Siglo XVIII Guerras Anglo-Españolas siglo XVIII (1762-98) Guerra Anglo-Española (1.762-63). Ocupación británica de Manila
Guerra Anglo-Española (1.762-63). Ocupación británica de Manila

Antecedentes

El 6 de enero de 1.762, el consejo de ministros británico, presidido por el primer ministro conde de Bute, acordó atacar La Habana, en el Caribe, y aprobó el plan del coronel William Draper (oficial del ejército británico) para la toma de Manila con algunos soldados destinados en Asia. Draper era el comandante del 79 regimiento de Iniantería, que estaba estacionado en Madrás, India. El 21 de enero de 1762, el rey Jorge III aprobó las instrucciones para Draper, haciendo hincapié en aprovechar la guerra existente con España para una posterior expansión mercantil.

Los británicos esperaban también que el comercio de España sufriría un golpe demoledor en la contienda. Un comité secreto de la Compañía Británica de las Indias Orientales aprobó proporcionar un gobernador civil para la administración de las islas Filipinas, y en julio de 1.762, Dawsonne Drake fue nombrado para el puesto. Manila era una de las ciudades comerciales más importantes de Asia en esa época y la Compañía quería extender su influencia sobre el archipiélago.

La fragata Argo salió de Inglaterra para Madrás a finales de enero, transportando al coronel Draper, que había sido nombrado jefe de la fuerza de desembarco, con el grado de brigadier general.

La Argo llegó a Madrás seis meses y un día después de su salida de Inglaterra, e inmediatamente se fue reuniendo allí una escuadra formada por 8 navíos de línea y 3 fragatas de la marina británica y 3 mercantes armados pertenecientes a la Compañía Inglesa de las Indias Orientales. El núcleo de la fuerza de desembarco era el 79 regimiento de infantería del ejército británico, antiguo regimiento de Draper, una compañía de artillería, y los 270 infantes de marina embarcados en los barcos de la escuadra, 350 franceses desertores todos ellos europeos, al que se añadiría un numeroso contingente de tropas indígenas que incluía 600 sepoys, una compañía de kaffirs, una de topazos (cristianos asiáticos), en total 6.800 hombres. Mandaba la escuadra el vicealmirante Samuel Cornish con los buques Seahorse (24), Elizabeth (64), Falmouth (50), Weymouth (60), Panther (60), América (60), Seaford (22), Grafton (70), Lenox (74), Argo (28), Norfolk (74), y Essex (64); con los mercantes armados de la Compañía de las Indias Southsea Castle y Osterly.

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 Captura británica de Manilla 1762. Flota británica llegando a la isla. Autor Dominic Serres

La situación en Manila era muy diferente. Así como el propio rey Carlos III había advertido personalmente al nuevo capitán general de Cuba, que iba a incorporarse a su nuevo destino, de la probabilidad de una próxima guerra con Inglaterra, ni el Rey ni nadie de su gobierno había avisado de este peligro a Manila. Y por si fuera poco este inconcebible olvido de las Filipinas a la hora de tomar las medidas para el caso de una guerra, en Manila ocupaba el puesto de gobernador y capitán general la persona menos adecuada para ello. El anterior gobernador general de Filipinas, Pedro Manuel de Arandia, había muerto en 1.759 y su sucesor en el cargo, el brigadier Francisco de la Torre, no había llegado a causa del ataque británico a La Habana. La Corona española nombró al arzobispo de Manila, Manuel Rojo del Río y Vieyra, vicegobernador interino.

En julio de 1.762 un fraile había recibido en las Filipinas una carta que le escribía su padre desde Sevilla informándole de la declaración de guerra de Inglaterra a España. Y otro fraile había recibido desde Madrás otra carta que le hablaba de los preparativos ingleses para la guerra. el arzobispo Rojo, que no las tomó en consideración diciendo que eran “noticias de frailes”.

