¡Ayúdanos a mejorar el blog!
Si ves alguna palabra mal escrita, o frase que no tenga mucho sentido, es muy fácil hacérnoslo saber. Sólo tienes que seleccionar las palabras que te resulten sospechosas y pulsar las teclas CONTROL y ENTER. Se abrirá un formulario con el texto seleccionado, y con pulsar enviar recibiremos tu notificación.
También puedes abrir el formulario pulsando el siguiente botón
Llegada del emperador Maximiliano a México
La acogida que tuvo en Europa esta medida destinada a devolver finalmente la paz a un país desgarrado durante largo tiempo por las disensiones fue muy favorable. El propio Times celebró la posibilidad de una alianza entre los Estados Confederados de los Estados Unidos y México bajo el protectorado francés: «Inglaterra seguía decidida a mantener su neutralidad, pero el equilibrio político de América del Norte saldría ganando con la concertación de tal alianza». No cabía duda de que Austria se uniría a los franceses para investir a uno de sus archiduques con el Imperio mexicano. La idea había avanzado considerablemente en Viena, y se daba por hecho que el emperador Francisco José autorizaría de buen grado a su hermano a aceptar la corona, siempre y cuando su entronización no influyera en las decisiones políticas de Francia en Europa. La elección de este príncipe, decidida por las personalidades más competentes de México, venía indicada por la propia lógica de los acontecimientos. El nuevo emperador, evidentemente, no podía ser francés, ni inglés, ni español; el archiduque Maximiliano, dotado de sólidas cualidades, mostraba la firme resolución de consagrarse a la empresa que tenía por objeto la regeneración del país donde nuestras armas acababan de triunfar.
Durante el mes de septiembre, los miembros de la familia imperial de Austria se reunieron en Ischl bajo el pretexto de una gran cacería; pero el verdadero objetivo de aquel encuentro era deliberar sobre la aceptación, por parte del archiduque, de la corona que se le ofrecía. La archiduquesa Carlota, esposa del príncipe Maximiliano e hija del rey de los belgas, había visitado recientemente a su padre en el castillo de Laeken, y se esperaba conocer en pocos días la decisión que se adoptaría.
El 3 de octubre, el archiduque recibió en Miramar a una delegación mexicana enviada por la nación y conversó con ella sobre las principales cuestiones relativas al futuro de México. Pronto se supo que el archiduque no rechazaba los deseos de las poblaciones que lo reclamaban; el príncipe solo quería que una nueva delegación regresara a Miramar con la ratificación del voto de los notables por parte de la mayoría del país, y especialmente con la adhesión formal de ciertas ciudades que él mismo señaló. Austria no exigía que dicha ratificación se llevase a cabo mediante un plebiscito, dado que en México no había funcionado el sufragio universal. No obstante, de acuerdo con el gobierno francés, el archiduque deseaba que el voto de los notables fuera ratificado por los ayuntamientos o consejos municipales de las otras ciudades, tan pronto como las fuerzas francesas las hubieran liberado de la presión juarista.

La delegación mexicana fue recibida el 22 de octubre por el emperador Napoleón, quien la felicitó por los resultados satisfactorios de su misión. Antes de retirarse, Gutiérrez de Estrada, su presidente, entregó al emperador, en nombre de la Regencia del Imperio, el voto de agradecimiento de la Junta de Notables, depositado en un largo estuche de plata maciza de exquisita factura, rodeado por cintas con los colores nacionales de México: rojo, blanco y verde. Este estuche iba guardado en una elegante cajita de terciopelo negro. Los miembros de la delegación encontraron en la acogida tan benévola que se les dispensó un nuevo motivo de gratitud hacia Francia.
Sin embargo, el archiduque recibió la noticia de que una segunda delegación mexicana se había embarcado para acudir a su encuentro; desde ese momento, pensó seriamente en preparar todo para su partida. Dado que su intención era visitar al emperador Napoleón III junto con la archiduquesa Carlota, numerosos obreros terminaron los trabajos iniciados en el pabellón de Marsan para recibir a sus altezas. El archiduque y la archiduquesa no solo deseaban cumplir con un acto de cortesía hacia la corte de Francia; el príncipe quería, sobre todo, establecer un entendimiento cordial con el emperador respecto al programa que planeaba llevar a cabo en su nueva patria.
Plenamente consciente de las dificultades de la tarea a la que se consagraba, deseaba dedicar todo el tiempo que pasara en las Tullerías exclusivamente a los asuntos de Estado, sin permitir que el protocolo de las recepciones oficiales lo distrajera de sus importantes preocupaciones. Sus Altezas llegaron a París el 5 de marzo. El día 6, el emperador y la emperatriz pasearon con sus ilustres huéspedes por el bosque de Boulogne y, por la noche, se celebró una gran cena en las Tullerías, a la que asistió la totalidad del personal de la embajada de Austria y de la legación de Bélgica. Entre los invitados a la velada destacaban varios oficiales superiores de la marina, pues el archiduque era gran almirante de la flota austriaca. Al día siguiente, la cena reunió a los miembros del cuerpo diplomático y, al igual que la víspera, el archiduque cosechó un gran éxito: se le consideraba una persona culta y afable, que despertaba gran simpatía.
El príncipe Maximiliano y la archiduquesa abandonaron el palacio de las Tullerías el 12 de marzo, a las siete de la tarde, tras despedirse del emperador y de la emperatriz. Un tren especial los aguardaba en la estación del Norte para llevarlos a Calais. El almirante Jurien de la Gravière y el señor de Grammont, caballerizo del emperador, los acompañaron hasta dicha ciudad. Los augustos viajeros llegaron allí a la una de la madrugada y se embarcaron hacia Londres. Al cabo de unos días, se dirigieron a Ostende.
Allí, según la correspondencia recibida, el futuro emperador consideraba superadas las dificultades que se oponían a su ascenso al trono. Cerca de 2.000 ayuntamientos se habían pronunciado a su favor; además, se aseguraba que el emperador Napoleón consentía en la formación de una legión extranjera cuyos cuadros serían cubiertos por oficiales y suboficiales franceses, y que buques de guerra franceses permanecerían en los puertos mexicanos durante cierto número de años.
El 9 de abril, el archiduque recibió en Miramar a la delegación mexicana y asumió oficialmente su título soberano.
El día 13, el señor José Hidalgo presentó al emperador la carta mediante la cual S. M. Maximiliano notificaba su nombramiento para el trono de México, así como las credenciales que lo acreditaban como ministro plenipotenciario del nuevo soberano ante la corte de Francia. Pocos días después, se supo que sus altezas imperiales se habían embarcado en Trieste con destino a Civitavecchia, desde donde debían ir a visitar al Santo Padre en Roma. Según una carta reciente procedente de México, el general Almonte había dado orden de decorar y amueblar de nuevo el palacio imperial. Por su parte, las damas se preocupaban mucho por la recepción que se brindaría a la emperatriz Carlota. Habían elegido un comité encargado de establecer el protocolo que debía seguirse, y se había decidido que una delegación acudiría a Veracruz para recibir a Sus Majestades. Se esperaba que la emperatriz eligiera a sus damas de honor de entre los miembros de dicha delegación; de ahí, naturalmente, surgieron numerosas rivalidades.
