Siglo XVIII Guerras Anglo-Españolas siglo XVIII (1762-98) Guerra Anglo-Española (1.796-99). Guerra en el Caribe
Guerra Anglo-Española (1.796-99). Guerra en el Caribe

Ataque británico a Trinidad (17 de febrero de 1.797)

Gran Bretaña tras la declaración de guerra española, en represalia, envió una flota al Caribe con la intención de invadir las islas de Trinidad y Puerto Rico.

A finales del siglo XVIII la provincia de Trinidad, entonces parte de la capitanía general de Venezuela, era una colonia muy próspera debido a su producción de azúcar de caña. Su población había pasado de 3.000 habitantes a 16.000 en 1.796. La inestabilidad en la zona debida a las guerras entre franceses y británicos junto a las leyes borbónicas de libertad de comercio, hicieron que muchos extranjeros buscasen refugio en la misma en particular colonos de las Antillas Francesas.

Este hecho, unido a la gran cantidad de negros y mulatos libertos de la isla, provocó disturbios y tensiones, por lo que su gobernador, el almirante de la armada José María Chacón y Sánchez de Soto informó a la Corte de esta situación, comunicando que la riqueza de la isla podía atraer a los británicos, poniendo en sobreaviso al capitán general en Caracas y al almirantazgo de La Habana.

Por si fuera poco, se había declarado en la tropa y marinería una epidemia, posiblemente malaria, que había dejado a un tercio de los efectivos fuera de combate. Por otro lado, tal y como declaraba quejumbroso el propio Chacón en enero del 1.797, las obras de fortificación avanzaban muy lentamente por la falta de dinero con que pagar a los trabajadores, la incomunicación de la isla por falta de unidades ligeras de observación era casi absoluta, y no se podía contar con la ayuda de la escuadra de Aristizabal que, se suponía, debía de encontrarse ya bloqueada en La Habana.

El 16 de febrero de 1.797 en las Bocas del Dragón se avistó una escuadra británica mandada el almirante Henry Harvey y compuesta de 9 navíos: Prince of Wales (98), Belona (74), Revenge (74), Invincible (74), Alfred (74), Dictator (68), Scipion (68), Surate (58), y Ulises (50); 3 fragatas: Arethusa (44), Alarm (40), y Anna (40); 5 corbetas: John (20), Favorite (20), Zebra (20), Zafiro (20), y Pelican (20); el bergantín Victorius (16) y una bombarda, con 40 buques de transporte. Transportaba 6.750 soldados de 5 regimientos de ingleses, 4 regimientos de alemanes, 1.500 zapadores, y 600 artilleros, 35 cañones y 11 morteros al mando del teniente general Ralph Abercromby. Los británicos entraron al golfo de Paria y fondean al anochecer a poca distancia del puerto de Chaguaramas. En un consejo de guerra extraordinario se proyectó desembarcar a la mañana siguiente.

La escuadra inglesa se dirigió hacia el golfo de Paria a través de Boca Grande. A las 15,30 horas, justo cuando los británicos habían despejado el canal, descubrieron anclados, en la bahía de Shagaramus, un escuadrón español compuesto de 4 buques de línea: San Vicente (80), San Dámaso (74), Arrogante (74), Gallardo (74); y la fragata Santa Cecilia (34), mandada por Sebastián Ruiz de Apodaca.

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Ataques ingleses a Trinidad y Puerto Rico 1797

Como la entrada al anclaje de los españoles parecía estar bien protegida por una batería de 20 cañones y 2 morteros colocados en la isla de Gaspar Grande, y cuando el día ya estaba muy avanzado, Harvey envió sus transportes, protegidos por Arethusa (44), Thorn y Zebra (20), para encontrar un puesto de atraque a unos cinco kilómetros de Puerto España, ordenó al Alarm (40), y Victorious (16) que se mantuvieran a la vela entre el enemigo y Puerto España, mientras que, con sus barcos de la línea, anclaba a tiro largo de la naves y baterías españolas, con la intención de evitar que el enemigo escapase durante la noche, y de tomar medidas por la mañana para su destrucción.

Sebastián de Apodaca, con su escuadrilla fondeada en Chaguaramas, quedó embotellado en la bahía, y celebró aquella misma noche, un consejo de guerra bordo del insignia San Vicente (80), los oficiales con mando dijeron que apenas tenían la mitad de los oficiales y los hombres con los que podían tripular los barcos y votaron para que se incendiasen todos los navíos para evitar su captura, y dirigirse por tierra para reforzar las defensas de Puerto España. Se procedió por tanto a incendiar los barcos, se abandonó la isla Gaspar Grande después de haber clavado la artillería, inutilizándola, y se dirigieron por tierra a Puerto España.

