Edad Antigua Cartago y las guerras Púnicas Campaña en Iberia (238 -218 AC)
Campaña en Iberia (238 -218 AC)

Campaña de Amílcar (237-229 AC)

Al finalizar la Rebelión de los Mercenarios, Cartago, empobrecida y acorralada, puso todas sus esperanzas en una gran empresa: la conquista de Iberia, encargando esta misión a Amílcar Barca.

A mediados del año 237 AC, Amílcar marchó con su ejército a través de África, para pasar a Iberia cruzando el Estrecho de Gibraltar con escasos transportes debido a que no contaba con dinero suficiente. Una vez desembarcados se dirigieron a Gadir (Cádiz), única plaza que les quedaba a los cartagineses en Iberia después de la guerra. Le acompañaba su hijo de 9 años Aníbal Barca (Hani Ba’al que significa ”Gracia de Baal” y Barqa que significa ”el Rayo”). Su objetivo inmediato consistía en asegurar el acceso a las minas de oro y plata de Sierra Morena, ya fuera por el control directo o por control indirecto. No se conoce la composición de su ejército, pero se estima en unos 15.000 efectivos veteranos de la guerra contra los mercenarios, en los que había infantería libio-fenicia, jinetes númidas y elefantes. Tenía pensado reforzarlo con mercenarios locales.

Amílcar partió de Gadir (Cádiz) con su ejército bordeando la costa para recuperar y consolidar las antiguas colonias fenicias de Malaca (Málaga), Sexi (Almuñecar) y Abdera (Adra) con las que les unía en lengua y costumbres.

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Campañas de Amílcar y Aníbal en Iberia

Después marchó hacia el norte para la conquista de la Turdetania (valle del Guadalquivir), que estaba bajo el dominio de una serie de régulos o caudillos celtíberos, que utilizaban sus comitivas militares para imponer su autoridad sobre villas más avanzadas culturalmente, pero más débiles militarmente. Estos fueron derrotados y su caudillo Istolacio fue crucificado. Al regresar de su campaña y retornar al sur encontró 50.000 combatientes enemigos (número evidentemente exagerado) que le esperaban mandados por su hermano Indortes, a quien también derrotó en Sierra Morena espantando sus tropas con los elefantes.

Tras la derrota, Indortes con los restos del ejército, se retiró a una colina, donde quedó asediado. Por la noche trató de huir, pero fue interceptado y sus hombres fueron masacrados. Indortes fue capturado, y posteriormente torturado, cegado y crucificado. Amílcar era cruel con los jefes, pero benigno con los guerreros capturados, puso en libertad a 10.000 prisioneros a los que ofreció alistarse en sus filas, miles de ellos lo hicieron.

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Amí­lcar Barca en Iberia. Autor izquierda Aleksandr Shukin; autora derecha Sandra Delgado

En el 236 AC Amílcar envió a Asdrúbal el Bello con un ejército a África para sofocar una rebelión en Numidia. Asdrúbal derrotó a los rebeldes, matando a 8.000 y tomando 2.000 prisioneros antes de regresar a Iberia. Dejó hispanos en Libia y se trajo númidas a Hispania.

Amílcar estableció su cuartel general en Corduba (Córdoba) y siguió progresando hacia el interior a lo largo del eje Urso (Osuna), Munda (Montilla) y Orongis (Jaén). El objetivo de ese avance está bastante claro: el control de las ricas minas argentíferas del alto Guadalquivir. Allí estaban asentados los oretanos, posiblemente la entidad política más poderosa de la Península.

Continuó el avance hacia el levante, fueron cayendo una a una las ciudades ibéricas y colonias griegas que Amílcar encontraba en su camino. Inmediatamente, numerosas quejas llegaron a Roma. Amílcar había violado el pacto firmado el año 348 AC, en el que se fijaba el límite entre zonas de influencia romano-cartaginesas en el cabo de Palos, límite que ya habían pasado. A pesar de esto, la única reacción romana fue enviar una embajada de protesta ante la cual Amílcar alegó la necesidad de las conquistas para saldar las deudas debidas a Roma por la guerra.

