Edad Antigua Alto Imperio Romano Rebelión de los bátavos (69-70)

La rebelión de los bátavos (batavii en latín, fue una revuelta que tuvo lugar en la provincia romana de Germania Inferior (cerca de los Países Bajos) entre los años 69 y 70. Se trataba de un levantamiento contra el dominio romano encabezado por los bátavos y otras tribus de la Germania y de la Galia, quienes estaban dirigidos por el príncipe heredero llamado Cayo Claudio conocido como Julio Civilis, un oficial de las tropas auxiliares. Durante la revuelta, que aprovechó la inestabilidad que se produjo en el imperio durante el año de los cuatro emperadores, los bátavos consiguieron derrotar a dos legiones romanas e infligir humillantes derrotas al ejército romano.

Antecedentes

Los bátavos eran parte de la tribo de los catos (chatti), que emigraron en el 50 AC a la región ubicada entre el Viejo Rin y el Waal, en una zona llamada “Betuwe”, que ellos llamaban “la Isla”, al ser la parte de tierra del delta entre los ríos. Su tierra, aunque potencialmente fértil, era incultivable en su mayor parte, puesto que consistía en gran parte en zonas pantanosas del delta del Rin. Por ello, la población que los bátavos podían mantener era pequeña, no mayor de unos 35.000 habitantes. Su capital era Noviomagus Batavodurum (Nijmegen).

Poblado bátavo

Poblado bátavo

Los bátavos eran principalmente guerreros y tenían gran habilidad para montar a caballo, eran buenos nadadores y también capaces en el manejo de naves, por lo que constituían una buena fuente en la que reclutar soldados. Donar era el principal de los dioses bátavos, siendo el equivalente a Thor en la cultura escandinava. El centro principal del culto de los bátavos se situaba cerca del actual Nijmegen, donde se construyeron dos templos dedicados a Donar. Se encontró otro templo cerca de Elst, en el centro de “La Isla”. Los bátavos solían cantar sus himnos de guerra en su nombre. Esos templos eran lugares abiertos, con solo una pequeña valla, puesto que los bátavos no creían apropiado limitar a sus dioses usando paredes y techos. También adoraban a Wodan que era similar al Mercurio de los romanos, así como un amplio repertorio de diosas.

Tácito escribió: “Los bátavos, posiblemente los más aguerridos de entre todas las tribus germanas, ocuparon la ribera y la Isla del Rhin. Solo eran una rama de los catos que a causa de una guerra civil emigraron a su actual asentamiento, viéndose destinados a formar parte del Imperio Romano. Pero todavía conservan un privilegio honorable, en recuerdo de su antigua alianza con nosotros. No están sujetos a la indignidad de tributar por la tierra según las leyes sobre recaudación de impuestos. Libres de tasas y reclutamientos especiales, preservados para las batallas, son, como las armas y las armaduras, para ser usados en combate“.

A cambio de un privilegio inusual de exención de impuestos (no debían pagar el tributum, un impuesto sobre la tierra y el ganado al que la mayoría de peregrini estaban obligados), proporcionaban un número desproporcionado de reclutas a las tropas auxiliares romanas de la dinastía Julio-Claudia, un ala y 8 cohortes equitatas.

Infante auxiliar bátavo. Izquierda Autor Johnny Shumate. Derecha auxiliar cohorte equitata I Batavorum curiosamente lleva un scutum semicircular autor Christos Giannopoulos.

Infante auxiliar bátavo. Izquierda Autor Johnny Shumate. Derecha auxiliar cohorte equitata I Batavorum curiosamente lleva un scutum semicircular autor Christos Giannopoulos.

También eran el pueblo del que procedía la mayor parte de la guardia personal de élite de Augusto (Germani corpore custodes), que continuó en servicio hasta el año 68. Las tropas auxiliares formadas por los bátavos llegaban a la cifra de 5.000 hombres, lo cual implica que durante la totalidad del periodo de la dinastía Julio-Claudia más del 50% de los bátavos varones que llegaban a la edad militar (16 años) pudieron haberse enrolado en los auxilia. También implica que los bátavos, aunque supusiesen un 0,05% de la población total del imperio en 23, aportaban el 4% del total de las tropas auxiliares, es decir, 80 veces la cuota proporcional. Los romanos les consideraban lo mejor de sus tropas auxiliares. Además, estando en servicio del Imperio Romano, habían perfeccionado una técnica única que les permitía nadar a través de los ríos a la vez que portaban la totalidad de su armadura y armamento.