El día 29 de julio se hizo a la vela desde Madrás la vanguardia de la expedición, mandada por el comodoro Tiddeman con los buques Grafton (70), Lenox (74), Weymouth (60) y Argo (28), que fue seguida al poco tiempo por el resto de la escuadra. Ésta se reunió en Malaca el día 21 de agosto, y además de hacer víveres y aguada, aprovechó su estancia en puerto para juzgar en consejo de guerra al capitán de navío Newsom, comandante del navío Panther (60), por llevar mercancía en su barco para hacer negocios con ella, y por presentar falsos estados de fuerza. Fue declarado culpable y expulsado de la marina británica. El 27 salieron para Manila todos los barcos, que entraron en aquella bahía a las cinco de la tarde del día 22 de septiembre de 1.762, fondeando ante Cavite.

El arzobispo gobernador, sorprendido como todo el mundo en Manila, envió un oficial para preguntar cual era la bandera de la escuadra y cuales eran sus intenciones. Los ingleses respondieron que estaban en guerra y exigiendo la capitulación y entrega de Manila.

La guarnición de la plaza consistía en el regimiento de infantería del Rey, de tropa europea, reducido la cifra de 550 plazas, en una compañía de 80 artilleros, los más indios. Rápidamente se formaron cuatro compañías de 60 milicianos, denominándolas del comercio, se hizo convocatoria de nativos, concurriendo unos 5.000, armados con lanzas arcos.

La flota se acercó a Manila y, a las 7 de la tarde del día 24 de septiembre, los soldados del Regimiento 79 y los marines desembarcaron en el punto identificado por Cornish y Draper. Tres fragatas proporcionaron un bombardeo de cobertura que dispersó los cuerpos de las tropas españolas reunidas en la costa. El oleaje era pesado y todos los botes que llevaban la fuerza de desembarco se llenaron de agua, dañando armas y municiones. No hubo oposición y el aterrizaje se realizó con éxito.

Al sur del punto de desembarque, en la desembocadura de un pequeño río, estaba una fortaleza llamada “Pulverista” que los españoles habían abandonado. Las tropas británicas ocuparon el Pulverista y lo usaron para cubrir el desembarco, como almacenamiento y para enviar señales a la flota.

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Captura británica de Manilla 1762. Flota inglesa entrando en la bahía. Autor Dominic Serres

El coronel Monson con 200 hombres ocupó una gran iglesia llamada la Ermita, a unos 900 metros de la ciudad. La iglesia fue asegurada y puesta en estado de defensa por el comandante More y los soldados del regimiento 79 y utilizada por el general Draper como su cuartel general. Se avanzó más hacia las murallas de la ciudad y ocuparon la iglesia de Santiago cerca de la costa y la iglesia de San Juan más alejada del mar, las iglesias eran sólidos edificios de piedra sillería, y fueron vitales para los ingleses, porque sirvieron de protección a las baterías que montaron para batir la muralla de Manila y, porque sirvieron de alojamiento a las fuerzas desembarcadas, lo que resultó imprescindible ya que el mismo día del desembarco empezaron las lluvias torrenciales del Monzón.

El 25 de septiembre desembarcó el resto de las fuerzas. Una fuerza española salió de Manila, de 50 soldados españoles y 800 nativos, apoyados por dos cañones ligeros, dirigidas César Fallet, oficial suizo al servicio de España, atacó las posiciones británicas en la iglesia de Santiago, el coronel Monson contraatacó con una fuerza de sepoys, soldados del regimiento 79 y algunos otros, haciendo retroceder a los españoles de nuevo a Manila, con pérdida de uno de los cañones y parte se su fuerza.

Los ingleses comenzaron a trabajar en una evaluación del estado de las defensas en la esquina suroeste de la ciudad y la construcción de baterías para bombardear las murallas de la ciudad. Se construyó un camino cubierto desde la iglesia de Santiago hasta el punto donde se erigirían las baterías. La guarnición española no hizo ningún intento de interferir con las obras de asedio durante esta construcción, excepto por el fuego de los cañones de las defensas.

Al anochecer del día 26 de septiembre los ingleses empezaron a bombardear la ciudad.