El emperador y la emperatriz de México se presentaron en el Vaticano el día 18 de abril. El príncipe mantuvo una entrevista de más de una hora con Pío IX, en la que se resolvió la cuestión religiosa. A continuación, visitó al exrey de Nápoles, Fernando, y al cardenal Antonelli. Por la tarde, recibió a los cardenales, a los ministros del gobierno pontificio, a los miembros del cuerpo diplomático y a diversas personalidades distinguidas de la nobleza romana.
Mientras tanto, la fragata de vapor austriaca Novara y el Thémis, buque francés que la acompañaba, reponían víveres y carbón en Civitavecchia para evitar hacer escala en las Azores y poder llegar a Martinica, donde Sus Majestades tenían previsto pasar un día entero. Dos corbetas mexicanas, preparadas y armadas por orden de la regencia, debían escoltar al príncipe y a la princesa desde Martinica hasta Veracruz.
La mañana de su partida de Roma, el Santo Padre concedió a la emperatriz la Gran Cruz de la Orden de Pío IX, y el emperador otorgó al general de Montebello, mariscal Forey, la Gran Cruz de la Orden de Nuestra Señora de Guadalupe.
Sus Majestades permanecieron cuarenta y ocho horas en Martinica. Se mostraron muy benévolos con los prisioneros de guerra mexicanos internados en la colonia y devolvieron la libertad a varios de ellos; el emperador quiso incluso llevarse a algunos a bordo de su propia fragata. También dejó una suma para ayudar a los más desdichados.
El 28 de mayo, a las 07:00 de la mañana, el Thémis, enviado por orden del emperador, fondeó en la rada de Sacrificios. El contraalmirante salió al encuentro del Novara, que entró en Veracruz a las 14:30, tras una travesía larga pero muy afortunada. Todos los buques estaban engalanados. El emperador fue saludado por los navíos y por el fuerte de Santiago, perteneciente al puerto.
El general Almonte, regente del imperio, llegó a las 16:30 y se trasladó inmediatamente a bordo del Novara, donde le había precedido el comandante superior de la plaza y de las Tierras Calientes, junto con los oficiales de su estado mayor. Los funcionarios y el ayuntamiento acudieron también allí. Por la noche, las calles estaban espléndidamente iluminadas. Un arco de triunfo decoraba la plaza del Ayuntamiento; la música, los fuegos artificiales y los festejos de toda índole conferían a la ciudad un aire muy característico, semejante al de las grandes ciudades de Europa.

El día 29 de mayo a las 05:30 de la mañana, el emperador y la emperatriz abandonaron el Novara y, en ese mismo instante, todos los buques de la rada y todas las fortalezas los saludaron con su artillería. La Guardia Nacional y las tropas estaban bajo las armas, y fue en medio del júbilo general cuando el emperador y la emperatriz pisaron por primera vez la tierra de México, a cuya salvación venían a consagrarse. La multitud era inmensa. Tras atravesar la ciudad engalanada a lo largo del recorrido con banderas de diversa índole, el príncipe y la princesa emprendieron el viaje en ferrocarril, sin detenerse hasta llegar a La Soledad. Desde allí prosiguieron su ruta pasando por Córdoba, donde arribaron en plena noche.
El paso fugaz de los nuevos soberanos dejó una profunda impresión en Veracruz. Una proclama, dirigida por el emperador al pueblo mexicano, fue fijada y distribuida en la ciudad.
El entusiasmo de los mexicanos era inmenso, y acompañaron al príncipe y a la princesa a lo largo de todo su viaje, desde el desembarco hasta las puertas de la capital. Los habitantes de las zonas rurales salieron a su paso para pedir al emperador la paz y la seguridad de las que habían carecido durante tanto tiempo. Los indígenas, que constituían siete octavas partes de la población total del imperio, destacaban por la exaltación de su alegría. Oprimidos y explotados por todas las facciones, esperaban un futuro mejor bajo el reinado del soberano cuya llegada aclamaban.
Fue así como uno de los alcaldes, en un discurso dirigido al príncipe, evocó las antiguas tradiciones piadosamente conservadas por los descendientes de los caciques a través de tres siglos de servidumbre en el Imperio español y 50 años de persecución. Vieron en el emperador Maximiliano al vengador y regenerador destinado por la Providencia a sacar a la raza indígena de su abatimiento y humillación.
Pueblos enteros acudían al encuentro de los ilustres viajeros, ofreciéndoles flores, frutas y todo cuanto los agentes de Juárez les habían dejado, y poniendo su suerte en manos del joven emperador con una confianza conmovedora y cordial. En Cholula, más de 50.000 indígenas habían salido al encuentro de Sus Majestades y, cediendo a insistentes ruegos, estos hubieron de sentarse en un trono rodeado de flores. El emperador iba acompañado del licenciado Cohimalpopoco, que le servía de intérprete ante sus nuevos súbditos, y del cacique de Amatlán, anciano venerado entre los suyos y cuya influencia era considerable. Durante el trayecto, el emperador visitaba los hospitales y la emperatriz, los conventos.
La entrada de Sus Majestades en la capital fue extraordinariamente espléndida. Tuvo lugar el 12 de junio, a las 10:00 de la mañana. Las manifestaciones de júbilo público impresionaron vivamente al emperador y a la emperatriz, quienes quisieron dirigirse en primer lugar a la catedral para dar gracias a Dios. A continuación, se encaminaron hacia el palacio, donde todo se había dispuesto magníficamente para su llegada.

Operaciones de Bazaine en 1863
Mientras se aguardaba la decisión del archiduque, el general Bazaine obtenía ventajas sobre los juaristas que aumentaban día a día el número de partidarios del Imperio. El 5 de enero de 1864, el comandante en jefe anunció a la Regencia, mediante una proclama, que su vanguardia había ocupado Guadalajara por la mañana sin disparar un solo tiro y que él entraría en la ciudad al día siguiente al frente de sus tropas. Los juaristas habían intentado en vano ofrecer cierta resistencia al paso del puente de Caldera, para luego emprender la huida tras haber exigido rescates a todos los propietarios.
La toma de Puebla había valido al general Forey el nombramiento de mariscal, que recibió juntamente con la orden de volver a Francia, pues aquella dignidad se consideraba superior al mando del cuerpo expedicionario, a cuya cabeza debería quedar el general Bazaine.
El mariscal Forey entregó el mando a Bazaine el 1 de octubre y se dirigió a Veracruz el 21 en Veracruz, donde se embarcó el día 29 en la fragata Panama. A su paso por Puebla, distribuyó condecoraciones entre varios militares que permanecían en los hospitales; asimismo, otorgó la cruz de la Legión de Honor a un indígena llamado Medel, jefe de la Guardia Nacional de Trapeji, quien se había defendido heroicamente en dicha localidad desde las ocho de la mañana hasta el anochecer.
