Siglo XVIII Guerra de Sucesión Española II (1707-14) Guerra de Sucesión Española. Campañas en 1.709
Guerra de Sucesión Española. Campañas en 1.709

Negociaciones políticas

El ejército francés fallaba en sus abastecimientos, y los soldados pasaban hambre. Luis XIV se quedó la flota de Indias española de ese año para pagar las pérdidas. El invierno de 1.708-09 fue durísimo en Europa, y el hambre hizo que los pueblos pidieran la paz. Francia había tenido una muy mala cosecha en 1.708, unas heladas heladas muy duras en enero de 1.709 presagiaban otra mala cosecha ese año. Los aliados aprovecharon la situación de necesidad en Francia para atacar a los mercantes que se acercaban a los puertos franceses, y Francia comenzaba a pasar hambre. la guerra, el hambre, los altos impuestos, hicieron que la rebelión de los camisards (hugonotes descontentos con los impuestos de guerra) se agudizara.

Luis XIV sentía que Francia estaba agotada, y estaba dispuesto a abandonar la guerra en un momento en que los españoles estaban en condiciones de ganarla en España. La actitud de Luis XIV podía provocar que los borbónicos españoles perdiesen su guerra interna. Luis XIV envió a Felipe V unas condiciones de paz, y le llamó a París para discutirlas.

Luis XIV envió a Madrid a Felipe de Orleans para convencer a Felipe V y quedarse como rey de España en caso de que los aliados aceptasen la paz.

Luis XIV volvió a ofrecer la paz a Holanda, por tercera vez, en marzo de 1.709, enviando a Holanda a Rouillé, el cual ofrecía quitar a Felipe V de España, y darle a Holanda las plazas fronterizas que reclamaban. Esta oferta de Luis XIV significaba que aceptaba su derrota y que, en una situación de hambre en Francia, no estaba en condiciones de continuar la guerra. Luis XIV llegó a contemplar la división del país español, dejando Cataluña, Nápoles y Sicilia a Carlos de Habsburgo; y el resto de España y las Indias a Felipe de Orleans.

Felipe V se sintió ofendido por su abuelo, Luis XIV, quien estaba dispuesto a venderle, y se negó a viajar a París a recibir instrucciones del rey de Francia. Envió a Bergeyck a Holanda a negociar las condiciones de España. La situación provocó una ola de entusiasmo entre los españoles, e incluso el clero inició una cruzada a favor de Felipe V, que fue aceptado definitivamente como rey de España.

Conocidas las condiciones de paz que estaba negociando Francia en La Haya, Felipe de Orleans, tras dar varios escándalos en Madrid, se fue a Francia y dejó como representantes suyos a Flotte y a Regnault. Felipe V ordenó detener a estos franceses y encarcelarlos en el alcázar de Segovia. Una vez presos, confesaron todos los planes de Felipe de Orleans, entre los que estaban que él sería rey de España, pues se creía con más derechos que Felipe V para heredar España y se creía más capaz para gobernar que Felipe V. La Ursinos se posicionó con rapidez contra Orleans y fue uno de los pocos franceses aceptados por la opinión pública española.

Felipe V decidió hacer varios cambios en España: despidió a Michael Jean D’Amelot, el hombre de Luis XIV que venía gobernando España desde 1.705, puso a Luis Francisco de la Cerda y Aragón, duque de Medinaceli en Secretaría de Estado, y puso a Isidro Melchor de la Cueva marqués de Bedmar en Secretaría de Guerra. Envió al duque de Alba a La Haya y al conde Bergeyck para mostrar su total oposición a los repartos de España, Indias y Milán que allí se estaban pactando, con instrucciones de que no se hiciesen concesiones.

Luis XIV, una vez descubiertos sus planes, en lo que pensaba que eran negociaciones secretas, no sabía cómo excusarse, y manifestó que todo era cosa de Orleans y que él no había participado en el enredo. Incluso propuso procesar a Orleans, pero luego manifestó su incapacidad para hacerlo pues no podía juzgar un delito cometido en España. Y al final, la corte francesa decidió decir que los culpables de todo eran Flotte y Regnault.

En 2 de septiembre de 1.709, D’Amelot abandonó Madrid. Las tropas francesas habían recibido orden de retirada de España y la presencia francesa no era bien vista. Se marchaba el príncipe de Orleans y se llevaba buena parte del ejército francés para luchar en los Países Bajos.

Sólo dejaron guarniciones en Fuenterrabía, Pamplona y Vizcaya, un total de 25 batallones. Se fue el general Bezons y D’Asfeld. También se retiraba Noailles, quien había llegado desde Francia y había ocupado Gerona. Las tropas retiradas de España fueron puestas a las órdenes del mariscal Villars en los Países Bajos Españoles, donde se enfrentarían al duque de Malborough. Incluso el embajador de Francia en España, Blecourt, fue rebajado de categoría pasando a la de “enviado extraordinario”. Los franceses abandonaban el gobierno de España, pero se temía que abandonaban el apoyo a España por completo.

Campaña en la península Ibérica  en 1.709

Asedio de Alicante

Una vez tomada Denia, Asfeld tenía vía libre para sitiar Alicante. Las únicas esperanzas del gobernador Richards estaban en la flota, en esos momentos anclada en Mahón tras la conquista de la isla por los aliados, y en la resistencia que podía ofrecer desde el castillo al contar con víveres para seis meses. Tenía noticias de que siete galeones enemigos habían partido recientemente desde Cartagena para bloquear Alicante por mar y lanzar un ataque en cuanto llegaran las tropas de tierra. Pedía desesperadamente que, dada la falta de hombres, dinero, provisiones de guerra y víveres, se le enviara unos barcos de guerra para mantener la comunicación y liberarles cuando ya no pudieran defender Alicante.

Las tropas de D’Asfeld, un ejército de 14.000 hombres, 250 jinetes y numerosas piezas de artillería, aparecieron en Alicante el 30 de noviembre de 1.708. Las murallas de la ciudad eran incapaces de ofrecer una prolongada resistencia sin la pérdida de soldados y vecinos. Richards sólo podía contar con 700 soldados, 500 vecinos, y unos 1.200 milicianos más. Las trincheras levantadas por los ingleses cerrando el arrabal de San Francisco, eran débiles y además todavía no estaban finalizadas.

En cuanto al castillo, todavía no se habían finalizado las obras del revellín de la entrada norte, ni el aljibe, ni los cuarteles a prueba de bomba. Desde el interior, se habían colocando baterías en Altozano y el monte Tossal, resultaba cómodo al sitiador abrir brecha. Todo estaba perdido. Richards era consciente de que Galway y Stanhope habían decidido abandonar Denia y Alicante, seguramente para lograr otros objetivos en la táctica de la guerra. No habían dispuesto ningún socorro, a pesar de las múltiples solicitudes del gobernador, que veía sencillo desplazar los navíos anclados en Mahón para salvar Alicante.