Jinetes bátavos cruzando un río. Los bátavos eran buenos jinetes y buenos nadadores, Desarrollaron una técnica para nadar con el caballo y todo el equipo. Autor Peter Nuyte

Jinetes bátavos cruzando un río. Los bátavos eran buenos jinetes y buenos nadadores, desarrollaron una técnica para nadar con el caballo y todo el equipo. Autor Peter Nuyte

Julio Civilis era un príncipe hereditario de los bátavos y prefecto de una cohorte de bátavos auxiliares. Como veterano con 25 años de servicio militar a sus espaldas, se había distinguido en Britania, en dónde tanto él como las 8 cohortes de bátavos habían desempeñado un papel crucial tanto en la invasión romana del año 43 y la conquista posterior del sur de la isla.

Hacia el año 69, sin embargo, tanto Civilis como los regimientos de bátavos y el pueblo bátavo se encontraban enfrentadas a Roma. Después de que los regimientos de bátavos fuesen retirados de Britania en el año 66, Civilis y su hermano Julio Paulo que también era prefecto, fueron arrestados por el gobernador de Germania Inferior bajo la acusación de traición. Su hermano fue ejecutado, mientras que Civilis fue enviado a Roma encadenado para ser juzgado por Nerón. La diferencia de trato entre ellos podría indicar que su hermano era todavía un peregrino, mientras que Civilis, era un ciudadano romano que tenía derecho a que su caso fuese revisado por el emperador. Mientras Civilis estaba en prisión Nerón fue obligado a suicidarse, finalizando en ese momento el gobierno de la dinastía Julio-Claudia. Nerón fue reemplazado por Galba, que absolvió a Civilis y le permitió volver a casa.

De vuelta en Germania Inferior, fue nombrado prefecto de una cohorte de auxilia, pero cayó bajo sospecha de nuevo bajo el mando de Vitelio, parece que volvió a ser arrestado, instigado por sus propias legiones que querían que fuese castigado. Mientras tanto, Galba ordenó la disolución de la guardia personal del emperador, entre las que se encontraban varios cientos de soldados bátavos, lo cual fue percibido por los bátavos como un grave insulto. Al mismo tiempo colapsaron las relaciones entre las cohortes de bátavos y la legión a la que habían estado asignadas desde hacía 25 años, en los inicios de la invasión de Britania, la XIV Gemina, llegando su odio mutuo a provocar una lucha abierta al menos en dos ocasiones.

Sin embargo, y a comienzos todavía del año 69, Vitelio tomó la decisión de liberar a Civilis poco después de levantarse contra el poder de Otón, en un momento en que se encontraba necesitado del apoyo militar de los bátavos. Los regimientos auxiliares ayudaron a Vitelio a derrotar a Otón en la primera batalla de Bedriacum, tras lo cual se les ordenó retornar a sus hogares. Sin embargo, en ese momento se produjo el levantamiento de Vespasiano, por lo que gobernador viteliano en Germania Inferior ordenó reclutar más tropas de las que estaban estipuladas como máximo en el tratado entre los bátavos y Roma. La rudeza en que este edicto fue obligado a cumplirse, pues los ancianos se vieron obligados a pagar por ser eximidos de sus servicios militares, y la brutalidad con que los jóvenes fueron capturados, hicieron hervir el descontento ya existente entre la población local.

Levantamiento año 69

En el verano del año 69, Civilis era el comandante de las tropas auxiliares bátavas ubicadas con las legiones del Rin. De acuerdo a la antigua costumbre germánica, convocó un solemne encuentro nocturno en una arboleda sagrada, atrayendo con facilidad a los jefes bátavos por un juramento a la rebelión. También enviaron mensajeros para asegurarse el apoyo de los cananefates, otra tribu germánica que vivía en la misma isla. Se enviaron otros para pedir la fidelidad de las 8 cohortes bátavas que habían servido en Britania, estacionadas en Mogontiacum (actual Maguncia) como parte del ejército romano del Rin.

