Edad Moderna El imperio Español Formación del Imperio

Antecedentes

Los Reyes Católicos realizaron una política matrimonial con sus hijos, casándolos con de otros monarcas europeos:

  • Isabel de Aragón, su cuarta hija se casó con el infante Alfonso de Portugal, y después con Manuel I de Portugal, primo de su primer esposo.
  • Juan de Aragón, segundo hijo, se casó con Margarita de Austria, hija del archiduque Maximiliano de Austria (luego Maximiliano I de Habsburgo), del Sacro Imperio Romano Germánico y de María de Borgoña, duquesa de Borgoña. Juan murió prematuramente en 1.497.
  • Juana, apodada la Loca, se casó con Felipe de Austria, apodado Felipe el Hermoso, hijo del emperador Maximiliano I de Habsburgo de Austria.
  • María de Aragón, casada con Manuel I de Portugal, su cuñado, al morir su hermana Isabel.
  • Catalina de Aragón, se casó con el príncipe heredero de la Corona de Inglaterra, Arturo Tudor, quien fue el hijo mayor de Enrique VII de Inglaterra, y tras la prematura muerte de éste, con su hermano menor, el nuevo rey Enrique VIII de Inglaterra.

Política matrimonial de los Reyes Católicos

A principios de 1.506 Felipe el Hermoso y Juana la Loca partieron hacia España para reclamar la corona de Castilla tras la muerte de Isabel la Católica l 26 de noviembre de 1504, en Medina del Campo (Valladolid). Pero el reinado conjunto duró poco, ya que Felipe murió de forma prematura en septiembre, y su mujer perdió el juicio. Fernando de

Aragón, habiendo considerado que su hija era presa de la locura, mandó que la encerraran en un convento de Tordesillas y se constituyó en regente.

Debido a la minoría de edad de Carlos, su abuelo Maximiliano I de Habsburgo asumió la regencia de los Países Bajos, aunque poco después le cedió el puesto a su hija Margarita de Austria, junto con la tutela de Carlos y sus hermanos. Toda la educación del joven príncipe se desarrolló en Flandes y estuvo influenciada por la cultura flamenca.

El 22 de enero de 1.516, el abuelo del príncipe Carlos, Fernando II de Aragón redactó su último testamento, dejando a Carlos como heredero en nombre de su madre y en el suyo. Hasta que Carlos llegara, en Castilla gobernaría el cardenal Cisneros y en Aragón el arzobispo Alonso de Aragón.

El 8 de septiembre de 1.517, Carlos partió con su escuadra desde Flesinga, rumbo a Santander. Pero una fuerte tormenta desvió el rumbo de las naves, y en la madrugada del 19 de septiembre llegaron ante la costa de Villaviciosa. Desembarcaron y se dirigieron a Tordesillas, donde visitó a su madre Juana la Loca el 4 de noviembre.

El 9 de febrero de 1.518, las Cortes de Castilla, reunidas en Valladolid, juraron como rey a Carlos junto con su madre Juana. Además, las Cortes hicieron una serie de peticiones al rey, entre ellas: aprender a hablar castellano, el cese de nombramientos a extranjeros, la prohibición de la salida de metales preciosos y caballos de Castilla y un trato más respetuoso a su madre Juana, recluida en Tordesillas.

Después se dirigió al reino de Aragón para ser reconocido como rey. Carlos llegó a Zaragoza el 9 de mayo. Las sesiones de las Cortes de Aragón, tras largas discusiones finalmente le nombraron rey.

Maximiliano I moría el 12 de enero de 1519. El 28 de junio, Carlos era elegido en Fráncfort del Meno como Rey de Romanos, lo que le convertía en el nuevo soberano del Sacro Imperio Romano Germánico. Por ello decidió suspender el viaje hacia Valencia para ir a Alemania, convocando previamente Cortes castellanas en Santiago de Compostela para el 20 de marzo de 1.520, con el fin de terminar con la oposición y obtener un nuevo servicio para sufragar gastos en su viaje a Alemania. De esta manera, Carlos envió a Adriano de Utrecht para que a través de él le juraran como rey y pudiera convocar Cortes en Valencia.

El se embarcó en la Coruña el 20 de mayo con rumbo a Alemania, dejando como regente de la posesiones hispánicas a Adriano de Utrecht, futuro papa Adriano VI.