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Asedio borbónico de Alicante 1.708-09. Plano del asedio

El 2 de diciembre las tropas borbónicas entraron por el norte por el barrio de San Antón, sin ni siquiera hacer uso de la artillería. Richards, desesperado por no haber sido socorrido entregó la plaza antes de que fuera minada la muralla. No tenía ningún sentido obligar a los vecinos a entregar su vida y perder soldados británicos en una empresa imposible. Firmó las capitulaciones con D’Asfeld y se retiró con todas sus tropas al castillo para iniciar una heroica resistencia. La ciudad de Alicante estaba en manos de las tropas de Felipe V.

Consciente de las deficiencias defensivas de Alicante, D’Asfeld situó dos baterías en la costa para repeler una posible llegada de barcos de guerra ingleses. Tres años atrás se habían presentado con la mayor flota que jamás hubiera batido una ciudad española, y los refuerzos llegados desde Cartagena eran insuficientes para disuadir a la armada británica de efectuar una contraofensiva, pero el escollo más relevante era cómo plantear la toma del castillo. No parecía plausible una traición similar a la que ejercieron los napolitanos dos años antes, pues las tropas de Richards eran leales. La reina Ana había dispuesto que la guarnición del castillo se hiciera en su totalidad con tropas británicas.

El castillo estaba situado en una inmejorable elevación natural, y el punto más fácil de acceso había sido reforzado aún más por los ingleses con la disposición de una falsabraga y un revellín bajo el baluarte de Santa Ana. A pesar de contar con una artillería insuficiente, los sitiados podrían ejercer una gran resistencia. El bloqueo podría resultar efectivo, ya que por tierra el control era pleno, y por mar se podría mantener la posesión de la plaza mediante una correcta ubicación de baterías en los posibles puntos de desembarco. El problema era que los sitiados tenían agua y alimentos para al menos seis meses. En tales circunstancias, D’Asfeld decidió acometer una empresa que resultaba del todo inusual en elevaciones como el Benacantil y sujeta sin duda a riesgo: una mina con la que destruir la parte noble del castillo y el aljibe principal. Contaría con algunos expertos mineros que sondearían la roca, y estimaba en tres meses el tiempo de ejecución del proyecto.

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Asedio borbónico de Alicante 1.708-09. Plano de las fortificaciones y castillo en 1.709. Biblioteca de Château de Vincennes

D’Asfeld ordenó iniciar los trabajos inmediatamente después de la toma de la ciudad. La empresa no resultaba fácil al comienzo, pero pronto se encontró una roca más blanda (tierra de greda) y se pudo avanzar con mayor celeridad en las excavaciones. Los defensores por su parte conocieron desde el inicio que se les estaba minando, e hicieron, conscientes del efecto que podría resultar, todo lo posible por retrasar al máximo los trabajos. Desde el brazo de comunicación del castillo con la muralla de la ciudad, hicieron unos parapetos desde los cuales pudieron arrojar granadas hacia las entradas de la mina. Pero la boca estaba muy bien escogida, y no era posible atacar a los minadores. Así que lo que hicieron fue disponer unas cadenas colgando desde el castillo mediante las que hacía descender granadas a la boca de la mina.

Más tarde, viendo que sus esfuerzos eran inútiles, hicieron una arriesgada salida por sorpresa. Bajaron 200 voluntarios a la boca de la mina y mataron a los centinelas y minadores en una lucha cuerpo a cuerpo. Según otra versión los granaderos huyeron y los hombres de Richards pudieron reconocer los trabajos de la mina. Bajo el fuego de los sitiadores hubieron de subir apresuradamente de vuelta al castillo.

El esfuerzo era inútil. La mina seguía avanzando. Richards, consciente de que el enemigo quería destruir el aljibe, pidió al capitán de ingenieros Pagez que elaborase un plan de contraminas. Éste decidió hacer unos pozos verticales desde la plataforma del Albacar Vell, junto a un antiguo edificio del siglo XVI, justo encima de la mina. Aseguraba que los efectos de la mina se reducirían notablemente con estos pozos. Podrían llegar además a la recámara de la mina. Al estar estos pozos situados por delante del aljibe, evitarían que pudiera sufrir rotura.

Además de la mina D’Asfeld estableció una serie de baterías para poder batir el castillo y defender la ciudad de un posible socorro por mar. Dirigió las obras el mariscal de Campo Pedro Ronquillo, que asumió el mando en ausencia de D’Asfeld.

Richards, conocedor de las dificultades a las que se enfrentaba, utilizó la estrategia de hacer creer al enemigo que, en caso de no recibir un socorro inmediato, capitularía en 15 días. El 15 de enero de 1.709 se presentaron cinco navíos procedentes de Mahón a las órdenes del almirante Byng. Consiguieron desmontar algunas baterías de costa, pero uno de los barcos fue alcanzado y hubieron de retirarse. Había sido una tímida ofensiva que no hizo sino desesperar todavía más a Richards.

La galería de la mina tenía tres brazos que finalizaban en una cámara donde se colocarían los explosivos.

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Asedio de Alicante 1708-09. Detalle de la mina. Biblioteca Château de Vincennes.

En esta ocasión tramó un ingenioso engaño. Hizo zarpar una corbeta inglesa desde Cartagena con tripulación y oficiales irlandeses, con bandera inglesa. El día 25 de febrero se aproximó al castillo de Alicante haciendo creer a Richards que procedía de Mahón. A lo lejos hicieron señas para intercambiar correspondencia. El general desestimó esa posibilidad, seguramente por sospechar que se trataba de una falsedad. Desde el barco le dijeron que traían órdenes para él y cartas para el Archiduque. Le transmitieron que no recibiría ningún socorro.

El 1 de marzo, se finalizó la mina, se se depositaron en el fondo de la galería 52,5 toneladas de pólvora en 1.200 barriles, y D’Asfeld invitó entonces a Richards a que enviara a sus ingenieros a examinar la mina, para convencerle de que capitulara sin necesidad de hacerla explotar, y le dio un plazo de cuatro días para decidirse. Con los galantes modales caballerescos de la época, los ingenieros ingleses bajaron del castillo, le echaron un vistazo al asunto y escucharon las solícitas explicaciones de los ingenieros franceses. Pero no quedaron demasiado impresionados. Regresaron junto a Richards y le aseguraron que la contramina podría desbaratar con seguridad los efectos de la explosión. La mina no era un peligro para el castillo.