Conspiración de Julio Civilis

Conspiración de Julio Civilis

Era buen conocedor de las tácticas romanas, lo cual le dio ideas de cómo podría derrotarlas. Su primera acción fue crear un señuelo, induciendo una rebelión fuera de Batavia. Convenció a los cananefates para que se levantaran en armas bajo el mando de su jefe Brinno, atacando varios fuertes romanos incluyendo el de Traiectum (actual Utrecht), aprovechando que la mayoría de las tropas se encontraban en Italia luchando en la guerra civil, los romanos se encontraban con la guardia baja, por lo que Herdonio Flaco, comandante de las legiones del Rin, reaccionó enviando a las tropas auxiliares para hacerse con el control de la situación. El resultado fue un desastre para los romanos fueron derrotados en algún lugar al sur de la actual Arnhem. Mientras, la flota romana, que bajaba el río para cooperar con las legiones, fue desviada a la orilla por los remeros, muchos de los cuales eran bátavos, que se amotinaron contra los capitanes y centuriones. Los rebeldes capturaron en total 24 naves.

Los romanos fueron expulsados de toda la región situada a lo largo de los ríos Maas, Waal y Rin. La base de caballería de Kopse Hof fue el único campamento romano que no fue incendiado, lo que sugiere que los romanos fueron capaces de conservarlo, y que todavía controlaban el cruce del Waal cerca de Nijmegen (Nimega).

Flaco, resuelto a acabar con el problema, envió a su legado Mumio Luperco con las legiones V Alaudae y XV Primigenia acantonadas en Vétera para que acudiese al lugar para sofocar la rebelión. Junto con estas legiones acudieron también tres unidades auxiliares, una de ubios (Colonia), tréviros (Trier) y un ala de caballería bátava mandada por Claudio Labeón, un conocido enemigo de Civilis. A finales de agosto, ocuparon Insula Batavorum. En algún lugar, al norte de Nijmegen, se encontraron con el ejército bátavo.

Seguidores de Julio Civilis

Seguidores de Julio Civilis

Durante la batalla, que tuvo lugar cerca de Nijmagen, el ala bátava que se encontraba en el ala izquierda romana, se pasó al bando rebelde, atacando de flanco a las legiones romanas, en el otro flanco los auxiliares ubios y tréviros huyeron. El resultado fue otro desastre más para los romanos: Su ejército fue derrotado y las legiones se vieron obligadas a retirarse al campamento base de Castra Vetera (en la actual Xanten).

En ese momento los bátavos se encontraban en una situación de verdadera independencia, en la que habían ganado la iniciativa a los romanos. Incluso la rebelión en un principio fue apoyada por los flavianos, puesto que los propios rebeldes disfrazaron la rebelión como una sublevación exclusivamente contra el poder establecido de Vitelio. Sin embargo, con el paso del tiempo quedó patente que se trataba de una rebelión contra el Imperio, independientemente de quién ostentara el mando supremo.

Frontera romana en Germania Inferior año 70

Frontera romana en Germania Inferior año 70

 

Asedio de Castra Vetera año 69

En septiembre del año 69, Civilis consideró necesario destruir las dos legiones romanas, a pesar de que ello supondría un punto de no retorno en sus relaciones con Roma, ya que todavía contaba con el apoyo de los flavianos. Eligió bien el momento, con la guerra civil en su punto álgido, para evitar que Roma pudiese contraatacar de forma rápida y efectiva. Además, las 8 unidades auxiliares de bátavos que se encontraban con Vitelio estaban de camino a casa y podrían ser persuadidas fácilmente para que se unieran a la rebelión, fueron contactadas cuando estaban cruzando los Alpes. En su retorno se rebelaron y derrotaron a las fuerzas de Herenio Galo que acampaban en la actual Bonna (Bonn). Cuando se reunieron, las fuerzas de Civilis eran superiores en número a las tropas estacionadas en Mogontiacum (Maguncia) y Bonna (Bonn).

Cohorte equitata batavorum, hubo nueve a lo largo de la Historia

Cohorte equitata batavorum, hubo nueve a lo largo de la Historia

Civilis llamó a las armas a la nación completa de los bátavos, a quienes acompañaron los brúcteros y téncteros y envió mensajeros al interior de Germania para movilizar mas tribus. Los legados romanos Mumio Luperco y Numicio Rufo, mientras tanto, reforzaron las fortificaciones de Castra Vétera.

A finales de septiembre Civilis Civil marchó desde ambas orillas del Rin, bajando el mismo río con los barcos capturados a los romanos, y comenzó el asedio de Castra Vetera, el campamento en el que estaban instalados los 5.000 legionarios de la V Alaudae y la XV Primigenia. Se trataba de un campamento moderno, con muchas provisiones y bien defendido, con vallum construida con ladrillos de barro y madera, torres y una doble zanja. Después de varios intentos de tomar el campamento al asalto, Civilis optó por obligar a las legiones a rendirse por hambre.

