Edad Moderna El imperio Español Guerras con Francia

Antecedentes

Dado el contexto geopolítico a principios del siglo XVI, Francisco I rey de Francia estaba rodeada por territorio español y deducir que esto suponía una amenaza para su supervivencia, o en todo caso, una limitación de la posibilidad de ampliar sus fronteras a costa de vecinos más débiles.

Ya había tenido guerras en suelo italiano la Primera (1494-98), la Segunda (1499-405), la Tercera (1509-13) guerras Italianas, en las que había sido derrotada y deseaba su venganza.

Primera guerra hispano-Francesa (1521-29)

Para 1518, la paz que había prevalecido en Europa después de la batalla de Marignano comenzó a desmoronarse. Las principales potencias (España, Francia, Inglaterra y el Sacro Imperio Romano) vivían un periodo de paz, habiendo acordado en el tratado de Londres que si un país decidía romper la paz, todos los demás se aliarían para derrotarle.

En diciembre de 1522, mientras Carlos V estaba enfrascado en la guerra de las comunidades, los franceses empezaron a planear la guerra. Francisco no deseaba atacar abiertamente a Carlos porque Enrique había anunciado su intención de intervenir en contra del primero que rompiera la frágil paz. En lugar de ello, dio más apoyo encubierto a incursiones dentro de territorio imperial y español. Se organizó un ataque sobre el río Mosa, bajo el liderazgo de Robert de la Marck. Los planes franceses pronto se mostraron como inapropiados tras la intervención de Enrique III de Nasáu que cortó la ofensiva del Mosa en Hainaut ese mismo año. Posteriormente, Enrique conquistaba Tournai.

En mayo de 1520, se inició la guerra de las Comunidades de Castilla, ordenando en octubre al virrey de Navarra el reclutamiento urgente de 2.000 soldados, para evitar el riesgo de sublevaciones. En abril de 1521 se utilizaron numerosos efectivos de los existentes en Navarra para participar en la toma de Salvatierra y de Vitoria, contra el conde de Salvatierra, lo que llevó a una importante reducción de soldados y artillería en Navarra.

Los preparativos para la expedición sobre Navarra se retrasaron hasta principios de mayo de 1521, fueron abastecidas y financiadas por los franceses, que desde luego negaron toda responsabilidad, este retraso permitió a los imperiales ganar la batalla de Villalar el 23 de abril, lo que le permitió disponer de afectivos.

En mayo de, sin esperar a la llegada de las tropas, tuvo lugar un alzamiento generalizado en toda Navarra, como las significativas ciudades de Pamplona, Estella, Tafalla, Olite y Tudela e incluidas las que habían sido beaumontesas, y que había sido preparado desde el interior.

Para ello envió un ejército que entró por el norte, al mando del general Andrés de Foix, señor de Lesparrou (Asparrots), con 12.000 peones, 800 lanzas y 29 piezas de artillería, en su mayoría gascones, el 15 de mayo rindieron San Juan de Pie de Puerto tras tres días de lucha, posteriormente Roncesvalles. El día 16 de mayo cayó la fortaleza del Peñón construida en el camino de Roncesvalles y entraron en Navarra.

En Sangüesa Miguel de Añués y en el castillo de Javier se les esperaba como a libertadores. El 17 de mayo, en el puente de Yesa desarmaron a la guarnición española de 146 hombres venidos de Calahorra, Nájera y San Pedro de Yanguas, llegando ese mismo día a las puertas de Pamplona. Del 17 al 24 de mayo se dio el cerco de la ciudad. El castillo de Pamplona se mantuvo firme hasta que el 21 de mayo la fortaleza se entregó.

Antonio Manrique de Lara, duque de Nájera y virrey de Navarra, salió huyendo de Pamplona hacia Alfaro el mismo día 17, dejando en la ciudad 19 cañones y 500 coseletes. Permaneció también en Pamplona don Pedro de Beaumont con gente del duque de Nájera en un total de 800 hombres. El virrey fue asaltado en el camino y saqueado en Esquíroz. En el alzamiento de Pamplona los escasos soldados castellanos se quedaron encastillados en la fortaleza durante dos o tres días. Entre ellos estaba el guipuzcoano de Oñaz, capitán Íñigo López de Recalde, que fue herido en el bombardeo realizado durante seis horas para rendir la plaza, también fue herido Íñigo de Loyola (San Ignacio) en la pierna derecha. La fortaleza estaba sin acabar, faltándole el pretil y la losadura. La gente situada en la muralla era blanco perfecto de las culebrinas agramontesas de 30 centímetros de calibre.

La recuperación del reino no había sido muy sangrienta. Se produjeron enfrentamientos con unos 1.000 guipuzcoanos oñacinos en el monte Zengarrén, donde hubo unos 17 muertos y otros 4 muertos en Yesa cuando se cortó el paso a tropas que huían, además de los heridos en la fortaleza de Pamplona. Posteriormente tampoco se produjeron episodios de depuración con la población beaumontesa y muchos de los cargos se mantuvieron. La recuperación del reino solamente tardó quince días, más fulgurante que la efectuada por el duque de Alba en 1512.

Batalla de Noáin (30 de junio de 1521)

Tras tomar la capital, las tropas de Andrés de Foix, formadas por bearneses, labortanos, franceses y bajonavarros y engrosadas después por altonavarros, atravesaron el reino para atacar Logroño. En su camino pasó a Estella y rindió y saqueó Los Arcos que se mantenía fiel a Carlos I, que pertenecía a Castilla desde 1463, y que ofreció resistencia a su avance. El general francés en vez de asegurar el territorio se dirigió y cercó Logroño. El 5 de junio, las baterías de Lasparrou bombardeaban la ciudad, pero el día 11, tuvo que levantar el cerco e iniciar el repliegue hacia Pamplona, ya que un ejército imperial estaba en camino.

Se estima que el ejército imperial disponía de unos 30.000 efectivos para recuperar Navarra. El reclutamiento de estas fuerzas se desglosa de la siguiente forma: unos 7.000 hombres del condestable de Castilla; unos 5.000 de los territorios de Vizcaya, Álava y Guipúzcoa; unos 4.000 aportados por el conde de Lerín; entre 1.000 y 1.200 soldados de cada una de varias ciudades como Segovia, Valladolid, Palencia, Burgos, Salamanca y Toro; 800 por Medina del Campo y 500 de Ávila y en menor medida de otras ciudades. Además de tropas aportadas por los miembros de la nobleza sus deudos y allegados. En muchos casos el reclutamiento fue realizado entre los vencidos de la guerra de las Comunidades.

Durante el repliegue de las tropas de Andrés de Foix, las primeras escaramuzas ocurrieron en la villa de Puente la Reina, donde se produjo un resultado adverso para los castellanos, que perdieron una compañía completa de 300 hombres. Posteriormente, y dada la superioridad numérica de las fuerzas castellanas, estas ocuparon Estella y Puente la Reina.

El ejército castellano, a marchas forzadas, llegó a cruzar la sierra del Perdón, cerrando el camino de las tropas francesas hacia Pamplona y buscando el enfrentamiento definitivo en campo abierto.

La batalla ocurrió en Salinas de Pamplona, en una amplia llanura junto a Noáin y Pamplona. Las tropas castellanas estaban al mando de don Íñigo Fernández de Velasco, conde de Haro; ayudado por el almirante y el condestable de Castilla, duque de Frías, corregente de Castilla, y de don Antonio Manrique de Lara, duque de Nájera y virrey de Navarra.

Las tropas franco-navarras eran muy inferiores en número (se habla de entre 8.000 y 10.000 hombres), no pudo esperar a los refuerzos que podían llegar, unos 6.000 hombres de Pamplona y alrededores, y otros 2.000 de Tafalla.