Los ingleses enviaron una nueva intimación al arzobispo-gobernador. Éste convocó un consejo de guerra, al que asistieron el maestre de campo, los sargentos mayores de Manila y de Cavite, del regimiento del Rey, y de las milicias, los diputados del comercio, los de la ciudad, y representantes de diferentes órdenes religiosas. La mayoría votó por defender la plaza, y así lo comunicó el arzobispo gobernador a los ingleses.

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Captura británica de Manila en 1762. Movimientos de las fuerzas británicas

Los españoles respondieron con el fuego de los baluartes de San Diego y de San Andrés contra las obras de los ingleses. Éstos fueron avanzando las trincheras hasta asentar una batería de cañones de 24, la cual ayudaron dos navíos el Elizabeth (64) y Falmouth (50), cruzando los fuegos, con desastroso efecto. El baluarte de San Diego quedó completamente desmantelado de su artillería, y los otros bastante deteriorados; pero se repararon los desperfectos, y en la mañana del 27 de septiembre, un grupo de nativos, sin orden ni dirección, acometió los puestos avanzados con tal ímpetu, que arrolló los cipayos, y llegaron hasta la misma batería inglesa, pero por alguna razón incomprensible no clavaron los cañones, lo que los habría inutilizado, con lo que habría fracasado la operación, siendo necesaria la disciplina de la infantería de línea inglesa para detenerlos.

El 30 de septiembre se desató otro temporal furioso, que puso en peligro la armada británica, el transporte Southsea Casttle, después de haberse separado de la flota durante la tormenta del 19 de septiembre, llevando las herramientas necesarias para la construcción de las baterías, se acercó a la orilla y fue encallado por el viento. Los botes pequeños no podían operar fácilmente en condiciones de tormenta, y como encalló cerca de la costa, resultó relativamente fácil descargar los pertrechos.

Llovía a torrentes, lo ingleses aprovecharon la inanición para asentar otra batería con cañones de 24 libras y con morteros de 10 y 12 pulgadas, el 2 de octubre estaba asentada, y empezó a bombardear el baluarte de San Diego.

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Captura de Manila en 1762. Mapa del asedio. Autor John Fawkes

Había llegado la ciudad refuerzo de 2.000 nativos pampangos, que se eligieron hacer salida en tres columnas: una dirigida contra la iglesia de Santiago; la segunda destinada a las trincheras de Malate y la Ermita, la tercera envolver las posiciones, avanzando por la playa. Partieron a la vez en la noche del 3 de octubre, asombrando a los sitiadores la ferocidad con que se entraban entre las bayonetas con un griterío salvaje y completo desprecio de la vida.

La primera columna consiguió hacerse dueña de la iglesia de Santiago, que estaba guarnecida por los sepoys que fueron expulsados. Las tropas británicas posicionadas detrás de la iglesia forzaron su camino hacia la iglesia y obligaron a los españoles a regresar a la ciudad. En el transcurso de esta lucha, el capitán Strachan del 79 fue muerto y 40 soldados ingleses fueron muertos o heridos. Los españoles e indios tuvieron 70 muertos que fueron encontrados alrededor de la iglesia.

La segunda columna ocupó las posiciones de Malate y la Ermita, pero Coronel Monson y el capitán Fletcher llevaron una fuerza del 79 regimiento y dispararon las armas contra los atacantes que fueron expulsados. Capitán Porter de la Royal Navy muerto en la lucha, los asaltantes que dejaron más de 200 muertos tendidos. El efecto de sla derrota pareció ser que un gran número de nativos abandonaron Manila para ir a sus hogares y dejaron alrededor de 1.500 en la ciudad.

El día 4 de octubre, los británicos habían abierto una brecha en las murallas del baluarte de San Diego gracias a un intenso bombardeo, habían secado el foso, desmantelado los cañones del bastión y de los dos baluartes contiguos, de San Andrés y San Eugenio, prendido fuego parte de la ciudad, y expulsado a las fuerzas españolas de las murallas.

