buscar la paz a la guerra. Dedicaron todo el mes de abril al diálogo, hasta que se redactó una serie de compromisos que ambos bandos debían de firmar:

  • El Emperador reconocería la fe del Protestantismo Luterano y otorgaría libertad a los pueblos alemanes para escoger qué camino de fe seguir.
  • La Sajonia Albertina y la Ernestina se unirían bajo el gobierno de Juan Federico I de Sajonia.
  • El landgrave de Hesse obtenía Ziegenhain.
  • La Unión de Kalmar se anexó el ducado de Schleswig-Holstein y Dithmarschen.
  • Felipe, heredero del Rey de España Carlos I abandonaría el milanesado en favor del rey Enrique II de Francia.

Las condiciones fueron aceptadas tanto por el bando de Esmalcalda como por el imperial, y el 1 de mayo se firmó definitivamente.

Tratado de Passau

Mauricio de Sajonia duró poco en su unión al bando católico, ya que cuando recibió el encargo de someter a la ciudad luterana de Magdeburgo en 1.550, aprovechó la coyuntura (y el dinero de la dieta) para formar un ejército personal que se alió con la liga de Königsberg liderada por el duque de Hesse y el margrave de Brandeburgo, ya que tras la batalla de Mühlberg, muchos príncipes protestantes estaban descontentos con los términos religiosos impuesto tras la derrota.

En enero de 1.552, liderados por Mauricio de Sajonia, muchos formaron una alianza con Enrique II de Francia en el tratado de Chambord (1.552). A cambio de apoyo francés de 80.000 coronas y su asistencia, le prometieron a Enrique la posesión de los tres obispados de Lorena (Metz, Verdún y Tolón).

El Emperador, que aún no conocía la traición de Mauricio, le hace llamar a Innsbruck, pero este no acudió. El 19 de mayo, Mauricio de Sajonia lanzaba un ataque por sorpresa en dirección a Innsbruck (Tirol), ciudad en la que se hallaba Carlos V y no tenía ejército. Pretendía obligar al Emperador a rendirse o, al menos, lograr el máximo de concesiones. El Emperador ya había intentado huir en el mayor de los sigilos camino de los Países Bajos, pero pudo comprobar cómo las tropas de Mauricio controlaban los caminos, por lo que tuvo de volver a Innsbruck. Así tuvo que preparar de nuevo su salida en una noche de mayo, desprovisto de tropas, sin dinero y tullido por la gota, solamente con unos cuantos servidores. Carlos huyó hasta Villach (Carintia) atravesando las montañas cubiertas de nieve con la intención de acercarse a las tropas que Andrea

Doria llevaba desde España a través de Italia. Afortunadamente para el Emperador, una vez que Mauricio llegó a Innsbruch, y entregó a sus soldados los bienes del Emperador y mató a varios de sus criados regresó de inmediato a Franconia. El elector Mauricio, en prevención de una derrota, rompió su alianza con Enrique II, y a principios de junio de 1.552 emprendía las negociaciones en Passau con Fernando de Austria, hermano del Emperador. En agosto de 1.552, fatigado por tres décadas de guerra civil religiosa, se firmó la paz con los protestantes el transición de Passau, en el que Carlos V garantizaba libertad religiosa a los luteranos y los príncipes protestantes tomados prisioneros durante la guerra de Esmalcalda, Juan Federico I de Sajonia y Felipe I de Hesse, fueron liberados. Prometió elaborar un tratado durante la convocatoria de dieta imperial que se reuniría al año siguiente, lo que no fue posible por nuevas guerras contra Francia y contra los turcos.

No todos los luteranos estuvieron de acuerdo con esta paz, siendo el demente, arruinado y alcohólico Alberto Alcibiades, marqués de Brandenburgo quien protestó con más desperfectos. Convertido casi en un bandido, el marqués se dedicó a atacar las poblaciones indefensas, indiferentemente de su religión, como si viviera en un estado de anarquía permanente.

Con el fin de acabar con su pequeña rebelión, Mauricio de Sajonia dirigió un ejército formado por príncipes protestantes y católicos contra el noble en la batalla de Sievershausen, cerca de Gottingen, el 9 de julio de 1.553. Mauricio fue gravemente herido y falleció dos días después. Albiciades huyó a Francia, donde moriría poco después a consecuencia de las heridas.

Asedio de Metz (noviembre y diciembre de 1.552)

Mientras el rey francés Enrique II, que había llegado a un pacto con los otomanos para que al tiempo atacasen Trípoli, capturó las fortalezas de Verdún y Tolón, y el ejército francés llegó delante de Metz. Los moradores no querían dejarle entrar, y entró con engaños. Luego un príncipe lorenés al servicio del rey de Francia, el duque de Guisa, fue a poner la ciudad en estado de defensa. Mandó reparar las murallas y destruir los arrabales.