Tomó la iniciativa atacando entrada la tarde (las versiones oscilan entre las 14:00 y 17:30 horas), sorprendiendo a los castellanos e infligiéndoles inicialmente un severo castigo. Al comienzo dominaron los navarro-gascones, barriendo con su artillería los prados en que se encontraban los castellanos, pero el almirante de Castilla y duque de Enríquez con su caballería dominó el combate, atravesando con celeridad la sierra de Erreniega, cayeron sobre el flanco y la retaguardia franco-navarra. La infantería castellana lo decidió en el resto del campo de batalla.

La batalla fue muy larga y sangrienta. Los navarros tuvieron de rendirse, tras sufrir más de 5.000 bajas y ser hecho prisionero el propio André de Foix, señor de Lesparrou. Este había luchado con bizarría (según las crónicas), fue herido en la frente por un mazazo, que le dejó ciego, y rindió su espada a Francés de Beaumont (líder navarro beaumontés que ayudaba a los castellanos). Más tarde fue liberado por el Emperador tras pagar un rescate. Entre los que lograron huir, tras la derrota, se hallaban Martín de Javier (hermano de Francisco Javier), Arnault de Agramont, el obispo Cousserans, Fadrique de Navarra y el doctor Remiro de Goñi. Esta batalla decidió la posesión definitiva de Castilla sobre el reino de Navarra, pues los castellanos, con vascos oñacinos, se apoderaron rápidamente de todas las plazas, sin apenas encontrar resistencia.

Algunos de los supervivientes navarros se reorganizaron en la Baja Navarra en un ejército más modesto, y tomaron el valle Baztán-Bidasoa, el castillo de Maya y la ciudad de Fuenterrabía, donde se produjeron las dos últimas resistencias militares en la conquista de la Alta Navarra.

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Primera guerra Hispano-francesa. Operaciones militares en el norte de España 1521-24

Asedio de la fortaleza de Fuenterrabía (1521-24)

El almirante francés Guillermo Goufier, señor de Bonnivet invadió Guipúzcoa con unos 5.000 lansquenetes alemanes, unos 600 gendarmes y unos 10.000 infantes navarros, normandos y gascones. Se trataba de un poderoso ejército bien pertrechado de artillería y con la mejor infantería del momento. Tras conquistar Amaiur vadearon el Bidasoa por Biriatu.

El 4 de octubre de 1521, el castillo de Behobia fue tomado por Bonnivet, sin que apenas se produjeran bajas, ya que se opuso poca resistencia. Tras la toma de Behobia pusieron sitio a Fuenterrabía (Hondarribia) el 6 de octubre. La villa y el castillo no estaban preparados para un largo asedio por la falta de municiones y por la carencia de abastecimientos. El ejército sitiador puso sus baterías en el monte Jaizkibel pero no pudo realizar un bloqueo completo por falta de apoyo naval. Se produjeron dos entradas de auxilio por mar durante el cerco protagonizadas por donostiarras en las que llegaron 600 hombres cada vez.

Tras tres asaltos por voluntarios navarros y gascones, entre los que se produjeron cerca de 1.000 bajas, y ante la posibilidad de recibir ayuda; Diego de Vera, alcaide de la plaza acordó la entrega de la plaza y los soldados salieron doce días después el 18 de octubre con sus armas, ropas y banderas; mientras que los habitantes de Fuenterravía, en su gran mayoría, salieron de la villa para acogerse a las aldeas de su jurisdicción como eran Lezo o Pasajes.

El señor de Bonnivent estableció una guarnición con 3.000 hombres (2.000 gascones y 1.000 navarros) a las órdenes de Jacques D’Aillon, señor de Luda, que quedó como alcalde de la plaza «en nombre del rey de Navarra«. Por ello la bandera de Navarra estuvo ondeando durante todo el asedio, a pesar de la intención de los franceses de izar su bandera.

Tras la caída Fuenterrabía, el ejército franco-navarro no prosiguió adelante hacia San Sebastián y la climatología reinante de intensas lluvias impidió la realización de empresas militares. Sin embargo, las milicias guipuzcoanas guiadas por Martin de Loyola se establecieron en Lezo.

Carlos I solicitó el arbitraje del rey Enrique VIII de Inglaterra para que interviniera ante Francisco I y le requiriese esta plaza. El conocimiento de estas conversaciones por parte de los navarros fue decisivo para el reemplazo de la guarnición meses más tarde.

Beltrán de la Cueva y Toledo, tercer duque de Alburquerque, fue designado el 23 de mayo de 1522, nuevo capitán general de Guipúzcoa; aunque ya ejercía el cargo con anterioridad, que con un aumento de tropas significativo procedentes de distintos lugares, unos 4.000 lansquenetes alemanes, y soldados reclutados en Castilla, Navarra, Aragón, Vizcaya, La Rioja y Álava.

Ante las dificultades para defender el castillo de Behobia, el ejército navarro decidió abandonarlo. Se realizó la retirada de forma correcta llevándose los cañones, armas y vituallas. Posteriormente se dispusieron distintas cargas explosivas para destruir sus murallas, pero sus mechas fueron apagadas por las tropas castellanas al mando del capitán Ochoa Sanz de Asua, que tomaron el castillo.

El asedio a Fuenterrabía seguía por parte de las tropas castellanas y el hambre se hacía notar en los sitiados. En ese momento llegó un ejército de socorro por parte gala que hizo que las tropas de Beltrán abandonasen el sitio. La fortaleza se llenó de vituallas y  con el control naval que se consiguió, hizo posible su abastecimiento por mar.

Beltrán fue depuesto en su cargo y llegó el condestable de Castilla Íñigo de Velasco.

A finales de 1523, el ejército español intentó penetrar en tierras francesas hacia Bayona y Toulouse, defendidas por Lautrec. El ataque fue un fracaso y las tropas tuvieron que volver a la frontera española y se unieron a las que estaban frente a Fuenterrabía.

Con este incremento del número de hombres y medios, comenzó una nueva fase en la toma de la fortaleza. Tras un severo bombardeo empezaron las negociaciones sobre su rendición. Primero las tropas francesas abandonaron la villa y posteriormente los navarros que quedaban tuvieron que rendirse definitivamente en abril de 1524. Estos  fueron perdonados a cambio de la entrega de la fortaleza y su sometimiento.

Batalla de San Marcial o del Monte Aldabe (18 de octubre de 1522)

El sábado 28 de junio de 1522, las tropas navarras con labortanos y mercenarios alemanes intentan pasar el Bidasoa en dos gabarras, para transportar artillería pesada para el sitio del castillo. Pero son obligados a retirarse por los defensores del castillo y gente de Irún. Se dirigen río arriba y, a la media noche y a un cuarto de legua del castillo, vadean el río sin llevar la artillería pesada y se instalan en lo alto del monte Aldabe, que domina el castillo. Quedan los franceses en lo alto del monte mientras los alemanes bajan con la artillería para atacar el castillo, que resiste.

Se encontraban en Irún los capitanes Juan Pérez de Azcue, natural de Fuenterrabía, y Miguel de Ambuloidi, vecino de Irún y natural de Oyarzun, que estaban en Irún con 400 soldados. Al ver el peligro que corría el castillo, se dirigieron a San Sebastián para informar al capitán general Beltrán II de la Cueva y Toledo, primogénito del segundo duque de Albuquerque. Este disponía de menos de 2.000 soldados y de 200 hombres de caballería para la defensa de San Sebastián, por lo que se resiste ante la dificultad de la empresa. Los capitanes le dijeron que, si él no podía, ellos atacarán a las tropas navarras en defensa de su hogar, ante lo que el capitán general accedió a acompañarlos hacia Irún, con casi toda su tropa de infantería y 150 de caballería. Los capitanes Azcue y Ambuloidi consiguen reunir a 1.500 hombres del lugar.

