Edad Moderna Conquistadores españoles Francisco de Orellana

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Orígenes

Francisco de Orellana había nacido en Trujillo en 1.511. Era un íntimo y primo de Francisco Pizarro.

Viajó al Nuevo Mundo en 1.527 con 16 años, sirviendo en Nicaragua. En 1.533 pasó a Perú y participó en la fundación de Puerto Viejo. Reforzó el ejército de Pizarro en el Perú en 1.535) y participó en múltiples campañas, como en el asedio de Cuzco, en una de las cuales perdió un ojo.

Durante la guerra civil entre los conquistadores en el Perú, se alineó con los Pizarro y fue enviado por Francisco Pizarro al mando de una columna desde Lima en ayuda de Hernando Pizarro, y participó en la batalla de Salinas frente a Diego Almagro en 1.538. Tras la batalla fue nombrado gobernador de la provincia de la Culata, en la cuenca del Guayas, en la costa del actual Ecuador, donde reconstruyó y repobló Santiago de Guayaquil, que había sido recientemente destruida por los indios, anteriormente fundada en 1.534 por Pizarro y repoblada por Belalcázar. En 1.539 sumó al cargo de gobernador el de capitán general.

En 1.540 el nuevo gobernador de la provincia de Quito, Gonzalo Pizarro, organizó un expedición para buscar el país de la Canela y El Dorado. Por ese motivo aceptó de muy buen grado el apoyo de su primo Francisco de Orellana. El 1 de diciembre de 1.540 Gonzalo Pizarro partió de Cuzco con 100 hombres a pie y otros tantos a caballo, pero con tan pocos efectivos la expedición fracasó.

Descubrimiento del río Amazonas

Fruto de la primera experiencia, Gonzalo Pizarro comenzó el reclutamiento de la segunda expedición con muchos más medios. La comitiva reunida por Gonzalo Pizarro era la más grande vista en esas tierras. Constaba de 340 hidalgos, 200 de ellos a caballo, 2.000 perros entrenados para la lucha, 4.000 porteadores indios, 2.000 llamas cargadas y 2.000 cerdos.

Orellana intentó reunirse con él, pero al llegar a la capital tuvo conocimiento de que Gonzalo ya había partido, dejando el encargo de que siguiera sus pasos.

A la cabeza de un reducido grupo de 23 hombres, Orellana se dispuso a atravesar los temibles Andes Ecuatorianos. Tras recorrer la altiplanicie, comenzó una lenta y fatigosa ascensión sorteando profundas quebradas, laderas pobladas de una maleza impenetrable y pendientes rocosas desprovistas de toda vegetación. En las cumbres andinas, los expedicionarios padecieron a causa del viento gélido y sobrecogedor; más tarde, tras un penoso descenso, el calor tórrido y la atmósfera asfixiante de la selva volvieron a quebrantarles. Al fin, exhaustos llegaron al campamento de Gonzalo Pizarro.

Ruta de Francisco de Orellana

Tras recorrer 30 leguas (unos 200 kms), la expedición estaba extenuada y perdió a 100 de los porteadores. Ante lo agotador de la marcha con una comitiva de esas dimensiones, Gonzalo Pizarro puso al frente a Orellana para que se adelantara y recogiera información del terreno y la población. Al llegar a lo que consideraban su destino, Orellana descubrió que no había canela, tan solo algunos falsos árboles dispersos y poco rentables. Sufrió una tremenda decepción. Llegado Pizarro, arrojó a los perros a la mitad de los guías y la otra mitad fue quemada viva.

Tras lo duro de la ruta seguida, los españoles trataron de hallar otro camino. A pocos kilómetros encontraron un río poblado por nativos pacíficos. Con varias embarcaciones requisadas a los indios, iniciaron el descenso del que después se bautizaría como río Coca. En pocos días recorrieron 30 leguas (unos 200 kms), hasta la confluencia con otro cauce fluvial de media legua de anchura, el posteriormente llamado río Napo. Allí las aguas eran cada vez más profundas, por lo que decidieron comenzar la construcción de un bergantín que transportara los pertrechos y los enfermos, mientras los demás proseguirían a pie. La construcción del navío les llevó tiempo, y mientras trataron de hablar con los nativos. Más adelante, les dijeron, encontrarían poblados surtidos de alimentos que podrían alcanzar con el barco construido y con algunas embarcaciones adquiridas a los indígenas.

