Siglo XIX Primera Guerra de Independencia italiana (1848-49) Intervención española

Llegada de las fuerzas españolas

El Papa Pío IX se había acogido a Gaeta, el puerto del reino de Nápoles más cercano a Roma, del que era monarca el rey Fernando II, tío carnal de la reina de España Isabel II. En Gaeta aguardaba el embajador de España en Nápoles, Ángel María de Saavedra y Ramírez de Baquedano, duque de Rivas, militar y poeta como su colega Martínez de la Rosa.

Pasados unos días, llegó a Madrid noticia exacta de lo sucedido. Presidía el Gobierno el político y militar Ramón María Narváez y Campos, duque de Valencia, quien ordenó comunicar a todas las potencias católicas de Europa los hechos y las consecuencias, pidiendo una reunión urgente del Consejo de embajadores para examinar las circunstancias, pues España iba a intervenir con las armas para restablecer al pontifice.

A principios de febrero de 1849, España mandó una pequeña escuadra naval compuesta de una fragata, dos corbetas, dos vapores y un pailebot. También se había ocupado en convocar la conferencia de países católicos a la que respondieron Austria, Nápoles y Francia, que junto a la propia España y la Santa Sede serían las partes implicadas en las Conferencias de Gaeta de 1849.

El gobierno de Narváez, en cuanto se enteró de que los franceses habían desembarcado en Civitavecchia el 25 de abril. Apresurando el envío de tropas españolas a Italia, el TG Fernández de Córdova preparó con urgencia un ejército de 4.000 hombres de tropas escogidas, que sería seguido con prontitud por importantes refuerzos. Envió también una escuadra, dirigida por el almirante Bustillo y cuyo segundo era Juan Bautista Topete. Esta escuadra se aseguró una base tomando la ciudad costera de Terracina, para abrir camino al general Córdova.

El 29 de abril, la División Naval de Bustillo tomó la localidad costera de Terracina, sin hacer un solo disparo, tras la huida de las tropas de Garibaldi al divisar los buques españoles. Al día siguiente, los españoles le entregaron la ciudad al rey de las Dos Sicilias, Fernando II. En esta acción destacó el ayudante de órdenes de la División, el teniente de navío Juan Bautista Topete, al mando de los trozos de desembarco que conquistaron la torre Gregoriana y todas las posiciones enemigas en esa población. En esos trozos integraban 150 infantes de marina de las guarniciones de los navíos.

El 23 de mayo de 1849 zarpó desde Barcelona el ejército de operaciones del TC Fernando Fernández de Córdova, al mando de la División Expedicionaria de los Estados Pontificios:

  • Mando TG Fernando Fernández de Córdova, JEM coronel Senen Buenegra.
  • Primera División al mando del segundo jefe, el MC Francisco Lersungui con 4.729 efectivos:
    • Primera media brigada al mando del brigadier José Antonio Turón con BI-I/27 Reina Gobernadora (834) y BIL-VII de cazadores de Chiclana (665).
    • Segunda media brigada al mando del coronel Carlos Yagut con BG-III (726) y BI-III/1 del Rey (912).
    • Tercera media brigada al mando del coronel José de Santiago con RI-45 San Marcial (2, 1.348).
  • Ingenieros al mando del coronel Vicente Talledo con Cía de ingenieros (112).
  • Artillería: Tcol Antonio Fano con Bía-1 y Bía-2 a caballo (263).
  • Caballería: Sección RC-3 Farnesio (43) para escolta del general.

Transportes marítimos: los vapores Vilcano, Blasco de Garay, Piles, Castilla, Lepanto e Isabel II; las fragatas Cortés, Villa de Bilbao y Mozart.

El 28 de mayo, desembarcaron en Gaeta, donde fueron bendecidos por el Papa Pío IX.

El Papa Pío IX bendice a las tropas españolas desembarcadas en Gaeta el 28 de mayo de 1849. Autor Víctor Adam.

