Siglo XIX Expediciones francesas a México en el siglo XIX Segunda expedición francesa a México. Operaciones en el segundo semestre de 1866


Operaciones militares en el tercer trimestre de 1866

Mientras la capital caminaba de sorpresa en sorpresa ante las inexplicables combinaciones de la política imperial, el gobierno republicano ocupaba de nuevo la ciudad de Chihuahua el 17 de junio, y el mariscal, trasladado al teatro de los acontecimientos, dictaba medidas de gravísima trascendencia para la causa imperial.

El 10 de julio, Bezane llegó a San Luis Potosí; de allí avanzó más allá de Matehuala, visitó el Cedral, y rodeando a Catorce se detuvo en la hacienda de Bocas el 4 de agosto. La situación no podía ser más desfavorable para los imperialistas: el camino entre San Luis y Monterrey estaba enteramente cortado, habiendo sido necesario emplear un escuadrón entero para hacer llegar un despacho al general Douay. La evacuación de Monterrey quedó resuelta, y el 26 de julio se retiró de allí la última columna francesa, después de haber hecho saltar Jeanningros un bastión de la ciudadela y sacado todo el material.

El 15 de julio, a las cuatro de la mañana, un fuerte destacamento de tropas rodeó la casa de uno de los principales cabecillas y llevó a cabo un registro. Allí fueron detenidos 42 conspiradores que celebraban una reunión secreta; diversos papeles y documentos demostraron que todos ellos eran partidarios de Santa Anna o de Juárez. Al día siguiente, estos hombres fueron juzgados, condenados y enviados inmediatamente a Yucatán. El día 17, un segundo destacamento ocupó el palacio imperial y procedió a la detención del ministro de Estado, de tres miembros del gabinete y de 16 funcionarios. Al conocerse la noticia, se produjo una enorme agitación en la ciudad; se temió que hubiera estallado una revolución. El emperador declaró que, en adelante, su intención era actuar con severidad. Pocos días después, se remodeló el ministerio, reduciéndose a tres miembros: dos franceses, el general Osmont y el intendente Friant, fueron nombrados para las carteras de Guerra y Hacienda, respectivamente, mientras que el señor Salazar y Larregui asumió la de Interior. La organización del ejército proseguía sin descanso. Se habían formado 15 batallones, comandados por oficiales superiores franceses autorizados para prestar servicio en el extranjero. Se estaban formando otros 25 batallones y se organizaban asimismo la caballería, la artillería, el cuerpo de ingenieros y los servicios administrativos y sanitarios.

El 4 de julio, el capitán Carie, del RI-62, al ver una columna enemiga preparándose para lanzar una ofensiva cerca de Mazatlán, envió una sección de su compañía contra ella, apoyada por caballería mexicana, y la derrotó tras infligirle graves bajas.

A consecuencia de la ocupación de Tula de Tamaulipas el 7 de junio por las tropas del general Rivera, Tampico quedó bloqueado por el lado de tierra, completando su aislamiento la insurrección de la Huaxteca, los pronunciamientos que estallaron en Ozuluana y Tantima y la destrucción de Pánuco el 2 de julio. El general Desiderio Pavón atacó la plaza el 1 de agosto, la fuerza de contraguerrilla francesa, comandada por el capitán Lenglois, y compuesta por 175 hombres, se negó a rendirse y se atrincheró en el fuerte de Casamata, junto a los residentes franceses, tuvo que luchar contra fuerzas diez veces superiores y contra la amenaza de la inanición, cuando la llegada de tres navíos de la base naval de Veracruz y la visión de la bandera del comandante Cloué infundieron valor a los defensores, quienes, gracias a su valor, debieron una honorable rendición. El 7 de agosto, se firmó una capitulación en cuya virtud la guarnición se embarcó para Veracruz, saliendo con los honores de la guerra. La ciudad nada tuvo que sufrir de los vencedores; el cónsul francés siguió ejerciendo sus funciones sin ser inquietado, y el único hecho lamentable fue la muerte del prefecto político Toribio de la Torre, víctima de una venganza particular, ejecutada sin conocimiento de Pavón. Los franceses llegaron a Veracruz el 10 de agosto.

El mariscal Bazaine aún se encontraba en el estado de San Luis de Potosí; su presencia en el noreste del imperio tenía como objetivo específico establecer un nuevo marco para la defensa de las fronteras, ahora encomendadas a las tropas mexicanas, y preparar la repatriación de los regimientos franceses.

El 5 de agosto fue evacuado el Saltillo y las columnas se replegaron hasta Matehuala; el mariscal, retrocediendo hacia San Luis, se detuvo el 6 en Peotillos, donde permaneció hasta el 13 en que se volvió Ciudad de México, habiendo dispuesto que el regimiento belga ocupase Matehuala y que las tropas belgas se replegasen más atrás; esta orden, sin embargo, no pudo ser ejecutada, pues cuando la recibió Douay ya los belgas habían llegado al Venado, y 18 oficiales y 2 médicos se rehusaron a obedecer abandonando su tropa; fue preciso dejar en Matehuala el BIL de cazadores de Africa y los contingentes de Quiroga y de Campos, que no recibiendo sueldo desde hacía mucho tiempo se mantenían por medio de contribuciones de guerra.

Se pensó entonces en reforzar la guarnición con el regimiento belga, pero Vander Smissen no consintió en ponerse a las órdenes de un jefe de batallón francés, y dicho regimiento fue enviado a Querétaro. A fines de julio, las tropas francesas que estaban al norte de Durango se replegaron a esa plaza, de donde se retiró Castagny el 5 de agosto transportando su cuartel general a León. Quedaron en Durango un batallón del RI-7 de línea, un escuadrón, una sección de artillería y el BIL de cazadores de Durango a las órdenes del coronel Cottret.