El séquito de Carlos estaba formado por borgoñones que enviaban grandes cantidades de dinero hacia los Países Bajos. Los castellanos pensaban que el gobierno de Carlos no defendería sus intereses. El levantamiento tuvo como detonante el nombramiento imperial; entendieron que el nuevo rey sacrificaría la hegemonía castellana por una política imperial y dinástica.

Castilla era un territorio profundamente dividido y con intereses opuestos. La Castilla interior, zona de mayor actividad comunera, se veía cada vez más desplazada del dominio comercial. Ciudades importantes, como Burgos y Segovia, nacidas en la Edad Media, veían amenazadas sus libertades y su prosperidad económica, ya que el negocio de la lana iba a los puertos de Santander y Bilbao y de allí a los telares de los Países Bajos, cuando querían una mayor protección a la industria textil local.

Por otra parte la nobleza apoyaba al rey, mientras que la pequeña nobleza y la clase media apoyaba a los comuneros.

 

Inicio de la revuelta comunera

Ya desde el mes de abril de 1.520, Toledo se negaba a acatar el poder real, estallando la situación de forma definitiva cuando el rey convocó a los regidores de la ciudad para que se presentaran a las cortes en Santiago de Compostela. La orden llegó a Toledo el 15 de abril, y un día después, cuando los regidores con Juan de Padilla a la cabeza se disponían a partir, una gran multitud se opuso a su partida y se apoderó del gobierno local. Comenzó entonces a denominarse a la insurrección como Comunidad y los predicadores arengaban a los toledanos a unirse contra el poder flamenco. De esta forma, los toledanos comenzaron a ocupar todos los poderes locales, expulsando al corregidor del Alcázar el 31 de mayo.

El muerto primer se produciría en la ciudad de Segovia, el 29 y 30 de mayo asesinaron a su procurador (representante en cortes) Rodrigo de Tordesillas, cuando regresó de la Coruña y comunicó la subida de impuestos para pagar el viaje del rey a Alemania, también mataron a dos funcionarios.

Fue seguido por revueltas en Toledo, León, Cuenca, Guadalajara, Salamanca, Palencia y Zamora. Incitados, la violencia de los ciudadanos fue dirigida contra los recaudadores de impuestos, las autoridades locales y el Poder Real. En Burgos se ocuparon fortalezas y la casa de ciertos nobles, huyendo las autoridades; en Guadalajara los procuradores fueron expulsados de sus casas y estas reducidas a cenizas. Expulsados los procuradores, los ciudadanos nombran a sus propios delegados y se crean las juntas locales, organizándose las primeras milicias.
El regente Adriano de Utrecht pensó en dar un castigo ejemplar a Segovia, queriendo con ello que las demás ciudades se retractaran de su violenta insurrección.

En Medina del Campo se encontraba la artillería en el castillo de la Mota y las tropas Imperiales se dirigieron hasta allá para tomarla, pero los ciudadanos se negaron a entregarla, por lo que los soldados incendiaron la ciudad. Este hecho, extendió la revuelta por todo el Valle del Duero y resonó por toda Castilla.

El 29 de julio de formó en Ávila la Santa Junta donde se nombra comandante de las tropas al toledano Juan Padilla. La primera idea de los comuneros es buscar un sustituto al emperador Carlos y pensaron en su madre, Juana la Loca, y se dirigieron a Tordesillas donde está recluida. El ejército comunero estaba integrado por las milicias de Toledo, Madrid y Segovia, en su ruta hacia Tordesillas, se encontraba en los alrededores de Martín Muñoz de las Posadas el día en que Fonseca incendiaba Medina, llegando a la villa el 24 de agosto, para tomar posesión de la artillería que días atrás había sido negada a las tropas de Fonseca. El 29 de agosto el ejército llegó finalmente a Tordesillas, entrevistándose con la reina Juana e informándola de la situación del reino junto a los propósitos de la Junta de Ávila. Existen dos versiones de la negativa de Juana: una que se negó para evitar un derramamiento de sangre entre las dos facciones y otra que comprobaron que efectivamente estaba loca de verdad. El caso es que se negó y los comuneros pensaron en forzar una negociación con el emperador para bajar los impuestos, que los puestos de comendadores o corregidores fueran elegidos por ellos y los flamencos dejaran España. Al principio los comuneros, con un pequeño ejército, y los partidarios del emperador, desorganizados, no entablaron batallas directas si no escaramuzas.