El día 5 de octubre, ya destruidos cuatro de sus baluartes, al amanecer los sitiadores se aproximaron al baluarte San Diego, las fuerzas dirigidas por el teniente Russell del 79 con 60 voluntarios, seguido por los granaderos y luego por ingenieros y zapadores para ampliar la brecha si fuera necesario. El baluarte estaba tan desierto que, no pudiendo subir en formación por lo escarpado del talud, se echaron los fusiles a la espalda treparon separadamente sin que nadie los estorbara.

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Asalto británico a Manila en 1762.

Detrás avanzaron el coronel Monson y el comandante More con hombres del regimiento 79 y marineros,que no encontraron resistencia y se dirigieron a la Puerta Real, allí una fuerza de 180 españoles y nativos se negaron a rendirse y los ingleses tuvieron que tomarla al asalto, el comandante More y 30 soldados británicos murieron en el asalto.

Una vez tomada la puerta, entró el brigadier Draper con una fuerte columna.

La ciudad capituló de forma vergonzosa, pues el arzobispo-gobernador salió del baluarte de Santiago e intentó arrodillarse a los pies de Draper para rendirse antes de que se hubiera llegado a un acuerdo en las conversaciones en curso sobre la capitulación.

El día 6 de octubre, presentaron los jefes británicos los capítulos que por su parte exigían, siendo los principales la entrega de la plaza de Cavite y la entrega de 4 millones de pesos en rescate de los edificios bienes. Al primero se accedió sin dificultad; el segundo pareció era irrealizable después del merodeo de la población, por cuyo motivo se negoció largamente a la baja, sin alcanzarla esa cifra.

Reuniendo la plata de las iglesias, los fondos de obras pías, la vajilla y joyas del arzobispo, no se pudieron juntar más que 546.000 pesos.

Ocupación de Manila

Una vez que Manila cayó, Draper concedió a sus tropas un saqueo de 3 horas de duración, como premio, según fuentes españolas el saqueo duró hasta el día 7 de octubre. Las tropas británicas saquearon todo lo que pudieron, las iglesias, conventos y oficinas públicas fueron desprovistos de todos los objetos de valor, la mayoría de las casas ricas, produciéndose violaciones, homicidios y vandalismos, arrasando la ciudad en lo que se conoce como la primera “Violación de Manila”.

Al saqueo desorganizado, es decir el realizado por los soldados, de forma individual y sin supervisión de sus oficiales, siguió otro, que se puede llamar oficial, que fue perfectamente organizado, que se realizó sujetándose a formalidades, siendo saqueado o incautado por los ingleses y vendido en pública subasta el convento de San Pablo de los agustinos de Manila. La plata labrada incautada, que se pesó en la casa de los Hermanos de la Misericordia, llegó a los 62.500 marcos castellanos, es decir 14.378 Kg. Su valor, dado el precio de la plata hoy, sería alrededor de los cinco millones y medio de euros. Además, los ingleses se incautaron de 90.000 pesos en dinero efectivo, parte del cual pertenecía a algunas Obras Pías. Pero es que además se apropiaron de la biblioteca del convento, cuyos libros se vendieron al por menor, y de la farmacia, que estaba tasada en 20.000 pesos. Se llevaron también los dos órganos del coro y los archivos del convento. El valor del total de lo incautado en el convento ascendió a 237.753 pesos.

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Saqueo de Manila por los británicos 1762.

Otro saqueo o incautación, éste en Cavite, fue el de los pertrechos navales que aprovecharon los barcos de la escuadra inglesa. Es curioso el método que emplearon los ingleses para cobrar el valor de los pertrechos empleados. Al apoderarse de Cavite, todo lo que existía en el arsenal pasó legalmente a ser propiedad de las dotaciones de la escuadra, y ésta, o más bien la marina británica, les compró los pertrechos a sus nuevos propietarios pagándoles en dinero contante y sonante, lo cual tuvo ventajas para todos los participantes. Los oficiales cobraron en el acto, pero la marina pagó un precio inferior al del mercado, por lo que Cornish lo incluyó en las ganancias de la operación.