En la madrugada del 4 de marzo explotaron la mina, la explosión fue espantosa. Richards, 12 de sus oficiales y 42 soldados desaparecieron tragados por los efectos de misma.

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Asedio de Alicante 1.708-09. Explosión de la mina el 4 de marzo de 1709. Biblioteca Château de Vincennes.

Tras la explosión de la mina no mejoraron las condiciones para el asalto, sino que se hicieron más dificultosas. Tenían víveres suficientes y el hospital intacto. Sin embargo, la cisterna del Albacar Vell había sido dañada, por lo que sólo quedaba agua para dos meses en el aljibe próximo a la falsabraga. Además continuaba la carencia de bóvedas a prueba de bomba para alojar la guarnición. En estas condiciones, el teniente coronel Albon, que había asumido el mando, decidió continuar con la resistencia a la espera de un socorro por mar. Y así aguantaría 43 días más.

Siguiendo las indicaciones de Richards, mantuvo algunos centinelas en el Macho para evitar un posible asalto por sorpresa, 30 hombres en el hospital y otros treinta detrás de la traversa de la forja del herrero. El resto de la guarnición se apostaría en la parte baja, en la falsabraga, que era el punto más probable de asalto de los borbónicos.

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Asedio de Alicante 1.708-09. Efectos de la explosión de la mina el 4 de marzo de 1709. Biblioteca Château de Vincennes.

D’Asfeld situó un cañón específico para batir la cisterna en la que los ingleses conservaban al agua, a la espalda del bastión o contraguardia que había hecho construir Richards hacia el norte. La gestión del agua había sido clave durante el asedio. Inicialmente los franceses colocaron una batería de seis cañones para batir dicha cisterna. Entonces, Richards había decidido transportar el agua hacia la cisterna más elevada, en la parte noble del castillo. Al ser minada esta cisterna, los ingleses hubieron de transportar rápidamente el agua de nuevo hacia el aljibe inferior que ellos mismos habían construido.

El 15 de abril se avistó una flota de 23 buques mayores, con refuerzos alemanes provenientes de Italia. Habían partido días antes de Mallorca. Los dirigían Byng y Stanhope y contaban con 3.400 hombres para intentar desembarcar. Era la última esperanza para Albon. Abrieron fuego contra las baterías de costa al día siguiente. Uno de los buques, el Dunkirk fue alcanzado y quedó fuera de combate. Pronto las olas obligaron a levantar anclas, y al día siguiente se desencadenó una borrasca.

Conociendo las baterías que había dispuesto D’Asfeld y ante las dificultades de la mar, pronto presentaron bandera blanca. El objetivo era llevarse la guarnición y dejar el castillo en manos francesas y españolas .

Se firmaron las capitulaciones el 18 de abril, y la guarnición inglesa de Albon, a la que sólo le quedaba agua para 18 días, salió del castillo con todos los honores militares dos días después; 500 soldados supervivientes embarcaron inicialmente hacia Mahón llevando consigo dos culebrinas, aunque debido a las inclemencias del tiempo no pudieron levar velas hasta el día 23, en que pudieron poner rumbo hacia Barcelona

Batalla de La Gudiñao de Caia (7 de mayo de 1.709)

Antecedentes

En 1.708, los británicos se encontraban en una situación desesperada. Apenas tenían presencia en el sudoeste de la península Ibérica y su peso e influencia en la guerra era poca o ninguna. Fue entonces cuando el conde de Galway realizó una petición formal a Londres solicitando refuerzos y Londres contestó mandando 25.000 hombres de los que aproximadamente 8.000 fueron enviados a Portugal bajo las órdenes de Galway y el resto a Cataluña.

En Portugal, Galway tuvo un enfrentamiento con el marqués de Fronteira para preparar su ataque conjunto contra los aliados borbónicos en España y avanzar hacia Madrid. Pero para ello, primero debían capturar la ciudad de Badajoz cercana a la frontera portuguesa. En el pasado el conde de Galway ya había intentado conquistar la ciudad hasta en dos ocasiones sin éxito, pero en esta ocasión no quería correr riesgos.

Sabiendo que los franceses había retirado sus tropas a causa de las derrotas sufridas por Luis XIV en su patria, su ejército anglo-portugués (compuesto por 20.000 portugueses y 8.000 británicos) atravesó la frontera cerca de la fortaleza de Campomayor en las proximidades de Badajoz. Mientras el enorme convoy de suministros atravesaba el río Caya los anglo-portugueses se encontraron en los campos de La Gudiña con la vanguardia de la caballería española.

Mientras Alexandre Maître, marqués de Bay, había de Badajoz y acampó en las cercanías el 18 de abril “para dar tiempo a que llegasen los víveres y granos que se conducían de Castilla a la ciudad de Mérida, cuando supo por un alférez enemigo prisionero en los últimos días de abril de la preparación portuguesa en Yelbes (Elvas) para dar batalla”. Además, dice más adelante: “nuestros partidarios vieron que los portugueses pusieron 7 puentesde barcas sobre el Caya”, y continúa relatando cómo en la noche del 6 de mayo,estando acampados a media legua de Badajoz, entre Elvas y Campo Maior,“mandó ensillar y armar toda la caballería para ir forrajear los trigos de Campo-Mayor, que ejecutó el día 7 de mayo al amanecer”, encontrándose con los portugueses, que también forrajeaban en el lugar.

El escenario de la batalla se ubica entre Badajoz, Elvas y Campo Maior, en el amplio espacio entre los ríos Caya y Gévora, una llanura de pastizales utilizado por la caballería para forrajear.

Despliegue de fuerzas

El ejército anglo-portugués disponía de 18.000 infantes encuadrados en 49 regimientos de infantería, 5.000 de caballería y 20 cañones. El ejército castellano disponía de 10.000 infantes en 24 regimientos y 6.000 jinetes en 16 regimientos, así como 16 cañones de corto calibre, recibiendo de Andalucía 4 regimientos de infantería y 3 de caballería. Los aliados eran muy superiores en número a los españoles.

Los anglo-portugueses que estaban acampados al otro lado del río Caya, cuando se enteraron de la llegada de los españoles, atravesaron el río por los 9 puentes que habían tendido, y desplegaron en orden de batalla. En el centro desplegaron las tropas del marqués de Fronteira, aunque sus hombres no llegaban a ver a la infantería española por lo que no sabían qué ocurría en el campo de batalla. En el flanco izquierdo la primera línea la mandaba el conde de San Juan y la segunda línea, con tres regimientos británicos, estaba bajo las órdenes del conde de Galway. De este modo buscaban alargar su flanco aprovechando su superioridad numérica y así desbordar el flanco opuesto del enemigo.