Movimiento Comunero (1520-22)

Se invitó a las ciudades que todavía no habían enviado a sus procuradores a hacerlo, estando a finales de septiembre un total de catorce ciudades enviaron representantes a la Junta de Tordesillas: Burgos, Soria, Segovia, Ávila, Valladolid, León, Salamanca, Zamora, Toro, Toledo, Cuenca, Guadalajara, Murcia y Madrid. Solamente no acudieron las cuatro ciudades andaluzas: Sevilla, Granada, Córdoba y Jaén. Se delimitó entonces el área del movimiento comunero, en torno a la Meseta Central, y ya que la mayor parte del reino estaba representado en Tordesillas, la Junta pasó a denominarlas.

Adriano de Utrecht cambió la estrategia a seguir. En lugar de un enfrentamiento a campo abierto, algo que sabía tenía perdido de ante mano, optó por dividir a Castilla. Se atrajo a su causa a la alta nobleza y a los comerciantes más pudientes, y procuró igualmente llevar a su causa a varias de las ciudades. Pero esto tendría un precio, que sería la concesión en algunas de las demandas comuneras y nombró al condestable de Castilla, Íñigo de Velasco, y al almirante de Castilla, Fadrique Enríquez para ejercer de virreyes junto al de Utrecht.

sirvió para que Burgos, cabeza de Castilla, se desvinculara de la Junta. La estrategia de quien sería el futuro papa Adriano estaba dando sus frutos.

La rivalidad entre los Comuneros provocaron la sustitución de Padilla por Pedro Girón, pero este se pasa al banco Imperial y Juan Padilla tuvo que volver a Valladolid con un ejército Toledano. El movimiento comunero, que había sido empezado por los los señores, comerciantes y baja nobleza, se estaba convirtiendo en una revuelta popular cargada de violencia, por lo que las ciudades y los grandes señores fueron acercándose al bando del rey Carlos.

Los comuneros pensaron en una negociación con el bando Imperialista, pero sus peticiones fueron rechazadas. La mecha estaba demasiado prendida como para apagarla y fue imposible detener a los habitantes de las ciudades que, con inusitada violencia, habían tomado como suya la rebelión, en algunos casos los siervos se levantaron contra los nobles, matando a algunos de ellos, por ello, la gran mayoría fue pasándose al bando del rey Carlos.

En noviembre de 1.520, el almirante de Castilla comenzó una campaña para intentar convencer a los comuneros de su derrota y que no había más remedio que entregar las armas y evitar una represión armada. Bajo esta actitud, se escondía una gran carencia de fondos en el bando real, que terminó subsanándose con la ayuda financiera venida desde Portugal y el retorno de la confianza perdida por parte de los banqueros castellanos, que vieron buenos indicios en el cambio de bando de Burgos.

 

Batalla de Tordesillas (5 diciembre 1520)

Dió comienzo la verdadera guerra. El nuevo general de los comuneros, Pedro Girón, movilizó el grueso de su ejército a finales de noviembre hacia Villabrágima, cerca de Medina del Rioseco, al mismo tiempo que otros destacamentos menores ocupaban Villafrechos, al oeste, Tordehumos, al sudoeste y Villagarcía y Ureña, al sur, por lo que la distancia entre el enemigo se acortó a una legua y las hostilidades abiertas parecían a punto de estallar. La ciudad de Rioseco no respondió a la exigencia de Girón en el sentido que se levantase contra el Consejo Real y los nobles agrupados en su territorio, los cuales se limitaron a impedir el avance e incomunicar al enemigo ocupando diversos pueblos, como La Mota, San Pedro de Latarce, Castromonte, o Torrelobatón.

Pronto se hizo notoria la distensión interna en el bando realista: el cardenal Adriano y sus seguidores consideraban que se debía llevar a cabo un ataque fulminante, rápido e inmediato contra los comuneros, mientras los nobles optaban por medidas menos drásticas que justificaban en ocasiones con apreciaciones tácticas (terreno hostil para la caballería realista) y otras veces con intereses particulares (el almirante, por ejemplo, no quería llevar a cabo el enfrentamiento en su propio feudo). Estas diferencias dentro del mismo partido realista comenzaron a endurecerse cada vez más.