El general Bazaine ya estaba haciendo los preparativos para ponerse en marcha con 12 batallones de 500 hombres, 6 escuadrones de 100 caballos y la artillería y el cuerpo de ingenieros necesarios para la columna, con el fin de atacar al ejército mexicano, que se estaba concentrando entre Querétaro y San Juan del Río; su intención era partir con víveres y medios de transporte suficientes para abastecer a sus tropas.
Aceleraba la instalación de una línea telegráfica desde Veracruz hasta La Soledad, y de allí a Puebla, y había ordenado trasladar a La Soledad a 700 prisioneros que se encontraban en Puebla, para así impulsar las obras del ferrocarril. Se estaba reparando el material de artillería abandonado por el enemigo tanto en esta última ciudad como en México.
Juárez se había adentrado en el interior del país y se esforzaba por organizar la resistencia en las regiones más remotas de México; pero nuestras tropas dispersaban a diario algunas de las partidas que dominaban el campo, y las grandes ciudades, adhiriéndose a la intervención, se pronunciaban a favor del retorno a la monarquía. Una asamblea convocada por el mariscal Forey había ofrecido ya, en el mes de julio, la corona imperial al archiduque Maximiliano, hermano del emperador de Austria.
El general Douay, a fecha de 30 de diciembre, había dispersado los restos de las partidas de Uraga, y los mexicanos le habían abandonado 143 mulas cargadas de municiones, armamento, cierta cantidad de víveres y maquinaria para perforar cañones y acuñar moneda. La ocupación de todas las principales ciudades del interior preparaba la pacificación y cumplía la condición impuesta por el archiduque. Esta buena noticia despertó el entusiasmo de la población en Veracruz.
En los momentos en que se disponía la expedición al interior de la República, el ejército francés contaba con 34.144 hombres con 7.477 caballos y mulas. Dicho ejército se componía de 2 divisiones: DI-1 de Castagny (brigadas de Bertier y de Mangin) y la DI-2 de Douay (brigadas de L’Hériller y de Neigre). La brigada de caballería era mandada por el general Du Barail y la BRI de reserva por De Maussion. A esto había que agregar las fuerzas especialmente destinadas a las tierras calientes, que se componían de un BI de egipcios (400) y el BI de la contraguerrilla de Dupín (203) y, por último, las tropas aliadas mexicanas más o menos organizadas. En suma, el número de fuerzas puestas al mando del general Bazaine ascendía a 47.677 hombres, de los cuales estaban sobre las armas unos 42.000. Tal era el enemigo con que tenía que combatir el gobierno juarista.
En el ejército juarista, el Ejército de Oriente, que era la principal fuerza de la República, había quedado prácticamente desmantelado. Sus principales generales y miles de soldados fueron tomados prisioneros o dispersados.
En el sur (Oaxaca y Guerrero): El general Porfirio Díaz, nombrado comandante de la primera división del reconstituido Ejército de Oriente, logró evadir la captura y se dirigió a Oaxaca para reorganizar tropas, reclutar hombres y fortificar el estado para convertirlo en el principal bastión republicano del sur.
En el sureste (Tabasco): En este frente se obtuvo uno de los éxitos más significativos del año. El 1 de noviembre de 1863, las fuerzas liberales tabasqueñas, mandadas por el coronel Gregorio Méndez Magaña y Andrés Sánchez Magallanes, derrotaron a los franco-imperialistas en la batalla de El Jahuactal (1 de noviembre), frenando el avance enemigo en la región y demostrando la viabilidad de la resistencia civil armada.
En el centro-occidente (Michoacán): Las fuerzas republicanas intentaron contener a los imperialistas en plazas clave. A mediados de diciembre de 1863, unos 9.000 soldados juaristas bajo el mando de los generales José López Uraga. Escaramuzas aliadas defendieron Morelia contra el general monárquico Leonardo Márquez en la batalla de Morelia (18 de diciembre), sufriendo una dura derrota que debilitó el control liberal en el Bajío.
Antes de emprender la expedición al interior, el general en jefe dictó las medidas necesarias para asegurar su línea de comunicación con el mar: redujo el número de los puestos en las tierras calientes, pero los que quedaron fueron instalados en buenos reductos, capaces de una defensa prolongada, y bien provistos de víveres y municiones; 500 hombres de Márquez ocuparon permanentemente la ciudad de Jalapa; la BRI de reserva se encargó de guardar los distritos de Córdoba, Orizaba y Tehuacán: en Puebla quedó una fuerte guarnición compuesta del RI-1 de zuavos; 2 compañías solamente en Tlaxcala, y 4 compañías de unos 100 hombres cada una, fueron repartidas entre México, Puebla, Orizaba y Córdoba para cuidar los caminos. Se formaron dos columnas para marchar al interior: la una con la DI-1 de Castagny y la DI mexicana de Márquez debía dirigirse a Morelia por Toluca y Acámbaro; y la DI-2 de Douay tomaría por Querétaro, León y Lagos hasta Guadalajara. En los últimos días de octubre comenzaron los movimientos de dichas columnas; el 9 de noviembre salieron de la capital los generales de las divisiones para ponerse a la cabeza de éstas.

El 18 de noviembre partió el general en jefe para unirse con Castagny, dejando la plaza de México bajo el mando del general Neigre. Por un movimiento rápido, el general Douay ocupó Querétaro el 17, y allí se detuvo esperando que Castagny estuviese a su altura. Este llegó a Acámbaro el 24, sin haber tenido más que un ligero encuentro de vanguardia con el enemigo cerca de Maravatío; el 27 se le incorporó Márquez, e inmediatamente se dirigió a Morelia, en donde entró el 30 de noviembre sin resistencia ninguna, por haberse retirado el general Berriozábal.
Una vez ocupada Morelia, Bazaine marchó por Acámbaro a Celaya, y dirigió la columna de Douay por San Miguel Allende sobre Guanajuato, que ocupó el 8 de diciembre, mientras el general en jefe avanzaba por el camino principal hasta Salamanca, y el día 12, concentrando en Silao la DI-2 de Douay y la mayor parte de la DI-1 de Castagny, emprendió la persecución de Doblado. Se sabía que había una gran reunión de fuerzas juaristas cerca de San Pedro Piedra Gorda, y que allí se hallaban los generales Doblado y Uraga, a quienes se les suponía la intención de retroceder sobre Morelia, atacar a Márquez y recobrar la ciudad.
Bazaine resolvió entonces dirigirse de Silao a San Pedro Piedra Gorda, mientras que Bertier avanzaría de Salamanca a Pénjamo y Douay marcharía sobre León para cortar la retirada al enemigo; pero al saber que Doblado se encontraba por León y Lagos en dirección al norte, Bazaine modificó su plan; lanzó en pos de él la DI-1 de Castagny, que iba ya camino de San Pedro, y puesto a su cabeza, entró el 14 de diciembre en León y el 15 en Lagos, de donde Doblado había salido la víspera.