Los españoles desplegaron la caballería en las alas y la infantería en el centro, el ala derecha estaba mandada por el marqués de Aytona, y de Queilús, el ala izquierda mandada por el conde de Fiene, y Balthasar de Moscoso, el centro era mandado por el marqués de Bay.

La batalla

Tras varios ataques españoles realizados para atraer a las fuerzas anglo-portuguesas, Alexandre Maître, marqués de Bay, quien había posicionado la caballería española en el ala derecha, lanzó un ataque sobre las tropas portuguesas de la primera línea. La caballería española obligó a los portugueses a retirarse y aunque el conde de San Juan trató desesperadamente de reorganizar sus tropas le resultó imposible y fue capturado por la caballería junto a muchos de sus hombres y una batería de artillería.

El conde Galway entonces lanzó un ataque con tres regimientos para tratar de retomar la batería pero los dragones españoles desmontaron y entablaron combate contra ellos obligando a los ingleses a retirarse dentro de un edificio. Fue en ese momento cuando el conde de Galway montó en un caballo y huyó. Dos oficiales ingleses fueron capturados y los regimientos británicos prácticamente aniquilados.

La primera y segunda línea británico-portuguesa huyeron y el centro de la formación, sin caballería, también huyó antes incluso de que la caballería española llegara a su posición abandonando en su huida sobre el campo de batalla pertrechos, equipamiento y armas. Huyeron atravesando de nuevo el río Caya pero sin destruir los puentes a su paso. La caballería española los persiguió matando a unos 1.500 y capturando a unos 1.000.

Destacaron en la batalla los regimientos de Galindo (actual Montesa); el de Osuna (actual Numancia) que puso en fuga a la caballería inglesa; y Scheldon (Pavía), que cortó la retirada, obligó a rendirse a 3 regimientos ingleses.

Secuelas

El ejército conjunto anglo-portugués sufrió una severa derrota. En total, sus bajas ascendieron a unos 4.000 hombres de los que 1.700 resultaron muertos o heridos y unos 2.300 hechos prisioneros, siendo los ingleses quienes soportaron mayores perdidas contabilizándose entre los prisioneros 1.500 ingleses y 800 portugueses. En el otro bando, los españoles tan sólo perdieron 400 hombres y 100 jinetes entre muertos y heridos además de apresar 17 cañones, 15 estandartes, diverso equipamiento y varios oficiales de alto rango aunque el conde de Galway consiguió escapar por muy poco.

Los anglo-portugueses huyeron por el puente de Olivenza (de Ajuda), perseguidos por el marqués de Bay, retirándose hasta Juromenha. De Bay destruyó el puente de Ajuda para que no volviera a servir a los portugueses.

En 2 de septiembre de 1.709, D’Amelot abandonó Madrid. Las tropas francesas habían recibido orden de retirarse de España y la presencia francesa no era bien vista. Se marchó el príncipe de Orleans y se llevaba buena parte del ejército francés para luchar en los Países Bajos. Sólo dejaron guarniciones en Fuenterrabía, Pamplona y Vizcaya, un total de 25 batallones. Se fueron los generales Bezons y D’Asfeld.

Starhemberg tomó de repente a Balaguer encarcelando a los 3 batallones de guarnición, Bezons se retiró de España y envió algunas de sus tropas a Noailles, que todavía estaba cerca de la frontera. Con este refuerzo, Noailles entró en Cataluña desde el norte. La guarnición fuerte de Figueras que era de 300 jinetes y 600 soldados de infantería, se retiró ante su llegada, siendo muerta o capturada por su caballería. El objetivo de Noailles era tomar a Gerona y así presionar para que finalice la guerra en España antes de la siguiente campaña. Fue capaz de asaltar el campamento de caballería catalana bajo los muros de Gerona, pero no conquistó la ciudad y se retiró

Campaña en Flandes 1.709

Asedio de Tournai (26 de junio al 30 de julio de 1.709)

Marlborough no esperó la ruptura final de las negociaciones para salir de campaña, aunque la finalización tardía de la campaña de 1.708 y la primavera atrasada, que retrasó el crecimiento del forraje verde, impidió un comienzo temprano de la campaña en 1.709. El entusiasmo por la continuación de las operaciones fue más fuerte en Inglaterra que en Holanda o el Imperio, y el aumento de 25.000 hombres en las fuerzas de Marlborough se produjo principalmente como resultado del voto del parlamento inglés de aprobar 7.000.000 de libras para la campaña del año. A principios de mayo, Marlborough escribió: “Nuestras tropas nunca han estado en mejor orden ni las del enemigo en peor”.

Pero por una vez más, el Duque estaba subestimando a su enemigo. Aunque el ejército francés se había visto reducido a un estado casi de indigencia por la pobreza nacional y la severidad sin precedentes del invierno, habían encontrado en la misma adversidad un estímulo para un esfuerzo aún mayor.

Luis XIV aprovechó la dureza de los términos aliados para encender en su pueblo un ardiente patriotismo que se mostró con la determinación de seguir luchando. Sobre todo, dio el mando de su ejército principal al brillante mariscal Villars, a quien todos reconocieron como el hombre que había detenido a Marlborough en el Mosela en 1.705. Los soldados franceses confiaban en él como en ningún otro líder. Él vigorosamente se propuso mejorar las condiciones en su ejército, obteniendo para ello una prioridad en la asignación de alimentos disponibles. Los ricos siguieron el ejemplo del mariscal Boufflers al enviar su plato para que los soldados pudieran comer. Los campesinos acudían a los regimientos para evitar el hambre. A fines de junio, cuando comenzó la campaña, Villars tenía casi 90.000 hombres para oponerse a los 120.000 de Marlborough. Con esta fuerza, inferior en número y equipamiento y malnutrida (un regimiento recibió raciones completas solo en los días que marchó), el comisario francés no tenía muchas opciones sobre su línea de acción. Para detener el avance aliado en París y preservar su ejército (ya que, sin duda, Francia no podría levantar otro) debía adoptar tácticas defensivas y ejercer una precaución extrema.

Por lo tanto, construyó las líneas de La Bassée, un fuerte sistema de fortificaciones de campo de 60 km de largo, que se extiende desde un punto en el Lys al oeste de Béthune hasta el Scarpe en Douai. Esta posición bloqueaba el camino de los aliados hacia el sur desde Lille, al mismo tiempo que le proporcionaba a Villars una base desde la cual podía golpear de repente si surgía una ocasión favorable.