Sorpresivamente, el 3 de diciembre las tropas comuneras comandadas por Girón se retiraron totalmente de Villabrágima, dónde habían instalado su cuartel general, y se dirigieron a Villalpando, dominio del condestable que se rindió fácilmente. Al comienzo, los señores consideraron liberarla pero finalmente se optó por tomar la sede de la Santa Junta y residencia de la reina Juana: la ciudad de Tordesillas, cuya ruta, gracias al desplazamiento de Girón hacia el oeste, había quedado liberada.

El día 4 el ejército de señores tomó dirección a la ciudad y ocupó casi sin resistencia las aldeas abandonadas por los comuneros. Los primeros destacamentos alcanzaron Tordesillas el 5 de diciembre a las diez de la mañana y dos horas después el general en jefe del ejército realista, el Conde de Haro, se presentó con el resto de los hombres. Se enviaron dos ultimátum a la ciudad, los cuales no fueron respondidos.
Hacia las tres y media de la tarde comenzó el asalto a la ciudad, defendida por 80 lanzas y 400 infantes, algunos de los cuales eran los curas de Zamora capitaneados por el obispo Acuña, hasta que al atardecer los señores lograron entrar definitivamente y poco a poco vencer la resistencia (que según los testigos, se prolongó seis horas), al mismo tiempo que sus soldados se entregaban al pillaje, actitud posteriormente criticada por el conde de Benavente, que garantizó indemnizaciones.

Los refuerzos comuneros constaron de 100 lanzas que llegaron tardíamente de Alaejos por parte de Suero de Águila. Según Lope Hurtado, hubo del bando realista tan solo cincuenta bajas entre muertos y heridos, cifra que para el historiador Joseph Pérez puede ser objeto de revisión por cuanto es demasiado pequeña para las características de la lucha.

El rey Carlos I estuvo al tanto de la batalla por cuanto el 5 de diciembre, es decir el mismo día del enfrentamiento, se le remitió un informe en el que se daba a conocer los nombres de los señores que habían participado en la toma de Tordesillas, entre los que estaban los condes de Haro, de Benavente, de Alba de Liste, de Luna, de Miranda, los marqueses de Astorga, de Denia, Diego de Rojas, don Juan Manrique, hijo del duque de Nájera, don Beltrán de la Cueva, hijo primogénito del marqués de Aguilar, don Pedro Osorio, don Pedro de Bazán, don Juan de Ulloa, don Francisco Enríquez, el adelantado de Castilla, hermano del almirante, don Diego Osorio, don Luis de la Cueva etc.

 

Conquista de Torrelobatón (febrero 1.521)

Después de Tordesillas, Valladolid se erigirá en capital radicalizada, tremendamente radicalizada, de la rebelión. Enseguida, Juan de Padilla tomó cartas en el asunto. Al frente de 1.500 hombres, salió de Toledo y entró en Valladolid como si de un mesías se tratara. El recibimiento fue apoteósico. La Junta Comunera nombró entonces un nuevo comité de guerra formado por Padilla, Zapata, Pedro de Ayala y Alonso de Saravia.

Entre los meses de enero a marzo de 1.521, la comarca de Tierra de Campos resultó asolada por el obispo Acuña. Su misión no era otra que conseguir fondos para la causa comuner

a. Acompañado de 4.000 peones y 400 lanzas, estableció su cuartel general en Dueñas y enseguida pasó a Palencia; su llegada contribuyó a solidificar el levantamiento comunero en la capital palentina y generó un impactante movimiento antiseñorial que atemorizó sobremanera a los nobles y terminó por decantarlos, de manera definitiva, del lado imperial.
Los saqueos de Acuña tuvieron lugar en localidades como Frechilla, Fuentes de Valdepero, Becerril, Paredes, San Cebrián, Cervatos, Carrión, Villalcázar, Piña, Amusco, Támara y Astudillo, Magaz, Villamuriel, Tariego, Cordobilla, Frómista, etcétera.

Desde el Consejo Real, se ordenó la ocupación del castillo de Ampudia, lo que provocó un gran desorden en el dispositivo organizado por los rebeldes. Ante dicha ocupación, la Junta envió a Padilla al encuentro de Acuña, uniéndose ambos en Trigueros del Valle y formando un ejército de aproximadamente 4.000 hombres. Las tropas comuneras ocuparon Torremormojón, desplazando a los realistas, para centrarse en Ampudia, la cual se rindió el 16 de enero previo pago de tributo.