Para sorpresa de los británicos, los españoles, alrededor de las 02,00 horas del 17 de febrero, comenzaron a prender fuego a sus barcos y, a la luz del día, 4 de los 5 buques estaban prácticamente destruidos. El quinto, el San Damaso (74) escapó de las llamas. Los ingleses, a la vista del fuego en los barcos, enviaron inmediatamente sus chalupas para intentar rescatarlos.

Consiguieron así salvar y apresar el San Dámaso y el bergantín Galgo.

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Captura británica de Trinidad (17 de febrero de 1797). Los españoles incendian sus propios buques. Autor Nicholas Pocock

Los españoles evacuaron la isla de Gaspargrande, que fue ocupada en la madrugada por fuerzas del regimiento de la Reina y, en el transcurso del día, otras tropas fueron desembarcadas, sin interrupción, a 5 km de Puerto España, y avanzaron silenciosamente esa noche hacia Puerto España.

El gobernador Chacón, viendo que solo contaba con 190 soldados, muchos de ellos enfermos de fiebre amarilla, y con poca munición, y que la población indígena y extranjera de Puerto España se negaba a participar en la defensa de la ciudad, por miedo a que resulten dañados sus bienes, aceptó la capitulación honrosa que le ofreció Abercromby, entregando la isla a los británicos el 17 de febrero de 1.797. En esta operación el ejército británico tuvo siete muertos, y los españoles un herido. Las primeras noticias de tan triste suceso fueron conocidas por las autoridades españolas en Cumaná el mismo día 17 de febrero a través de tres marineros de la fragata Santa Cecilia que habían podido escapar de la isla de Trinidad en la falúa del propio jefe de escuadra el almirante Sebastián Apodaca.

Los mandos españoles de mar y tierra fueron sometidos a consejo de guerra al llegar a Cádiz. El 26 de junio de 1.798, la corte marcial les consideró inocentes de toda culpa, debido a la superioridad inglesa y a la falta de pertrechos y municiones, justificando así su proceder. El 20 de mayo de 1.801 el rey Carlos IV no admitió tal sentencia, y ordenó que fueran desposeídos de sus cargos, sin posibilidad de recurso alguno. José María Chacón fue desterrado y murió en el transcurso de su exilio en Portugal cuando se revisaba la causa. El 7 de junio de 1.809, la Junta Central rehabilitó a Apodaca, nombrándole jefe de escuadra de la Real Armada.

Ataque británico a Puerto Rico (17-30 de abril de 1.797)

Vista la facilidad con que habían tomado la isla de Trinidad, la armada británica decidió probar suerte en Puerto Rico. Partió de Trinidad el 8 de abril, y a su flota se unieron el Alfred (74), Tamer (38) y algunas embarcaciones más pequeñas. El 17 de abril de 1.797 sobre las 06,00 horas se presentaron ante la isla.

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Llegada de los ingleses en San Juan de Puerto Rico el 17 de abril de 1797. Autor Manuel Minero González museo de Puerto Rico

Los españoles preparan la defensa

La situación en Puerto Rico no era tan inestable como en Trinidad, pero la guarnición de la isla había sido reducida porque gran parte de sus tropas habían sido enviadas a La Española a enfrentar la rebelión de Toussaint Louverture. El gobernador de la isla, Ramón de Castro y Gutiérrez, contaba con 70 oficiales, 200 milicianos, 973 soldados del regimiento de infantería Fijo, 1.600 de las milicias de infantería, 350 de la compañía urbana, 150 de la de negros y 686 de la Marina Real Española. En total, 4.029 individuos a los que se sumaron 2.442 reclutas del campo, la mayoría armados con machetes y lanzas, y 180 presidarios empleados indistintamente en el servicio. Incluían algunos cientos de mercenarios, la mayoría franceses.

Miller nos da el siguiente recuento de fuerzas defensivas: 938 hombres del regimiento Fijo, 3.091 hombres de las milicias disciplinadas, y 2.442 hombres de las milicias urbanas, en total 6.471 hombres.