Batalla de Juchitán (5 de septiembre de 1866)

A fines del mes de agosto de 1866, llegó a Tehuantepec el licenciado Juan Pablo Franco con su columna francesa de apoyo, el RI-91 apodado “Cola del Diablo” a la vanguardia. Sin pérdida de tiempo, el visitador imperial licenciado ordenó la integración de una comisión de personas distinguidas de la localidad, que el día 2 de septiembre de 1866 se trasladó a Juchitán con la misión de convencer y persuadir a los juchitecos para reconocer al Imperio y entregar la plaza al ejército imperialista. A esta embajada se le brindó toda clase de atenciones y hospitalidad, tanto de parte del entonces jefe político de Juchitán, Máximo Pineda, como de parte del pueblo; pero en la conferencia en que se abordaba el objetivo principal de la embajada, la comisión manifestó su oposición. Se amenazó que «sí no se convertían al imperialismo y entregaban la plaza, serían batidos por las armas francesas e incendiado el pueblo». Volvieron a rechazarlo y dieron toda clase de seguridades y protección a los miembros de la embajada hasta su custodia fuera de la zona de peligro hacia Tehuantepec, donde pusieron en conocimiento la negativa de los juchitecos de someterse al Imperio.

No había desaparecido la polvareda de los caballos montados por los embajadores imperialistas, cuando ya el pueblo, hombres y mujeres, estaba reunido a la llamada de los repiques de campanas de la Iglesia de San Vicente, para que el pueblo se alistase para la defensa de la ciudad, de su hogar y de sus convicciones republicanas.

En vista de que al enemigo se le esperaba de un momento a otro, se ordenó a todos los habitantes que evacuaran la población llevándose hacia Ranchu Gubiña (actual Unión Hidalgo) todo cuanto tuvieran y que pudiera ser útil al enemigo, sea para comer o pelear.

Después de la junta de “notables juchitecos con los jefes y oficiales del batallón de Zaragoza, de guarnición en la Plaza, se tomaron las siguientes determinaciones:

  • Pedir auxilio urgentemente, con enviados propios, a los pueblos hermanos de la región.
  • En vista de lo inesperado de los acontecimientos, y del personal y material escaso, solamente convenía una táctica defensiva activa, retardando el movimiento de la columna francesa con tropas en contacto sobre el río Los Perros a la altura de Ixtaltepec, tratando siempre de ganar tiempo y canalizando el movimiento enemigo sobre el camino carretero Espinal-Juchitán.
  • Defender la plaza de Juchitán por unas horas y luego evacuarla con la retirada de las tropas amigas hacia el Oriente hasta el Pozo de Peralta; mientras tanto, se recibían refuerzos de los pueblos amigos para sitiar y atacar en el momento oportuno a las tropas francesas que habían ocupado Juchitán.
  • Apostar vigías y destacar puestos avanzados en observación sobre el camino carretero Juchitán – Espinal – Ixtaltepec y otros posibles lugares hacia donde podría llegar el enemigo.
  • Acuartelar el batallón de Zaragoza, para reforzar en el momento preciso el punto que estuviera más comprometido.
  • Designar al coronel Crisóforo Canseco, comandante militar de la defensa de Juchitán y la organización de las unidades de voluntarios juchitecos y de auxilio de los pueblos circunvecinos. Al recibir el visitador imperial el informe de los embajadores con el resultado negativo de sus gestiones, ordenó que el general imperialista Luciano Prieto marchara sobre Juchitán, mandando el RI-91 “Cola del Diablo”, reforzado con tres unidades, en combinación con las fuerzas regionales al mando del coronel Remigio Toledo.

El día 2 de septiembre de 1866 se encontraban acantonadas las tropas contendientes en la forma siguiente:

En la plaza de Tehuantepec, Oaxaca, las tropas imperialistas al mando del general Luciano Prieto y del coronel Remigio Toledo, apodado “Gubixi” (Ladino), sumaban 2.500 hombres perfectamente pertrechados con dos piezas de artillería.

En la plaza de Juchitán, Oaxaca, distante de Tehuantepec en línea recta 28 kilómetros, se encontraban acantonadas las fuerzas defensoras de Juchitán, compuestas por el batallón de Zaragoza, mandado por el coronel oaxaqueño Crísóforo Canseco y con 500 hombres; las fuerzas de voluntarios de San Blas, Barrio de Tehuantepec, capitaneadas por los coroneles Francisco Cortés y Benigno Cartas, regularmente dotados de municiones y armas; una pieza vieja de artillería y los ciudadanos de Juchitán, con las armas que encontraron a su alcance: hachas, machetes, lanzas improvisadas, varas de carreta, escopetas, etc. (más de 5.900 censo entre hombres y mujeres).

El día 4 de septiembre de 1866, uno de los observadores informó al cuartel general de Juchitán que en la madrugada de ese día las tropas avanzadas imperialistas habían tomado contacto con los elementos de la vanguardia de la columna imperialista de Luciano Prieto y que habían cruzado el río a la altura de Ixtaltepec, continuando su movimiento por el camino carretero hacia Espinal, distante 2 kilómetros únicamente de Ixtaltepec, siendo hostigados en su movimiento por las tropas al mando de Anastasio Castillo. La compañía de Castillo, en contacto con el enemigo retrasó la progresión imperialista, canalizando su movimiento hacia el pueblo de Espinal; de acuerdo con el plan previsto, se había decidido utilizar el poblado de Espinal como reducto de defensa por un tiempo razonable, para después romper el contacto con el enemigo.

El dispositivo de ataque imperialista era en columnas acoladas. La del centro llevó el ataque frontal tratando de fijar a los defensores de la posición defensiva; la columna de la derecha, al mando de Remigio Toledo, en dirección al Río los Perros, ocultando su movimiento entre las malezas y árboles de la ribera y con misión de envolver al lado oeste de la posición, y la columna de la izquierda, constituida por el RI-91 “Cola del Diablo”, se encargó de envolver la posición por el este, chocando con la línea de defensa al mando del coronel Canseco.

El ejército aliado de Francia en Juchitán de Zaragoza (México). Fotografía tomada el 5 de septiembre de 1866.

La superioridad numérica de los imperialistas hizo replegar a los defensores hacia las primeras casas de Juchitán, que en su totalidad eran de palma de dos aguas, dejando en el campo de batalla al único cañoncito con que contaba el batallón de Zaragoza. Por la mañana del día 4 de septiembre, Máximo Pineda, jefe político, ordenó la evacuación del pueblo y de los heridos hacia el Pozo de Peralta, situado 4 kilómetros al este de Juchitán y a Ranchu Gubiña (Unión Hidalgo), estableciendo en el primer lugar citado un almacén de víveres. Al mediodía, el coronel Canseco cambió su puesto de mando del Cuartel Viejo al Camposanto del Calvario, para no ser copado y poder retirarse en caso necesario.