Nuevamente las informaciones de los indios resultaron inexactas y no vieron asentamientos humanos donde recoger víveres. Tras caminar 300 kilómetros las reservas habían menguado enormemente, incluyendo todo el ganado. Los hombres que marchaban por la orilla estaban agotados: el bergantín y las embarcaciones indias no eran suficientes para todos. Entonces Orellana propuso adelantarse por el que más tarde se conocería como río Napo con 70 hombres. Orellana partió el 26 de diciembre de 1.541 llevándose consigo 57 hombres y al dominico fray Gaspar de Carvajal, que sería el cronista de la jornada. Creía que encontrarían un poblado próximo y abastecido de víveres.

Francisco de Orellana en el río Napo con un bergantín y embarcaciones indias. Le acompañaba fray Gaspár de Carvajal que sería el cronista de la expedición.

Según relató el dominico Gaspar de Carvajal, la situación se complicó, pues la fuerza de la corriente les impidió volver atrás para informar al grueso del grupo un día tras otro. Llegaron a recorrer 25 leguas por día, es decir, más de 200 kilómetros llevados por la corriente. Finalmente, el día 3 de enero de 1.542, llegaron a las tierras de un cacique llamado Aparia, que los recibió generosamente y les ofreció grandes cantidades de comida.

Cumplida la primera parte de su misión, Orellana dio las órdenes pertinentes para emprender el regreso río arriba con objeto de ir en busca de Gonzalo Pizarro, pero la corriente hacía muy díficil el regreso, así es que decidieron seguir el río que pensaban desembocaría en el mar del Sur (océano Pacífico).

Por su parte, Gonzalo Pizarro se desesperaba y finalmente ordenó el regreso a Quito por tierra, en un viaje de seis meses en el que se comieron a todos los perros y caballos para poder sobrevivir.

Tras una semana de descenso y unos 1.200 kilómetros recorridos, los hombres de Orellana estaban extenuados y hambrientos, aunque por fortuna dieron con indígenas con los que pudieron comerciar. Gracias a un manto púrpura lograron el beneplácito del jefe local y con él los suministros para pasar un mes. Además forjaron los 2.000 clavos necesarios para construir un nuevo barco que les debía llevar a Perú. Con dicho navío y el bergantín pensaban que llegarían pronto a Perú, y la gran amplitud del río les hizo creer falsamente que debía ser un estuario no muy alejado del entonces conocido como mar del Sur (océano Pacífico).

Francisco de Orellana negociando con los indígenas

El 12 de febrero de 1.541 los hombres de Orellana dejaron atrás el río Napo para navegar por el cauce del Amazonas. Atracaron en la región de Aparia la Mayor y allí Orellana renunció a la capitanía que ostentaba y fue nombrado por sus compañeros caudillo  rompiendo su lazo político y militar con Gonzalo Pizarro. Ahora era independiente para ordenar y decidir qué hacer y qué no.

Quince días después encontraron un poblado que, por fin, encajaba con lo que los nativos les habían contado. Su jefe creyó la historia de que aquellas gentes con protecciones de hierro eran los hijos del Sol y les proporcionó comida en cantidad y calidad suficiente para dedicar sus esfuerzos en construir un segundo barco, llamado el Victoria y prosiguieron la navegación.

A partir de aquel punto pocas aldeas encontraron donde sus habitantes les prestaran apoyo, y más bien debieron tomarlo por la fuerza, pero el 5 de junio de 1.542 el cronista Gaspar de Carvajal comenta que llegaron a un asentamiento en cuya plaza encontraron dos leones. El dominico afirma en su libro que uno de sus habitantes les aseguró ser tributario de las Amazonas.

La Crisis. Conquistadores en la Selva.Obra el alavés Mikel Olizabal

En la mañana del 24 de junio, día de San Juan, fueron atacados por un grupo de amerindios encabezado por las míticas amazonas. Los españoles, ante aquellas mujeres altas y vigorosas que disparaban sus arcos con destreza, creyeron estar soñando. En la refriega consiguieron hacer prisionero a uno de los hombres que acompañaban a las aguerridas damas, quien les relató que las amazonas tenían una reina que se llamaba Conori y poseían grandes riquezas. Maravillados por el encuentro, los navegantes bautizaron el río en honor de tan fabulosas mujeres.

