Edad Antigua Alto Imperio Romano Guerras de Augusto en Hispania (26-22 AC)

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El imperio ganado por Octavio, se extendía desde el Adriático al Éufrates, y desde el mar del Norte al desierto del Sahara. Para consolidarlo se necesitaba de dos cosas: Primero la pacificación interna y segundo el establecimiento de fronteras seguras.

Territorios conquistados por Augusto

Territorios conquistados por Augusto

Augustó empezó por occidente partiendo para Hispania en el 26 AC, con el fin de tomar el norte, y así librar legiones. En el 25 AC emprendió la tarea de ratificar la Galia, ocupando los pasos del Pequeño y Gran San Bernardo, ocupando el ápice de tierra aún sin conquistar, abriendo los pasos hacia la Galia Central y al río Rin superior, a continuación prosiguió por por el Tirol, Suiza y el sur de Babiera, llegando al Rin superior en el 15 AC.

 

Guerra contra los cántabros (36-31 AC)

Aunque hay noticias de combates en el norte de Hispania entre los años 36 al 31 AC, no tenemos constancia de qué pueblos estuvieron implicados en ellos, aunque probablemente fuesen los cántabros y astures. El inicio oficial de las hostilidades el año 29 AC, cuando el general Statilio Tauro, quien se enfrentó a cántabros, astures y vacceos, derrotándolos tras violentos choques. Fue un año agotador que terminó con los vacceos fuera de la guerra y con el resto de las tribus replegadas en sus santuarios de las montañas. Los romanos se apoderaron de Asturica (Astorga), capital de los astures, donde se establecieron una potente guarnición romana como vanguardia para futuras ofensivas. Statilio regresó a Roma para celebrar el triunfo, aunque ya se intuía que aquella guerra no había acabado.

Infantes cántabros

Infantes cántabros

En los dos años siguientes, se reanudan las hostilidades consiguiendo los romanos triunfos, pero estas victorias debieron ser más oficiales que reales, ya que los pueblos del Norte continuaban independientes; al menos, los cántabros, que, según los textos más antiguos, eran los más rebeldes. Ello motivó que el propio Augusto se trasladara a Hispania y al frente de los ejércitos iniciara la importante campaña del año 26 AC contra los cántabros.

Al año siguiente, los nativos bajaron de sus reductos y atacaron allá donde pudieron, hasta conseguir desestabilizar el frente. Por entonces el ejército romano estaba dirigido por el general Calvisio Sabino, quien se limitó a contener la ofensiva devolviendo los golpes siempre que pudo, sin que los romanos se atrevieran jamás a lanzar ataque alguno sobre las temidas montañas cántabras.
La situación era tan incómoda como sonrojante: un supuesto puñado de nativos tení­a en jaque al mejor ejército del mundo, y eso restaba crédito al flamante Imperio de Octavio.
Las victorias romanas debieron ser más oficiales que reales, ya que los pueblos del Norte continuaban independientes; al menos, los cántabros, que, según los textos más antiguos, eran los más rebeldes. Ello motivó que el propio Augusto se trasladara a Hispania y al frente de los ejércitos iniciara la importante campaña contra los cántabros.

Según el historiador romano Dión Casio la táctica de cántabros y astures consistía en una guerra de guerrillas, evitando la acometida directa sobre las fuerzas romanas conscientes de su inferioridad numérica, su inferior armamento y la invulnerabilidad táctica de las legiones romanas en campo abierto. Su mejor conocimiento de un territorio abrupto y montañoso les permitía ofensivas rápidas y sorpresivas mediante el uso de armas arrojadizas, con emboscadas y ataques de gran movilidad seguidos de un ágil repliegue, que causaban graves daños a las fuerzas romanas y a sus líneas de abastecimiento.

Iban provistos con espada pequeña, puñal, dardos o jabalinas, lanzas, escudos redondos u ovalados de madera, petos de cuero o lino, gorros de piel con tiras de nervios así como con la falcata ibérica y la bipennis, arma esta última que consistía en un hacha de doble filo claramente definitoria de los pueblos del norte de Hispania.

