Siglo XVIII Guerras Anglo-Españolas en el siglo XVIII (1.726-48) Guerra Anglo-Española 1.727-28 en las Indias
Guerra Anglo-Española 1.727-28 en las Indias

La Armada Real y la protección del comercio

Los intereses de las demás potencias se vieron amenazados por la nueva alianza española y constituyeron la alianza de Hannover el 3 de septiembre de 1.725 con Francia a Inglaterra, uniéndose más tarde Prusia, Holanda, Suecia y Dinamarca. Los intereses ingleses se centraron, como no podía ser de otra forma, en el comercio con América. Los abusos del “navío de permiso” eran cada vez mayores y comenzaron a hostilizarse las dos potencias capturándose los mercantes a la menor oportunidad. Inglaterra veía con malos ojos y preocupación el rearme naval español propiciado por José Patiño y su renovado interés por las colonias.

Era el momento de Inglaterra de asestar un duro golpe a la corona española en América, que no contaban con la ayuda francesa. Los ingleses comenzaron a preocuparse por la recuperación naval española después del descalabro de la batalla de cabo Passaro en 1.718, pero ni por asomo podía amedrentar las escasas unidades navales de la Armada Real. Los ingleses contaban en 1.726 con unos 120 navíos, aunque 54 de ellos estaban artillados con 50 cañones o menos, disponían de 5 navíos de 100 cañones, 9 de 90, 13 de 80, 23 de 70 y 16 de 60 a 64 cañones.

¿Qué podía oponer la Armada Real a esta impresionante fuerza?, solamente unos exiguos 25 navíos, a los que había que descontar los dos, casi inútiles, de la Armada del Mar del Sur y otros 10 artillados con menos de 60 cañones, algunos de solo 50 que eran clasificados como fragatas. Quedaban 13 navíos para cumplir todas las misiones, contando además que algunos estaban en puerto en periodo de alistamiento, reparando o carenando. Con estos pocos navíos se hizo frente a la amenaza inglesa en el Caribe, se protegió las flotas del comercio y las pocas bajas ocurridas durante esta corta guerra se produjeron por naufragio y no frente al enemigo. Mucho se ha hablado sobre la falta de victorias navales españolas, la inoperancia y falta de profesionalidad de sus mandos.

Mantener las vías de comunicación abiertas con América ya era una hazaña, teniendo en cuenta que cualquiera de las escuadras inglesas puestas en movimiento en esta guerra contaba con una fuerza equivalente o más de toda la Armada Real española, a pesar de la lógica pérdida económica habida cuenta del estado de guerra entre dos potencias por la captura de mercantes y retrasos en la llegada de mercancías y caudales a España. Los navíos españoles en 1.726 eran:

  • Armada del Sur: Concepción (50), Santísimo Sacramento (50), Peregrina (48) Águila Volante (32), Brillante (32).
  • Armada Barlovento: San Juan Bautista (60), Santa Rosa (56), El Retiro (54), Nuestra Señora de Begoña (30).
  • Otros: Estrella de Mar (80), San Felipe (80), Infante (70), Cambi (66), Catalán (66), San Carlos (66), San Luis (66), Conquistador (64), Lanfranco (62), San Fernando (62), San Antonio (60), Potencia/Blandón (58), San Lorenzo/Incendio (58), Rubí (54), Hermione (52), Paloma Indiana (52), San Francisco de Asís (52), San Francisco Javier (52) San José/Pingüe Volante (30), Nuestra Señora de Atocha (30), La Griega (30), Nuestra Señora de Aranzazu (30), Jardín de Tritón (20).

Pocos años después, la Armada Real española, con el impulso de José Patiño, había aumentado a 41 navíos en 1.731, muchos eran navíos pequeños o fragatas de dos puentes, crecimiento considerable en tan pocos años, pero todavía era un tercio de la marina inglesa.

Por aquellas fechas se encontraba en el Caribe la Flota de Nueva España mandada por el jefe de escuadra Antonio Serrano. Estaba compuesta por quince mercantes y tres buques de guerra, que habían zarpado de Cádiz el 15 de julio de 1.725. El 21 de septiembre de ese año habían llegado a Veracruz para celebrar la feria correspondiente.