Operaciones en Italia

El general Córdova no podía intentar operación alguna, pues el rey Fernando II de las dos Sicilias cambiaba de parecer y plan a cada poco, aturdido por los acontecimientos y retirado al límite de su frontera. Córdova se ofreció a los franceses para luchar juntos en el cerco de Roma, pero Oudinot opuso que aquello era competencia de la honra y su ejército habría de tomar la ciudad sin más ayuda que la propia.

Al no conseguir un entendimiento sobre las acciones militares a emprender, las tropas españolas abandonaban la ciudad a mediodía del 2 de junio para adentrarse en territorio de los Estados Pontificios y ocupar Terracina. El 3 de junio, las tropas españolas entraron junto con las napolitanas en la localidad.

La toma de Terracina no contó con mayores problemas, ya que, una vez iniciado el avance, los republicanos y rebeldes al Papa se retiraron, ocupando las fuerzas españolas al mando del general Bustillos las fortificaciones de la ciudad.

El único incidente vino dado por cierto número de soldados españoles, que, contagiados por las tropas napolitanas, el escuadrón de cazadores de Colonna, que acompañaba a las tropas españolas, se dedicaron al pillaje en las casas de Terracina, saqueándolas, robando comida y algo de ropa y dinero.

Plano de la plaza de Terracina en 1849. Autor Gómez de Arteche. Diario de Operaciones del Cuerpo Expedicionario a los Estados Pontificios.

González de Córdova, enojadísimo, mandó detener a todos los que habían participado en el saqueo y que fueron sorprendidos con el botín. 14 soldados españoles y varios napolitanos fueron detenidos como escarmiento y para que no se volviera a repetir un acto parecido que dejaba en total descrédito a las fuerzas españolas. Mandó formar a toda la División y ordenó se le diera a cada uno de los culpables, en presencia de las tropas, “cincuenta palos, bien dados”. En el último momento, conmutó la pena a ruego de sus oficiales y envió a España a los culpables, destinándolos forzosos a la guarnición de Ceuta.

Reunida en Piperno la fuerza española, con los generales Lersundi y Zabala, el plan de campaña de Córdova era atravesar la Sabina, ocupar el desfiladero de Tagliacozzo y caer sobre el enemigo, que solo contaba con la opción de huir por el mar o perderse en los Abruzos, rodeados por el ejército austriaco.

Dispuestos a ello la tropa, visita el campamento el general Nunciante, jefe del ejército napolitano, para conferencias acerca de la situación en Nápoles. Córdova le expuso su plan y el napolitano le dijo que conduciría a su ejército a la catástrofe, ya que la zona era inhóspita y virgen del paso militar a lo largo de la historia; tampoco contaba con postas, salidas o refugios ni posibilidades de suministro.

Respondió Córdova a tal paisaje que él había superado los habidos en España, similares o de mayor dificultad.

En diálogo de estrategias imposibles estaban ambos cuando se les unió el general prusiano Willisen, comisionado por su rey para estudiar la organización de las tropas españolas y asistir a las operaciones, de tanto riesgo como atractivo, con permiso del Gobierno español.

Ocupación de Velletri

Córdova decidió avanzar hacia Roma y ocupar Velletri para estar más próximo a la capital y reaccionar rápidamente contra los republicanos que huyesen o pretendiesen llevar la defensa de la república hacia la zona de influencia hispano-napolitana. Puesto que los franceses atacaban la capital solo por la margen derecha del Tíber, dejando libertad de movimiento al enemigo por la otra orilla, en dirección hacia Nápoles, donde estaban desplegados los españoles y napolitanos.