La necesidad de reunir víveres detuvo a la columna, francesa todo el 17 de diciembre; el 18 continuó la persecución rumbo a Aguascalientes, y a las cuatro de la mañana del día siguiente llegaba a la hacienda de Ledesma; allí se le reunió la guerrilla del jefe reaccionario Cliavéz, y al anunciar los exploradores que hacía ya tiempo que Doblado había avanzado de Aguascalientes, Bazaine renunció a la idea de perseguirle. El 20 devolvió a Lagos la mayor parte de sus tropas, mientras que continuó a Aguascalientes con la BRC de Barail, y el 24, dejando aquella ciudad bajo el mando de Chávez, regresó a Lagos.
Mientras esto sucedía, el general Douay, encargado de ejecutar el movimiento que antes había determinado, partió de León sobre San Pedro Piedra Gorda, precedido a una jornada de marcha por una vanguardia ligera al mando del coronel Margueritte; pero el general Uraga se había dirigido rápidamente con fuerzas considerables sobre Morelia, que atacó rudamente el 18; Márquez hizo una vigorosa resistencia, quedando herido en la cara, y Uraga se vio en la necesidad de retirarse, después de sufrir grandes pérdidas, por el rumbo de la Piedad, que cambió luego por el de Zamora, al saber que Douay se dirigía a la primera de dichas poblaciones.
En efecto, el 20 de diciembre la vanguardia de Douay se hallaba en la Piedad, en el momento en que aquel general recibía la noticia del ataque a Morelia, y comprendiendo la importancia de cortar el camino a Uraga, aceleró el movimiento de sus columnas, y el 22 en la mañana la caballería de Margueritte llegó intempestivamente a Zamora, trabando combate con la guarnición republicana que allí estaba. En aquellos momentos, Uraga se encontraba en Chilchota, de donde se retiró a Uruapan al saber lo de Zamora y, tomando el camino de los Reyes y Coalcomán, se dirigió con el resto de sus fuerzas al sur de Jalisco, llegando a Zapotlán el 2 de enero. De esta manera frustró el movimiento de Douay, que no pudo estar en los Reyes sino hasta el 28 de diciembre, volviéndose luego por el camino de San Pedro Paradlo a Zamora, en donde recibió instrucciones de dirigirse a la Barca, con objeto de concurrir, si era necesario, al movimiento que el general en jefe ejecutaba sobre Guadalajara.
Operaciones de Bazaine en 1864
Caída de Guadalajara (6 de enero de 1864)
Las tropas francesas del general Bazaine avanzaban sobre los estados del interior. El gobernador juarista de Jalisco, José María Arteaga, ante la imposibilidad de enfrentar a las tropas francesas, ordenó evacuar Guadalajara. El 2 de enero, fueron sacados de la ciudad los archivos de gobierno y del Supremo Tribunal de Justicia; se inició la evacuación de los funcionarios de la administración pública y, finalmente, el día 4, se retiraron los últimos batallones, quedando la ciudad a merced del invasor.
Luis Pérez Verdía describió el ambiente vivido por las familias previo a la entrada de las tropas francesas: «Las calles desiertas, las puertas y ventanas cerradas, la alarma en todas las casas, la tristeza en muchas; patrullas de comerciantes armados que formaron la “guardia mutua,” recorren el centro de la ciudad y por la noche no hubo alumbramiento, aumentando con la oscuridad el aspecto lúgubre que impera». Una avanzada francesa arribó por la noche del día 5 de enero y ordenó al canónigo, Luis Verdía, que repicaran las campanas de la catedral al momento que entrara el ejército mandado por Bazaine, a lo que este se negó enérgicamente. Los invasores entraron a la ciudad causando asombro a una multitud de curiosos que se atestaron las calles para observar las maniobras del entonces ejército más poderoso del mundo.

El 7 de enero nombraron a Rómulo Díaz de la Vega como prefecto del estado de Jalisco y declararon la ciudad en estado de sitio.
Caída de San Luis Potosí (13 de enero)
Mejía, entretanto, había avanzado con su división sobre San Luis Potosí, siendo observada su marcha por la división del general Miguel Negrete, que se había ido retirando poco a poco desde San Felipe. Al anunciarse que aquel movimiento se verificaba en combinación con los franceses, dueños ya de León, Lagos y Aguascalientes, el gobierno juarista se retiró de la ciudad amagada a las cuatro de la tarde del 20 de diciembre, avisándolo previamente y pasando por entre una línea de soldados fieles, mientras se hacía una salva de honor. Negrete quedó en la ciudad con orden de batir a Mejía, después de que se cerciorara de que no era una fuerza considerable la que avanzaba, sino que falsos informes habían dado lugar a que ni se emprendiera ataque ni se defendiera la plaza.
Conocida la verdad, las fuerzas juaristas, que se habían retirado hasta la hacienda de Bocas, volvieron sobre San Luis Potosí el 27 y emprendieron un ataque que estuvo a punto de derrotar a los monárquicos; pero el excesivo arrojo del cuerpo de zapadores le precipitó en entrar sin practicar reconocimientos, y logró penetrar hasta el centro de la población. Aquel esfuerzo aislado, que no contó con el apoyo de las otras columnas, permitió al enemigo rechazar el ataque; el desconcierto cundió entre las filas, y Negrete tuvo que retirarse con pérdida de su artillería, parque, armamento, etc. El presidente Juárez, que había permanecido en el mineral de Catorce en espera del resultado, se adelantó entonces a Saltillo, en donde fijó temporalmente su residencia, siendo recibido cordialmente por la población y las autoridades locales.
De esta manera, al principiar el año de 1864, la intervención francesa había ocupado una parte considerable del interior de la República, repitiéndose lo que ya había sucedido en 1858, cuando la reacción conservadora se adueñó de la capital a consecuencia del golpe de Estado. La facilidad con que se verificó aquel movimiento pudo engendrar la ilusión de un triunfo definitivo en los que no conocían la historia de México, la pujanza del partido liberal, favorecida por la configuración del territorio, y el verdadero estado de la opinión pública.
Los bruscos ataques de Morelia y San Luis Potosí, a pesar de entrar en el plan de campaña una retirada general, eran anuncios de que la lucha no terminaría. Uno de los primeros actos de los jefes expedicionarios era convocar juntas para levantar actas de adhesión al imperio proclamado por los notables, creyendo que de este modo se llenaba el requisito puesto por el archiduque para la aceptación de la corona.
Los juaristas se habían visto obligados a evacuar la mayor parte de las grandes ciudades: aun en ciertos lugares los franceses habían sido aclamados como libertadores, pero el gobierno provisional no ponía ninguna actividad en la organización de las administraciones públicas. El general Bazaine deploraba esta apatía; con frecuencia había tenido la mayor dificultad para constituir las administraciones locales; se había visto obligado a dejar Aguascalientes en manos de Chávez, jefe de guerrillas, cuyo valor político y cuyo desinterés eran muy discutibles.