El triunfante Amílcar siguió hacia el norte donde mandó construir una fortaleza que llamó Akra Leuké (”Ciudadela Blanca” en griego, posiblemente Alicante). Allí tenía sus arsenales y almacenes, sus elefantes y armamento. Pronto iba a encontrar Amílcar resistencia más vigorosa que la que había hallado hasta entonces.

Tratando de consolidar sus conquistas, el cartaginés sitió la ciudad de Heliké (Elche de la Sierra, Albacete). Los habitantes pidieron socorro a otros celtíberos. Uno de sus caudillos o régulos, llamado Orissón, fingió ser amigo y auxiliar de Amílcar, y pasó a su campo con un cuerpo de tropas, con la intención de volverse contra él en la ocasión y momento oportunos.

Los celtíberos, que estaban acorralados, se valieron de la treta de poner delante de sus filas un gran número de carros tirados por novillos, a cuyas astas ataron haces embreados de paja o leña, y que encendieron al comenzar la refriega. Acuciados por el fuego, los novillos embistieron furiosos las filas enemigas, causando horrible espanto a los elefantes y caballos, y desordenándolo todo. Cargaron los confederados sobre los cartagineses, y aprovechando Orissón la oportunidad del momento, se unió a los celtíberos e hizo una horrible matanza y estragos en las filas púnicas.

Amílcar, viéndose rodeado, ordenó a Abartiagis, jefe del de su guardia personal, posiblemente del Batallón Sagrado, que llevara a sus hijos a Akra-Leuke. Al parecer su hijo Aníbal trató de quedarse con él, pero su padre se lo prohibió. Amílcar, con las fuerzas que pudo reunir, protegió la huida. Un grupo de jinetes oretanos reconoció a Amílcar y trataron de matarlo, lo persiguieron hasta un río donde le alcanzaron y mataron. Los restos de su ejército se refugiaron en Acra-Leuke.

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Muerte de Amilcar Barca durante el asedio de Helike. Autor

El ardid de que se valió Orissón para derrotar a los cartaginenses debía constituir una diversión pública entre los celtíberos, y de ella se cree que son reminiscencia los toros de fuego, que forman parte de muchas fiestas españolas. Esta treta fue utilizada posteriormente por Aníbal en Italia contra los romanos.

Campaña de Asdrúbal (228-221 AC)

Conocida la noticia, los oficiales del ejército nombraron a Asdrúbal el Bello, yerno de Amílcar, general en jefe. El senado cartaginés se vio obligado a ratificar la decisión.

Asdrúbal estaba casado con Sinfonisa, la segunda hija de Amílcar. La primera decisión que tomó fue vengar la muerte de su suegro. En primavera de 228 AC, marchó con todo el ejército, 50.000 infantes, 6.000 jinetes y 200 elefantes, contra el rey oretano Orissón, derrotándolo y conquistando sus ciudades.

Tras acabar con la resistencia oretana, dio un giro a la política púnica casándose con una princesa íbera y estableciendo una serie de tratados con las tribus, exigió la entrega de rehenes por parte de los pueblos íberos bajo su control, como forma de asegurarse la obediencia de sus lugares de origen; más fructíferos que las costosas campañas de conquista. Asdrúbal fundó Qart-Hadashat (Ciudad Nueva), la Cartago Nova romana o la Cartagena actual, que se convertiría en pocos años en el centro de operaciones púnico en España. La ciudad era fácilmente defendible, disponía de un territorio riquísimo en cultivos y metales y, por encima de todo, de un puerto impresionante, uno de los mejores de todo el Mediterráneo. Allí, en esa ciudad, construyó un mítico palacio en el cerro del Molinete.

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Palacio de Asdrúbal en Cartagena en el cerro del Molinete del molinete.