Cuando a mediados de junio, el consejo de guerra aliado en el cuartel general de Marlborough, entre Menin y Courtrai, discutía los planes para la siguiente campaña que tenían que decidir entre tres posibles líneas de acción. La opinión pública en Inglaterra clamó por una marcha directa a la capital francesa. Pero un examen de las líneas de La Bassée (al parecer Cadogan había realizado un reconocimiento personal, disfrazado de un campesino francés) había revelado su fortaleza, y se decidió por unanimidad que no sería factible un ataque frontal. Como alternativa, Marlborough, con la esperanza de revivir su esquema del año anterior, abogó por la captura de Yprés como un preliminar para las operaciones en la costa de Abbeville, y de allí a París. Eugenio, mirando hacia el flanco interior, favoreció un asalto en Tournai, en el Escalda, y fue apoyado por los líderes holandeses y alemanes en el consejo. El 24 de junio finalmente se decidió atacar a Tournai.

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Asedio de Tournai 1.709. Plano del asedio

Esta fortaleza era considerada como la más fuerte de Europa después de Lille, aunque mantenida por una guarnición muy reducida por debajo de sus normales, y considerablemente desaprovechada. Para ocultar su verdadera intención, Marlborough hizo preparativos ostentosos señalando un asalto al extremo occidental de las líneas de Villars o un asedio de Ypres, y agregó convicción a esta última posibilidad al mover el tren de asedio a la cercana Menin. Para enfrentar esta amenaza a su flanco izquierdo, Villars transfirió fuerzas desde su derecha, incluidos los batallones de la guarnición de Tournai. Luego, en la tarde del 26 de junio, todo el ejército de Marlborough comenzó a avanzar hacia el sudoeste como para atacar a La Bassée, pero después de marchar durante dos horas, giró bruscamente hacia la izquierda y se dirigió hacia el este. Como habían hecho en incursiones anteriores, las tropas marcharon toda la noche, sin darse haber sido informadas de su destino. Con la luz del día los encontraron a la vista de Tournai, y la inversión de la ciudad se completó con el anochecer. El tren de asedio hizo el largo viaje por el Lys de Menin a Gante y luego el Scheldt, llegando, a pesar de los intentos franceses de bloquear el último río, el 10 de julio.

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Asedio de Tournai 1.709. Vista del asedio

El mismo Marlborough dirigió las operaciones de asedio, con Eugenio al mando del ejército de cobertura hacia el suroeste. Los asaltantes sufrieron pesadamente por las operaciones mineras llevadas a cabo por la hambrienta guarnición, pero no por eso menos decidida, y muchas luchas subterráneas feroces tuvieron lugar cuando los zapadores aliados penetraron en las galerías que subyacen en las fortificaciones. El 30 de julio, la ciudad capituló, y después de cinco semanas más de amarga lucha fue tomada la ciudadela. El coste para los sitiadores había sido 5.000 bajas.

Batalla de Malplaquet (11 de septiembre de 1.709)

Movimientos previos

Con el principal ejército francés descansando a salvo detrás de la doble hilera de trincheras de las líneas de La Bassée, se podría esperar que las únicas operaciones que los aliados realizarían sería la reducción de más fortalezas, con la esperanza de debilitar aún más al enemigo. y apresurando su último colapso. Pero tal no era el caso. Mientras Tournai todavía estaba bajo asedio, el alto mando de ambos lados adoptó una actitud mucho más agresiva. Luis XIV relajó las rígidas restricciones impuestas anteriormente a Villars y le dio libertad para buscar un enfrentamiento campal. A Marlborough se le notificó el gran deseo de los representantes aliados en La Haya de que “deberíamos emprender algo importante”.

Si se debían emprender nuevos asedios, los aliados tenían que mirar hacia los flancos para buscar su próximo objetivo; las fortalezas del centro Béthune, Arras, Douai y Valenciennes estaban demasiado bien protegidas por las líneas de La Bassée; pero la captura de Yprés en el oeste o Condé o Mons en el este superaría las posiciones de Villars. La decisión cayó sobre Mons, ya que era la menos fuerte; también se esperaba que un movimiento aliado en esa dirección podría provocar que Villars saliera de su línea defensiva y provocar la batalla que Marlborough estaba buscando. Varios días antes de que Tournai cayera, el duque y Eugenio habían trasladado la mayor parte de sus fuerzas hacia el oeste a una posición frente a las líneas francesas frente a Douai, y desde allí envió secretamente a lord Orkney con un destacamento de 20 escuadrones y todos los granaderos en el ejército para apoderarse de San Ghislain, una pequeña fortaleza a 10 km al oeste de Mons que custodiaba la línea del Haine, uno de los afluentes del Escalda.

La caída de Tournai fue la señal para que las fuerzas principales se movieran. En la tarde del 3 de septiembre, una partida de 60 escuadrones y 4.000 infantes marchó hacia el este bajo el príncipe de Hesse-Cassel con órdenes de Marlborough para ayudar a Orkney a tomar a Saint Ghislain si no era demasiado fuerte. Detrás de ellos marchaba Cadogan con otros 40 escuadrones, seguidos por el resto del ejército aliado. En una marcha notablemente rápida a través de la lluvia torrencial, Hesse-Cassel llegó a Saint Ghislain, y supo por Orkney que estaba guarnecida con fuerza a lo largo de la orilla norte del Haine, para cruzar en Obourg, 5 km al este de Mons. En 56 horas había recorrido 85 km. Sin detenerse, giró a su derecha alrededor de las afueras del sur de la ciudad, pasó sin oposición a través de algunas líneas de defensa que iban al sureste desde Mons hasta el Sambre. y en la mañana del 6 de septiembre tomó una posición orientada hacia el oeste, la dirección desde la cual podía proceder cualquier movimiento de Villars. Temprano en el 7 de septiembre, el cuerpo principal de Marlborough siguió a lo largo del Haine, y al caer la noche se había unido a Hesse-Cassel al oeste de Mons.

La repentina llegada cogió a Villars completamente desprevenido. Decidido a salvar Mons, se apresuró con 30 escuadrones de dragones hacia el este en un intento de detener a Hesse-Cassel en las líneas de Sambre; pero llegaron demasiado tarde, los 3 regimientos que guarnicionaban la línea habían huido ante la aproximación aliada. Los dragones retrocedieron hasta Quiévrain, a unos 15 km al oeste de Mons, en la carretera de Valenciennes, para esperar la llegada del principal ejército francés, que Villars se apresuraba hacia el este por marchas forzadas. El mariscal llegó el 7 de septiembre con su caballería y, mientras esperaba la llegada de su infantería, pasó parte del día reconociendo en fuerza las posiciones aliadas. En la noche, llevó a su ejército a un punto a unos 5 km al este de Quiévrain.