Jinete cántabro

Jinete cántabro

Los cántabros eran hábiles a la hora de montar a caballo como lo refleja el hecho de que algunas de sus tácticas de caballería pasasen a ser empleadas por el ejército romano tales como el circulus cantábricus, consistente en una formación de caballería en semicírculo, y el cantabricus impetus, ataque frontal y masivo contra las líneas enemigas con el fin de deshacerlas, descritas por Flavio Arriano. La caballería era muy importante para los cántabros, que se organizaban para luchar a pie y a caballo. Representaba el 20 o 25% de sus fuerzas, mientras que para los romanos era solo un 10 a 14% del total del ejército y poseía un papel secundario.

La población cántabra era de 160.000 a 200.000 personas, de  los cuales entre  40.000 a 50.000 eran guerreros.

A finales de 27 AC, Augusto desembarcó en Tarraco, ciudad que convirtió en su cuartel general, hacia el frente marcharon no menos de 70.000 legionarios integrantes de la legión I Augusta, II Augusta, III Macedónica, V Alaudae, VI Victrix, IX Hispania y X Gemina.

Se presentó en persona en Segisama (Sisamón, Burgos) e instaló allí su campamento. Instaló otros tres campamentos junto al río Esla (León y Zamora), con el fin de controlar a los astures.

Luego dividió al ejército en tres partes e hizo rodear toda Cantabria, encerrando a este pueblo feroz en una especia de red, como se hace con las fieras (…) Los astures, por este tiempo descendieron de sus nevadas montañas con un gran ejército (…) y se prepararon a atacar simultáneamente los tres campamentos romanos.

Augusto tomó el mando del ejército que constaba de 4 legiones (V Alaudae, VI Vicgtrix, IX Hispana y X Gémina), y la XX que sería transportada por mar, y 4 alas de caballería (Augusta, Parthorum, Cohors equitata IV Thracum, Thracum II Victrix) conformando una fuerza total de unos 50.000 hombres, la operación se denominó “Bellum Cantabricum” y avanzó contra los cántabros en tres columnas:

  • La oriental tenía por objeto separar a los cántabros de los y autrigones. Avanzó por el río Odra,  valle del río Ansón a Portus Samanum (Castro Urdiales).
  • La columna central ejercía el esfuerzo principal, fue mandada por el propio Augusto, avanzó por el río Pisuerga, para descender por los valles del Besaya y el Pas.
  • La occidental tenía como objeto aislar a los cántabros de los astures. Avanzó por el río Carrión, pasando  Guardo,  Liébana y el valle del Deva.

En la retaguardia se fueron estableciendo diferentes campamentos de aprovisionamiento, ya que los territorios cántabros no ofrecían la menor posibilidad de abastecer tan gran ejército. Se ordenó que se trajera trigo desde Aquitania. Paso a paso, aquella mole bélica fue avanzando dispuesta a resolver la guerra de una vez por todas.

La estancia de Augusto en Cantabria no debió ser afortunada. El cansancio, el desánimo de una guerra de guerrillas, la aspereza del terreno, la climatología, la enfermedad hicieron mella en el emperador. Los romanos avanzaban con lentitud dada la dificultad del enemigo que se refugiaba en sus castros, muy complicados de asaltar, teniendo que asaltar castro tras castro y valle tras valle.

Invasión romana del territorio de los cántabros

Invasión romana del territorio de los cántabros en tres columnas y desembarcos en el Cantábrico

Solo se tiene conocimiento de las operaciones de la columna central, en el 26 AC, Augusto avanzó desde Segisama a Pisorica (Herrera de Pisuerga) y tomó el castro de Peña Amaya, al asalto. Hay una cruenta batalla en la llanura de Vellica cercana al monte Cildá (Mave, Palencia) un gran ejército unido de cántabros y astures intentó expulsar al gran enemigo que había conseguido que dos naciones que vivían una continua guerra fría se uniesen en hermandad. Posiblemente trataron de romper las líneas romanas mediante un ataque en cuña, pero las legiones I  Augusta y la III Macedónica apoyadas por la IX Hispana consiguen después de un duro combate consiguieron derrotar a la confederación celta. Los supervivientes, se refugiaronn en  el castro de Monte Bernorio (cerca de Aguilar), y Octavio puso cerco al castro y entró en la ciudad que estos protegían y tras ver que no queda nadie con vida más que los niños y mujeres, que fueron esclavizados, ordenó quemarlo y convertirlo en cenizas.