Caída de Campeche (22 de enero de 1864)
El 22 de enero de 1864, bajo el mando del contralmirante Auguste Bosse, la fragata francesa Magellan, mandada por el capitán Georges Cloué, y la cañonera Flèche se unieron al aviso Brandon, que ya tenía la misión de bloquear la ciudad portuaria fortificada de Campeche (Yucatán). Estas fuerzas navales de 800 hombres y 10 piezas de artillería debían coordinar sus operaciones con el general mexicano Felipe Navarrete y llamar a la ciudad amenazándola con un bombardeo de Campeche, la ciudad más importante del estado de Yucatán.
Los términos de la rendición incluían la apertura del puerto. Se entregaron armas, municiones e instalaciones públicas a Cloué, quien garantizó la vida de los habitantes. Cuatro embarcaciones que García había reunido para disparar contra las tropas yucatecas (Oriente, Faustina, Gloria y Rafaela) que pertenecían a particulares y fueron devueltas a sus dueños después de participar en la operación organizada por el capitán Cloué.
Al día siguiente de la capitulación de Campeche, las compañías de desembarco de los barcos franceses tomaron posesión de esta ubicación estratégica. Campeche tenía una población de 20.000 habitantes y fortificaciones bien conservadas, equipadas con 100 cañones. El partido juarista sufrió así un grave revés con la captura de esta ciudad supuestamente inexpugnable. Todo Yucatán se unió entonces al imperio, pero Felipe Navarrete, quien permaneció al mando de las fortalezas de Yucatán y Campeche y fue nombrado comisionado imperial, fue incapaz de mantener a sus soldados en armas. Navarrete fue reemplazado en el mes de septiembre por José Salazar Ilarregui, pero siguió siendo prefecto de la ciudad de Mérida.
Incidente del coronel Miramón
Al saber las dificultades en que se hallaba envuelta la Regencia, el general Bazaine, que estaba en Guadalajara, resolvió volver a la capital, aplazando por entonces la expedición a Colima que tenía proyectada, con el fin de destruir las fuerzas de los generales Arteaga y Uraga que ocupaban el sur de Jalisco. Quedó encargado del mando de la plaza el coronel Garniel con una guarnición de 1.600 franceses y 400 mexicanos.
Hubo entonces un incidente que hizo ver el desprecio y la desconfianza con que los invasores veían a los mexicanos que se les habían adherido. El coronel Joaquín Miramón (hermano mayor de Miguel Miramón, que había sido el presidente conservador más joven) había ido a Guadalajara con un cuadro de oficiales para organizar tropas auxiliares, y en los momentos de regresar, Bazaine recibió una comunicación de este en que le decía que solo tendría que ocuparse en dicha organización, y concluía: «Deja entenderse que, en caso de que el comandante superior llamase vuestras tropas, éstas se pondrán a su disposición para la defensa de la ciudad y del territorio, principalmente del lado de las haciendas de la Ascensión.» Miramón se sintió ofendido con semejante medida, que le ponía a las órdenes de un coronel francés; así es que inmediatamente pidió que se le concediera retirarse a la capital con el cuadro que le acompañaba, entregando al coronel más antiguo el mando de las pocas tropas que existían, lo cual le fue concedido.
Ocupación de Zacatecas (6 de febrero de 1864)
Bazaine se había puesto ya en marcha por La Barca, Valle de Santiago, Salamanca y Querétaro. En su travesía tuvo que destacar varias veces fuerzas de la columna que le acompañaba contra las bandas juaristas que asomaban por el camino, siendo lo más notable un ataque que el coronel Petit dio en Penjamillo a una guerrilla juarista, haciéndole 29 prisioneros. En la Piedad y en Zamora quedaron piquetes de tropa para ayudar a las poblaciones en la organización de la defensa, y no logrando sorprender una fuerza republicana que acababa de recoger una contribución en Irapuato, Bazaine continuó a México, adonde llegó el 4 de febrero.
Después de la ocupación de Guadalajara, el general Douay, que se había colocado en la Barca en observación de aquel movimiento, recibió orden de dirigirse a León, encargándose de las operaciones militares en el norte.
Incorporada la DI-1 de Castagny, Douay reunió sus fuerzas en Lagos y las movió hacia Aguascalientes en dos columnas, una de las cuales tomó a la izquierda el camino para atacar Teocaltidre, que se hallaba defendido por 600 republicanos: la defensa fue valiente, pero la plaza al fin cayó en poder de los asaltantes, que hicieron prisioneros a los jefes Jáuregui, Mendoza y Ramírez, siendo luego pasados por las armas el 29 de enero. Después de esto, la columna siguió a Aguascalientes y de allí a Zacatecas por el camino directo, mientras Castagny avanzaba por los Ángeles y la Blanca.
Zacatecas fue ocupado sin resistencia el 6 de febrero; el gobierno de Juárez tuvo que trasladarse a Fresnillo.
Conflicto entre Benito Juárez y Santiago Vidaurri
Entretanto, Guadalajara se veía amenazada por Uraga, que había avanzado del sur, cuando se le creía reducido a la impotencia. El coronel Garnier declaró la ciudad en estado de sitio y se preparó para la defensa; durante varios días hubo tiroteos en las garitas sin que los republicanos intentasen ningún ataque serio; pero al tener Douay conocimiento de lo que pasaba, dejó la DI-1 de Castagny en Zacatecas y retrocedió violentamente a Guadalajara, adonde llegó el 25 de febrero, estableciendo allí su cuartel general.
Benito Juárez, a pesar de los reveses que su gobierno había sufrido, manifestó la resolución inquebrantable de permanecer en el puesto que ocupaba, y trasladó el gobierno a Monterrey, a donde llegó el 12 de febrero, para encontrarse, no con el apoyo republicano que esperaba, sino con una oposición política feroz.
El gobernador Santiago Vidaurri, simpatizante de las fuerzas francesas imperiales, le regateó al gobierno itinerante los dineros recaudados en las aduanas en Nuevo León, lo que le permitiría al presidente Juárez continuar su gobierno y su caravana.
Indalecio, el hijo del gobernador Vidaurri, fue enviado a dar la negativa y, con una turba armada, acabó disparando contra la caravana que salió huyendo para proteger la vida del presidente Juárez. Este declaró a Vidaurri en rebeldía, decretó la separación temporal de Nuevo León y Coahuila. Encargó el mando militar y político de Coahuila a Andrés Viesca, que levantó fuerzas de guardia nacional en el mayor número posible; se movieron dos secciones de Tamaulipas, una al mando del general Capistrán y otra al del jefe Julián de la Cerda, quien después de reprimir en Ciudad Victoria una intentona en favor de Vidaurri, organizó fuerzas considerables para entrar en campaña; por último, la división de Durango, mandada por el general Patoni, llegó al Saltillo con la artillería que estaba haciendo gran falta. Al mismo tiempo, las poblaciones más importantes de Nuevo León, como Galeana, Linares, Rayones, Montemorelos y otras, se declaraban abiertamente contra la traición; así fue que, al verse en situación tan crítica, Vidaurri pretendió entrar en arreglos con el gobierno, mandando, el 25 de marzo, comisionados, a los cuales no se permitió llegar a la residencia del gobierno, previniéndoseles que pusiesen por escrito el objeto de su misión. Esta se reducía en sustancia a asegurar la impunidad personal del culpable, a lo cual contestó el gobierno que no admitía más arreglo que la plena sumisión a la ley.