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Batalla de Malplaquet 1.709. Marcha de la infantería francesa a la batalla. Autor Jean Anthoine Watteau
Preparativos para la batalla

La mañana del 8 de septiembre encontraron a los ejércitos a menos de 13 km de distancia, cada uno observando para ver qué podría hacer el otro. Toda la zona, desde Haine hasta Sambre, era bastante boscosa, y entre las fuerzas opuestas se extendía una amplia barrera forestal que un ejército podía pasar solo en dos lugares. La brecha del norte, llamada Trouée de Boussu, se extendía entre el Haine en Saint Ghislain y el bosque de Warquignies, que en su extremo sur se unieron en el Bois de Sars. La brecha del sur, la Trouée d’Aulnois, de 1,5 km de ancho, separaba el bosque de Sars del bosque de Lanières, que se extendía hacia el sur hacia el río Sambre. Para Villars, la ruta más corta a Mons se extendía por la brecha de Boussu. El día 8 la caballería del Duque se apoderó de los bordes delanteros de ambos huecos, y el reconocimiento del Trouée d’Aulnois el día 9 descubrió que el ejército francés se movía hacia el sur por el lado oeste de los bosques. Los escuadrones de caballería de escolta se enfrentaron vigorosamente con la vanguardia francesa, pero pronto fueron expulsados, y al mediodía Villars había ocupado la brecha de Aulnois en fuerza. Entonces tenía una ventaja decisiva sobre sus oponentes, ya que aunque Marlborough, al enterarse del cambio francés, inmediatamente había llevado a su propio ejército hacia el sur en un movimiento paralelo, las tropas de Eugenio, que habían estado cubriendo la brecha de Boussu, todavía estaban a 10 km del norte.

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Batalla de Malplaquet (11 de septiembre de 1.709). Línea defensiva de Villars

Villars se había jactado de enfrentarse en una batalla campal para evitar el asedio de Mons, pero en lugar de atacar el 9 de septiembre comenzó a atrincherarse. Tampoco los aliados atacaron ese día, los comandantes decidieron en un consejo de guerra esperar la llegada de Eugenio.

En la mañana del 10 de septiembre, Eugenio se unió a Marlborough, y sus fuerzas combinadas igualaban o superaban en número al enemigo.

El rápido crecimiento del sistema de atrincheramientos que los franceses estaban construyendo dejó en claro que Villars había decidido no arriesgarse una batalla campal, sino a una batalla defensiva. Se había reforzado con elaboradas fortificaciones de campaña. Marlborough no hizo ningún movimiento ofensivo ese día, a pesar de que el aplazamiento de la acción le daba a Villars un tiempo valioso para ampliar y mejorar aún más sus defensas. Pero había 19 batallones y 10 escuadrones bajo el mando del general Withers todavía en marcha desde Tournai, y se estimaba que su presencia superaría cualquier ventaja de la mejora defensiva de su oponente.

Villars, después de haber completado su línea principal de atrincheramientos, comenzó a trabajar en una posición alternativa a unos 700 metros a retaguardia, lo que le daría más espacio para el empleo de su caballería. Sin embargo, esta segunda línea no se completó a tiempo. Su formidable línea delantera siguía la de crestas que discurría entre los bosques de Lanières y Taisnières. Con el fin de proporcionar la máxima potencia de fuego, se ajustaba estrechamente a los contornos del terreno, un arreglo que resultó en una serie de salientes y entrantes decididamente ventajosos para los defensores. En el terreno abierto en el centro, la línea consistía en una fila triple de trincheras al lado del bosque del sur, extendida a la izquierda por una serie de nueve redans (salientes en forma de V, abiertas en la parte posterior con el fin de que no dieran cobertura al enemigo en caso de ser ocupados). Entre estos redans había huecos para el paso de la caballería de apoyo. En los bordes boscosos avanzados había una línea de atrincheramientos detrás de una línea de abatis (ramas de árboles) para dificultar el avance.

Estas defensas se concentraron en la mayor fuerza en el extremo norte de la línea, donde sobresalía casi 2 km para formar un saliente en ángulo recto alrededor de la linde del bosque Taisnières. Toda la formidable posición estaba apoyada por 80 cañones en numerosas baterías atrincheradas, la mayor de las cuales era una batería de cañón de 20 piezas en el centro derecho, a unos 500 metros del borde del bosque de Lanières.

Para defender esas defensas, Villars asignó 45 batallones al flanco derecho, para sujetar el bosque y los atrincheramientos adyacentes; en el centro derecho, junto a la batería de 20 cañones, colocó 17 batallones, que incluían a los famosos guardias franceses y suizos; en los redans del centro de la izquierda hasta el borde de Taisniéres había otros 17 batallones, entre ellos los de la brigada Irlandesa; y en el extremo izquierdo del propio bosque había un cuerpo de 23 de sus mejores regimientos bajo el señor de Albergotti, con otros 17 batallones en la reserva al oeste del bosque. La caballería, con 260 escuadrones, se agrupaba en la retaguardia del centro, justo en frente de la aldea de Malplaquet, que daría su nombre a la batalla. Villars confió el mando del flanco derecho a Boufflers, Asumiendo él el mando del flanco izquierdo.

Marlborough pasó algún tiempo del 10 investigando cuidadosamente las posiciones francesas y planeando su ataque. Completó la inversión de Mons y envió un destacamento de 18 batallones para asaltar a San Ghislain, que Villars había despojado de todos menos 200 hombres. Por lo tanto, aseguró una línea de retirada sin obstáculos a Tournai en caso de que la batalla saliera mal, y un medio de acercamiento acortado para Withers. El diseño del Duque para la batalla era similar a la que había usado en en las batallas de Blenheim y Ramillies. Haría que el enemigo debilitara su centro asaltando ambos flancos, y luego, tras perforar el centro con su infantería, enviaría a su caballería concentrada para el encuentro decisivo con el caballo enemigo en la retaguardia.

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Batalla de Malplaquet (11 de septiembre de 1.709). Despliegue de fuerzas. Autor John Fawkes

En la mañana del 11 de septiembre, se llevó a cabo el despliegue al amparo de una densa niebla. Poco después de las 06,00 horas, todos estaban en posición, el ejército de Marlborough (que incluía las fuerzas de los Estados Generales) desplegó en la izquierda y al centro, y las tropas imperiales de Eugenio a la derecha. El esfuerzo principal se realizaría en la derecha aliada, donde el amenazante saliente en el borde del Bois de Sars se vería sometido a ataques convergentes de dos fuerzas. El general Schulenberg con 36 de los batallones alemanes de Eugenio atacaría desde el noreste, obteniendo alguna ventaja enmascarado por los árboles, mientras que Lottum con 22 batallones de Prusia y Hannover de la derecha de Marlborough avanzaría hacia el centro francés y luego giraría a su derecha para atacar la cara sudeste del bosque. Para ayudar a asaltar esta fuerte posición, se había asentado una gran batería de 40 cañones durante la noche dentro del alcance del saliente. Otra batería de 28 cañones fue colocada enfrente del centro francés. Los restantes 32 cañones aliados fueron asignados como cañones de acompañamiento a la infantería.