Aparte de esto, cuando los barcos salieron para Madrás se llevaron todos los pertrechos que había en el arsenal y todo el material que había sobrado de las reparaciones, que se tasaron en 24.699 pesos. Además, se llevaron 40 cañones de bronce y 27 de hierro, así como 82.982 cabanes de arroz.

El 2 de noviembre de 1.762, Dawsonne Drake de la Compañía Británica de las Indias Orientales asumió el cargo de gobernador de Manila. Contaba con un consejo asesor de cuatro miembros: por John L. Smith, Russel Claud, Brooke Henry y Samuel Johnson. Villacorta logró escapar. Cuando Drake decidió que no estaba obteniendo los ingresos que esperaba, formó un consejo de guerra que llamó “tribunal Chottry”, con poderes para encarcelar a cualquier persona que deseara. Muchos españoles, mestizos, chinos y nativos fueron apresados por delitos que, según denunció el capitán Thomas Backhouse, solo Drake conocía.

Captura inglesa del galeón Santísima Trinidad

Dos días después del desembarco de los ingleses, el 25 de septiembre, había entrado en la bahía de Manila una galera española que llevab la noticia de la llegada al estrecho de San Bernardino del galeón el Filipino, que regresaba de Acapulco. Al encontrase la galera con los barcos ingleses fondeados en bahía, su capitán se dirigió a Cavite, donde abandonó el barco ante el ataque de los ingleses. Éstos apresaron a parte de la tripulación, se apoderaron de la galera y descubrieron a su bordo los pliegos que el Filipino enviaba al gobernador, por lo que el almirante Cornish despachó al navío Panther y a la fragata Argo para interceptarlo.

El mal tiempo hizo que los barcos ingleses no pudieran llegar a San Bernardino a tiempo para apoderarse de la plata, porque antes que ellos habían llegado por tierra al Filipino órdenes de Simón de Anda de que desembarcara la plata y se la enviara, de modo que esta quedó a salvo en manos españolas.

Aunque los barcos ingleses no pudieron apoderarse de la plata del Filipino, se encontraron con gran sorpresa con otro barco español al que nadie esperaba, el galeón Santísima Trinidad. Este galeón había salido de Cavite el 1 de agosto del año 1.762, ya avanzada la estación porque la carga no se pudo terminar en las acostumbradas fechas de mediados de julio y sin saber que España llevaba seis meses de guerra con Inglaterra. Al hacerse a la vela se encontró con un vendaval, o viento del oeste entablado, que lo retuvo en la bahía de Manila durante 32 días, y sólo pudo arrumbar hacia San Bernardino el día 3 de septiembre. Fondeó en San Jacinto, en la isla de Ticao, el 7 de septiembre, en la acostumbrada escala antes de embocar el estrecho, y allí hizo agua, leña y refresco de víveres, y embarcó los víveres y utensilios.

El Santísima Trinidad que tenía 800 tripulantes, había salido a la mar con sólo 13 cañones para sus 60 portas y, como era costumbre en las largas navegaciones por alta mar, y mucho más en tiempo de paz como se creía entonces en Manila, al embocar el estrecho de San Bernardino había bajado a la bodega todos los cañones, excepto dos que quedaron en el castillo de proa.

El día 28 avistaron el cabo Espíritu Santo, y al día siguiente a las once de la mañana, entraban otra vez por San Bernardino. Poco duró su alegría: a las cuatro de la tarde avistaron una vela que a las dos de la madrugada, cuando llegó a la voz, resultó ser la fragata inglesa Argo (28), que inmediatamente abrió el fuego.

Aunque al iniciar el regreso a San Bernardino se había subido la artillería a las cubiertas y se habían montado 4 cañones en el combés, 6 en el alcázar, 2 en el entre puentes y otro en el espejo de popa, solamente fueron de utilidad en el combate que siguió los 4 o 5 cañones de 8 libras de bala con los que contaba el barco, ya que los demás eran de 4 libras.

En el combate la fragata Argo (28), sufrió tales daños que tuvo que retirarse tras dos horas de cañoneo. Pero esperó a que el Panther (60) se incorporara al combate, que disponía de cañones de 24 y 18 libras.