Para engañar al enemigo, mosén Pedro de Hirizar, clérigo y vecino de Rentería, reunió a 400 mozos y mujeres y, por la noche, con las 400 teas encendidas pasa por el camino real desde el cruce de los caminos de Oyarzun y Rentería hacia Irún. Esto hace que los franco-navarros crean que el ataque va a venir desde Irún. Pero mientras tanto, los capitanes Azcue y Ambuloide, con las tropas locales, atacaron a los franceses, a los que encuentran desprevenidos. En la refriega hay algunos muertos y unos 30 prisioneros, dándose a la fuga el resto de los franceses.

El capitán Ambulodi, una vez informado D. Beltrán, que se encontraba Saroya de Aguinaga, se dirigió con 400 hombres de las milicias locales a reconocer las tropas alemanas, mientras D. Beltrán, con sus hombres, se dirigía a la piedra llamada Aldave. Ambuloidi, al romper el alba, mató a los centinelas alemanes y lanzó un ataque con sus ballestas, que produjo varios muertos. Los alemanes, al ver que eran tan pocos, fueron a atacarles, mientras los iruneses se retiraban monte arriba, donde les esperaban refuerzo al mando del capitán Lope de Irigoen, de Irún, que al ver cerca a los alemanes, les atacó con ballestas y espingardas. En este ataque murieron el jefe de los alemanes, señor de la casa de Sant Martin y el alférez abanderado alemán. Viéndoles caer, al sentirse atacados desde la cima y al darse cuenta de que los franceses habían huido, se retiraron.

En Italia Francisco I fue derrotado y hecho prisionero en la batalla de Pavía el 24 de febrero de 1525, tras lo cual se firmó el tratado de Madrid en 1526. Para más información sobre la guerra en Italia ver el capítulo “Guerras Italianas – Cuarta Guerra Italiana o Guerra de los Cuatro Años”.

Segunda guerra hispano-francesa (1542-46)

Antecedentes

El 4 de julio de 1541 el embajador francés en la corte otomana, Rincón, resultó muerto por las tropas imperiales cerca de Pavía. En respuesta a las protestas de Francisco, Carlos negó toda responsabilidad, comprometiéndose a llevar a cabo una investigación sobre el hecho con la ayuda del Papa; Carlos estaba preparando una expedición militar al norte de África y quería evitar enfrentamientos en Europa.

A finales de septiembre de 1541, Carlos estaba en Mallorca, preparando un ataque contra Argel; Francisco, considerando poco ético atacar a un correligionario cristiano mientras luchaba contra el infiel, prometió no declarar la guerra mientras el Emperador estuviera en campaña. La expedición imperial, conocida como la jornada de Argel, fracasó estrepitosamente debido en gran parte a las condiciones climatológicas, y Carlos regresó a España con sus tropas en noviembre.

El 8 de marzo de 1542, el nuevo embajador francés regresó de Constantinopla habiendo obtenido el compromiso otomano de aliarse a Francia en su guerra contra Carlos. Francisco declaró la guerra el 12 de julio del mismo año, aduciendo varios motivos en su justificación; entre ellas la muerte de Rincón, a la que calificó como «una ofensa tan grande, tan detestable y tan extraña en aquellos que ostentan el título y cualidad de príncipe, que no puede ser de ninguna manera perdonada ni sufrida«.

En julio de 1542, Francisco I, se alió con Solimán el Magnífico sultán del Imperio otomano, declaró la guerra (la guerra Italiana de 1542-46) sobre el Sacro Imperio Romano. Enrique VIII se preparó para la eventualidad de la guerra, utilizando el impulso significativo en las finanzas proporcionado por la disolución y venta de monasterios en Inglaterra, embarcándose en un programa serio de fortificación y construcción naval.

Francia lanzó inmediatamente una ofensiva militar en dos frentes contra Carlos. En el norte, el duque de Orleans atacó Luxemburgo, capturando la ciudad durante un corto período de tiempo; en el sur, un gran ejército bajo el mando de Claude d’Annebault y el primogénito de Francisco Enrique asedió sin éxito la ciudad de Perpiñán, en aquella fecha pertenecía al imperio Español. Francisco, mientras tanto, se encontraba en La Rochelle, ocupándose de las revueltas populares surgidas como consecuencia de la proposición de reforma de las gabelas.

En 1542, las relaciones entre Inglaterra y Francia colapsaron por la ayuda francesa a Escocia, y la injerencia francesa en las negociaciones de la boda del hijo Eduardo con María I de Escocia (intento fallido que desembocaría en la guerra Anglo-escocesa de 1544-51).

Enrique había intentado comenzar la guerra contra Francia con anterioridad, pero las diferencias religiosas con el católico Carlos dificultaron la firma de una alianza entre ambos monarcas; finalmente, el 11 de febrero de 1543, con Inglaterra esperando luchar contra la alianza de Francia y Escocia. Enrique y Carlos pactaron un tratado de alianza ofensiva en el que convenían la invasión de Francia en el plazo de dos años. En mayo de 1543, Enrique envió a Francisco un ultimátum y el 22 de mayo le declaró oficialmente la guerra.

Guerra en el norte de Francia

Las hostilidades se desataron en el norte de Francia. Siguiendo las órdenes de Enrique, John Wallop cruzó el Canal de la Mancha al frente de un ejército de 5.000 hombres destinado a la defensa de los Países Bajos. Las tropas francesas lideradas por Antonio de Borbón habían capturado Lillers en abril, y en junio d’Annebault había tomado Landrecies. Guillermo de Cleves se posicionó abiertamente del lado francés, invadiendo Brabante y marchando contra Artois y Henao. Francisco, inexplicablemente, detuvo el avance de sus tropas en Reims; entretanto, Carlos atacaba a Guillermo, invadiendo el ducado de Jülich y capturando Düren.

En apoyo de su aliado Guillermo de Cleves, Francisco ordenó al duque de Orleans y a d’Annebault marchar sobre Luxemburgo, que tomaron el 10 de septiembre, pero la ayuda llegó demasiado tarde para Guillermo: tres días antes este había firmado su rendición ante las fuerzas de Carlos mediante el tratado de Venlo, según el cual Guillermo cedía Güeldres y Zutphen, y se comprometía a apoyar la supresión de la Reforma.

Carlos avanzó en dirección a Landrecies con intención de sitiarlo, buscando el enfrentamiento abierto contra Francisco, pero este se retiró a San Quintín el 4 de noviembre, dejando a las tropas imperiales el camino libre para marchar hacia el norte y sitiar Cambrai.

El 31 de diciembre de 1543, Enrique VIII y Carlos V habían pactado la invasión conjunta de Francia; el 20 de junio de 1544 cada uno de ellos levantó un ejército de más de 35.000 soldados de infantería y 7.000 de caballería para enfrentar a los 70.000 efectivos de Francisco. La campaña no pudo dar comienzo hasta que Enrique y Carlos hubieran resuelto sus conflictos particulares con Escocia y los príncipes protestantes alemanes, respectivamente. El 15 de mayo Enrique fue informado por Edward Seymour, I duque de Somerset que Escocia no suponía ya una amenaza. Mientras tanto, Carlos había alcanzado un acuerdo con los príncipes alemanes mediante la dieta de Speyer, y los electores de Sajonia y Brandeburgo accedieron a unirse a la invasión de Francia.

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Embarque de Enrique VIII hacia Francia en 1544

Enrique VIII reunió un ejército de unos 35.000 hombres en Calais, y las fuerzas inglesas se trasladaron lentamente a Francia en junio de 1544. El ejército inglés se dividió en dos partes. La primera parte, comandada por Thomas Howard, el duque de Norfolk, asedió Montreuil en el río Canche. Charles Brandon, el duque de Suffolk, al frente de la otra parte del ejército inglés comenzó el asedio de la ciudad portuaria de Boulogne.