Sobre las 15:00 horas, y ante la presión de los atacantes, el coronel Canseco ordenó el traslado de su puesto de mando al Pozo de Peralta y la retirada de sus fuerzas hacia el mismo lugar, dejando guerrilleros y francotiradores en misión de hostigarlos, así como puestos de observadores que debían informar del movimiento de dichos atacantes.

La plaza de Juchitán fue ocupada en la tarde de ese mismo día por la columna al mando del general Luciano Prieto, quien encontró al pueblo sin habitantes, sin víveres y con muchos incendios, que daban impresión desoladora.

Todos los acontecimientos fueron tan rápidos que, de los refuerzos de los pueblos que se esperaban, solamente llegaron a participar en la acción del 5 de septiembre 50 hombres de Chicapa de Castro.

Durante toda la noche del 4 de septiembre, se hostigó al enemigo al amparo de las llamas que ardían de las casas; el pueblo fue saqueado a la ocupación de los franceses, y el coronel Crisóforo Canseco, desde su cuartel general en el Pozo de Peralta, dispuso durante la noche el sitio de Juchitán por sus lados este, sur y norte, y al amanecer del día 5 de septiembre, el general Luciano Prieto subió al campanario de la iglesia de San Vicente y con su catalejo pudo darse cuenta de que el coronel Remigio Toledo había abandonado el sector de la población, cuya defensa le había encomendado, dejando al descubierto el lado norte de la plaza, y por la polvareda se le veía marchar hacia Tlacotepec sin ninguna orden previa.

Tras la huida del coronel Remigio Toledo y su batallón, el ataque de la plaza de Juchitán se facilitó al coronel Crisóforo Canseco, quien contaba con el grueso de las fuerzas y del pueblo dentro de las malezas situadas a un kilómetro del lindero de Juchitán. Hombres y mujeres habían pasado en vela la noche, y sobre las 05:00 de la mañana se sirvió a los combatientes, por las mujeres, el rancho improvisado.

Fueron reforzados con los voluntarios que llegaron por la mañana, de Ranchu Gubiña, Chicapa de Castro, Zapotal, Zanatepec, Niltepec, Ixtaltepec y de otros pueblos de los alrededores, y sobre las 09:00 de la mañana del día 5, se organizan los contingentes juchitecos para el ataque a la población que ya estaba sitiada.

El coronel Crisóforo Canseco dispuso el ataque a la Plaza en tres columnas: la primera columna, al mando directo del coronel Canseco, reforzada con Francisco León y su grupo de voluntarios, y de los capitanes Mariano Martínez, Miguel Vásquez y Marcos Matus, atacaría con el batallón de Zaragoza (menos una compañía) en dirección este-oeste hasta el cuartel Carlos Pacheco, donde se encontraba el general. Luciano Prieto, dejando a su retaguardia a una gran reserva de voluntarios que la seguían lentamente para intervenir con palos, hondas y útiles de labranza en la acción.

La segunda columna, al mando del capitán Anastasio Castillo, con los capitanes Albino López Lena y Felipe López Lena, una compañía del batallón de Zaragoza y un contingente de unos 500 voluntarios, tenía como misión taponar el camino Juchitán-Espinal para evitar la retirada por esa ruta de las tropas imperialistas sitiadas, y presionar el ataque hasta el centro de la ciudad.

La tercera columna, al mando del coronel Albino Jiménez, con una sección del batallón de Zaragoza, reforzada con un contingente como de 400 voluntarios, tenía por misión atacar por el sur, taponando el camino Xadani (Cerrito) – Juchitán, evitando a toda costa la fuga de las tropas imperialistas por ese lado.

La posesión por la plaza de Juchitán fue una lucha encarnizada y sangrienta; las tenazas del dispositivo tendían a cerrarse. La primera columna al mando de Anastasio Castillo cumplió con su objetivo evitando la salida del enemigo hacia Espinal, y aunque lento su avance hacia el centro de la ciudad, se iba sintiendo. Las guerrillas de voluntarios se multiplicaban, y se luchaba cuerpo a cuerpo. Sobre las 12:00 horas, se registró una lucha entre unos 6 franceses que ya no tenían municiones y una guerrilla como de 6 hombres armados con machete y varas de carreta.

Ante la presión de los juchitecos, el general Luciano Prieto decidió evacuar la plaza, antes de caer en manos de los indígenas, y ordenó la salida de su maltrecha columna hacia Tehuantepec. Los pelotones de reconocimiento se dieron cuenta de la inesperada fuga del enemigo, rindiéndose en parte al coronel Canseco, quien dispuso que se abandonaran los trabajos relativos al sitio y dictó las órdenes para la organización inmediata de una columna de juchitecos para alcanzar a la columna imperialista y batirla.

El general Luciano Prieto cometió el error de retirarse con su columna, siguiendo por una brecha que pasa por el panteón de Cheguigo y cruza los pantanos de Viahui y de Igú, hasta Tehuantepec; a las tres horas de marcha, la columna imperialista alcanzó los pantanos entre Dani Vihui y el Zanjón Igú. La desesperación de ser alcanzados por las tropas juchitecas hizo que los franceses lo cruzaran, haciendo más penosa su marcha, pues mientras más avanzaban, más se hundían por el peso de la mochila y armamento. Sobre las 16:00 fueron alcanzados por la columna del coronel Canseco, quien previamente ordenó al personal que aligerara su vestuario, y con los calzones subidos hasta la rodilla, se lanzaron al ataque. Los franceses y austriacos fueron derrotados, sufriendo 800 bajas, perdiendo sus dos piezas de artillería y recuperando el cañoncito que habían perdido.

Al oscurecer del 5 de septiembre, finalizó la batalla en la que los pocos imperialistas que consiguieron escapar huyeron hacia Tehuantepec.

Tras la batalla, las fuerzas de Díaz se reabastecieron con la captura de aproximadamente 1.000 fusiles, 2 cañones de campaña y más de 50 mulas cargadas de municiones. Pudo reanudar su avance con poca oposición.

Ataque republicano a Palos Prietos (12 de septiembre de 1866)

Tuxpan se rindió el 20 de setiembre, cuya guarnición se embarcó igualmente para Veracruz en un buque de la marina francesa.