En la mañana del día 3 de julio, a las 03:00 h, se puso en marcha la infantería desde Terracina a Sezze, donde llegaron a mediodía. En cambio, la artillería y la caballería salieron por la noche con el objeto de reunirse en Foro Appio con la infantería al amanecer del día 4, y después continuar toda la división agrupada hasta Velletri. Se puso en marcha esa madrugada desde Sezze a Foro Appio. Allí les esperaban la artillería y la caballería para proseguir todos juntos hasta Velletri, adonde entraban a las 17:00 h.

Hasta entonces los soldados españoles habían permanecido en Terracina a la espera de acontecimientos. Los franceses estaban atacando Roma, donde se había concentrado la defensa de la república romana, pero el general Oudinot había rechazado la colaboración de los aliados después de haber sufrido una afrentosa derrota bajo los muros de la capital el 30 de abril. Además, el general Córdova esperaba los refuerzos de España para poder maniobrar con más independencia. Refuerzos que llegaron a Terracina la noche del 5 de julio.

El general Juan Zabala desembarcó con la Segunda División 3.440 efectivos compuesta por el BIL-IX de cazadores de Ciudad Rodrigo (734), BIL-VII de Chiclana (336), BIL-XII de Baza (892), BIL-XIV de Las Navas (800), RC-13 de lanceros de Lusitania (247), Bía de montaña (191). Una batería a caballo y dos escuadrones de caballería (240) se quedaron en Barcelona por falta de espacio en los barcos y no llegaron a Italia hasta finales de julio.

En Velletri, el recibimiento de la población, según Estébanez Calderón, fue tibio, si no (sic) hostil; a pesar de ello, numerosa gente acudió a la plaza a presenciar el desfile de las tropas. Idéntica situación se produjo al día siguiente cuando tuvo lugar la restauración oficial de la autoridad pontificia. El acto estuvo muy concurrido de público que vitoreó reiteradamente a Pío IX. Este consistió en el izado de la bandera pontificia, mientras sonaba la música de una de las bandas militares españolas, las campanas de todas las iglesias repicaban y un batallón español rendía honores.

En la ciudad, una buena parte de la población era partidaria de la república y mostraba su hostilidad hacia el gobierno pontificio. El 28 de julio, cuando fue asesinado el cabo Isidro Amador, del RC-13 lanceros de Lusitania. Se abrieron siete sumarios contra paisanos de Velletri. Tres por amenazar con armas blancas a soldados españoles, uno por las heridas ocasionadas a un músico del RI-1 del Rey, otro por insultos a un centinela, uno más por robar una mula de artillería y, el más grave de todos, el seguido contra Vincenzo Vendetta por ofensas a un oficial. Se abrieron otras tres causas contra soldados españoles por heridas ocasionadas a paisanos y provocar desórdenes y otra más contra un soldado napolitano de caballería por herir en un café a dos civiles.

Persecución de Garibaldi

El 6 de julio, el general Córdova, mientras realizaba los preparativos para perseguir a Garibaldi, solicitó instrucciones al embajador ante la Santa Sede, Francisco Martínez de la Rosa, así como al ministro de la Guerra y a su amigo, el presidente del Gobierno, general Ramón María Narváez. La respuesta del embajador fue rápida y clara: podía perseguir a Garibaldi aunque se adentrase en Nápoles o en las Legaciones.

La única observación que le hacía era que debía guardar buenas relaciones con los jefes militares de las otras naciones, comunicarles sus movimientos y las informaciones que contribuyesen al éxito de la común empresa, y actuar de forma conjunta y coordinada, aunque manteniéndose independiente.

Los españoles, en Velletri, se dedicaron a fortificar las posiciones que ocupaban en la población para mejorar sus defensas, mientras que los refuerzos iniciaron al atardecer su marcha desde Terracina hasta Torre Tre Ponti, donde llegaban en la madrugada del día siguiente.

El 9 de julio, los refuerzos españoles llegaron esa mañana a Velletri, uniéndose al resto del cuerpo expedicionario.

