Edad Antigua La República Romana Invasión de los galos

En el 390 AC, los galos senones mandados por Breno invadieron la provincia etrusca de Siena y atacaron Clusium en número de 30.000. Los clusianos, desbordados por el tamaño del ejército enemigo y por su ferocidad, pidieron ayuda a Roma, aunque no eran amigos ni aliados. Roma, por su parte, debilitada por guerras recientes, envió una delegación para investigar la situación. Las negociaciones con los galos se rompieron, y Quinto Fabio, miembro de la poderosa familia patricia de los Fabios, mató a uno de los líderes galos. Los galos exigieron que la familia Fabia les fuese entregada para ajusticiarlos, pero los romanos no sólo se negaron, sino que, fueron nombrados tribunos militares con poderes consulares (el rango más alto que se podía alcanzar).

Los enfurecidos galos declararon la guerra a los romanos para vengarse del insulto que habían recibido.

Tras abandonar Clusium en dirección sur, los galos se dirigieron hacia Roma. Los tribunos consulares enviaron apresuradamente un ejército improvisado para intentar detener el rápido avance eligiendo una hondonada formada en el lugar en donde se une el río Alia con el Tíber, en la Vía Salaria (apenas a unas 15 km de Roma).

Sin elegir un lugar apropiado ni fortificar un campamento o empalizada los romanos formaron en orden de combate teniendo a su derecha las elevaciones de los montes Crustuminos.

Dado el elevado número de enemigos se decide alargar el frente para impedir ser envueltos; el alargamiento del frente produce una debilitación en el centro de la línea. A la derecha había una pequeña elevación, que decidieron ocupar con las tropas de reserva (esta medida fue la única salvación de los fugitivos) la batalla tendría lugar el 18 de julio del 390 AC, otro autores la sitúan en el 387 AC.

Batalla de Alia o Allia (390 AC)

Los romanos disponían 6 legiones (unos 25.000 infantes y 1.800 jinetes) bajo el mando de Quinto Sulpicio y se dirigió al río Alia o Allia para detener allí a los senones Check Out Your URL.

El ejército romano se asentó junto al rio Alia para detener al enemigo, situó la caballería en las alas (1.800) y las 6 legiones en la triplex acies, clase I, II y III, con un total de 18.000 infantes pesados y delante 7.200 infantería ligera clase IV y V acenti y leves.

Batalla del río Alia o Allia 390 AC. Despliegue de fuerzas

Batalla del río Alia o Allia 390 AC. Despliegue de fuerzas

Por Breno, el jefe galo disponía de unos similares con una caballería muy superior, temiendo una estratagema ante el escaso número de los enemigos, y pensando que la elevación del terreno estaba ocupada con el fin de que las reservas romanas envolviesen por el flanco para atacar la retaguardia de los galos, mientras que su frente estaba fijado las legiones, decidió atacar por las alas poniendo en fuga a la caballería romana y destruir primero la reserva que estaba en una elevación, después las legiones fueron rodeadas y atacadas por todos los lados, acabando siendo masacradas.

Batalla de Alia o de Allia 390 AC (1). Autor Seán Ó´Brógáin

Batalla de Alia o de Allia 390 AC. Autor Seán Ó´Brógáin

Batalla de Alia o Allia 290 AC, hoplitas romanos (clase I) perseguidos por los galos de Breno. Autor Richard Hook.

Batalla de Alia o Allia 290 AC, hoplitas romanos (clase I) perseguidos por los galos de Breno. Autor Richard Hook.

Era la primera vez que los romanos se enfrentaban contra tácticas distintas de las heleno-itálicas; la experiencia fue aciaga debido a las masas de jinetes que les superaban en número y les atemorizaban por su corpulencia y el tamaño de sus armas.

Los supervivientes de las legiones huyeron de vuelta a Roma en estado de pánico. Tito Livio comenta que “todos corrieron a Roma y se refugiaron en el Capitolio sin antes cerrar las puertas.” Otro grupo de supervivientes se dirigió a Veyes.

Conquista de Roma

Tras la batalla de Alia, los galos, desconcertados por tan aplastante victoria, comenzaron a despojar a los muertos apilando todas las armas capturadas como era costumbre en ellos.

Temiendo algún tipo de sorpresa no reaccionan en un primer momento. Los romanos, aprovechando este desconcierto inicial, empezaron a hacer acopio de armas y víveres y se retiraron al Capitolio, que era la fortaleza de la ciudad.

Entre las medidas tomadas cabe destacar que los ancianos y aquellos incapaces de portar armas quedaron en la ciudad a merced de su suerte.

En Roma los senadores esperaron inmóviles en el edificio del Senado la llegada de los galos; éstos, al verlos, creyeron que eran estatuas hasta que uno de ellos acarició la barba de un senador. Éste golpeó al galo con su bastón. El galo, aturdido en un primer momento, mató al senador romano desencadenando una terrible matanza senadores. Y del resto de la población, saqueando la ciudad.

Galos observando a un senador inmovil creyendo que era una estatua (izquierda), uno de ellos le toca la barba y éste le golpea con el bastón (derecha).

Galos observando a un senador inmóvil creyendo que era una estatua (izquierda), uno de ellos le toca la barba y éste le golpea con el bastón (derecha).

Tras saquear la ciudad, los galos atacaron sin éxito durante varios días la ciudadela del Capitolio. Viendo que los víveres comenzaban a escasear se dividieron en dos grupos: uno mantendría el asedio mientras que el otro saldría a forrajear en los campos vecinos.