En mayo de 1544 se formaron dos ejércitos imperiales con el objetivo de invadir Francia: uno bajo el mando de Ferrante Gonzaga, virrey de Sicilia, al norte de Luxemburgo; el otro, con el propio Carlos al frente, en el Palatinado. El 25 de mayo Gonzaga capturó Luxemburgo y avanzó hacia Commercy y Ligny, proclamando que el emperador había llegado para derrocar al «tirano aliado de los turcos«. El 8 de julio Gonzaga y sus tropas sitiaron Saint Dizier; Carlos y su ejército pronto se unirían a ellos.

El 14 de julio Enrique se unió a este ejército, que el día 19 comenzó el asedio de la ciudad, a pesar de las protestas del Emperador que insistía en que las fuerzas inglesas debían avanzar sobre París. Enrique VIII se negó a considerar tales operaciones hasta la caída de Montreuil y Boulogne. En septiembre de 1544, los ingleses, con Enrique VIII al mando, capturaron Boulogne.

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Ejército de Enrique VIII en Francia (1554). Izquierda: (1) capitán de infantería; (2) capitán lansquenete; (3) auxiliar irlandés. Derecha: (1) piquero de vanguardia; (2) jinete demilance; (3) soldado de Tomás Caverden con un hisopo. Autor Angus McBride

Por su parte Carlos estaba demorado en Saint Dizier; la ciudad, fortificada por Girolamo Marini y defendida por Louis IV de Bueil, conde de Sancerre continuaba resistiendo al asedio de las tropas imperiales. El 24 de julio, Carlos tomó Vitry, desde donde los franceses habían atacado sus líneas de abastecimiento. Finalmente Saint Dizier, a falta de bastimentos, se rindió el 17 de agosto, permitiéndoseles la retirada con honores; el asedio de la ciudad, que había resistido 41 días, había conseguido frenar la ofensiva imperial. Contra la opinión de algunos de sus consejeros, que sugerían la retirada, Carlos siguió hacia Châlons-en-Champagne, aunque se abstuvo de avanzar cruzando el río Marne por la presencia en Jâlons de fuerzas francesas. Las tropas imperiales marcharon rápidamente por la provincia de Champagne tomando Épernay, Châtillon-sur-Marne, Château-Thierry y Soissons.

Las tropas francesas bajo el mando de Jacques de Montgomery, señor de Lorges saquearon Lagny-sur-Marne aduciendo la supuesta rebelión de sus habitantes, pero no se hizo ningún intento serio de interceptar el avance del ejército imperial. La población de París era presa del pánico ante la esperada llegada de la guerra a la ciudad, aunque Francisco insistía en que sus habitantes no tenían nada que temer. Carlos finalmente detuvo su avance y volvió atrás el 11 de septiembre. Entretanto Enrique dirigía personalmente el asedio a Boulogne sur Mer; la ciudad fue rendida a mediados de septiembre.

Carlos, necesitado de recursos financieros y preocupado por el creciente amenaza religiosa en Alemania, consultó con Enrique la cuestión de si debían continuar la invasión o negociar la paz. Sin embargo, en la fecha en que Enrique recibió la misiva del Emperador, este firmó una paz por separado con Francia en el tratado de Crépy el 18 de septiembre de 1544. Según los términos del acuerdo Francisco y Carlos renunciarían a sus reclamaciones territoriales y establecerían el statu quo acordado en la tregua de Niza de 1538.

Guerra entre Francia e Inglaterra

La guerra entre Inglaterra y Francia continuó, pero el monarca inglés se fue a Inglaterra. Norfolk abandonó pronto el sitio de Montreuil y se retiró a Boulogne cuando un gran ejército francés avanzó hacia la región. Suffolk y Norfolk luego retiraron la mayoría de las fuerzas inglesas a Calais, dejando a unos 4.000 hombres para defender a Boulogne de un asedio francés.

El tan temido ataque francés finalmente cayó sobre Boulogne, y una fuerza enemiga se abrió camino en la ciudad baja una noche y comenzó a saquear grandes cantidades de suministros que los ingleses habían dejado sin protección. Sacudida por el asalto, la guarnición montó un contraataque, persiguiendo a los distraídos franceses y matando a 600 de ellos. Los oficiales de Poynings contaron 800 de sus propios muertos. Cuando las noticias del asalto llegaron a Londres, Enrique se sorprendió. Llamando a otro secretario a su lado, dictó otra carta a Norfolk y Suffolk, preguntándose con enojo por qué se habían retirado de Boulogne sin presentar primero su decisión ante el consejo.

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Asedio de Boulogne (1544-46)
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Mapa de Boulogne. Autor John Rogers

Enrique tenía una preocupación aún mayor que lo distrajo de castigar a sus dos comandantes de campo: cómo obtener fondos suficientes para continuar su guerra contra los franceses. El Consejo Privado dejó en claro a Enrique que se estaba quedando sin dinero. Las cuentas del Tesoro revelaron que el costo de la campaña francesa era ahora tres veces el estimado anterior. Al ritmo actual de gasto, la guerra haría quebrar el tesoro.

Aunque los franceses habían sido rechazados en Boulogne, la lucha continuaba. Francisco I, el antiguo adversario de Enrique, anunció su intención de invadir Inglaterra en la primavera, creyendo que esta sería la mejor manera de obligar a los ingleses a renunciar a Boulogne. La flota de Francisco, que a mediados del verano de 1545 contaba con 150 naves, se concentró en Le Havre. Contado de la amenaza, Enrique se vio obligado a perdonar tanto a Norfolk como a Suffolk y les ordenó regresar a casa para ayudar a organizar las defensas costeras del país.

Francisco I decidió invadir Inglaterra, en espera de que Enrique VIII devolviera Boulogne a Francia a cambio de que las fuerzas francesas salieran de Inglaterra. Unas 30.000 tropas francesas y una flota de unos 400 barcos fueron reunidos para aquel propósito.

La amenaza de invasión fue tomada en serio en Inglaterra, y las tensiones aumentaron. El tramo de la costa inglesa entre Gravesend y Portland contaba con 26 castillos y posiciones fortificadas, cada una guarnecida con una guarnición completa de hombres y artilleros. Espías ingleses informaron que Francisco planeaba hacer de Portsmouth su cabeza de puente. Enrique decidió establecer su cuartel general allí, mientras Hertford cubría el norte y Norfolk vigilaba las costas de Lincolnshire y Suffolk. El tuerto Lord Russell fue enviado al oeste, con Suffolk al mando en Sussex y Kent.

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Ejército inglés en marcha en el norte de Francia (1554).

El 18 de julio, el compromiso de hostilidad de los barcos franceses e ingleses por la costa inglesa marcó el inicio de la batalla del Solent. Ese día, los barcos ingleses, más numerosos, se retiraron. Los ingleses confiaban en atraer a los franceses a los escollos y los estrechos canales de Spithead, pero los franceses querían atacar a los ingleses en aguas de mar abierto, en la zona oriental de Spithead, donde los navíos ingleses podrían ser rodeados y aniquilados. Tentaron a los barcos ingleses a abandonar su posición defensiva, y con la participación de un mayor número de buques franceses, los franceses decidieron invadir la isla de Wight y la quema de sus edificios y cultivos. Francia esperaba que los residentes de la isla de Wight les apoyaran, y se rebelaran contra Inglaterra, y la isla de Wight se podría utilizar una base para atacar a los ingleses. Las tropas francesas desembarcaron en la isla de Wight el 21 de julio.

Las tropas francesas desembarcaron en tres lugares de la costa de la isla de Wight, y el número total de soldados franceses que fueron desembarcados fue de 2000. Bonchurch fue uno de los tres puntos donde desembarcaron las tropas francesas, y el número de soldados que desembarcaron en Bonchurch se cree que es alrededor de 500. El desembarco no tuvo resistencia y las fuerzas francesas comenzaron a avanzar hacia el interior, hasta empinadas laderas densamente arboladas. La milicia de la isla de Wight, sin embargo, se enteró de la invasión francesa muy rápidamente. 300 soldados de la milicia, bajo el mando del capitán Robert Fyssher, esperaban en St Boniface Down el avance francés en Monks Bay. Los informes de los combates son confusos, y, por lo tanto, no existe una versión completa de la batalla. La intención de hacer entender a los habitantes de la isla para que se pasaran a su bando, convirtiendo así la isla en su base de ataque; pero al final no se produjo, ya que se seguían fieles a su país, Inglaterra. Los franceses arrasaron con todo lo que encontraban a su paso, y al final se retiraron.