Carlos reclamó la ayuda de Fernando Álvarez de Toledo, duque de Alba levantó un ejército que pretendía reconquistar la ciudad francesa de Metz “para sacarle el pie al rey de Francia de Alemania”. Con este fin pagó con sus propios bienes un ejército de 7.000 hombres y se dirigió a recoger a su Rey.

Carlos partió de Lienz, acompañado del duque de Alba y de sus tropas italo-españolas, hacia Munich, donde se reunió con sus soldados alemanes. En Augsburgo y Ulm repuso a los regidores destituidos por Mauricio y expulsó a los anabaptistas y zwinglianos. Asimismo, en Kaiserslautern se juntó con sus ejércitos neerlandeses, dirigidos por el señor de Boussue. Ahora sí, podía lanzarse con garantías a reconquistar la estratégica ciudad de Metz.

Recuperar Metz era urgente porque se trataba de perla de Lorena, uno de los dominios patrimoniales recibidos directamente de manos de su abuelo Maximiliano. Reunió con este propósito al que tal vez fue el mayor ejército del siglo, unos 55.000 hombres, para enfrentarse a Francisco de Lorena, duque de Guisa defensor de Metz.

Desde el principio las cosas no fueron como había previsto el Emperador. Un nuevo ataque de gota del Emperador retrasó aún más los planes imperiales. En Landau tuvo que detenerse dos semanas por la gota y el 13 de octubre de 1.552 sufrió un segundo ataque que le dejó postrado en Thionville hasta el 10 de noviembre.

Asedio de Metz 1552. Las fuerzas de Carlos V asediando la ciudad

El duque de Alba se había adelantó para preparar las obras de asedio. El 31 de ese mes abrió fuego contra la sección inmediatamente al norte de la Porte des Allemands, si bien no logró ningún avance. Así, el 2 de noviembre trasladó las baterías a sur de la ciudad, entre el Seille y el Mosela. Desde allí, protegidos por los ríos de las posibles salidas de los defensores, inició un bombardeo sostenido sobre la población. Mantenía en ese momento un cerco desde tres puntos distinto, pero apenas había hecho mella en sus murallas.

Alba concentró ahora sus ataques, al oeste, entre la Porte de Champenoise y la Tour d’Enfer. El 24 de noviembre, y 1.448 andanadas después, se pudo derribar un baluarte y unos días después se abrió una brecha en la muralla. Pero, al disiparse el polvo, los atacantes descubrieron una segunda muralla detrás. Los franceses habían planificado la defensa al detalle. Insistir aún así en sus planes fue un grave error estratégico de Carlos V, sobre todo cuando había entre sus filas capitanes abiertamente hostiles al Emperador y a la forma en la que estaba conduciendo las cosas Alba.

Su ejército permaneció dos meses delante de la ciudad y disparó muchos cañonazos. Pero acampaba en un terreno inundado por las lluvias y carecía de víveres. Las enfermedades debilitaron pronto a los soldados, de suerte que los generales no se atrevieron a ordenar el asalto.

El 26 de diciembre de 1.552 se desistió definitivamente el asedio; y el primer día de enero, durante la noche, se levantó el sitio. Se abandonaron a 600 soldados enfermos o demasiado heridos para seguir la marcha.

Asedio de Metz 1552. Carlos V durante abandono del dramático asedio

Enrique II mantenía un ejército de observación en Champaña, por si Metz necesitaba apoyo, otro en la frontera septentrional, desde donde sitió Hesdin y un tercero en Italia. Precisamente fue el ataque a Hesdin el que obligó a las fuerzas imperiales a marcharse de Metz en última instancia.

La dieta imperial se reunió finalmente en .555, concluyó en la paz de Augsburgo, el 25 de septiembre de 1.555, Carlos V no asistió a ella, autorizando a su hermano

Fernando. El Luteranismo fue reconocido legalmente; cada príncipe y ciudad libre pudo escoger entre el catolicismo o el luteranismo y los gobernantes podían expulsar de sus dominios a los no conformes con la religión elegida.

Carlos V hizo su abdicación a plazos. Primero el 22 de octubre de 1.555, tuvo lugar el gran acto solemne de Bruselas, donde cedió la soberanía de los Países Bajos a su hijo Felipe II, en quien recayeron también los reinos peninsulares más los indianos en enero de 1.556.

Abdicación de Carlos V en Bruselas, 22 de octubre de 1.555, sentada su hermana María, regenta de los Países Bajos, se apoya en el hombro de Guillermo Orange y su hijo Felipe está de rodillas. Autor L. Gallait. Stadelsches Institut de Frankfurt

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