Mientras tanto, la rebelión comunera prevista en Burgos para el 23 de enero fue todo un fracaso, debido a que se adelantó dos días. Los comuneros burgaleses hubieron de rendirse, siendo el último intento de rebelión acontecido en la cabeza de Castilla.

Después de los últimos fracasos sufridos por los comuneros, Padilla deseaba obtener un triunfo para elevar la moral de la tropa y de todo el movimiento. Fue entonces cuando se decidió a tomar Torrelobatón y su castillo, propiedad del almirante de Castilla. Era una plaza fuerte a medio camino entre Tordesillas y Medina de Rioseco, y muy cercana a Valladolid, por lo que podía ser una excelente base para emprender acciones militares.

El 21 de febrero de 1.521 comenzó el asedio de la villa, que resistió durante cuatro días, gracias a sus murallas. El 25 de febrero los comuneros conseguieron entrar en la localidad. Esta fue sometida a un enorme saqueo como premio a las tropas, del que solamente se salvaron las iglesias. El castillo continuó resistiendo, pero terminó rindiéndose ante la amenaza de ahorcar a todos las habitantes si no claudicaba, no antes de acordarse la conservación de la mitad de los bienes que se encontraran en el castillo, evitando así su saqueo.

El obispo Acuña fue hecho prisionero, pero al ser un clérigo, no podía ser ejecutado. Por ello, Carlos I condena a Acuña a estar recluido en el castillo de Simancas. De allí, el 25 de febrero de 1.526 Acuña intentó escapar asesinando al alcaide del castillo Mendo de Noguerol. El 24 de marzo, por orden expresa de Carlos I, Antonio de Acuña fue ajusticiado a garrote vil en el castillo de Simancas en manos de Rodrigo Ronquillo y Briceño.

 

Batalla de Villalar (23 abril 1.521)

El bando realista estaba desplegando un enorme ejército en los alrededores de Tordesillas, con 3.000 infantes, 600 lanzas, 2 cañones, dos culebrinas y 5 piezas ligeras de artillería. Dicho ejército se dedicó a ocupar posiciones en localidades como Becerril de Campos, cercana a Palencia, y Peñaflor de Hornija, uniéndose a tropas del almirante y de los señores de Tordesillas.

Las consignas realistas buscaban cercar al ejército comunero de Padilla en Torrelobatón, encerrándole allí. Por eso, inmediatamente el condestable salió de Medina de Rioseco hacia Peñaflor, un pueblecito a 9 kilómetros de Torrelobatón. Los comuneros no hicieron más que avistar las posiciones enemigas envíando patrullas, sin decidirse aún a abandonar Torrelobatón.

El domingo 22 de abril hicieron una demostración pública de fuerzas con un desfile en las eras de Peñaflor con 7.000 soldados de infantería y más de 2.400 de caballería, su verdadero fuerte. Las noticias de los espías y la presencia de un destacamento realista de reconocimiento obligaron a Padilla a tomar la decisión de dirigirse a Toro, donde, con la población a su favor, pretendía resistir hasta la llegada de refuerzos; no sería posible resistir muchos días en Torrelobatón.

Padilla contaba con 6.000 soldados, entre ellos 400 lanzas y 1.000 escopeteros. A la mañana siguiente, día 23 de abril, con muy mal tiempo, lluvia y fuerte y vendaval, salieron entre las diez y once de la mañana pegados al cauce del río Hornija. una cantidad que no consideraba adecuada para enfrentarse a los realistas, a los que el terreno ofrecía grandes ventajas. Por ello, y tras unos días de duda, decidió partir hacia la ciudad de Toro.

Descubrieron la silenciosa salida por los exploradores realistas y presto salió todo el ejército al mando del conde de Haro. Lo principal era darles alcance, luego se pensaría lo más conveniente, mandó por delante su caballería con órdenes de interceptar a las tropas de Padilla y detenerlas el tiempo suficiente hasta la llegada de la infantería. Una hora más tarde pasaban de largo por Torrelobatón. Las tropas comuneras mientras tanto habían alcanzado Villasexesmir, a 4 kilómetros de Torrelobatón, y avanzaban lentamente a causa de la lluvia, del viento, de la artillería embarrancada muchas veces, hacia el pueblo de San Salvador a dos kilómetros, desde donde se divisaba el de Gallegos. Cuando llegaron a la altura de Vega de Valdetronco, la batalla ya era inevitable. La lluvia seguía cayendo con fuerza, y Padilla se vio obligado a buscar un lugar propicio donde presentar la batalla, eran las doce de la mañana.