El interés español por las colonias y la protección de su comercio había comenzado a despertar con José Patiño, desde mayo de 1.726 ministro de Marina e Indias por la caída de Riperdá. Los graves perjuicios que hacía a la corona el tráfico ilegal de mercancías, sobre todo por parte de ingleses y holandeses, obligó a enviar unidades navales desde la península para apoyar a la armada de Barlovento en el desarrollo de sus misiones, siendo una de ellas la protección del comercio. A raíz de los informes presentados por el teniente general Baltasar de Guevara a su regreso a España, escritos por el virrey José de Armendáriz, se acordaba el envío de los primeros navíos guardacostas. Con esta comisión zarpó de Cádiz a primeros de 1.725 la escuadra de Miguel de Sada y Antillón, conde de Clavijo, compuesta por los navíos Potencia (58), también llamado Blandón y San Lorenzo (58), alias Incendio y la fragata San José (30), alias Pingüe Volante. Se unieron a dos balandras y patrullaron la costa entre Cartagena de Indias y Portobelo.

Había una flota más en el Caribe. Había llegado a Cartagena de Indias el 17 de febrero de 1.724 y se trataba de la Flota de Galeones de Tierra Firme, que estaba al mando del jefe de escuadra Francisco Cornejo, que había tomado el mando al morir el marqués de Grillo. Contaba esta flota con 14 mercantes, escoltados a su llegada por los navíos Catalán (66) y Estrella de Mar/Sanguineto, además de la fragata San José (30), alias Pingüe Volante (era la misma fragata que al año siguiente se encontraba en la división de guardacostas de Clavijo).

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Navío de línea Catalán (1.719-31) en combate con el navío británico Mary. Autor Rafael Monleón

El 9 de abril de 1.726 zarpó de Plymouth la escuadra del vicealmirante Francis Hosier con destino a Jamaica para unirse a las unidades navales allí destinadas. Las órdenes del Almirantazgo era bloquear a los galeones españoles y si salían a la mar, capturarlos y llevarlos a Inglaterra. Izaba su insignia en el navío Breda (70) y contaba con una decena de navíos y varios menores. Al llegar a Jamaica, Hosier se convirtió en el comandante de la estación naval de Jamaica, y bloqueó en Portobelo a los mercantes de la flota española. Las peticiones de Hosier eran que se le entregase el navío de permiso, el Royal George, que se hallaba con los galeones de Francisco Cornejo, además de cuatro millones de pesos del producto de la feria. El comandante de la flota y demás autoridades estaban sobre aviso de la llegada de la escuadra inglesa y tenían órdenes de no provocar hostilidad, teniendo en cuenta que todavía no había comenzado la guerra entre las dos naciones. El navío de permiso fue entregado con la absurda idea de que los ingleses sería contentados y se marcharían, pero la escuadra inglesa se quedó en la boca del puerto bloqueando la salida de los galeones.

En represalia de estas hostilidades y la de los “pacíficos” comerciantes ingleses, había sido capturado en el puerto de Veracruz el navío de permiso inglés Prince Frederick con dos millones de pesos a bordo, además de otras muchas capturas de corsarios españoles.

Para contrarrestar el envío de las escuadras inglesas y reforzar la presencia naval española en el Caribe zarpa una española de Cádiz en 1.726, puesta al mando del teniente general Antonio Gaztañeta con los navíos Rubí (54) (insignia), Lanfranco (62), San Fernando (62) y San Luis (66). La travesía hasta La Habana fue bastante penosa, sufriendo muchos daños en la arboladura y aparejos. Esta escuadra debía regresar a España con la Flota de Nueva España y los caudales. Esta vez la escuadra española de Gaztañeta no obró igual que hace nueve años en las costas sicilianas, en esta ocasión se tomaron toda clase de precauciones.