El ataque de la izquierda contra el Bois de Lanières sería secundario al de la derecha y comenzaría media hora más tarde. Se haría desde las proximidades de la aldea de Aulnois por 30 batallones holandeses bajo el mando del conde Tilly y el príncipe de Orange (el veterano Overkirk había muerto fuera de Lille el otoño anterior). En el centro, el duque de Orkney, con 15 batallones británicos formaban a la derecha del pequeño bosque de Tiry, tenía como misión cubrir la izquierda de Lottum y, cuando el frente francés se hubiera debilitado lo suficiente, avanzaría para ocupar los redans enemigos. La caballería aliada, con 200 escuadrones, se agrupó en la retaguardia para esperar el momento de la carga decisiva, pero mientras tanto estaba lista para explotar cualquier éxito que la infantería pudiera obtener en cualquier parte del campo. Se asignó un papel especial al destacamento del general Withers, que había llegado de Tournai a última hora del día 10 y había acampado a 6 km al sur de Haine. Originalmente, se pretendía que las tropas de Withers apoyaran a los holandeses en la izquierda, pero en vista de su llegada tardía y la fatiga de su marcha de 56 km desde Tournai, hubo un cambio de plan a última hora, y se les mantuvo en la derecha aliada, de hecho fuera del orden principal de batalla. Su nueva tarea era avanzar a través o alrededor de la parte norte del bosque Sars, para girar hacia el flanco izquierdo francés.

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Batalla de Malplaquet (11 de septiembre de 1.709). Campamento de la infantería francesa antes de la batalla. Autor Jean Anthoine Watteau
La batalla

Justo antes de las 09,00 horas, una salva de fuego de toda la artillería aliada dio la señal para atacar. A la derecha, Schulenberg, con 20.000 alemanes marchando en tres líneas, se introdujo en el bosque, mientras que a la izquierda, los batallones de Lottum avanzaron en columna hacia el centro francés, para girar bruscamente a su derecha después de pasar la gran batería. Una amarga lucha pronto se desarrolló en el bosque de Taisnières. A pesar de los números superiores aliados (60 batallones asaltaron el saliente vital, que fue defendido por una cuarta parte de esa fuerza).

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Batalla de Malplaquet 1.709. Acciones de 09,00 a 10,00 horas

La primera línea de atacantes fue arrojada hacia atrás en la linde del bosque. La segunda y tercera línea avanzaron y superaron los atrincheramientos periféricos, pero a medida que se abrían paso hacia adentro fueron detenidas por las líneas sucesivas de las fortificaciones de Albergotti. Las bajas aliadas eran fuertes, ya que las líneas aliadas, desorganizadas por la dificultad del movimiento a través de los árboles, tuvieron que retroceder ante los vigorosos contraataques franceses. En este punto, Orkney, a propia iniciativa, separó a dos de sus propios batallones, el 1º de la Guardia (granaderos) y el Royal Scots, y los envió bajo el fuego de cobertura de la gran batería para ayudar a la infantería detenida de Lottum.

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Batalla de Malplaquet 1.709. Guardias a Pie. Autor Richard Simkin

Villars se preparó para contraatacar a Orkney con una docena de batallones desde su centro, pero canceló la carga cuando vio que Marlborough estaba dirigiendo la batalla desde una elevación detrás de la posición de Orkney, y rápidamente se puso a la cabeza de una gran fuerza de caballería para enfrentar la amenaza. Disputando amargamente cada palmo, los defensores del bosque de Sars fueron empujados hacia atrás gradualmente, y poco antes del mediodía, Schulenberg y Lottum ganaron la linde occidental y comenzaron a desplegar en los campos despejados. Durante la mañana, el general Withers había estado desempeñando su misión asignada, mientras que sus 10 escuadrones de caballería, aumentados por otros 10 liberados por el Príncipe Eugenio, avanzaban por el perímetro norte hasta el pueblo de La Folie, sus soldados de infantería habían avanzado constantemente a través del bosque.

Mientras tanto, las cosas habían ido mal para los aliados en el otro flanco. El avance inicial de la infantería holandesa se había detenido justo fuera del alcance de la artillería como estaba previsto. Luego, después de la pausa de media hora, el impetuoso y joven príncipe de Orange, sin esperar las órdenes de Tilly, había hecho avanzar su fuerza. Los batallones holandeses (incluidos dos regimientos escoceses al servicio holandés) superaron en número, avanzaron valientemente contra la derecha francesa: algunos atacaron las posiciones en el bosque de Lanières y otros atacaron las guarniciones de las fortalezas al aire libre. Sufrieron mucho bajo el fuego mortal de la batería de 20 cañones y las descargas de mosquetes que los acosaban desde el frente y de flanco. Sin embargo, cargaron contra la primera línea de trincheras en dos lugares antes de ser rechazados con pérdidas muy fuertes cuando Boufflers comenzó a tirar en sus reservas.

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Batalla de Malplaquet 1.709). Acciones de 11,00 a 12,00 horas

Los intentos subsiguientes fueron igualmente infructuosos, los atacantes sufrieron 5.000 bajas en media hora, entre ellos un gran número de la famosa Guardia Azul, orgullo del ejército holandés. Para cuando el príncipe de Hesse-Cassel con 20 escuadrones los había sacado de la batalla, los holandeses habían perdido más de la mitad de sus efectivos. Un comandante más osado que Boufflers podría haber explotado el éxito francés con un avance general de su ala derecha, lo que podría haber significado un desastre para los aliados; pero la oportunidad se perdió, y en poco tiempo Marlborough había restaurado su flanco izquierdo con reservas reunidas apresuradamente.