Batalla de Villalar 23 de abril de 1521 Combatientes. Izquierda caballería vigilando a los comuneros, autor Jason Juta. Derecha Padilla, Bravo y Maldonado antes de la batalla. Autor

Ante dos ataques por parte de la caballería realista, Padilla intentó hacerles frente; en una, les beneficiaba el fango del terreno, mala circunstancia para la caballería de los nobles, en la segunda, podían situarse en una loma, detenerlos a lo lejos con la artillería. Pero se opusieron la mayoría de los capitanes, como también a seguir el camino de Toro. Si bien quedaban cerca poblados como Villalar, Marzales, Pedrosa y Morales, donde podían refugiarse.

La primera localidad elegida fue Vega de Valdetronco, pero el ejército no atendía a las órdenes que él daba. La siguiente localidad en el camino hacia Toro, pasada Vega de Valdetronco, era Villalar, y aquel fue el lugar donde se desarrollaría la batalla, concretamente, en el Puente de Fierro.

«Les dieron alcance en una campa próxima a la localidad vallisoletana de Villalar, concretamente en el lugar denominado Puente de Fierro, sobre el arroyo de los Molinos, un terreno muy pegajoso y fangoso», añade el historiador. Para desgracia de Padilla, cuando la caballería realista les divisó el 23 de abril, sus tropas se encontraban extenuadas y entorpecidas por el barro.

Batalla de Villalar 1521. Arcabuceros comuneros contra la caballería real, a la derecha celebrando la victoria. Autor Jason Juta

El ejército comunero, en clara inferioridad respecto a las tropas realistas, intentó que la batalla se produjera dentro del pueblo, pero no tuvieron tiempo.

La primera acometida de los realistas puso en desbandada a las filas comuneras, detenidas a duras penas por los capitanes. En una llanura (llamada desde entonces Campo de los Caballeros) a kilómetro y medio de Villalar, junto al puente Fierro.

Eran las tres de la tarde, habían caminado unos 17 kilómetros, sacudía la lluvia, se atascaban las ruedas de los cañones y se encontraba mojada la pólvora. Los nobles después de rodear en unos instantes a los comuneros dividieron sus tropas en dos grupos, uno mandado directamente por los señores, atacaba desde Villalar, el otro le fue encomendada a Pedro Velasco.

Batalla de Villalar 23 abril de 1521. Marcha a Villalar. Autor E. Álvarez Dumont

A la primera carga huyeron otra vez a la desbandada los de Padilla, reagrupados por un instante cuando un cañón disparó y mató a un soldado realista a los pies del mismo capitán general Pedro Velasco a la vez que un pie de don Pedro de Ulloa volaba por los aires, pero en seguida continuó la desbandada.

Con un grupo se hizo fuerte Padilla a los gritos de “Santiago libertad“ y “Padilla, libertad”, mientras los imperiales voceaban “Santa María, don Carlos” distinguiéndose unos de otros solamente por las cruces blancas o rojas que lucían sobre su vestimenta.

Batalla de Villalar 23 de abril de 1521. Óleo de Manuel Pícolo López

En Villalar quedaron inmediatamente atrapados muchos de los fugitivos, Juan Bravo y los Maldonado caían en poder de los realistas y varios nobles emprendieron hasta más de dos leguas la persecución de los desertores. Seguido de unos cuantos capitanes Padilla se lanzó a la desesperada contra un grupo de soldados y lanza en ristre derribó de su caballo al señor de Valduerna; hecha astillas su lanza desenvainó la espada, pero don Alonso de la Cueva le hirió en una pierna, y aunque siguió adelante, en seguida fue reducido y tratado con respeto.

Los comuneros sufrieron 1.000 muertos y sus cabecillas capturados.

Al día siguiente, 24 de abril de 1521, en el mismo VilIalar, sin defensa, después de un ridículo juicio a cargo del alcalde Cornejo, fueron decapitados los tres principales cabecillas: Padilla, Bravo y Maldonado.

Ejecución de los comuneros 1521. Juan De Padilla, Juan Bravo y Francisco Maldonado en el patíbulo el 23 de abril. Autor Antonio Gisbert

La noticia de la ejecución de los cabecillas de la revuelta, llegó rápidamente a las ciudades levantadas que fueron rindiéndose una por una, exceptuando Toledo.