Evoluciones de las escuadras

La travesía de las naves de Gaztañeta tuvo algunos contratiempos. Después de dejar atrás Puerto Rico, pasó por el lado norte de Santo Domingo, cuando comenzaron los temporales con fuertes vientos, llegando a Veracruz con los buques muy dañados. Se decide concentrar la escuadra en La Habana, que por su situación era el puerto desde el que se podía llegar con más facilidad a cualquier punto donde hubiese un ataque inglés. Dejando en Veracruz al Rubí (54) para realizarle las reparaciones necesarias, sale con los tres navíos hacia La Habana además del San Juan Bautista (60), capitana de la Armada de Barlovento. El navío Lanfranco (62) era ahora el navío insignia de Gaztañeta. A la llegada a La Habana se enteró de la presencia en las costas de Tierra Firme de la escuadra del vicealmirante Francis Hosier, con una fuerza muy superior a la suya. Gaztañeta sólo contaba en ese mes de octubre de 1.726 con cuatro navíos. Aunque posteriormente llegó de Veracruz Rodrigo de Torres con el navío Rubí (54) y varias unidades de la armada de Barlovento, no solucionaba su problema. Sus navíos estaban todavía dañados para poder enfrentarse a un combate naval con garantías.

También se encontraban en La Habana dos navíos botados, el Fuerte (60) y el Retiro (54), pero se encontraban en periodo de alistamiento tras su botadura. Decide quedarse en La Habana hasta pertrechar y equipar correctamente a la escuadra, mientras el Rubí (54)y la fragata San Francisco (26) salieron para repartir el situado al mando del capitán Rocher de la Peña. La escuadra inglesa se encargaría de bloquearles en puerto. En ese momento las unidades concentradas en La Habana eran Rubí (60), Lanfranco (62), San Luis (60), San Fernando (62), San Juan Bautista (60), Ntra. Sra. De Guadalupe/Fuerte (60); alistándose estaban San Jerónimo/Retiro (54), San Francisco (26), Volante (20) y las balandras Águila y Aránzazu.

El navío Rubí (60) y la fragata San Francisco (26), cumplida su comisión de repartir el situado, además de capturar dos navíos holandeses y un paquebote inglés, ponen rumbo a Veracruz, pero un error del piloto hace embarrancar a las dos naves al este de la isla de los Pinos a primeros de 1.727.

La escuadra de Antonio Gaztañeta esperó el momento oportuno y, sorteando la vigilancia de los navíos ingleses, fue a Cartagena de Indias, saliendo de nuevo con una valiosa carga de 18 millones de pesos rumbo a La Habana. Volvió a burlar a los ingleses, esta vez para dirigirse a Veracruz.

Zarpó rumbo a La Habana con 31 millones de pesos, escoltando a la flota de Antonio Serrano hasta La Habana. La flota del jefe de escuadra Serrano había quedado mermada con el incendio en la sonda de Campeche de su Capitana, el navío Cambi, el 9 de junio de 1.726. A Gaztañeta sólo le quedaba esperar el momento de zarpar de La Habana rumbo a España con los caudales y la flota sana y salva, pues esa, y no otra, era su principal misión. El momento llegó el 24 de enero de 1.727 cuando salieron de La Habana rumbo a Cádiz, sorteando a las escuadras inglesas del Caribe pero no a los temporales, a causa de los cuales naufragó el 27 de febrero al suroeste de la isla Flores, en las Azores, el mercante Nuestra Señora de las Angustias y San José, al mando del capitán Juan Hernández Arnal. Para prevenir un encuentro con la escuadra inglesa al acecho de Charles Wager o la de Hopson se dividieron en tres grupos, dirigidos por Rodrigo de Torres, Antonio Serrano y el propio Gaztañeta. Antonio Gaztañeta entró en Cádiz el 5 de marzo, mientras el resto de la flota llegó a La Coruña tres días más tarde. Durante la citada tormenta se extraviaron tres mercantes que se creyeron capturados por los ingleses, pero dos de ellos consiguieron llegar a las costas gallegas y otro al puerto de Lagos perseguido por navíos ingleses.