Desde su nueva capital, Asdrúbal administró inteligentemente los recursos disponibles, los excelentes yacimientos minerales, los cultivos y el comercio con los íberos. La riqueza comenzó a cubrir las arcas cartaginesas y se acuñaron monedas de plata con la efigie del propio Asdrúbal.

El creciente poder púnico asustó de nuevo a las factorías griegas establecidas en el noreste de la península Ibérica. Este temor provocó que volvieran a solicitar la mediación romana. Pero los latinos no estaban para muchos dispendios, dado que los celtas cisalpinos amenazaban con una ofensiva en toda regla desde el norte de Italia. No obstante, Roma envió embajadores para que se entrevistasen con Asdrúbal. Este, consciente de la situación, firmó el Tratado del Ebro en 226 AC, por el que el caudaloso río Iberus (Ebro) se fijaba como frontera entre púnicos y griegos con algunas cláusulas. Por ejemplo, la Arse (Sagunto), ciudad levantina aliada de Roma, que debía ser respetada a ultranza.

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Regreso de Asdrúbal el Bello a Quart Hadasht (Cartagena) después de la campaña de verano. Autora Sandra Delgado

En el año 221 AC, Asdrúbal murió asesinado (unos dicen que fue un esclavo, otros una mujer y otros por un soldado). A su muerte, los cartagineses ya eran dueños de todo el sur de la Península y del Levante, hasta el golfo de Valencia.

Campaña de Aníbal (221-218 AC)

Aquel mismo año el ejército eligió a su nuevo general: Aníbal Barca, que entonces solo contaba con 25 años y que había sido el jefe de la caballería púnica desde los 19 años. La elección de Aníbal como jefe significó una vuelta a los métodos violentos de Amílcar.

En el 221 AC recorrió el territorio de los oretanos que eran aliados y se casó con una princesa de Cástulo llamada Imilce, posiblemente para establecer lazos. Es posible que estos le hablasen de las riquezas en cereales de los vacceos y vettones.

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El joven Aníbal Barca en Iberia. A la izquierda en su tienda de campaña, a la derecha en duelo con Norax, un noble guerrero ibérico. Autora Sandra Delgado
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Presentación de Imilce a Aníbal Barca
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Boda de Aníbal Barca con la princesa Imilce. Autora Sandra Delgado

Campaña contra los Olcades (221 AC)

Aníbal se lanzó en 221 AC contra los olcades, a los que tomó su capital, Althia o Althea (Alcochel de la Estrella, Cuenca). Polibio (3, 13, 5-14) escribe: ”Aníbal se hizo cargo del mando y al instante hizo una salida para someter a la tribu de los olcades: llegó a Althea, su ciudad más fuerte, y acampó junto a ella. Luego la atacó de manera enérgica y formidable y la tomó en poco tiempo; ello hizo que las demás ciudades, espantadas, se entregaran a los cartagineses. En ellas Aníbal recaudó dinero; tras hacerse con una fuerte suma se retiró a Quart Hadast (Cartagena), para pasar allí el invierno. Trató con libertad a los súbditos, anticipó parte de su soldada a sus compañeros de armas y les prometió aumentarlas, con lo que infundió grandes esperanzas en sus tropas, y al propio tiempo se hizo muy popular.”

Durante el invierno se dedicó a hacer los preparativos para lo que sería su mayor ambición, someter a Roma. Para llevar a cabo esta gran empresa necesitaba el abastecimiento de grano que poseían los vacceos y vettones, conocidos por su gran habilidad como agricultores. El trigo además de otras posibles mercancías, serían transportadas desde la cuenca media del Duero hasta la desembocadura del Ebro donde Aníbal dispondría de la carga, de tal forma que en pocos años se acumularía la cantidad suficiente para acometer la campaña en Italia.

Batalla del río Tagus o Tajo (220 AC)

En la primavera siguiente del 220 AC, Aníbal, con un ejército de 20.000 soldados a pie, 6.000 jinetes y 40 elefantes, salió de Cartagena hacia Cástulo. Le acompañaban su lugarteniente Maharbal, su sobrino Hannón hijo de Bomílcar, así como sus hermanos menores: Asdrúbal y Magón Barca.