Vidaurri escapó de Monterrey en la noche del mismo 25 con 300 hombres, dejando una pequeña fuerza al mando de Quiroga, que a su vez desocupó la ciudad; pero aquellas tropas, casi en su totalidad, se sometieron en Villaldama al jefe constitucionalista Victoriano Cepeda, recobrándose 17 piezas de artillería. Vidaurri, que había tomado el rumbo de Piedras Negras, atravesó el Bravo y se refugió en Texas, mientras el 2 de abril llegaba a Monterrey el general Negrete y el 3, en medio de una multitud entusiasta, hacía su entrada solemne el presidente Juárez estableciendo allí su gobierno.
Vidaurri regresó a Nuevo León una vez que Monterrey fue ocupada por los franceses y se sometió al Imperio; reconoció a Maximiliano como emperador de México. Durante este periodo fue designado consejero imperial y llegó a ser ministro de Hacienda. Cuando Maximiliano III fue detenido, Vidaurri acabó siendo fusilado por la espalda, como traidor, en la Plaza de Santo Domingo de la Ciudad de México el 8 de julio de 1967.
Batalla de Mazatlán (26, 28 y 31 de marzo de 1864)
El día 24 de marzo, la corveta Cordelière (22), mandada por el capitán Henri Martineau des Chesnez, llegó a Mazatlán y ancló al poniente de la isla de Venados.
El día 26 un bote de reconocimiento bajó del buque francés, pero al acercarse a unos 400 metros de tierra fue descubierto por soldados mexicanos, quienes lo atacaron con un cañón ligero. El fuego fue respondido por los franceses con un obús. Al finalizar la escaramuza, el bote no sufrió daño alguno, mientras que en tierra los mexicanos reportaron varios heridos debido a la explosión de unos cartuchos que fueron alcanzados por los disparos de los franceses.
El día 28 de marzo, desde las cercanías de Isla de Venados, la Cordelière, que disponía de 16×6, 4×22 y 2×30 cañones, desplegó 14 lanchas de desembarco. En tierra ya les esperaba el ejército mexicano al mando del coronel Gaspar Sánchez Ochoa y del capitán Marcial Benítez. Las lanchas francesas avanzaron hasta una legua de la playa y comenzaron a disparar contra los mexicanos, fuego que fue respondido por Marcial Benítez, quien se auxiliaba de 6 obuses. Entonces, 11 de las lanchas invasoras recibieron órdenes de dirigirse hacia la playa, donde lograron desembarcar a sus hombres. Ante esto, el capitán Marcial Benítez permaneció atacando las tres lanchas en el mar, mientras que el coronel Sánchez Ochoa y sus hombres atacaron a los franceses que ya se encontraban en la playa. Después de unos minutos de fuego, los franceses se vieron obligados a huir hacia la Cordelière, llevando sus muertos y heridos.
El resultado de este intento de desembarque fue de varios muertos y heridos por parte de los invasores franceses, y tres heridos y un muerto por parte de los mexicanos.
Después de la derrota sufrida al intentar desembarcar, a las dos de la tarde del día 31 siguiente, la Cordelière inició el bombardeo al cuartel. El ejército mexicano repelió el ataque, dirigido por el coronel Gaspar Sánchez Ochoa. Al caer el sol, el buque francés había disparado entre 300 y 400 veces, mientras que los mexicanos habían disparado 158 veces.
Al término de este combate, los mexicanos tuvieron varios heridos, mientras que la Cordelière recibió cinco balas de cañón en el casco.
Operaciones de abril a junio de 1864
El 30 de marzo, el capitán Mealbié salió de Salamanca y derrotó una fuerza juarista que se hallaba en Cuitzeo de los Naranjos, después de un combate de dos horas y media. Las columnas destacadas sobre el interior fueron de un eficaz auxilio en la persecución de las guerrillas, no obstante quedar sin resultado el movimiento del coronel Clinchant sobre Zitácuaro a finales de marzo.
A la vez, el general Douay, que expedicionaba en los alrededores de Guadalajara, batía el 21 en el Coecillo al jefe Simón Gutiérrez, volviendo el 31 a la capital de Jalisco después de destruir las maestranzas de Tula y Tapalpa. El 11 de abril, el comandante de Courcy atacó en Colotlán la fuerza de Sandoval, y recorrió luego la sierra acompañado de un gran número de rancheros armados; Douay situó un destacamento de auxiliares en Cuquío, camino de Zacatecas a Guadalajara; destacó por aquel rumbo una columna a las órdenes del coronel de Potier, concurriendo a la expedición fuerzas salidas de Zacatecas y Aguascalientes.
El 13 de mayo atacó de Potier la plaza de Nochistlán, cuyos defensores, al mando del jefe juarista Jesús Mejía, se sostuvieron valerosamente; pero al fin sucumbieron, muriendo casi todos los oficiales, inclusive el mismo Mejía. Se emprendió enseguida la persecución de Sandoval, que pudo, sin embargo, escaparse por Tlaltenango rumbo al norte.
Corona, que había marchado con una pequeña fuerza desde el sur de Jalisco, logró tras grandes dificultades reunirse en Valparaíso con el coronel Trinidad García de la Cadena; pero el 6 de junio fue sorprendida aquella población por tropas francesas, y el resto de las juaristas se retiraron a Sombrerete, donde se incorporaron con González Ortega, que se dirigió luego al Mezquial. Corona se separó entonces del jefe zacatecano y continuó su marcha a Durango.
Entretanto, había tenido lugar una acción de fatal trascendencia para las armas republicanas: el general Doblado, al frente de una fuerza considerable, marchó de Monterrey sobre Matehuala con el objeto de atacar al jefe imperialista Mejía. El combate se inició bajo buenos auspicios para los liberales; pero la llegada intempestiva del coronel Aymard, que de San Luis Potosí se dirigió rápidamente, contribuyó a que la suerte se decidiera en favor de los intervencionistas, replegándose Doblado al punto de partida con los restos de sus tropas derrotadas. Poco después de esto, aquel jefe abandonó la escena política y se retiró a los Estados Unidos, en donde murió el 19 de junio de 1865.
Desde principios de marzo, Bazaine reemplazó la guarnición de Tampico, que debía volver a Francia, con la contraguerrilla extranjera que tan tristes recuerdos dejaba en Veracruz, nombrando a su jefe, el coronel Dupin, comandante superior y gobernador de Tamaulipas.
Después de ocupar el puerto de Tuxpan, el jefe intervencionista Llórente tuvo necesidad de abandonarle a principios de abril, viéndose enseguida sitiado en Temapacbe por fuerzas republicanas a las órdenes de Carvajal. Dupin salió entonces de Tampico en auxilio de Llórente, que, libre de sus enemigos, volvió a Túxpan, mientras Carvajal era alcanzado y batido el 18 en el pueblo de San Antonio Tanchinapa. Los pobres habitantes de Ozuluama, no pudiendo satisfacer las exigencias de Dupin, tuvieron que presenciar el incendio y arrasamiento de su población.
