Edad Antigua La República Romana Guerra contra los ligures (194 – 153 AC)
Guerra contra los ligures (194 – 153 AC)

Antecedentes

Los ligures eran un pueblo de origen íbero que habitaba al norte del mar de Liguria actual golfo de Génova, vivían entre los ríos Ródano y Arno, estaban muy influenciados por los pueblos que les rodeaban. Un grupo al que podemos denominar etrusco-ligur que estaban en contacto con los etruscos de los cuales copiaron el armamento y las formas de combatir, entre estos se encuentran los apuanos, tígulos y vagienos que realizaban incursiones en Etruria atacando las ciudades de Pisa y Bolonia. Otro grupo lo formaban los galo-ligures que tenían influencia de los galos como los libicios, taurinos, briviates, salesios, orumbos e ilvates. Había otro grupo que habitaba en la costa y se dedicaban a la piratería entre los que destacamos los montanios, inguanos, intimilios, deciates, oxibienos y salubios.

Al final de la Segunda Guerra Púnica, los romanos estaban casi seguros de que conservarían la franja costera hasta Portus Lunae, que se unió a Roma con una carretera llamada Aurelia Nova, construyendo a continuación la ciudad de Pisa alrededor del 200 AC.

En el 194 AC, Escipión el Africano después de un levantamiento ligur, saqueó toda Liguria excepto las aldeas remotas y de difícil acceso, que ocultas en los bosques y en los pantanos, hacía difícil y peligroso el acceso para los romanos.

Al año siguiente, los ligures se reunieron en asamblea y atacaron en masa a la ciudad costera de Pisa y el estuario del río Arno. Según Livio, unos 40.000 guerreros atacaron la ciudad, a los que se sumaban diariamente más atraídos por el botín. El cónsul Quinto Municio Termo llegó al sudeste de Pisa desde Arretium, formó sus tropas y se dirigió a Pisa. Su llegada salvó a la ciudad, cruzó el río Arno y acampó a un kilómetro del enemigo.

En un principio se limitó solamente a escaramuzas, bloqueando al ejército principal ligur, pero no se atrevió a enfrentarse a los ligures en campo abierto. No pudo impedir que los ligures recorriesen la zona y volviesen con el botín y ganado de los pueblos saqueados. Incluso el propio Municio cayó en una emboscada y fue salvado por la caballería númida. Finalmente satisfechos con el botín conseguido, los ligures levantaron el asedio y se retiraron a sus hogares reinando la paz hasta final del año siguiente.

En el 193 AC, un ejército romano que marchaba por un desfiladero, se encontró con que la salida había sido bloqueada por los ligures. El cónsul al mando ordenó hacer alto y dar media vuelta con el fin de evitar una batalla en una zona tan estrecha. Al volver se encontraron con que la otra salida también había sido bloqueada. Los romanos estaban atrapados igual que ocurrió en las Horcas Caudinas. En ese momento, el comandante de la caballería númida prometió que con sus 800 jinetes abrirían el paso. Primero incendiarían los poblados fortificados que estaban en el valle y después rompería el bloqueo. El cónsul estuvo de acuerdo y le prometió una recompensa si lo conseguía.

Los númidas se acercaron al poblado como si estuviesen borrachos haciendo tonterías, los defensores divertidos con el espectáculo, bajaron la guardia, de repente los númidas espolearon a sus caballos y cogiendo a sus enemigos desprevenidos e incendiando el poblado. Los hombres, mujeres y niños huyeron despavoridos hacia el bloqueo para salvar sus vidas. Los númidas aprovecharon la confusión y rompieron el bloqueo, y el ejército romano se salvó de la destrucción.

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Tribus ligures

La guerra continuó y en el 191 AC, un ejército ligur realizó un ataque nocturno contra el campamento del proconsul Quinto Minucio. Desde la empalizada los legionarios romanos mantuvieron a raya a los atacantes. Cuando se hizo de día, salieron por dos puertas a la vez desde el interior del campamento, y cargaron contra los desperdigados atacantes que debido al cansancio y falta de sueño abandonaron el campo, dejando 4.000 muertos frente a las 300 bajas romanas. Con refuerzos Minucio podía haber finalizado la guerra, pero otro ejército bajo el mando del cónsul Publio Cornelio Escipión Nasica estaba empeñado combatiendo a los boyos.