Sinaloa en su totalidad se hallaba en poder de los republicanos, mientras los imperialistas se veían reducidos al puerto de Mazatlán y a algunos puntos avanzados de sus fortificaciones. El ejército imperialista se componía de 1.500 franceses y 500 auxiliares que formaban la brigada de Rivas, de los cuales se encontraban en el hospital unos 600 franceses y 100 mexicanos. Contaba además con un buque de guerra en la bahía, y cuyos soldados formaban la mayor parte de la guarnición de la plaza.

Los franceses se encontraban en posesión de la garita de Palos Prietos, defendida por 180 soldados al mando del capitán, situada a menos de un par de kilómetros al norte de la ciudad, mientras que Ramón Corona y sus hombres se encontraban en Villa Unión.

La fuerza republicana constaba de 2.000 hombres de las tres armas, listos para entrar en combate. El general Ramón Corona, del Ejército de Occidente, que no había descansado para organizar su tropa, reunió a finales de agosto una junta de guerra en Aguacalientes, acordándose, después de una detenida discusión, atacar al enemigo en Palos Prietos, y se ocupó desde luego en preparar lo necesario para aquel movimiento. Este se efectuó a las dos de la mañana del 12 de setiembre, interponiéndose los batallones de Hidalgo, del Degollado y uno mixto, entre las fortificaciones del puerto y las del punto atacado, cortando el paso de posibles refuerzos que llegaran desde el puerto.

Los juaristas atacaron a los defensores de la garita por tres ángulos: norte, sur y oriente. Su superioridad numérica era amplia, pero los franceses se defendían con todo lo que podían. Luego de tres intentos, los hombres del coronel Jorge Granados lograron penetrar a los terrenos de la garita y se apoderaron de un polvorín y de un cañón.

Sin embargo, el capitán Delatask arengó a sus hombres para que retomaran esta pieza, y en ese instante un grupo compuesto por un teniente de apellido Maire, al mando de 40 hombres, se abalanzó a punta de bayoneta contra los mexicanos que retiraban la pieza de artillería arrastrándola. Les dieron alcance e intentaron retomar dicha arma, pero de inmediato recibieron balas que les llegaban de todos los ángulos, lo que los obligó a abandonar la misión. Pero Maire no se rindió y minutos después de nueva cuenta fue por el cañón, esta vez con sólo 25 hombres, y de nuevo llegó hasta donde estaba. Entonces Delatask le envió refuerzos y esta vez sí pudieron recuperar la pieza.

Mientras tanto, el ejército francés en la ciudad se preparó para enviar refuerzos hasta Palos Prietos, al mando de un comandante de apellido Robiero, pero cuando salieron, ya los esperaban los soldados mexicanos. Mientras avanzaban hacia la garita los imperialistas eran atacados por los republicanos, y aquéllos no dejaban de responder el fuego. Ya eran las 04:00 de la mañana cuando los refuerzos llegaron hasta donde se encontraban Delatask y sus hombres. Poco después salieron del puerto más refuerzos, el BIL de cazadores de África y el de caballería. Sólo así los franceses pudieron contener a los juaristas y hasta pudieron replegarlos.

A las 10:00 de la mañana el combate había terminado, aunque en la distancia aún se escuchaban balazos. Los imperialistas habían defendido la garita y los juaristas no habían podido posesionarse de ella. Delatask, Maire, Robiero, Granados, Martínez y todos ellos se comportaron como los más fieros guerreros; cada quien defendiendo su causa y los colores de su bandera.

No obstante, aún faltaba más. Esa misma mañana, un número indeterminado de hombres pertenecientes al BIL de cazadores de África, montando sus caballos árabes, salió en persecución de los mexicanos que iban en retirada. En su carrera no se dieron cuenta de que estos les tendían una emboscada y sin remedio cayeron en ella. Muchos de esos cazadores y sus caballos cayeron víctimas de las balas de los hombres de Corona que les esperaban escondidos.

La batalla de Palos Prietos del día 12 de septiembre de 1866 fue la más cruenta de las que tuvieron lugar en Sinaloa durante la intervención francesa. En cuanto a número de caídos, ni siquiera la batalla de Villa Unión tiene comparación. En la que se efectuó en las afueras de Mazatlán, los franceses tuvieron 150 caídos, entre muertos y heridos; por su parte, los imperialistas mexicanos reportaron 300 muertos, mientras que en las filas de Ramón Corona hubo 250 muertos. También, solo en las filas de Granados cayeron tres caballos y una mula, además de los caballos árabes mencionados.

Desde media mañana del día 12, en Palos Prietos y sus alrededores el campo era dantesco; aquello parecía el infierno. Los muertos sumaban más de 600, pero, peor aún, lo que hacía aún más espeluznante la escena fue que la gran mayoría de estos estaban mutilados y destrozados, ya que habían muerto por bayonetas, espadas y machetes.

Sin embargo, como las tropas avanzadas en aquella posición podían ser hostigadas por la artillería del puerto y por la de los buques de guerra por su flanco derecho, Corona situó en la Loma Atravesada un batallón de guardia, que, además de vigilar las operaciones del enemigo, se ocupó en destruir los parapetos del fuerte tomado, ya que no podía utilizarlos.

El 14 de septiembre, las fuerzas francesas desocupan Guaymas (Sonora) por orden de Bazaine.

Batalla de Nochixtlán (23 de septiembre de 1866)

La ocupación francesa comienza a avanzar por todo el país, por lo que en septiembre de 1866, Porfirio Díaz, junto con su hermano Felix alias “el Chato”, se reunieron en Asunción Nochixtlán, en donde tomaron la decisión de rescatar la ciudad de Oaxaca, la cual se encontraba ocupada por el ejército francés. Su táctica consistía en recuperar otras ciudades del estado además de la capital. Los hermanos Díaz supieron que ejércitos austriacos y belgas que participaban con los franceses se encontraban en los alrededores de la Mixteca oaxaqueña, por lo que la madrugada del 23 de septiembre los mexicanos, junto con su caballería, salieron en su persecución.

Batalla de Nochixtlán (23 de septiembre de 1866). El general Porfirio Díaz en la batalla.