Todo gracias a que consiguió que gran parte de súbditos y extranjeros allí residentes tomaran las armas para defender la ciudad. Además, se movilizaron las milicias de cada pueblo, que acudieron a defender San Juan, e incluso participaron algunos presidiarios. Se procedió a dotar a los castillos y a proteger los puentes y puntos estratégicos. El cónsul francés, el señor París, también ayudó a la defensa de la ciudad, destinando a 50 compatriotas la defensa del castillo de San Gerónimo y a otros 10 les situó junto a los defensores españoles.

Además de este considerable número de defensores, la plaza se encontraba bien artillada. Había 376 cañones, 35 morteros, 4 obuses, 5 pedreros, y suficiente cantidad de cartuchos, balas, fusiles, sables y pólvora.

Las fuerzas defensivas contaban también con una pequeña pero móvil fuerza naval que se conocía bajo el nombre de “fuerza sutil”. Esta fuerza estaba compuesta de embarcaciones de bajo calado para la defensa de la Bahía, los Caños, y las lagunas que rodeaban la capital. La fuerza sutil estaba compuesta por 4 gánguiles, 2 pontones, 11 cañoneras, 7 lanchas de auxilio, 4 botes, 1 falucha, 1 güairo y 18 piraguas . El armamento de esta fuerza sutil consistía de 22 cañones, 1 mortero, 4 pedreros, 11 esmeriles, 204 fusiles, 24 pistolas y 229 sables. La fuerza sutil estaba tripulada por unos 546 hombres al mando del capitán de fragata Francisco de Paula Castro. Además, dos barcos corsarios franceses ofrecieron sus servicios a la defensa del puerto.

Asedio de San Juan

Las fuerzas de desembarco inglesas se estiman en 6.700 efectivos de los regimientos ingleses de infantería 14, 44, 38, 53, 60 y 87; el regimiento 42 de Highlanders (Black Watch), el regimiento de dragones 26, el regimiento alemán de Lowenstein y unos 2.000 negros de Trinidad, Barbados y Martinica, así como desertores franceses.

La campaña comenzó el día 17 de abril con el desembarco inglés por las inmediaciones del sector de La Torrecilla.

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Desembarco de los ingleses en San Juan de Puerto Rico el 17 de abril de 1797. Autor Manuel Minero González museo de Puerto Rico

El teniente coronel graduado y capitán del regimiento Fijo, Isidoro Linares, lideró el traslado de un destacamento armado con 4 cañones de campaña y una selección de soldados veteranos para resistir a los primeros intentos de desembarco en las playas de Cangrejos, punta del Condado y monte del Rodeo. Mientras el capitán de fragata don Francisco de Paula Castro, con la “fuerza sutil” ocupa las posiciones planificadas dentro del Caño de San Antonio.

Debido a la resistencia presentada al invasor por los españoles, el desembarco se extendió hasta el día 18. La fuerza de Linares más bien llevó a cabo una operación de obstáculo pues no contaba con fuerzas suficientes para enfrentarse a las 3.000 tropas inglesas que desembarcaron tierra. Al finalizar el día 18 los ingleses se encontraban en pleno control de la costa habiendo establecido su cuartel general en la casa del Obispo, cercana a la Iglesia San Mateo.

Entre las actividades del invasor durante el día 18 de abril fue la de bloquear la boca del puerto y enviar uno de los navíos con bandera blanca para pedir la rendición de la ciudad. La negativa española fue punto de partida para llevar a cabo los planes generales de la expedición. Harvey y Abercromby estaban de acuerdo en la necesidad de aislar completamente la isleta y con tal propósito bloquearon el puerto y mandaron a cortar el Puente de Agua o de San Antonio.

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Ataque inglés a San Juan de Puerto Rico el 17 de abril de 1797. Vista del ataque

La isleta de San Juan ante la inminente amenaza que representaba las fuerzas británicas, quedó protegida de la siguiente manera:

  • Al oeste, custodiando la entrada natural a la bahía, el castillo del Morro y el castillo de San Juan de la Cruz o del Cañuelo, y tras la línea de fuego cruzado esperaban apostadas las embarcaciones bajo el mando del capitán Don Francisco de Paula.
  • Al este, “El Boquerón”, es decir, la entrada al Caño de San Antonio, estaba bajo la protección del fuerte de San Jerónimo, el puente fortificado de San Antonio, la Línea de los Doce Apostaderos, que se extendía desde la Punta del Escambrón hasta las ensenadas de Salemas y san Antonio.