Después de tres años de guerra en 190 AC, Minucio Termo volvió a Roma, pero no consiguió el triunfo, ya que sus campañas no han logrado poner fin a la agresión de los ligures. Pisa estaba segura, pero se interrumpieron las comunicaciones por tierra con el Portus Lunae porque los apuanos que ocupaban la franja costera y amenazan el norte de Etruria, apoyado por sus aliados friniates que habían descendido de los Apeninos.

Campaña contra los inguanos y apuanos (189- 180 AC)

En el 189 AC, Quinto Bebio fue emboscado en su camino hacía Hispania cerca de Marsella. Para frenar estas incursiones, en 188 AC el Senado envió contra los ligures al cónsul Marco Valerio Mesala, al año siguiente, organizó una operación a gran escala, utilizando ambos ejércitos consulares: Cayo Flaminio persiguió, a lo largo de los valles de los Apeninos que descendían hacia el Arno, y derrotó a los friniates primero y después a los apuanos, que habían causado estragos en el campo, cerca de Pisa y Bolonia. El otro ejército bajo el mando de Marco Emilio, avanzó por el valle del Serchio saqueando de la tierra de los apuanos y obligándolos a retirarse a las altas montañas, para después continúar la campaña contra otros grupos friniates, llegando a Bolonia, desde donde se inició la construcción de la vía Emilia.

Aunque derrotados, los apuanos no permanecieron con los brazos cruzados, obligando a los romanos a organizar otra expedición militar. Esta vez confiada al cónsul Quinto Marcio Filippo, quien al mando de solamente 3.000 infantes y 150 jinetes romanos y 5.000 infantes y 200 jinetes aliados o socii, avanzaron hacia el Val di Magra. Sus legionarios se internaron imprudentemente a través de bosques impenetrables, siendo rodeados en una garganta, y masacrados, sufriendo la peor derrota de todas las guerras con los ligures. En el campo quedaron 4.000 hombres y 3 insignias de las legiones y 11 insignias de los aliados, mientras que el resto del ejército se retiró. El lugar de la batalla, pasó a la historia como Saltus Marcio (Salto de Marcio), que no ha sido identificado con certeza.

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Emboscada de los ligures al ejército romano. Los ligures tendieron numerosas emboscadas al ejército romano en estrechos valles. Autor S. I. Firance

Para poner fin a las continuas incursiones en las costas y mantener las comunicaciones seguras, los romanos organizaron dos expediciones en 185 AC: Una mandada por Apio Claudio Pulcro, dirigida contra los ingaunos; la otra, bajo el cónsul Marco Sempronio Tuditano, en contra de la apuanos, este arrasó territorio de la apuanos y llegó al río Magra y al puerto de Luni, obligando a los ligures a huir a las montañas. Sin embargo, los éxitos son efímeros, de manera que ninguno de los dos cónsules obtuvieron el triunfo.

En 182 AC, Lucio Emilio Paolo se dirigió contra los pueblos de Liguria que vivían entre Génova y Alberga. Al llegar a la frontera con los ingaunos, su campamento atrincherado fue asediado y puesto en serios problemas, viéndose obligarlo a pedir ayuda a la flota anclada en Pisa. Antes de que llegaran los refuerzos, sin embargo, realizó una salida exitosa que logró derrotar a los ingaunos, que se dejaron 15.000 muertos y 2.500 prisioneros en el terreno. Tres días después la capital de los inguanos se rindió. Al mismo tiempo la flota romana estacionada en Pisa al mando de duunviro Cayo Matieno infligió una dura derrota a la flota ingauna, capturando 32 grandes barcos piratas.