Esta batalla ganada por los hermanos Díaz fue el principio del desalojo de la invasión francesa; el mismo Juárez escuchaba las victorias del general Porfirio Díaz en las tierras oaxaqueñas, ya que después de esta batalla continuó la victoria de Miahuatlán y La Carbonera, dos batallas que terminarían de quebrar la presencia imperial en Oaxaca.

El costo humano del enfrentamiento también quedó grabado en la memoria de la comunidad. Tres combatientes perdieron la vida y alrededor de 20 soldados resultaron heridos.

Operaciones militares en el cuarto trimestre de 1866

Batalla de Miahuatlán (3 de octubre de 1866)

El martes 2 de octubre de 1866 llegó a Miahuatlán (Oaxaca) el general Porfirio Díaz al frente del Ejército de Oriente. Fue recibido con entusiasmo y muestras de afecto por las autoridades municipales y el pueblo. A diferencia de lo ocurrido en La Mixteca, Díaz reunió a los principales comerciantes en la sala capitular y les solicitó un préstamo para atender las necesidades más urgentes de la tropa. Se reunió la cantidad de 5.000 pesos. El general Porfirio Díaz y su estado mayor fueron hospedados en la casa de Juan María Mijangos, rico comerciante y distinguido ciudadano miahuateco. En este sitio, Porfirio Díaz estableció su cuartel general.

El miércoles 3 de octubre de 1866, desde muy temprano, salió del pueblo de Ejutla el ejército del general Carlos Oronoz con unos 2.000 efectivos. Cerca de las 15:00 estaba descendiendo del cerro del Zopilote y tenía a la vista al pueblo de Miahuatlán. Los espías de Oronoz le habían informado que las fuerzas republicanas eran notablemente inferiores; con esta confianza el jefe imperialista avanzó hacia el Ejército de Oriente. Entre sus fuerzas figuraban 250 extranjeros, entre BIL-XIII de cazadores de Vincens y húngaros comandados por el francés Henry Testard.

En tanto, en Miahuatlán estaban a la expectativa de los acontecimientos. En la sala capitular se había reunido el Cabildo Municipal y su presidente Francisco Bohórquez, así como Basilio J. Rojas Bustamante, Pedro Ojeda de tan solo 18 años, Vicente Ruiz, Juan María Mijangos, Bonifacio Pérez, José Alderete, Ramón Ruiz y Román Zavaleta, además de las autoridades de Santa Catarina Cuixtla, San Simón Almolongas, San Ildefonso Amatlán, Santo Tomás Tamazulapam, San Luis Amatlán y Santa Cruz Xitla, que se encontraban ahí para recibir indicaciones del general Díaz.

Al correr la noticia de la inminente presencia del peligro en las cercanías del pueblo de Miahuatlán, el general Porfirio Díaz y su estado mayor, se dirigieron hacia el templo del Señor San Andrés, entraron por la puerta mayor y se postraron ante la majestuosa imagen de Nuestra Señora del Santísimo Rosario, patrona de los pueblos miahuatecos y legado sagrado de los dominicos. Desde este momento, la campana mayor del templo de San Andrés tocó en señal de alarma, anunciando a los vecinos del pueblo el peligro de la guerra. Las mujeres y los niños corrieron a refugiarse al recinto sagrado. Mientras tanto, los varones se apresuraron a presentarse en la sala capitular, ante las autoridades, para organizar la defensa en la entrada del pueblo. No querían que Miahuatlán fuera destruido por los invasores, como ya había sucedido en varias partes del Istmo.

Porfirio Díaz recibió la noticia del avance francés. En esos momentos, el enemigo se acercaba por las tierras de la Hacienda de Monjas con dirección a las Lomas del Panteón. El general Díaz dispuso que la infantería se colocara por el camino que va a Santa Catarina Cuixtla. Él, su estado mayor y su escolta, de 30 jinetes, se posicionaron en las lomas de Zavaleta, al poniente de Miahuatlán. A las 15:30 horas, el general Díaz salió a contenerlo con su escolta, que era la única fuerza que estaba disponible, mientras ordenó al general Vicente Ramos que regresara a Miahuatlán con su caballería (300 jinetes).

Batalla de Miahuatlán (3 de octubre de 1866). Enfrentamiento de caballería en las lomas de Zabaleta.

El general Porfirio se dirigió a las lomas de los Nogales, al oeste de la población, ocupadas ya por el coronel Manuel González, jefe de la infantería, conforme se le había prevenido. La línea de batalla, que se prolongaba de norte a sur, se formó de la manera siguiente: a la derecha, el batallón Morelos de Tlapa con 100 hombres a las órdenes del Tcol Juan J. Cano; seguían los tiradores de la Montaña al mando del comandante Felipe Cruz con 230 soldados, y cerraba la izquierda el batallón de la Patria con 96 hombres al mando del coronel José Segura y Guzmán. Apoyaba la derecha la compañía de Chiautla con 80 hombres, y la izquierda el batallón de Fieles de la Patria a las órdenes de su comandante José Guillermo Carbó. Establecida la línea, el general Ramos se retiró por el centro de la población, dejando en las calles un pelotón de 80 vecinos armados (cuerudos) al mando del capitán Apolinar García, y con el fin de impedir que la caballería fuese molestada en su retirada, se ocultó entre las milpas que formaban las primeras calles una compañía de 40 hombres en apoyo del capitán Apolinar.

La caballería imperial le dio alcance cuando casi llegaba a las primeras casas de Miahuatlán. Repentinamente, fueron recibidos por fuego a quemarropa de las armas de las fuerzas miahuatecas, mandadas por el capitán Apolinar García, que hicieron retroceder a los imperialistas. La caballería republicana pasó por el costado derecho para situarse a retaguardia de la línea; la lucha costó la vida de muchos miahuatecos (cuerudos) y entre ellos la del capitán Apolinar García. Sin embargo, causaron muchas bajas en los imperialistas. Este suceso ocasionó que las fuerzas imperialistas dieran vuelta y se retiraran. Aprovechando el relieve accidentado del terreno, se colocarán en línea de tiradores en la parte opuesta, sobre la loma del Yoolveo. Los dos frentes enemigos estaban separados por el río de Miahuatlán. La línea de tiradores imperialistas hostigaba a la de los republicanos, que no podía responder porque cada soldado solamente disponía de 7 cartuchos y la mayoría ya los habían agotado. El comandante en jefe ordenó reforzar esa línea con los pocos soldados que aún tenían munición; se intercalaron entre la línea de tiradores y así continuaron el tiroteo.