Una vez en Cástulo, continuó hacia el oeste siguiendo el curso del Guadalquivir, no se conoce el itinerario para llegar a Arbucala (Toro) y Helmántica (Salamanca), es muy probable que siguiera la Ruta de la Plata o bien Despeñaperros y Toledo.

La conquista de Salamanca, es descrita por Polieno VII, 48: ”Aníbal en Iberia puso cerco a una ciudad grande: Salmantida; hicieron un tratado para, recibiendo trescientos talentos de plata y trescientos rehenes, levantar el cerco. Pero no cumpliendo los salmantinos lo convenido, volviendo Aníbal lanzó los soldados a saquear la ciudad. Suplican los bárbaros que se les deje salir con un vestido junto con sus mujeres, después de abandonar las armas, las riquezas y los esclavos. Las mujeres, habiendo ocultado las espadas bajo sus vestidos, se las entregaron a los hombres. Y los soldados de Aníbal se pusieron a saquear la ciudad. Y las mujeres, animando a gritos a los hombres, les entregaron las espadas; y algunas, siguiendo a los hombres, atacaron a los que saqueaban la ciudad, de suerte que a unos hirieron y a otros mataron y se batieron juntos. Aníbal, admirado de la valentía de las mujeres, por ellas devolvió a sus hombres la patria y las riquezas”.

Polibio (3, 13, 5-14) escribió: ”Al verano siguiente salió de nuevo, está vez contra los vacceos, lanzó un ataque súbito contra Helmántica (Salamanca) y la conquistó; tras pasar muchas fatigas en el asedio de Arbucala (Toro), debido a sus dimensiones, al número de habitantes y también a su bravura, la tomó por la fuerza. Ya se retiraba, cuando se vio expuesto súbitamente a los más graves peligros: le salieron al encuentro los carpetanos, que quizás sea el pueblo más poderoso de los de aquellos lugares.

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Batalla del río Tagus o Tajo (220 AC). Despliegue de fuerzas

Aníbal obvió el combate y después de acampar en  la orilla del río, una vez que reinó la calma y el silencio en el lado enemigo, vadeó el río, levantó una empalizada de forma que los enemigos tuviesen sitio por donde cruzar y decidió atacarlos cuando estuvieran cruzando. Dio orden a la caballería de que atacasen a la columna entorpecida cuando la viesen metida en el agua; los elefantes, pues había cuarenta, los colocó en la orilla. Entre carpetanos y tropas auxiliares de olcades y vacceos sumaban cien mil, ejército invencible si la lucha se desarrollara en campo abierto. Por ello, intrépidos por naturaleza y confiando además en el número, creyendo que el enemigo había retrocedido por miedo, lanzando el grito de guerra se precipitaron al río de cualquier manera, sin mando alguno, por donde a cada uno le pillaba más cerca. También desde la otra orilla se lanzó al río un enorme contingente de jinetes, y en pleno cauce se produjo un choque absolutamente desigual, puesto que mientras el soldado de a pie, falto de estabilidad y poco confiado en el vado podía ser abatido incluso por un jinete desarmado que lanzase su caballo al azar, el soldado de caballo, con libertad de movimientos para sí y para sus armas, operaba de cerca y de lejos con un caballo estable incluso en medio de los remolinos. Una buena parte de los hispanos perecieron en el río; algunos, arrastrados en dirección al enemigo por la corriente, fueron aplastados por los elefantes. Los últimos, que encontraron más segura la vuelta a la orilla, después de andar de acá para allá se reagruparon, y Aníbal, antes de que se recobrasen sus ánimos de tan tremendo susto, metiéndose en el río con su guardia en formación en cuadro los obligó a huir de la orilla, y después de arrasar el territorio en pocos días recibió oficialmente la sumisión de los carpetanos.”