La noche del 18 de abril, las tropas británicas avanzaron por la isleta de Cangrejo hasta el interior de la bahía donde les estaban esperando la fuerza sutil para, en forma de baterías flotantes, que les hicieron frente y ralentizaron su avance hacia los Fortines San Antonio y San Jerónimo,
El día 19 de abril los ingleses se encontraban frente al Puente de Agua y a las defensas de la Primera Línea, desde donde eran castigados por las baterías de los fuertes de San Gerónimo, del Escambrón, y de San Antonio.

El capitán Ignacio de Mascaró y Homar defiendió el puente fortificado de San Antonio, y observó cómo en los promontorios de la zona de Miramar los ingleses cavaban trincheras y asentaban baterías. A su izquierda, el teniente coronel Teodomiro del Toro encabezaba la defensa del fuerte de San Jerónimo. Ambos, lideraron una defensa extenuante y tenaz que aguantó el embiste de los fusileros británicos de Abercromby.

El día 20 de abril los ingleses al ser detenidos, enviaron lanchas para reconocer el litoral de Punta Salinas en busca de un nuevo lugar de desembarco. El bloqueo de la isleta de San Juan no era muy eficiente pues los de la ciudad continuaban recibiendo provisiones desde Cataño y Bayamón en barcas. Esas mismas embarcaciones llevaban los primeros prisioneros y desertores ingleses, que proporcionaron una valiosa información sobre las fuerzas inglesas.

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Ataque inglés a San Juan de Puerto Rico 1796. Movimientos ingleses

Mientras tanto desde los fortines de San Jerónimo y San Antonio se lanzaban granadas para evitar la construcción de las baterías que los británicos estaban instalando en lo alto del cerro del Condado y Miraflores.

El día 21 de abril se llevó a cabo una audaz operación española al mando de los hermanos Vicente y Egmidio Martínez de Andino. Como resultado de esta operación, los españoles lograron desalojar las fuerzas inglesas en Martín Peña y recobrar el Puente del mismo nombre, defendido por 150 ingleses. Visiblemente contrariado por este éxito español, Abercromby suspendió el proyectado asalto a la isleta para castigar las posiciones defensivas de la costa oriental de ésta, pues quería asegurarse la retaguardia. Con tal objeto ordenó el emplazamiento de baterías cuyos fuegos eran dirigidos contra los defensores de este sector.

El día 22 de abril, el gobernador y capitán general Castro envió refuerzos al litoral oriental de la isleta pues temía que el bombardeo inglés hiciera caer esa Primera Línea Defensiva. Además de enviar más hombres, cañones y municiones, Castro envió parte de su «fuerza sutil» a contrarrestar el fuego inglés. Las lanchas cañoneras se apostaron en el Caño de San Antonio y respondieron vivamente a la artillería inglesa.

Ese mismo 22 de abril la caballería de Frisa se adelantó hasta las playas de las Salemas y de San Antonio, se colocaron tablas con peines de clavos para formar una segunda línea de obstáculos, se instalaron cilindros cargados de combustible y pólvora que se arrojarían contra la infantería contraria, se escavó una trinchera para 400 hombres que frenara el avance de los fusileros enemigos, y la gola del fuerte San Gerónimo fue reforzada con parapetos dotados de una batería con dos cañones de a 12 libras y uno de a 8 libras.

El día 23 de abril, Abercromby se vio privado del fuego de apoyo de la escuadra inglesa, ya que el almirante Harvey ordenó la retirada de sus buques mar a dentro, temeroso de que la marea y los fuertes vientos echaran a perder su flota contra los arrecifes del litoral norteño.

El caño de San Antonio se convirtió por días en la primera línea de batalla que separaba los dos bandos.

El día 24 se llevó a cabo una de las acciones más gloriosas de la campaña. El sargento de milicias puertorriqueño Francisco Díaz, al frente de sus milicianos, organizó una batida a la retaguardia inglesa en una flota de piraguas, con 70 hombres voluntarios, atacó por sorpresa y provocó la huida de 300 ingleses, capturando un capitán y 17 soldados, clavando los cañones que se encontraban en la trinchera, el repliegue fue cubierto por dos lanchas cañoneras.

Castro se ordenó cortar el puente de Juana Díaz para entorpecer la movilidad de las tropas británicas hacia el interior de la isla por el paraje de Baña Caballos.