Como premio por haber traído flota, Gaztañeta vio aumentado su sueldo en mil ducados y una pensión para su hijo de 1.500 ducados, mientras que Antonio Serrano fue promovido al empleo de teniente general.

Mientras el inglés Hosier estaba bloqueando a la flota de galeones de Francisco Cornejo en Portobelo. Mientras esto ocurría una feria paralela se montó con las mercancías que llevaban buques ingleses y holandeses, siempre protegidos por los buques de guerra ingleses. El jefe de escuadra Francisco Cornejo tuvo que hacer grandes esfuerzos para mantener a sus naves en óptimas condiciones mientras vigilaba los movimientos de la escuadra inglesa. Con ocasión de un fuerte temporal partió de Portobelo sin ser visto y llegó a Cartagena de Indias. Al darse cuenta de lo ocurrido la escuadra inglesa zarpó inmediatamente para volver a bloquear a los españoles en Cartagena. Durante 1.727 el insalubre clima diezmó a las tripulaciones inglesas. Francis Hosier ya había perdido uno de sus navíos por naufragio y las enfermedades se llevaron a 4.000 de sus hombres entre los que se encontraba el propio Hosier, 10 capitanes y 50 tenientes, un auténtico desastre. El mando lo tomó el contralmirante Hopson que retiró la escuadra a Jamaica a primeros de 1.728, por órdenes del Almirantazgo. A este desastre se añadió el que varios de sus navíos tuvieron que ser desguazados por el mal estado en que se encontraban.

Mientras tanto, los navíos guardacostas del conde de Clavijo comenzaron su misión con éxito, desmantelando una red de contrabandistas holandeses hasta la llegada de la escuadra de Hosier y el comienzo del bloqueo de Portobelo a mediados de 1.726. Habían conseguido capturar varias embarcaciones inglesas y holandesas, entre ellas el pequeño navío holandés San Francisco, de 50 cañones, el mismo que había llegado a los mares del sur a principios de 1.726 con una flotilla de otras tres fragatas. Una de ellas, el San Luis, de 40 cañones, fue capturada por el corsario Santiago de Salaverría en Coquimbo. Poco pudieron hacer contra la escuadra inglesa salvo proteger a la flota de Cornejo si los ingleses se decidían a atacar. A primeros de mayo de 1.728 llegó a Cádiz el navío San Lorenzo/Incendio (58), al mando del capitán de navío Jacinto Ferrero Serrano, conde de Bena Maserano, con la fragata San José (30), para informar de la situación de la flota de Cornejo.

La escuadra de Manuel López Pintado

Estando ya la guerra a punto de acabar, por las conversaciones de paz del Prado de 6 de marzo de 1.728, se decidió mandar una escuadra a Cartagena de Indias para recoger y dar escolta a España a los galeones del jefe de escuadra Francisco Cornejo, decisión tomada por los informes enviados con el navío San Lorenzo/Incendio (58). Estaría al mando del también jefe de escuadra Manuel López Pintado y compuesta por cuatro navíos. La llegada de esta escuadra era conocida por las autoridades inglesas, lo que no sabían era que estaba preparada otra escuadra al mando de Domingo Justiniano con la aparente intención de ser enviada a Levante, pero su verdadero destino era unirse a la de López Pintado a la altura de Canarias y llegar juntos a Cartagena. Tal era la desconfianza en la palabra dada por los ingleses. Se sabía además que la escuadra del contralmirante Hopson, compuesta por 6 navíos, había sido enviada para sustituir al difunto Hosier y capturar a la flota de galeones que no supo o no pudo capturar su antecesor. Ya se les había escurrido la flota de Antonio Serrano y pretendían enmendar su error.

El 8 de mayo de 1.728 zarpó de Cádiz la escuadra de Manuel López Pintado y se componía de tres navíos y una fragata. Al mismo tiempo salió también de Cádiz la del mando del capitán de navío Domingo Justiniano. Estas dos escuadras, después de llevar rutas diferentes, se unieron a la altura de la isla de La Palma e hicieron juntas la travesía hacia Cartagena de Indias. Contaban con las siguientes unidades:

  • Escuadra de López Pintado: San Luis (66), San Fernando (62), Paloma Indiana (52), y la fragata San José (30).
  • Escuadra de Domingo Justiniano: Infante (70), San Antonio (60), San Carlos (66), e Incendio (58).