Los ingaunos solamente se vieron obligados a destruir las murallas de la ciudad y renunciar a la flota de buques de gran tamaño; pero, al año siguiente, concluido un nuevo foedus con los romanos, por el contrario, serían capaces de ampliar considerablemente su territorio a expensas de montanos, sus enemigos ancestrales, derrotados por el cónsul Postumio.
En el este de Liguria, los romanos estaban listos para una acción decisiva contra los apuanos y reclutaron cuatro nuevas legiones, que con los socii alcanzando así 35.800 efectivos. Tres ejércitos consulares estaban sobre el suelo de Liguria desde la costa de los ingaunos a los Alpes Apuanos.

En la primavera del 180 AC dos de estos ejércitos mandados por Publio Cornelio Cetego y el procónsul Marco Bebio Panfilo marcharon contra los apuanos con el fin de resolver definitivamente el «problema apuano«. Los ligures están completamente sorprendidos por la acción de los romanos, que entraron en el país antes habitual, es decir, antes de que tomaran el mando de los nuevos cónsules Aulo Postumio Albino y Quinto Fulvio Flacco y se vieron obligados a rendirse, entregándose 12.000 guerreros. Consultado el Senado, tomó la decisión de deportar a 40.000 cabezas de familia con esposas e hijos a Sannio, a un ager publicus que pertenecía a los taurasinos cerca de Benevento.

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Deportación de ligures desde el Puerto de Luna a Beneventum (Sannio) en el 180 AC

Los cónsules del año, mientras tanto, había llegado a Pisa con las legiones que se les habían asignado, y continuaron las operaciones militares: Quinto Fulvio Flaco rastrilló el territorio de los apuanos y capturó de otros 7.000 cabezas de familia que también fueron deportados al Samnio. Aulo Postumio atacó a su vez friniates cerca del monte Ballista y Suismontium, obligándolos a rendirse. A continuación, batió el Montani al oeste, solamente sobrevivieron en valles aislados unos pocos millares de apuanos que, después de muchos años de paz, en 155 AC se revelaron de nuevo, pero fueron finalmente derrotados por los legionarios romanos mandados por el cónsul Marco Claudio Marcelo.

