Edad Antigua Los sasánidas Balash (484-488)

Pese a la coronación de Balash como rey de Persia, Zharmir Sucrai de Karen fue, de hecho, el verdadero gobernante de Persia durante los siguientes años. Las fuentes persas y árabes, deseosas de buscar una salida airosa para Persia de su derrota ante los heftalitas, inventaron la noticia de que Zahrmir derrotó a continuación a los heftalitas y les obligó a entregar los botines apresados por ellos en Persia y a devolverle a una hija de Peroz que había sido hecha prisionera por su Khan. Nada de esto es cierto. Lo que sí lo es, es que Zahrmir, en nombre del Shahansha Balash, llegó a un acuerdo con los heftalitas que reconocía sus nuevas conquistas y fijaba un nuevo tributo que Persia les pagaría anualmente.

Los años de gobierno de Balash están marcados por sus intentos de frenar la grave crisis económica en la que la habían sumergido las grandes sequías, los saqueos de los heftalitas, las derrotas ante armenios e íberos y el quebranto monetario producido por los pesados tributos a los heftalitas. Con la ayuda de su hombre fuerte, Zahrmir Sucrai de Karen, Balash depuró la administración del Imperio, responsabilizando en mayor grado a los gobernadores y funcionarios del bienestar de las gentes sometidas a su gobierno.

Por ejemplo, se cuenta que el Shahansha Balash castigó a un dekhan (es decir, a un miembro de la nobleza local y jefe de un pueblo o pequeño distrito) por el abandono de tierras por parte de los campesinos que estaban bajo su autoridad, con el argumento de que si los campesinos abandonaban las tierras y no las cultivaban, era porque el dekhan no proporcionaba a sus gobernados las condiciones de justicia, salubridad y seguridad necesarias para facilitar a los campesinos del distrito el cultivo de esas parcelas. Al parecer, Balash propició también la creación de nuevos regadíos y el desmonte de tierras hasta entonces baldías; la fundación de una nueva ciudad, Balashsabadh, y la promoción también del comercio y el artesanado.

Sasánidas contra bizantinos

Sasánidas contra bizantinos

En las fronteras, Balash buscó la paz a toda costa. Con sus ejércitos fuertemente mermados por las derrotas ante heftalitas, armenios e íberos, Persia necesitaba de tiempo para rehacerse militar y económicamente. Balash buscó ese tiempo llegando a un acuerdo con Vahan el Mamiconion, quien, tras su victoria sobre los persas, había convertido de facto a Armenia en un territorio independiente. Mediante el otorgamiento de honores, Vahan fue atraído a la corte persa y persuadido a firmar un acuerdo: el caudillo armenio sería reconocido como marzban de Armenia y ésta gozaría de una amplia autonomía. El cristianismo sería la única religión practicada en su territorio, los persas reconstruirían las iglesias destruidas en tiempos de las persecuciones anticristianas desatadas por los reyes Yazdegerd II y Peroz, y además, los templos del fuego levantados por los reyes y los mobedh en territorio armenio, serían derruidos.

Armenia sólo estaría obligada a reconocer la soberanía del Shahansha de Persia, a auxiliarlo militarmente y a pagar un pequeño tributo. Parece que la Iberia Caucásica, también en rebeldía contra Persia, recibió de Balash un trato semejante al de Armenia, y que la Albania Caucásica, el otro principado cristiano del Cáucaso sometido a Persia, vio suavizado también su gobierno por parte de ésta.

En el interior, los cristianos vieron también mejorada su situación. Ya en la primavera del 484, en Seleucia del Tigris, los obispos de Persia habían proclamado su voluntad de adherirse a la fe proclamada por Nestorio, anatematizada en el Imperio Romano por el Concilio de Éfeso (431). De esta manera, las comunidades cristianas de Mesopotamia e Irán se vieron definitivamente separadas de las de Roma. Los sasánidas dejaron de ver en sus comunidades cristianas una posible quinta columna para considerarlas desde ese momento como un sólido apoyo para el trono frente a las excesivas aspiraciones de los mobedh zoroastrianos y frente al emperador de Bizancio, quien era contemplado ahora por los cristianos de Persia, no como un soberano cristiano, su protector y benefactor ante las persecuciones de los reyes persas, sino como un emperador hereje y extranjero, enemigo de su rey y de su fe.
Mas, pese a estos buenos principios de gobierno, Balash vio como su trono se tambaleaba bajo sus pies. Sus medidas económicas, tendentes a aliviar los estragos producidos por la sequía y los desastres bélicos, no fueron todo lo exitosas que esperaba, y la situación de su hacienda se debilitó con el pago de tributos a los eftalitas y sus dispendios a la nobleza, que en última instancia era la responsable de su subida al trono. Hacia el final de su corto reinado, Balash no contaba ni con el dinero suficiente para mantener el ejército persa. No es de extrañar que su situación se complicara, máxime cuando un sasánida con tantos o más títulos que él para ocupar el trono del Eranshar seguía vivo y ambicionando el trono.

Kavadh, el hijo de Peroz que había quedado como rehén de los heftalitas en 469, reclamaba el trono de su padre. Con ayuda de los heftalitas, entre los que había pasado muchos años como prisionero, levantó un ejército en Jorasán y marchó contra Ctesifonte. Tras derrotar a los generales de Balash, capturó al rey, le cegó y le destronó. Era el año 488 y un gran soberano subía al trono de Persia.

Entrada creada originalmente por Arre caballo! el 2014-07-02. Última modificacion 2017-02-02.