Viendo que las municiones se estaban agotando rápidamente, dispuso el general Díaz dar una carga sobre las posiciones enemigas. Al momento de tres toques agudos seguidos de uno de atención, el capitán Rojas, al mando de los tiradores ocultos en el maizal, abrió un fuego vivo a un costado del enemigo, aproximándose a la orilla del plantío, pero sin salir de él para que el enemigo no notara lo reducido del número de atacantes; cuando el contingente de Ramos llegó al punto calculado por Díaz, este ordenó el avance desde las lomas de Zavaleta.

Díaz se puso al frente del batallón Fieles de Oaxaca y de un escuadrón de lanceros de Puebla para cargar por el centro contra la artillería enemiga. La derecha fue confiada al coronel Manuel González y la izquierda al coronel Feliciano García. Las líneas de tiradores mandadas por el coronel Espinosa protegerían la carga y se unirían a la batalla. El general Ramos con el escuadrón de Tepejí avanzaría por la izquierda para tomar la retaguardia de Oronoz para cortar la retirada.

Al general Díaz dio la orden de ataque con un toque de corneta. Los republicanos cruzaron el río y subieron hasta las posiciones ocupadas por los imperialistas, que fueron arrojados y dispersados. Los imperiales intentaron defenderse lanzando su caballería, pero fue arrollada, lo que a su vez provocó la desorganización de su infantería que, en su huida, volcó uno de sus cañones; los republicanos cargaban con sable y comenzaron a apoderarse de los caballos de los oficiales imperialistas así como de municiones y cargamento que había quedado abandonado en su retaguardia.

Batalla de Miahuatlán (3 de octubre de 1866). El general Porfirio Díaz cargando a través del río Miahuatlán. Autor Francisco de Paula Mendoza.

En esos instantes, la batalla se decidía a favor de las fuerzas republicanas; el general Oronoz dio media vuelta y, acompañado del resto de su caballería, a todo galope abandonó el campo de batalla. El enemigo logró escapar. Sus fuerzas perdieron 70 muertos y 400 prisioneros, frente a las pérdidas republicanas de 59 muertos y 14 heridos.

Siendo presidente de la República el general Porfirio Díaz, escribió: «…teniendo en cuenta la desigualdad de los elementos, pues apenas contaba con cosa de 700 hombres mal armados, desnudos, sin disciplina y con parque que no alcanzaba para mantener el fuego ni por quince minutos y sin artillería, mientras que el enemigo tenía 1.400 hombres bien organizados, disciplinados, vestidos, armados y elementos de todo género; consideró la victoria de Miahuatlán como la batalla más estratégica de las que sostuvo durante la guerra de intervención y la más fructuosa en resultado. Ya que le abrió el camino a las ciudades de Oaxaca, Puebla y México…»

Entre los cadáveres se encontró el del comandante francés Henry Testard, jefe del BIL de cazadores; junto a él estaba su perro que no dejaba que nadie se acercara al cuerpo inerte del comandante galo. Fue necesario apaciguar al perro para recoger la espada del oficial caído, que posteriormente sería enviada a su familia por medio del mariscal Bazaine. Testard, además de ser el jefe de cazadores franceses y húngaros, mandaba un batallón de soldados mexicanos cuya característica era que toda la oficialidad estaba constituida por franceses.

Los jefes y oficiales mexicanos tomados prisioneros fueron inmediatamente pasados por las armas; así lo ordenaba la legislación vigente en esos días. Fueron acusados de traidores a la patria y ese delito se castigaba con el fusilamiento.

El botín logrado por Díaz y sus combatientes fue de 1.000 fusiles, 2 obuses de montaña y 44 mulas cargadas de municiones para fusil y cañón, pero el fruto moral del triunfo de esa batalla fue mayor. Porfirio Díaz decía en viva voz: «La victoria de Miahuatlán me abrirá el camino para México.»

Batalla de La Carbonera (18 de octubre de 1866)

Tras la batalla de Miahuatlán, el Ejército de Oriente (1.600 efectivos) del general Porfirio Díaz se dirigió a la ciudad de Oaxaca, sitiada ya por el coronel Félix Díaz; las operaciones continuaron, y cuando tras 11 días de asedio se preparaba el asalto, llegó la noticia de que una columna de unos 1.500 hombres de las tres armas, compuesta de soldados mexicanos, franceses y austríacos, iba en auxilio de los sitiados. Esto se logró saber gracias a que se había interceptado un correo militar del Imperio.

Entonces el general en jefe levantó el campo y marchó rápidamente sobre la referida columna al frente de 1.100 efectivos, a la que encontró en el paraje de La Carbonera, ubicado en el municipio de San Francisco Telixtlahuaca, actual distrito de Etla, el 18 de octubre.

Batalla de la carbonera (18 de octubre de 1866). Plano de la batalla.

El general Díaz decidió flanquear a los imperialistas con dos columnas de caballería, mientras fijaba de frente con la infantería. A las 12:00 horas, se inició el movimiento, que fue tan rápido y efectivo que los franceses, austriacos y mexicanos conservadores quedaron rodeados completamente. El combate fue fulminante y apenas duró una hora.

Batalla de la Carbonera (18 de octubre de 1866). Vista de la batalla.

Quedaron en poder de los vencedores 396 prisioneros imperialistas, entre ellos 7 oficiales, y además 6 obuses de montaña, más de 1.000 fusiles y más de 40 mulas cargadas de municiones. Las bajas republicanas fueron de 78 muertos y 153 heridos.

Con este triunfo, las esperanzas de auxilio para los conservadores dentro de Oaxaca se esfumaron por completo. El general Porfirio Díaz pudo reanudar el asedio con tropas mucho mejor equipadas gracias a las armas capturadas, forzando la inminente rendición e ingreso triunfal a la ciudad de Oaxaca el 31 de octubre de 1866, consolidando el control republicano en el sur del país.

Otras las operaciones

El jefe imperialista Tomás O’Horán, comandante de Tlalpan, supo el 7 de octubre que se tramaba una conspiración, encabezada por el guerrillero republicano Vicente Martínez, que se hallaba oculto en esa ciudad. O’Horán logró aprehender en la tarde del mismo día a Martínez y a otras 18 personas más ó menos implicadas en la conspiración, y procediendo de una manera precipitada, 13 de los aprehendidos fueron fusilados en la tarde del día siguiente.