Mientras tanto, Flaco decidió esperar al resultado de la guerra en Italia. No hacía mucho tiempo atrás las legiones del Rin habían sido castigadas por Galba por su actuación contra el rebelde Vindex, Civilis estaba haciendo una gran labor en favor de Vespasiano manteniendo a las dos legiones asediadas impidiendo que acudiesen en ayuda de Vitelio. Flaco y sus comandantes no quisieron arriesgarse a colocarse en una situación política incómoda ante el vencedor, por lo que prefirieron esperar a recibir instrucciones.

Sin embargo, llegaron las noticias de la derrota de Vitelio, y Civilis mantuvo el asedio, lo que dejó patente que no luchaba por ninguno de los bandos de la guerra civil, sino por la independencia de Batavia. Flaco comenzó a preparar un contraataque para rescatar a las legiones asediadas, reunió efectivos de las legiones I, XII y XVI bajo el mando de Cayo Dilio Vócula para romper el cerco. Civilis decidió atacar por sorpresa a las fuerzas de refuerzo antes de que se reunieran con los sitiados en Vetera. Sabía que si acababa con las tropas de refuerzo, podría tomar Vetera y extender la región rebelde. Roma tardaría medio año, al menos, antes de que se pudiese enviar un ejército, cruzando los Alpes, y el invierno estaba próximo.

El 1 de diciembre las tropas de Vócula se encontraban acampadas en Gelduba (Kefeld) a unos 40 km de la fortaleza sitiada. Las fuerzas bátavas mandadas por Julio Máxico y Claudio Victor con ocho regimientos de caballería atacaron súbitamente a los romanos, la caballería auxiliar romana no tuvo tiempo de reunirse, la infantería romana formó con las legiones en el centro y los auxiliares a los flancos, los bátavos atacaron a los flancos que se dieron a la fuga, dejando a los romanos con los flancos expuestos. El centro romano retrocedió contra la empalizada para proteger su retaguardia. La batalla se trasladó al interior del campamento, según Tácito llegaron refuerzos romano, una unidad auxiliar vasca que cargó por retaguardia El ejército romano ganó la batalla y acabó con la caballería bátava, pero sus propias pérdidas fueron enormes.

Legionarios romanos levantando un campamento fortificado, se puede observar el vallum compuesto de foso y terraplén coronado con pilum murale o empalizada de estacas o sudis. Se puede observar la tienda roja del centurión

Legionarios romanos levantando un campamento fortificado, se puede observar el vallum compuesto de foso y terraplén coronado con pilum murale o empalizada de estacas o sudis. Se puede observar la tienda roja del centurión

Sabiendo que los romanos acudirían en defensa de Castra Vetera, Civilis abandonó el asedio y amenazó con atacar Mogontiacum (actual Maguncia). Los romanos fueron engañados y acudieron a defender su principal base en Germania Inferior, recibiendo en ese lugar la noticia de la llegada al trono de Vespasiano. Flaco decidió celebrar la victoria con la entrega de una cantidad de dinero a los legionarios, pero éstos consideraron ese dinero una ofensa, puesto que esas legiones históricamente habían sido leales a Vitelio, su antiguo comandante. Flaco fue asesinado y su segundo al mando desertó, dejando al ejército en un estado de completa confusión. Vocula escapó del campamento, vestido con ropas de esclavo.

El asesinato de Flaco por parte de sus tropas, justo después de restablecer el orden en Bonna, Colonia Claudia Ara Agripinense, Novaesium y Castra Vetera, proporcionó a los vapuleados rebeldes un soplo de confianza. Civilis reinició el cerco a las Legiones V Alaudae y XV Primigenia estacionadas en Vetera, y tanto los lingones como los tréveros, tribus celtas romanizadas que vivían a lo largo del Mosel y el Alto Rin, decidieron sumarse a la rebelión.

Julio Sabino, líder de los tréveros, logró convencer a las legiones I Germanica y XVI Gallica para que se pasasen a su bando. Mientras tanto, en Castra Vetera la situación era ya desesperada. Las provisiones se habían agotado y los legionarios se veían obligados a comerse a las mulas y a los caballos para sobrevivir. Munio Luperco, comandante de las tropas romanas, decidió finalmente rendirse ante la ausencia de expectativas de ser liberados.

