Edad Moderna Guerra Franco-Holandesa (1672- 76) Causas de la guerra Franco-Holandesa

Causas de la guerra Franco-Holandesa

Causas religiosas

Luis XIV no dejó de ver en las Provincias Unidas una república calvinista. El Rey Cristianísimo no podía tener sino una idea muy mediocre de este Estado: dominarlo era prestar servicio a la monarquía y al catolicismo. Cuando se formó la Triple Alianza entre los estados protestantes de las Provincias Unidas, Inglaterra y Suecia.

Causas económicas

Mucho más importante era la causa económica. El papel de Colbert aquí es indiscutible: adversario de todas las guerras que llevan consigo la ruina, impulsó ésta. Quiso arruinar a los “carreteros del mar”, que disponían de unos 16.000 navíos de comercio y detentaban el tráfico mundial. El ministro era adversario del libre cambio tan favorable a los comerciantes de Holanda. Expresó: “si no nos oponemos, llegarán a ser todopoderosos, dueños de la paz y de la guerra en Europa y capaces poner límites a los proyectos de los soberanos”. Se mostraba partidario de la conquista de los Países Bajos meridionales, de la costa flamenca y de Amberes. Ya que una vez dominada esta ciudad se cerraría la navegación del río Escalda, del que dependía la riqueza del comercio holandés. Aparte, Colbert habla de la guerra como del único procedimiento para que Su Majestad ponga término a la “insolencia y arrogancia de esa nación”.

Luis XIV y Guillermo de Orange, principales protagonistas de la guerra Franco-Holandesa

Causas políticas

Para la conquista de las Provincias Unidas, Luis XIV y sus ministros y diplomáticos estudiaron la dislocación de la Triple Alianza. Para ello, la diplomacia francesa tuvo que actuar en casi toda Europa, no solo para ganarse a Inglaterra y Suecia, sino también para que otros príncipes no intervinieran a favor de Holanda en el futuro conflicto.

Por su parte, Carlos II de Inglaterra manifestaba el deseo de concertar un tratado con Luis XIV, por lo que Colbert de Croissy fue enviado a Londres con el objetivo de disolver la Triple Alianza y formar una unión sólida entre Inglaterra y Francia. Carlos II tenía una apremiante necesidad de dinero para sus caprichos y quería convertirse al catolicismo para convertirse en un rey absoluto. Por todas estas razones, tenía necesidad de Luis XIV. Pero el rey inglés señaló dos obstáculos en el establecimiento de relaciones amistosas entre las dos naciones. El primero radicaba en los esfuerzos que hacía Colbert para crear un comercio y una poderosa marina: “cada paso que da Francia por este camino perpetuaba el recelo de ambas naciones”. El segundo era que una vez vencida Holanda, Francia atacase a la Gran Bretaña. Por otra parte, los comerciantes británicos eran hostiles a la unión francesa y el Parlamento no quería aliarse más que con los estados protestantes.

En Dover se firmó el tratado Secreto de Dover el 1 de julio de 1.670, por el que se requería que Carlos II de Inglaterra se convirtiera a la Iglesia Católica Romana y ayudara a Luis XIV con 60 buques de guerra y enviar una fuerza de 4.000 soldados en la guerra de conquista de Francia contra la República Holandesa. A cambio, Carles recibiría secretamente una pensión anual de 230.000 libras, y Francia enviaría 6.000 tropas francesas si hubiera una rebelión contra Carlos en Inglaterra. El tratado secreto fue firmado por Arlington, Arundell, Clifford y Bellings por Inglaterra y Colbert de Croissy por Francia. También se negoció un tratado público de Dover, pero fue diseñado para propaganda y para ocultar la dimensión religiosa del tratado secreto. Fue concluido para “mortificar el orgullo de las Provincias Unidas y abatir el poderío de una nación que quiere erigirse como soberano árbitro”. Tras esto se procedió a la alianza sueca que se consiguió cediendo a las demandas financieras de los suecos y por artículos secretos por los que Francia defendería la independencia del duque de Holstein. Nada quedaba ya de la Triple Alianza.