Estas primeras victorias costaron numerosas bajas a los romanos, los cuales tuvieron que invernar en la zona sin obtener más victorias ni conquistas. A los rigores del invierno, se unió una plaga de ratas que sumada a las emboscadas cántabras acabaron con las reservas de grano de los romanos, teniendo que traer nuevas provisiones y refuerzos por mar desde Aquitania (Francia).

Se produjeron desembarcos en en Portus Blendium (Ría de Suances), en Portus Victoriae Iuliobrigensis (Santander), y en Portus Samanum (Castro Urdiales), que cogieron a los cántabros por la retaguardia.

Octavio puso precio de 25.000 sestercios a quién entregara la cabeza del líder cántabro Corocota, que estaba atacando con mucho éxito las líneas de aprovisionamiento de los romanos. Éste se presentó ante Augusto y reclamó la recompensa, Augusto le pagó y le dejó marchar con el dinero, siendo asesinado meses después por sus propios compañeros, posiblemente para robarle el dinero.

En el verano siguiente, (año 25 AC), los romanos se dedicaron a asediar el castro de Aracillum (actual Aradillos, en Poo, Cantabria), otro de los castros cántabros más importantes; el castro, que ofreció una resistencia heroica fue rodeado por tres campamentos y 20 km de empalizada, siendo tomado por Antistio, con 5 legiones. Los cántabros supervivientes se refugiaron en el Monte Vindio (que significa monte blanco, puede ser el Tres Mares, Picos de Europa,), era muy elevado, donde pensaban que “habían de subir las olas del mar antes que las armas de Roma“. Los romanos cercaron la sierra y casi todos los allí refugiados murieron en otoño por el hambre del asedio romano y el frío. Tras conseguir la victoria los romanos conquistaron el resto de la región.

La situación empezaba a crispar el ánimo de Augusto, los asuntos del Imperio reclamaban su presencia y la guerra definitiva que esperaba no terminaba de concluirse. El colmo fue un mal augurio que llegó a preocuparle. Al parecer, mientras el emperador era trasladado en parihuelas, un rayo fulminó a uno de los esclavos portadores. El susto del Emperador fue de tal magnitud que al poco abandonó el escenario de los combates para regresar con toda rapidez a Tarraco, donde se recuperaría a duras penas de la enfermedad y, sobre todo, de la impresión producida por aquel acontecimiento. Dejó la campaña en manos de su experto legado, Cayo Antistio Vetus.

Guerreros hispanos: Cántabro con bipennis (hacha de doble filo), astur y balear.

Guerreros hispanos: Cántabro con bipennis (hacha de doble filo), astur y balear.

Finalmente, en el 20 AC, los cántabros que habían sido sometidos y vendidos como esclavos, se rebelaron y tras matar a sus dueños, regresaron a las montañas arrasando todo a su paso.

Augusto, decidió acabar para siempre con las continuas sublevaciones y problemas causados por los cántabros y envió a Marco Agripa, el mejor general del imperio para pacificar la región definitivamente y a cualquier coste, ya que el prestigio del Emperador estaba en juego. Agripa llevó a cabo una dura campaña en la que no había piedad por parte de ninguno de los dos bandos. Se podían ver guerreros crucificados elevando al cielo cánticos de victoria, así como a mujeres, ancianos y niños suicidándose antes de ser capturados. Los historiadores nos cuentan escenas horripilantes como madres matando a toda su prole para luego quitarse la vida, mujeres que se asesinaban unas a otras para no ser vendidas como esclavas, padres que pasaban a cuchillo a todo su clan y luego se lanzaban a un desesperado combate final contra los romanos.

Esta forma de combate, salvaje y brutal, causó numerosas bajas entre los romanos e incluso la legión I perdió el título de ”Augusta” por huir del enemigo. Pero, finalmente los cántabros fueron derrotados, iniciándose a continuación una represión terrible y despiadada con la que los romanos querían evitar cualquier futuro conflicto: todos los varones cántabros en edad militar apresados fueron esclavizados en minas o crucificados, los castros fueron arrasados y el resto de la población será obligada a vivir en las llanuras.
En el 19 AC, el pueblo cántabro había sido sometido definitivamente tras numerosas batallas, revueltas y baños de sangre, pero su nombre nunca será olvidado por los romanos. Para evitar nuevos levantamientos, dejaron tres legiones para vigilarlos, pese a lo cual durante el reinado de Nerón (54-68 DC) hubo un conato de revuelta.