Asedio bátavo a Castra Vetera año 69 durante la rebelión bátava. Tras rechazar los asaltos iniciales, las legiones V Alaudae y la XV Primigenia son sitiadas y tuvieron que rendirse al acabarse las provisiones y no recibir ayuda exterior.

Asedio bátavo a Castra Vetera año 69 durante la rebelión bátava. Tras rechazar los asaltos iniciales, las legiones V Alaudae y la XV Primigenia son sitiadas y tuvieron que rendirse al acabarse las provisiones y no recibir ayuda exterior.

Las legiones recibieron la promesa de un salvo conducto si dejaban el campamento al saqueo de los rebeldes, que tomaron todas las armas, material de artillería y metales preciosos que había. Las legiones marcharon fuera del campamento, pero a tan sólo unos pocos kilómetros de distancia fueron emboscadas por tropas germánicas y destruidas. El comandante y los oficiales principales fueron esclavizados y entregados como regalo a Veleda, la profetisa que predijo el alzamiento de los bátavos.

Tras este éxito, Civilis marchó hacia Colonia Agrippina (Colonia) y estableció ahí su campamento. Los siguientes meses los invirtió en convencer a otras tribus del norte de la Galia y de Germania para que se uniesen a la rebelión.

Reacción romana

Llegado a este punto, la rebelión en Germania suponía ya una verdadera amenaza para el Imperio. Se habían perdido dos legiones y otras dos (I Germanica y XVI Gallica) se habían pasado al bando rebelde. La situación debía abortarse cuanto antes.

Tan pronto como Vespasiano tomó las riendas del Imperio con Italia decidió actuar. Nombró a Quinto Petilio Cerial como comandante del ejército encargado de sofocar la rebelión y, para reducir los riesgos de una derrota, reunió un inmenso ejército para enviarlo a la zona. Las legiones VIII Augusta, XI Claudia, XIII Gemina, XXI Rapax y II Adiutrix (recién reclutada) fueron enviadas inmediatamente a Germania. Al mismo tiempo, fueron llamadas para que acudiesen desde Hispania las legiones I Adiutrix y VI Victrix y desde Britania la XIV Gemina. La mayor parte de estas legiones fueron desplegadas para pacificar otras zonas de la Galia y Germania Superior, a la vez que aseguraban la frontera del Rin. No obstante, el ejército comandado por Cerial seguía siendo inmenso, y suponía una seria amenaza para los rebeldes.

El ejército cruzó los Alpes sin mayores problemas y se asentó en la Germania Inferior, aprovechando el campamento abandonado de Vindonissa. Para evitar sorpresas, Petilio Cerial avanzó enviando la legión XXI Rapax en vanguardia, seguida del resto del ejército.

Batalla del río Nava año 70

El primer encuentro militar tuvo lugar precisamente entre esa legión y las tropas dirigidas por el trévero Julio Tutor. Entre sus tropas había algunos legionarios que habían desertado durante la rebelión y que, en un principio, ayudaron a los rebeldes en su lucha contra la XXI. Poco más tarde, al enterarse de la llegada del grueso del ejército, decidieron volver a desertar y pasarse a los romanos, arrastrando con su actitud a algunas tribus rebeldes. Ante esa deserción, Tutor se retiró más al norte, pero sería derrotado por las tropas de la XXI en un ataque sorpresa en el río Nava (actual Gian, en Alemania). Su derrota provocó que la tribu de los tréveros y la provincia de la Gallia Bélgica volvieran su lealtad de nuevo a Roma, y que la práctica totalidad de legionarios que desertaron durante la sublevación juraran lealtad a Vespasiano.

Batalla de Rigodulum año 70

Además, con esa victoria, Petilio Cerial dejó completamente despejado el camino hacia Germania Superior y en mayo del 70, avanzó hasta Moguntiacum, donde se reunió con las legiones III Macedonica y XXII Primigenia y algunas unidades galas reclutadas de forma precipitada durante la revuelta, a las que Cerial licenció. Desde Mongotiacum, Petilio Cerial se dirigió directamente contra un gran contingente de tréveros dirigidos por Julio Valentino y Julio Tutor en Rigodulum (posiblemente, la actual Riol). Tras un ataque frontal contra la posición fortificada del enemigo, Petilio Cerial derrotó completamente a los rebeldes, capturando a Valentino y a algunos de sus oficiales. Al día siguiente, Cerialis entró en Trier, donde se encontró con los legionarios de la I Germanica y de la XVI Gallica, que en su día habían desertado, perdonándolos de forma oficial para asegurarse la disponibilidad de esos veteranos de cara a la reconquista de la región. Cerial capturó Augusta Treverorum (la actual Tréveris), patria de muchos de los líderes rebeldes y posición estratégica que dominaba las principales rutas de la región. Por último, en una asamblea, dirigió un discurso pacificador hacia los tréveros y los lingones, que se sintieron aliviados al ver que no iban a caer sobre ellos las esperadas represalias por su rebelión.