Enrique emitió licencias a numerosos armadores para que actuaran como corsarios en el Canal, para apoderarse de cualquier barco francés que pudieran encontrar. Eran barcos de 50 toneladas, armados con cañones ligeros y que operaban solos o en parejas, dependía de la velocidad para alcanzar a los buques mercantes franceses que se movían con mayor lentitud. Como primera línea de defensa, Enrique planeó patrullas regulares por su flota real de 60 naves, mientras que la segunda línea fue representada por la serie de fuertes a lo largo de las costas. Estas fortificaciones, con murallas bajas pero gruesas, presentaban objetivos no rentables para los buques de guerra enemigos, al tiempo que proporcionaban una plataforma estable para que las armas inglesas dispararan contra los atacantes.

Durante las maniobras en alta mar de la flota de Portsmouth, uno de los mejores barcos de Enrique, el Mary Rose, sufrió un extraño accidente. Enrique y varios de sus cortesanos estaban en el muelle, observando con ojos incrédulos cómo el barco, que transportaba una tripulación de 700 personas y 91 cañones, atrapó una brisa costera y se escoró peligrosamente. El agua comenzó a inundar sus puertos de armas inferiores mientras los cañones se estrellaban sobre sus cubiertas inclinadas, inclinado aún más el barco. En cuestión de minutos, el Mary Rose se hundió, dejando solo la parte superior de dos mástiles sobre el agua, mientras que menos de tres docenas de supervivientes nadaron para salvar sus vidas. Enrique podía escuchar los terribles gritos de los tripulantes atrapados debajo de las cubiertas mientras miraba impotente desde el castillo de Southsea. El navío se rescató el 11 de octubre de 1982 gracias a los estudios realizados previamente en la década de los 60 al buque sueco Wasa y trasladado fuera del puerto de Portsmouth.

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Hundimiento del buque inglés Mary Rose buque insignia de Enrique VIII en 1545

Las flotas inglesa y francesa se hicieron repetidas fintas la una a la otra frente a Shoreham, pero poco sucedió, excepto el intercambio de cañoneos ineficaces. El clima de verano era caluroso y el viento era ligero, y el calor, la mala comida y las fiebres actuaban de forma mortal en los superpoblados barcos. Muchos tripulantes de ambas flotas murieron, y los franceses experimentaron la mayor pérdida. Al no poder dominar el Canal ni atacar a la flota inglesa, el almirante francés finalmente rompió la acción y retiró sus barcos a Le Havre, poniendo fin a la amenaza de invasión después de solo un mes.

El 7 de junio de 1546, se firmó el tratado de Champ con Francia, y Enrique acordó vender todo su territorio francés dentro de ocho años. Mientras tanto, una desagradable disputa con la familia Norfolk por cargos falsos de traición impulsó al rey a arrojar tanto a Surrey como a Norfolk en la Torre de Londres. El 19 de enero de 1547, Surrey fue decapitado. Norfolk escapó por poco de un destino similar porque el Rey enfermó repentinamente esa misma semana. Los excesos habituales de Enrique, el consumo excesivo de alcohol, los problemas crónicos de salud y el estrés de las maniobras políticas en la corte se combinaron para reducirlo. Confinado a la cama, el monarca entró y desapareció de la conciencia antes de morir en las horas previas al amanecer del 28. Dos meses después, el archirrival de Enrique, Francisco I, también falleció.

Aunque por el tratado de Camp, los ingleses habían acordado evacuar Boulogne en 1554, la ciudad fue devuelta a Francia en 1550 bajo el tratado de Boulogne, que también concluyó la guerra de Rough Wooing en Escocia. Simón Renard informó que el capitán inglés aceptó su orden de rendirse ante el Consejo Privado con un suspiro. Enrique II de Francia entró formalmente en la ciudad el 16 de mayo de 1550. Se quedó tres días y visitó los fuertes de Boulemberg, Ambleteuse, la torre de Ardres, el Gran Fuerte y el fuerte Châtillon (también llamado jardín de Châtillon). Le impresionaron algunas de estas obras de fortificación recientes y también el plan inglés para llevar agua dulce a la ciudad.

Tercera guerra hispano-francesa (1551-59)

Comenzó cuando Enrique II de Francia, que había sucedido a Francisco I al trono, declaró la guerra al emperador Carlos V con la intención de reconquistar Italia y asegurar la hegemonía francesa en los asuntos europeos.

El primer escenario del enfrentamiento fue Italia, donde el apoyo del Papa Pablo IV facilitó la entrada de tropas francesas para amenazar a los dominios españoles del Milanesado y sobre todo Nápoles. El tercer duque de Alba, que estaba al mando de los españoles, rechazó eficazmente a los invasores y aisló al Papa, hecho que le valió la excomunión a Felipe II. Para más detalles sobre la campaña en Italia ver el capítulo “Guerras italianas – octava guerra Italiana (1551-59)”.

Batalla de Renty (13 de agosto de 1554)

En el ámbito continental, Enrique II se alió con los príncipes protestantes alemanes en el tratado de Chambord en 1552. En una rápida ofensiva en Lorena, que fue un éxito, Enrique conquistó los tres obispados de Metz, Toul y Verdún.

El principal teatro de guerra en 1554 estaba en la frontera noreste de Francia. El año comenzó con una campaña francesa en el valle de Meuse, capturando Marienburgo y Dinant. Carlos V respondió construyendo nuevas fortalezas aguas abajo, alrededor de Lieja. Enrique II luego se dirigió al norte de Dinant para atacar a Namur.

Esta amenaza llevó a Carlos al campo por última vez. Esto obligó a los franceses a retirarse de Namur. A mediados de agosto, los dos ejércitos operaban en Pas-de-Calais. El ejército francés ataba dirigido por Anne, duque de Montmorency, condestable de Francia. También incluía a Francisco, duque de Guisa, uno de los comandantes militares franceses más exitosos de la época, y Gaspar de Coligny, almirante de Francia.

El 12 de agosto, los franceses comenzaron a asediar el castillo de Renty. En la madrugada del 13 de agosto, Carlos V respondió enviando a su vanguardia para capturar el bosque de Guillaume, un bosque que era clave en la posición francesa. El ataque imperial que fue con fuerzas de caballería, derrotó a la infantería francesa liderada por el duque de Guisa. Al principio retrocedió, pero después de reunir sus fuerzas pudo detener el ataque imperial.

Guisa no pudo aprovechar su ventaja, ya que los bosques ahora estaban llenos de arcabuceros imperiales. Colingy ahora jugó un papel en la batalla, llevando alrededor de 1.000-1.200 hombres al bosque y limpiándolo de arcabuceros.

Eso terminó la batalla, que fue calificada como una pequeña victoria francesa. Carlos se retiró de la zona, poniendo fin a su carrera militar activa. Envió un ejército en una incursión a Picardía, pero no lo acompañó. Más tarde en el mismo año, Carlos comenzó el proceso de abdicar de sus títulos, un proceso de dos años.

Ambas partes pudieron reclamar la victoria en Renty. Aunque los franceses habían ganado la pequeña batalla, unos días después decidieron levantar el sitio, por lo que las operaciones imperiales habían salvado el castillo.