La insurrección se propagaba con la rapidez de un incendio. La Huasteca especialmente, inquietaba al mariscal, pues desde Tula de México hasta Tuxpan el país estaba sublevado. Los austríacos habían tenido que evacuar Zacapoaxtla y replegarse a Tulancingo. Perote y Jalapa se veían amenazadas; se habían pronunciado contra el imperio las ciudades de Huamantla, Apan y Chignahuapan; Tlaxco había caído en poder de los republicanos, y un destacamento mexicano que marchaba en auxilio de la ciudad enarboló la bandera de la República.

El coronel belga Vander Smissen, que se movió de Tula con objeto de batir las guerrillas de Martínez en Zimapán e Ixmiquilpan; después de emprender un ataque infructuoso sobre esta última población, tuvo que levantar el campo, batiéndose en retirada: grandes fueron los esfuerzos con que dirigió su columna, defendiéndose palmo a palmo contra la caballería republicana. Las poblaciones sublevadas le cortaban los puentes; levantaban barricadas para dificultar su marcha, y al fin regresó a Tula a principios de octubre después de haber perdido 11 oficiales y 70 soldados entre muertos y heridos.

Las columnas francesas se movían en todos sentidos para alejar las guerrillas del camino que seguían los convoyes de evacuación. El coronel Rodríguez se había pronunciado del lado de San Juan de los Llanos, apoderándose de un convoy de 50 austríacos enfermos que eran conducidos de Perote a los Llanos. El mariscal había enviado a México los austríacos que guarnecían Puebla, haciendo ocupar toda la línea hasta Veracruz por tropas francesas. El BIL de tiradores argelinos descendió a las tierras calientes; el RI-81 ocupó la línea de San Andrés Chalchicomula, la Cañada de Ixtapan y Tehuacán; una columna ligera compuesta de 13 compañías del RI-1 de zuavos, 4 escuadrones y tres secciones de artillería, a las órdenes del coronel Clinchant, fue enviada a Tlaxcala, quedando después en Apan aquel jefe para apoyar al mayor Polak en Tulancingo.

El 14 de octubre, el jefe austríaco, sostenido a distancia por el francés, atacó y tomó a Huauchinango, que incendió enseguida replegándose a su punto de partida, mientras que la columna francesa se retiró a México pasando por Pachuca; pero apenas se había verificado este movimiento cuando los austríacos se vieron seriamente hostigados. Pachuca fue atacado el 1 de noviembre; un destacamento austríaco fue destruido el 9 cerca de Real del Monte, y el 14 tuvieron que abandonar aquellas dos poblaciones, reconcentrándose en Tulancingo y después en Tlaxcala. El primero de estos lugares fue ocupado por el regimiento belga, relevado en Tula por el batallón de cazadores de Querétaro, situándose en Apan un destacamento del batallón de cazadores de México.

Sin embargo, no pudiendo mantenerse allí este destacamento, se replegó sobre Otumba, siendo preciso que se enviase una columna de 500 hombres con artillería, a las órdenes del comandante Saussier, para facilitar su vuelta. Dicha columna continuó para apoyar al regimiento belga, que se hallaba en las mismas circunstancias, y al cual encontró cerca de Zinguilucan, retrocediendo con él hasta Teotihuacán.

En cuanto a los austríacos que se hallaban en Tlaxcala, siendo fuertemente atacados por Rodríguez, solo debieron su salvación al comandante d’Espeuilles, que estaba en San Martín Texmelúcan con 7 compañías de zuavos y 2 escuadrones de húsares, y que rápidamente se movió en su auxilio el 2 de noviembre. Después de un combate que dio por resultado que la plaza se viese libre del peligro que la amenazaba y el jefe francés volvió a establecerse en Amozoc para servir de reserva al general Aymard, jefe de la DI-1. Éste, que desde octubre había sido nombrado comandante superior de Puebla, se había establecido en el Palmar, vigilando los movimientos republicanos hacia Tehuacán por un lado, y hacia San Andrés Chalchicomula por el otro.

Batalla del Paso de El Guayabo (10 de noviembre de 1866)

El coronel francés Alfred Berthelin era conocido por combatir a las guerrillas de Occidente, en Jalisco y Colima. Sus medidas para combatirlas eran excesivas, ganándose una mala fama que incluso disgustaba a los mexicanos imperiales.

El guerrillero Julio García hostigaba a los franceses y conservadores en la región entre Colima y Jalisco. Sus ataques eran rápidos, aprovechando la región, por lo que hacían imposible su captura. Ante la fama que estaba ganando, las autoridades imperiales habían decretado leyes para perseguir a todo aquel que se negara al imperio.

Berthline y los conservadores trataron de darle caza sin conseguir resultados buenos, hasta que a principios de noviembre es encomendado para que, con una fuerza combinada de franceses y conservadores, escoltase a autoridades imperiales hacia Manzanillo en compañía del prefecto imperial Jose María Mendoza; este logró convencer a Berthelin de aprovechar el regreso de Manzanillo para buscar a Julio García. El francés aceptó, disponía de 100 soldados franceses y 150 aliados mexicanos.

Mientras vigilaban en los límites de Jalisco y Colima, fueron avistados por espías del guerrillero que le dieron la alarma. El jefe guerrillero decidió aprovechar la oportunidad de atacar a las dos autoridades representativas del imperio de aquella región, por lo que se puso a planear el ataque; disponía de 150 efectivos. Un grupo de guerrilleros a mando del coronel Ignacio Zepeda los atacaría para que estos fueran tras de ellos, cayendo en una emboscada.

Avistada la vanguardia de las fuerzas de Berthelin, se intercambiaron algunos disparos, donde Zepeda simuló la huida de las fuerzas mexicanas. Sus perseguidores cayeron así en la trampa republicana preparada por García. Al caer en la trampa, ya era demasiado tarde. Algunos mexicanos huyeron o se rindieron ante el ataque guerrillero, pereciendo en acción varios franceses, incluyendo a Bertheline.

Después del combate que duró horas, las fuerzas republicanas cortaron la cabeza de Bertheline para tomarla como trofeo de guerra y presumirla en una hacienda de Colima. 70 franceses murieron y el prefecto Mendoza fue hérido.