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Batalla del río Tagus o Tajo en el 220 AC. Las fuerzas de Ánibal Barca atacando a carpetanos y olcades cuando intentan pasar el río. Autor José Luís García Morán
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Batalla del río Tagus o Tajo 220 AC. Los carpetanos y olcades hacen frente al ejército de Aníbal a su regreso después de atacar a los vettones. Los hispanos con sus armas típicas: rodelas, gladios, jabalinas.. y los cartagineses con su panoplia tipo helenístico. Los elefantes son parecidos a los de la famosa moneda cartaginesa.

De esta forma, el dominio cartaginés se amplió con las tierras del litoral atlántico, hasta la desembocadura del Tajo y también por las del sudeste de la meseta. El tesoro del ejército había aumentado considerablemente y se había abierto un nuevo filón de mercenarios.

Aníbal, tratando de explotar al máximo las cualidades y posibilidades de los pueblos de su ejército, habría abandonado la falange macedónica de picas empleada por su padre Amílcar. Había pasado a usar unidades menores, similares al manípulo romano, mucho más ágiles y flexibles para enfrentarse a los hispanos. La unidad base era la speira, compuesta de varios cientos de hombres. También se dio cuenta de que los caballos celtíberos eran de mayor alzada que los africanos, así es que el general Maharbal los instruyó como caballería pesada.

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Aníbal Barca en Iberia. Antes de perder un ojo.

Conquista de Arse o Sagunto (219 AC)

Para consolidar su retaguardia antes de realizar su último objetivo, la conquista de Roma, solo le quedaba una última acción: la conquista Arse (Sagunto) situada al norte de Valencia.

Sagunto, estaba enfrascada en un pleito sobre los límites territoriales con Túrbula (Teruel), y atacó los territorios pertenecientes a Cartago. Aníbal, que no quería dejar enemigos en su retaguardia, aprovechó la excusa y con la autorización del senado cartaginés, respondió a las agresiones, sitiando la ciudad de Sagunto.

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Aníbal Barca delante de una ciudad. Posiblemente se trate de Arse o Sagunto en el 219 AC, ya que la infantería usa sarisas y Aníbal tiene ambos ojos. Autor Mariusz Kozik. 

En mayo del 219 AC, Aníbal llegó con un ejército de 100.000 infantes y 12.000 jinetes a la ciudad de Sagunto. Puso cerco a la ciudad y decidió atacar por tres frentes distintos al mismo tiempo, pretendiendo con ello dividir el potencial defensivo de los saguntinos, aunque centró sus acciones en el punto más vulnerable, el ángulo de la muralla que tenía fácil acceso para las máquinas de guerra. Para ello usó máquinas de guerra, para que derribasen la muralla con sus arietes. Pero los saguntinos respondieron ferozmente desde las torres defensivas, haciendo retroceder el avance cartaginés y destruyendo algunos arietes.

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Asedio de Arse o Sagunto 219 AC por Aníbal Barca. Plano de la fortaleza.

Aníbal, que pensaba obtener una victoria fácil y contundente, decidió retirarse y atacar al día siguiente. Pero esa misma noche los saguntinos realizaron una salida para atacar el campamento cartaginés produciendo numerosas bajas.

Los púnicos se repusieron y se centraron entonces en derribar primero las torres defensivas. Los cartagineses atacaron con sus máquinas de guerra varios puntos de la ciudad a la vez, logrando derribar tres torres y abrir una brecha en la muralla que las unía. Los saguntinos taponaron rápidamente la brecha creando un muro con sus escudos. No solo consiguieron impedir la entrada a la ciudad, sino que les hicieron retroceder hasta su propio campamento.

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Asedio de Sagunto 209 AC. Catapulta púnica arrastrada por elefantes. Autora Sandra Delgado. 

Aníbal decidió rodear la ciudad con una línea de circunvalación compuesta de una empalizada y un foso, y estableció a intervalos regulares torres de vigilancia, las cuales inspeccionaba personalmente con frecuencia. Los saguntinos aprovecharon el tiempo para reconstruir la muralla destruida.