Campaña contra los friniates (179-175 AC)
Toda la costa de Liguria desde Pisa a Mónaco estaba ya bajo el control de Roma, solo quedaban libres al sur de Piamonte y al oeste de Tortona los bagienos y los estatielos y muchos otros al norte de los Apeninos que se unieron en una confederación llamada »Confederación de los Friniates».
Frente a estos en el 179 AC, fue enviado Quinto Fulvio Flacco Consola; después de cruzar “Montañas sin caminos y los yugos de la ballesta (quizás Monte Valestra)” se las arregló para enfrentarse al enemigo a campo abierto, donde una vez más los legionarios eran muy superiores, se capturaron 3.200 ligures que fueron transferidos inmediatamente a la llanura.
Sin embargo, dos años después en el 177 AC, la revuelta tuvo lugar justo cuando la guerra llega a su fin con los histrios. El cónsul Cayo Claudio Pulcro marchó contra los friniates que acampaban en una explanada junto al río Scultenna. Se enfrentaron en una batalla campal en la que los ligures perdieron 15.000 hombres entre muertos y heridos, 700 prisioneros y 51 insignias, mientras que los supervivientes se refugiaron en las montañas.
Pulcro obtuvo el triunfo para la doble victoria contra el histrios y los friniates. La paz, sin embargo, no fue muy duradera. Justo cuando Claudio estaba celebrando su triunfo, llegaron las noticias de una revuelta aún más extensa, ya que los friniates, los garulos, y los hergates se habían aliado estaban realizando incursiones en Luna y Pisa. Mientras que en el otro lado de los Apeninos mientras los lapicidos y los apuanos habían conquistado y saqueado Módena.
Fueron elegidos cónsules Cneo Cornelio y Quinto Ispalo Petilio Spurino. Al primero se le asignó el territorio de Liguria. Se alistaron dos legiones y 10.000 de infantería y 600 de caballería de los socii. A Cayo Claudio, entonces procónsul, se le asignó la Galia Cisalpina. Al comienzo de las operaciones murió Cneo Cornelio y se dedicaron a las prácticas religiosas. Mientras tanto, sin embargo, Cayo Claudio condujo a su ejército en Módena, que se recuperó después de los tres días de asedio, y se masacraron a 8.000 ligures. Finalmente el 13 de julio fue elegido el nuevo cónsul Cayo Valerio Levino en sustitución Gneus Cornelio. El Senado ordenó unir los ejércitos con la flota para atacar la costa de Pisa y el mar de Liguria.
Los ligures se habían refugiado en la montaña entre el monte Leto (del cual se ignora la posición actual) y el monte Ballista (Valestra) a la izquierda de la Secchia les rodea con una pared. El cónsul Petilio se unió a Cayo Claudio en los campos Magri (al sureste de Módena, a la izquierda de Secchia). En el mismo lugar también llegaron las tropas del cónsul Cayo Valerio. Petilio levantó su campamento frente al macizo Ballista y Leto, y desde allí comenzó la marcha hacia las fortificaciones de Liguria. Dividió el ejército en dos columnas: mientras la primera avanzó sin encontrar dificultades, la segunda se vio obligada primero a detenerse y luego a retroceder. Petilio, dándose cuenta de la dificultad de sus hombres, se apresuró a caballo, pero, tras lograr detener la retirada, fue mortalmente herido por una flecha. Su muerte se mantuvo en secreto a los legionarios, se reanudó el avance, y probablemente ayudado por las otras legiones del cónsul Valerio, vencieron a los ligures que se dejaron unos 5.000 muertos en el campo frente a solamente 52 romanos. En el otro frente Publio Mucio Escévola se enfrentó y derrotó a los apuanos, que habían saqueado toda la llanura de Luna y Pisa, obligándoles a la sumisión y la entrega de las armas en el 175 AC.

Campaña contra los estatielos (173-2 AC)

Los estatielos vivían al norte de Génova, entre los ríos Tanaro y Odubria, en la zona actual de Acqui. Este pueblo siempre se había mantenido neutral en las guerras romano-ligures, tal vez porque estaban ligados por vínculos comerciales con la pro-romana Génova. Pero el cónsul Marco Popilius Lenate, un miembro de la corriente nacionalista romano, innecesariamente hizo que los ligures que se vieran obligados a tomar finalmente armas.

Las fuerzas romanas se presentaron frente a su capital, la ciudadela Caristo (de situación desconocida), en cuyo interior se habían reunido un gran ejército de ligures. Los estatielos decidieron hacer frente al enemigo en campo abierto. Comenzó la lucha que tuvo un resultado incierto durante más de tres horas, hasta que el cónsul ordenó a la caballería atacar simultáneamente por ambas alas.

La maniobra provocó la derrota y la huida precipitada de los ligures, dejando en el campo de batalla 10.000 hombres y 700 prisioneros, las pérdidas romanas fueron altas., unos 3.000 hombres. Posteriormente, la ciudad se rindió incondicionalmente junto con los 10.000 sobrevivientes. La ciudadela fue arrasada y los ligures vendidos como esclavos. No obstante, el comportamiento el cónsul fue considerado como una vergüenza por el Senado, que ordenó devolverles la libertad.

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Asalto romano de un poblador ligur.

Al año siguiente se asignan los dos cónsules (Gayo Popilius y Publio Elio Lenate Ligure) el territorio de Liguria. El resultado es un conflicto con el Senado y los tribunos del pueblo, ya que ambos cónsules quieren ser asignados a Macedonia. La situación empeoró cuando llegó la noticia de que el procónsul Marco Popilius había atacado por segunda vez por los estatielos, exterminando a 6.000. El juez de Cayo Licinio fue elegido para llevar a cabo una investigación sobre los hechos: los ligures fueron liberados y se transfirieron al valle del Po, donde se les asignarían otros territorios.