Batalla de Augusta Treverorumaño 70

Los rebeldes se encontraban divididos: Civilis defendía una estrategia consistente en esperar a los refuerzos prometidos por los germanos transrenanos, mientras que Clasico y Tutor eran partidarios de atacar cuanto antes, con el fin de evitar que los romanos pudiesen reforzarse con tropas provenientes de Britania e Hispania. Prevalecieron estos últimos, y se organizo un ataque nocturno contra el campamento romano de Augusta Treverorum. La noche del 7 al 8 de junio con luna nueva, realizaron el ataque, la sorpresa fue completa, hasta el punto de que Cerialis no se encontraba en el campamento sino en la ciudad. Fue avisado por mensajeros y retornó para encontrarse el campamento invadido y que el puente que lo comunicaba con Augusta Treverorum había sido tomado. Reunió los hombres que pudo y se lanzó de forma temeraria contra los germanos del puente encontrándose una situación desesperada. Increpó a los soldados legionarios que huían hasta que reaccionaron y comenzaron a formar contubernios y centurias para contener el avance enemigo. Por su parte el enemigo frenó su empuje inicial, dado que los soldados habían comenzado a preocuparse más por el botín que por la lucha, permitiendo con ello que la XXI Rapax estableciese una sólida formación de combate con la que comenzó a hacer retroceder a los germanos. Consiguieron primero la retirada de los rebeldes, luego su huida, y finalmente tomaron su campamento y lo arrasaron, resultando una brillante victoria romana, aunque los jefes rebeldes pudieron escapar.

Cerialis se dirigió al norte, a la Colonia Agrippina (la actual Colonia), en donde los habitantes se habían visto obligados a pasarse al bando rebelde contra su voluntad. Tras la victoria romana en Augusta Treverorum, mataron a los germanos que había en la ciudad capturando a la esposa y a la hermana de Civilis y a la hija de Clasico. También capturaron a un contingente de infantería germana de caucos y frisios.

Batalla de Vétera año 70

Civilis se fue batiendo en retirada hacia el norte, a la vez que recibía refuerzos procedentes de la Germania Libera. Finalmente decidió presentar batalla junto a Castra Vetera, en donde le favorecía el terreno pantanoso, además Civilis también había construido una presa en un ángulo del Rin para contener el río, y poder anegar el terreno adyacente. Los romanos, por su parte, se habían reforzado aún más, y Petilio Cerial podía contar también entre sus fuerzas a las legiones XIV Gemina, II Adiutrix y la VI Victrix.

Infantes auxiliares en la frontera de Rin siglo I, pertenecen a una torre de vi

Infantes auxiliares en la frontera de Rin siglo I, pertenecen a una torre de vigilancia

El primer día de batalla los romanos cayeron en las provocaciones de los germanos, iniciando un ataque demasiado precipitado, los bátavos sabían donde estaban los bajíos, y los atravesaban a la carrera, generalmente evitando la línea de frente y rodeando los flancos y la parte posterior, no se libraba una batalla convencional sino una especie de batalla naval, ya que los hombres forcejeaban por todas partes en las aguas empantanadas donde era difícil mantenerse de pie, sólo se pudo salvar gracias a la llegada de la noche.

Al día siguiente se respetaron las formaciones de combate y la batalla comenzó de forma controlada. Tras el lanzamiento de armas arrojadizas, los romanos aguantaron la tentación de lanzarse al ataque hacia el terreno pantanoso, siendo las tropas de Civilis las que se lanzaron contra los romanos cuando se agotaron los proyectiles. Su primer asalto puso en dificultades a las líneas romanas, en particular debido a que un pelotón de brúcteos cruzó a nado el río Rin y atacó por el flanco a los romanos. La segunda línea de legionarios logró restablecer el equilibrio, mientras que un desertor bárbaro se ofreció a enseñar a Petilio Cerial un camino por el que podía atacar al enemigo por la retaguardia. Cerial envió dos alas con el desertor y consiguió el objetivo, provocando la desbandada de los germanos y la victoria de Roma. Civilis logró escapar de nuevo y, aunque recibió refuerzos, se retiró a una isla en la desembocadura del Rin.