El día 25 de abril, la respuesta de Abercromby al ataque a sus líneas no se hizo esperar y, a las 8 de la mañana, dio comienzo el fuego de la artillería inglesa que desde sus posiciones en Miramar y Condado que hicieron un daño importante a los fuertes que cerraban el paso a la ciudad de San Juan.

El más castigado en este bombardeo fue el puente fortificado de San Antonio. El fortín de San Jerónimo también recibió severos daños y respondió al fuego inglés, contaba con los hombres del capitán corsario francés Daubón y con diestros artilleros, entre los que destacó Domingo González que con su mortero acertó a un polvorín enemigo provocando un gran incendio e importantes pérdidas en las línea enemiga.

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Ataque británico a San Juan de Puerto Rico 1797. Vista desde San Juan. Autor Jose Campeche y Jordán

El día 26 de abril se llevó a cabo una operación de desalojo contra las posiciones inglesas de Miraflores, el comandante Pedro Tomás de Córdoba con 70 voluntarios negros, aprovechando la oscuridad de la noche, se dirigieron embarcados en piraguas y escoltados por lanchas cañoneras hacia el islote de Miraflores donde se enfrentarán a más de 300 fusileros británicos, 30 de caballería y dos piezas de artillería ligera, aunque desembarcaron exitosamente, tuvo un resultado desgraciado y los españoles tuvieron que retirarse sin cumplir su objetivo debido a la enérgica reacción británica.

El 26 de abril concluyó con 4 bajas, 18 heridos y 2 contusos entre los defensores y 15 nuevos prisioneros y desertores capturados.

Durante los siguientes dos días, 27 y 28 de abril, continuó el intercambio de artillería entre los de Miraflores y los de la ciudad. Castro reconocía el peligro que presentaban los ingleses en Miraflores y ordenó que se emplazaran baterías en La Puntilla para neutralizar las baterías inglesas de Miraflores.

Aprovechando este aparente impasse, Castro planeó y ordenó una contraofensiva española contra las líneas inglesas que se puso en efecto el 29 y 30 de abril. El plan consistía en un ataque coordinado contra las líneas inglesas.

  • Por el sur atacaría el cuerpo de Luis de Lara con 800 fusileros, dos compañías de caballería y un cañón de campaña.
  • Por el este las fuerzas de Luis Canales con 2 cañones de campaña y una fuerza similar.
  • Por el noroeste para cerrar el paso del Boquerón con el propósito de impedir la retirada de la flota en esa Bahía, los corsarios franceses atacarían las playas del Condado.
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Derrota de los ingleses en Puerto Rico 1797. Contraataque español

Este contraataque conjunto fue malogrado debido a que los de Lara se adelantaron al concertado ataque, pero el arrojo de los hombres dirigidos por el subteniente Lara provocó que se acercaran precipitadamente a las avanzada británica que defendía el Puente Martín Peña con una batería de tres cañones y los ingleses, sospechando la trampa, se lanzaron en precipitada fuga a la seguridad de sus barcos. El gran número de pertrechos y materiales de guerra abandonados por los ingleses atestigua el desorden que cundió en sus filas ante la acometida española.

El 1 de mayo comenzó el reembarco inglés y al día siguiente los barcos británicos comenzaron a alejarse de las costas de Puerto Rico para siempre.

Secuelas

El ataque inglés de 1.797 dejó comprobada la excelencia del sistema defensivo de la plaza fortificada de San Juan.

Las bajas inglesas fueron 225 muertos y heridos; además perdieron 290 prisioneros, de los cuales 4 eran oficiales y 286 soldados, 32 de ellos de origen alemán. Los españoles, por otra parte, sufrieron 42 muertos y 154 heridos. Las bajas españolas resultan escasas cuando se considera que los nuestros llevaron la batalla al inglés y no se conformaron con esconderse tras las murallas.

El pueblo de Puerto Rico, al reconocer sus héroes, no debe olvidar las brillantes actuaciones de José Díaz, Francisco Díaz, José y Andrés Cayetano Vizcarrondo, Francisco Andino, Rafael Conty, Egmidio y Vicente Martínez de Andino, José Benítez, Ignacio Mascaró, Blas López, Teodomiro del Toro, Manuel Bacener, Marcos Sosa, y cientos de otros que participaron con arrojo y valentía en la defensa de la «Muy Leal».

Entrada creada originalmente por Arre caballo! el 2020-02-25. Última modificacion 2020-02-25.
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