De esta forma a fines de 1.671, la diplomacia francesa ha obtenido en todos los demás lugares neutralidades o adhesiones, aunque en Oriente no pudo inclinar las potencias hacia su bando. En el momento en el que va a estallar la guerra, las Provincia Unidas tenían solamente como aliados a España, Dinamarca y Brandeburgo, países muy débiles o de dudosa fidelidad.

Los holandeses sabían que las negociaciones entre Inglaterra y Francia continuaban, pero no se conocían detalles específicos. Johan de Witt contó con la impopularidad entre el público inglés de una guerra con una nación protestante y trató de mejorar las relaciones con los franceses. La discusión sobre el tema de los Países Bajos Españoles, sin embargo, no produjo un consenso entre los dos países. Francia vio el Rin como su frontera natural y entre Francia y el Rin se encuentran los Países Bajos Españoles y las tierras de la República Holandesa. Los holandeses se sintieron amenazados por las ambiciones francesas. Según el embajador francés, los holandeses actuaron con el lema: Gallicus amicus, non vicinus, (el francés es un buen amigo, pero un mal vecino). Los holandeses nuevamente reforzaron su flota, pero hicieron preparativos insuficientes para su ejército de tierra debido a la escasez de dinero. Los Regentes también desconfiaban de un ejército que a menudo había sido un instrumento del partido Orange. Con la guerra cada vez más probable, aumentó la presión sobre el gobierno holandés para designar a Guillermo III, que aún no había alcanzado la mayoría de edad, como estatúder. En febrero de 1.672, Johan de Witt finalmente acordó nombrar a Guillermo como Capitán General durante una sola campaña de guerra.

La iniciativa fue tomada por Carlos II de Inglaterra, que tenía prisa por cobrar el subsidio convenido y por desembarazarse del Parlamento: declaró la guerra el 6 de abril de 1.672, utilizando como pretexto el incidente del Merlín. Según lo acordado en el tratado secreto de Dover, Francia se unió a Inglaterra, declarando a su vez la guerra el 7 de abril.

Las medidas tomadas por Louvois, el secretario de guerra de Luis, permitieron a Francia movilizar a unos 180.000 hombres. De estos, unos 120.000 serían usados directamente contra la República.

La mayor parte del ejército francés se dividió en dos cuerpos de ejército. El cuerpo dirigido por el mariscal de campo Turena estaba estacionado en Charleroi. El cuerpo dirigido por Condé esperó en Sedan. Ambos avanzarían por el príncipado-obispado pro-Francia de Lieja, se unirían cerca de Maastricht y ganarían el Rin.

En el Rin, un tercer cuerpo estaría esperando. Se había creado a partir de los ejércitos aliados de Münster y Colonia y se puso bajo el mando de Luxemburgo. Los ejércitos combinados atacarían entonces el ducado de Cleves y la región de Nijmegen. Una cuarta fuerza de 4.000 efectivos, la brigada de inglesa de Monmouth, llegaría desde el mar, pero los desembarcos ingleses no tuvieron lugar (ver Tercera Guerra Anglo-Holandesa).

Después de la declaración de guerra, Luis XIV salió de Saint-Germain, el 28 de abril de 1.672, para tomar parte en la campaña. Fue a Charleroi, donde llegó el 5 de mayo.

Luis XIV en su carruaje. Autor Adam Frans Van der Meulen

El ejército holandés que durante la guerra de Flandes o de los Ochenta Años, había sido muy profesional y formidable estaba descuidado. Las fortificaciones estaban abandonadas. El ejército estaba formado por una gran parte de soldados mercenarios y huysluyden (milicia). Había quejas de que los oficiales no estaban bien preparados, y que la milicia era indisciplinada y que mostraba poco coraje para enfrentarse al enemigo.

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