Toma de Acapulco (3 de junio de 1864)
Juan Álvarez y un grupo de guerrilleros indígenas seguían en control de Guerrero y Acapulco, ciudades que no fueron alcanzadas por el ejército francés en las primeras etapas de la intervención. En la mañana del 8 de enero de 1863, un vapor de guerra francés del Diamant ancló en el puerto de Acapulco. El capitán de la embarcación, Le Bris, le preguntó al general Diego Álvarez, hijo de Juan Álvarez, y le hizo varios reclamos: que se le permitiera a la embarcación abastecer carbón y agua, que el general repudiara oficialmente las declaraciones anti-francesas hechas por el militar mexicano de origen italiano Luis Ghilardi, publicadas en un periódico local un año antes. Ello dio lugar al rechazo del buque de guerra francés Bayonnaise, la suspensión de Ghilardi de su cargo y que todas las defensas fueran desmontadas a la vista. Al día siguiente, México envió una disculpa, pero se declinaron las dos primeras demandas, y la ciudad comenzó sus preparativos contra el ataque esperado.
Al enterarse del posible ataque francés, el general Alejandro Constante Jiménez, al mando de 200 hombres, decidió auxiliar al general Juan Álvarez, a pesar de sus enormes diferencias, siendo este combate la última hazaña militar que se le conoce a Constante.
San Juan Bautista (Tabasco) y Minatitlán habían sido desocupados desde febrero y marzo por los intervencionistas que no pudieron sostenerse ante las fuerzas nacionales enviadas por el general Díaz, y que el 3 de junio ocupó sin resistencia el puerto de Acapulco un batallón de tiradores argelinos, embarcado en San Blas el 28 de mayo, y compuesto de 464 hombres y 30 oficiales.
Situación militar a la llegada de Maximiliano
El ejército expedicionario francés en junio de 1864 constaba de 35.553 efectivos distribuidos:
- DI-1 del general Castagny con 10.339 efectivos, el CG (cuartel general) en Querétaro:
- BRI-I/1 del coronel Aymard con 5.250 efectivos, el CG en San Luis Potosí, distribuida en dicha ciudad y Guanajuato, Silao, León, Irapuato y Salamanca.
- BRI-II/1 del coronel Mangin con 5.189 efectivos distribuida en Querétaro, San Luis de la Paz, San Juan del Río, Arroyo Zarco, Tepeji y Pachuca
- DI-2 del general Douay con 10.176 efectivos, el CG en Guadalajara:
- BRI-I/2 del general L’Heriller con 5.096 efectivos en Zacatecas, distribuida en Zacatecas, Jerez, Mal Paso, Salinas, Fresnillo, Aguascalientes, Lagos y la Encarnación.
- BRI-II/2 del general Neigre con 5.080 efectivos distribuida en Guadalajara y sus alrededores, Tepatitlán, San Juan de los Lagos y Tololotlán.
- BRI-R del general de Mausion con 2.919 efectivos, el CG en Orizaba: el RI-1 del coronel Giraud en Orizaba, Córdoba, la Cañada, Tehuacán, Río Frío, Chiapultepec y México; el BIL-II del comandante D’Ornano, en Paso del Macho, Palo Verde, Camarón, Cotastla y Córdoba.
- RI extranjero del coronel Jeanningros con 2.682 efectivos en Puebla, San Juan de los Llanos, Zacatlán, Tlaxcala, Tepeji de la Seda y Acatlán.
- BRC de Barail con 2.449, la artillería con 2.709 y los ingenieros con 681 estaban repartidos en apoyo a las diversas unidades.
- Tropas de administración: 3.164.
- Tropas de Marina en Veracruz: 159.
Las tropas mexicanas imperiales organizadas por la intervención, incluyendo 848 hombres de las contraguerrillas de Dupin en Tampico y Tamaulipas, ascendían a 20.285 hombres distribuidos en:
- División de Márquez con 6.099 hombres en Morelia y alrededores, Jalapa, Perote.
- División de Mejía con 5.270 hombres en San Luis Potosí, Venado, Matehuala, etc.
- Brigada de Vicario con 1.876 hombres en Cuernavaca, Iguala, etc.
- General Gálvez con 291 hombres en Orizaba.
- General Velarde con 562 hombres en La Barca.
- Coronel Flón con 236 hombres en Puebla y Tepeji.
- Coronel Trujeque con 419 hombres en Puebla, Acatlán y Atlixco.
- Coronel Argüelles con 304 hombres en Córdoba.
- Coronel Valdés con 871 en Toluca.
- Coronel Navarrete con 356 en Toluca.
- Coronel Cano con 99 Pachuca.
- Coronel Antonio Domínguez con 205 en Pachuca.
- Coronel Figueroa con 153 en Veracruz.
- Coronel Chávez: con 625 en Aguascalientes.
- Coronel Cermeño con 318 en Lugos.
- Coronel Cuellar con 329 en Guadalajara.
- Coronel Octavio Castellanos con 106 en Tepatitlán.
- Coronel Rentería con 582 en Guadalajara.
- Coronel Santiago Castellanos con 87 en Guadalajara.
- Coronel Dupin con 848 en contraguerrillas de Tampico y de Tamaulipas.
- Comandante Riveira con 66 en San Martín Texmelúcan.
- Comandante José de la Peña con 207 en Tula.
- Comandante Murcia con 104 en La Soledad.
- Batallón de inválidos con 272 en México.

En aquellos momentos, verdaderamente angustiosos para la causa juarista, el gobierno contaba todavía con los estados de Nuevo León, Coahuila, Tamaulipas, Chihuahua, Sonora, Sinaloa, Colima, Guerrero, Oaxaca, Tabasco, Chiapas, una parte de Jalisco, sin contar las innumerables fuerzas que operaban en Michoacán, Puebla, Veracruz y demás estados ocupados por la intervención.
Urgía pacificar las provincias del Norte, es decir, ocupar aquellos Estados sometidos todavía al gobierno republicano, y destruir ese gobierno, que, por más que se aparentase despreciarle, era una verdadera pesadilla para el imperio. Las tropas franco-mexicanas de aquella zona en junio estaban desplegadas en primera línea: La BRI-I/2 L’Heriller en Zacatecas, con puestos avanzados en el Fresnillo haciendo frente a las divisiones Patoni y González Ortega. La BRI-I/1 de Aymard en San Luis Potosí con una avanzada en el Venado. La división de Mejía en Tula de Tamaulipas, Río Verde y Valle del Maíz, con la brigada López avanzada en Matehuala, Catorce y el Cedral. La contraguerrilla del coronel Dupin en Tampico. Las tres últimas tracciones hacían frente a la división Negrete y a las guerrillas de Tamaulipas.