Batalla de San Quintín (10 de agosto 1557)

Antecedentes

En la frontera entre Francia y Flandes se libraron los principales combates de esta contienda. Ruy Gómez de Silva logró reclutar 8.000 infantes y cuantiosos fondos para la guerra. Felipe II, por su parte, visitó Inglaterra para recibir ayuda de su segunda esposa, María I Tudor. Obtuvo de esta 9.000 libras y 7.000 hombres, que marcharon a Flandes bajo las órdenes de lord Pembroke, regresando Felipe II a Bruselas a principios de agosto. El ejército que llegó a concentrarse en la capital belga estaba compuesto por unos 7.000 españoles, flamencos e ingleses, y contaba con 5.000 jinetes y 80 piezas de artillería. El mando de este contingente se delegó a Manuel Filiberto, duque de Saboya, conocido como «Cabeza de Hierro”, fiel y firme aliado de España que años antes había pasado al servicio de Carlos I cuando el rey de Francia despojó a su familia del ducado saboyano.

La ofensiva se inició antes de que acabara ese mismo mes, con un movimiento de distracción estratégicamente planeado por Manuel Filiberto. El ejército imperial el 25 de julio se dirigió a Rocroi con ánimo de sitiarla, pero sus importantes defensas les hicieron desistir de comenzar un asedio, de modo que siguió merodeando dando la impresión de no saber que plaza atacar. A unos kilómetros, un ejército francés al mando de Anne de Montmorency, condestable de Francia seguía sus evoluciones, dispuesto a intervenir.
Tras levantar el sitio de Rocroi, siguió hasta Guisa a 75 km, en el intermedio hizo amago de sitiar varias ciudades, y acampó frente a Guisa, amenazando dicha plaza con un asedio. Lo que motivó que los franceses, que estaban reunidos en Attigny, a unos 100 km, y que marchaba por un itinerario paralelo, enviaran numerosos efectivos para defenderla.

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Batalla de San Quintín (1557). Movimiento de Fuerzas

El duque de Saboya estuvo cuatro días en Guisa, pero una noche, a principios de agosto ordenó al conde de Egmont (mano derecha del duque de Saboya) dirigirse con su caballería a cercar San Quintín a unos 35 km al oeste. La sorpresa era crucial para que el enemigo no pudiese introducir auxilios en la ciudad. Al amanecer se descubrió el engaño, se había logrado cercar una plaza con muy pocos defensores.

San Quintín era una ciudad muy fortificada al lado del río Somme con unos 8.000 habitantes, era la capital de Picardía y llave estratégica del norte de Francia. El lugar estaba guarnicionado solo por unos cientos de hombres al mando del capitán Grueil, pero entre el río, la laguna y las murallas aún tenía una poderosa defensa.

Entre el río y los pantanos había una zona de tierra, por la que se comunicaba la ciudad, llamado el arrabal de la Isla. El arrabal, situado en la orilla izquierda y era la única comunicación de San Quintín la orilla del río Somme. El paso era difícil y se hacía a través de un estrecho puente, llamado de Rou. Los españoles pensaron que una vez conquistada, su robusta fortificación impediría la llegada de refuerzos en auxilio de las tropas cercadas.

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Batalla de San Quintín (1557). Las fuerzas de Julián Romero tomaron la barriada exterior de San Quintín en los primeros instantes del asedio de la ciudad. Autor Ángel García Pinto

El ejército imperial contaba con 30.000 infantes y 12.000 jinetes y 80 piezas de artillería. Empezó el ataque el 2 de agosto, las compañías españolas comandadas por Julián Romero y Candolenet se apoderaron del arrabal situado al norte de la isla con gran determinación, estaba formado por unas cien casas y defendido por algunos fosos y baterías. La respuesta francesa fue enviar con prontitud extrema al almirante Gaspar de Coligny al mando de un contingente de socorro formado por apenas 500 hombres que logró introducirse en la ciudad durante la noche del 3 de agosto, el resto de la fuerza o se perdió o fueron muertos.

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Batalla de San Quintín (1557). Arcabuceros de Julián Romero tomaron la barriada exterior de San Quintín en los primeros instantes del asedio de la ciudad. Autor Ángel García Pinto

Tras este socorro de urgencia, a marchas forzadas, se aproximaba el ejército francés al completo, con unos 22.000 infantes, 8.000 jinetes y 18 cañones. Mandaban dicho ejército el condestable Anne de Montmorency (tío del almirante Coligny). En condestable envió al mariscal Saint André con 4.000 infantes mandados por el coronel Andelot (cuñado de Coligny) y 500 jinetes mandados por el duque de Enghien, para reforzar la guarnición. En la madrugada del 5 de agosto, caballería atacó por un punto alejado para distraer las fuerzas, mientras Andelot con la infantería debía cruzar los pantanos y entrar por el barrio de Pontoilles. Fueron interceptados por una emboscada capitaneada por el conde de Mansfeld, al servicio de Felipe II, que con 1.000 jinetes y 800 infantes españoles y 500 alemanes mandados por Navarrete, les causaron muchas bajas, siendo perseguidos por los jinetes.

Coligni al día siguiente hizo salir de la plaza a 700 personas, entre mujeres, niños y ancianos, dejando claro su determinación de aguantar hasta el último hombre.

Los españoles, una vez cercada la ciudad, comenzaron el bombardeo de sus murallas. La toma al asalto de la fortaleza de San Quintín corría prisa, ya que debía lograrse antes de que llegasen las tropas de socorro del condestable de Montmorency.

Mientras se aceraban los franceses, las tropas imperiales continuaban bombardeando y excavando minas en las murallas. Los imperiales consiguieron abrir una gran brecha tras la explosión de un almacén de pólvora adosado a la muralla, pero el fuego y el humo fueron tales que no dejaron a los sitiadores ver las posibilidades que la explosión les abría. Además, los sitiados repararon y mejoraron la muralla por aquel punto, pero de todas formas los defensores perdieron 40 hombres.

Montmorency adelantó unos 6.000 soldados para inspeccionar la situación en San Quintín. Los franceses se aproximaron a la orilla del río, pero el duque de Saboya, sin cambiar sus planes, continuó atacando la ciudad sin dar importancia a la presencia de las tropas francesas. La pasividad de las tropas españolas, fue interpretada por el comandante francés como debilidad de las fuerzas de Felipe II y que no parecían tan fuertes como se pensaba. De vuelta al campamento del condestable francés, una vez informado de la situación, Montmorency ordenó la reunión del ejército francés en la Fére.

El 10 de agosto de 1557, festividad de San Lorenzo, Montmorency decidió avanzar sobre la ciudad de San Quintín con la intención de que su vanguardia cruzara el Somne en barcas que había podido reunir e introducir en la plaza la mayor fuerza posible con víveres. Su plan consistía en reforzar rápidamente a los sitiados mientras el grueso del ejército francés se resguardaba temporalmente en el cercano bosque de Montescourt.

Una vez desplegado, el ejército francés inició un fuerte cañoneo contra el campamento español. Con la ayuda de cientos de barcas, como si fuera un desembarco, los soldados franceses intentaron cruzar el río Somme. Para asegurar la operación mandó ocupar un molino que había en las alturas de Gauchy, desde donde se dominaba el río Somme.

La operación de traslado tropas no fue sencillo y hubo numerosos problemas técnicos. El exceso de carga produjo numerosos abarrancamientos. El proceso fue muy lento y peligroso. Un grupo al mandado de Andelot, que logró cruzar con éxito el río, fue interceptado por arcabuceros españoles que apostados en la otra orilla del río dispararon a placer contra los enemigos. Fue una masacre total, resultando herido el propio Andelot; tan solamente 400 soldados consiguieron entrar en la ciudad sin armas y con la munición mojada, y el mismo general Andelot resultó herido.

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Batalla de San Quintín (1557). Sala de las Batallas del monasterio de El Escorial. Autor Fabrizio Castello

Desarrollo de la batalla

Mientras los franceses cruzaban el río, el flamenco Lamoral, conde de Egmont al mando de la caballería ligera flamenca, cruzó el río Somme más al norte del intento francés.