El 11 de julio, en el cuartel general español, poco después de medianoche, se tocaba diana y a las 02:30 h emprendían la marcha a Valmontone. El cuartel general, la DI-1, la artillería, caballería e ingenieros se quedaron en Valmontone, mientras que la brigada de vanguardia y la DI-2 continuaron hasta Palestrina. Ese mismo día el general Córdova envió de nuevo al capitán Madera a Roma para entrevistarse con Oudinot y preguntarle qué puntos iban a ocupar y si podían pasar por ellos para ir a Rieti. El general francés respondió que ocuparían Ariccia, Albano, Tivoli, Orvieto, Viterbo y Civita-Castellana, así como Narni y Terni, e insistió en que debían respetarse los límites establecidos, extremo que había notificado también al general austriaco Aspre. Así mismo, informó a Madera que Garibaldi estaba en Terni.

Por otro lado, el general español envió al capitán Gómez de Arteche a Frosinone para notificar al general Nunziante la marcha que iban a emprender a Rieti para interponerse entre la frontera y el enemigo, que suponía en Narni o Terni, a una o dos jornadas de los Abruzzos. También tenía que pedirle que, si los españoles llegaban tarde y Garibaldi hubiese entrado en el desfiladero de Antrodoco, lo defendiese hasta que las tropas españolas le diesen alcance y le atacasen por la espalda.

El 13 de julio, el general Fernández de Córdova, tras conocer las respuestas de Nunziante y de Oudinot, ordenó que esa madrugada se pusiese de camino a Palestrina el cuartel general, la compañía de ingenieros y una sección de caballería y, desde allí, en unión con la brigada de vanguardia y la DI-2, iniciar la marcha sobre Rieti.

La madrugada del 14 de julio, a las 03:00 h, se ponía en camino el cuartel general español, la compañía de ingenieros y una parte de la caballería, pasando por Lignano, Rocca Priora, Montecompatri, Colonna y Palestrina. Tras un descanso en esta última población, reiniciaron la marcha con la brigada de vanguardia y la DI-2. Después, siguiendo por Poli, Casape y San Gregorio, llegaron a Castel Madama, donde pernoctaron. La DI-1, en cambio, emprendió la marcha a las 17:30 h y, siguiendo un camino más corto, llegó a Palestrina.

El 15 de julio, las tropas españolas se ponían en marcha a mediodía en dirección a San Polo dei Cavalieri, pasando por el puente de Vicovaro. Primero lo hicieron la brigada de vanguardia, la segunda brigada de la DI-2 y la caballería, llegando a San Polo a las 18:00 h. Mientras que la primera brigada, al mando del general Lersundi, salió a las 15:00 h y pernoctó en Vicovaro. A su vez, la DI-1 reiniciaba la marcha a las 03:00 h desde Palestrina, siguiendo el mismo itinerario que la DI-2. A las 11:00 h llegaba a Casape, donde se alojó la primera brigada, y una hora más tarde lo hacía la segunda brigada en San Gregorio.

A las 04:00 h del día 16, el general Fernández de Córdova salió con las unidades que habían pernoctado en San Polo dei Cavalieri, pasando por Marcellina, San Francesco, Stezzano, Moricone y Montelibretti, hasta llegar a Nerola a media tarde. En cambio, la brigada del general Lersundi, que había dormido en Vicovaro, tomó un camino paralelo, dejando a su izquierda la cordillera del monte Gennaro, y pasando por Civitella, Canemorto y Scandriglia, llegaron a Nerola sobre las 19:00 h. Por lo que respecta a la DI-1, a las 04:00 h de la madrugada se reunieron las dos brigadas, continuando la marcha hacia Castel Madama y Vicovaro, donde se alojaron todos, a excepción del DI-I/45 San Marcial y la caballería española, que continuaron hasta San Polo por falta de espacio.