Al pasar por la desembocadura del río Xingó la selva fue dejando paso a la sabana, pero los ataques de los nativos continuaron, en esa ocasión con flechas impregnadas de curare, un veneno que mataba en pocas horas. Asimismo, los españoles ya notaban la marea penetrando en el río, por lo que la desembocadura, esta vez sí, debía estar cerca. Pese a todo, siguieron siendo atacados por los indígenas, en esta ocasión por los indios caribes.

Francisco de Orellana y sus hombres combatiendo contra los nativos caribes en el Amazonas

Además, uno de los bergantines chocó con un tronco, provocando una vía de agua en el casco. Teniendo que reparar la embarcación, defenderse de los ataques y buscar comida al mismo tiempo, los españoles terminaron los arreglos en un mes aproximadamente. La marcha hacia el océano Atlántico volvió a reanudarse, en esta ocasión improvisando unas velas con las pocas capas y mantas restantes.

El 24 de agosto, Orellana y los suyos llegaron a la desembocadura de aquella impresionante masa de agua. Durante dos días lucharon contra las olas que se formaban al chocar la corriente del río con el océano y, al fin, consiguieron salir a mar abierto.

Francisco de Orellana en la desembocadura del Amazonas

Finalmente la expedición de Orellana divisó el mar el 26 de agosto de 1.542, tras más de siete meses desde que dejaron el afluente y se internaron en el Amazonas. Habían logrado recorrer en su totalidad el río más grande de la Tierra, tanto en longitud como en caudal.

Francisco de Orellana fue llamado a España para ser juzgado bajo acusación de abandonar y traicionar a su primo, jefe de la expedición. Aunque Francisco y Gonzalo Pizarro no volvieron a verse nunca más, el proceso judicial demostró la inocencia del explorador extremeño y que fueron las circunstancias quienes le impidieron retornar al lugar donde le aguardaba Gonzalo Pizarro.

Segundo viaje y muerte

Una vez en la corte, y tras nueve meses de negociaciones, Carlos I le nombró gobernador de las tierras que había descubierto, bautizadas como Nueva Andalucía (18 de febrero de 1.544). Las capitulaciones le permitían explorar y colonizar Nueva Andalucía con no menos de 200 soldados de infantería, 100 de caballería y el material para construir dos barcos fluviales.

Zarpó de Cádiz, pero fue detenido en Sanlúcar de Barrameda, debido a que gran parte de su expedición estaba compuesta por no castellanos. Finalmente el 11 de mayo de 1.545, y escondido en uno de sus barcos, zarpó subrepticiamente de Sanlúcar con cuatro barcos. Uno se perdió antes de llegar a las islas de Cabo Verde, otro en el curso de la travesía y un tercero tuvo que ser abandonado al llegar a la desembocadura del Amazonas.

desembarco se produjo poco antes de las Navidades de 1.545 y Orellana se interna unos 500 kilómetros en el delta del Amazonas tras construir un barco fluvial. 57 hombres murieron de hambre y el resto acampó en una isla del delta entre indios amistosos. Orellana partió en un bote para encontrar comida y la rama principal del Amazonas.

A su regreso, encontró el campamento desierto, pues los hombres habían construido un segundo bote y partido en busca de Orellana. Finalmente abandonaron y partieron costeando hacia la isla Margarita en el mar Caribe.

Orellana y su grupo siguieron tratando de localizar el canal principal, pero fueron atacados por los indios caribes. 17 murieron a causa de las flechas venenosas y el mismo Orellana murió poco después, en noviembre de 1.546.

Cuando los supervivientes del segundo bote llegaron a la isla Margarita, se encontraron con 25 compañeros, incluyendo a Diego Garcia de Paredes y Ana de Ayala, que habían llegado en el cuarto barco de la flota original. Un total de 44 supervivientes (de los 300 que habían partido) fueron finalmente rescatados por un barco español. Muchos de ellos se asentaron en Centroamérica, Perú y Chile, mientras que Ana de Ayala se casó con otro superviviente, Juan de Peñalosa, con el que vivió hasta su muerte en Panamá.

En la actualidad, una provincia de Ecuador recibe el nombre de Orellana. Igualmente, en el distrito “Las Amazonas” (en el río Napo), provincia de Maynas del departamento de Loreto, en Perú, existe una localidad llamada “Francisco de Orellana”.

Entrada creada originalmente por Arre caballo! el 2018-04-21. Última modificacion 2018-04-21.