Los franceses no se enteraron del paso de la caballería española. Una vez en la otra orilla, se mantuvieron ocultos, tras una colina a la espera de su intervención.

El estratégico puente sobre el Somne era estrecho, pero no tanto como suponía el condestable, de manera que las tropas del duque de Saboya lograron cruzarlo en poco tiempo. Además, construyeron otro de barcas y tablones para permitir el cruce de más tropas, pronto establecieron una cabeza de puente al otro lado.

El general francés reaccionó rápidamente, ordenando el ataque de su caballería contra las fuerzas que habían cruzado el río. Los franceses habían caído en la trampa. En el momento que la caballería francesa con la infantería española, Egmont cargó con su caballería eficazmente por la retaguardia y el flanco de los confiados franceses. El condestable de Francia al verse rodeado por las tropas imperiales, ordenó la retirada de sus tropas. Primero lo hizo la artillería y los carros de bagajes, detrás la infantería y por último la caballería, se dirigían al refugio del bosque de Montescourt.

Una vez en el otro lado desplegó de la siguiente manera: el ala derecha, formada por soldados españoles y alemanes, estaba al mando de Alfonso de Cáceres. El centro del ejército estaba a las órdenes de Julián Romero, con españoles, borgoñones e ingleses. El ala izquierda estaba formada por el famoso y temido Tercio de Saboya bajo las órdenes del maestre de campo Alonso de Navarrete.

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Batalla de San Quintín (1557). Los herreruelos en acción. Llevaban varias pistolas, a la izquierda disparando a un infante a la derecha contra un gendarme. Autor Ángel García Pinto

Los franceses llevaban ya tres horas de marcha y tenían el bosque a la vista, descubrieron con horror que estaba ocupado por la caballería ligera imperial. Ante esta asfixiante situación, el condestable no tuvo más remedio que presentar allí mismo batalla, desplegando a sus hombres de la mejor manera posible. Montmorency se hizo cargo de la retaguardia para contener la vanguardia imperial, en ala derecha se situó Reingeve con los corazas negras, el resto del despliegue se desconoce.

El ejército imperial avanzaba en todo el frente. En el ala derecha se encontraba la caballería de Mansfeld y Horne y en el ala izquierda la caballería de Aremberg y Brunswick. Ambas alas cayeron con extrema violencia sobre el ejército francés, que además de ser inferior en número se vio ampliamente desbordado a causa de las constantes descargas de los arcabuceros españoles, que destrozaban sin parar sus filas. La carnicería fue tal que los 5.000 mercenarios alemanes de Reigreve se rindieron en masa, pidiendo cuartes, el resto de alemanes y gascones emprendieron la huida, dejando a la infantería francesa que se había situado en un alto habían formado cuadros, aguantando los ataques de la caballería. El duque de Saboya para no arriesgar las vidas de sus hombres, mando traer la artillería que abrió fuego implacable contra ellos. Montmorency viéndolo todo irremediablemente perdido, optó por una muerte honorable haciendo una carga suicida contra el enemigo sin demasiado éxito. Fue capturado por un soldado español de caballería llamado Pedro Merino y apodado «Sedano» por su procedencia (Pesquera de Ebro, en Burgos), que por este hecho recibió un premio de 10.000 ducados.

Secuelas de la batalla

Sumando a las bajas en combate la matanza de huidos, que fue muy considerable, se calcula que el ejército francés tuvo 10.000 muertos (6.500 infantes y 3.500 jinetes), resultando prisioneros otros 6.000 hombres y 2.000 heridos más. Entre estos destacaban casi un millar de nobles, incluyendo al propio Montmorency, entre los cuales se hallaban los duques de Montpensier y de Longueville, el príncipe de Mantua y el mariscal de Saint André. Fueron capturadas más de 50 banderas y toda la artillería. Los 5.000 mercenarios alemanes que se habían rendido fueron repatriados a cambio del juramento de no servir nuevamente bajo banderas francesas por un período de cuatro años, teniendo que pagar un rescate proporcional a su cargo. Las fuerzas imperiales apenas sufrieron unas 900 bajas entre muertos y heridos.

Al día siguiente 11 de agosto, recibió la noticia Felipe II que se encontraba en Cambray con 18.000 efectivos de refuerzo. Al conocer el resultado de San Quintín, Felipe II se mostró apenado por no haber estado presente como él quería e informó a toda su familia, escribiendo a su padre Carlos I, retirado ya a Yuste: «Y pues yo no me hallé allí, de que me pesa lo que Vuestra Majestad pueda pensar, no puedo dar relación de lo que pasó sino de oídas«. Decidió celebrar la victoria ordenando la construcción del Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial.

Conquista de San Quintín

Felipe II, no atendió la recomendación del duque de Saboya y finalmente decidió no avanzar hacia París, hasta no haber tomado la ciudad de San Quintín, que aún permanecía en manos francesas. A partir de entonces, se le conoció como el Rey Prudente.

Coligny sabía que su resistencia era muy importante para Francia. Su determinación frente a las tropas de Felipe II, inmovilizaba, ante sus murallas la 50.000 soldados imperiales. San Quintín se negaba a rendirse y con tan solo de 2.000 hombres.

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Batalla de San Quintín (1557). Izquierda: asalto a San Quintín por la infantería española. Derecha: Felipe II en San Quintín con su flamante armadura. Autor Ángel García Pinto

Los sitiados continuaron su resistencia hasta el 27 de agosto, cuando tras una dura preparación artillera simultánea sobre múltiples objetivos, la ciudad fue tomada al asalto por unidades, españolas, flamencas e inglesas. Las tropas imperiales capturaron también al almirante Coligny y a varios nobles más.

Antes del final, Coligny se había puesto sus mejores y más llamativos ropajes, engalanándose con joyas para ser reconocido y de esta manera salvar su vida. Al día siguiente, la ciudad fue incendiada, y el día 30 de agosto, Felipe II hizo su entrada triunfal en San Quintín.

A los pocos días , Felipe II regresó a Bruselas con su ejército. En San Quintín quedó una guarnición de 4.000 soldados alemanes al mando del conde de Abresfem.

Batalla de Gravelinas (13 de julio de 1558)

Antecedentes

Tras la brillante actuación de Manuel Filiberto de Saboya en la batalla de San Quintín, Enrique II de Francia preparó su desquite. Pidió ayuda naval al sultán otomano y alentó a los escoceses para invadir Inglaterra por el norte. Reclutó un nuevo ejército en la Picardía, que puso en manos de Luis Gonzaga, duque de Nevers, y otro ejército que para ponerlo bajo el mando del mejor general francés de la época, el duque de Guisa.

Lo primero que hizo fue llamar al duque de Guisa, que se encontraba operando en Italia contra el general español, el gran duque de Alba. Una vez en Francia le ordenó la conquista de Calais, la última posesión inglesa importante en el norte de Francia. Tras solo siete días de asedio, las tropas inglesas se rindieron y entregaron la ciudad a Guisa. La facilidad con la que se rindió la población, no en vano, ha hecho sospechar tradicionalmente a los historiadores que los defensores habían pactado entregar la ciudad con el único pretexto de desprestigiar a la reina María Tudor, que estaba casada con Felipe II y por ello aliada con España. Tras la conquista de Calais, dejó al señor de Termes como gobernador de la ciudad, y avanzó hacia la ciudad de Thionville (frontera de Flandes y Francia), ciudad que tomó el 22 de junio de 1558.

Mientras tanto el duque de Nevers inició una ofensiva de distracción contra los Países Bajos.