Los encargados de buscar grano se acercaron a la ciudad de Ardea que, precisamente donde permanecía exiliado Marco Furio Camilo. Éste al enterarse de la proximidad de los galos reunió a los hombres útiles con las armas que pudieron encontrar, salieron de la ciudad, y atacaron por sorpresa a los galos y, más que una batalla, se produce una verdadera matanza.

Por otra parte, los etruscos viendo la situación desesperada en la que se encontraba Roma, intentan recuperar la ciudad de Veyes pero fue en vano ya que dentro de las murallas se escondía una parte del ejército romano que huyó tras la batalla de Alia. Las tropas al mando del centurión Quinto Cedicio hicieron una salida nocturna y derrotaron a los etruscos; no contento con la victoria obligó a unos prisioneros a que le condujesen a su campamento. Una vez allí obtuvo una segunda victoria y regresó a Veyes.

En la ciudad de Veyes comenzaron a llegar algunos aliados de la Liga Latina; el centurión Quinto Cedicio reunió a las tropas y decidieron llamar a Camilo para que encabezase a las mismas pero antes se debería consultar con el Senado; a tal punto todo estaba regulado por el respeto a la ley.

Poncio Cominio se ofreció voluntario para llevar el mensaje al Senado. Desde la parte alta del Tíber se dejó llevar por la corriente hasta la orilla más cercana al Capitolio, escaló una zona bastante escarpada y se abrió paso hasta el Capitolio. Fue llevado ante los magistrados y entregó el comunicado de las tropas de Veyes. El soldado regresa con la decisión del senado de llamar a Camilo del exilio y otorgarle de nuevo el cargo de dictador.

Mientras, los galos habían descubierto una vía de fácil acceso por la escarpadura. Escogieron una noche con poca luz y enviaron un hombre desarmado en avanzada para comprobar el camino; tras él avanzaron hombres armados que se ayudaban entre sí llegando finalmente a la cumbre. Tan silenciosamente se habían desplazado que no sólo pasaron desapercibidos a los centinelas, sino también a los propios perros, animales particularmente sensibles a los ruidos nocturnos.

Pero no escaparon a la atención de los gansos sagrados de Juno, que armaron tanto ruido que despertaron a Marco Manlio, el distinguido soldado que había sido cónsul tres años antes. Cogió sus armas y corrió a dar la alarma al resto; dejándolos atrás, golpeó con su escudo a un galo que había conseguido coronar la cumbre y lo derribó, éste cayó sobre los que estaban detrás y les estorbó, y Manlio mató a otros que habían dejado a un lado sus armas y se aferraban a las rocas con sus manos. En ese momento ya se le habían unido otros y comenzaron a desalojar al enemigo con una lluvia de piedras y lanzas hasta que todo el grupo cayó sin poder hacer nada hasta el fondo.

 

Vae Victis

Los romanos empezaron a organizar las primeras formas de resistencia. Marco Furio Camilo, de regreso de su exilio en Ardea, infligió algunas derrotas a los galos alrededor de la ciudad. Breno pronto se dio cuenta de que a pesar de controlar Roma, había un riesgo real de llegar a un punto muerto potencialmente peligroso para su ejército, escaso de víveres. Probablemente por esta razón el líder bárbaro propuso a los magistrados romanos rescatar la ciudad a cambio del pago de 500 kg de oro.

Los romanos, aceptaron el pago, pero protestaron argumentando que las pesas utilizadas para calcular el peso del oro habían sido alteradas; Breno arrojó su espada a la balanza, pronunciando la frase Vae Victis, (¡Ay de los vencidos!).

Vae victis, Breno prununciando esa frase y poniendo la espada en la balanza

Vae victis, el galo Breno prununciando esa frase y poniendo la espada en la balanza, junto a él se encuentra Marco Furio Camilo

Vae victis, Breno prununciando esa frase y poniendo la espada en la balanza

Vae victis. Otra imagen de  Breno prununciando esa mítica frase y poniendo la espada en la balanza, junto a él se encuentra el Romano Marco Furio Camilo,  que pronunciaría la frase: ”Non Auto, sed ferro, recuperanda est patria” (hay que recuperar la patria no con el oro sino con el hierro).

Mientras continuaba la discusión sobre las pesas falsas se presentó Marco Furio Camilo y ordenó que se quitara el oro de las balanzas y que se retirasen los galos; estos se quejaron argumentando que se había establecido un acuerdo definitivo pero Camilo les informó de que él era dictador y ningún tratado hecho por magistrados inferiores era válido sin su sanción. Ordenó a sus hombres que preparasen las armas y les dijo ”Non auro, sed ferro, recuperanda est patria” (hay que recuperar la patria con el hierro, no con el oro).

Al primer choque los galos sufren una derrota aplastante, huyeron de Roma, siendo alcanzados en el hito (octava piedra miliar) de la carretera de Gabii, a unos 11 kilómetros, donde se habían reagrupado tras la huida. Aquí se produce un segundo combate más prolongado que el anterior y la matanza fue completa; se tomó su campamento y no se dejó a un sólo hombre que llevase noticia de la catástrofe.

Camilo regresó triunfante siendo alabado y recibiendo los apelativos de “Padre de la Patria” y “Segundo Fundador de la Ciudad”.

Comienzan las tareas de reconstrucción y se llevan a cabo muchos ritos religiosos tales como la purificación de todos los templos ya que se consideraban impuros al haber sido profanados por el enemigo.

Poco más se sabe sobre Breno, salvo que murió años más tarde de un coma etílico producido por beber demasiado vino.

Entrada creada originalmente por Arre caballo! el 2016-06-20. Última modificacion 2017-02-13.
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