Las posteriores intervenciones militares de los cántabros, serían como auxiliares del Imperio Romano, llegando hasta Numidia, el Danubio, Palestina o Britania.

Guerra contra los astures

Las tribus del norte del río Duero eran llamadas astures por los romanos, ya que el rio principal de la región era el Astura (Esla).

En la primavera del año 25 AC había tres castra (campamentos de legionarios) instalados junto al ró Astura (Esla) posiblemente en Pentovanium (entre los ríos Tera y Eria), las Labradas y Chana (en la zona de Vidriales, Zamora). Las fuerzas romanas eran de tres legiones (VI, IX y V) más un ala y auxiliares, unos 30.000 hombres a los que se sumarán varias cohortes transportadas por mar.  Según Schulten la población astur era de unas 240.000 personas, de las cuales 80.000 a 100.000 serían capaces de luchar.

Guerreros astur y celtíberos. Álbum de la Infantería Española

Guerreros astur y guerreros celtíberos. Álbum de la Infantería Española

Los astures descendieron de los montes y se establecieron junto al Astura  para atacar a los campamentos de invierno romanos. Los habitantes de Brigaecio (la región de Benavente) contaron a Publio Carisio los planes de los astures. El legado acudió en ayuda de los campamentos descubriendo a los astures,  lanzando un ataque por su retaguardia. Los astures fueron derrotados con grandes pérdidas por ambos bandos. Los supervivientes se refugiaron en Lancia (actual Villasabariego) la ciudad más poderosa de los astures. Carisio puso sitio a la ciudad y esta se rindió por capitulación. Carisio quería conservar la ciudad, pero los legionarios la incendiaron y la arrasaron en represalia por las calamidades sufridas. Tras la victoria, Carisio sometió otras plazas fuertes de los astures.

Carisió decidió avanzar hacia el interior de Asturias posiblemente en dos columnas, una siguiendo el puerto de Pajares, por la ruta conocida como ”vía Carisa” y la otra el puerto de la Mesa que comunica la región de Babia con Asturias, apoyadas por desembarcos en Gigio (Gijón) para tomarlos por retaguardia. No existen testimonios históricos de los avances, los romanos encontrarían pequeñas emboscadas y tendrían que asaltar algún castro, ya que  el grueso de las fuerzas habría sucumbido en Lancia.

Después de las operaciones, Carisio licenció parte de los veteranos de las legiones V y X, fundando la ciudad de Emerita Augusta (Mérida).

En el 24 AC, los astures y cántabros conjuntamente ofrecen cereal a los romanos y tienden una emboscada a un ejército que iba a recogerlo, asesinando a todos los legionarios que deberían ser varias cohortes legionarias y auxiliares, pero Lucio Emilio y Carisio reaccionó con rapidez y contundencia, en poco tiempo arrasaron los campos indígenas,  destruyeron  poblados, ejecutaron o cortaron las manos a los guerreros destacados, esclavizó a los prisioneros, y obligó al resto de la población a abandonar los castros y vivir en el llano.

En el 23 AC, no hay noticias, es posible que los guerreros huidos hostigaran a los romanos en los bosques y montes.

En el 22, los astures, hartos de la crueldad de Carisio, se sublevan con apoyo de los cántabros cortan la vía Carisa y asedian el campamento romano de Monte Curriel, ocupado mayormente por tropas auxiliares, cercanos a los 5.000 hombres, se dispusieron a aguantar la cometida de unos 15.000 astures y cántabros, que con gran violencia masacraron a la guarnición entera, fue una gran victoria para los autóctonos, Furnio acudió en su ayuda y encontró a los astures asediando otro campamento romano, donde les derrotó en una batalla campal. Los astures ya no volverían a ser capaces de movilizar ninguna fuerza, pues a todos sus hombres en edad de combatir se les cortaron las manos, fueron crucificados o esclavizados, con la cual se acabó definitivamente la Guerra Astur.

Roma mantuvo tres legiones vigilando el norte de Hispania, la VI Victirx en Braga, la X Gémina en Rosinos de Vidriales (Zamora) y la V Macedónica en Herrera de Pisuerga (Palencia). En el año 68 DC fueron reemplazadas por la VII Gemina acuartelada en León, con cohortes y vexilationes en Galicia, Asturias y Cantabria.

 

Entrada creada originalmente por Arre caballo! el 2014-06-30. Última modificacion 2017-02-02.