La pérdida de Calais dejó el flanco derecho, la costa de Flandes, a merced de los franceses. Fue entonces cuando ambos ejércitos pusieron sus ojos en Gravelinas, una posición clave en la entrada occidental a Flandes que fue rápidamente reforzada con tropas españolas y valonas. Mientras Guisa siguió atacando las posesiones inglesas en Francia y el duque de Nevers lanzaba nuevas acciones de distracción; el señor de Termes, gobernador de Calais, avanzó sin oposición al frente de 12.000 infantes (entre ellos 4.000 mercenarios gascones y 5.500 mercenarios alemanes), 1.200 jinetes ligeros, 500 gendarmes (caballería pesada) y 300 arcabuceros a caballo, y mucha artillería, por la costa arrasando las poblaciones que encontró en dirección a Flandes. Al toparse con Gravelinas (25 km de Calais), Termes ordenó en un primer momento asediar la plaza, pero, al percatarse de que estaba mejor defendida de lo esperado, se limitó a bloquear la ciudad con una pequeña fuerza y siguió avanzando con el grueso del ejército. Tras pasar el río Aa por su desembocadura, conquistó Dunkerque y Nieuport (actual Nieuwpoort en Bélgica, a 75 km de Calais), amenazando Brujas y Bruselas.

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Asedio de Gravelinas (1558). Vista del campo de batalla. Autor Pieter Snayers. Museo del Prado

Movimientos previos

Comprometido en diversos frentes, Felipe II levantó con los escasos recursos económicos todavía a su disposición un ejército a contrarreloj para hacer frente a la tercera incursión francesa. Manuel Filiberto de Saboya, vencedor de San Quintín, estaba ocupado siguiendo los movimientos del duque de Guisa, así que el mando del nuevo ejército recayó en Lamoral, conde Egmont, primo de Felipe II que había mandado la caballería ligera en la batalla de San Quintín. Sus efectivos eran 12.500 infantes (1.000 infantes españoles, 2.000 milicianos alistados en las localidades cercanas, 7.500 mercenarios alemanes y 2.000 infantes flamencos y valones) y 3.000 jinetes (500 herreruelos o jinetes con pistolas, 2.000 jinetes flamencos, 500 reiters alemanes). Las órdenes dadas a Egmont eran hostigar la retaguardia francesa evitando el enfrentamiento directo, ya que las fuerzas francesas se suponía que eran muy superiores.

Tras atacar Nieuport, las tropas francesas creyeron oportuno regresar sobre sus pasos, posiblemente se habían enterado de la llegada de Egmont. En parte por estimar que habían estirado mucho su línea de abastecimiento y, en parte, por la salud de Termes, que sufría de gota y estaba paralizado de las cuatro extremidades. Al enterarse de la retirada, el conde de Egmont abandonó los bagajes y las máquinas de guerra y se dirigió a marchas forzadas para cortar la retirada al francés.

Egmont se presentó en Gravelinas el 13 de julio de 1558. Sorprendido por la rapidez de la maniobra imperial, Termes no tuvo más remedio que presentar batalla, se encontraba con el río Aa a su espalda, el mar a su izquierda y su derecha totalmente atestada por la columna de bagajes de su propio ejército.

Despliegue inicial

Los franceses disponían de 10.000 infantes (4.000 gascones, 5.500 mercenarios alemanes), 2.000 jinetes (300 arcabuceros a caballo, 1.200 jinetes ligeros, 500 gendarmes) y 9 piezas de artillería (6 culebrinas y 3 falconetes). Desplegaron de en dos líneas de la siguiente manera:

  • Primera línea la caballería; en el centro situó los 500 gendarmes o caballería pesada, en los flancos la caballería ligera (800 en el izquierdo y 400 en el derecho) y en las alas los arcabuceros 150 en cada una, también intercaló la artillería.
  • Segunda línea la infantería: en el centro los 5.500 mercenarios alemanes; y 2.000 gascones en cada flanco.
  • Reserva 500 infantes y en el flanco izquierdo situó los carruajes para proteger el flanco.

Los imperiales incomprensiblemente desplegó de forma similar:

  • Primera línea la caballería: en el centro Egmont con 500 reiters, en los flancos los jinetes flamencos, (500 en cada flanco), ala izquierda 500 herreruelos, ala derecha 1.000 flamencos.
  • Segunda línea infantería: en el centro 4.500 mercenarios alemanes bajo el mando de Schuwendi, flanco izquierdo 3.000 mercenarios alemanes mandados por Mümchausen, flanco derecho 3.000 infantes españoles y valones mandados por Carvajal.
  • Reserva: 2.000 infantes milicianos, no desplegó artillería porque la había dejado atrás.
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Batalla de Gravelinas (1558). Despliegue inicial. Fuente www.unapicaenflandes.es/

Desarrollo de la batalla

Egmont en una acción poco meditada, posiblemente porque había empezado a recibir fuego de la artillería francesa, inició la batalla al frente de su caballería pesada cargando contra el centro francés, seguido del resto de la caballería imperial. La caballería ligera imperial de las alas (los herreruelos y lanceros) sufrieron grandes pérdidas y se retiraron detrás de la infantería. Mientras en el centro, la artillería francesa concentra sus fuegos contra Egmont, y los gendarmes franceses cargaron contra él, que se retiró tras la infantería imperial. Los gendarmes persiguieron a los jinetes imperiales. Termes viendo a toda la caballería imperial en fuga, mandó avanzar a la infantería. Los gendarmes chocaron contra la infantería imperial, los arcabuces acribillaron a la caballería francesa, causándoles numerosas bajas. La caballería francesa se retiró y chocó contra su propia infantería que avanzaba, creando desconcierto. Egmont ordenó avanzar a la infantería imperial.

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Batalla de Gravelinas (1558). El conde de Egmont al frente de la caballería pesada española. Autor Ángel García Pinto
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Batalla de Gravelinas (1558). Primeros movimientos. Fuente www.unapicaenflandes.es/

Una vez confrontadas las infanterías, la batalla pareció sumida en una lenta sangría sin que ninguno de los bandos fuera capaz de decidir el vencedor, sobre todo en las posiciones dominadas por los mercenarios alemanes, que se mostraron poco dispuestos a matarse entre sí. La contienda solo cambió de color cuando el capitán Luis de Carvajal, que mandaba el flanco derecho imperial, ordenó a una compañía de 200 arcabuceros colarse por el flanco enemigo con la intención de disparar desde la línea de carruajes que protegía el campamento francés. Los españoles abrieron fuego sobre la retaguardia francesa buscando poner en fuga al grueso de la infantería.

Pero el golpe de gracia a los franceses lo causaron los disparos de cañón de una flotilla, probablemente la flota guipuzcoana, aunque las fuentes anglosajonas defienden que eran barcos ingleses, que apareció por sorpresa en la retaguardia gala. Toda la línea enemiga se vino abajo y Egmont fue incapaz de frenar el sucesivo baño de sangre. Sin escapatoria y con el océano a la espalda, el número de bajas francesas fue muy elevado. La población local, afín al Imperio español, se recreó en la persecución con más de 7.000 muertos franceses, 3.000 fueron hechos prisioneros. Tan solo 1.500 hombres consiguieron huir, el resto yacía muerto o prisionero en el campo de batalla, el señor de Termes, fue hecho prisionero. Los franceses se vieron obligados a replegarse a sus fronteras. Los imperiales tuvieron 700 muertos y 1.000 heridos.

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Batalla de Gravelinas (1558). Jinetes imperiales hablando con lugareños tras la batalla. Autor José Daniel Cabrera Peña

Tras esta nueva derrota, que se sumaba a la de San Quintín, Enrique II de Francia se vio obligado a firmar la paz con Felipe II en la llamada paz de Cateau-Cambrésis en 1559. Fue precisamente a raíz de ese tratado que Felipe II contrajo matrimonio con Isabel de Valois, hija de Enrique, mientras que Manuel Filiberto hizo lo propio con Margarita de Valois, hermana del rey e hija de Francisco I de Francia.

Entrada creada originalmente por Arre caballo! el 2018-03-05. Última modificacion 2022-07-08.
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