El Santisima Trinidad recibió 1.700 balazos de 24 y 18 libras. A la vista del mal estado en que se encontraba este barco y de la gran cantidad de hombres que tenía a bordo, los ingleses no se atrevieron a abordarlo y lo tomaron a remolque, y el día 11 de noviembre entraron en Cavite. Allí pudieron reconocer el valor de la carga, que el almirante Cornish evaluó en 1,5 milloones pesos (3 millones de dólares). Una gran proporción de los cuales se convirtió en el premio de los capitanes y tripulaciones de los 2 barcos británicos y el almirante Cornish.

Movimiento de resistencia

Mientras tanto, la Real Audiencia de Manila había organizado un consejo de guerra y enviado al oidor Simón de Anda y Salazar a la capital de la provincia de Bulacán para organizar la resistencia. La Real Audiencia también nombró a Anda teniente gobernador y oidor general. Esa noche Anda tomó una parte sustancial de la tesorería y los registros oficiales con él, saliendo del fuerte de Santigo a través del postigo de Nuestra Señora de la Soledad, a un barco en el río Pasig, y luego a Bulacán. Se trasladó la sede de Bulacán a Bacolor en la provincia de Pampanga, localidad más segura donde obtuvo el apoyo de los Agustinos.

Simón de Anda tomó posesión de los mas de 2 millones de pesos traídos de Acapulco por el Filipino en uno de los casos mejor documentados de contrabando del comercio de Manila, a los que añadió los 222.000 escudos que había sacado de Manila antes del asalto y casi otro millón que le dieron las órdenes religiosas. Con estos más de tres millones, Anda aplicó dos recetas para conseguir un buen reclutamiento: pagar el doble de lo que se había estado pagando a los militares y no retrasarse en los pagamientos.

Pudo reunir un improvisado ejército que llegó a estar formado por unos 8.000 infantes y 600 jinetes y en el que había españoles, mestizos y nativos leales, a los que fueron añadiéndose desertores franceses y prisioneros ingleses, y aunque no tenían suficientes armas modernas, tuvieron éxito en mantener las fuerzas británicas confinadas dentro de Manila. El 8 de octubre de 1.762 Anda comunicó al arzobispo Rojo que asumía el cargo de gobernador y capitán general conforme a los estatutos del Consejo de Indias, que permiten la entrega de la autoridad de gobernador a la Audiencia en los casos de motín o de invasión de fuerzas extranjeras, como era el caso. Anda, el más alto miembro no cautivo, asumió todos los poderes y exigió el sello real, petición que fue denegada por el arzobispo.

Anda no reconoció ninguno de los acuerdos firmados por Rojo como válidos, alegando que el arzobispo había sido obligado a firmar por la fuerza, y por lo tanto, de acuerdo con los estatutos del Consejo de Indias, no eran válidos. También se negó a negociar con los invasores hasta que fuera tratado en el marco jurídico como gobernador general de Filipinas, devolviendo a los británicos las cartas que no se le dirigieran en este sentido. Todas estas iniciativas fueron aprobadas posteriormente por el rey de España, que lo recompensó y así como a otros miembros de la Audiencia, como José Basco y Vargas, que había luchado contra los invasores.

Como detalle curioso, cuando los ingleses pusieron precio de 5.000 pesos a su cabeza, él contestó poniendo otros precios de 10.000 pesos a quien le entregara cada una de las autoridades inglesas, vivas o muertas.

La fuerza británica en Manila resultó insuficiente para tomar ningún control significativo y duradero fuera de la capital y fueron derrotados en todos los intentos que hicieron para ocupar otros puestos en cualquier lugar fuera de Manila. Graves desacuerdos entre Dawsonne Drake y los comandantes militares que sustituyen a Draper y a Cornualles impidieron negociaciones fructíferas con Anda o tomar una acción militar efectiva.

Entrada creada originalmente por Arre caballo! el 2020-02-24. Última modificacion 2021-01-01.
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