Guerra contra los oxibienos y los deciates (154 – 153 AC)

En el 155 AC, Marsalia (Marsella), que había estado sufriendo durante mucho tiempo por los ligures, y en ese momento estaban siendo estrechamente investida por ellos, mientras que sus ciudades de Antipolis y Nicea también fueron sometidas a un asedio. Decidió enviar embajadores a Roma para representar el estado de las cosas y pedir ayuda. El Senado decidió enviar legados para ver personalmente lo que estaba sucediendo y esforzarse en persuadir a los ligures de atacar sus colonias.

El Senado nombró de inmediato una comisión, compuesta por Flaminio, Popilio Laenas y Lucio Pupio, que navegó con los enviados de Marsella y desembarcó en el territorio de los oxibienos en la ciudad de Aegitna.

Los ligures, al enterarse de que habían venido para pedirles que levantaran el sitio, descendieron sobre ellos mientras estaban anclados e impidieron que los demás desembarcaran; pero al encontrar a Flaminio ya desembarcado con su equipaje, comenzaron por ordenarle que abandonara el país, y ante su negativa comenzaron a saquear su equipaje. Sus esclavos y libertos viendo eso, trataron de impedirlo, y comenzaron a usar la violencia y los atacaron con sus armas. Cuando Flaminio acudió al rescate de sus hombres, lo hirieron y mataron a dos de sus sirvientes, y persiguieron al resto hasta el barco, de modo que Flaminio escapó con vida cortando las cuerdas y las anclas.

Fue trasladado a Marsella y su herida fue atendida con todos los cuidados posibles; pero cuando el Senado fue informado de la agresión, inmediatamente ordenó a uno de los cónsules, Quinto Opimio, que dirigiera un ejército contra los oxibienos y deciates.

Habiendo reunido su ejército en Placentia, Quinto Opimio marchó sobre los Apeninos y llegó al territorio de los oxibienos, y levantando su campamento en el río Apro. Esperó al enemigo, siendo informado que estaban reuniendo sus fuerzas y estaban ansiosos por darle batalla.

Mientras tanto, avanzó hacia Aegitna, donde los embajadores habían sido ultrajados, tomó la ciudad por asalto y vendió a sus habitantes como esclavos, enviando a los cabecillas del ultraje a Roma encadenados. Habiendo hecho esto, fue al encuentro del enemigo.

Los oxibienos convencidos de que por su violencia con los embajadores, no se les concedieran condiciones, y excitados por un furioso entusiasmo, no esperaron a que los deciates se les unieran, sino que, habiendo reunido para el número de unos 4.000, se apresuró a atacar a su enemigo.

Quinto estaba algo consternado por la audacia de su ataque y por la furia desesperada de los ligures; pero se animó al observar que el enemigo avanzaba en completo desorden. Por lo tanto, sacó a sus hombres y, después de una arenga adecuada, avanzó a paso lento hacia el enemigo. Cargó contra los oxibienos que fueron rápidamente rechazados, mató a muchos de ellos y obligó al resto a huir precipitadamente.

Mientras tanto, los deciates habían reunido sus fuerzas y aparecieron en el campo con la intención de luchar codo a codo con los oxibienos; pero al llegar demasiado tarde para la batalla, recibieron a los fugitivos en sus filas, y al poco tiempo cargaron contra los romanos, siendo derrotados en el enfrentamiento. Se rindieron y entregaron su ciudad.

Una vez sometidas las tribus, Opimio entregó su territorio a la ciudad de Marsella, y para el futuro obligó a los ligures a entregar rehenes a ciertos intervalos fijos a los marsilianos. Luego privó de las armas a las tribus que habían luchado con ellos, y dividió su ejército entre las ciudades allí durante el invierno, y él mismo tomó sus cuarteles de invierno en el campo.

Así, la guerra tuvo una conclusión tan rápida como su comienzo.

Entrada creada originalmente por Arre caballo! el 2022-01-07. Última modificacion 2022-01-07.
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