Aníbal decidió dar un descanso a sus hombres, prometiendo a sus soldados el botín de la ciudad cuando cayese, con el fin de enardecer los ánimos de su ejército.

Los romanos enviaron una delegación a Cartagena dirigida por Publio Valerio Flaco y Quinto Bebio Tamfilo, donde fue recibida por Aníbal. Forzando la situación aún más, Aníbal exigió la devolución de Cerdeña y los impuestos que habían sido cobrados a los cartagineses injustamente.

Roma decidió enviar una embajada directamente a Cartago, dirigida por Quinto Fabio Máximo, exigiendo la entrega de Aníbal, al serle denegado, declaró la guerra contra Cartago.

Una vez repuestos, los cartagineses arremetieron nuevamente contra las murallas, utilizando para ello torres móviles de grandes dimensiones, y que protegían a los soldados de las armas arrojadizas saguntinas, sobre todo las temidas falaricas (jabalinas arponadas), una de las cuales alcanzó al propio Aníbal. Las torres estaban equipadas con catapultas y ballestas.

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Conquista de Arse o Sagunto 219 AC por Aníbal Barca

Tras barrer la muralla de defensores gracias a la posición privilegiada de tiro que tenía el emplazamiento de artillería de las torres móviles, estas se aproximaron a las murallas, consiguiendo acceder a las murallas saguntinas. Los defensores habían preparado una pequeña sorpresa a los cartagineses, y es que se les había ocurrido construir pequeñas murallas adosadas a las casas, creando pequeños recintos fortificados en cada una de las calles, los cuales no precisaban de muchos hombres para ser defendidos. Aníbal envió a un cuerpo formado por unos 500 africanos con picos con el fin de abrir brechas en las murallas. Una vez abiertas, por ellas penetraron grupos de hombres armados que ocuparon y fortificaron una zona elevada en la que se emplazaron catapultas, con el fin de dominar las zonas más bajas de la ciudad.

Con esta zona dominada se emprendieron trabajos, a cargo del general Maharbal, segundo de Aníbal, de la demolición de las murallas con tres arietes para impedir la posibilidad de que los asediados recuperasen posiciones y se pudiesen fortificar nuevamente aprovechando la primera muralla. Una vez inutilizada la muralla y con Aníbal al frente se emprendió el asalto final a la ciudadela.

Prefiriendo morir en combate antes que por hambre, los saguntinos se lanzaron a un ataque suicida nocturno contra los puestos de guardia de los púnicos que aún dormían y no sospechaban tal ataque. Mataron a muchos cuando se levantaban del lecho y se estaban armando en medio de la confusión y algunos, incluso, cuando ya estaban luchando. El combate duró mucho tiempo y muchos de los cartagineses murieron. En el otro bando, todos los asaltantes murieron. Las mujeres, al ver desde las murallas el fin de sus hombres, se arrojaron unas desde los tejados, otras se ahorcaron y otras, incluso, degollaron a sus propios hijos.

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Asedio de Arse o Sagunto 219 AC. Último día. Autor Francisco Domingo Marqués.

Tras unas negociaciones, las obras de zapadores consiguieron el derrumbe de una torre de la ciudadela, por la que penetró una unidad cartaginesa que tomó por fin la ciudad. Aníbal movido por la ira, dio muerte a aquellos saguntinos que quedaban y eran adultos, después de torturarlos. Así terminó el asedio ininterrumpido de ocho meses sobre la ciudad de Sagunto.

Después de la toma de Sagunto, Aníbal le confió la defensa de Iberia a su hermano Asdrúbal que disponía de 12.500 infantes, 2.500 jinetes y 21 elefantes y partió en la primavera del 218 AC con 100.000 infantes, 12.000 jinetes y 37 elefantes a la conquista de Roma, como no tenía capacidad marítima decidió llevarlos por tierra.

Entrada creada originalmente por Arre caballo! el 2014-05-01. Última modificacion 2021-09-19.
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