Ataque a la Isla

Cerialis sabía no podría cruzar a la Isla sin marina, y decidió esperar hasta tener una flota. Mientras tanto, sus soldados tenían que proteger el río. Las Legiones VI y XXI fueron enviadas a Novaesium y Bonna, la XXII Primigenia llegó desde Moguntiacum a Vetera; la Legio II comenzó a construir un puente en Noviomagus, la Legio X fue a un lugar (no identificado actualmente) llamado Arenacium. Las unidades auxiliares fueron estacionadas en Grinnes y Vada (también sin identificar en la actualidad).

Sin embargo, eso supuso un error estratégico que se materializó cuando el bátavo organizó un cuádruple ataque contra cuatro de los campamentos romanos: los de las legiones X Gemina y II Adiutrix, y contra otros dos de las tropas auxiliares. El grueso del ataque se dirigió contra los campamentos de los auxiliares, en donde hubo graves bajas en el bando romano, incluyendo a Julio Brigantio, un sobrino de Civilis que había permanecido leal a Roma. Sin embargo, Petilio Cerial se encontraba próximo y reaccionó acudiendo al frente de un contingente de caballería que puso en fuga a los atacantes. De nuevo los lideres bátavos, Civilis, Tutor y Clasico consiguieron escapar cruzando el Rin a nado.

Julio Civilis y sus hombres algunos con equipamiento romano de las legiones

Julio Civilis y sus hombres algunos con equipamiento romano de las legiones

No sería ésta, sin embargo, la última ocasión en la que la excesiva confianza pasase factura a los romanos, Civilis envió un ataque sorpresa contra un contingente fluvial en el que el propio Petilio Cerial se desplazaba para inspeccionar los trabajos de reconstrucción, intentando hacerse con la nave insignia y capturar al propio general romano. Capturaron la nave insignia para descubrir que Cerialis no estaba a bordo (Se cree que pasó la noche con una mujer de Colonia.) La nave fue enviada a la profetisa brúctera Veleda.

Eso fue una humillación, y Cerialis decidió que no podía posponer durante más tiempo la invasión de Betuwe, la Isla de los bátavos. Sus naves ya estaban listas, y con la aarina invadió la Isla por el oeste, mientras que Cerialis cruzó el Waal cerca de Noviomagus, en el sureste.

Cerialis arrasó el territorio exhaustivamente, empleando la estratagema de respetar las tierras y las granjas de Civilis. En otoño los ríos inundaran la isla pantanosa, de poca altura, hasta que pareció una ciénaga. No había ni rastro de la flota o de los convoyes romanos en perspectiva, y los campos en la tierra plana eran arrasados por la violencia del río.

Civilis ofreció negociaciones a los romanos, el encuentro tuvo lugar en un puente semidestruído en alguna parte de Betuwe. No se sabe lo que discutieron Cerialis y Civilis, pero lo cierto es que la vieja alianza entre Roma y los bátavos fue restaurada: no fueron obligados a pagar impuestos, sino que tuvieron que seguir proporcionando las ocho unidades auxiliares.

Entrevista entre Civilis y Cerialis en un puente semidestruido

Entrevista entre Civilis y Cerialis en un puente semidestruido

Secuelas

Las consecuencias fueron tremendas para los bátavos, cada familia tuvo que guardar luto por la muerte de, al menos un hijo. Los frisios y los cananefates tuvieron que pagar el mismo peaje humano. Noviomagus, la capital bátava fue destruida, y se ordenó a sus habitantes reconstruirla dos kilómetros corriente abajo, en un lugar donde no podría ser defendida. La Legio X Gemina fue estacionada en las proximidades, a modo de permanente vigilante.

No se sabe qué pasó con Julio Civilis, pero es difícil creer que disfrutase de una vejez tranquila. Es probable que cualquiera de los miembros de su tribu lo matase o quizás los romanos lo detuvieron. Ciertamente, Tácito escribe que le garantizaron la inmunidad.

Entrada creada originalmente por Arre caballo! el 2016-11-01. Última modificacion 2017-02-02.