En julio de 1.522, Carlos I estableció su corte en Palencia, con lo que se intensificó la persecución contra los antiguos comuneros, hasta que  en Valladolid, el 1 de noviembre de 1.522, el Rey promulgó el Perdón General, donde se amnistió a 293 comuneros exceptuando una sola persona, Maria Pacheco, viuda de Padilla, que resistió en Toledo y durante una tregua huyó a Portugal.

Las Germanias

Esta revuelta recibe el nombre de la palabra “germá”, que en catalán-valenciano significa hermano. El nombre se aplicó a los “hermanados” que lucharon en esta revuelta social que se desarrolló en el reino de Valencia casi al mismo tiempo que las Comunidades, aunque no hubo relación entre ambos movimientos.

Las causas que provocaron esta revuelta fueron de índole estrictamente social. Fue, en efecto, un enfrentamiento contra la nobleza por parte del pueblo llano. El pueblo estaba armado al haberles permitido Fernando el Católico crear milicias para luchar contra los piratas berberiscos que atacaban las costas del levante peninsular.

La ciudad de Valencia padeció un ataque de peste en el año 1.519. Los nobles huyeron de la ciudad, y este fue el momento en que se manifestó el descontento del pueblo llano, apoyado por los burgueses. Se hicieron cargo del gobierno municipal colocando a su cargo a un representante de cada uno de los gremios de la ciudad, un total de trece. Intentaron instaurar un sistema en el que no se permitía el trabajo libre, sino solo el controlado por los gremios. No solo se hicieron con el poder en Valencia, sino que otras ciudades del reino valenciano.

Los agermanats o agermanados no solo se enfrentaron a la nobleza, sino que también atacaron a los mudéjares que trabajaban en las huertas y otros oficios para los señores contra quienes luchaban los agermanados. El ataque a la aljama mora de Valencia fue uno de los símbolos del fanatismo religioso que define a esta revuelta junto al odio antiseñorial. No se conformaron con asaltar esa aljama, sino que obligaron a los musulmanes a convertirse al cristianismo.

 

Batalla de Gandia o del Vernisa (25 de julio de 1.521)

Durante los primeros meses del año 1.521 la rebelión se había extendido por todo el reino y había triunfado principalmente en ciudades como Valencia o Játiva y a través de la zona de Albaida fijaron su nuevo objetivo en Gandía. Un ejército de agermanados con unos 1.000 hombres armados con ballestas, espadas y piezas de artillería mandados por Vicent Peri, se dirigió hacia Gandia.

El virrey, que se encontraba en el palacio, el III duque de Gandia, Juan de Borja reunió a las tropas reales, salió al encuentro de los sublevados. Disponía de 120 nobles y unos 250 caballeros, 450 hombres de caballo y 2.000 de pie. La mayoría eran mercenarios: 700 moros, 600 manchegos, y 200 catalanes.

El 25 de julio de 1.521 tuvo lugar el enfrentamiento en las inmediaciones del actual término de Palma de Gandía, junto al río Vernisa. Las tropas realistas cuando se toparon con los agermanados, estos ya estaban preparados y desplegados. La disposición táctica agermanada quedó organizada en dos grupos, una facción en la ribera del río Vernisa y otra bajo el azud de Palma.

La artillería agermanada estuvo más acertada que la realista y perpetró un severo castigo a la caballería enemiga mientras que esta apuntó demasiado alto debido al calibre de los proyectiles por lo que no infligieron prácticamente daños a los agermanados. La elección por parte de Vicente Peris de plantear la batalla en una zona repleta de árboles y numerosas acequias perturbó la maniobrabilidad de la caballería que quedó inoperable. Sumado a esto, parte de las tropas del virrey, abandonaron sus posiciones y se dedicaron a saquear Gandía y los pueblos de alrededor.

Tras la batalla y facilitado por el hecho de la huida del duque a Denia donde le esperaba una nave genovesa, en dirección a Peñíscola los agermanados saquearon la villa y la huerta de Gandia, pretendieron violar a monjas y bautizaron a la fuerza los musulmanes de la Safor, la Marina y la Costera, lo que posteriormente acarreó graves consecuencias.