En segunda línea, la DI-1 de Castagny, que tenía su cuartel general en Querétaro. Habiendo dos grandes vías que conducen al Norte, la una que parte de Zacatecas y se dirige a Durango y Chihuahua, y la otra que va de San Luis al Saltillo, Monterrey y Matamoros, Bazaine formó el plan de hacer avanzar la BRI-1/2 de L’Heriller sobre Durango, moviéndose en líneas paralelas la DI-1 de Castagny por el camino de San Luis al Saltillo; la división de Mejía por Victoria y Linares para llegar según las circunstancias a Monterrey o a Matamoros; la columna de López se dirigiría a Galeana para mantener la comunicación entre las dos últimas, y por último, la contraguerrilla seguiría hasta Victoria la misma dirección que Mejía, y de allí se inclinaría a la costa hacia Soto la Marina y San Fernando de Presas, a fin de ponerse en relación con la escuadra, cuyas compañías de desembarco debían saltar en tierra en la embocadura del Río Bravo.
Conforme a este plan, el general L’Heriller con la BRI-I/2 se movió de Zacatecas el 22 de junio, y el 4 de julio ocupó Durango sin encontrar resistencia, pues no habiendo llegado el contingente de guardia nacional de los pueblos, ni Patoni, que venía de Chihuahua con fuerzas republicanas, el general Sánchez Ochoa tuvo que evacuar la plaza.
Algunos días después, una columna ligera avanzó a San Juan del Río con objeto de apoderarse de la artillería que los republicanos habían sacado de la ciudad, lo cual no consiguió; y el 19, el capitán Ilurtel con dos compañías del RI-2 de zuavos, sorprendió en la hacienda de Juana Guerra la fuerza que mandaba Corona, quien enseguida obtuvo de Patoni el permiso de dispersarse para continuar la campaña en Sinaloa. A la vez, el general Castagny, jefe de la DI-1, salía de San Luis el 29 de julio, al frente de una columna de 3.500 hombres; el 9 de agosto llegó a Vanegas (100 km de San Luis), adonde había hecho avanzar anticipadamente una fuerza con víveres y municiones suficientes, y el 20 ocupó el Saltillo.
Entretanto, el presidente Juárez, viéndose amagado en Monterrey, resolvió salir de aquella ciudad el 15 de agosto a las 15:00, con todo el personal del gobierno. La primera jornada se llegó a Santa Catalina (6,5 km de Monterrey), en donde fueron todavía los sublevados a tirotear la escolta el día siguiente; pero rechazados en el acto, no volvieron a molestar. El 16 llegó el gobierno a la hacienda de Santa María; allí supo que las fuerzas reunidas en el Saltillo emprendían su retirada aquella misma noche, y a fin de incorporarse con ellas, tomó el día siguiente el camino de Monclova y pernoctó en la hacienda de Mesillas.

El ejército, compuesto de 1.500 hombres al mando de los generales González Ortega y Alcalde, había efectuado su retirada en el mejor orden, y en la hacienda de Anhelo se resolvió dejar el camino de Monclova, seguido hasta allí, para tomar el lateral de Parras, que tenía la ventaja de salir a zonas de más recursos y de facilitar la reunión de las tropas mandadas por el general Patoni.
La prolongada marcha de flanco que había que hacer cerca del Saltillo inspiraba el temor de un encuentro con el enemigo; esa previsión estuvo a punto de realizarse cuando una fuerza francesa apareció a poca distancia de la columna juarista, que se preparó para resistir, pero aquella solo permaneció algunas horas en Parras, de donde retrocedió al Saltillo.
El ejército volvió a incorporarse con el gobierno en la villa de Viesca, de donde siguió al rancho de Matamoros, continuando a la hacienda de Santa Rosa, perteneciente al estado de Durango. Allí fue a conferenciar el general Patoni sobre el plan de campaña que debía adoptarse, quedando resuelto que las fuerzas de aquel jefe se uniesen con las de González Ortega y Alcalde para formar el CE-I de Occidente, del cual se nombró general en jefe al mismo González Ortega y segundo a Patoni. El plan adoptado fue que el CE-I marchara a Durango a batir la división francesa que estaba en el estado y procurar apoderarse de la capital.
Mientras se organizaba la expedición, el gobierno se dirigió a Mapimí, algunos días después a las haciendas de la Goma y la Loma, y luego a la Noria Pedriceña, manteniéndose a corta distancia del CE-I que había emprendido su movimiento de avance a Durango.
El 15 de septiembre, en la noche, se celebró en la Noria el aniversario de la independencia. Al día siguiente pasó a la hacienda del Sobaco, donde por la noche se solemnizó la fiesta de la independencia. El presidente Juárez resolvió esperar en Nazas el resultado de las operaciones últimamente emprendidas, para fijar, según su resultado, el punto de residencia del gobierno.
Mientras tanto, el 26 de agosto, el general Castagny ocupó la ciudad de Monterrey, en donde aguardó que estuviese a su altura la división de Mejía, que marchaba a su derecha, y cuyo movimiento se había realizado con bastante lentitud a causa de las dificultades del camino.
Habiendo salido de Tula de Tamaulipas el 5 de agosto, llegó a Victoria el 14, después de una marcha penosa en que murieron 38 hombres y 45 animales, deteniéndose en dicha población, para dar descanso a las tropas, hasta el día 26, en que continuó su movimiento. El 8 de septiembre llegó a Cadereita en un estado deplorable; dice M. Niox: «Los bagajes se habían quedado atascados en el camino; los hombres estaban extenuados, y apenas pudo sacar de los restos de su división el efectivo de una pequeña columna ligera con la cual se dirigió a Matamoros.» Los contratiempos de la división Mejía perjudicaron al conjunto de las operaciones, pues Castagny con su DI-1, permaneció en Monterrey para apoyarle en caso necesario; y aun hizo contramarchar la BRI-I/1 del general Aymard, que había avanzado basta Parras. El general L’Heriller, comandante de Durango, disponía de pocas tropas; sin embargo, hacía explorar el país a cierta distancia por columnas móviles, una de las cuales había llegado el 27 de agosto hasta la hacienda de la Zarca, más allá del río Nazas; pero cuando apareció el ejército mexicano, el coronel Martín temió encontrarse aislado y se replegó a San Juan del Río el 10 de septiembre.
L’Heriller no tenía en Durango, fuera del destacamento de Martín, más que un BIL de cazadores, 2 compañías del RI-99 y 2 pelotones de caballería: en Sombrerete había 3 compañías, y en el Fresnillo 4 compañías y 500 caballos auxiliares; así fue que, advertido Bazaine de la gravedad de la situación, ordenó a las guarniciones de Zacatecas, Aguascalientes y León que se moviesen al norte; detuvo al RI-99 que contramarchaba hacia México y dirigió rápidamente de San Luis a Zacatecas una columna de refuerzo (que había sido destinada a Castagny). Esta combinación tropezaba con la dificultad de las distancias que las tropas debían recorrer para llegar en tiempo útil, pues sólo la BRI-I/1 de Aymard habría podido prestar un socorro eficaz al general L’Heriller si hubiese prolongado su movimiento más allá de Parras.