Llegaron a Cartagena de Indias el 9 de julio y ya no queda rastro de ninguna escuadra inglesa, uniéndose a la flota de galeones de Francisco Cornejo. Al poco de zarpar las unidades de López Pintado, salieron de Cádiz el 15 de mayo de 1.728 la flota de Azogues a cargo del jefe de escuadra Rodrigo de Torres con cuatro mercantes y dos navíos de guerra, el Retiro (54) y el Santa Rosa (56), llegando a Veracruz el 30 de julio. La Armada disponía ahora de 15 buques de guerra en el Caribe, muy superior a la escuadra enemiga, pero la guerra ya había acabado: fue una suerte para la escuadra inglesa anclada en Jamaica que los españoles no tuvieran por costumbre atacar sin previa declaración de guerra.

La flota de galeones de Francisco Cornejo llegó a Cádiz en febrero de 1.729, con la escolta de la escuadra de López Pintado, que al regreso estaba compuesta por los navíos San Luis, San Fernando, Infante, San Antonio, San Carlos y Potencia, además de la capitana y almiranta de la flota de Cornejo.

Consecuencias de la campaña en las Indias

El almirantazgo inglés debió de quedarse muy sorprendido ante el renacer de la armada española y de unos marinos que pocos años antes habían derrotado, aunque la batalla de cabo Pasaro no fuese una lucha “limpia”.

Ahí estaban otra vez, luchando los españoles por sus intereses en el mar. Actuaron en el Caribe, en la península, en el canal de la Mancha, y tan solo con un puñado de navíos y fragatas. Algunos navíos y marinos estuvieron en todas partes en un corto espacio de tiempo, dando la impresión de que la armada española disponía del doble de unidades de las que realmente tenía.

Aunque política y territorialmente esta guerra dejó las cosas como estaban, en el aspecto naval fue la confirmación de un resurgir de la armada española que había comenzado en 1.714. Solo había sido capturado un buque de guerra de entidad, la fragata Nuestra Señora del Rosario, cuando pretendía llegar a Cádiz el 11 de marzo de 1.726, por los navíos ingleses Canterbury y Royal Oak. El resto de unidades españolas perdidas en esta campaña fueron por naufragio en aguas americanas, los navíos Gran Princesa de los Cielos, Cambi y Rubí. En el ámbito político las cosas fueron bien distintas, siendo humillados hasta el punto de devolver el navío Prince Frederick y una indemnización por daños. La paz quedó asegurada por el tratado de Sevilla de 1.729. El único beneficio político español sería el apoyo inglés y francés a la política expansionista en Italia, que se desarrolló en la siguiente década.

Los ingleses habían conseguido retener Gibraltar, gracias al apoyo naval abrumador de la escuadra de Charles Wager pero no habían impedido que llegaran de América los caudales que tanto ansiaban poseer. El descontento del pueblo inglés por el desarrollo de los acontecimientos en las Indias hizo que se buscaran culpables, que no fue otro que el desgraciado Hosier, al que tacharon de falta de combatividad y resolución en capturar a los galeones del tesoro españoles. Quizás fue esta una de las razones de que en las posteriores guerras en el Caribe se enviaran escuadras muy superiores en número de unidades.

Aun así, algunos autores ingleses trataron de justificar el fracaso de su marina en las Indias haciendo creer que había órdenes expresas de no atacar a los buques de Antonio Gaztañeta, y que por esta razón y no otra, pudo llegar a la Península. Otro escritor como Campbell dice todo lo contrario, que las instrucciones dadas a los almirantes para apresar a los galeones eran justas y necesarias.

Entrada creada originalmente por Arre caballo! el 2020-02-22. Última modificacion 2021-08-10.
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