 

Final del movimiento

Posteriormente, el movimiento perdió unidad, produciéndose discrepancias entre sus líderes, y las siguientes campañas militares concluyeron en derrotas de los agermanados. La noche del 18 de febrero de 1522, en una desesperada aventura, Vicente Peris se introdujo en Valencia, instalándose en su propia casa y congregando a sus partidarios, lo que desembocó en un duro combate durante toda esa noche por las calles de Valencia, hasta que un grupo de soldados consiguió incendiar su casa. Vicente Peris se entregó al capitán Diego Ladrón de Guevara. El 3 de marzo de 1.522 entraron definitivamente las tropas reales en Valencia, realizándose la ejecución de Vicente Peris y sus más directos colaboradores. Únicamente Játiva y Alcira quedan bajo dominio agermanado, produciéndose un rebrote de la rebelión, esta vez acaudillada por un misterioso personaje conocido por “el Encubierto“, un impostor que se hace pasar por el infante Juan, hijo de los Reyes Católicos.

Tras el asesinato en Burjasot de “el Encubierto” el 19 de mayo de 1.522 por dos seguidores suyos para cobrar la recompensa ofrecida por el virrey, y la caída de Játiva y Alcira, se produce la derrota definitiva de los “agermanats“, nombrándose virreina de Valencia a Germana de Foix, la cual gobernó duramente hasta su muerte en 1.538 organizando junto con su esposo, el duque de Calabria, una pequeña aunque brillante corte. Se mencionan 800 sentencias de muerte que debieron efectuarse de una forma intermitente a lo largo de varios años. Aunque, según otras fuentes, las represalias consistieron más bien en confiscaciones y multas, sobre todo a las organizaciones gremiales, produciéndose escasos casos de pena de muerte. El 23 de diciembre de 1.524, la regente de Valencia concedió un indulto a los “perayres” en un documento oficial que es considerado uno de los primeros redactados en castellano en el Reino de Valencia. La pacificación efectiva del territorio parece ser que no se produjo hasta 1.528, fecha en que el rey otorgó un perdón general.

Paz de las Germanías. Autor Marcelino Unceta y López

 

La Germanía de Mallorca

Comenzó a finales de 1.520 y siguió las mismas dos fases que en Valencia: la moderada y la radical. Se organizó un poder agermanado y el virrey tuvo que huir a Ibiza en 1521, mientras que la Germanía se extendía a toda la isla de Mallorca, a excepción de l’Alcudia, que se convirtió en el refugio de los caballeros, ganando el título de caballerísima.

El artesanado urbano estaba a la cabeza del movimento, estando también el campesinado. Ambos iban contra caballeros y mercaderes. La ruptura social fue más fuerte que en Valencia y se amenazó con degollar a todos los mascarats, a los enemigos de la Germanía.

El encarcelamiento de Joan Crespí, el jefe de la organización, supuso el final de una etapa moderada. Su sucesor, Joanot Colom, se impuso e impulsó el programa económico de la Germanía: la supresión de los censales y una reforma fiscal que gravara la propiedad agraria. Aunque no les dio tiempo ya que se inició la contraofensiva del ejército real en octubre de 1.522 y que culminó con el largo sitio de Mallorca desde diciembre de 1.522 hasta marzo de 1.523. Una vez cayó la ciudad, la rebelión de las germanías de Mallorca finalizaron y la represión fue más dura aún que en Valencia: el número de condenados a muerte fue el doble en la isla que en Valencia.

Ninguna de las revueltas de los primeros tiempos del reinado de Carlos I llegó a tener éxito, sin embargo, fueron beneficiosas para el propio monarca, cuya autoridad salió reforzada de ellas. En efecto, la nobleza que había sido el objeto de las iras populares, no solo en las Germanías sino también en las Comunidades, tuvo miedo y vio la necesidad de apoyar al monarca sin reservas, para conseguir garantías de mantenimiento de un orden social que les era favorable.

Carlos I heredó la Corona de Castilla en la península Ibérica y una incipiente expansión en América; las posesiones de la Corona de Aragón en el Mediterráneo italiano e ibérico (de su abuelo Fernando); las tierras de los Habsburgo en Austria a las que él incorporó Bohemia y Silesia logrando convertirse tras una disputada elección con Francisco I de Francia en emperador del Sacro Imperio Romano Germánico con el nombre de Carlos V de Alemania; además de los Países Bajos a los que añadió nuevas provincias y el Franco Condado, herencia de su abuela María de Borgoña.

Herencia del emperador Carlos V

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