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Batalla de Malplaquet 1709. Lucha en la linde del bosque. Autor Louis Laguerre

Mientras los aliados estaban siendo rechazados en el extremo sur de su línea, Villars había estado completamente ocupado con su izquierda, donde ahora planeaba lanzar un contraataque a gran escala. Hasta este momento, su centro había sido atacado solo por disparos de artillería. Como Boufflers no necesitaba ningún refuerzo en la derecha, Villars trasladó hacia el norte una serie de unidades de infantería desde el centro, entre ellas la brigada Irlandesa exiliada. Este desvío de fuerzas era lo que Marlborough había estado esperando. Las tácticas tan exitosamente empleadas en la batalla de Blenheim habían funcionado nuevamente para darle la superioridad que necesitaba en el momento oportuno. Poco antes de las 13,00 horas, la gran batería de 40 cañones se movió hacia adelante, y los 13 batallones de Orkney cargaron contra el centro enemigo. Los pocos defensores que quedaban se pusieron rápidamente en fuga, se tomaron los redans y, a través de los huecos entre ellos, 30 escuadrones holandeses avanzaron para tomar el relevo en la batalla.

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Batalla de Malplaquet 1.709. Acciones de 12,00 a 13,00 horas

Formando rápidamente detrás de la línea francesa, cargaron contra la caballería enemiga en la retaguardia. La Casa del Rey, la flor de la caballería francesa, dirigida por el propio mariscal Boufflers, detuvo a los escuadrones holandeses y los hizo retroceder. Pero ahora la caballería británica y prusiana con Marlborough a la cabeza llegó a través de las líneas capturadas. Los franceses, ayudados por estar ya desplegados en la línea de batalla, lanzaron seis cargas sucesivas que dificultaron el despliegue de la caballería aliada.

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Batalla de Malplaquet 1.709. La infantería aliada abriendo paso a la caballería. Autor Louis Laguerre

Cada uno de esos contraataques sufrió mucho por la descarga de la infantería de Orkney desde las posiciones enemigas capturadas, y por el fuego de 10 cañones que se habían trasladado apresuradamente a la cresta. La caballería aliada, que incluía regimientos británicos famosos como los Grises Reales y los dragones de la Guardia del Rey, se formaron en orden y se lanzaron contra los franceses. Con la llegada de Eugenio y los escuadrones imperiales, había 30.000 jinetes aliados comprometidos, y durante más de una hora se libró una batalla de caballería mortal, la más feroz de toda la guerra, junto al pueblo de Malplaquet.

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Batalla de Malplaquet 1.709. Enfrentamientos entre las caballerías aliadas y francesa. Autor Richard Simkin

Mientras la situación al oeste del bosque de Taisnières, donde a lo largo de una 1,5 km de frente, ambos bandos pasaron más de una hora preparándose para nuevos encuentros. Estaban casi igualados en número, ya que el mariscal Villars había reforzado a los defensores del bosque con sus unidades de reserva y los batallones extraídos de su centro, de modo que en total unos 50 batallones franceses se enfrentaban a las fuerzas disminuidas de Schulenberg y Lottum.

La acción se inició con una repentina carga de 8 escuadrones franceses sobre la caballería de Withers, que estaban en el proceso de despliegue al norte de La Folie. La caballería aliada fue completamente derrotado, 6 escuadrones fueron destrozados. Animados por este éxito, los franceses lanzaron su contraataque, incluso cuando llegaron a Villars las noticias de que la infantería de Orkney estaba rompiendo sus debilitadas líneas en el centro. Desde el borde del bosque, la infantería aliada, dirigida personalmente por Eugenio, devolvió todos los contraataques.

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Batalla de Malplaquet 1.709). Acciones de 13,00 a 14,00 horas

Por un extraño giro del destino, el Real Regimiento Irlandés francés se enfrentó y fue rechazado por el 18º Royal Irish, bajo el mando de Withers. Las pérdidas en ambos lados fueron extremadamente elevadas. El propio Villars fue herido y retirado inconsciente del campo, Albergotti y el comandante del centro izquierdo fueron bajas al mismo tiempo. Con el mando francés quedó repentinamente desorganizado, un oficial canceló el contraataque y retiró los 50 batallones. Cuando comenzaba esta retirada de la izquierda francesa, Eugenio, sin tener en cuenta una herida de fusil en la cabeza, regresó rápidamente al centro, donde llegó a tiempo, para dirigir su caballería en las etapas finales de la batalla.

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Batalla de Malplaquet 1.709. Enfrentamientos de caballerías. Autor Richard Simkin

En el flanco sur, los aliados tenían el control total, el indomable príncipe de Orange, respaldado por la caballería de Hesse-Cassel, que finalmente había superado las posiciones francesas. Con sus dos alas en retirada, Boufflers, a quien había devuelto el orden en las líneas francesas, interrumpió la acción de la caballería poco antes de las 15,00 horas, dándose cuenta de que se había perdido el día. Ordenó una retirada general, siendo cubierto por una acción retardadora de su caballería. Pero la infantería y la caballería aliadas habían luchado demasiado duro ese día para participar en cualquier persecución. Unos cuantos escuadrones persiguieron al ala izquierda francesa hasta Quiévrain, sin perturbar gravemente su ordenada retirada. Las fuerzas aliadas principales exhaustas acamparon en el campo de batalla para enterrar a los muertos y comenzar a atender a los 15.000 heridos. Esa noche, Marlborough escribió una breve posdata de una carta que había escrito a la duquesa dos días antes. “Estoy tan cansado que tengo la fuerza suficiente para decirte que hemos tenido este día una batalla muy sangrienta; la primera parte del día golpeamos su infantería, y luego su caballería. Dios Todopoderoso sea alabado, ahora está en nuestros poderes tener la paz que queremos, y puedo estar bastante seguro de que nunca estaré en otra batalla”.

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Batalla de Malplaquet (11 de septiembre 1.709). Autor Henri Dupray
Secuelas

Las bajas aliadas sumaron cerca de 20.000, de las cuales los holandeses habían sufrido más de la mitad; las pérdidas francesas se estiman en cerca de 14.000. Villars escribió a Luis XIV: “Si Dios nos da otra derrota como esta, los enemigos de su Majestad serán destruidos”. Las bajas británicas fueron menos de 600 muertos y 1.300 heridos, una cifra considerablemente menor que en la batalla de Blenheim. Los holandeses no mostraron rencor por su gran proporción de bajas.

No había nada (excepto un período prolongado de mal tiempo) que impidiera el asedio de Mons, que se llevó a cabo como una especie de anticlímax de la batalla. El tren de asedio se adelantó en tres grandes convoyes por carretera desde Bruselas, y después de una considerable brecha en sus murallas, la fortaleza capituló el 20 de octubre. De los 2.000 soldados que formaban la guarnición, los franceses pudieron marchar hasta Maubeuge, y los españoles y bávaros a Namur. Con la rendición de Mons, se acabaron las fortalezas francesas en Flandes y Brabante.

Entrada creada originalmente por Arre caballo! el 2019-04-14. Última modificacion 2021-05-31.
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