Un mes después, tropas conservadoras y francesas volverían a sufrir otra derrota ante el coronel guerrillero Julio García.

Final de las operaciones

Más grave era todavía la situación al norte de la línea. La guarnición imperialista de Jalapa, compuesta de austríacos y mexicanos, al mando del general Calderón, fuertemente hostigada por el general Alatorre, no tuvo más recurso que capitular el 10 de noviembre, retirándose desarmada a Puebla. Los austríacos se vieron igualmente sitiados en Perote. El general Aymard les condujo un importante refuerzo el 22 de noviembre, situándose luego en San Andrés; pero siendo atacado Tebuacán el 11 de diciembre por Figueroa, Aymard fue a auxiliar la plaza, relevando la guarnición austríaca con un batallón del RI-31. Entretanto, los republicanos se acercaron de nuevo a Perote, y Aymard volvió el 4 de enero siguiente, hizo evacuar el fuerte, destruyó la artillería que no pudo llevarse, y el 8 condujo a San Andrés el destacamento austríaco. Desde principios de diciembre había trasladado Douay su cuartel general a Puebla, encargándose del mando superior de la línea.

Guerrillas republicanas inquietaban ya el valle de México. En octubre llegó Fragoso hasta Cuautitlán, a 20 km de la capital. Se organizaron con este motivo columnas móviles: una de ellas a las órdenes del comandante Vilmette penetró en la serranía de Monte Alto, y el 11 de diciembre quemó el pueblo de ese nombre, después de haberlo tomado a la fuerza.

El 16 de diciembre, fue atacado Tlálpan, Texcoco amenazado y Chalco invadido el 21. Cerca de la Soledad, las guerrillas inquietaron seriamente un gran convoy de evacuación de 350 carros que conducía de Querétaro a México a los enfermos, el material de guerra del ejército y sumas considerables pertenecientes a los emigrados mexicanos, y fue preciso enviar a su encuentro la columna Vilmette para que protegiese su marcha.

La insurrección era general en las tierras calientes, y no pasaba día sin que los imperialistas tuviesen encuentros con fuerzas republicanas. Desde mediados de año, Alvarado y Tlacotalpan habían sido desocupados por los imperialistas. En los alrededores de Medellín, el jefe republicano Prieto, que disponía de más de 500 hombres, se batía constantemente con el enemigo. La contraguerrilla, al mando del coronel Gallifet, que había sustituido a Dupin, los tiradores argelinos y las compañías de egipcios estaban en continuo movimiento.

En la zona templada, las poblaciones se levantaban contra el imperio. Tlacotepec y Tecamalcbalco llamaban a los republicanos, y el mariscal recurrió al medio de amenazar con graves penas a los pueblos cuyos habitantes hiciesen alguna demostración hostil. Las fuerzas bien organizadas y armadas de Régules y Riva Palacio eran ya dueñas de todo el valle del río Lerma y amenazaban a Toluca. El mariscal trató de sostener Toluca estableciendo puestos franceses en Lerma, y el 8 de diciembre llegó en su auxilio una columna de 500 hombres al mando del comandante de La Hayrie, que hizo retirarse a los republicanos, volviendo el día 14 a México; pero quince días después Riva Palacio volvía a atacar Toluca, adonde se dirigió rápidamente el 6 de enero otra columna francesa a las órdenes del comandante Delloye, logrando contener por el momento el golpe que amenazaba a la ciudad.

Del lado de Guerrero, el coronel Ortiz de la Peña había sido batido en Puente de Ixtla, perdiendo su convoy y sus municiones, y replegándose a Cuernavaca en el mayor desorden.

El movimiento de concentración del lado del norte hacía caer las poblaciones una tras otra en poder de los republicanos, poniéndose de manifiesto la impotencia de los aliados de los franceses para sostenerse contra la ola que crecía por instantes de la insurrección general.

Matehuala, que desde el mes de agosto formaba el límite extremo de las posiciones ocupadas por las tropas franco-mexicanas, fue evacuado el 27 y 28 de octubre por el general Douay, después de destruir las fortificaciones y adelantar hacia Querétaro los grandes parques. Una columna móvil de dos batallones, dos escuadrones y dos secciones de artillería, a las órdenes del coronel Guilhem, del regimiento extranjero, quedó provisionalmente en San Luis para apoyar a Mejía, que debía tomar el mando de aquellas provincias, y a quien envió Bazaine el BIL-II y el BIL-IV de cazadores; pero aquel auxilio no era suficiente, y el jefe imperialista tuvo que retirarse a San Felipe después de que salieran de San Luis las últimas tropas francesas el 23 de diciembre.

Las columnas de evacuación fueron llegando sucesivamente a Querétaro; el general Castagny con el BIL-XVIII de cazadores y un batallón del RI-7 de línea formaba la última partida que marchó definitivamente de León el 28 de diciembre.

El gobierno había desaprobado la capitulación de Mejía en Matamoros, decretando en consecuencia la destitución de Carbajal y nombrando en su lugar al general Santiago Tapia. El coronel Canales, que se había pronunciado contra Carbajal, desconoció igualmente la autoridad de Tapia, y levantándose con el poder, se propuso emplear la fuerza para sostenerse.

Tapia había marchado con 1.200 hombres sobre Matamoros, fuerza insuficiente para tomar la plaza, a la cual puso sitio, pero a los pocos días perdió la vida a consecuencia de un ataque del cólera que se había extendido en aquellos lugares. Las operaciones continuaron a las órdenes del general León Guzmán, y a principios de noviembre llegó a encargarse del mando militar el general Escobedo, que por disposición superior había marchado con un refuerzo de 1.500 hombres. Luego se supo esto en Brownsville: el general americano Sedgwick, comandante del subdistrito del Río Grande, invitó a Escobedo a una entrevista, que se llevó a cabo. En ella manifestó el americano la esperanza de que la cuestión se arreglase pacíficamente, no pudiendo suponer un conflicto entre fuerzas que reconocían la misma autoridad. El general mexicano le dio las gracias, diciéndole que llegado el caso no desdeñaría su oferta, que por lo demás estaba muy lejos de aceptar.

Entrada creada originalmente por Arre caballo! el 2026-11-02. Última modificacion 2026-11-02.
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