El 17 de julio, los españoles hasta mediodía no reemprendieron el camino para dar descanso a la tropa que se encontraba fatigada después de pasar la noche en vela debido a una fuerte tormenta y por la escasez de alimentos. La DI-2 y la brigada de vanguardia caminaron unidas, pasando por San Lorenzo y Torricella. En esta pequeña población se alojó la brigada del general Lersundi, mientras que el resto de unidades lo hicieron en Magliano. Por lo que respecta a la DI-1, marchó de la siguiente manera: a las 03:00 h salió de Vicovaro la primera brigada y el BI-II/45 de San Marcial, y dos horas más tarde se les incorporó el BI-I/45 que había pernoctado en San Polo. A las 15:00 h llegaban a Nerola. El pueblo solo pudo dar cobijo a la primera brigada, por lo que la segunda brigada y la caballería continuaron hasta Scandriglia.

El 18 de julio, a las 11:00 h, el general Córdova se ponía en marcha con la brigada de vanguardia y la DI-2. Una hora más tarde entraban en Rieti, una población de 15.000 habitantes. La DI-1 se puso en movimiento al amanecer y, tras agruparse todas las fuerzas sobre la carretera de Rieti, continuaron hasta esta ciudad, donde entraban a las 18:30 h. La población que esperaba a los garibaldinos fue sorprendida, pero supo acomodarse con presteza a los españoles. Ya quedaba poco para el desfiladero de Tagliacozzo, desde cuyas cimas esperaban divisar los campamentos de Garibaldi; quien, enterado de la aproximación española, escapó hacia la Toscana, pero la región ya estaba ocupada por los austriacos, por lo que continuaron la huida hasta el poblado de Narni.

Desde Rieti los españoles marcharon a Terni (9.000 habitantes), superado el desfiladero, y allí quedó el grueso de la tropa, pues la pretensión de conquistar Narni venciendo a Garibaldi se esfumó al recibir noticias, luego comprobadas, de que el revolucionario y su hueste, minorada ante la aproximación de los españoles, volvía a huir eludiendo el enfrentamiento. Cesó la persecución, puesto que el territorio donde se había adentrado estaba bajo el control de los otros ejércitos.

El lunes 23 de julio a mediodía hacía su entrada en la ciudad de Spoleto el general Lersundi al mando de los batallones Reina Gobernadora y Chiclana y el escuadrón de cazadores napolitano.

Explicaba Garibaldi a quienes prestaban oídos que él conocía a los españoles, por haberse batido con ellos en Río de la Plata, al lado de los insurgentes, y, por tanto, los creía capaces de la proeza que se les atribuía al cruzar la cordillera con infantes, jinetes, artilleros y mulos. De los franceses se supo que Oudinot había enviado al Para, a Gaeta, las llaves de Roma, entrando en ella el Pontífice en olor de triunfo. De Nápoles, que el general Nunciante, todavía impresionado por el plan español, había propuesto, en nombre de su país, al Consejo de Embajadores, que la División española quedara guarneciendo indefinidamente a Roma y los Estados pontificios.

Lanceros del regimiento del España 9 escoltando al Papa Pío IX en Roma. Autor Augusto Ferrer Dalmau.

El contingente español estuvo hasta primeros de 1850. El resultado obtenido fue el apetecido; y aún mejor, si al éxito se suma la ausencia de bajas por combate (algún estrago causó la malaria y el terreno). Se repuso en el solio a Pío IX; Garibaldi huyó a América; los revolucionarios de diversos países abandonaron la península italiana y los italianos callaron sus ímpetus en espera de una ocasión propicia. La iniciativa del Gobierno español fue, pues, de la mayor eficacia para el in perseguido. Y la campaña, realizada sin combatir como se ha expuesto, obligando por la maniobra a que el enemigo se disolviese, demostró que la doctrina militar de aquellas épocas no prescribía la destrucción del enemigo, sino reducirlo a la impotencia por medio de la estrategia y de la táctica.

Entrada creada originalmente por Arre caballo! el 2026-06-06. Última modificacion 2026-06-06.
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